“Lo que no cambias, lo estás eligiendo”

Todos los días elegimos qué ropa ponernos, qué comer, con quiénes hablar, qué ver, qué música escuchar. Estas decisiones van conformando nuestro cotidiano. Por insignificantes que parezcan, son un indicador sobre quiénes creemos que somos, sobre qué queremos para nosotros, sobre qué sentimos que nos merecemos, sobre cómo queremos que nos vean.

Normalmente elegimos lo que ya sabemos que nos gusta. Confiamos en nuestro criterio: esto se llama “proceso de autorreplica” (nos copiamos a nosotros mismos). Andamos en automático, y sirve, porque sería agotador pensar cada decisión.

Pero a veces hay cosas que ya no nos hacen tan bien o no se alinean con lo que queremos. Cambiamos, crecemos, tomamos distintas responsabilidades y lo que decidimos hace 15, 10, 5 e incluso 3 años queda obsoleto. Pero, ¿nos hacemos cargo?

Da miedo examinar estas decisiones porque nos identificamos tanto con ellas: muchos creen que son los libros que leen, la música que escuchan, los hábitos que tienen (fumar, tomar, hacer o no tal deporte). Se aferran a cosas externas como si ahí estuviese su identidad.

Qué loco o no: pensar que nos reducimos a una oferta de contenido o actividades que podemos hacer. Qué poco seríamos si fuéramos solamente las cosas que nos gustan o no. Qué limitada sería nuestra vida si tuviéramos que ser leales a lo que elegimos hace tanto.

Muchos viven con la idea que su historia y las elecciones que han tomado determinan su futuro. En parte es así si se sigue eligiendo lo mismo,: lo que no se cambia, se escoge. Pero lo que olvidamos es que no tiene por qué ser así: podemos cambiar. Podemos tomar otro camino. O podemos afirmativamente meterle 100% más ganas a lo que ya estamos haciendo.

Ahí está la libertad de dejar ir lo que ya no da y lo bonito de tomar compromisos. Los compromisos se renuevan a diario. Que nos hagamos los dormidos es otra cosa. Qué distinto es decidir estar presente, decididir demostrar que lo que estoy viviendo -desde la música que escucho hasta mi relación de pareja, o mi soltería, o mi rol de padre/ madre/ cuidador- es una elección.

“Lo que no estás cambiando, lo estás eligiendo”. Tatúatelo en la frente y al revés, a lo Memento.

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