SEAMOS MEJORES: el privilegio explicado con peras y manzanas

El principio de año es tomado muchas veces para proponerse nuevas metas. Normalmente estas metas tienen como único beneficiario a uno mismo. Últimamente he estado pensando en la importancia de intencionar el ser mejores con y para el resto. Creo que el primer paso -antes de pensar en ser más amables o generosos, corteses o respetuosos, menos saco de pelotas en general- es darse cuenta de que nuestra primera responsabilidad es hacernos cargo de dónde estamos parados en el mundo. O sea, reconocer nuestro lugar y los privilegios a los que accedemos solo por existir. Una vez que somos honestos con nosotros mismos podemos comenzar a mirar a los otros de forma más empática, compresiva y compasiva.

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En primer lugar, definamos “privilegio”:

  • Según la RAE es “la exención de una obligación o ventaja exclusiva que goza alguien por concesión de un superior o por determinada circunstancia propia”.
  • En inglés es tal vez más preciso: “es un derecho, ventaja o inmunidad especial otorgada o disponible para una persona en particular o un grupo”.

En sencillo: se refiere a ventajas sociales inmerecidas -no meritocráticas- concedidas a personas que calzan en un grupo social, y no a otros. Son beneficios sistémicos o estructurales que impactan a las personas basándose en factores identitarios como raza, sexo, género, sexualidad, religión, nacionalidad, discapacidades físicas o intelectuales, clase social y tipos de cuerpo. También se puede incluir dentro de la noción de privilegio el nivel educacional y otros factores que afectan el capital social. Estos sistemas interactúan en un gran sistema: el kiriarcado. (El kiriarcado es un sistema social o un conjunto de sistemas sociales construidos sobre la dominación, la opresión y la sumisión. Incluye a todas las jerarquías dominantes en las que la subordinación de una persona o de un grupo hacia otro está internalizada o institucionalizada. Es un término más amplio que “patriarcado” porque incluye otros sistemas y reconoce otras formas de opresión, no solo la de un sexo sobre otro).

Ojo, muchas veces las personas suponen que la palabra “privilegio” se usa mal y que en verdad debiésemos referirnos a “derechos”. Así, por ejemplo, el que los hombres no sufran acoso callejero no sería un privilegio basado en su sexo (sexismo), sino algo que todos deberíamos esperar que pasara -que nadie sufra acoso callejero-. Y sí, todos tenemos derecho a ser tratados con respeto, pero el problema es que algunas personas no son tratadas así. Cuando ese maltrato o prejuicio es sistemático y repetido, hablamos de “privilegio” de un grupo con ciertos atributos por sobre otro que sufre ese maltrato.

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Hablar de privilegio y reconocerlo en uno mismo es incómodo y puede ser un ejercicio difícil porque los privilegios están hipernormalizados. Nos pone la defensiva y en una actitud de resistencia porque sentimos que reconocer que nos hemos visto beneficiados invalida o desmerece nuestros esfuerzos o las dificultades que hemos enfrentado. Para prevenir esta mentalidad es bueno entender que nadie nos está atacando. No es algo personal. Poner el tema sobre la mesa ayuda a visibilizar cómo funcionamos socialmente: se trata de reconocer que no tuviste que enfrentar otros obstáculos con los que otros sí tuvieron que lidiar. No quiere decir que tu vida es fácil o que no te esforzaste lo suficiente y no se trata de hacerte sentir culpable, sino de que podamos cuestionar estos sistemas y hacerle menos difícil la vida a otras personas.

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El privilegio está profundamente ligado a la opresión -de hecho, son caras de la misma moneda-, porque si bien los sistemas y normas sociales y sesgos generan ventajas para algunas personas, hay otras que salen perjudicadas por esos mismos sistemas. Un ejemplo sencillo: las escaleras. Encontramos escaleras en todas las construcciones que tengan más de un piso y también en espacios públicos. Cuando solo hay escaleras -y no ramplas que faciliten el desplazamiento, por ejemplo- la existencia de esa única opción de escalera asume que la gente tendrá la habilidad física de usarla. Sin embargo, una persona con una discapacidad física se ve limitada por esa suposición: su cuerpo no fue considerado para habitar o desplazarse por ese espacio. El diseño de un edificio o espacio público que solo considera a cuerpos que pueden usar escaleras contribuye a la opresión de otros cuerpos que no pueden.

Además, el privilegio es interseccional, o sea que los aspectos de la identidad se intersectan para crear experiencias, necesidades, privilegios y opresiones específicas para cada uno.  En este sentido, una persona puede gozar de ciertos privilegios y al mismo tiempo ser oprimido. No es que se anulen mutuamente. Por ejemplo: si una persona es blanca, goza de privilegio racial, pero si también es de clase trabajadora, sufre opresión social. Una idea común es que una persona que sufre de opresión no se beneficia de privilegios, y viceversa (que alguien que tiene privilegios no está oprimido), pero las cosas son más complejas: puedes ser pobre y blanco vs pobre y de color vs rico y de color; mujer y heterosexual vs mujer y lesbiana vs hombre y gay; puedes ser rico y tener un estado mental sano vs ser rico y padecer una enfermedad mental vs ser pobre y padecer una dificultad física, etc.

Entiéndelo así: gozar de privilegios significa que bajo las mismas circunstancias en las que estás, tu vida sería más difícil sin tu privilegio.

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El mayor problema es que normalmente las personas que gozan de una existencia más privilegiada no se dan cuenta. Por ejemplo, una persona de raza blanca pocas veces se pone a pensar en cómo ha influido su color de piel en sus oportunidades de vida, mientras que una persona de color lo tiene siempre presente, pues lo sufre.

Al no reconocer que tienes una ventaja respecto de los otros, eres inmune ante los sufrimientos de grupos perjudicados por ese mismo sesgo. Como no lo sufres, no lo registras. Como no lo registras, no es una realidad para ti: ignoras los hechos, porque no los vives. Probablemente, además, tu círculo social consiste en personas que comparten tus privilegios, entonces no hay mucho espacio para cuestionarlos. Un clásico: el hombre que no reconoce que socialmente tiene una ventaja respecto de una mujer. En su cabeza puede ser que no le haga sentido porque él considera a las mujeres como pares, pero eso no significa que no se haya beneficiado socialmente por el hecho de ser hombre.

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Quise hacer un minirecordatorio sobre los privilegios porque creo que es un imperativo moral hacerse cargo de ellos. Si tú te has visto privilegiado socialmente, es tu responsabilidad averiguar más, no esperes que venga una persona perjudicada a tratar de explicarte a ti tu privilegio. Puedes decir “pero yo no pedí nacer así”, pero como te beneficias igual, día a tras día, tienes que hacerte cargo. Tu rol como ser humano consciente es hacerte cargo de tu lugar en el mundo, entender que la existencia de tu privilegio perjudica y genera dolor a los otros y que al hacerlo consciente estás ayudando a que no se perpetúe. Esto no significa que haya que rajar vestiduras ni hacer grandes declaraciones culposas públicas (que normalmente están guiadas por un espíritu más narciso que uno consciente jaja, así que mejor abstenerse de la selfie con boca de pato). Con que tomes consciencia, ya es un primer paso.  Estamos todos arriba del mismo barco y a algunos les tocó más difícil solamente por existir, y es tu responsabilidad, estando en un grupo privilegiado, ayudar a parar esto, a dejar de ser cómplices.

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Entonces, te invito a revisar esta lista breve y tomar consciencia:

  • Si eres hombre (“male privilege”, sistema patriarcal): suposición de que eres más capaz e inteligente que una mujer. Tienes acceso a mejor sueldo y más posibilidades de llegar a puestos de poder (gerenciales y políticos). Si pides un aumento, eres asertivo (si una mujer lo pide, es demandante). Puedes tener una vida sexual activa y diversa estando soltero y nadie pestañea y hasta te felicitan (si una mujer tiene una vida sexual activa y diversa es una puta). Puedes caminar tranquilo por la calle sin temer que te acosen o ataquen sexualmente. Puedes desempeñarte en tu trabajo sin que tu belleza o atractivo sea un factor interviniente en la evaluación de tus logros. Al momento de buscar pareja, tu físico no es tan determinante.
  • Si eres heterosexual (lógica heteronormativa): puedes andar con tu pareja en la calle sin que nadie te mire raro. Puedes hacer demostraciones de afecto públicas sin sentir que estás incomodando a la gente. La representación en los medios -diarios, publicidad y cine- es heteronormativa, lo que significa que eres considerado socialmente, que se crean productos y servicios pensados para ti. No tienes que probarle a nadie tu derecho a casarte con tu pareja ni a querer adoptar hijos. No tienes que decidir “salir del closet” porque nunca hubo closet: tu sexualidad es lo esperado.
  • Si eres blanco (“white privilege”): la gente tiene menos prejuicios contra ti. Te libras de suposiciones negativas sobre tu nivel intelectual hasta de tus costumbres de aseo personal, hasta de ser considerado un delincuente solo por tu apariencia. En las tiendas de disfraces no hay “disfraces de blancos”, pero sí de indígenas, de africanos, de árabes, etc. Cuando la gente te describe no menciona el color de tu piel como atributo diferenciador, es lo esperado. Las cosas “color piel” calzan con tu color de piel. Cuando prendes la tele o ves tu serie favorita, casi todos son de tu misma raza.
  • Si vienes de una clase social económica acomodada (clasismo): pudiste acceder a ciertas experiencias cuando chico -porque tus papás tuvieron la plata para proveértelas-, como veraneos en la playa o viajes, tener juguetes de moda, tener ropa nueva. Pudiste ir a la universidad sin endeudarte y sin tener que trabajar al mismo tiempo. Puedes darte el lujo de elegir en qué quieres trabajar y no trabajar hasta encontrar algo que realmente te guste.
  • Si no tienes ningún tipo de dificultad física: los espacios están diseñados para ti. Moverte te resulta fácil: los medios de transportes consideran la totalidad de tus capacidades, incluso tu agilidad. Los asientos están pensados para tu peso y tamaño. Las personas no compadecen tu cuerpo ni lo consideran poco atractivo tal como es. La gente no hace chistes basados en tu cuerpo. No te cosifican como objeto de inspiración (el tipo “si él puede, que no tiene xxx capacidad, yo también puedo”).

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Para los que “reconocer” es un poco blando -y lo es-, el siguiente paso es actuar dentro de lo posible en tu vida diaria. Por ejemplo, cuando trabajaba en selección de personal y porque estaba al tanto de los sesgos, hacía lo posible por disminuirlos. (Un pequeño apartado: los tenemos tan metido en la cabeza que por muy consciente que seamos, hay que ser activos en evitar entramparse y exponerse a prejuicios. Por ejemplo, no juzgar a la gente por cómo se viste, por su atractivo físico, por su encanto, por su similitud a nosotros mismos, etc.). Se puede partir por norma general evitando mirar el nombre de la persona y la foto y leer intencionalmente solo el CV con su experiencia. Se puede pedir, por ejemplo, antes de citar a las personas a entrevista, que hagan un ejercicio que permita filtrar ANTES de conocerlos, así se disminuye el contacto y también el efecto halo. Este tipo de cosas chicas ayudan a que en vez de distraerte con los significados que le atribuimos a las características de una persona, puedas en verdad evaluar a la persona por lo que es capaz de hacer.

Oye, se resume en esto: hay gente que no tiene las mismas oportunidades que tú por motivos socialmente construidos y arbitrarios. Y no significa que tú tengas que renunciar a nada: solo tienes que reconocer tus privilegios, tratar de educar a la gente a tu alrededor y tratar de ser justo y no discriminador en tu vida diaria. Sé amable. Sé educado. Sé cortés. Sé amable. Sé educado. Sé cortés. Sé amable. Sé educado. Sé cortés. Y así, ad infinitum: hazle más fácil la vida a la gente que no la tiene tan fácil. Hazles ver que los notas: saluda, reconoce que existen, míralos a los ojos cuando interactúas con ellos. Pregúntales cómo lo viven. Muéstrate curioso (un bonito gesto: si eres hombre heterosexual, pregúntale a tu pareja cómo lo ha vivido. Normalmente estas conversaciones no se dan en pareja y son TAN importantes). Sé humilde: reconoce que todos estos privilegios no te los ganaste y no te hacen mejor persona. Caíste bien parado en un mundo que premia esos atributos no más. No eres mejor que los otros por tener ninguno de ellos.

Sé amable. Sé educado. Sé cortés.

 

 

PD: personas que sienten el ímpetu de discutir el privilegio de raza: NO. En serio. Búsquense otra página para eso.

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