Soltero buscando pareja

Desde hace unas semanas he venido acordándome sobre cómo era mi vida estando soltera. He tenido recuerdos chistosos, tiernos, locos e intensos, pero también muy angustiosos y tristes. Me acuerdo de haberme sentido muy sola, muy incomprendida. A mí me gustaba mucho mi soltería, pero viví en carne propia lo que es un secreto a voces: los solteros son tratados muchas veces de forma injusta, y se trata con particular crueldad a los solteros que buscan pareja (y afírmate cabrito si eres soltera, mayor de 30, sin hijos. Pfffff). También me acordé de que hay un montón de ideas dando vuelta que son inservibles que todos te repiten como loro cuando estás soltero y que lo único que hacen es contaminar tu cabeza, confundirte y hasta te impulsan a tomar malas decisiones. Así que decidí escribir esta columna con lo que tal vez me hubiese gustado que a mí me dijeran en esa época, cuando estaba soltera y buscando pareja, con lo que aprendí a porrazos, con lo que todavía aplico hoy en día.

*

MENTIRA N°1: “SOLTERO” ES SINÓNIMO DE ESTAR INCOMPLETO O FALLADO

Hablar de “presión social” suena cliché, pero es difícil encontrar una descripción más precisa: la gente te interroga -abiertamente o con insinuaciones políticamente correctas- sobre tu condición, como si fuese una enfermedad. Te aconseja, como si fuera un estado del que hay que curarse. Te consuela, como si ya fuese demasiado tarde. Es enervante. Tantas frasecitas que uno se banca, tanta mala onda gratuita. Y creo que, mirando hacia atrás, los principales ofensores eran los que estaban emparejados: desde el escalón de superioridad moral (imaginario) de estar en pareja, te hacen la vida a cuadritos: te dejan de invitar a cosas porque arman panoramas solo entre parejas y les incomoda un soltero al medio, o te compadecen abiertamente, como si uno estuviese desamparado sin pareja. Súmale a eso pasar los 30 sin haberte casado o sin tener hijos siendo mujer y uno se convierte en algo similar a un animal exótico en medio de una tienda de cristalería.

Creo que las cosas van mejorando últimamente, pero de verdad, no es infrecuente escuchar el “pobrecita” o “por algo debe ser” -normalmente dicho a espaldas del soltero en cuestión- . Lo que a mí me ayudó a aterrizar esas frases fue entender de dónde venían. Hay gente poco consciente que necesita estar poniéndose por sobre los otros para sentirse mejor, para convencerse de que su vida no es una mierda. Muchas veces las personas proyectan su propio conflicto en ti (y por eso mismo es importante que diferencies y sepas que ese “pobrecita” no es para ti, es para ellos mismos, que ese mirar en menos viene de sus inseguridades). Las personas que hablan de los solteros como “pobrecitos” tienen muy grabada la idea de que si al menos una persona en el universo te soporta entonces ya estás mejor que un soltero. Una forma de pensar que es poquito retorcida, un poquito dependiente, un poquito triste.

FALSAS URGENCIAS: DISFRUTAR LA SOLTERÍA AL EXTREMO

Una frase típica que te dicen es “disfruta tu soltería”. No tiene nada de malo la frase en sí, pero normalmente es dicha con un sentido de urgencia como si se fuese a acabar y todo lo que viene después es PEOR. Entonces ya no es tan positiva: te la dicen como si la vida de pareja fuese horrible, como si el goce se fuese a acabar. Uno, soltero, se queda como en una posición medio imbécil, porque 1) que te den el consejo “disfruta tu soltería” te hace preguntarte si es que no lo estás haciendo o no se está notando, 2) si quieres pareja, te da susto: pareciera que hay un mundo miserable al otro lado y 3) la imaginación de los que te dicen “disfruta tu soltería” es muchas veces como la de un adolescente que nunca ha tirado: fantasiosa nivel dios. Suponen otro mundo: el del exceso y la locura, y si uno no cumple con esas ideas, se frustran.

FALSOS ANTÓNIMOS: ESTAR SOLTERO FELIZ Y QUERER PAREJA

Pareciera que estar soltero feliz y al mismo tiempo querer tener pareja es incompatible. Como si uno por estar soltero estuviese instantáneamente en falta. Particularmente difícil de entender para personas con estructuras mentales conservadoras y vidas más tradicionales. Pongámoslo en simple: puedes estar feliz con tu soltería y al mismo tiempo desear una pareja. No es excluyente. Uso la palabra “desear” porque también genera anticuerpos: usamos un lenguaje atrozmente depurado para hablar de lo que queremos, como si el hecho de mencionarlo fuese a alejarlo de nosotros. Le tenemos tanto miedo a decir abiertamente lo que queremos porque, ¿qué pasa si después no lo conseguimos? ¿No sería un poco ridículo? Entonces rodeamos lo que queremos con frasecitas educadas, políticamente correctas, asépticas. Con condicionales: “sí, me gustaría, sí, algún día quizás quiero tener una pareja, pero no sé”. Esto es una estupidez del porte de un buque y solo retrasa tu proceso mental para hacerte cargo de lo que quieres.

Cuando estaba soltera le tenía tanto miedo a decir lo que quería. Tenía terror de decir: quiero una relación seria, quiero estar con alguien en quien pueda confiar, quiero alguien a quien admirar. Así que terminaba diciendo mentiras: frasecitas que inicialmente tenían algo de verdad, pero que al final terminaban diluidas. ¿Y qué atraía? Pura gente que hacía match con esas frases falsas, que se creían esa mentira. Mal ahí.

Me pasé mucho tiempo en esas y en verdad creo que incluso ahora, estando en pareja, le puse condicional a todo: si duramos, si todo funciona bien, si las cosas salen como me gustaría que eventualmente fueran…Esto es TAN limitante, porque es muy difícil construir una vida sobre condicionales. ¡Hay que ir con todo! ¡Hay que creer que es posible!

CONSEJO: EL AUTOCUIDADO ES PRIORIDAD

Todos tenemos problemas y trancas, pero si te das cuentas que tienes cosas que te están frenando o que te limitan para el tipo de vida que quieres vivir, hazte cargo. Y con hazte cargo quiero decir que hagas lo que más te acomode para resolverlo: autoexplórate, lee libros y escucha canciones que te conmuevan, escribe, ve películas que te hagan reflexionar, ve charlas de videos en YouTube, háblalo con amigos que tengan una buena cabeza o busca ayuda psicológica. Lo que sea que te sirva, pero que te mueva, o mejor: que te remueva, que te incomode, que te sacuda.

En resumen, no hagas lo que hice yo, que fue ignorarlas olímpicamente y tratar de remarla sola y hacerme la super woman. Esto hizo que mi elección de pareja fuese en general poco sana: si el timón lo mueve el miedo, la inseguridad o la ansiedad, la dirección que toma tu vida romántica puede ser desastrosa y después la reparación puede tomar años. Si no te haces cargo, la forma en que te vinculas también anda medio torcida, porque estás vinculándote desde un nudo que no te permite ver con claridad. Mirando hacia atrás no me enorgullece el tipo de polola ni de pinche que fui. Entiendo, ahora, las cosas que hice y dije que fueron equívocas o hirientes, porque veo que venían de un lado que estaba súper herido y que no me atrevía a sanar. Entonces era como andar caminando con ampollas en los pies y usando zapatos apretados: pucha que dolía, todo dolía, pero no me daba cuenta que primero tenía que dejar de empujarme, darme espacio, reparar y después seguir andando. Entonces mi vida amorosa era una constante de malos ratos y tensiones que tomaba como normales. Mirando hacia atrás me da pena no haberlo visto con claridad, haberla sufrido tanto, haber hecho sufrir tanto a los otros.

Se habla mucho de ser uno mismo, pero eso no tiene mucho sentido si no te conoces a ti mismo. Ser genuino si no tienes claro quién eres, qué quieres y por qué es imposible. Este tipo de gente normalmente se adapta a cualquiera con tal de un poco de afecto o atención, pero en algún momento hay un quiebre: el otro se da cuenta del engaño, o la propia persona comienza a sentirse incómoda sin saber por qué. Una buena dosis de autexploración y autoconocimiento es bueno antes de entrar en una relación.

Creo que la soltería es un estado ideal para aprovechar de conocerse a uno mismo y resolver trancas sin tener que hacer malabares con el tiempo ni con los conflictos propios de la pareja. Tienes espacio para resolver tus propios temas, vivirlos a tu ritmo.

CITAS, CITAS, CITAS

Salir con gente en un ciclo de citas a buscar pareja puede ser agotador, sí, pero no tiene por qué ser frustrante. La sensación de frustración o decepción tiene que ver con cómo nos acercamos a esa experiencia. Si cada vez que salimos esperamos conocer al amor de la vida y hacer match instantáneo, estamos predisponiéndonos para una experiencia fracasada. Otras mentalidades contraproducentes: hacer las matemáticas de la cantidad de citas en las que no encontraste pareja y concluir que esa cifra predice cómo serán tus próximas citas, es decir, más citas frustrantes.

La verdad es que todas las citas serán citas que quedarán al debe hasta que encuentres a una persona que de verdad te guste. No hay atajo: todas las citas NO serán la cita donde conociste a esa persona hasta que la conozcas. Hasta esa cita donde sí te encantó alguien, donde sí pensaste en tener una segunda, tercera y cuarta cita. Una vez más, con una comparación: salir en citas es como ir al casino, cada vez que juegues estarás “perdiendo” hasta que finalmente ganes. Pero todos sabemos que nadie va al casino asegurado, que lo entretenido es la posibilidad de ganar. Sabiendo que lo que buscas -un compañero de vida a corto o largo plazo- es específico, es evidente que no será “ganar” todo el rato. Puede ser latero y desgastante y está perfecto tomarse descansos de salir en citas y enfocarse en otras cosas. Lo importante es nunca tomarse muy en serio una cita: es solo una oportunidad de conocer mejor a una persona. Y si no te gustó, si no lo pasaste bien, si no hubo onda, ¡perfecto! Sigues tu camino, el otro sigue el suyo.

Otra cosa: como nunca antes, gracias a las apps de dating, la cantidad de gente que podemos conocer se ha disparado -¡y eso es MUY bueno!- pero también tiene un lado contraproducente. El exceso de opciones te hace comportarte de manera diferente, poner el foco y apreciar ciertas cosas de distinta forma. Creo que es bueno mantener tus opciones abiertas hasta que algo se formalice, pero lo importante es no saturarte de opciones y tener las reglas relacionales claras. Pasa mucho que los hombres no se enfocan en 1 sola persona hasta que están pololeando, mientras que las mujeres encuentran a un tipo que les gustó y se encierran en uno. Del choque de esas actitudes salen muchos malos ratos. Transparentar las opciones para los dos lados es bueno: es como entrar a una casa ajena con las luces prendidas versus con las luces apagadas.

LO OBVIO: NO PUEDES PREDECIR EL FUTURO

El hecho de que tu vida haya sido de cierta manera hasta ahora no significa que lo vaya a seguir siendo. El hecho de que hayas tenido relaciones pencas o que hayas estado emocionalmente complicado, no significa que estás condenado a vivir una repetición de tu vida una y otra vez. La vida es impredecible y lo mismo ocurre al revés: esas parejas que han sido tan estables pueden no serlo en el futuro.

Tengo un recuerdo muy claro de haber pensado de esta manera en algún punto: de haberme dicho “¡qué puto sentido tiene seguir saliendo con gente si ninguno me interesa, son todos iguales”. Y en ese mismo momento me imaginé mi vida siendo una continuación de un mal chiste: una repetición de sí misma, de ilusiones que nunca se concretaban. Y empecé a ver a las personas así: como clones unos de otros, como cosas. Y es horrible. No te puedes permitir darte ese tipo de experiencia a ti mismo, no puedes permitirte que tu vida pierda entusiasmo, que las personas pierdan tridimensionalidad, que lo que imagines y temes le quite vitalidad a lo que hay.

Somos seres tremendamente cómodos, pero también con una capacidad de adaptación al cambio increíble. Depende de ti cómo lo vives, de cómo estás dispuesto a crear una experiencia para ti día tras día.

ESCUCHA LO QUE TE DICE EL OTRO

Los peores consejos respecto de citas y andantes los recibí de amigas que querían ayudarme cuando me gustaba alguien. Mis mejores amigas, obvio. Les contaba toda la historia, lo que fulanito me dijo, lo que no me dijo, lo que podría haberme dicho, los traumas que tal vez tenía, etc. Y mis amigas trataban de leer entre líneas, en verdad me apañaban: “tal vez le da miedo comprometerse, pero igual le gustas”; “tal vez le encantas, pero no quiere ahogarte”; “dale tiempo”. Suponen, conjeturan y vibran contigo. ¡Eso es lo que queremos que hagan y lo hacen increíble! Uno les pide que ocupen ese lugar de compañeras copilotos en esta aventura y son tremendas.

La verdad es que la mayoría de las veces en las que los hombres con los que salía me decían “estoy complicado” o “no sé” o “no quiero nada serio” era porque realmente estaban complicados, no sabían o no querían nada serio. Jajaja. Si hubiese entendido esto ANTES. Nada de leer entre líneas: cuando alguien te dice que está complicado es tu mejor señal de que tienes que salir de ahí lo antes posible, porque la complicación puede ser eterna, durar indefinidamente, y tú no puedes estar sujeta a la complicación mental de alguien más. Tu tiempo es más valioso, tu amor y afecto es más valioso. Encuentra a alguien que honre eso de ti.

TIENES QUE SABER LO QUIERES

Esto es TAN importante, pero tan mal interpretado. Recuerdo que me cayó la teja sobre esta idea gracias a Taylor Swift (sí, yo también siento mucho que ella sea mi referente en este tema en particular jaja. Si hubiese dicho “leyendo a Foucault” quedaría como mucho más clever, lo tengo claro jaja), pero la frase que vi de ella me hizo sentido. Decía: “cuando me imagino la persona con la que quiero estar no pienso ni en su carrera ni en cómo se ve. Me imagino cómo me sentiré cuando esté con ella”. Y acá explotó todo en mi cabeza: hablamos tanto del checklist, de las condiciones que queremos que cumpla la persona con la que queremos construir una vida. Es lógico que esa desviación del pensamiento suceda: fantaseamos con el tipo de vida que queremos construir y es sencillo caer en la lógica de “para lograr X, Pepito debiese cumplir con estas características”. Nombramos atributos que nos parecen importantes, esperando que la persona que llegue calce con ellos y luego en la cita o encuentro comienza la ronda de preguntas e interrogatorio. Qué manera menos generosa de enfrentarse al otro, de disponerse a conocerlo: viendo si se ajusta a una idea.

Y Taylor tiene razón. Lo que a mí me hace más sentido es enfocarme en cómo me siento con esa persona, no en si cumple con un estándar. Y cuando entro a conocer a alguien en esa sintonía, entonces hay cosas que no estaban en el checklist que descubro y me encantan y que nunca hubiese sabido que iba a valorar.

TATÚATE ESTO EN LA FRENTE: LÍMITES, ESTÁNDARES, VALOR

Cuando ya sabes lo que quieres, no te sirven todas las micros. Pero al mismo tiempo, es difícil si has tenido relaciones complicadas -de poco amor, de trato indiferente o ambivalente- saber por dónde partir, ¿cuál es el desde? ¿Qué es aceptable y qué no?

Hay una cosa muy mierda que hacemos y es que a veces consideramos que el desde tiene que ser en base a lo que hemos tenido. Como si no nos mereciéramos más que lo que ya ha habido. Esto es atrozmente dañino, porque si has tenido relaciones pencas, puedes quedarte mucho tiempo pegado dando vueltas bajo esos mismos patrones. Cuando buscamos pareja tenemos que atrevernos a soñar con que alguien nos quiera como nunca antes nos han querido. Tenemos que soñar -aunque sea difícil de imaginar- que conoceremos otra manera de amar, de vincularnos. Tenemos que poder desear tal vez lo que nunca hemos vivido: una relación honesta, con proyección, sana.

Es muy frecuente sentir la tentación de “venderse con descuento”: conformarse con recibir menos que lo que de verdad queremos. El asunto es este: si tú estás dispuesto a, por ejemplo, ser la alternativa -la que llaman a último minuto, la que suple otras ausencias- vas a seguir ocupando ese lugar hasta que cortes ese comportamiento. Hasta que ese trato te parezca inaceptable.

Digo que es tentador porque si estás el viernes en nada y te llaman a las 10pm para juntarse, puede ser mejor que nada, ¿cierto? Pero lamentablemente no. La única manera de demostrar tu valor es poner límites: conocer tus límites, saber cómo quieres que te traten. Y si bien a las 10pm puede ser entretenido, en vez de estar solo, claramente lo que te están comunicando es que ahí no hubo planificación ni consideración de tu tiempo. Un montón de veces acepté esas invitaciones de último minuto, pero internamente siempre me sentía un poco incómoda: sabía que estaba cediendo por el otro, dependiendo de su decisión errática, de sus ganas o de su inspiración de último minuto. Cuando empecé a exigir el tipo de trato que quería, las cosas empezaron a cambiar.

Otra cosa: tus gatillantes / límites no son los mismos de los del resto, y por eso es súper importante que sepas cuáles son los tuyos. A mí me cargan las faltas de respeto vinculadas al manejo de mi tiempo: cancelaciones de último minuto para algo que ya estaba programado -porque encuentro que es pasarse por la raja mis planes y mi tiempo, que es limitado- y también invitaciones de último minuto -porque suponen que mi agenda también depende de entes externos-. La gente puede pensar que esto es exagerado, pero no me importa, porque yo sé que cuando flexibilizo esos límites lo paso mal, porque me siento pasada a llevar, así que no lo hago y no lo permito. ¿Cuáles son los tuyos?

*

Espero que esto haya servido de algo. Probablemente a los que tienen más carrete en el cuerpo no les sea taaan útil, pero ojalá a alguien más le sirva (y si no tal vez se lo pueden mandar a alguien). Mi yo del pasado está en paz después de escribir esta columna, jaja.

Pd: Estoy tan metida en esta onda de relaciones y autoexploración que decidí empezar a dictar un ciclo de talleres para examinar nuestros vínculos. El primero lo haré el 29 de enero, a las 8pm. Cuesta $30.000. Si les interesa, escríbanme.

Ya, ahora sí: cambio y fuera.

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