Los pendientes

Los pendientes: los “algún día” o los “podría haber sido diferente”. Los “si le hubiese dicho, tal vez algo habría pasado”. Los “en algún momento estaremos juntos, estoy seguro”. Los “siempre ha habido química, pero…”, los “me encanta, pero nunca se ha dado”.

Los pendientes. Los putos pendientes. Los pendientes son bien como la cresta porque ocupan espacio y energía, pero no son nada concreto. Son perfectos, sí, pero porque no existen: no hay mejor cacha que la que no se ha tenido, no hay mejor beso que ese que aún no se da. No hay mejor pareja que esa que está por venir. “Vamos a ser tan felices”.

Los pendientes son una mentira. Son cómodos y facilones porque uno siempre llega a ellos o demasiado tarde o demasiado anticipado. Pareciera que estamos a destiempo, que si las circunstancias fuesen distintas, podría funcionar, pero oh, qué tragedia, ya fue -se casó, perdimos el contacto, pololea, ya no me habla- o no sérá todavía -porque se casó, perdimos el contacto, pololea, ya no me habla-. Pfffff.

Los pendientes siempre quedan en un purgatorio amoroso: pagan las culpas de otras cosas, estancados en un limbo que puede que no tenga nada que ver con ellos, si no, más bien, con cosas que no nos atrevemos a tocar.

Es fácil chutear los deseos hacia atrás o hacia adelante. Es fácil añorar lo que se tuvo, lo que hubiese podido ser, lo que podría ser en el futuro. ¡Es lo más fácil del mundo! Y lo que es más fácil todavía es mentirse activamente mientras se añora.

Si no tienes las pelotas para hacerte cargo de tus pendientes, no mereces que se concreten. Si tienes claro que no te los mereces y te sigues refugiando en ellos, eres cobarde. Suena pesado, sí, pero mira lo tibio de tu postura: qué manera más sencilla de vivir si elegiste añorar los pendientes: en vez de hacer, esperar. En vez de arriesgarse, quedarse en la esquina. En vez de seguir adelante, entramparte.

Todos los tenemos: pendientes más o menos reales, pendientes en los que nos perdemos cuando la vida -la verdadera, ésta- se vuelve monótona o agobiante. Los pendientes son un escape, pero en la ilusión de ese escape se te va el tiempo.

Al pasado, final: tu ex es tu ex porque no están juntos. Esa mina que te gustaba y a la que nunca le dijiste nada es y será siempre la mina que te gustaba si es que sigues sin decirle nada. Esa relación que podría haber sido mejor, ya fue.
It’s over, finito, kaput, boooom!

Al futuro, acción: ¿quieres revertir algo que hiciste mal? Pide perdón. Las cosas no se desanudan solas. ¿Quieres empezar algo con alguien? Actúa, invítala a salir, pasen tiempo juntos. Las cosas tampoco nacen instantáneamente: requieren de voluntad.

Y si el pendiente se actúa y no funciona, ¿qué se pierde? Un resto, quizás. Tal vez te das cuenta que estuviste aferrado a un pendiente que la otra persona nunca querrá concretar. ¿Y qué? Move on, da vuelta la página, hay más gente allá afuera esperando una conexión real. Seamos felices ahora. Corramos riesgos. Hagamos esa llamada que hemos estado evitando. Resolvamos, avancemos, porque eso de quedarse atrapado en los pendientes es como irse a vivir a un cajón de calcetines huachos.

workshop

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s