LOS VERBOS MÁGICOS

Hay un ejercicio que descubrí a través de Esther Perel que últimamente he estado usando en terapia y que consiste en preguntar: de los siguientes verbos, ¿con cuál te sientes más cómodo y cuál te gustaría expandir?

  • Pedir
  • Dar
  • Recibir
  • Tomar
  • Rechazar / rehusar

Perel dice que así como hay que aprender a conjugar ciertos verbos esenciales para poder hablar un idioma, también tenemos que practicar estos verbos relacionales básicos para sostener una relación o incluso cuidar nuestras amistades. Estos verbos son útiles en todo contexto: desde intercambios diarios funcionales hasta cómo te relacionas en la cama. Antes de seguir, responde el ejercicio: anota qué verbo es el que te sale más natural, cuál te gustaría expandir, cuál te incomoda. Piensa en tu familia y gente cercana: qué verbos serán los más propios de ellos?

Ahora sí.

PEDIR

Damos por descontado pedir, pero es esencial. Puedes pedir ayuda, sugerencias, consejos, o acciones -desde que alguien lave los platos hasta que te hagan sexo oral, pasando por que te comuniquen ciertas informaciones o que ciertas cosas pasen con más, menor o ninguna frecuencia-. Pedir asertivamente es señal de confianza, de cooperatividad mutua y de intimidad: cuando alguien te pide un favor valida el vínculo que ambos tienen y lo refuerza.

El pedir también permite que los otros puedan solicitarte cosas a ti también: entras en un contrato social que, si es honesto, aumenta las posibilidades de interacción placenteras entre las partes. A veces incluso pedimos ayuda para hacer sentir bien al otro: señalando que lo necesitamos, que apreciamos su conocimiento, talento o experiencia.

Ahora, pedir también puede establecer una relación de poder respecto del otro. Una persona que solo pide y no es muy buena para dar, puede terminar abusando. Una manera dañina de pedir es ser coercitivo –“yo lo hice por ti, así que a ti te toca”- o amenazar –“si no lo haces, entonces…”-. Una cosa es pedir, otra es exigir: al exigir no consideramos que podemos recibir un no por respuesta, restándole opciones al otro y normalmente poniendo en cuestión la relación si la respuesta es negativa.  Las cosas que los otros hacen por nosotros debieran ser consistentes con sus valores e identidad, no porque se sienten obligados.

Dependiendo de cómo creciste y qué mensajes internalizaste, te pueden pasar estas cosas :

  • puedes sentir que pedir es abusar en cierto grado de la confianza del otro, o que pedir es lo mismo que exigir.
  • puedes creer que pedir te deja en mal pie -debiendo un favor- o que te hace ver como incapaz o dependiente.
  • Hay gente que entra en una trampa lógica del tipo “es que si se lo pido y luego lo hace, no lo va a hacer espontáneamente, lo va a hacer solo porque se lo pedí y yo quiero en realidad que se le ocurra a él/ella naturalmente, sin tenérselo que pedir” (autosabotaje y sabotaje relacional).  Entonces esperas que la gente te ofrezca lo que quieres o te lea la mente, porque no te permites pedir, y cuando eso no pasa, lo pasas mal.

Todas estas creencias negativas -que se replican en los otros verbos también- son trabajables y solo hablan sobre cómo aprendiste a vincularte con los otros, no determinan tu futuro, pero acarrearlas encima sí genera mucha fricción innecesaria.

Entonces: ¿qué necesitas? ¿Eres capaz de formularlo y comunicarlo?  En vez de decirle al otro lo que no quieres o desilusionarte o frustrarte cuando no cumplen lo que esperas -pero que nunca pediste-, ¿puedes decir afirmativamente lo que sí quieres y necesitas?

DAR

Algunos nos sentimos cómodos dando tiempo y atención, prestando la oreja a los amigos o familiares. Otros se sienten felices entregando cosas materiales: haciendo regalos, preparando comidas, ofreciendo algo para tomar. Otros son de los que dan datos, tips, referencias: entregar información también es una forma de dar. Otros son cariñosos físicamente, y esto también es dar.

Dar implica reconocer al otro y hacer el ejercicio de ponerse en su lugar. También implica cierto grado de creatividad: se me tiene que ocurrir lo que el otro puede desear, aunque no sea lo mismo que yo quiero.

Para dar genuinamente tengo que considerar la posibilidad de que lo que quiero dar sea rechazado, pero no por eso menos valioso. Para dar tenemos que sentirnos abundantes y seguros de lo que estamos ofreciendo: una mentalidad precarizada pocas veces puede dar, y cuando lo hace, lo hace a su pesar.

Algunos dan en exceso, para obtener afecto o favores de los demás. Sienten que si no dan, no serán apreciados. En este dar continuamente, se abandonan a sí mismos (es decir, se vuelven egoístas con ellos, generosos con los otros a costa del propio valor). Esta transacción tampoco es sana.

Si creciste en una casa donde sálvese-quién-pueda, tal vez te cuesta dar. Tal vez crees que la gente tiene que hacer algo por ti para ganarse tu generosidad, en vez de entenderlo como un gesto desinteresado, abierto, amable. Puede ser que hayas crecido aprendiendo a contar los gestos, como si dar tuviese que ver con reciprocidad, jugando al empate, temeroso de los desequilibrios, guardando rencor cuando el otro no corresponde. Si crees que no tienes mucho que entregar o si crees que no va a ser valorado, entonces te va a costar más dar.

¿Eres generoso? ¿Te gusta darle placer y alegría a los otros? ¿Puedes dar sin esperar nada a cambio? ¿Notas oportunidades para dar y eres capaz de tomarlas? ¿Qué necesitas darte a ti mismo y a los otros?

RECIBIR

Recibir es la contraparte de pedir del acto de pedir, y también lo es del dar de los otros. Para recibir con el corazón abierto tenemos que sentirnos merecedores. Al recibir, completamos el círculo, sellamos la alianza, el que da recibe también el agradecimiento, la satisfacción del recibidor.

Recibir es en parte apreciar: ser capaces de reconocer lo que los otros nos están entregando y también lo que somos. Es difícil recibir si nos sentimos poca cosa, si creemos que no merecemos lo que nos están entregando o si creemos que lo que nos dan condicionará una respuesta o acción de nuestra parte. 

Cuando recibes un regalo, un halago, una declaración de afecto, ¿cómo se siente tu cuerpo? ¿Sientes relajo o se te aprieta la guata?  

Uno de los bloqueos relacionales frecuentes es no poder recibir. Por ejemplo, alguien puede sentir que tiene mucho amor para dar, pero sentirse bloqueado al momento de recibirlo: es como si el otro les regalara un juguete alienígena, no saben qué hacer con eso.

Tampoco tiene sentido recibir favores que no pediste  (en especial si son cosas que no quieres ni necesitas y que después igual te hacen sentir en deuda, que te hacen sentir incómodo o que tienen un costo personal muy alto). Es importante poner límites sobre qué queremos recibir y qué no.

También recibir implica soltar el control: cuando damos, el control está en nuestras manos, cuando recibimos mostramos un lado más vulnerable.

 ¿Puedes recibir lo que se te ofrece, desde ayuda a halagos? ¿Dices gracias en vez de menospreciar lo que te dan? ¿Valoras lo que los otros te dan, aunque no sea exactamente lo que quieres? ¿Dejas que los otros te ofrezcan lo que pueden dar sin miedo, sin llevar la cuenta o sin sentirte inferior? ¿Puedes recibir la generosidad de otros? ¿Qué necesitas recibir de ti mismo y de tus amigos o pareja?

TOMAR

¿Puedes tomar lo que necesitas sin esperar que los otros te den su permiso o te lo ofrezcan, y al mismo tiempo sin violentarlos?  (por ejemplo: reclamar un tiempo para ti solo, buscar la atención del otro cuando lo necesitas) ¿Puedes identificar lo que se siente bien y buscarlo asertivamente? ¿Qué necesitas tomar que sería importante para ti y tus relaciones?

Tomar tiene que ver con ser capaz de proporcionarte a ti mismo lo que necesitas. Se relaciona con cuán en sintonía estás con tus necesidades y deseos, pero también con cuán al tanto estás de los límites del otro.

Si tomas solo respondiendo a tus necesidades, sin considerar las del otro, puedes pasar a llevarlo, a violentarlo o a abusar. Si nunca “tomas”, entonces te puedes violentar a ti mismo. Tomar tiene que ver con nuestros propios límites, con nuestra capacidad de proporcionarnos lo que necesitamos. Si somos demasiado pasivos, no podemos tomar. Tomar implica moverse hacia lo que deseamos o nos hace falta. (Acá evitar chistes alcohólicos, por favor jaja).

Si con frecuencia te sientes sobrepasado, si tus tiempos lo disponen los otros, si tu tiempo libre está sujeto a deseos ajenos, quizás te falta ejercitar más tu capacidad de tomar.

RECHAZAR

Perel dice algo muy bonito: “si nunca has tenido la libertad de decir no, entonces nunca has tenido permiso para decir sí”. Rechazar es un movimiento opuesto al tomar: tiene que ver con proteger los propios límites, con resguardarse. En el rehusar hay una selección más intencional, un contrarrestar. Si nunca rechazamos, podemos acabar agotados: los otros nos pueden pedir hasta que se aburran, o nos pueden dar cosas que no queremos, entrampándonos.

¿Te sientes cómodo diciendo “no” a tus amigos o pareja? ¿Sientes un pequeño vértigo al decir no? ¿Temes que al rechazar algo se quiebre? ¿Eres capaz de rechazar lo que te hace sentir mal? ¿Eres capaz de rechazar cuando la respuesta no es un sí entusiasta? ¿Sientes temor de perder algo de ti al decir no?

Rechazar es poderoso. Aprender a decir “no” es hacerle un favor a los otros -para que cuiden mejor sus recursos, para que puedan dar a otros-, y también a nosotros mismos. No todas las ofertas son deseables, no todas las salidas son aventuras que quieres vivir. Aprender a rechazar puede ser una oportunidad para delinear el camino de quién queremos ser, independiente del discurso de todo ahora, todo ya.

*

Pedir, dar, recibir, tomar, rechazar. Todas estas acciones tienen que ver con tus límites y los de los otros, y con tu propia sensación de merecimiento. ¿Cómo podría verse tu vida si pudieras actuar con propiedad esos distintos verbos?

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