APRENDER A DESEAR

Tal vez es porque he estado todo el día en cama sintiendo cómo la gripe se apodera de mi cuerpo que me dieron ganas de escribir esto que, en principio, me parece un poco vergonzoso. (Me siento muy protegida encerrada en mi departamento tomando agua caliente con limón. Also, btw, bring food!).

Voy a partir con dos opiniones que van ligadas:

  • Mucha gente no sabe lo que quiere
  • Está lleno de gente que, porque no sabe lo que quiere, anda cagándolas.

Porque me toca hablar con mucha gente y escuchar muchas historias -tanto por lo de los perfiles sexuales, como por el estudio liviano pero intensivo de los Vistos en Tinder, como por Cónclave- me he dado cuenta de que hay un montón de gente que no sabe lo que quiere o que le tiene miedo a decir lo que quiere. Como consecuencia, se la pasan tomando decisiones desplazadas de cosas que se parecen mucho a lo que quieren, pero que no son específicamente lo que quieren. Alternativas menos riesgosas, cálidamente satisfactorias.

Esto es problemático porque si uno mismo no es capaz de verbalizar, de manera muy concreta, qué quiere, es difícil que llegue a ninguna parte. Y no estoy hablando de la bullshit de El Secreto, aunque sí creo que mucho de lo que hay en esa paja molida apunta a algo de verdad. Y voy a tratar de desmenuzarlo a continuación.

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Sé que no soy la única de humor negro / self-deprecating / cínico por acá (mis mejores amigos comparten esta cualidad también), pero creo que a veces esa misma autoconciencia necesaria para el humor retorcido nos hace rechazar cosas bonitas. Porque desde esa mentalidad es patético andar pensando que uno es “lo más” (básicamente el pensamiento va por: “habiendo tanto genio en el mundo quién soy yo para pensar que tengo alguna posibilidad de generar algo distinto / original / único. Qué egocéntrico / narciso hay que ser para creer que a alguien le va a interesar lo que hago”. Si usted no piensa así tiene mucha suerte, porque no sufre de andar dándose latigazos mentales). Al mismo tiempo, sin embargo, para hacer algo, cualquier cosa, HAY QUE CREERSE EL CUENTO. Entonces los que vamos por la vía de la falsa humildad (seguro-hay-alguien-que-lo-hará-mejor-que-yo-entonces-para-qué), terminamos -casi por defecto de fábrica- sin tomar riesgos. Playing it safe.

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Hay varios aspectos problemáticos de esa actitud mental:

  • Evidentemente, se pierden oportunidades. Muchas. Casi todas. Porque incluso antes de ver la oportunidad hay primero una crítica. Y la creatividad necesita de una mente desprejuiciada para salir a flote. Y cuando digo “creatividad” me refiero a todo lo nuevo que se puede generar: desde un poema o canción hasta un romance. Y sí, el sexo en sí mismo es creativo también. No sólo se pierden oportunidades laborales e intelectuales, sino humanas. Experiencias.
  • Me ha pasado encontrar que muchas de estas personas tienen un mundo interno muy rico, una curiosidad inagotable y tienden a ser cultos, inteligentes, despiertos. Esa misma conciencia que les mencionaba más arriba (“alguien ya lo hizo, esto es parecido a lo que hizo XX, a quién le va a interesar”) los hace volverse verdaderos expertos de las cosas que les gustan y que no se atreven a hacer. Entonces, por ejemplo, las personas con mejor sentido del humor que conozco conocen mucho sobre humoristas, series, películas, etc. Son chistosos en la vida real, tienen el background necesario para crear algo distinto, pero no lo hacen. Lo mismo con los solteros en negación de que quieren una relación -no hablo de los solteros empedernidos, que existen obviamente- sino de los solteros que quieren una relación seria, comprometida, largo plazo, etc., y que en vez de reconocer eso se pasan picoteando porque qué pasa si tratan y fallan. Entonces -y acá la vida es cruel- desplazan sus ganas de afecto o intensidad a cosas más manejables: ser muy exitosos en sus pegas, deportes de alto impacto, experiencias brígidas (que oigan, está bien, a mí también me gustan esas cosas, pero estoy hablando de un tipo muy específico de persona acá, no se sientan juzgados los que no caen en la categoría). Ese desplazamiento emocional es frecuente. Y ese “volverse experto en saber de…” en vez de “hacer” también.
  • Por lo anterior, su identidad comienza a centrarse en algo que, por definición, ellos mismos no toman tan en serio, porque es un desplazamiento. Y ahí empiezan a cagarlas: porque sienten el vacío, algo falta, y no saben qué. Se llenaron de hobbys, pretendientes que no les interesan tanto, amistades insulsas, carretes de relleno, tienen la agenda copada con cosas que deberían hacer que se sientan completos…y no po. Vacío. Una piedra tiene más emoción.

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Me gustaría ser más como mi perro -el Gordo- a ratos, y creo que con todos los años que llevamos juntos he aprendido algo, a punta de mirarlo. Cuando el Gordo quiere algo, me lo pide directamente. No es que yo sepa leerle la mente, es que es tan evidente en manifestar lo que quiere que es imposible ignorarlo, aunque sea una interacción interespecie. Si quiere que lo regalonee se me acerca y me pone la pata encima. A veces si estoy trabajando en el computador se pone entre mí y la pantalla y no se mueve hasta que lo acaricio. Si quiere salir a pasear me mira sin pestañear -es su mirada hipnótica- y apenas hago un gesto para moverme va corriendo hacia la puerta. Esto lo puede repetir 50 veces, hasta que no me queda otra que sacarlo a pasear. Si le falta agua, hace un gemido específico para el agua. Etc. Etc. Sí, es fascinante.

Ahora bien, pienso en el Gordo -en que es un perro- y en mí, y luego pienso en lo difícil que se nos hace a veces decirle a la gente que queremos lo que necesitamos de ellas. Entramos en insinuaciones, juegos, omisiones, silencios, castigos sutiles esperando ver reacciones en vez de comunicarse abiertamente. ¿Por qué? Creo que la respuesta básica es miedo. Miedo a explicitar algo que honestamente queremos del otro y que nos lo nieguen -o de “pedirlo” a la vida o a nosotros mismos-. ¿Y por qué eso tendría que ser tan terrible? Porque sentimos que cuando nos dicen “no” quedamos un poco en una tierra de nadie, avergonzados incluso de habernos expuesto, a la deriva porque si no resulta ¿qué sigue?, quizás perdiendo poder relacional respecto del otro, etc.

Por supuesto, todas esas situaciones catastróficas pasan en nuestras cabezas sin siquiera haber planteado lo que queremos, pero una vez que las cosas pasan en nuestras cabezas, empezamos a actuar como si pasaran en la realidad y, por lo tanto, hacemos realidad eso que pasa en la cabeza. Agotador, sí sé. Entonces, por ejemplo, si quiero que mi pareja me pesque más, en vez de hablarlo directamente -porque eso sería muy riesgoso, me haría ver como la débil de la relación- lo empiezo a ignorar, a ver si reacciona. Y como lo ignoro, genero un clima extraño de rareza que el otro no tiene idea qué es, a lo que el otro, en vez de preguntar directamente por qué lo estoy ignorando -porque eso sería demostrar que él ahora quiere más atención- comienza a sentirse más distante, lo que al mismo tiempo me refuerza a mí la idea a la base del miedo: que el otro no hará el gesto si se lo pido, que en realidad no le importo.

Esto obviamente no pasa solo con parejas. Pasa con amigos, padres, hermanos, parientes. Con nuestros propios proyectos, o más bien, “sueños”, “fantasías”. Hay gente que tiene una vida creativa estancada porque no pueden tener ese diálogo con ellos mismos: “ya, me gustaría ser escritor/ artista/ cantante, etc”, pero ¿qué pasa si al confrontar ese deseo sentimos que no damos la talla? ¿Que no somos tan bacanes? ¿Que en verdad esa aspiración nos queda grande? O PEOR: ¿que si en verdad queremos eso hay que tomar pasos para lograrlo? Ponerse a escribir, a crear, a cantar. Exponerse. Entonces mejor ni siquiera planteárselo como un deseo, mejor dejarlo como un pasatiempo inofensivo, así, si soy más o menos no más, si no soy constante, si no tengo éxito, no fracaso, porque en realidad nunca me lo tomé en serio, viste, ¡porque era un hobby! Era una cosa que hacía en mi tiempo libre. Sí, me gustaba mucho, pero no era “de verdad”.

Un montón de los perfiles de Tinder dicen cosas como “músico frustrado”, “chef de fin de semana”, “cantante de ducha”. Y si bien es en chiste, siempre creo que hay algo ahí esperando a que se le quite la adjetivación para minorizarlo y salir, eventualmente, a la luz. En vez de ser “músico frustrado”, ensaya, búscate una banda, sé el mejor músico que puedes ser. Me parece que eso resulta más atractivo para los otros, pero mucho más importante, más satisfactorio para uno mismo.

Hay algo MUY tranquilizante en disfrazar un deseo de un hobby / pasatiempo / tonterita, (y hay una industria completa que se beneficia de eso). Se siente como si estuviéramos haciendo algo, pero sin quemarnos. Súper cool, ¿o no?

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Yo era del tipo cauto. Cauto que se pegaba sus patinadas y arranques hasta que entendí que las patinadas eran un desplazamiento. Entonces fue cuando en vez de decir que escribía “a veces”, me dediqué a escribir todo el tiempo y decir que soy escritora (con todo el pudor que eso me genera). Y desde que lo empecé a hacer así y tomármelo en serio, mi vida ha cambiado. Lo mismo con las amistades que tengo: me daba susto necesitar gente, plantear que quería pasar tiempo con ciertas personas. Mi vida familiar es mucho más rica ahora y mi círculo de amigos mucho más cercano, fuerte. Pero hay que tomar el riesgo primero: hay que reconocer qué es lo que quieres, cómo lo quieres y qué tienes que hacer para que eso pase. Y eso es pega. Y requiere coraje porque puede que te digan que no o que tú mismo no te la puedas. Pero eso es mejor que quedarse en la medianía.

Hay que APRENDER A DESEAR. No solo a “fantasear” porque la fantasía llega hasta cierto punto.  Desear con la guata, la cabeza y la punta de los dedos. Desear de manera tan constante que todo lo que haces se vuelve una manifestación de ese deseo, porque estás siendo coherente contigo mismo en vez de procrastinar con distracciones que te hacen sentir como que estás haciendo algo, pero lo único que generan al final es que te quitan energía.

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Ya que andamos con tiempo este finde, por qué no hacer un primer ejercicio: anota una lista muy muy muy específica de qué quieres. Qué DESEAS. Y a cada uno de esos puntos ponerles un plan de acción muy muy muy específico también: nombres, gestos, conductas, rutinas. ¿Estás en grupo, te fuiste a la playa? Dale, hazlo con más gente. Tal vez descubres algo de ellos también que nunca sabías que querían. Desde cosas cotidianas –“quiero tener una vida más saludable”, “quiero tirar más seguido / tener una vida sexual mas activa / entretenida”, “quiero tener más panoramas”- hasta ambiciones mayores –“quiero tener una familia”, “quiere ser escritor”, “quiero vivir de X talento”-. No es magia, por si acaso. Necesitas un plan.

Ah, y cuéntame cómo te va po, qué descubres.

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