“Ya te dije que estoy bien, ¿o no?”: cómo identificar comportamientos pasivo-agresivos

 Esa amiga que de repente parece que se taima y te deja de hablar a pito de nada. Tu papá al que se le descompone la cara de rabia y nunca supiste qué dijiste para irritarlo tanto. O tu pareja que se compromete a ayudarte en algo -desde pasarte a buscar hasta limpiar el baño- e invariablemente llega tarde o posterga la tarea porque siempre hay algo más importante que hacer. Tu mamá que cuando te felicita por algún logro al mismo tiempo te compara con alguien que lo hace mejor que tú. Tu jefe de hace años que de un momento a otro se vira y deja de ser amable para tratarte como un recién llegado. Tu amiga que cuando están de pie conversando en un grupo tiende a pararse frente a ti, dándote la espalda y bloqueándote del resto.

Uff. Tantos comportamientos “raros” que pasan “sin querer”. Es hora de ponerles nombre, ¿no crees?

Para, para. Ya te vi. No quieres leerlo porque te da susto descubrir que esto tiene que ver contigo o con alguien muy cercano a ti. Te da miedo reconocerlo. Pero es por esa misma razón por la que deberías leerlo.

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Hay personas que no se enojan abiertamente y en vez de manifestar lo que les molesta, actúan tratando de enmascarar su rabia. Este esfuerzo sería perfecto si es que no resultara evidente que se les escapa, que es fallido. Y ese escape sería más o menos entendible si no se esforzaran en negarlo. Este intento fracasado (y muchas veces desesperado) de reprimir la hostilidad es lo que llamamos comportamiento pasivo-agresivo.

Vale la pena preguntárselo: ¿por qué alguien querría comportarse así? ¿Qué gana?
Como adelanto a los párrafos que vienen: logran atacar sin hacerse cargo de sus emociones.

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Ojo, hay que diferenciar entre comportamiento pasivo-agresivo -que todos hemos probablemente exhibido alguna vez- de una personalidad pasiva-agresiva (antes se clasificaba como un trastorno de personalidad, pero el DSM lo sacó). En sus formas más suaves se puede describir como una combinación de contrición y evasión, de amabilidad e insolencia, y en casos más severos se enmascara de trastornos mentales, como la depresión. Algunos estudios parecen indicar que el patrón de comportamiento tiene que ver con una vivencia infantil de autoprotección: mantener la paz en la casa, evitar conflictos, creer que expresar rabia es malo o trae consecuencias muy negativas.

Típicamente se manifiesta como un descontento obstinado, persistente, alguien que se resiste pasivamente a cumplir tareas rutinarias, que se queja de ser incomprendido y subestimado, que desdeña irrazonablemente a la autoridad y se queja de manera exagerada de sus desgracias. La frase en sí -“pasivo-agresivo”- tiene sus orígenes en el ámbito militar, a fines de la Segunda Guerra Mundial, cuando un coronel estadounidense la usó para describir una conducta entre los soldados que catalogó de “inmadura”: “una reacción neurótica al estrés militar que se manifiesta en impotencia, respuestas inadecuadas, pasividad, obstruccionismo o explosiones de agresividad”.

El pasivo-agresivo coopera de manera hostil con las figuras de autoridad que le piden algo, sea un jefe, profesor o pareja. Los pasivos-agresivos están llenos de contradicciones, de amabilidad enrabiada, de obediencia desafiante, de asertividad encubierta. Algunos psicólogos han identificado una característica que llaman “orgullo preventivo”: manifiestan cautela ante nuevos desafíos, realizan un esfuerzo dramático para evitar todos los errores.  Este estilo es adaptativo, es decir, les ha permitido a las personas que lo despliegan evitar el fracaso y el ridículo. Las personas que lo manifiestan son muy sensibles al rechazo y responden a los conflictos sumiéndose en el silencio, retirando su afecto y actuando con frialdad. Este tipo de personas jamás diría “te odio” a la cara de otra persona con verdadera emoción, porque son muy cuidadosos de no exponerse ni ofender directamente a las personas cercanas.

¿Te suena?

Un recuerdo personal: haber pasado horas, a veces días, siendo educadamente considerada en todo -alguien que te ofrece agua, qué incluso te prepara algo para comer, una amabilidad excesiva-, pero sin una gota de afecto: como si uno fuese un engranaje que impulsara a esa persona a comportarse con cortesía, pero en ningún caso un sujeto merecedor de esa atención. ¿De qué se queja uno cuando todo superficialmente es “correcto”, pero en el fondo uno siente que solo hay solo frialdad? ¿Cómo desenmascarar la emoción del otro, decirle que uno sabe que lo hace con desprecio o rabia, cuando el otro lo niega?

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Al parecer para algunas personas esta “sensiblidad” extrema típica del pasivo-agresivo es atractiva, al menos durante un tiempo. Según un artículo del NYT una mujer de 45 años terminó su relación con su pareja a quien describía como un “maravilloso y devoto oyente, una persona extremadamente sensible”. Sin embargo, con el tiempo notó que era pasivo-agresivo: en una ocasión él le cedió el asiento de avión de ella a otra persona mientras ella trataba de encontrar un lugar donde poner su maleta de mano. Según él, él había pensado que ella se había ido a sentar a otro lado. En otras ocasiones él llegaba temprano a la casa del trabajo y comía solo, cuando era habitual que lo hicieran juntos, sin explicación. Y cuando estaba de mal humor, la ignoraba como si no estuviesen en la misma habitación. “Lo difícil es que nunca sabes qué hiciste mal. En todas estas ocasiones, nunca supe lo que hice”.

La persona que se vuelve hostil puede no saber tampoco exactamente qué gatilló su enojo. Las personas que tienen problemas para reconocer o expresar su molestia normalmente no sienten que tienen derecho a sentirla, dejan pasar cosas pequeñas sin reflexionar ni darse cuenta por qué se enojan tanto. Inseguros de sí mismos, se preocupan de no ofender a su pareja, a su compañero de trabajo o a sus amigos, pero la rabia permanece.

Otro recuerdo de hace muchos años: haber acordado una hora para verse, digamos a las 8pm, por ejemplo, y que la persona llegara a las 11pm. Sin avisar, sin responder a los llamados ni los mensajes. Silencio. Tener que esperar porque no sabes si va a llegar o no, ver pasar los minutos arrastrándose lentos. Una espera larga, ansiosa, triste. La explicación siempre era algo externo o inmanejable: alguien que le había pedido un favor, su familia que quería compartir tiempo con él, o  simplemente que se había quedado dormido con el celular en silencio.

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La terapia a secas no sirve con los casos en que el comportamiento es muy problemático, porque vuelven su agresividad hacia el terapeuta y lo intentan exponer como incompetente. El paciente tomará los remedios y disfrutará informándole al terapeuta que no le sirven. Seguirá las indicaciones del terapeuta y le dirá que no tienen sentido. (Lo que sí sirve:  la terapia cognitiva conductual).

Tener que vivir con alguien pasivo agresivo puede ser tan difícil como tratarlo terapéuticamente. Los psiquiatras sugieren no atacar a la persona, porque eso refuerza la posición de autoridad que les exige cosas. Hay que tomar en consideración la causa probable de la rabia no expresada de la persona y reconocérsela. Y estar preparados para las represalias, porque las habrá.

Por ejemplo, si tu pareja accede a ir a pasar Navidad con tus papás, pero sabes que no quiere y le molesta hacerlo, asegúrate de poder llegar por tu cuenta, porque si él o ella toman el auto puede arreglárselas para no volver a la hora, y como consecuencia, no alcanzar a ir o llegar absurdamente tarde. Todo, por supuesto, con justificaciones lógicas de cosas que escapan a su control y no fueron intencionales.

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Identificar los comportamientos pasivo-agresivos es difícil porque implica desenmascarar una intención (herir al otro) y emoción (rabia) no reconocida. El pasivo-agresivo la mayoría de las veces no se comporta así de manera consciente. Por eso, si lo enrostras o le preguntas abiertamente si está enojado, se enojará contigo sintiéndose él atacado (victimización) y se pondrá a la defensiva, se justificará con excusas y negará cualquier tipo de responsabilidad. El resultado es que la relación tiende a enfriarse y a rigidizarse, ya que no se puede hablar de manera abierta del comportamiento y la escalada emocional de rabia aumenta si se confronta a la persona.

La combinación de una amabilidad forzada con una crítica sobredimensionada es frecuente. Por ejemplo, dejar un post-it con una carita sonriente y que al lado de ella diga: “POR FAVOR limpia lo que usaste”, y que el objeto sea solo una taza sin lavar. O se muestra también a través de “olvidos” recurrentes: si tu pareja siempre se olvida de la hora exacta en la que tenía que llegar y te hace esperar invariablemente, cada vez, 20 minutos.

Otro recuerdo: una amiga que directamente me insultó “sin darse cuenta” durante unos 15 minutos de conversación, machacando al punto de dejarme llorando en plena reunión con otras amigas, no se disculpa, y que luego al momento de despedirse se acerca para darme un abrazo e intentar darme un beso y se ofende cuando, desconcertada, le digo que no la entiendo. Posdoctorado en ambivalencia y negación de la agresión.

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Señales comunes de comportamiento pasivo-agresivo:

  • Rehusarse a discutir los temas preocupantes abiertamente y de manera directa. Si se menciona o ahonda en el comportamiento, pueden recurrir a hacer la ley del hielo, demostrando que se sienten ofendidos, o dar un cumplido insincero (es decir, algo que parece un piropo, pero es realmente un insulto).
  • Evasión de responsabilidad: nunca hacen nada ofensivo o que provoca malestar o dolor con intención. Siempre es el receptor el que está equivocado, el que malinterpreta, el que piensa mal.
  • Ser deliberadamente ineficientes: procrastinar cuando tiene un compromiso contigo, posponer o simplemente dejar un trabajo a medias o “casi” listo. Llegar tarde frecuentemente, sabotear los planes o acuerdos cuando están en desacuerdo con lo que han convenido.
  • Ambivalencia: en un momento te aman, al otro te desprecian, luego vuelven a amarte y así. Pueden ser encantadores un día y al siguiente andar taimados y ser más evitativos al siguiente. En parte tiene que ver con una dependencia extrema que no quieren reconocer: que les aterroriza. Están tan atentos a tus señales de afecto que cualquier signo de falencia es indicador de que mereces las penas del infierno, su desprecio por no estar a la altura de lo que esperan de ti.
  • Llevar la cuenta: personas que tienen muy claro los favores o amabilidades que te han tendido y que esperan una reciprocidad al dedillo. Si esta no se cumple, se frustran y se sienten menospreciados. Tienden a victimizarse y sentir que son muy generosos y que los otros no valoran su cuidado y dedicación. Esto les da rabia, pero en su autoconcepto no son personas rabiosas, por lo que nunca revelarán que sienten rabia ni cuáles son las expectativas de comportamiento que tienen sobre el otro. Al pobre diablo que tiene que tratar con esas expectativas secretas por las que está siendo evaluado constantemente no le queda otra que tratar de intuir y adaptarse a lo que ellos esperan, a fin de no gatillar una escenita pasiva-agresiva.
  • Victimización: si algo le falta al pasivo-agresivo es autocrítica y flexibilidad. El resto del mundo es culpable de lo que le pasa y nada de lo que haga será tan grave como que lo que los otros le han hecho a él.

Algunas frases que pueden servir para identificar a los pasivos agresivos:

  • “No estoy enojado”: cuando evidentemente lo está.
  • “Dale, no importa”: taimarse y alejarse de las discusiones, expresando rabia indirectamente y anulando la comunicación abierta.
  • “¡Voy en camino!”: frecuentemente acceden a una petición de manera verbal, pero en su comportamiento retrasan la compleción de la misma.
  • “No sabía que querías que lo hiciera AHORA”: son grandes procrastinadores con el fin de frustrar a los otros o evitar tareas sin tener que negarse de manera directa.
  • “Es que eres demasiado perfeccionista”: cuando no pueden procrastinar, completan la tarea, pero de manera inaceptable o ineficiente. Al ser confrontados, defienden el trabajo acusando a los otros de ser demasiado rígidos o perfeccionistas. Ej: el marido le prepara carne bien cocida a su mujer, sabiendo que su mujer prefiere que esté a punto. Un empleado completa el proyecto, pero excede el presupuesto asignado de manera excesiva.
  • “Pensé que sabías”: a veces la omisión es un arma que usan las personas pasivo-agresivas: no comparten cierta información que tiene el poder de prevenir un problema. Al decir que “no sabían” la persona defiende la inacción mientras disfruta del caos que genera el problema que podría haber evitado.
  • “Sí, no hay problema, yo lo hago”: la persona se muestra superficialmente como un aliado que quiere cooperar para ayudarte, pero su conducta puede ser lo contrario. Por ejemplo, una persona de servicio al cliente puede decir que tratará de resolver tu queja para solo archivarla y nunca más tocarla.
  • El cumplido insincero: “Te ha ido tan bien para alguien con tu nivel educacional”, “no te preocupes, puedes ponerte frenillos, incluso a tu edad” “estoy segura de que debe haber algún hombre al que le guste un cuerpo como el tuyo”.
  • “Era en broma”: el sarcasmo es común como herramienta para expresar hostilidad de una manera aceptable socialmente. Si caes y te muestras ofendido ante el sarcasmo, la persona se victimiza diciendo cosas como “no era en serio” “por qué no entiendes que era un chiste” etc. (Ojo: la diferencia es que en este caso uno siente que no era una broma: que aprovechó el momento para atacar).
  • “¿Por qué te estás enojando?”: es un maestro en mantener la calma y fingir sorpresa cuando otros, ya desgastados por tanta hostilidad indirecta, estallan en rabia. La persona goza estos descontroles y luego los clasifica como “sobrerreacciones”.

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Escribí este artículo no solo pensando en las conductas pasiva-agresivas que yo he sufrido -y en la sensación de malestar, miedo y angustia que generan- sino también en las veces en que yo he tenido alguna conducta así, en que yo he sido una persona de mierda.

Y quiero repetirlo: una-persona-de-mierda. Es casi bonito decir “pasivo-agresivo”, suena casi glamoroso. Pero no nos engañemos: hay que ser muy chanta para hacerle este tipo de cosas a una persona con la que nos vinculamos. Las conductas pasivo-agresivas dañan psicológicamente, entrampan a los otros, los anulan emocionalmente. Uno termina siendo una maraña nerviosa de emociones y se pasa mucho rato tratando de leerle la mente al otro, tratando de adivinar cómo las cagaste, qué le enojó, si está enojado realmente o si simplemente no tiene que ver contigo. Nunca sabes. Te vuelves un poquito loco porque estás tratando de hacerle la pega al otro: reconocer lo que está pasando, identificarlo, mientras el otro está en negación.

Y sí, todos hemos tenido estas salidas de madre que son pencas. Todos. Todos hemos sido pencas alguna vez. Pero si tú eres un ejecutor continuo de este tipo de conductas o si las sufres de manera frecuente, es hora de parar. Porque es violencia. Porque el hecho de que sea “pasiva” no significa que sea menos agresiva. Porque te mereces un trato digno. Y por mucho que duela a veces hay que alejarse de esas personas que no cambian, que no son capaces de reconocer sus rabias y errores. Y si tú notas que esto te hizo click -si ahora sientes rabia por haber leído esto, si ahora te estás justificando por hacer cualquiera de las conductas descritas más arriba de manera frecuente- es hora de pedir ayuda.

**[Ojo: este artículo está basado en un montón de otros, ha sido traducido y editado para hacerlo más digerible y tiene comentarios míos, pero el único material realmente original son mis ejemplos de la vida real (sniff) y mis malos chistes].

Refs.:

Oh fine, you’re right, I’m passive-aggressive https://www.nytimes.com/2004/11/16/health/psychology/oh-fine-youre-right-im-passiveaggressive.html

Cuando estás cerca de un pasivo agresivo y no lo sabes (aunque lo sufras)

https://elpais.com/elpais/2017/10/02/laboratorio_de_felicidad/1506947071_985797.html

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