ESTO TE AHORRARÁ MUCHOS MALOS RATOS

Hace poco empecé a escuchar podcasts. Lo hago cuando tengo actividades que no requieren concentración al 100%. Por ejemplo, cuando paseo al Gordo -mi perro-, cuando limpio el departamento y hasta cuando manejo. Una de las buenas sorpresas de este mundillo del que no tenía mucha idea ha sido Sam Harris y su podcast Waking Up.

Sam Harris es un neurocientífico (UCLA), filósofo (Stanford) y autor best-seller que en su podcast explora temas relevantes y controversiales de la mente humana, de la sociedad y de la actualidad. The End of Faith -uno de sus libros- ganó el PEN Award de No-ficción en 2005. Además, recientemente lanzó una app para meditar de forma guiada con lecciones filosóficas para reflexionar sobre temas vinculados a la conciencia. En el capítulo #143 de su podcast se permitió compartir contenido de la app que encontré notable, importante y particularmente iluminador. Decidí traducirlo para poder compartirlo con ustedes con la esperanza de que les sirva tanto como a mí. Todo lo que viene a continuación es Sam Harris:

“He hablado mucho sobre la ilusión del yo (self) en este curso, sin embargo, no toda noción del yo o del sí mismo es errada.

Lo que descubres cuando meditas es que no eres una cosa, sino un proceso. Experimentamos distintos estados de “yo”. El cómo nos sentimos respecto de nosotros mismos parece variar notablemente dependiendo del contexto. Recuerdo que cuando estaba terminando mi posgrado tenía la sensación de ser simultáneamente un autor semifamoso y un estudiante solitario. Podía literalmente sentir mi noción de mí mismo cambiar drásticamente mientras caminaba de un edificio al otro en la universidad. Una vez me reuní con mi profesor guía porque él estaba comprensiblemente preocupado por mi progreso y me sentí como un tremendo perdedor, y luego me junté a comer más tarde con su jefe porque él quería que lo aconsejara sobre cómo publicar su libro con la misma casa editorial en la que yo era un autor con más peso que él. Era un yuxtaposición loca. Quien era yo en esas conversaciones parecía estar gobernado por mi percepción sobre cómo me veía la otra persona. O, más bien, cómo imaginaba que me veía la otra persona.

Generalmente, todos estamos en esta situación. Todos tenemos encuentros con gente que nos desestabiliza, con la que sentimos que no tenemos acceso a la totalidad de nuestras capacidades como seres humanos, a nuestra mejor versión de nosotros mismos. Tantos de los encuentros que tenemos con otros son menos que satisfactorios. Lo que los hace poco satisfactorios es generalmente el grado en el que estamos sumidos en preocupaciones neuróticas referidas a nuestro yo.

Digamos que vas de visita a la casa de tus padres durante las fiestas y que vas a pasar un largo periodo con tu familia. Tu familia tenderá a verte como un continuo de quién siempre has sido para ellos. Así que ahí, con ellos, siempre hay una dinámica especial: no importa cuánto hayas cambiado, tu familia encontrará una manera de encajarte en el patrón de quien solías ser. Y luego, como por arte de magia, puede ser que empieces a sentirte como si fueras el de antes.

Ahora, no hay duda de que el mindfulness puede ayudar a liberarte en situaciones sociales como estas, pero en estos casos no quieres convertirte en una fuente de mayor autoconciencia. Cuando estás con otros tu práctica de meditación no debería hacerte sentir más consciente de ti mismo, no debiese ser un motor que te lleve hacia adentro y te haga rehuir de  las relaciones. Idealmente el mindfulness debiese liberarte para poder poner atención con quién sea que estás hablando. Y si has llegado  al tipo de mindfulness que es sinónimo de perderte a ti mismo, con la sensación de no tener cabeza -para usar la analogía de Douglas Harding-, entonces las situaciones sociales se convierten en ocasiones en las que este cambio puede ser apreciado de manera más vívida.

Cuando alguien te está mirando, según tu propia experiencia, ¿qué es lo que está mirando? Tú no eres una cosa que está siendo mirada. Tú eres la condición en la que ellos mismos aparecen en el mundo. No estoy diciendo esto de forma metafísica, sino que estoy describiendo el carácter de la experiencia de la conciencia. Tú no ves tu cara. La única cara que ves pertenece a la otra persona. Si sigues la mirada de esa persona a donde tú crees que estás, puedes sentir de repente que la conciencia es tan solo el espacio en el que todo aparece. Si te buscas a ti mismo en ese momento puede ser que encuentres que solo el mundo permanece.

Sea cual sea el carácter de tu mindfulness,  su rol no es prevenir estados mentales negativos. Debieras ir a estas situaciones sociales sabiendo con certeza que sentirás estados mentales negativos. Inseguridad, autoenjuiciamiento, irritación, ansiedad. Enfrenta esas situaciones como si estuvieras jugando un videojuego: sabiendo que vas a enfrentar ciertos desafíos en este nivel del juego, y que este es el Nivel de Emoción Negativa. Así que simplemente siente esas emociones y luego suéltalas. No actúes a partir de ellas. No las inscribas en tu vida diciendo algo contraproducente. Deja que estos estados mentales te resbalen. Si eso es muy difícil, solo escoge uno para que te resbale.

En tu próxima situación social interésate en notar una emoción negativa y no hagas nada con ella: deja que emerja y que pase. Si las cosas se ponen difíciles, es útil recordar que las personas con las que estas lidiando están sufriendo.  Casi todas las personas que conoces están prácticamente ahogadas en preocupaciones respecto de sí mismos. Solo míralos, escúchalos.  Están transmitiendo -como si se tratase de una radio- las dudas que tienen sobre sí mismos, sus ansiedades, sus desilusiones.  Están preocupados de lo que los otros piensan de ellos. Si te sales de ti mismo por un momento, si das un paso atrás en vez de sentirte involucrado en lo que pasa alrededor tuyo, generalmente verás que estás rodeado de un carnaval de fragilidad humana.  Así que la compasión es algo a lo que puedes recurrir.

Estamos todos en el Titanic. Esto puede sonar deprimente, pero el lado positivo también es verdad: esta breve vida juntos es un milagro hermoso. Esta es la única  circunstancia que existe que puede ser disfrutada. Lo que sea que haya fuera del cosmos, esto es lo que hay para nosotros. Y donde sea que estés, en la circunstancia que te encuentres, esta es la única vida que tienes en este momento, y más vale que la disfrutes. Al nivel más básico puedes interesarte en tus cambios de estado. ¿Por qué te sientes tan cómodo con una persona y tan incómodo con otra? ¿Cómo es que otras personas tienen tanto poder sobre tu mente? Estos cambios son fascinantes. Y por supuesto ninguno de estos cambios son quien eres tú realmente. No hay nadie que seas “realmente”.

Lo que sí hay: hay un fluir de la experiencia, hay patrones, por supuesto, y puedes predecir por ejemplo cómo te sentirás con ciertas personas, pero es solo porque tiendes a conformarte con estos patrones. No estás condenado a ser la misma persona que eras. Y lo que sea que pase cuando abandones una situación social, el mindfulness te permite no tener que cargar con ella para todos lados. No tienes que seguir intentando terminar la discusión que tuviste con tu hermana en tu cabeza. Puedes dejar que esos pensamientos pasen. El momento para hablar con tu hermana era cuando ella estaba frente a ti. El momento en que te vas, te estás hablando a ti mismo. Y si te encuentras haciendo eso -que pasará- deberías confrontar esa paradoja de autoconversación:  tú sabes  lo que pasó en esa conversación con ella, tú estabas ahí, entonces ¿a quién le estás contando todo esto ahora?”.

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