Cómo elegimos a nuestras parejas – Parte II

En la primera parte, después de mucho porcentaje y tendencia estadística que demuestra simplemente qué tipo de decisiones tomamos, los dejé con dos ideas que podrían explicar por qué las tomamos: ya sea porque el mundo es un espejo interno de nuestras aspiraciones, deseos, ganas, roles que queremos jugar, etcétera, o porque definimos nosotros mismos qué historias, amores, promesas o engaños nos merecemos. Hay, por cierto, varias alternativas más y uno no puede sino reconocer que ahora pasamos del dato/hecho a la elucubración: porque eso es lo que son estas explicaciones: maneras tentativas de entender las decisiones que tomamos. De ahí en adelante, sean o no factibles, calcen, suenen o no muy sensatas, es otro cuento.

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Hablé un poco sobre el online dating y de todo lo positivo que tiene, pero también de lo que falta para mejorar la experiencia. Quiero complementar con un poco más de información. Hay dos aspectos que hacen que el proceso sea poco auspicioso por ahora:

  • Por un lado, hay un montón de información importante que se emplea al escoger y coquetear con alguien en la vida real que queda fuera del formato digital o al menos postergada hasta un encuentro offline -desde los gestos y la expresión facial, el lenguaje corporal y la postura, la estética/sentido del sí mismo, el tono de voz, etcétera- , lo que afecta también en la calidad de la decisión que tomamos, las herramientas que tenemos para definir si vale la pena prestarle tiempo y atención a esa persona;
  • Por otro, algo intrínseco al negocio del online dating: es necesario recuperar la inversión de adquirir un nuevo cliente. Esto significa que si el cliente se demora muy poco en hacer su match, dejará de pagar la suscripción o usar el sitio, lo que no es conveniente para el negocio. Por ejemplo, si el costo promedio de generar un nuevo cliente es de $50.000 -considerando costos de publicidad, fees, recursos invertidos para obtener a ese cliente-, pero la membresía para usar el servicio es de $5.000, entonces sería necesario que para recuperar la inversión por cada nuevo cliente, estos se queden unos 10 meses suscritos, sin lograr un match. Entonces hay un incentivo a maquinar un funcionamiento un poco perverso de uso frecuente: cuando un suscriptor completa su cuestionario y perfil online, la tecnología del sitio los matchea con potenciales parejas compatibles, pero solo uno de los perfiles mostrados al cliente es un match basado en el algoritmo, los otros son perfiles al azar o perfiles falsos. Si el suscriptor no hace click en el perfil generado por el algoritmo y en cambio selecciona uno de los generados al azar, el algoritmo se “apaga” por los próximos cuatro o cinco meses para recuperar el costo de adquisición.

El matcheo algorítmico, como mencioné en el otro posteo, tiene poca evidencia de que funcione efectivamente o que sea superior a otros sistemas. Los sitios no son capaces de predecir (todavía) cómo crecerán y madurarán los integrantes de la pareja ni qué pasará en el futuro ni cómo interactuarán. El online dating sigue siendo un escenario súper novedoso en el que, con más o menos escrúpulos, se testean hipótesis. Hace unos años, por ejemplo, OkCupid que se jacta de tener un buen algoritmo de compatibilidad -con más de 500 preguntas disponibles- testeó en sus suscriptores la predicción de compatibilidad: a personas que no tenían casi nada en común les informó que tenían un porcentaje muy alto de compatibilidad -un 90% compatibles, cuando en realidad tenían un 30% de compatibilidad o menos- y lo mismo al revés. Lo que encontraron -luego de experimentar poco éticamente con sus usuarios- es que la gente solía conversar más si pensaban que tenían algo en común, y aquellos que creían que no tenían nada en común -pero en realidad eran muy buen match- no se daban apenas la oportunidad de conectar.

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Es más o menos sencillo determinar el tipo de persona que nos atraerá, aunque sea solo porque los seres humanos somos bien predecibles. Cuando se dan algunos de los siguientes factores, es posible que la sensación de atracción germine:

-Proximidad: en un estudio reciente de 100 hombres y mujeres americanos, 63 dijeron que se habían enamorado de alguien porque estaba “cerca”. La data indica que mientras más se interactúa con alguien, más atractivo, interesante, inteligente y parecido a nosotros mismos lo consideramos, y por lo tanto, más nos gustan.

– Similares a nosotros: nos gusta -al menos inicialmente, en una primera fase de interacción- la gente parecida a nosotros, que nos espejea, porque nos validan. La gente con intereses similares, orígenes, edades y situación económica parecida suele congregarse en los mismos lugares (o sea, se mueven en los mismos círculos, están cerca el uno del otro espacialmente, lo que liga la similaridad con la proximidad y la familiaridad). Pero, pero, pero: más que entender compatibilidades superficiales, el comprender cómo las personas se hacen cargo de situaciones difíciles es bastante más importante que descubrir que a los dos les gusta jugar tennis. Hay con frecuencia una confusión sobre la importancia de ciertas sincronías, como si los intereses en común fuesen la clave cuando -al menos a mi parecer- son solo un primer indicador superficial. Importa mucho más cómo nos movemos y reaccionamos al mundo. Podemos disfrutar de las mismas cosas, pero por motivos muy distintos.

– Familiaridad o exposición repetitiva: …pero no demasiada. Cuanto más frecuentemente una persona es vista por alguien, más agradable y simpática parece ser esa persona.

-Misterio: el afrodisiaco por excelencia. Alguien de quien sabemos algo, pero no mucho. Alguien que no se nos revele por completo y que el mismo proceso de irla descubriendo sea progresivo.

-Barreras: el efecto Romeo y Julieta o la atracción por frustración: hay un circuito cerebral asociado al deseo y cuando este se frustra, el sistema sigue presionando, urgiendo con foco, energía e incentivos.

Proximidad. Similaridad. Familiaridad. Un poco de misterio y unas barreras desafiantes, pero superables. ¿Cuántas de tus parejas han calzado con uno o más de estas condiciones?

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Una cosa es que alguien nos atraiga, otra cosa es que esa atracción escale a algo más. Parte importante del comienzo del amor es estar dispuestos a que suceda: estar vulnerables a ser flechado. Típicamente nos volvemos vulnerables en periodos de transición, de cambio. Si te cambiaste de ciudad, si te acabas de recuperar de una ruptura o si estás entre situaciones vitales importantes, tu disposición a enamorarte es mayor. Hay un componente químico que lo explica: los cambios producen estrés y otras emociones intensas como ansiedad, pánico, miedo, furia, celos y excitación. Todos estos son sistemas químicos que pueden escalar hacia sentimientos de pasión romántica. Según Helen Fisher hay 4 tipos de personalidad esenciales que reaccionan de manera distinta ante situaciones de estrés, en este caso:

– Los exploradores buscan el cambio, por lo que las situaciones de transición los estimulan;

– Los constructores buscan orden y estabilidad, por lo que cuando están estresados buscan una pareja en la que puedan refugiarse;

– Los directores son salvadores: quieren ser útiles y necesitados en situaciones de estrés.

– Los negociadores se vuelven más emocionales y ansiosos cuando están estresados y tienden a buscar conexiones profundas con otros que los anclen.

Pero si no andamos vulnerables, ¿habría una manera inductiva de potenciar la vulnerabilidad y, por lo tanto, la intimidad? Por supuesto que a un psicólogo se le ocurrió tratar de probarlo. Arthur Aron realizó un estudio en el que establecía una serie de preguntas personales que debían plantearse entre dos extraños. La idea a la base es que un patrón clave asociado al desarrollo de una relación íntima entre pares es una apertura personal escalada y recíproca. El estudio forzaba esa situación planteando sets de preguntas cada vez más desafiantes. El resultado fue que el plantear estas preguntas a lo largo de 45 minutos generaba una sensación de intimidad y cercanía significativa, en comparación con plantear temas livianos o irrelevantes.

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Ok, volviendo a lo que nos atrae de los otros: cuando mencioné las características que la gente desea de sus parejas dejé fuera un resquemor que me ronda cada vez que alguien me describe lo que está buscando: si es que la persona sabe realmente lo que quiere o si, como alumno más o menos flojo al que le toca disertar, está repitiendo lo que ha escuchado, sin entenderlo. No es que no sepa del todo -probablemente algo intuye-, pero lo que repite es una fórmula que no ha interiorizado, que carece de identidad. Las adjetivaciones que solemos darle al tipo de pareja que nos imaginamos en el futuro son tan vagas que prácticamente cualquiera podría calzar. Además, si no somos conscientes de los patrones de elección -en qué nos fijamos y en qué no- puede que acabemos eligiendo una y otra vez el mismo molde. Los elementos que nos hacen acercarnos a alguien con frecuencia no se relacionan con el éxito a largo plazo de una relación: entonces, es importante tener claro en qué nos fijamos y para qué.

Un ejemplo tonto: una cosa es decir que te gusta la gente guapa y otra cosa es decir que lo que estás buscando es alguien que te haga sentir como que estás con la persona más atractiva en cualquier parte, o que disfrutas tal vez que otros admiren su belleza o que lo que te parece más seductor es su presencia -el dominio que tiene sobre su cuerpo y el espacio, que resulte imponente-. Estas derivadas son mucho más reveladoras de qué tipo de “atractivo” estás buscando.

Resumiendo: por un lado, no conformarse con el lugar común, con la definición fácil. Y por el otro creo que la clave es conocernos a nosotros mismos. Mi sensación es que hay harta gente que no ha hecho el proceso introspectivo de 1) definir qué es lo que está trayendo a la mesa y, por lo tanto, entender que hay una reciprocidad de expectativas y 2) sabiendo cómo son, definir el tipo de vida posible que se imaginan para ellos mismos y con quién les gustaría compartirla. (Me parece a veces de una patudez enorme esperar a otro que venga como caído del cielo a resolver cosas que la misma persona no se ha preocupado de hacerse cargo). Poder escoger a la persona con la que queremos estar involucra saber o al menos intuir cómo queremos estar: cómo queremos que nos quieran, qué tipo de atención y afecto estamos abiertos a entregar y recibir, y parte del proceso de conocer a alguien es también enseñarle a querernos.

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La cosa con el dating que es peluda es que hay gente con la que salir puede ser un sueño y todo el periodo del pololeo se vuelve surrealmente bueno, pero que la vida en común, con todas sus bajezas y rutinas, se vuelve un horror. Tal vez el problema está en l }a linealidad que le exigimos también a nuestras parejas. ¿Por qué un buen pololo tiene que ser posteriormente un buen marido?

Vendemos el matrimonio como una continuación del amor verdadero. No lo digo yo, lo dice Joel Achenbach en su ensayo Homeward Bound: “Las personas se envuelven en el amor verdadero como si fuese a excusarlos de hacer un análisis racional de la situación. El amor verdadero significaría que no solo amas a alguien, sino que estás enamorado de la persona, un estado que trasciende la voluntad, que no es intencional ni útil, sino un hecho inmutable de la vida, una condición. La diferencia entre amar a alguien y estar enamorado es la misma que estar arrodillado y ser un enano (…) El amor comienza como un soneto, pero eventualmente se vuelve una lista de supermercado. Por lo tanto, necesitas a alguien con quien puedas ir al supermercado”. Y sigue recomendando que la gente no se case estando enamorada, porque es un estado emocionalmente exacerbado. Sensato. Poco romántico. Pero sensato.

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Todos pasamos por este ciclo cuando el amor se termina: cuestionar qué fue lo que le vimos a ese otro al principio. ¿Por qué lo elegimos? ¿Qué cosas vimos que nos enrollaron en esa historia? La cosa es que hacer la disección siempre es más o menos sencillo, un ejercicio engañoso que nos hace sentir o increíblemente brillantes o irremediablemente estúpidos. Las explicaciones que nos damos después del amor no pueden sino ser lineales: como el historiador abanderado por una parte de los hechos, la historia puede contarse siempre con desprecio, ensalzando ciertos pasajes, omitiendo otros. Todo extremo, todo clarito: buenos y malos asignados como opuestos, sin matices.

Las cosas son más complicadas en realidad y siempre que haya una versión muy lineal recomiendo sospechar. Por lo mismo -por lo difícil que es la tarea del autoanálisis, de no tomar bandos, de ser comprensivo con uno mismo y con el otro- creo que la explicación más sensata es que estamos con las personas que tenemos que estar en ese momento preciso. Basta. Eso es todo. La persona con la que eliges estar*, aunque parezca que te metiste en una película de terror o te desquicie o incluso que te decepcione por mediocre, te está mostrando algo de tu mundo interior que tienes que resolver. (*Excluyendo, obviamente, situaciones de coerción económica o vital).

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Hace muchos años tuve una conversación con un amigo sobre un pololo que yo tenía en esa época. La palabra “irresistible” puede o no haber sido pronunciada con más o menos devoción, lo que generó anticuerpos en mi amigo que me preguntó si me daba cuenta de que esa sensación que yo sentía -amor, admiración, el cosquilleo y la apretada de guata- tenían más que ver conmigo que con él. Es una idea simple, pero acá va, dicha de otra manera: el objeto de nuestro amor y deseo no emana amor y deseo por sí solo, nosotros lo depositamos en él. Otra vuelta más: en sí mismo, ese pololo era un simple tipo con más o menos encanto, con más o menos inteligencia. El que a mí me pasara todo con él no tenía que ver con él necesariamente, sino conmigo: con una disposición a depositar mi amor, mi atención, mis afectos en él; con un buen timing -¿podría haber sido otro sujeto similar a él el que se me cruzara y me habría gustado el otro?- y con una combinación de factores que a mí me parecían atractivos (si él hubiese sido intrínsecamente irresistible, ni una mina le quitaría el ojo. Yo había visto algo en él, y no fulanita. El efecto que él tenía lo tenía en mí, no en todas las demás).

Con lo anterior quiero decir lo siguiente: que hay que hacerse cargo. Hay que hacerse cargo de en quiénes depositamos nuestro amor y deseo, tratar de entender -si nos da la cabeza y somos lo suficientemente honestos- qué vemos en el otro y por qué nos parece atractivo, y comprender que el otro no tiene por qué responder a todas las exigencias que se nos ocurren. La fantasía, el deseo, las ganas, el afecto, son tuyos. Si tú eliges entregarlo a alguien que va a armar una bolita con todo eso y tirarla por el wáter, allá tú con lo que estás dispuesto que le hagan a tus ofrendas. Y lo mismo al revés: si encontraste a alguien que valora tus gestos, honra tu amor, te desea de la manera en que te gusta ser deseado, entonces felicítate por escoger bien, por valorar lo que estás entregando.

Cómo elegimos pareja – Parte I

He estado leyendo un montón sobre qué nos hace conectar con los otros emocionalmente y, en especial, al momento de buscar pareja. Lo que sigue es un resumen de las cosas que he ido descubriendo, un par de ideas y la invitación a pensar y a discutir. Va en dos partes porque da para largo.

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Pretender hablar de atracción, amor y sexo sin caer en la cursilería ni en la cosificación es como tratar de nadar en la arena. ¿Por qué cuesta tanto describir una experiencia compartida por casi todos los seres humanos? Las experiencias con tintes más emocionales, se nos escapan un poco de las manos: ¿en qué momento nos gusta alguien y por qué? ¿en qué momento ese alguien que nos gusta se convierte en alguien que nos encanta y luego en alguien que queremos?  ¿En qué momento el amor se diluye o se transforma en un animal completamente distinto, como el odio o el rechazo?

Me pregunto todos los días el tipo de elecciones que hacemos y las cosas que influencian esas elecciones: ¿por qué te cae bien X, te atrae Z y te aburre Y? ¿En qué nos fijamos?

Nadar en la arena, pero tratar de hacerlo con gracia. ¿Vamos?

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Históricamente conocemos a nuestras parejas a través de nuestros círculos sociales: amigos, trabajo, bares, practicando un deporte o hobby, etc. Sin embargo, desde fines de la década del dos mil el online dating ha venido creciendo de manera exponencial, al tiempo en que el canal “amigos” declina dramáticamente. Hoy tenemos a nuestra disposición apps de dating, sitios de dating y redes sociales para conectar con desconocidos (y no tanto). Es tan así que en un estudio realizado el 2017 se encontró que 20% de las relaciones comprometidas vigentes comenzaron online, mientras que 17% de matrimonios en el último año se conocieron en un sitio de citas. Otro dato que me llama la atención, ya que estamos en estas: las relaciones que comienzan online se demoran menos en llegar al matrimonio, en comparación a las relaciones que comienzan offline: 18,5 meses versus 42 meses.

Independiente de cómo conocemos a nuestras parejas -online u offline-, hay una selección sobre cosas que nos gustan y atraen. Aproximadamente el 60% de las personas señala que los intereses en común son el factor más importante, mientras que el 40% señala que las características físicas son lo más importante. Además, en una primera cita, las personas señalan que se fijan en la personalidad (39%), en la sonrisa y el look (30%), en el sentido del humor (18%) y en la carrera y educación (13%). En 1966 se hizo un estudio que respalda estas cifras y conductas: independiente del nivel de atractivo del propio sujeto, el factor determinante para que un sujeto señale que le gusta la persona con la que salió y si quiere verla de nuevo, es su atractivo físico. La personalidad y la autoestima, medidas con con el MMPI y la escala de autoaceptación de Bergen, y tests intelectuales, no predecían compatibilidad.  (Aronson y Abrahams, 1966).

 Pero, si lo pensamos, “personalidad” o “atractivo físico” es muy amplio. Hay que ahondar: ¿cuáles atributos de la personalidad? ¿Cuáles características físicas?

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Hay dos factores de personalidad que se consideran deseables de manera general, en todo ámbito: competencia y calidez. Las personas competentes -inteligentes y socialmente hábiles- nos parecen más atractivas. Las personas amables y cálidas también. Pero esto no necesariamente se traslada al romance: hombres y mujeres suelen mencionar adjetivos como “amable”, “amistoso” y “con sentido del humor”. Las características que suelen mencionar más los hombres son “comprensiva”, “cálida”, “dulce”, “lista”, “divertida”, “segura” y “tranquila”. Las características mencionadas por las mujeres suelen ser “fácil de tratar”, “sensible” e “inteligente”. Es decir, en ambos casos, parece que nos atrae gente que nos hace sentir bien, cómodos, alegres, que son cálidos, sensibles y divertidos, considerados y comprensivos (y no necesriamente una persona con una habilidad específica o destreza).

En un estudio de 1997 (Mehrabian y Blum) se investigaron las características físicas que hacían que alguien pareciera atractivo, encuestando a alumnos de universidad en EEUU.
Se derivaron 5 factores -de un total de 37 atributos físicos estables y cambiables-

  1. Masculinidad (fuerza, parte superior del cuerpo grande, amplitud de pecho, mandíbula ancha)
  2. Feminidad (cabello largo, maquillaje, ojos grandes y redondeados)
  3. Autocuidado (cuidado general de la apariencia, buena figura, vientre plano, postura erecta, ropas al talle)
  4. Agradabilidad (amistoso, alegre, cara aniñada)
  5. Etnicidad.

Autocuidado, masculinidad (o feminidad) y agradabilidad se correlacionaban positivamente con atractivo masculino (o femenino). En este estudio el atractivo se describió en términos emocionales: los sujetos más atractivos elicitaban una respuesta de placer, más excitación y menos dominancia (o más sumisión).de parte de los otros (algo a tener en cuenta y para reflexionar: una persona atractiva nos atrae, nos hace sentir cosas, no es inherentemente atractiva, es la combinación de ciertos factores lo que nos hace ponernos nerviositos). Las reacciones emocionales, a su vez, mediaban relaciones entre variables independientes (atributos físicos) y variables dependientes (juicio de atractivo).

Lo que me parece más interesante es que hay que poner en cuestión el verdadero nivel de exigencia respecto de estos “requerimientos”. Por ejemplo, cabe preguntarse si la gente que nos cae bien o atrae tiene estas características o si nosotros nos convencemos de que las tienen porque nos gustan. Tal vez las dos cosas pasan.

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Son bien conocidos dos dichos sobre el cómo se forman las parejas: “cada oveja con su pareja” y “los opuestos se atraen”. Está más o menos comprobado que nos atraen personas parecidas a nosotros, con gustos, características de personalidad, clase social, background familiar y educativo, actitudes, metas, hobbies e incluso atractivo físico similar.

Sin embargo, un estudio de 1999 (Mehrabian) que evaluó la satisfacción marital de 166 parejas de entre 20 y 85 años, determinó que los individuos con temperamentos más agradables y dominantes tendían a ser más felices. Adicionalmente, los que tenían parejas más agradables/ amables, eran aún más felices en sus matrimonios. Es decir, el ser agradable (que es una medida general de adaptabilidad) tiende a ser un predictor clave de satisfacción matrimonial. Si bien similaridad de temperamento entre los miembros de la pareja, en términos de temperamento y agradabilidad, se correlaciona positivamente con satisfacción marital, la similaridad resultó ser un predictor débil y engañoso (por ejemplo, dos personas desadaptadas no tienen más posibilidades que una pareja con uno desadaptado y otro adaptado). Los resultados basados en puntajes individuales de temperamento, tratados como variables separadas, proveen de mejores predicciones. Resultados débiles mostraron que los sujetos escogen parejas con temperamentos similares a los de ellos.

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Ahora bien, la pregunta casi emerge por sí sola: ¿hay atributos universales que determinen la elección de pareja? En un estudio de 2005 de análisis transcultural, Shackelford, Schmitt y Buss se abocaron a determinar las dimensiones universales en las preferencias de pareja de largo plazo. Hicieron esto usando una base de datos con preferencias de más de 9000 participantes:  4499 hombres y 5310 mujeres de 37 culturas, a lo largo de seis continentes y cinco islas, reuniendo data desde 1945 a 1989.  El rango de edad fue de 17 a 30 años, tanto en hombres como en mujeres, y 86% de ellos no estaban casados. Se identificaron 4 dimensiones universales, comunes tanto para hombres como mujeres:

  • Amor vs Estatus/ Recursos
  • Confiable/ Estable emocionalmente vs Buena apariencia/ Salud
  • Educación/ Inteligencia vs Deseo de tener un hogar/ hijos
  • Sociabilidad vs Religión similar.

Se encontraron, además, diferencias significativas que se replicaban a lo largo de las culturas:

  • las mujeres valoran más el aspecto socio-económico que el amor romántico, prefieren estabilidad emocional a atractivo físico y prefieren inteligencia al deseo de tener hijos.
  • los hombres, por su parte, no priorizan tanto estatus, estabilidad emocional e inteligencia , valorando más la belleza externa, la juventud y la salud física, y el deseo de tener hijos.

En el 2016 se hizo un estudio que intentó replicar los resultados de las preferencias a largo plazo en la elección de pareja, con el supuesto de que el contexto actual de igualdad de género podría estar generando menores diferencias entre los sexos. Los resultados coincidieron en su mayoría con los del estudio original:

  • Las mujeres tienden a preferir casarse con un hombre mayor, le dan menos importancia al atractivo físico, pero valoran la estabilidad económica más que los hombres.
  • Los hombres prefieren casarse con alguien más joven, sin darle demasiada importancia a su potencial económico.

Sin embargo, las diferencias entre los sexos fueron significativamente menores, así también como la disposición a casarse con alguien de una raza distinta o con menos educación. Además, se observó una disposición notoria de parte de las mujeres a casarse con alguien que había tenido un matrimonio previo -interesante tal vez por el wedding ring effect (Waynforth 2007, que podría señalar que si alguien se ha casado antes, puede ser un indicador de que es una pareja lo suficientemente buena). Es decir, que el estigma asociado al divorcio parece haber disminuido.

Para reflexionar: como nota aparte, me parece alarmante que en general no aparezca compatibilidad sexual como factor. Creo que una persona que cumple con todos los atributos deseables, pero que no tiene el mismo interés sexual es un amigo, no una pareja. Las personas variamos respecto de nuestro interés por el sexo y también de qué preferimos hacer en la cama.

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Bueno, siguiendo con lo anterior: pareciera ser que los cambios culturales afectan también la manera en que elegimos nuestras parejas -flexibilizando o modelando simplemente los atributos que nos importan-. Teniendo esto en consideración, el nuevo escenario que propone el online dating también puede tener efectos a largo plazo sobre nuestras elecciones de pareja.

El online dating es un fenómeno relativamente nuevo, popularizado en 1995 con la fundación de Match.com, pero con intentos previos desde los setenta.

Un estudio llevado a cabo por Dan Ariely concluyó que, en promedio, el usuario de las apps de dating empleaba semanalmente:

  • 5,2 horas buscando perfiles
  • 6,7 horas escribiendo a posibles parejas
  • Y tan solo 1,8 horas encontrándose con sus match en el mundo real

Es decir: 12 HORAS invertidas en rastrear a un posible match y, en comparación, 1,8 HORAS en interactuar en el mundo real.

Bueno, volvamos a las apps de dating. Es interesante observar que las apps funcionan un poco como mercados de solteros, donde la app tiene el rol de coordinar a personas que buscan más o menos lo mismo. Esto tiene éxito a veces, otras no tanto. Dentro de las cosas novedosas que propone este nuevo escenario se encuentra el hecho de que la primera experiencia que tenemos de la persona -y la segunda y la tercera y hasta la duodécima- no es la persona misma, sino lo que esa persona quiere mostrarnos de ella, o sea, en general, una versión idealizada y, en el peor de los casos, una mentira. Todos somos más altos, guapos jóvenes y delgados en nuestras versiones online. Nadie tiene espinillas ni frizz. Ah, y todos somos más o menos millonarios.

Según Ariely, el problema fundamental de las apps de dating es el criterio de búsqueda y matcheo: al final, son como catálogos de personas, porque tratan a sus usuarios como bienes de consumo, como si las personas pudiesen describirse perfectamente indicando algunas de sus características. Como la información disponible es sobre atributos superficiales, los sitios y apps de dating nos empujan a ser más superficiales a nosotros mismos.

Siguiendo un ejemplo del mismo Ariely, si queremos comprar una cámara, nos fijamos en ciertos atributos, como los megapíxeles, la apertura del diafragma y la cantidad de memoria. En las apps de dating las personas se describen con cifras también: edad, altura, peso. Podemos ver atributos físicos como color de pelo o de ojos, su sonrisa, etc, y también lo que esa persona quiere decir de sí misma, en general, con descriptores concisos, como “de izquierda” o “católico”, “liberal”, “profesional”. Pero si quisiéramos considerar a las potenciales parejas como productos, en realidad serían más bien un bien de experiencia: así como salir a comer o disfrutar de una obra de arte, podría “diseccionarse” a la persona de manera exhaustiva para manejar esa información, pero es muy distinto leer un guión de una película o los ingredientes de un perfume que ver la película u oler el perfume y probarlo en tu piel. Esto es algo que la experiencia digitalizada no ha logrado solucionar del todo todavía.

Urge reflexionar, entonces,  si existen diferencias reales entre el online dating y el offline dating. De hecho, un grupo de estudiantes llevó a cabo un análisis sobre esto mismo en el 2012 para determinar si:

  • El online dating es efectivamente distinto del offline dating
  • Si promueve resultados más positivos que el dating convencional.

 Primero, partieron por definir los atributos característicos del online dating:

  • Acceso, exposición y oportunidad de evaluar potenciales parejas que no se hubiesen podido encontrar de otra forma.
  • Comunicación: oportunidad de usar varias formas de comunicación mediada por computación antes de conocerse cara a cara
  • Matcheo: uso de algoritmo matemático para seleccionar potenciales parejas para los usuarios.

Se concluyó lo siguiente:

  • Sí, es distinto.
  • Y sí y no, es superior en ciertos sentidos y no en otros.

Entre las cosas que pudieron diferenciar es que con el online dating tenemos una experiencia digital y mucha información disponible antes de decidir si queremos interactuar cara a cara con alguien. Ya no conocemos a alguien a poco. El hecho de que simplemente por proceso se alargue la fase de comunicación online en vez de offline puede generar expectativas muy altas. Tampoco nos apoyamos en la intuición o en la insistencia de nuestros familiares o amigos para elegir nuestra pareja: es una decisión más individual.

Asímismo, el amplio pool de gente, si bien en principio puede ser muy positivo porque aumenta las posibilidades, tiene un efecto negativo: transforma a los otros en una especie de producto de catálogo: de ser sujetos en tres dimensiones, se convierten en seres bidimensionales, fallando en captar los aspectos experienciales que son esenciales para evaluar la compatibilidad. Al mismo tiempo, la amplitud de oferta puede generar una mentalidad que evalúa y cosifica a las potenciales parejas, disminuyendo la disposición a comprometerse con uno solo de ellos.

El matcheo, por su parte, tiene poca evidencia de que funcione efectivamente o que sea superior a otros sistemas. Parte del problema es que los sitios construyen los algoritmos en algunos principios -similaridad y complementariedad- que muchas veces son menos relevantes de lo que pensamos cuando se trata de relaciones a largo plazo. Los sitios no pueden predecir (todavía) cómo crecerán y madurarán los integrantes de la pareja ni qué pasará en el futuro ni cómo interactuarán. Es decir, es difícil que un algoritmo que busque matchear a dos personas que no se conocen con información disponible antes de que lo hagan -de que sepan que existen mutuamente-  pueda llevarse el crédito por el resultado de una relación a largo plazo, considerando, por ejemplo, satisfacción y estabilidad.

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La aparición del online dating en nuestras vidas ha comenzado a cambiar ya el escenario en el que nos vinculamos y enamoramos de otras personas, pero falta ver cómo afecta en las relaciones a largo plazo. Por ejemplo, la eficiencia ganada, ¿tiene costos sociales asociados? Como en todo escenario cambiante, hay cosas que pueden asustar, pero también hay beneficios evidentes, como por ejemplo, en la posibilidad de generar mayor iclusión social, de juntar perfect strangers -personas que bajo ninguna otra circunstancia hubiesen podido cruzar su camino- y aumentar los “mercados pequeños” de dating para gente de entre 30 y 40.

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Creo que la parte más linda del proceso de estar saliendo con gente y luego elegir a alguien y gustarse es la promesa de lo que puede ser. Pero. Pero. Pero: qué peligroso salir con el potencial: tantas veces he escuchado historias de personas que se han dado cuenta meses o años después que las banderitas rojas estaban ahí desde un principio o que siempre esperaron que la persona cambiara. Y, personalmente, no creo que la gente cambie radicalmente. Creo que la gente mejora: como un proceso de pulido, de perfeccionamiento. Pero si la persona con la que estás saliendo no te llena ahora, ¿qué te hace pensar que te llenará después? O por el contrario: alguien que calza con todos los checks, y claro, resulta tan fácil aceptar los checks, como si las relaciones se trataran de una postulación a una pega, cuando lo único que tiene que pasar -sin checks, sin exigencias de curriculum- es que dos personas decidan tratarse mutuamente bien, que se entreguen afecto, que se deseen.

Foco.

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Louise Desalvo escribe en  su ensayo “Adultery” -en Essays on Why We Marry, Why We Don’t, and What We Find There- que se interesó en el adulterio en 1967, cuando descubrió que su marido la estaba engañando. Dice: “Yo había sido una rebelde sexual autónoma e independiente cuando nos conocimos, pero sepulté mi espíritu y me volví seria y estable luego de que nos casamos. Más interesada en saber hacer carne asada que en la pasión. Alguien diferente al volcán que lo había atraído. La mujer que perdí era la mujer que él quería. Aunque pareciera que él me estaba engañando, paradójicamente, me estaba siendo fiel…al espíritu de la mujer con la que él se había casado, al tipo de unión que él había imaginado”. Creo que lo que dice Desalvo aplica no solo para el adulterio, sino también para la vida en general: escogemos parejas que reflejan lo que aspiramos a ser, que nos hacen jugar un rol que nos acomoda, que nos empujan o retienen hacia territorios que necesitamos. Siempre pienso que las personas con las que estamos no pueden sino reflejar nuestro mundo interno, nuestras ganas y confusiones, nuestro amor propio.

Y para cerrar, que ya me alargué demasiado, me acuerdo de la película The Perks of Being a Wallflower, cuando el protagonista le pregunta a su profesor de inglés “’¿Por qué las personas buenas eligen a las personas incorrectas?” y él responde: “Aceptamos el amor que creemos que nos merecemos”.

(Sigue en la segunda parte).

Bibliografía:

Parte de la información contenida en este artículo fue presentada en el Shot de ciencia ¡Match! De la atracción al sexo organizada por Chile Hace Ciencia.

PEOPLE ARE EXPERIENCE GOODS – Dan Ariely.
http://www.people.hbs.edu/mnorton/frost%20chance%20norton%20ariely.pdf

ONLINE DATING. A CRITICAL ANALYSIS FROM THE PERSPECTIVE OF PSYCHOLOGICAL SCIENCE – Eli J. Finkel, Paul W. Eastwick, Benjamin R. Karney, Harry T. Reis, Susan Sprecher.
First Published March 7, 2012
http://journals.sagepub.com/stoken/rbtfl/cK9EB6/4zQ0AM/full

UNIVERSAL DIMENSIONS OF HUMAN MATE PREFERENCES – Todd K. Shackelford, David P. Schmitt, David M. Buss.
https://www.bradley.edu/dotAsset/165877.pdf
** Estudio transcultural de 37 culturas basado en un estudio original de Buss (1989). Se usó una base de datos archivada de las preferencias de atributos a la hora de escoger pareja. Los participantes respondieron un cuestionario con 18 ítems donde debían calificar la importancia de esos atributos. Identificaron así las 4 dimensiones universales.

Walster, E., Aronson, V., Abrahams, D., & Rottman, L. (1966). IMPORTANCE OF PHYSICAL ATTRACTIVENESS IN DATING BEHAVIOR. JOURNAL OF PERSONALITY AND SOCIAL PSYCHOLOGY, 4(5), 508-516.
https://pdfs.semanticscholar.org/24cd/a8a1d4da014e9ab91a4e73f2f988209c1bd4.pdf

SEX DIFFERENCES IN MATE PREFERENCES: A REPLICATION STUDY, 20 YEARS LATER- Jens Bech-SørensenThomas V. Pollet
First Online: 18 March 2016
https://link.springer.com/article/10.1007/s40806-016-0048-6
** La muestra fue de 552 participantes heterosexuales, solteros o en una relación (no casados) donde casi la mitad de ellos habían proseguido estudios universitarios, la mayoría de ellos caucásicos (71%),

FALLING IN LOVE: WHY WE CHOOSE THE LOVERS WE CHOOSE – Ayala Pines.

Blum, J.S., & Mehrabian, A. (1999). PERSONALITY AND TEMPERAMENT CORRELATES OF MARITAL SATISFACTION. JOURNAL OF PERSONALITY, 67, 93-125.
http://www.kaaj.com/psych/abstract/mssabstract.html

Mehrabian, A., & Blum, J.S. (1997). PHYSICAL APPEARANCE, ATTRACTIVENESS, AND THE MEDIATING ROLE OF EMOTIONS. Current Psychology: Developmental, Learning, Personality, Social, 16, 20-42.

“WHAT WE TALK ABOUT WHEN WE TALK ABOUT FINDING LOVE ONLINE – ReportLinker”,
Muestra representativa de la población estadounidense de 501 encuestados online que se identificaron como solteros, viudos o divorciados.
Entrevistas realizadas entre el 26 y el 31 de enero de 2017.
https://www.reportlinker.com/insight/finding-love-online.html
**Compañía tecnológica que se especializa en data.

Rosenfeld, Michael J., Reuben J. Thomas, and Maja Falcon. 2015. How Couples Meet and Stay Together, Waves 1, 2, and 3: Public version 3.04, plus wave 4 supplement version 1.02 and wave 5 supplement version 1.0 [Computer files]. Stanford, CA: Stanford University Libraries.
https://data.stanford.edu/hcmst
**Estudio representative de estadounidenses adultos. 4002 adultos respondieron, de los cuales 3009 tienen pareja o están casados.

“ONLINE DATING STATISTICS – Statistic Brain”.
2017 Statistic Brain Research Institute, publishing as Statistic Brain.
Date research was conducted: May 12, 2017.