Falacias de control

Pasamos demasiado tiempo preocupados sobre cómo controlar cosas sobre las que no tenemos ningún poder.

De hecho, desde la psicología cognitiva, al error de pensamieto continuo y frecuente de este tipo se le llama “falacia de control”. Es una de las tantas “distorsiones cognitivas”: patrones de pensamiento falsos o poco precisos que tienen el potencial de generar daño psicológico.

La falacia de control se manifiesta de dos formas: 1) creyendo que no tenemos ningún control sobre nuestras vidas y que somos víctimas de nuestro destino, o 2) creyendo que estamos en completo control de nosotros mismos y de nuestro ambiente, incluyendo los sentimientos de los demás.

Ambas formas de pensar son poco precisas: nadie está en completo control de lo que le pasa, y tampoco nadie tiene absolutamente 0 control sobre las situaciones. (Incluso en situaciones extremas, tenemos el control sobre cómo afrontar la situación mentalmente).

A VECES ELEGIMOS UNA FORMA DE PENSAR QUE IMPLICA ABRAZAR UNA FORMA DE SUFRIR. Si creo que la felicidad de los otros depende de mis acciones, si pienso que el que alguien se quede conmigo o no depende 100% de mí, si pienso que es mi responsabilidad hacer sentir bien a los otros, si pienso que tengo poder sobre cómo los demás piensan de mí o de materias que me interesan, me estoy comprometiendo a una sensación de ansiedad continua, a un vértigo donde siempre termino chocando con el suelo.

Podemos influir a los otros? Claro. Podemos tratar al menos. Podemos comportarnos de cierta manera con la esperanza de que el otro lo valore, o que nos aprecie, o que eso lo haga sentir contento. Pero esperar que ese sea el único resultado posible es lo peligroso. Olvidarse de que a veces podemos “hacer todo bien” y que el otro tiene la libertad de reaccionar como quiera, de rechazar o ignorar, de dejarnos colgados. Y ahí comienza el ciclo una vez más: lo único que podemos hacer es chequear con nosotros mismos si eso nos gusta o no, y decidir cómo comportarnos.

Solo podemos controlar nuestra forma de pensar, nuestra forma de sentir, nuestra manera de reaccionar ante las cosas que nos pasan (y obviamente teniendo en cuenta que no hay un control TOTAL porque todavía no somos robots). El resto es del resto.

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