Cómo cortejan los hombres

Entras a la oficina de tu jefe y está echado hacia atrás, con las manos entrelazadas detrás de la cabeza, los codos apuntando hacia arriba, el pecho hacia afuera. Se levanta y se acerca a ti sonriendo, arquea la espalda y orienta hacia ti su pecho inflado. Te tengo (malas) noticias: o está afirmando su dominancia sobre ti o te está cortejando.

El “pecho inflado” es una postura básica usada a lo largo del reino animal, sinónimo de estar “con la frente en alto” o “la cabeza erguida”. Las criaturas dominantes se inflan. Serpientes, ranas y sapos inflan sus cuerpos. Los antílopes y los camaleones se ponen de costado para hacer notar su tamaño. El venado bura se mueve con recelo mostrando sus cornamentas. Los gatos se erizan. Las palomas se hinchan. Las langostas se alzan sobre las puntas de sus patas y extienden sus pinzas abiertas. Los gorilas se golpean el pecho. Los hombres ponen fotos de su yate en la oficina, arquean la espalda y empujan el pecho hacia afuera.

Enfrentados a un animal dominante, muchas criaturas se encogen. Las personas entornan los pies hacia adentro, curvan los hombros y agachan la cabeza. Los lobos meten la cola entre las patas y se escabullen. Las langostas subordinadas se agachan. Los redactores freelance recogen su cheque sin levantar la vista y corren. Muchas especies se inclinan, haciendo una especie de reverencia. Las lagartijas mueven todo su cuerpo de abajo a arriba. Los chimpancés y los empleados pusilánimes (te estoy mirando, Cárdenas) asienten con la cabeza tan rápido y repetidamente que los primatólogos lo llaman “bobbing” (rebote).

Estas posiciones de encogimiento y agrandamiento se ven en el cortejo también. Las mujeres se encogen o agachan enviando el mensaje “soy inofensiva, ven aquí y defiéndeme”. Otras criaturas se encogen para señalar que son amistosas. Encogerse o inflarse es una manera de señalar disponibilidad e interés. Un dato interesante -aunque no tan sorprendente- es que los hombres se acercan más a las mujeres que proporcionan señales de disponibilidad, y no necesariamente a las más bonitas o atractivas. La fruta que está más cerca del suelo es la primera en ser consumida, pero ya llegaremos a la alimentación.

Otra manera humana de cortejar es el “handicapping” es decir, vestirse un poco mal, usar ropa que se vea poco atractiva o verse desprolijo. Algunas personas se sientan, por ejemplo, donde apenas se notan. Ningún animal -fuera del humano- recomendaría este tipo de cortejo. Sin embargo, la técnica consiste en publicitarse a sí mismos a la inversa: “soy tan buen partido que puedo ganar en el juego del cortejo aun cuando me vista como la cresta”. (Expertos en la materia -amigos cercanos- sitúan el porcentaje de éxito de esta técnica en el 7%. Tal vez no sea tan buena idea).

Y por último, un clásico dilema: ¿quién paga? A pesar de que se vea como una transacción económica más, ésta es clave. A lo largo del reino animal los machos alimentan a las hembras esperando obtener sexo a cambio. El mono le ofrece a la hembra carne o caña de azúcar, la hembra consume su premio y luego se gira y copula con él. La alimentación durante el cortejo es tan frecuente en el reino animal y va tan ligada al sexo, que cuando se trata de insectos se le llama “el regalo nupcial”. Los seres humanos también lo hacemos: los hombres ofrecen un trozo de pescado o carne, o una caja de chocolates a las mujeres. Cuando no pueden ofrecer comida, ofrecen cerveza, cigarros, joyas, ropa o flores. Esto es parte del proceso de cortejo. Hay un intercambio anclado en nuestros cerebros cuando se trata de dar o recibir regalos o comida, lo que puede resultar en sexo o incluso en algo más constante, como el amor. Comprarle comida a alguien es un buen regalo durante el cortejo: como resulta costoso, señala tu estatus financiero y tu generosidad. Sin embargo, OJO: no tiene valor a largo plazo, el intercambio se debe realizar seguidamente, no es acumulable en el tiempo.

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El antropólogo David Givens y el biólogo Tim Perper han pasado miles de horas estudiando a los americanos en los bares de solteros, y han visto que estos 5 pasos del cortejo se repiten, sin importar el tipo de personalidad:
1- Tener un espacio propio: hombres y mujeres establecen un territorio donde puedan ver y ser vistos (una banca, un lugar en el que puedan apoyarse).
2- Atraer atención hacia sí mismos: se ríen fuerte, mueven los brazos de manera exagerada. Se balancean, se estiran o bailan un poco mientras están de pie, o hacen varias carreras al baño. Se ajustan la camisa, se pasan los dedos por el pelo, se tocan el mentón, se sacan pelusas invisibles de la ropa (self-grooming, aseándose a sí mismos, como los gatos), dejan botados a los amigos para ir a pararse solos al bar.
3- Hablar: las mujeres adoptan tonos de voces más altos y melodiosos que atraen a los hombres, mientras que los hombres mantienen la voz baja y profunda. Lo que funciona mejor son los piropos o hacer preguntas, porque la contraparte debe responder. De hecho, si inesperadamente un hombre recibe un halago, se pone de mejor humor y más amistoso hacia una mujer poco familiar.
4- Tocar: generalmente la mujer toca primero, ya sea el hombro, el brazo o la muñeca, preguntando, por ejemplo, cómo está la comida o si le puede dar la hora. Si él se retrotrae o la rechaza, no lo intentará de nuevo. Si él no responde, ella puede intentar otro toque casual. Si él casualmente la toca de vuelta, los dos empezarán a tocarse el uno al otro de vez en cuando.
5- Marcar el paso o sincronía interaccional: cuando dos personas hacen click, se giran el uno hacia el otro hasta que los hombros se alinean. Luego comienzan a sincronizar sus movimientos. Si él toma su vaso de cerveza, ella toma la suya. Si ella cruza las piernas, él cruza las suyas. Al principio marcan el paso por pocos segundos, hasta que comienzan a moverse de manera sincronizada, a un mismo ritmo. Cuando dos personas se imitan, incluso sus ondas cerebrales se ponen en sincronía.

** Artículo armado con la colaboración humorística de Christian Riquelme
Refs.: Anatomy of Love y Why him, Why her- Helen Fisher

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