Culpa versus vergüenza

Según Brené Brown hay una diferencia importante entre la vergüenza y la culpa. La culpa sería una respuesta normal, adaptativa y útil a determinadas situaciones en las que hemos hecho o dejado de hacer algo que contrasta con nuestros valores y genera una sensación de malestar psicológico. Se centra en nuestros comportamientos.

La vergüenza, por su parte, se centra en el sí mismo. Es una experiencia dolorosa que consiste en creer que somos defectuosos y, por lo tanto, no merecemos ser amados ni pertenecer. Sentimos que algo que hemos experimentado, hecho o dejado de hacer implica que no valemos la pena. No tiene un lado positivo: es, más bien una fuente de comportamiento destructivo y dañino, ya que el miedo a la desconexión con los otros nos puede volver peligrosos.

La culpa nos ayuda a estar en contacto con la forma en que nuestras acciones afectan a los otros. Aunque por sí sola no es suficiente pra reparar: podemos estar hundidos en culpa y paralizarnos. La idea es que opere empujándonos a actuar: corregir, enmendar o disculparnos.

La verguenza tiene un carácter más corrosivo. Es un sentimiento doloroso de humillación o estrés causado por la conciencia de haber realizado un comportamiento (real o imaginado) erróneo, tonto o inmoral. Se centra en nosotros y en cómo creemos que nos ven los otros. Pensamos que “somos así” -defectuosos, malos, tontos- y no se nos ocurre que podemos cambiar.

Si la culpa dice “cometí un error” la vergüenza dice “soy un error”.

Esto es importante porque la forma en que nos hablamos a nosotros mismos delinea nuestro comportamiento y relaciones. La vergüenza está altamente relacionada con la agresión, adicción, depresión, suicidio, bullying y desórdenes alimenticios. La culpa -que separa quiénes somos de nuestras acciones-está inversamente relacionada.

Qué le estamos enseñando a sentir a nuestros hijos, sobrinos y nietos? Qué tipo de discurso les estamos ayudando a instalar en sus cabecitas? Y en nosotros mismos? Con nuestras parejas y amigos? Mientras más seamos capaces de hablar de cosas vergonzosas con personas que no nos juzguen ni nos aconsejen, ni dramaticen, menos vergüenza sentimos. La vergüenza pierde su poder.

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