La trampa mortal

Siempre que alguien menciona el término fidelidad sale alguno con la pregunta retórica, con masajeo de barbilla incluido, sobre si es natural o no. Con “natural” se tratan de cuestionar dos cosas: si está en la naturaleza del ser humano y si es que otros animales, con los que podríamos compararnos, practican algún tipo de lo mismo.
 
Primero, aclarar una cosa (siguiendo a Helen Fisher): ser monógamo significa estar casado o emparejado con una sola persona. A veces se habla de monogamia sexual, pero en términos estrictos, la monogamia no implica, en su definición, fidelidad. Incluso, cuando se hace hincapié en que esa vinculación sea esencialmente exclusiva en términos sexuales, ésta no queda anulada si es que se producen emparejamientos ocasionales externos a la pareja. Lo que la Fisher dice es que monogamia y fidelidad no son lo mismo. Y que el adulterio en general va de la mano de la monogamia.
 
*
 
Una manera de mirarlo, dice Fisher, es la siguiente: si en términos evolutivos las especies generan estrategias reproductivas, el matrimonio es tan solo una de ellas. “En algunas culturas los hombres tienen una sola esposa, mientras que en otras tienen un harem. En algunas las mujeres se casan con un hombre por vez, mientras en otras tienen varios maridos de manera simultánea. Pero el matrimonio es solo una parte de las estrategias reproductivas humanas, el sexo extramarital es frecuentemente un componente secundario y complementario de nuestro mix de tácticas de apareamiento”.
 
*
 
H. Fisher se dedicó a investigar el matrimonio en distintas culturas, y concluyó lo siguiente:
– El matrimonio es un universal cultural: predomina en cada sociedad del mundo, aunque sus manifestaciones varían.
– 16% de las 853 culturas registradas establece como norma la monogamia -una esposa a la vez-. El 84% restante permite que el hombre tenga más de una mujer a la vez. Los hombres buscan la poliginia -tener varias esposas- para propagar sus genes, mientras que las mujeres se unen a harems para adquirir recursos y asegurar la supervivencia de sus hijos (aunque estas sean motivaciones inconscientes para ambos sexos). Sin embargo, tan solo 5% a 10% de los hombres tienen varias esposas simultáneamente en las sociedades en que la poliginia es permitida.
– Excepcionalmente un 0.5% de las sociedades permite la poliandría -una mujer con varios esposos, y si ocurre, sucede bajo circunstancias extraordinarias: por ejemplo, si la mujer es tremendamente rica. El hecho de que la poliandría sea poco frecuente en los humanos y en otros animales tiene una explicación biológica: las aves hembras y mamíferas sólo pueden tener un número limitado de hijos a lo largo de su vida. Para un hombre, la poliandría puede significar un desperdicio de espermios, un suicidio evolutivo.
– Los matrimonios grupales son incluso menos frecuentes que la poliandría. Un caso interesante es el el caso de Oneida, liderada por John Humphrey Noyes en 1830: una comunidad sexual en la que el amor por una persona en particular se consideraba egoísta, donde los hombres de entre 12 y 25 años no podían eyacular a menos que las mujeres fuesen postmenopáusicas, y donde los hombres mayores iniciaban a las niñas pubescentes. Ah, y donde todos debían tener sexo con todos. En corto: a pesar de sostener normas estrictas de convivencia, Noyes no pudo evitar que la gente se enamorara y creara vínculos de parejas, de a dos.
 
Nosotros, los humanos, parece que estamos orientados a vincularnos de manera íntima de uno a uno.
 
*
Entonces, ¿qué es el adulterio? ¿Tener sexo con el otro? ¿Penetración? ¿Salir con alguien amorosamente? Los Lozi, de Africa, no conciben el adulterio como algo coital: dicen que es adulterio si un hombre acompaña a una mujer casada, con la que no tiene relación alguna, mientras ella camina, o si él le da una cerveza o tabaco. Los Koyfar de Nigeria lo ven así: una mujer que está insatisfecha de su marido, pero que no quiere divorciarse, puede tener un amante legítimo que viva con ella en la misma casa del marido. Los hombres Koyfar tienen el mismo privilegio.
 
Es cultural, claro. Y como es cultural hay una historia registrable de las ideas que nos hacen considerar algo moralmente aceptable o no. Por ejemplo, un hombre de la China o Japón tradicional era considerado adúltero si tenía sexo con la mujer de otro hombre: el sexo ilícito con una mujer casada era una violación en contra del marido de la mujer y sus ancestros (y el castigo era la muerte). Si un hombre, en la India, seducía a la mujer de su gurú, podía exigírsele que se sentara en una plancha de acero caliente y que luego se rebanara su propio pico. La única salida venerable para un japonés, en este caso, era el suicidio. En las sociedades asiáticas agrícolas tradicionales tener sexo con geishas, prostitutas, esclavas y las concubinas no eran considerado adulterio.
 
Para las mujeres, en cambio, el asunto era distinto en el Japón, India y la China tradicional. El valor de una mujer era medido de dos maneras: su habilidad para incrementar las propiedades y prestigio de su marido con la dote que ella aportaba al casarse y su capacidad para tener hijos. De ahí se entiende que se exigiera que fuese casta antes de casarse y fiel en adelante -era necesario asegurar la paternidad y no poner en riesgo el linaje familiar-. Básicamente, una mujer infiel ponía en jaque las tierras, riquezas, status y honra de un hombre: tanto sus ancestros como sus descendientes se veían perjudicados por el comportamiento adúltero.
 
El mix religioso al que la sociedad occidental ha estado expuesta también ha hecho que lleguemos a considerar el sexo fuera del matrimonio como algo prohibido: la abstinencia sexual se ha asociado a la idea de lo bueno, positivo, divino, mientras que el adulterio es considerado pecaminoso (para los dos sexos).
 
*
 
Fast forward a hoy en día. Nos enamoramos, nos casamos, nos prometemos fidelidad, nos engañamos y varios nos divorciamos. Luego nos volvemos a casar. Y así.
 
Vemos al adulterio como inmoral y sin embargo, sucede. Lo curioso es que teniendo tanto en contra, pase. Pareciera ser que a pesar de todo lo que intentamos controlarlo, se nos escapa. La cultura intenta ordenarnos, el cuerpo tira.
 
Motivos darwinistas para el adulterio: por el lado de los hombres, la diseminación de la “semilla”, la variabilidad genética. Por el lado de la mujer, una de dos alternativas para adquirir recursos (fidelidad a un solo hombre vs sexo clandestino con varios para obtener recursos de fuentes distintas). Comprensible.
 
Motivos individuales para el adulterio: todos los que existen y los que tu cabeza pueda imaginar.
 
*
 
Este no es un curso de antropología, pero quise hacer esa repasada mental de las cosas que he leído sobre el tema porque me parece que hay algo de lo que debiéramos ser capaces de hacernos cargo: si validamos el matrimonio como un tipo de vínculo social e íntimo deseable y sabemos, al mismo tiempo, que el adulterio es una realidad concreta, ¿por qué no buscar maneras de enfrentarlo? ¿Por qué pareciera tan difícil todavía hablar del deseo del otro en la pareja? ¿Por qué actuamos como hipersorprendidos si ya nos sabemos el guión de memoria?
 
*
 
Ah, el amor. Ah, las buenas intenciones. Ah, las cosquillas. Qué cosa más linda. Pero también: ay, afírmate cabrito, qué susto. Cuando alguien me gusta mucho me resulta hasta doloroso que mencione a otras mujeres: ese pellizcón de envidia-inseguridad-la-terrible-sensación-de-que-estás-a-punto-de-perderlo-todo. Y sin embargo saber que el otro es un pobre ser humano, igual que uno. Saber que siente y ama y se mueve como uno. Saber que duda, planea, organiza y destruye.
 
Ah, el amor. Un cuerpo que encuentra a otro cuerpo y decide quedarse con él un rato. Un cuerpo que opta por olvidarse de todo lo que sabe para tomar ese camino de a dos, aunque sea por un periodo acotado.
 
*
 
Hablo con un montón de gente sobre qué quieren para sus vidas, qué buscan en términos de proyecto personal y con otro. La mayoría me responde que se imaginan en pareja o incluso con hijos. A algunos la sola idea de ser fieles les para los pelos y hace que les cueste pensar en cualquier futuro posible. Otros me dicen que no quieren casarse -porque no se imaginan tirando con alguien toda la vida-, pero sí están abiertos a una relación íntima de largo plazo con otra persona, en la que haya algo de cancha sexual.
 
Nuestra cultura muestra como deseable el estado de enamoramiento y un montón de gente se casa porque siente esa embriaguez por el otro. La lata es que esa embrigauez la mayoría de las veces pasa -aprox luego de 3 años- y entonces, acabo de mundo: se divorcian porque ya no sienten lo mismo, o se engañan porque no encuentran en su pareja ese estímulo emocional/sexual.
 
Se abandonan, ya sea porque se quedan en la relación a medias o porque se van.
 
Algunos antropólogos dicen que somos monógamos seriales (qué, curiosamente o no, me hace pensar en asesinos seriales).
 
*
 
¿No habrá, acaso, una manera más sana de vincularnos? Si el matrimonio es un camino tomado con una persona a la que quieres, valoras y que dentro de todo es un gran partner para el día a día, ¿no será ese uno de los tantos caminos posibles? ¿Qué pasaría si entráramos al matrimonio teniendo en mente que elegimos alguien no sólo por la subida emocional que nos provoca el otro, sino porque lo consideramos un bacán? ¿Y si en vez de cortar, ampliamos las redes?¿Y si en vez de tratar de poseer /controlar al otro, nos interesara más verlo crecer? Poliamori, maybe. ¿Relaciones abiertas? ¿Acuerdos renovables sobre qué tipo de relaciones queremos tener?
 
Yo no tengo la solución, obviamente, pero me gusta pensar alternativas.
 
*
 
Cada vez que pineso en estos temas me acuerdo de un librito maravilloso que le recomiendo a cualquiera que se atreva a sumergirse en el terreno del matrimonio, del compromiso y del sexo: “Here Lies My Heart. Essays on Why We Marry, Why We Don’t and What We Find There”. Con ensayos de un montón de escritores, esta colección es una joyita. En uno de los textos Barbara Ehrenreich se pregunta -y con esto termino-:
 
“¿Por qué un tipo que es bueno en la cama tiene que ser bueno contando historias para irse a dormir? ¿O un sujeto que puede poner paneles de yeso en el sótano tiene que ser un compañero de cena fascinante? Nadie espera que su pediatra venga a podar los arbustos, o que su contador doble y guarde la ropa lavada y acueste a los niños. Solamente en el matrimonio nos despedimos felizmente del sentido común y esperamos que cada necesidad humana la cumpla un solo -demasiado- humano”.
 
 
Refs:
El caso de Oneida: http://bit.ly/2jRZcwd
 
Anatomy of Love, Helen Fisher
 
Here Lies my Heart http://amzn.to/2jmv6Ay

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s