La expectativa de los padres

Las cosas que hacemos por amor: algunos crecemos creyendo que la única manera de querer a los otros es cumplir con sus expectativas. Partimos con nuestros padres, y si no lo hemos sanado, repetimos con nuestras parejas y amigos.

Convencidos, tratamos de seguir el camino que nuestros padres se imaginan para nosotros. Así, pensamos, nos ganamos su amor: cumpliendo con lo esperado.

A veces a mitad de camino nos sentimos confundidos y desilusionados por encontrarnos en una encrucijada a pesar de “haber hecho todo bien”. Dudamos: o empezamos a seguir nuestro propio camino y cargamos con la sensación de traición a nuestros padres o nos quedamos ahí y nos traicionamos a nosotros mismos?

Para salir de esta trampa mental tenemos que entender que:
1) no somos responsables de las expectativas de los demás y que 2) las expectativas de los otros tienen más que ver con ellos que con nosotros.

Los padres pueden proyectar en nosotros una vida que no se pudo o no se alcanzó a vivir, o una vida idealizada: más correcta, más “feliz”, más ambiciosa o “relevante” (según sus parámetros personales). También pueden proyectar en los hijos el tipo de historia que a ellos les gustaría contar sobre su hijo/a, o las cosas que ellos imaginan que a ti te harían feliz.

Podemos entender a nuestros padres si también recordamos que ellos son hijos y que, si no han hecho la pega de tomar consciencia, son esclavos de sus propias historias, heredadas o impuestas.

Podemos tener una mirada compasiva: entender que todos hacemos lo que podemos con las herramientas y conocimiento que tenemos, y al mismo tiempo, que eso no es excusa suficiente para la crueldad, la violencia o el descriterio.
Que somos responsables de nuestras acciones.

Desde el momento en que ponemos límites y podemos separar los deseos de los otros de los nuestros,
podemos vivir más en paz.

No es nuestra responsabilidad compartir el mismo punto de vista que nuestros padres, ni tenemos que vivir una vida de acuerdo a sus valores. Podemos no ser responsables de esto y al mismo tiempo quererlos, preocuparnos de ellos y valorarlos.

Podemos tomar nuestro propio camino y hacerlo conscientemente: no como una mera rebelión o conducta reactiva a ellos, sino buscando lo que es genuino para nosotros. (Hay poca libertad en la oposición gutural, en la reactividad o negación).

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