Aceptar la contradicción (“both/and”)

Si eres humano, te ha pasado: sentirte confundido por sentir emociones contradictorias, estar haciendo equilibrio entre la alegría y la pena, el miedo y la esperanza. En momentos de cambio es esencial entender la dialéctica emocional, comprender que podemos aunar emociones encontradas y ser testigos de discursos que parecen tremendamente opuestos que, sin embargo, conforman la realidad.

Desde la perspectiva dialéctica entendemos que dos cosas que parecen opuestas pueden ser verdad al mismo tiempo. Una manera sencilla de experimentarlo es en nosotros mismos: somos capaces de sostener emociones y pensamientos opuestos, sin que necesariamente uno anule al otro.

Por ejemplo:

  •  cuando nos atrevemos a hacer algo que no hemos hecho antes, podemos sentir entusiasmo y susto al mismo tiempo.
  • Podemos estar contentos por los logros y situaciones vitales de los otros y al mismo tiempo sentir pena, frustración o envidia por no poder tener lo que ellos tienen (desde tener un trabajo a poder tener pareja o hijos).
  • Podemos sentir orgullo por un amigo que decide atreverse a hacer algo laboralmente osado, y al mismo tiempo dudar de si es el mejor camino y temer que no le vaya bien.

Podemos sentir cosas simultáneamente y, en vez de obligarnos a solamente sentir una de ellas, ser amables con nosotros mismos y permitir que coexistan.

Los cambios, por ejemplo, nos permiten aprender cosas nuevas, ver posibilidades a las que antes no teníamos acceso, pero también implican despojarnos de lo que fuimos. En este dejar atrás esa otra versión de nosotros -por mucho mejor que sea lo que se viene- también puede haber pena, dolor o confusión, y hasta temor a lo que puede pasar, a lo que todavía no conocemos.  

Esto que sucede internamente también pasa a nivel social. Elegimos un equipo de fútbol, un partido político, una forma de pensar el mundo, y nos cuesta mucho entender que otros elijan otro camino. Nos cuesta sostener esta dualidad: que el otro también piensa que su opción, totalmente contraria a la nuestra, es válida. Que el otro no es necesariamente más tonto o inepto por elegir distinto. (Algo deja de ser válido y se convierte en delictual o condenable cuando viola acuerdos esenciales sociales).  

En un artículo publicado en Psychology Today en 2017, Dorothy Firman escribió sobre la importancia de ser capaz de tolerar y sostener el “both/and” (traducible a “ambos/y”, aunque prefiero “esto y lo otro”) en periodos de crisis o estrés. Esos momentos en los que la vida nos pone en situaciones que parecen empujarnos a elegir un bando, a abanderarnos por una posición, a defender una verdad.

Para partir, Firman propone algo sencillo: “¿qué pasaría si pudiéramos ver el partido, alentar a nuestro equipo y al mismo tiempo apreciar las buenas jugadas del otro equipo, valorar la habilidad de los jugadores, vivir la experiencia de ganar o perder con ecuanimidad?”. Es decir, elegir un camino, y al mismo tiempo respetar las preferencias de los que nos rodean, teniendo nuestra propia preferencia, pero sin aferrarnos a ella.

Luego dice: “Vemos deportes para alentar a nuestro equipo. Votamos por la persona correcta, por la mejor persona, por la persona que calza mejor con nuestra historia sobre cómo el mundo es o debiera ser. Y creamos, a lo largo de la vida, la historia de quiénes somos, de dónde calzamos o no, quiénes son los buenos y los malos (…) [Sin embargo] en un mundo caótico y polarizado, a veces no nos queda otra que elegir una esquina, pero no podemos olvidar que esta [esquina] no es nunca la verdad completa”.

Más difícil cuando pasamos del escenario cotidiano al de la política. Firman dice: “A medida que el mundo parece perder el control, somos invitados a, o tal vez incluso se nos requiere éticamente, considerar la mejor manera de avanzar y actuar en concordancia. Muchos lo hemos hecho: hemos tomado una postura, compartido nuestra verdad, desafiado las cosas que vemos como injustas. Bien por nosotros. (…) Pero ¿qué pasa con los otros? Estamos en el mismo escenario y tienen un sistema de creencias completamente distinto. ¿Son los malos? (…). En una versión inocente de la realidad todos nos sentaríamos a conversarlo. En la realidad, terminamos peleando. Pero podemos elegir hacerlo de manera consciente y sabia. Porque tenemos posibilidades, porque conocemos el amor, porque podemos encontrar compasión y aceptación, porque podemos salirnos de nuestra propia historia, podemos vivir en el “esto y lo otro” de la vida y sus dificultades (…) Mientras más profundamente nos conocemos, yendo más allá de historias limitantes y guiones antiguos, más sabios seremos en nuestras elecciones. Nos volveremos más expansivos, siendo capaces de contener todo, aceptando nuestro gran NO saber y aún así presentándonos a lo que sea que se cruce con nuestro camino, siendo más curiosos. Mientras más podamos ver a través de historias, polaridades, certezas, miedos y rabia, más compasivos seremos. Mientras más podamos reunir en nosotros y encontrar nuestra verdad, más podremos hablar y actuar en esa verdad”.

*

Los eventos a los que nos enfrentamos en el día a día nos invitan a abrazar esta complejidad, pero nos resistimos. Cada vez que abrazamos una opción no podemos hacernos los ciegos de que existen otras, pero integrarlo en nuestra consciencia es difícil. Reconocer que dos puntos de vista pueden ser simultáneamente verdaderos y válidos es un caldo de cabeza.

Resulta más fácil ver un mundo blanco y negro, donde los malos son malos-malos, los buenos son buenos-buenos, las cosas son solo positivas o negativas, alguien es brillante o un imbécil, alguien está 100% de acuerdo contigo o es el enemigo, o las cosas se hacen de X forma o no se hacen. Y luego, cuando descubrimos los matices de gris nos decepcionamos, la gente “se nos cae”, pasamos del amor al odio en cuestión de segundos, condena inmediata. Operamos en extremos porque vemos la vida en extremos.

Esperar que las cosas tengan que ser absolutamente una sola cosa -que tengan un solo valor, un solo efecto, una sola interpretación- en un mundo donde continuamente estamos expuestos a matices y generándolos no es no solamente ingenuo, sino también cruel. Es exigirle a la realidad algo que en sí no tiene. Es imponer un estándar que nunca podremos cumplir, ni como individuos en nuestra propia experiencia ni como sociedad donde hay múltiples vivencias tan válidas unas como otras.  Lograr generar cambios reconociendo la dignidad de las personas -de todas, incluso de los que piensan distinto a ti- tomando una posición y al mismo tiempo actuando desde el amor es lo que permite avanzar.

Para explorar: ¿qué lugares de contradicción emocional hay en ti? Aceptar y abrazar la totalidad de ti mismo abre la puerta para aceptar la totalidad de los demás.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: