(NO) ser mamá

Acabo de salir de un terremoto emocional: estuve cuidando por 8 días y medio a mi sobrino de dos años y medio. OCHO DÍAS Y MEDIO. Es poco. Es mucho. Depende del punto de vista, sí. Para mí fue una experiencia heavy y salí con muchas ideas sobre la decisión de ser madre o no. Pensemos juntos.

Estos son los temas que tocaré:

  • LA COFRADÍA: el club secreto de los papás, ser mejor persona
  • PLANTAR UN ÁRBOL, ESCRIBIR UN LIBRO, TENER UN HIJO: qué significa
  • POOOBRE: presión social, contexto sociocultural
  • ¿INSTINTO MATERNAL?: ¿existe? Estudios científicos.
  • EGOÍSTA: ¿es egoísta no querer tener hijos?
  • SER MAMÁ Y ARREPENTIRSE
  • SOBREPOBLACIÓN MUNDIAL: una solución: familias pequeñas o sin hijos
  • SEXO (breve comentario)

Síganme los buenos.

[CONTEXTO: tengo 33 años y soy soltera (¡miau!). En mi vida había cambiado un pañal. Tengo un perro al que amo y muchas plantas. Nunca he sentido la urgencia de ser mamá ni la fantasía ni nada. Me encanta compartir con niños, aunque no los trato como idiotas ni soy condescendiente con ellos. No me gustan los niños llorones, así como tampoco me gustan los papás y mamás lloronas. Amo a mi sobrino y creo que es el niño más adorable, inteligente y cariñoso de la tierra y no, no hice un estudio para concluir eso.]

**Ah, me saltaré las cosas más o menos convenidas que ya todos sabemos (para ver el detalle, scroll hasta el final).

*

LA COFRADÍA

Es increíble la diferencia de trato de parte de la gente cuando te ven con un niño: es como andar con un cachorro y pertenecer a una secta al mismo tiempo. De alguna forma los otros padres o cuidadores te miran como si ya supieran de ti. (Y sí: saben que te pasas cambiando pañales, cuidando que no se caigan, hablando como si no supieras modular y besuqueando al pobre niño).  Hay una cofradía, un club secreto. Fue como volver a pertenecer a un credo religioso. Ah, y también caché por qué las mamás de niños chicos se ponen monotemáticas: porque la pega es full time.

Cuidar a un cabro chico te fuerza a ser la mejor versión de ti mismo: responsable, capaz, previsor, entretenido, dispuesto, alegre. TODO EL TIEMPO. Es muy inspirador, pero también es agotador. En algún momento uno quiere volver a ser una persona común y corriente, más o menos mediocre o idiota. Con niños chicos uno es proveedor eficiente, paño de lágrimas, mediador del mundo. Hasta que se dan cuenta de que todo es mentira (¡bienvenida adolescencia!).

PLANTAR UN ÁRBOL, ESCRIBIR UN LIBRO, TENER UN HIJO

La famosa cita tiene doble atribución: al Talmud y a José Martí. Por algún motivo, pega mucho, tal vez demasiado. Es que una lista bien hecha: son sólo tres cosas (no veinticinco), muy concretas y relativamente sencillas. No dice “desarróllate como ser humano”, por ejemplo. Si me dieran luca por cada vez que alguien ha hecho referencia a la idea del libro y del hijo por esta cita, sería millonaria (por algún motivo, a nadie le importa mucho el árbol).

Creo que tener un hijo es una manera de vivir una experiencia humana intensa y transformadora, pero no por eso “la” experiencia humana para lograr los mismos efectos o niveles de satisfacción y me parece que no ver eso es ser medio miope mentalmente.

Desgranemos la cita: “Hay tres cosas que cada persona debería hacer durante su vida: plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro”.
– Plantar un árbol: ser consciente de tu ecosistema, cuidar la naturaleza, aportar al planeta.
– Escribir un libro: ser capaz de reflexionar y compartir creativamente, poner al servicio de los otros tu inteligencia y visión de mundo.
– Tener un hijo: formar un vínculo de entrega y cuidado, postergarse por el bienestar de otro ser humano, fomentar valores y creencias positivas, constructivas, ser capaz de transmitir conocimiento, proteger y nutrir tanto física como psicológicamente a otra persona, pensando en su bienestar.

¿Será necesario plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo para lograr desarrollar esas habilidades?

POOOOBRE

Hay una mirada que te empieza a lanzar la gente cuando pasas los 30 y no tienes pareja y/o hijos. Si uno pudiese ponerle subtítulos esa mirada diría: “Pobrecita, se va a quedar sola para siempre”. Hay, creo, dos maneras básicas de enfrentarla: 1) “Ehhh, no es un problema quedarme sola” (y ahí hay algo más proyectivo de la persona que teme por ti lo que tú no temes) o 2) “Ayyy, sí séeeeee, me quiero matar” (y ahí se entra de lleno al espiral de la muerte). Entre medio están todas las combinaciones posibles. Decir “no quiero ser mamá” pareciera que tiene el mismo efecto que decir “no quiero vivir”: instantáneamente te llueven comentarios como “después te vas a arrepentir” o “no sabes lo que es” (que a todo esto, gente, es un trato un tanto condescendiente e innecesario, en serio).

Si uno opta por decir que no quiere ser mamá es considerada una anomalía, una trabajólica, una egoísta y/o una pobre ilusa que no se ha dado cuenta que su esencia es convertirse en madre y que está en plena negación de su “ser mujer” por no serlo todavía.  Todas estas suposiciones son súper tradicionalistas y asumen que el hecho de tener un cuerpo capaz de dar a luz debiese indefectiblemente llevarnos al hecho de querer tener un hijo. (Bajo esa misma lógica, ¿cuántas cosas debiésemos sentirnos obligados a hacer porque tenemos la capacidad de hacerlas?).

La forma en que hablamos sobre la decisión de no tener hijos es en negativa: “no tiene” (childless vs childfree), pero ¿cómo es eso de “no tener” algo que no existe ni se desea? Es una decisión activa el no tener, porque el supuesto es que sí se debiera tener: a pesar de estar en un estado de opt in -o sea, que hay que hacer un movimiento desde el no tener a tener un hijo, y eso requiere un esfuerzo-, se siente como si el mantenerse no teniendo hijos fuese más difícil. ¿Cómo es eso posible? Porque nos preparan para vivir la vida para ese momento en que sí tengamos hijos. Parece que es opt in, pero en realidad decidir no tener hijos es todavía opt out: es salirse del plan predeterminado, es romper el esquema que estaba previsto. Ser mamá sigue siendo el plan por defecto, según nuestros estándares sociales. No estamos en un plan neutro: alguien ya tomó la decisión por nosotros.

¿INSTINTO MATERNAL?

Llega una edad -en la que yo ya estoy- en que la pregunta por los hijos se vuelve urgente. La gente usa frases como “reloj biológico” e “instinto maternal”. (Para saber más sobre el famoso “reloj biológico” y cachar cómo nos han mentido, scroll hasta el final, en las refs. ***).  Ambas cosas combinadas a veces tienen el efecto de generar “baby fever” en algunas mujeres -el deseo físico y emocional de tener un hijo-. Hay poco en torno a si el fenómeno del baby fever existe, pero supongamos que sí: ¿es producto de las necesidades de prolongación de la especie, del contexto sociocultural del que aprendemos los roles de género, de la necesidad de cuidado de otro o es una señal emocional adaptativa de que es un buen momento para tener un hijo?

Cuando la gente habla de instinto maternal se refiere a dos cosas: una “naturaleza” predispuesta a desear ser madre y una capacidad para ser madre -una vez que la guagua ya nació- y poder responder eficientemente a sus necesidades. Lo primero se ha descartado en la comunidad científica -el propio término “instinto” está en desuso cuando se trata de seres humanos, porque habla de un impulso irrefrenable e innato-. Lo segundo está más o menos comprobado: hay estudios que demuestran que hay una liberación de oxitocina al escuchar el llanto de tu propia guagua, que a su vez estimula la producción de leche (esta respuesta hormonal de querer alimentar al niño se da solo durante el embarazo y luego del nacimiento).  Un estudio también encontró una correlación entre mujeres con altos niveles de estrógeno y el deseo de tener un mayor número de hijos, en comparación con mujeres con menores niveles de estrógeno. Además, encontraron que las mujeres que tendían a desear más hijos tenían caras más “femeninas”, en comparación con las que querían menos hijos. También se ha comprobado que circuitos cerebrales específicos se activan cuando una madre escucha a su propio hijo llorar o si lo ve sonreír, siendo más fuerte la respuesta cerebral en el caso del llanto. Y así. Algo le pasa al cuerpo y a nuestra cabeza con la maternidad, sí.

Lo clave es que la maternidad es una decisión de vida. Sería más fácil si realmente hubiese un instinto, si nos sintiésemos biológicamente compelidas a tener un hijo porque se te prendió un botoncito interno. El peso que tiene el tomar la decisión de traer un hijo al mundo entonces es muy fuerte.

SER MAMÁ Y ARREPENTIRSE

Es tan tabú decidir no tener hijos, pero es incluso más tabú tenerlos y reconocer que tal vez no fue la mejor decisión. Esto no significa que las mujeres que se arrepienten no quieren a sus hijos, sino que son capaces de darse cuenta de que otra decisión hubiese sido o menos dolorosa o menos difícil o menos sacrificada, etc. La falta de espacio para hablar sobre maternidades no deseadas, pero que concluyeron en embarazos, se ve aplastada por el discurso eufórico de que la maternidad es maravillosa o por la tipificación de madres “fallidas” o pencas. Así que pareciera que no hay término medio: o eres una madre increíble o eres una porquería.

Como en casi todo, no compro la ausencia de término medio y creo que muchas de las patinadas al criar a los hijos o incluso las que se dan en pareja tienen que ver con mamás que no estaban preparadas para ser mamás o que se arrepienten de haberlo sido y que buscan una vía de escape.

No hay madre perfecta. No hay hijos perfectos. Pero yo sí creo en una maternidad sana. Sí creo que más vale no tener hijos si es que se va a ser una madre ambivalente o simplemente amargada. Y ya hay estudios que demuestran que el afecto y cuidado que una madre es capaz de entregar tiene consecuencias físicas en el cerebro del hijo (con un hipocampo 10% mayor que el de niños con hijos que no eran cuidadosas en términos afectivos. Los resultados son extrapolables a los cuidadores, no sólo a las madres biológicas). Así también, se ha demostrado que el vínculo seguro o inseguro entre una mamá (o el cuidador) y su hijo determina -en parte- sus relaciones románticas, su capacidad de resolver y recuperarse de los conflictos en las mismas, y de disfrutar de ellas.

Desde mi punto de vista, me parece mucho mejor que una mujer ambivalente respecto de la maternidad no tenga hijos hasta que esté segura o no los tenga nunca, porque le hace un favor a ese hijo hipotético.

EGOÍSTA

Hace dos años el Papa Francisco dijo que no tener hijos era ser egoísta, que al final la gente que no los tenía se dedicaba a buscar su propio bienestar y luego a vivir una vejez amargada, que los hijos renovaban la vida y aportaban al mundo. Yo no sé de dónde sacará esas conclusiones y también me parece injusto la correlación forzada de dos temas completamente diferentes. (Menciono al Papa por ser una persona que representa la visión conservadora).

Si uno decide no tener hijos, ¿por qué es egoísta? ¿Es egoísta con la posibilidad de una vida que no se concreta? ¿Egoísta con la sociedad? Honestamente, así como están las cosas, es más egoísta con el mundo entero tener un hijo que no tenerlo. (Claro, una vez que se tiene la guagua la generosidad va a ella, pero en términos macro, se decide tener un hijo por los propios deseos de armar una familia tradicional. Si nos ponemos pesados, más egoísta es tener un hijo y no adoptar uno de los tantos niños que tienen una vida como la cresta porque sus papás los tuvieron y no quisieron cuidarlos).  Todo esto me lleva al siguiente punto:

SOBREPOBLACIÓN MUNDIAL

Alexandra Paul es una actriz -BAYWATCH, gente, BAYWATCH- y activista que tiene una charla TED que resume el problema de la sobrepoblación mundial. Básicamente el asunto es que somos demasiados y que seremos todavía más. Nos tomó 200.000 años llegar a ser mil millones de personas, mientas que nos demoramos 200 años en llegar a 7 mil millones. Las organizaciones medioambientales nunca señalan dentro de las medidas individuales para ayudar a salvar el planeta el “tener dos o menos hijos por pareja” (o ser vegetariano, o preferir comprar cosas usadas, etc., y ojo, es porque hay una agenda oculta ahí). Para cachar bien el impacto de tener un hijo hay que considerar el consumo de recursos por persona, no sólo en términos de nuestro contexto país (por ejemplo, en la India las familias tienden a ser más grandes, pero un norteamericano promedio usa la misma cantidad de recursos que 30 personas de la India, por lo tanto, el que nazca un norteamericano más es un GRAN problema. Multiplicar por nacimientos anuales. Hágase la idea). Así que: levante una ceja cada vez que el tener menos hijos o no tener hijos no salga mencionado en un sitio que promueva el cuidado medioambiental. Money talks.

La idea de disminuir la población mundial o controlarla hace que la gente se ponga mal, porque piensan que se traducirá en más abortos o que se les quitará el derecho a tener cuantos hijos quieran. En realidad, lo primero es educar a las mujeres, porque hay una correlación directa entre la cantidad de años de escolaridad de las mujeres y la cantidad de hijos que tienen. Mientras más empoderadas, menos hijos deciden tener y manejan también más formas de control de natalidad. Otra manera es erradicando la pobreza: mientras más plata tiene una familia, menos hijos tiene (aunque vaya que falta para eso). Otra forma es incentivar a la gente a tener familias más pequeñas (que NO es lo mismo que forzarlos a tener menos hijos, que es lo que pasó en China y tuvo como consecuencia que las guaguas que eran niñitas eran abortadas). Es necesario empezar a repensar las ideas asociadas a la familia: ¿a qué imaginario asociamos una familia grande? ¿Cuáles son los beneficios de tener uno o dos hijos en comparación con más? La mala noticia: eso va a tomar tiempo y, mientras tanto, el problema se agravará. ¿Y para quién va a ser el problema? Para los niños que están naciendo ahora.

Ah sí, y otra cosa: al mercado le conviene que sigamos teniendo hijos. Más hijos, más consumidores. El nicho de las guaguas y los niños es bien conveniente: debido a que crecen y sus necesidades son siempre cambiantes, son clientes de largo plazo. Piensa dos veces antes de comprarte los incentivos emocionales que te ofrecen las marcas por ser mamá.

SEXO

Esto da para otro artículo, pero sólo voy a mencionar que por primera vez en mi vida sentí como que se me apagaba un poco la lucecita de tener ganas de tener sexo. No he explorado todavía por qué -tal vez era el cansancio, la dedicación de cuidado a otro, la falta de contexto erotizante, la dificultad para concentrarse en las propias necesidades, etc.-, pero sí fue raro. Súper raro.

***

Lorrie Moore, una de las cuentistas norteamericanas que más me gustan, en una entrevista para The Paris Review dijo: “Desde que empecé a escribir el truco, para mí, ha sido construir una vida en la que la escritura pueda ocurrir (…). Siempre he tenido que tener un trabajo que me dé una base y ahora soy madre de un niño pequeño, a veces me siento sobrepasada al intentar llevar una vida literaria mientras hago clases y crío -para no decir de hacer cosas de casa- algunas veces me sobrepasa. No me siento completamente superada, pero es una lucha, cada vez más”. Cuando leí este fragmento me di cuenta de que no quería esa situación para mí. No sé cómo sea para ustedes, pero mi vida ha sido bien terremoteada y creo que recién estoy empezando a disfrutar de algo de estabilidad emocional y mental. Agregarle una guagua ahora sería empezar de nuevo el torbellino.

No tengo una conclusión. Sé que no quiero hijos ahora y por un buen tiempo al menos. Valoro más mi tiempo destinado a mi escritura, a mi proyecto, a mi familia y a mi perro que a la idea de tener un hijo.  ¿Me siento menos plena por eso? ¿O encuentro penca a la gente que tiene hijos? Claro que no. Pero uno espera más o menos lo mismo de vuelta: que te dejen de hinchar.

Déjenme cerrar con un par de videos de Louis CK, para aligerar el cuento:

http://bit.ly/2qn3kHf My 4 year old is an asshole

http://bit.ly/1A2mgde Children and their secrets

Refs. :

Papa Francisco: no tener hijos es egoísta http://bit.ly/2pr5wjA

Contador de población mundial, actualizado: http://www.worldometers.info/world-population/

Overpopulation facts, the problem no one will discuss: http://bit.ly/2qkbAHY Alexandra Paul propone educar a las mujeres, disminuir la pobreza e incentivar la formación de familias pequeñas. El problema más grande que Alexandra no menciona es que incluso ahora, con 7 mil millones, ya es insostenible. Baby steps al menos para crear conciencia.

Baby Fever:  http://bit.ly/2ql6Phd Una pareja de investigadores ha explorado el fenómeno de baby fever y ha encontrado 3 factores que predicen consistentemente cuánto deseará una persona tener un hijo: exposición positiva, exposición negativa, y la consideración de los sacrificios o costos que involucra tener hijos. El estudio mí no me gustó porque lo encontré medio blando (se basa en tweets), pero va igual : http://bit.ly/2ps1cRg

Don’t lose the context! Response to: Are you maternal enough to be a woman? http://bit.ly/2oOEqik  Este es un post que responde a críticas respecto del estudio que correlaciona niveles de estrógeno y deseo de tener hijos. Este es el estudio original: http://bit.ly/2pG6p8X

How a mother’s love changes a child’s brain http://bit.ly/1kM0fY3

Baby-mother bonds affects future adult relationships http://bit.ly/2pFWr7j

The functional neuroanatomy of maternal love http://bit.ly/2oPLuv2

3 main lessons of psychology – Dan Ariely  http://bit.ly/1hMsvxN El efecto opt-in y opt-out

***How long can you wait to have a baby?  http://theatln.tc/2oCobKc La idea de que tener hijos después de los 30 es difícil no se sostiene fuertemente por ningún estudio científico actual. De hecho, la clásica estadística de que 1 de cada 3 mujeres de entre 35 a 39 años no podrá tener hijos luego de intentarlo durante un año se basa en un artículo publicado en el 2004…pero la fuente de ese dato tiene su origen en los registros de natalidad entre 1670 y 1830. La posibilidad de quedarse sin hijos -30%- fue calculada tomando poblaciones históricas. Pocos estudios han sido bien diseñados e incluido la edad de las mujeres y la fertilidad en mujeres nacidas en el siglo veinte, pero los que sí funcionan son bastante optimistas. Un estudio examinó las posibilidades de embarazo entre 770 mujeres europeas y concluyó que, teniendo sexo dos veces a las semana, el 82% de las mujeres entre 35 a 39 años logran embarazarse dentro de un año, comparado con un 86% de mujeres de entre 27 y 34 años. Otro estudio consideró a 2820 mujeres danesas: entre las mujeres que tenían sexo durante de su fase fértil, el 78% de las mujeres de entre 35 a 40 se embarazaron en el plazo de un año, comprado con un 84% de las mujeres de entre 20 y 34 años. Otro estudio encontró que entre mujeres de 38 y 29 años que ya se habían embarazado, el 80% de las mujeres blancas de peso normal se embarazó naturalmente en 6 meses (el porcentaje disminuía en otras razas y cuando tenían sobrepeso). Incluso estudios que se basan en registros históricos son optimistas: antes de la píldora, el 89% de las mujeres de 38 años seguían siendo fértiles, y otro estudio concluyó que una mujer típica podía embarazarse hasta más o menos entre los 40 y los 45. Sin embargo, estos números suelen no mencionarse.

 Entrevista a Lorrie Moore en The Paris Review: http://bit.ly/2iCQ9hN A pesar de que me encanta Lorrie Moore como cuentista, no me gusta esta entrevista porque creo que suena un poco insoportable, pero también, la entrevistadora es de una inocencia enervante.

***Entre las obviedades que no mencioné: el privilegio que es tener un hijo sano y adorable; la situación de aprendizaje maravillosa que es cuidar a otro que técnicamente no te puede dar nada a cambio -aparte de afecto condicionado al principio, genuino después-; que lo geniales o insoportables que son los niños tiene que ver con lo geniales o insoportables que son los papás (papás: si sus hijos son un pain in the ass, desastrosos, irresponsables, no es gratuito); la pega tremenda que hacen todo tipo de cuidadores que son sanos mentalmente -mamás, papás, tíos, abuelos, hermanos, tías del jardín, etc.; la responsabilidad loca que es cuidar a otro ser humano que no se puede cuidar a sí mismo; la falta de tiempo libre y los sacrificios que se hacen en nombre del otro; lo evidente que resulta que el mundo es un desastre y que hay demasiadas cosas con esquinas puntiagudas.

Ah, y un mini recordatorio:

BUENAS RAZONES PARA TENER HIJOS: porque quieres tener un hijo y quieres comprometerte con la responsabilidad a largo plazo que significa criar, formar y proteger a otro que dependerá de ti.

RAZONES CUESTIONABLES PARA TENER HIJOS: porque te da susto quedarte solo cuando viejo. Porque todas tus amigas están teniendo hijos. Porque quieres afirmar tu relación de pareja. Porque toda tu vida te imaginaste con hijos. Porque te gustan los niños (esos niños después crecen, por si acaso). Porque tu pareja quiere tener un hijo. Porque tus papás quieren tener nietos. Para sentir que sigues avanzando con tu checklist.

BUENAS RAZONES PARA NO TENER HIJOS: porque no quieres tener hijos.

 

Soltera

Hay un error frecuente que cometen los gringos cuando están aprendiendo a hablar en español: confunden el verbo ser con estar. Entonces, por ejemplo, en vez de decir “estoy cansado” dicen “soy cansado”. En inglés la frase sería “I’m tired”, pero si uno quisiera presentarse a sí mismo, también usaría esa fórmula (“I’m Fulanito”, o sea el verbo “to be”, que es lo más irregular de lo irregular). En español la diferencia entre los verbos ser y estar tiene que ver con la permanencia, la condición a largo plazo y/o la imposibilidad de cambiar una situación. La forma más sencilla es ejemplificarlo diciendo que es hombre o mujer, rubio o moreno, alto o bajo, inteligente o tonto, mientras que está apurado o relajado, triste o alegre, casado o soltero.

Y aquí hay algo interesante. En el lenguaje hay una manera de habitar el quiénes somos y qué hacemos.

Estoy soltera. Soy soltera. En español esta pequeña diferencia es una gran diferencia.

*

Lo que más me gusta de aprender otros idiomas es que te abren maneras distintas de pensar el mundo. Un ejemplo interesante e ilustrativo es lo que ha investigado Rafael Núñez respecto de la influencia de la cultura y el lenguaje en la concepción del tiempo. Si bien la metáfora del tiempo como espacio es bastante universal, varía de una cultura a otra, y eso no deja de ser sorprendente.

Los occidentales nos referimos al tiempo con metáforas espaciales respecto de nuestros propios cuerpos: el futuro está adelante, el pasado está atrás (o a nuestras espaldas), decimos que “avanzamos” hacia el futuro, que “dejamos atrás” el pasado. Nuestra línea de tiempo va de izquierda a derecha, coincidente con la manera en que escribimos.

Los aymarás, por el contrario, consideran que el pasado está frente a nosotros y el futuro detrás. Ellos le atribuyen mucho valor al conocimiento obtenido visualmente, o sea, a si lo que se sabe se sabe porque uno fue testigo de ello o no. Entonces, el pasado está frente al hablante -porque lo vio y lo conoce- y el futuro está a sus espaldas -porque lo desconoce o no puede verlo-. Por lo mismo, los aymará pasan mucho más tiempo hablando del pasado que del futuro, porque a este último nadie puede conocerlo ni verlo, y por ende, no tiene mucha relevancia. Esto ha tenido incluso consecuencias históricas: los conquistadores desdeñaban el poco interés que los aymarás mostraban hacia el futuro o al “progreso”.

Los yupno, de Papua Nueva Guinea, consideran que el tiempo fluye cuesta arriba y no es lineal. El pasado, para ellos, va cuesta abajo, en dirección de la boca del río local, y el futuro está en la fuente del río…que está ubicada, precisamente, cuesta arriba. Además, como la fuente del río y la boca no siguen una línea recta, su noción del tiempo es serpenteante también. La forma en que conciben el tiempo está anclada en propiedades topográficas del lugar que habitan. Cuando están en sus casas y no pueden ver el río, al hablar del pasado apuntan hacia la puerta, y cuando hablan del futuro, apuntan a algún lado lejos de la puerta (las entradas a las casas tienen una elevación, y entonces para salir de la casa hay que “descender”. Esto significa también que cada casa tiene su propia línea de tiempo).

Los pormpuraaw, una comunidad remota de aborígenes australianos, tienen una línea de tiempo con un axis de este a oeste: el pasado está en dirección este, el futuro en dirección oeste. El tiempo fluye de izquierda a derecha si están orientados hacia el sur, de derecha a izquierda si están orientados hacia el norte, hacia el cuerpo si están orientados al este o desde el cuerpo hacia el frente si están orientados al oeste.

Más aún, los aborígenes australianos tienen una cosmología centrada en “The Dreaming” (o “el tiempo del sueño”, o “el soñar”). La visión dualista griega-occidental separa la temporalidad de lo eterno y sitúa al sujeto en un punto fijo dentro de un flujo o continuo temporal, mientras que los aborígenes australianos piensan que uno mismo es, fue y será el tiempo del sueño. El tiempo existe en relación vertical con el presente. Los eventos no pasan como una cadena de situaciones que tienen un comienzo u origen, sino que pasan aquí y ahora. La historia es entendida en términos sociales, a través de vínculos entre ancestros y descendientes. El volver a actuar un hecho del pasado -por ejemplo, el representar la crucifixión de Cristo-, para ellos es el equivalente del evento original, o sea, una realidad contemporánea, vívida. Pensar en “dejar atrás el pasado” es más o menos inconcebible, porque el pasado es aquí y ahora y se sigue manifestando a través de los descendientes. Todo lo que sucede en el tiempo tiene implicancias eternas y está muy interconectado.

Uff, ya, todo eso fue un minidesvío para demostrar cómo afecta el lenguaje y la cultura el cómo nos situamos en la realidad.

Volvamos a algo más livianito.

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Hay un tipo que cada cierto tiempo me pregunta si “sigo” soltera. La pregunta jote es, a ratos, molesta: “seguir”, como si estuviese arrastrando un estado por demasiado tiempo. Y es que la gente habla de la soltería como si fuese o una enfermedad o un bien escaso, o incluso como un punto de partida para llegar al destino final (matrimonio) en el que uno puede “quedarse” pasivamente, porque nadie quiso “tomarla” en matrimonio. Te dicen que “ya vas a conocer a alguien” o “disfruta la soltería mientras puedas” o “(qué pena) se quedó soltera”.

A veces siento que la gente me habla en alien, pero también entiendo que estas formas de hablar sobre la soltería están súper ancladas en nuestra cabeza. La metáfora a la base es que “la vida es un camino” y uno de los tantos hitos es transitar de la soltería al matrimonio, donde el matrimonio es un logro, un avance, un nuevo comienzo. Desde esa lógica, ser un soltero adulto es por lo tanto quedarse pegado, estancado, frustrado, fracasar. El matrimonio aseguraría compañía, la soltería te condenaría a la soledad. El matrimonio sería un camino más o menos directo a la felicidad, la soltería sería, en cambio, difícil, amarga.

En este escenario lingüístico-mental es obvio que a muchos el tema de ser solteros les pega fuerte. Me topo muy seguido con gente que no quiere estar soltera, que se la sufre. Y lo entiendo, porque a mí también me pasó: es peludo en un país conservador ser soltero (y si eres mujer, afírmate cabrito, pobre de ti). Hay una suposición, de buenas a primeras, de que uno o está medio dañado o es demasiado jodido o nadie te quiso. Además, agréguenle el hecho de que estar soltera se asocia a vivir en soledad, a una vida medio carente de sentido (sin tener marido ni hijos a los que dedicarse…).

Es harta carga y si uno no tiene la cabeza para sacarse ese peso, se hunde.

*

A mí me encanta estar en pareja, pero también me encanta estar soltera, y como soltera, soy una persona que constantemente sale con gente y se enamora y desenamora con intensidad. Conecto rápido, me importa generar vínculos que me aporten, me nutro de personas con cabezas distintas a la mía.

A veces la gente que se la sufre en la soltería me pregunta si me aburro, porque ellos se aburren. Y sé que esto suena a que lo estoy sobrevendiendo, pero: yo nunca me aburro. Es muy loco, porque hubo una época en la que sí, en que lo único que quería era estar en pareja y sentía que estar soltera era como estar condenada al ostracismo -porque, convengamos, Chile país conservador y blablabla-.

Hice el cambio de switch hace rato y los invito a hacer lo mismo. Me parece súper tonto estar en una situación viéndole todo lo que te carga, en vez de todo lo bueno que tiene estar ahí. Si no, te la pasas en falta. El país de la soltería es otra historia, tiene otros códigos, distintos a los del país del matrimonio, otros lenguajes y rituales. Pasar la frontera de uno a otro requiere un montón de adaptación y si uno está más o menos instalado en uno de los dos, debiese convertirse en el mejor ciudadano posible de ese país, ¿no creen? Lo que quiero decir es: es poco probable que seas feliz emparejado si estando soltero estás descontento, porque el goce tiene que venir de ti, de tu capacidad de sacarle el jugo a tu contexto. Los solteros amargados son casados amargados. Los solteros gozadores son casados gozadores (y después, estadísticamente: divorciados gozadores. Y vueltos a casar gozadores. Y así).

Lo que quiero decir es: es poco probable que seas feliz emparejado si estando soltero estás descontento, porque el goce tiene que venir de ti, de tu capacidad de sacarle el jugo a tu contexto. Los solteros amargados son casados amargados. Los solteros gozadores son casados gozadores (y después, estadísticamente: divorciados gozadores. Y vueltos a casar gozadores. Y así).

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Escucho a gente que me comenta que está soltera y que decide guardarse experiencias para hacerlas cuando estén acompañados en el futuro -acompañados de ese alguien que todavía no existe en sus vidas, pero que quieren que exista-. Es como si viviesen más en una vida pensada para mañana: ahorrando experiencias ricas porque más adelante van a estar con alguien con quien sí vale la pena vivirlas. Y no es que eso esté mal, es que es fome. Súper fome. Me parece una pésima idea “guardarse” hipotecando sus experiencias por algo que (se supone) llega mañana.

*

Decimos “estar soltera”: como si fuese algo transitorio, algo con la posibilidad de ser alterado para pasar a otro estado. Sí, tiene sentido, porque eso viable. Y además creo que tiene sus ventajas hablar así de situaciones o cosas que nos incomodan o desagradan. Por ejemplo, no quiero decir “soy (una persona) triste”, quiero decir “estoy triste” y pensar que mañana tal vez no lo estaré.  El asunto es que si nos ponemos más rigurosos, cuando uno “está” de cierta manera, lo está entero, completamente, absorbido por esa experiencia. Se siente poco transitorio ese “estar”. Se siente como el “I’m” de los gringos.

Y pucha la fuerza distinta que tiene decir “soy”: “soy mujer / adulta / soltera”. Soy. Soy esto que abrazo como algo que acepto con todo lo que tiene, sus pros y contras. Soy, en este momento, aquí mismito. Sooooy.

Si “soy mujer” es una manifestación del “ser mujer”, “soy soltera” es lo mismo. Y, ¿qué hace una soltera? ¿Cómo se manifiesta la soltería? Haciendo cosas de soltera, pues. Soltereando.

*

Hace un par de fines de semana atrás fui a un matrimonio de una prima. Hacía tiempo que no veía a esa parte de la familia. Decidí ir sola. Harta gente me preguntó por qué y la respuesta más sensata es la obvia: porque soy soltera. Y la gente me preguntó también que cómo lo pasé, que si no me aburrí, que con quién hablé. Y la respuesta fue: llegué a las 7 de la mañana a mi departamento, me dolieron los músculos de las piernas como tres días seguidos de tanto bailar con taco alto, conversé con cuanto ser humano se me cruzó, conocí gente nueva y pude hablar largo y tendido con mis familiares. Cosas de soltera.

Refs.:

Usé diferentes fuentes para explicar las diferencias respecto de la concepción del tiempo, aunque todas tienen que ver con las investigaciones de Rafael Núñez (http://bit.ly/2ofoKrz).

“How we make sense of time” http://bit.ly/2eyboQG

“Backs to the future” http://bit.ly/1TUZ4s2

“Time flows uphill for remote Papua New Guinea tribe”  http://bit.ly/2oaOqFA

“Eternity now: aboriginal concepts of time” http://bit.ly/2oNhbJD

Me puse a buscar metáforas sobre la soltería y encontré este libro que me hizo mucho sentido, aunque sea mexicano. Me apoyé en él para escribir ese pasaje. “Las razones del matrimonio” http://bit.ly/2oVLA5P