Mucho más que mamá

Escribí hace poco sobre no ser mamá y de toda la responsabilidad que implica serlo. El camino contrario, o reverso, es el hablar sobre ser mamá. Pero eso ya lo han escuchado hasta el cansancio, ¿cierto? Así que quiero invitarlos a pensar desde otro punto de vista.

Desde que somos chicos consideramos a las mamás en función de nosotros: nos cuidan, nos protegen, nos aconsejan y se preocupan de nosotros tal vez más de lo que lo hacemos nosotros mismos. El día de la madre celebra esa pega bien hecha, sí, pero me sigue pareciendo que el mejor regalo es celebrarla como persona entera, no como sólo como mamá. ¿Vamos?

1)

Aprendemos de nuestras mamás una manera de estar en el mundo, de habitarlo. Aprendemos de ellas sobre lo que está bien y mal, sobre cómo relacionarse con los extraños, sobre cuán importante son los valores que ellas mismas encuentran fundamentales. Cuando uno es chico uno agarra todo lo que puede porque es lo que hay a la mano para enfrentar el mundo.

Las mujeres aprendemos a cómo ser mujeres mirando a nuestra mamá (o cuidadora principal). Cómo se mueven, con qué gozan, qué les impresiona, cómo se visten, de qué tipo de cosas hablan. El mundo emocional y verbal que habita nuestra mamá es el nuestro durante un rato.

Llega un punto en que empezamos a decidir por nosotros mismos si esas ideas nos parecen buenas, malas, más o menos. Las adoptamos, acomodamos o desechamos, pero son un referente. El asunto es, ¿de qué hemos hablado con ellas? ¿Qué territorios nos hemos atrevido a descubrir de ellas y con ellas?

2)

El discurso marketinero imperante sobre las mamás como todo-dulzura, todo-bondad, todo-sacrificio es bien penca en la práctica porque las mutila. Así como nos hemos dado cuenta de que existen un montón de cuerpos posibles a pesar de haber un fuerte estereotipo que se refuerza como el cuerpo ideal, pasa lo mismo con las mamás, pero a mí gusto, más grave. Cuando miramos a nuestras mamás con ese filtro -el de la madre ideal, el de la mamá funcional- nos perdemos de tanto más.

3)

Mi mamá se separó de mi papá cuando yo tenía 3, a mediados de los ochenta, cuando hacerlo requería tantas agallas como entereza, porque socialmente te crucificaban. Gracias a ese hecho aprendí desde muy chica a ver a mi mamá como una mujer en primer lugar: una mujer con ganas, ideas, con una vida romántica y sexual en la que yo no jugaba ningún rol activo. Una mujer que, dentro de todo lo que ella era, era también mamá. Primero mujer, después mamá.

Verla así me ayudó a construirme como una mujer distinta de ella porque entendí -a cabezazos- que las decisiones que ella tomaba no tenían solamente que ver conmigo, sino con un mundo interior más amplio que el ser mamá: con el ser mujer. Esta no puede sino ser la mayor libertad posible que una mamá te puede dar: el mostrarse no como una función, sino como una relación. Un tú a tú.
(Sí, pasé igual por la adolescencia insoportable de criticarle todo, de estar en guerra con ella, pero claro, cuando estás en guerra contigo mismo, los más cercanos son los que salen trasquilados).

4)

Las conversaciones posibles que se dan cuando la mamá deja de ser una función para uno y se convierte en una relación de un entero a otro entero son mucho más profundas. (Si creían que se habían librado de que hablaría de sexo e intimidad sólo por ser el día de la madre, JAJAJA).

Me sigue sorprendiendo que sea tan tabú pensar en la sexualidad de los padres cuando resulta tan evidente que uno es producto de al menos un encuentro sexual. Normalmente las personas con las que converso no tienen un diálogo sobre sexualidad con sus papás. PLOP.

La fuente natural de conocimiento o al menos de debate de ideas para hablar sobre sexo e intimidad debiesen ser las mamás y los papás: no para creer lo mismo que ellos, sino para entenderlos mejor y uno mismo hacerse una idea más clara de las nociones con las fuimos criados y desde ahí, entendernos a nosotros mismos.

Una mamá que desexualiza a sus hijos adolescentes o adultos me parece tan loca como un hijo o hija que no quiera entender esa faceta de sus padres.

De nuevo: mutilante.

5)

La manera en que nuestra mamá nos cuida y cómo se relaciona con otros tiene que ver con un aprendizaje. Ahora, uno puede hacer la clásica movida de hacer la del detective que recoge evidencia y saca conclusiones viendo cómo se comporta, o ser un poquito más astuto y preguntar, mostrar interés. En la conversación hay un desmadejar que es casi mágico.

Las historias que nos cuentan las mamás (y los papás) tienen que ver no sólo con hechos, sino también con sus cabezas -con su imaginario privado-, o sea, con quiénes son ellos. ¿Qué historias han preferido contarnos? ¿Por qué esas historias y no otras? ¿Cómo se conocieron tus papás? ¿Cómo empezaron a salir? ¿Qué le gustó a tu mamá de tu papá y viceversa? ¿Cómo eran antes de conocerse? ¿Cómo cambiaron? ¿Qué otras parejas tuvieron antes? ¿Qué les gustaba de esas parejas? ¿Cómo les afectó en su día a día tenerte? ¿Qué los hizo quedarse juntos o separarse? ¿Cómo era / es su vida sexual? ¿Cuán importante es el sexo para ellos? ¿Son físicamente afectuosos? ¿Se llaman con sobrenombres o apelativos cariñosos? Si siguen juntos, ¿cómo han resuelto las tensiones típicas de una pareja que lleva años juntos (la rutina, las peleas, los engaños o las escapadas sexuales de cada uno, en caso de que las haya)? ¿Cómo cultivan su vida sexual? ¿Qué quería tu mamá de su vida? ¿Qué se imagina para adelante? ¿Qué cosas le gustaría hacer que hasta ahora no ha hecho? ¿Cómo era su relación con tus abuelos maternos? ¿Cómo la formaron? ¿En que cosas creía y ya no cree? ¿Qué cosas le dan miedo? ¿Qué cosas habría hecho distintas? ¿Qué cosas volvería a hacer sin dudarlo?

(Obviamente estas conversaciones se pueden dar si hay una relación más o menos sana, pero a veces es posible abrir una conversación y empezar a sanar cosas con tan solo mostrar interés en el otro, sin juzgar).

6)

Desde chica empecé a tener conversaciones sobre sexo con mi mamá para tratar de entender su cabeza y de pasadita entender la mía. Una de las cosas que agradezco es su apertura. No es gratuito que yo escriba sobre sexualidad: ella me enseñó a mirar la sexualidad como un misterio fascinante por descubrir, como un goce. Tal vez no escribiría sobre sexualidad si hubiese aprendido a ver el sexo como algo culposo, como una pega en función del otro o como un tabú (lo que no quiere decir que no tengamos diferencias y que mi mamá no se escandalice y se preocupe por mi reputación jajaja).

7)

Porque tengo la suerte de rodearme de personas choras e inteligentes, me encanta ver como muchas de mis amigas son mamás que no se han olvidado de ser mujeres: mamás que siguen gozando con lo que les gusta hacer -si es carretear, carretean; si es cultivar una habilidad, toman clases, se entrenan, etc.-. Mamás súper dedicadas, pero que también tienen un mundo interior en el que los hijos no participan, porque son mamás, sí, pero también son tanto más.

Si eres mamá ahora, creo que una pega importante es poder mostrarle a tus hijos que también tienes un lado que no tiene que ver con ellos: que tu vida es más grande que tu función materna, y que si quieren descubrir ese lado, son bienvenidos. Tal vez ese sea el mejor legado que les dejes. Una mamá con ganas, deseos, motivaciones que no sólo tienen que ver con los hijos. Una mamá a la que puedan acudir como persona completa, más que como función acotada.

¡Feliz día mamá! La llevas todo el rato.

Pd: sí, la de la foto es mi mamá, hottie! ❤ ❤