¿Qué te gusta?

Ayer publiqué un post de Reddit en el que se hablaba de peticiones sexuales “raras” (la palabra es “bizarre”, pero en español no tiene el mismo sentido). Pensé mucho en esa palabra: “raras”, “extrañas”, “infrecuentes”… ¿”extraordinarias”?, ¿”anómalas”?, ¿”excepcionales”? ¿Qué hace que una petición sexual se vuelva rara? ¿Qué sería una petición normal? ¿Dónde está la línea?

Creo que todos podemos recordar algún momento en que alguien nos propuso algo que el otro pensaba que era sexy  y que a uno lo dejó como WTF. Es heavy el nivel de confianza o seguridad en uno mismo que hay que tener para plantear que queremos hacer algo con alguien, porque prácticamente es pedirle que se nos suba al carro y que participe en eso que nos calienta. Hablar de sexo abiertamente es difícil por este mismo motivo: porque depende mucho de con quién hables hacia dónde termine yendo la conversación. Para algunos tus deseos van a ser osados, para otros vas a ser cartucho. Hablar de sexo con una pareja o con alguien que nos interesa es más peludo todavía, porque a pesar de toda la actitud de “acéptame como soy” y “es lo que hay”, también queremos proyectar una cierta impresión en el otro, que les gustemos, no sentirnos juzgados.

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Hay tantas cosas que damos por sentado que le gustan a todo el mundo y tantas otras que nunca se nos ha ocurrido pensar que pueden ser excitantes o placenteras. Es una conversación que hay que tener, pero en la que hay que ir con cuidado, de todas formas. El “¿qué te gusta que te hagan?” puede terminar en demasiada información específica innecesaria. Muy distinto que te digan “me gusta el sexo más duro, con cierto grado de violencia controlada, que me tomen de las muñecas o que me amarren” a que te digan “con mi ex lo hacíamos en el suelo, nos turnábamos para amarrarnos y me gustaba especialmente porque él era súper alto y grande, era como tirar con un oso”. Y si bien a la base está quizás la misma información clave, la anécdota detallada puede resultar un poco amenazante. Por muy resuelto que uno ande, el espacio que se genera cuando tenemos sexo nos deja súper expuestos, y eso veces da susto. ¿Estaré a la altura? ¿Funcionaremos bien? ¿e gustará si hago X o Z? Si bien lo ideal es ir con una cabeza menos neurótica para poder pasarlo bien, negar que todas esas ansiedades están ahí es medio contraproducente.

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Una de las cosas que encuentro más entretenidas del sexo es ir descubriendo con la otra persona cosas nuevas que a los dos nos gusten, y también las diferencias: hay cosas que a mis parejas les han gustado que a mi no me interesan nada, y al revés. La gracia está en cómo resolverlo, identificar qué es lo que está a la base, llegar a eso mismo de otras maneras. Creo que en realidad lo que buscamos con el sexo son sensaciones y conectarnos con nuestras emociones desde el cuerpo. Entonces una práctica sexual es solo un vehículo para encontrar eso que andamos buscando: esa emoción, esa sensación. Así que la pregunta no puede ser solamente “¿qué te gusta que te hagan?”, sino que tiene que llevar otra de la mano: “¿por qué?”. Ejercitar la curiosidad para descubrir la cabeza del otro.

Un ejemplo sencillo: muchos hombres dicen que les gusta que les hagan sexo oral. Ok, vale, pero ¿qué más? ¿Por qué? ¿Qué es lo que te calienta específicamente de ese acto? ¿Lo que te gusta es la sensación física -el foco en una parte específica de tu cuerpo, cómo se siente la lengua, las distintas presiones y succiones- o tal vez lo que te gusta es sentir que dominas al otro o que el otro está a tu disposición? ¿Una combinación? ¿Te gusta que te hagan sexo oral estando tú de pie y el otro de rodillas o prefieres tendido? ¿Por qué? Y así. Entonces, tomemos el caso hipotético, pero no tan infrecuente, de que a la pareja no le guste hacerle sexo oral al gallo. ¿Se murió todo o qué? No po: ahí yo creo que hay que ponerse creativos: ¿de qué otra manera hacerlo sentir esas sensaciones? ¿Por qué caminos ir? Hay gente que prefiere hacer el favor y eso también está bien -ceder, dale, qué tanto-  pero creo que esa es la salida fácil: hay que ponerle cabeza al sexo, encontrar caminos que permitan confluir. Las prácticas sexuales son vehículos para lograr algo que nos gusta sentir. Así como hay distintos tipos de autos y todos sirven para llevarte a alguna parte, hay que encontrar el tipo que más te acomode, con el que te sientas pleno, seguro, y porqué no, suertudo.

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Por otro lado, están las fantasías: hay algunas fantasías más comunes que otras y creo que en general las fantasías son una llave para conocer mejor al otro. De repente son tan tabú que terminan siendo una oportunidad silenciada. Por ejemplo, es muy frecuente que las mujeres quieran hacer role-playing de violaciones o abusos. Los motivos por los que eso pasa pueden ser muchos, pero el hecho de crear o recrear una situación amenazante en un espacio controlado, seguro, donde la que decide es ella, es empoderante -es un juego, se puede resolver la situación de una manera no-traumática, etc-. Hay un montón de hombres a los que esto los asusta (y con razón, porque a veces la cosa se puede poner medio fea), pero que en vez de acoger ese deseo se bloquean. Una cosa es no querer practicarlo, pero otra cosa es no mostrar interés en por qué esa fantasía emerge. Conversándolo hay más posibilidades de que lo pasen bien, de que baje la ansiedad, de que lo que hay en la cabeza del otro no quede aislado.

Con las fantasías, igual, hay que tener cuidado. Creo que hay que al menos tener claros los propios límites, entender en qué juego estamos dispuestos a meternos, cómo queremos que nos traten, cómo queremos sentirnos. Y si algo no te acomoda, decirlo: que al otro le guste y a ti no no es terrible. Lo que sí es terrible es sentirse pasado a llevar.

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Hay algo oscuro en cada uno de nosotros. Hay deseos que nos dan un poco de vergüenza, fantasías que son más o menos inexplicables. Creo que una manera de hacer que esos deseos o miedos tengan alguna salida es a través del sexo y de las fantasías sexuales. Hay un camino transitable que tiene que ver con explorar esos deseos sin tener que actuarlos en la vida social. Estando protegidos, con otro que dice “ya, dale, hagamos como si”. Te banco.

Personalmente prefiero que a mis parejas se les corra un poco el tejo con las propuestas y las ganas de hacer cosas y que la negociación sea desde las posiblidades, no desde la restricción. Encuentro muy difícil dar saltos de apertura desde el “jamás”, aunque es bueno tenerlos definidos. Y acá vuelvo a lo de Reddit: una manera de poner la conversación sobre la mesa es tomar las experiencias de los otros y hablar sobre ellas: ¿harías algo así? ¿te excitaría algo así?

Comienza el finde. Aprovéchalo para conversar (y tirar).