¿Qué te gusta?

Ayer publiqué un post de Reddit en el que se hablaba de peticiones sexuales “raras” (la palabra es “bizarre”, pero en español no tiene el mismo sentido). Pensé mucho en esa palabra: “raras”, “extrañas”, “infrecuentes”… ¿”extraordinarias”?, ¿”anómalas”?, ¿”excepcionales”? ¿Qué hace que una petición sexual se vuelva rara? ¿Qué sería una petición normal? ¿Dónde está la línea?

Creo que todos podemos recordar algún momento en que alguien nos propuso algo que el otro pensaba que era sexy  y que a uno lo dejó como WTF. Es heavy el nivel de confianza o seguridad en uno mismo que hay que tener para plantear que queremos hacer algo con alguien, porque prácticamente es pedirle que se nos suba al carro y que participe en eso que nos calienta. Hablar de sexo abiertamente es difícil por este mismo motivo: porque depende mucho de con quién hables hacia dónde termine yendo la conversación. Para algunos tus deseos van a ser osados, para otros vas a ser cartucho. Hablar de sexo con una pareja o con alguien que nos interesa es más peludo todavía, porque a pesar de toda la actitud de “acéptame como soy” y “es lo que hay”, también queremos proyectar una cierta impresión en el otro, que les gustemos, no sentirnos juzgados.

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Hay tantas cosas que damos por sentado que le gustan a todo el mundo y tantas otras que nunca se nos ha ocurrido pensar que pueden ser excitantes o placenteras. Es una conversación que hay que tener, pero en la que hay que ir con cuidado, de todas formas. El “¿qué te gusta que te hagan?” puede terminar en demasiada información específica innecesaria. Muy distinto que te digan “me gusta el sexo más duro, con cierto grado de violencia controlada, que me tomen de las muñecas o que me amarren” a que te digan “con mi ex lo hacíamos en el suelo, nos turnábamos para amarrarnos y me gustaba especialmente porque él era súper alto y grande, era como tirar con un oso”. Y si bien a la base está quizás la misma información clave, la anécdota detallada puede resultar un poco amenazante. Por muy resuelto que uno ande, el espacio que se genera cuando tenemos sexo nos deja súper expuestos, y eso veces da susto. ¿Estaré a la altura? ¿Funcionaremos bien? ¿e gustará si hago X o Z? Si bien lo ideal es ir con una cabeza menos neurótica para poder pasarlo bien, negar que todas esas ansiedades están ahí es medio contraproducente.

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Una de las cosas que encuentro más entretenidas del sexo es ir descubriendo con la otra persona cosas nuevas que a los dos nos gusten, y también las diferencias: hay cosas que a mis parejas les han gustado que a mi no me interesan nada, y al revés. La gracia está en cómo resolverlo, identificar qué es lo que está a la base, llegar a eso mismo de otras maneras. Creo que en realidad lo que buscamos con el sexo son sensaciones y conectarnos con nuestras emociones desde el cuerpo. Entonces una práctica sexual es solo un vehículo para encontrar eso que andamos buscando: esa emoción, esa sensación. Así que la pregunta no puede ser solamente “¿qué te gusta que te hagan?”, sino que tiene que llevar otra de la mano: “¿por qué?”. Ejercitar la curiosidad para descubrir la cabeza del otro.

Un ejemplo sencillo: muchos hombres dicen que les gusta que les hagan sexo oral. Ok, vale, pero ¿qué más? ¿Por qué? ¿Qué es lo que te calienta específicamente de ese acto? ¿Lo que te gusta es la sensación física -el foco en una parte específica de tu cuerpo, cómo se siente la lengua, las distintas presiones y succiones- o tal vez lo que te gusta es sentir que dominas al otro o que el otro está a tu disposición? ¿Una combinación? ¿Te gusta que te hagan sexo oral estando tú de pie y el otro de rodillas o prefieres tendido? ¿Por qué? Y así. Entonces, tomemos el caso hipotético, pero no tan infrecuente, de que a la pareja no le guste hacerle sexo oral al gallo. ¿Se murió todo o qué? No po: ahí yo creo que hay que ponerse creativos: ¿de qué otra manera hacerlo sentir esas sensaciones? ¿Por qué caminos ir? Hay gente que prefiere hacer el favor y eso también está bien -ceder, dale, qué tanto-  pero creo que esa es la salida fácil: hay que ponerle cabeza al sexo, encontrar caminos que permitan confluir. Las prácticas sexuales son vehículos para lograr algo que nos gusta sentir. Así como hay distintos tipos de autos y todos sirven para llevarte a alguna parte, hay que encontrar el tipo que más te acomode, con el que te sientas pleno, seguro, y porqué no, suertudo.

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Por otro lado, están las fantasías: hay algunas fantasías más comunes que otras y creo que en general las fantasías son una llave para conocer mejor al otro. De repente son tan tabú que terminan siendo una oportunidad silenciada. Por ejemplo, es muy frecuente que las mujeres quieran hacer role-playing de violaciones o abusos. Los motivos por los que eso pasa pueden ser muchos, pero el hecho de crear o recrear una situación amenazante en un espacio controlado, seguro, donde la que decide es ella, es empoderante -es un juego, se puede resolver la situación de una manera no-traumática, etc-. Hay un montón de hombres a los que esto los asusta (y con razón, porque a veces la cosa se puede poner medio fea), pero que en vez de acoger ese deseo se bloquean. Una cosa es no querer practicarlo, pero otra cosa es no mostrar interés en por qué esa fantasía emerge. Conversándolo hay más posibilidades de que lo pasen bien, de que baje la ansiedad, de que lo que hay en la cabeza del otro no quede aislado.

Con las fantasías, igual, hay que tener cuidado. Creo que hay que al menos tener claros los propios límites, entender en qué juego estamos dispuestos a meternos, cómo queremos que nos traten, cómo queremos sentirnos. Y si algo no te acomoda, decirlo: que al otro le guste y a ti no no es terrible. Lo que sí es terrible es sentirse pasado a llevar.

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Hay algo oscuro en cada uno de nosotros. Hay deseos que nos dan un poco de vergüenza, fantasías que son más o menos inexplicables. Creo que una manera de hacer que esos deseos o miedos tengan alguna salida es a través del sexo y de las fantasías sexuales. Hay un camino transitable que tiene que ver con explorar esos deseos sin tener que actuarlos en la vida social. Estando protegidos, con otro que dice “ya, dale, hagamos como si”. Te banco.

Personalmente prefiero que a mis parejas se les corra un poco el tejo con las propuestas y las ganas de hacer cosas y que la negociación sea desde las posiblidades, no desde la restricción. Encuentro muy difícil dar saltos de apertura desde el “jamás”, aunque es bueno tenerlos definidos. Y acá vuelvo a lo de Reddit: una manera de poner la conversación sobre la mesa es tomar las experiencias de los otros y hablar sobre ellas: ¿harías algo así? ¿te excitaría algo así?

Comienza el finde. Aprovéchalo para conversar (y tirar).

 

Lo que no te quitan

 

Te prometo que lo que te voy a contar tiene que ver contigo al final, pero es engañoso porque parte por algo que me pasó a mí. Entonces, aguante pues.

 Vamos.

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Estaba corriendo con tacos en medio de la calle persiguiendo al mesero. Honestamente, a pesar de que soy muy buena corriendo con tacos -y bailando, cof cof-, no es mi actividad preferida. Esto fue justo antes de llegar con poco aliento a la esquina de Pedro de Valdivia donde está el Schopdog y ser alcanzada por el administrador que me dijo -cito-: “Hace mucho tiempo que no corría así”. No fui tan rápida como mi pololo que pasó corriendo a mi lado y me sacó ventaja -y que después dijo; “Son los años de fútbol, puro cardio”-. Y fue también un poco antes también de que llegara corriendo, luego del administrador, otro que había estado sentado en la mesa. Y repito: no es que lo hiciéramos por deporte. El mesero, el adminsitrador, mi amigo-conocido, mi pololo. Yo. Gente corriendo en medio de la noche.

No sabíamos exáctamente a quiénes estábamos persiguiendo ni hacia dónde habían ido. Una de las chicas que estaba sentada en nuestra mesa me había mirado con un poco de pena -tal vez la pena que se siente cuando uno tiene que dar una mala noticia- y me había dicho: “Vero, yo soy súper desconfiada, pero ¿por qué no revisas tu cartera y tu chaqueta?”. Mi chaqueta estaba, mi cartera no. Luego de diez segundos de no creerlo y revisar debajo de la mesa y mover la silla como si fuese a aparecer por arte de magia, correr. Correr. Correr. Correr. Y después de correr, volver a la mesa enojada -iba todo tan bien, puta la wea, ladrones de mierda- hasta que un amigo me dijo: “Vero, pero tranquila, son solo cosas”. Y ahí me di cuenta de que no se habían llevado solo cosas. Y luego llorar (que tampoco lo hago por deporte, pero pucha que me sale bien). Llorar con mocos y lágrimas y maquillaje corrido y vergüenza.

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Voy a partir por la vergüenza: esa sensación que te da ganas de desaparecer, de no existir. Sentí vergüenza por dos cosas:

  • Por que cuando alguien te violenta o vulnera, sospechas que es porque hay algo en ti que se lo permite. Que te eligieron por pajarona, por pava, por débil, por la forma en que te ves y la forma en que te mueves. Que es un poquito tu culpa porque tal vez a otra persona no le hubiese pasado: se hubiese dado cuenta antes o ni siquiera la hubiesen elegido, porque esa persona andaría más alerta por la vida, más imponente. Y tú, en cambio…
  • Porque me sentí expuesta. ¿Por qué tenía yo que estar llorando en medio de un bar? De todos los lugares en el mundo para llorar, creo que en medio de un bar es súper penca. Top 10, de todas maneras. (Hay lugares peores, como en una entrevista de trabajo –been there, done that, pero esa es otra historia).

Vergüenza, porque te sientes ridícula, impotente, idiota.

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Voy a seguir con el robo: no de la cartera, sino de un par de cosas más.

Primero: me robaron una medalla de mi abuelo (los que me conocen saben lo importante que era).

Luego, cuando lo hablé con mi pololo le dije que sentí que me habían robado un poquito de dignidad. Pero después pensé, no po, lo que me da rabia e impotencia es que se hayan robado un momento. Se robaron un momento bonito y lo transformaron en un drama que giraba en torno a mí y mis mocos. (Y sí, quizás ahí se te escapa un poco de dignidad, entre el hipo para hablar y los ojos hinchados).

A medida que pasaron los días sentí no solo que me robaron un momento -ese momento específico que pasó de ser una noche relajada y entretenida de conversa, a transformarse en una de angustia-, sino que también se robaron momentos del futuro: tuve que hacer trámites, dejar de hacer cosas para hacerme cargo de lo que me habían hecho, hablé de esto con gente en vez de hablar de otras cosas.

Tiempo. Se robaron tiempo.

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Ya, y acá va lo que creo que puede tener que ver contigo porque seguro alguien también te ha pasado a llevar, te ha agredido o violentado. No me quiero poner rosa, pero algo de rosa sí, porque es heavy cómo en los peores momentos ves las cosas importantes.

Pienso en la medalla de mi abuelo y en lo urgida que estaba de que algún día se perdiera. En cómo me preocupaba de seguir cuidándola -cuidándola tanto que la llevaba en la billetera para verla todos los días, asegurarme siempre de que estaba ahí-. Pero ahora que no tengo la medalla puedo volver a concentrarme en mi abuelo. ¿Me gustaría tenerla devuelta? Claro. Pero, ¿es tan grave? Tengo tantas cosas de mi abuelo -entre fotos y corbatas y hasta clips (siempre tenía un montón de clips y cuando se murió no tuve el corazón para botarlos, entre otras cosas jaja)- y tantos recuerdos que si lo pienso, soy multimillonaria abuelísticamente. Él era y es tanto más que una medallita. Bye-bye, medalla; hola, Nonno.  ¿Tal vez a veces es necesario perder algo para volver a centrarse en lo realmente importante? ¿Dejar de aferrarse?

Tal vez tú también has perdido cosas, te han quitado cosas. Y sabes qué, he estado pensando que hay gente que te las va a quitar sin saber lo que significan. Sin tener idea de cuánto te va a doler perderlas, ni lo que te costó ganártelas y luego cuidarlas; el tiempo que le dedicaste a llevarlas contigo. El valor que tenían. Hay personas que van a quitarte cosas o dañarte sin dimensionar lo que están haciendo -lo que no las excusa, es solo un hecho, es lo que es-. Hay personas que van a dañarte por deporte, porque tienen la oportunidad de hacerlo. No podemos hacer mucho contra esas personas. Me encantaría decirte que sí: que algún día todos seremos buenos, que algún día no habrá gente de mierda que te va a herir, pero sería una mentira. Una mentira bonita, pero una mentira.

Lo que sí te puedo decir es que además de toda esa gente de mierda a la que le importas un carajo, va a haber también gente bacán. Gente tan bacán que vas a pensar que tal vez no fue tan malo lo que te pasó: que si no te hubiera pasado no te hubieses topado con esas personas. Que hay personas que no van a poder hacer mucho para solucionar tu problema, pero van a quedarse un rato más para acompañarte, para comentar lo que pasó, para decir “puta la wea” contigo, para proponer robar vasos del bar y romperlos en la calle como terapia (no lo hicimos, pero la idea me da vueltas). Hay gente que te va a abrazar y otra gente que te va a hacer reír y gente que le va a bajar el perfil y gente que te va a compadecer un poco y gente que te va a acompañar desde la lata, la rabia, la impotencia. Y toda esa gente se está involucrando contigo de una manera que, si no te hubiese pasado eso que te dañó, tal vez no verías.

 Así que, esto es lo que pensé: que la gente con la que te vinculas tiene que estar dispuesta a correr contigo, aunque no sepan a dónde van ni por qué lo están haciendo. Que las cosas pencas van a pasar y que no es tu culpa. Que tu única pega en esos momentos es darte cuenta que no estás solo, dar las gracias y limpiarte con disimulo los mocos en el hombro de todos los que te abrazan.  Y celebrar.

Cómo elegimos a nuestras parejas – Parte II

En la primera parte, después de mucho porcentaje y tendencia estadística que demuestra simplemente qué tipo de decisiones tomamos, los dejé con dos ideas que podrían explicar por qué las tomamos: ya sea porque el mundo es un espejo interno de nuestras aspiraciones, deseos, ganas, roles que queremos jugar, etcétera, o porque definimos nosotros mismos qué historias, amores, promesas o engaños nos merecemos. Hay, por cierto, varias alternativas más y uno no puede sino reconocer que ahora pasamos del dato/hecho a la elucubración: porque eso es lo que son estas explicaciones: maneras tentativas de entender las decisiones que tomamos. De ahí en adelante, sean o no factibles, calcen, suenen o no muy sensatas, es otro cuento.

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Hablé un poco sobre el online dating y de todo lo positivo que tiene, pero también de lo que falta para mejorar la experiencia. Quiero complementar con un poco más de información. Hay dos aspectos que hacen que el proceso sea poco auspicioso por ahora:

  • Por un lado, hay un montón de información importante que se emplea al escoger y coquetear con alguien en la vida real que queda fuera del formato digital o al menos postergada hasta un encuentro offline -desde los gestos y la expresión facial, el lenguaje corporal y la postura, la estética/sentido del sí mismo, el tono de voz, etcétera- , lo que afecta también en la calidad de la decisión que tomamos, las herramientas que tenemos para definir si vale la pena prestarle tiempo y atención a esa persona;
  • Por otro, algo intrínseco al negocio del online dating: es necesario recuperar la inversión de adquirir un nuevo cliente. Esto significa que si el cliente se demora muy poco en hacer su match, dejará de pagar la suscripción o usar el sitio, lo que no es conveniente para el negocio. Por ejemplo, si el costo promedio de generar un nuevo cliente es de $50.000 -considerando costos de publicidad, fees, recursos invertidos para obtener a ese cliente-, pero la membresía para usar el servicio es de $5.000, entonces sería necesario que para recuperar la inversión por cada nuevo cliente, estos se queden unos 10 meses suscritos, sin lograr un match. Entonces hay un incentivo a maquinar un funcionamiento un poco perverso de uso frecuente: cuando un suscriptor completa su cuestionario y perfil online, la tecnología del sitio los matchea con potenciales parejas compatibles, pero solo uno de los perfiles mostrados al cliente es un match basado en el algoritmo, los otros son perfiles al azar o perfiles falsos. Si el suscriptor no hace click en el perfil generado por el algoritmo y en cambio selecciona uno de los generados al azar, el algoritmo se “apaga” por los próximos cuatro o cinco meses para recuperar el costo de adquisición.

El matcheo algorítmico, como mencioné en el otro posteo, tiene poca evidencia de que funcione efectivamente o que sea superior a otros sistemas. Los sitios no son capaces de predecir (todavía) cómo crecerán y madurarán los integrantes de la pareja ni qué pasará en el futuro ni cómo interactuarán. El online dating sigue siendo un escenario súper novedoso en el que, con más o menos escrúpulos, se testean hipótesis. Hace unos años, por ejemplo, OkCupid que se jacta de tener un buen algoritmo de compatibilidad -con más de 500 preguntas disponibles- testeó en sus suscriptores la predicción de compatibilidad: a personas que no tenían casi nada en común les informó que tenían un porcentaje muy alto de compatibilidad -un 90% compatibles, cuando en realidad tenían un 30% de compatibilidad o menos- y lo mismo al revés. Lo que encontraron -luego de experimentar poco éticamente con sus usuarios- es que la gente solía conversar más si pensaban que tenían algo en común, y aquellos que creían que no tenían nada en común -pero en realidad eran muy buen match- no se daban apenas la oportunidad de conectar.

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Es más o menos sencillo determinar el tipo de persona que nos atraerá, aunque sea solo porque los seres humanos somos bien predecibles. Cuando se dan algunos de los siguientes factores, es posible que la sensación de atracción germine:

-Proximidad: en un estudio reciente de 100 hombres y mujeres americanos, 63 dijeron que se habían enamorado de alguien porque estaba “cerca”. La data indica que mientras más se interactúa con alguien, más atractivo, interesante, inteligente y parecido a nosotros mismos lo consideramos, y por lo tanto, más nos gustan.

– Similares a nosotros: nos gusta -al menos inicialmente, en una primera fase de interacción- la gente parecida a nosotros, que nos espejea, porque nos validan. La gente con intereses similares, orígenes, edades y situación económica parecida suele congregarse en los mismos lugares (o sea, se mueven en los mismos círculos, están cerca el uno del otro espacialmente, lo que liga la similaridad con la proximidad y la familiaridad). Pero, pero, pero: más que entender compatibilidades superficiales, el comprender cómo las personas se hacen cargo de situaciones difíciles es bastante más importante que descubrir que a los dos les gusta jugar tennis. Hay con frecuencia una confusión sobre la importancia de ciertas sincronías, como si los intereses en común fuesen la clave cuando -al menos a mi parecer- son solo un primer indicador superficial. Importa mucho más cómo nos movemos y reaccionamos al mundo. Podemos disfrutar de las mismas cosas, pero por motivos muy distintos.

– Familiaridad o exposición repetitiva: …pero no demasiada. Cuanto más frecuentemente una persona es vista por alguien, más agradable y simpática parece ser esa persona.

-Misterio: el afrodisiaco por excelencia. Alguien de quien sabemos algo, pero no mucho. Alguien que no se nos revele por completo y que el mismo proceso de irla descubriendo sea progresivo.

-Barreras: el efecto Romeo y Julieta o la atracción por frustración: hay un circuito cerebral asociado al deseo y cuando este se frustra, el sistema sigue presionando, urgiendo con foco, energía e incentivos.

Proximidad. Similaridad. Familiaridad. Un poco de misterio y unas barreras desafiantes, pero superables. ¿Cuántas de tus parejas han calzado con uno o más de estas condiciones?

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Una cosa es que alguien nos atraiga, otra cosa es que esa atracción escale a algo más. Parte importante del comienzo del amor es estar dispuestos a que suceda: estar vulnerables a ser flechado. Típicamente nos volvemos vulnerables en periodos de transición, de cambio. Si te cambiaste de ciudad, si te acabas de recuperar de una ruptura o si estás entre situaciones vitales importantes, tu disposición a enamorarte es mayor. Hay un componente químico que lo explica: los cambios producen estrés y otras emociones intensas como ansiedad, pánico, miedo, furia, celos y excitación. Todos estos son sistemas químicos que pueden escalar hacia sentimientos de pasión romántica. Según Helen Fisher hay 4 tipos de personalidad esenciales que reaccionan de manera distinta ante situaciones de estrés, en este caso:

– Los exploradores buscan el cambio, por lo que las situaciones de transición los estimulan;

– Los constructores buscan orden y estabilidad, por lo que cuando están estresados buscan una pareja en la que puedan refugiarse;

– Los directores son salvadores: quieren ser útiles y necesitados en situaciones de estrés.

– Los negociadores se vuelven más emocionales y ansiosos cuando están estresados y tienden a buscar conexiones profundas con otros que los anclen.

Pero si no andamos vulnerables, ¿habría una manera inductiva de potenciar la vulnerabilidad y, por lo tanto, la intimidad? Por supuesto que a un psicólogo se le ocurrió tratar de probarlo. Arthur Aron realizó un estudio en el que establecía una serie de preguntas personales que debían plantearse entre dos extraños. La idea a la base es que un patrón clave asociado al desarrollo de una relación íntima entre pares es una apertura personal escalada y recíproca. El estudio forzaba esa situación planteando sets de preguntas cada vez más desafiantes. El resultado fue que el plantear estas preguntas a lo largo de 45 minutos generaba una sensación de intimidad y cercanía significativa, en comparación con plantear temas livianos o irrelevantes.

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Ok, volviendo a lo que nos atrae de los otros: cuando mencioné las características que la gente desea de sus parejas dejé fuera un resquemor que me ronda cada vez que alguien me describe lo que está buscando: si es que la persona sabe realmente lo que quiere o si, como alumno más o menos flojo al que le toca disertar, está repitiendo lo que ha escuchado, sin entenderlo. No es que no sepa del todo -probablemente algo intuye-, pero lo que repite es una fórmula que no ha interiorizado, que carece de identidad. Las adjetivaciones que solemos darle al tipo de pareja que nos imaginamos en el futuro son tan vagas que prácticamente cualquiera podría calzar. Además, si no somos conscientes de los patrones de elección -en qué nos fijamos y en qué no- puede que acabemos eligiendo una y otra vez el mismo molde. Los elementos que nos hacen acercarnos a alguien con frecuencia no se relacionan con el éxito a largo plazo de una relación: entonces, es importante tener claro en qué nos fijamos y para qué.

Un ejemplo tonto: una cosa es decir que te gusta la gente guapa y otra cosa es decir que lo que estás buscando es alguien que te haga sentir como que estás con la persona más atractiva en cualquier parte, o que disfrutas tal vez que otros admiren su belleza o que lo que te parece más seductor es su presencia -el dominio que tiene sobre su cuerpo y el espacio, que resulte imponente-. Estas derivadas son mucho más reveladoras de qué tipo de “atractivo” estás buscando.

Resumiendo: por un lado, no conformarse con el lugar común, con la definición fácil. Y por el otro creo que la clave es conocernos a nosotros mismos. Mi sensación es que hay harta gente que no ha hecho el proceso introspectivo de 1) definir qué es lo que está trayendo a la mesa y, por lo tanto, entender que hay una reciprocidad de expectativas y 2) sabiendo cómo son, definir el tipo de vida posible que se imaginan para ellos mismos y con quién les gustaría compartirla. (Me parece a veces de una patudez enorme esperar a otro que venga como caído del cielo a resolver cosas que la misma persona no se ha preocupado de hacerse cargo). Poder escoger a la persona con la que queremos estar involucra saber o al menos intuir cómo queremos estar: cómo queremos que nos quieran, qué tipo de atención y afecto estamos abiertos a entregar y recibir, y parte del proceso de conocer a alguien es también enseñarle a querernos.

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La cosa con el dating que es peluda es que hay gente con la que salir puede ser un sueño y todo el periodo del pololeo se vuelve surrealmente bueno, pero que la vida en común, con todas sus bajezas y rutinas, se vuelve un horror. Tal vez el problema está en l }a linealidad que le exigimos también a nuestras parejas. ¿Por qué un buen pololo tiene que ser posteriormente un buen marido?

Vendemos el matrimonio como una continuación del amor verdadero. No lo digo yo, lo dice Joel Achenbach en su ensayo Homeward Bound: “Las personas se envuelven en el amor verdadero como si fuese a excusarlos de hacer un análisis racional de la situación. El amor verdadero significaría que no solo amas a alguien, sino que estás enamorado de la persona, un estado que trasciende la voluntad, que no es intencional ni útil, sino un hecho inmutable de la vida, una condición. La diferencia entre amar a alguien y estar enamorado es la misma que estar arrodillado y ser un enano (…) El amor comienza como un soneto, pero eventualmente se vuelve una lista de supermercado. Por lo tanto, necesitas a alguien con quien puedas ir al supermercado”. Y sigue recomendando que la gente no se case estando enamorada, porque es un estado emocionalmente exacerbado. Sensato. Poco romántico. Pero sensato.

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Todos pasamos por este ciclo cuando el amor se termina: cuestionar qué fue lo que le vimos a ese otro al principio. ¿Por qué lo elegimos? ¿Qué cosas vimos que nos enrollaron en esa historia? La cosa es que hacer la disección siempre es más o menos sencillo, un ejercicio engañoso que nos hace sentir o increíblemente brillantes o irremediablemente estúpidos. Las explicaciones que nos damos después del amor no pueden sino ser lineales: como el historiador abanderado por una parte de los hechos, la historia puede contarse siempre con desprecio, ensalzando ciertos pasajes, omitiendo otros. Todo extremo, todo clarito: buenos y malos asignados como opuestos, sin matices.

Las cosas son más complicadas en realidad y siempre que haya una versión muy lineal recomiendo sospechar. Por lo mismo -por lo difícil que es la tarea del autoanálisis, de no tomar bandos, de ser comprensivo con uno mismo y con el otro- creo que la explicación más sensata es que estamos con las personas que tenemos que estar en ese momento preciso. Basta. Eso es todo. La persona con la que eliges estar*, aunque parezca que te metiste en una película de terror o te desquicie o incluso que te decepcione por mediocre, te está mostrando algo de tu mundo interior que tienes que resolver. (*Excluyendo, obviamente, situaciones de coerción económica o vital).

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Hace muchos años tuve una conversación con un amigo sobre un pololo que yo tenía en esa época. La palabra “irresistible” puede o no haber sido pronunciada con más o menos devoción, lo que generó anticuerpos en mi amigo que me preguntó si me daba cuenta de que esa sensación que yo sentía -amor, admiración, el cosquilleo y la apretada de guata- tenían más que ver conmigo que con él. Es una idea simple, pero acá va, dicha de otra manera: el objeto de nuestro amor y deseo no emana amor y deseo por sí solo, nosotros lo depositamos en él. Otra vuelta más: en sí mismo, ese pololo era un simple tipo con más o menos encanto, con más o menos inteligencia. El que a mí me pasara todo con él no tenía que ver con él necesariamente, sino conmigo: con una disposición a depositar mi amor, mi atención, mis afectos en él; con un buen timing -¿podría haber sido otro sujeto similar a él el que se me cruzara y me habría gustado el otro?- y con una combinación de factores que a mí me parecían atractivos (si él hubiese sido intrínsecamente irresistible, ni una mina le quitaría el ojo. Yo había visto algo en él, y no fulanita. El efecto que él tenía lo tenía en mí, no en todas las demás).

Con lo anterior quiero decir lo siguiente: que hay que hacerse cargo. Hay que hacerse cargo de en quiénes depositamos nuestro amor y deseo, tratar de entender -si nos da la cabeza y somos lo suficientemente honestos- qué vemos en el otro y por qué nos parece atractivo, y comprender que el otro no tiene por qué responder a todas las exigencias que se nos ocurren. La fantasía, el deseo, las ganas, el afecto, son tuyos. Si tú eliges entregarlo a alguien que va a armar una bolita con todo eso y tirarla por el wáter, allá tú con lo que estás dispuesto que le hagan a tus ofrendas. Y lo mismo al revés: si encontraste a alguien que valora tus gestos, honra tu amor, te desea de la manera en que te gusta ser deseado, entonces felicítate por escoger bien, por valorar lo que estás entregando.

Cómo elegimos pareja – Parte I

He estado leyendo un montón sobre qué nos hace conectar con los otros emocionalmente y, en especial, al momento de buscar pareja. Lo que sigue es un resumen de las cosas que he ido descubriendo, un par de ideas y la invitación a pensar y a discutir. Va en dos partes porque da para largo.

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Pretender hablar de atracción, amor y sexo sin caer en la cursilería ni en la cosificación es como tratar de nadar en la arena. ¿Por qué cuesta tanto describir una experiencia compartida por casi todos los seres humanos? Las experiencias con tintes más emocionales, se nos escapan un poco de las manos: ¿en qué momento nos gusta alguien y por qué? ¿en qué momento ese alguien que nos gusta se convierte en alguien que nos encanta y luego en alguien que queremos?  ¿En qué momento el amor se diluye o se transforma en un animal completamente distinto, como el odio o el rechazo?

Me pregunto todos los días el tipo de elecciones que hacemos y las cosas que influencian esas elecciones: ¿por qué te cae bien X, te atrae Z y te aburre Y? ¿En qué nos fijamos?

Nadar en la arena, pero tratar de hacerlo con gracia. ¿Vamos?

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Históricamente conocemos a nuestras parejas a través de nuestros círculos sociales: amigos, trabajo, bares, practicando un deporte o hobby, etc. Sin embargo, desde fines de la década del dos mil el online dating ha venido creciendo de manera exponencial, al tiempo en que el canal “amigos” declina dramáticamente. Hoy tenemos a nuestra disposición apps de dating, sitios de dating y redes sociales para conectar con desconocidos (y no tanto). Es tan así que en un estudio realizado el 2017 se encontró que 20% de las relaciones comprometidas vigentes comenzaron online, mientras que 17% de matrimonios en el último año se conocieron en un sitio de citas. Otro dato que me llama la atención, ya que estamos en estas: las relaciones que comienzan online se demoran menos en llegar al matrimonio, en comparación a las relaciones que comienzan offline: 18,5 meses versus 42 meses.

Independiente de cómo conocemos a nuestras parejas -online u offline-, hay una selección sobre cosas que nos gustan y atraen. Aproximadamente el 60% de las personas señala que los intereses en común son el factor más importante, mientras que el 40% señala que las características físicas son lo más importante. Además, en una primera cita, las personas señalan que se fijan en la personalidad (39%), en la sonrisa y el look (30%), en el sentido del humor (18%) y en la carrera y educación (13%). En 1966 se hizo un estudio que respalda estas cifras y conductas: independiente del nivel de atractivo del propio sujeto, el factor determinante para que un sujeto señale que le gusta la persona con la que salió y si quiere verla de nuevo, es su atractivo físico. La personalidad y la autoestima, medidas con con el MMPI y la escala de autoaceptación de Bergen, y tests intelectuales, no predecían compatibilidad.  (Aronson y Abrahams, 1966).

 Pero, si lo pensamos, “personalidad” o “atractivo físico” es muy amplio. Hay que ahondar: ¿cuáles atributos de la personalidad? ¿Cuáles características físicas?

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Hay dos factores de personalidad que se consideran deseables de manera general, en todo ámbito: competencia y calidez. Las personas competentes -inteligentes y socialmente hábiles- nos parecen más atractivas. Las personas amables y cálidas también. Pero esto no necesariamente se traslada al romance: hombres y mujeres suelen mencionar adjetivos como “amable”, “amistoso” y “con sentido del humor”. Las características que suelen mencionar más los hombres son “comprensiva”, “cálida”, “dulce”, “lista”, “divertida”, “segura” y “tranquila”. Las características mencionadas por las mujeres suelen ser “fácil de tratar”, “sensible” e “inteligente”. Es decir, en ambos casos, parece que nos atrae gente que nos hace sentir bien, cómodos, alegres, que son cálidos, sensibles y divertidos, considerados y comprensivos (y no necesriamente una persona con una habilidad específica o destreza).

En un estudio de 1997 (Mehrabian y Blum) se investigaron las características físicas que hacían que alguien pareciera atractivo, encuestando a alumnos de universidad en EEUU.
Se derivaron 5 factores -de un total de 37 atributos físicos estables y cambiables-

  1. Masculinidad (fuerza, parte superior del cuerpo grande, amplitud de pecho, mandíbula ancha)
  2. Feminidad (cabello largo, maquillaje, ojos grandes y redondeados)
  3. Autocuidado (cuidado general de la apariencia, buena figura, vientre plano, postura erecta, ropas al talle)
  4. Agradabilidad (amistoso, alegre, cara aniñada)
  5. Etnicidad.

Autocuidado, masculinidad (o feminidad) y agradabilidad se correlacionaban positivamente con atractivo masculino (o femenino). En este estudio el atractivo se describió en términos emocionales: los sujetos más atractivos elicitaban una respuesta de placer, más excitación y menos dominancia (o más sumisión).de parte de los otros (algo a tener en cuenta y para reflexionar: una persona atractiva nos atrae, nos hace sentir cosas, no es inherentemente atractiva, es la combinación de ciertos factores lo que nos hace ponernos nerviositos). Las reacciones emocionales, a su vez, mediaban relaciones entre variables independientes (atributos físicos) y variables dependientes (juicio de atractivo).

Lo que me parece más interesante es que hay que poner en cuestión el verdadero nivel de exigencia respecto de estos “requerimientos”. Por ejemplo, cabe preguntarse si la gente que nos cae bien o atrae tiene estas características o si nosotros nos convencemos de que las tienen porque nos gustan. Tal vez las dos cosas pasan.

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Son bien conocidos dos dichos sobre el cómo se forman las parejas: “cada oveja con su pareja” y “los opuestos se atraen”. Está más o menos comprobado que nos atraen personas parecidas a nosotros, con gustos, características de personalidad, clase social, background familiar y educativo, actitudes, metas, hobbies e incluso atractivo físico similar.

Sin embargo, un estudio de 1999 (Mehrabian) que evaluó la satisfacción marital de 166 parejas de entre 20 y 85 años, determinó que los individuos con temperamentos más agradables y dominantes tendían a ser más felices. Adicionalmente, los que tenían parejas más agradables/ amables, eran aún más felices en sus matrimonios. Es decir, el ser agradable (que es una medida general de adaptabilidad) tiende a ser un predictor clave de satisfacción matrimonial. Si bien similaridad de temperamento entre los miembros de la pareja, en términos de temperamento y agradabilidad, se correlaciona positivamente con satisfacción marital, la similaridad resultó ser un predictor débil y engañoso (por ejemplo, dos personas desadaptadas no tienen más posibilidades que una pareja con uno desadaptado y otro adaptado). Los resultados basados en puntajes individuales de temperamento, tratados como variables separadas, proveen de mejores predicciones. Resultados débiles mostraron que los sujetos escogen parejas con temperamentos similares a los de ellos.

*

Ahora bien, la pregunta casi emerge por sí sola: ¿hay atributos universales que determinen la elección de pareja? En un estudio de 2005 de análisis transcultural, Shackelford, Schmitt y Buss se abocaron a determinar las dimensiones universales en las preferencias de pareja de largo plazo. Hicieron esto usando una base de datos con preferencias de más de 9000 participantes:  4499 hombres y 5310 mujeres de 37 culturas, a lo largo de seis continentes y cinco islas, reuniendo data desde 1945 a 1989.  El rango de edad fue de 17 a 30 años, tanto en hombres como en mujeres, y 86% de ellos no estaban casados. Se identificaron 4 dimensiones universales, comunes tanto para hombres como mujeres:

  • Amor vs Estatus/ Recursos
  • Confiable/ Estable emocionalmente vs Buena apariencia/ Salud
  • Educación/ Inteligencia vs Deseo de tener un hogar/ hijos
  • Sociabilidad vs Religión similar.

Se encontraron, además, diferencias significativas que se replicaban a lo largo de las culturas:

  • las mujeres valoran más el aspecto socio-económico que el amor romántico, prefieren estabilidad emocional a atractivo físico y prefieren inteligencia al deseo de tener hijos.
  • los hombres, por su parte, no priorizan tanto estatus, estabilidad emocional e inteligencia , valorando más la belleza externa, la juventud y la salud física, y el deseo de tener hijos.

En el 2016 se hizo un estudio que intentó replicar los resultados de las preferencias a largo plazo en la elección de pareja, con el supuesto de que el contexto actual de igualdad de género podría estar generando menores diferencias entre los sexos. Los resultados coincidieron en su mayoría con los del estudio original:

  • Las mujeres tienden a preferir casarse con un hombre mayor, le dan menos importancia al atractivo físico, pero valoran la estabilidad económica más que los hombres.
  • Los hombres prefieren casarse con alguien más joven, sin darle demasiada importancia a su potencial económico.

Sin embargo, las diferencias entre los sexos fueron significativamente menores, así también como la disposición a casarse con alguien de una raza distinta o con menos educación. Además, se observó una disposición notoria de parte de las mujeres a casarse con alguien que había tenido un matrimonio previo -interesante tal vez por el wedding ring effect (Waynforth 2007, que podría señalar que si alguien se ha casado antes, puede ser un indicador de que es una pareja lo suficientemente buena). Es decir, que el estigma asociado al divorcio parece haber disminuido.

Para reflexionar: como nota aparte, me parece alarmante que en general no aparezca compatibilidad sexual como factor. Creo que una persona que cumple con todos los atributos deseables, pero que no tiene el mismo interés sexual es un amigo, no una pareja. Las personas variamos respecto de nuestro interés por el sexo y también de qué preferimos hacer en la cama.

*

Bueno, siguiendo con lo anterior: pareciera ser que los cambios culturales afectan también la manera en que elegimos nuestras parejas -flexibilizando o modelando simplemente los atributos que nos importan-. Teniendo esto en consideración, el nuevo escenario que propone el online dating también puede tener efectos a largo plazo sobre nuestras elecciones de pareja.

El online dating es un fenómeno relativamente nuevo, popularizado en 1995 con la fundación de Match.com, pero con intentos previos desde los setenta.

Un estudio llevado a cabo por Dan Ariely concluyó que, en promedio, el usuario de las apps de dating empleaba semanalmente:

  • 5,2 horas buscando perfiles
  • 6,7 horas escribiendo a posibles parejas
  • Y tan solo 1,8 horas encontrándose con sus match en el mundo real

Es decir: 12 HORAS invertidas en rastrear a un posible match y, en comparación, 1,8 HORAS en interactuar en el mundo real.

Bueno, volvamos a las apps de dating. Es interesante observar que las apps funcionan un poco como mercados de solteros, donde la app tiene el rol de coordinar a personas que buscan más o menos lo mismo. Esto tiene éxito a veces, otras no tanto. Dentro de las cosas novedosas que propone este nuevo escenario se encuentra el hecho de que la primera experiencia que tenemos de la persona -y la segunda y la tercera y hasta la duodécima- no es la persona misma, sino lo que esa persona quiere mostrarnos de ella, o sea, en general, una versión idealizada y, en el peor de los casos, una mentira. Todos somos más altos, guapos jóvenes y delgados en nuestras versiones online. Nadie tiene espinillas ni frizz. Ah, y todos somos más o menos millonarios.

Según Ariely, el problema fundamental de las apps de dating es el criterio de búsqueda y matcheo: al final, son como catálogos de personas, porque tratan a sus usuarios como bienes de consumo, como si las personas pudiesen describirse perfectamente indicando algunas de sus características. Como la información disponible es sobre atributos superficiales, los sitios y apps de dating nos empujan a ser más superficiales a nosotros mismos.

Siguiendo un ejemplo del mismo Ariely, si queremos comprar una cámara, nos fijamos en ciertos atributos, como los megapíxeles, la apertura del diafragma y la cantidad de memoria. En las apps de dating las personas se describen con cifras también: edad, altura, peso. Podemos ver atributos físicos como color de pelo o de ojos, su sonrisa, etc, y también lo que esa persona quiere decir de sí misma, en general, con descriptores concisos, como “de izquierda” o “católico”, “liberal”, “profesional”. Pero si quisiéramos considerar a las potenciales parejas como productos, en realidad serían más bien un bien de experiencia: así como salir a comer o disfrutar de una obra de arte, podría “diseccionarse” a la persona de manera exhaustiva para manejar esa información, pero es muy distinto leer un guión de una película o los ingredientes de un perfume que ver la película u oler el perfume y probarlo en tu piel. Esto es algo que la experiencia digitalizada no ha logrado solucionar del todo todavía.

Urge reflexionar, entonces,  si existen diferencias reales entre el online dating y el offline dating. De hecho, un grupo de estudiantes llevó a cabo un análisis sobre esto mismo en el 2012 para determinar si:

  • El online dating es efectivamente distinto del offline dating
  • Si promueve resultados más positivos que el dating convencional.

 Primero, partieron por definir los atributos característicos del online dating:

  • Acceso, exposición y oportunidad de evaluar potenciales parejas que no se hubiesen podido encontrar de otra forma.
  • Comunicación: oportunidad de usar varias formas de comunicación mediada por computación antes de conocerse cara a cara
  • Matcheo: uso de algoritmo matemático para seleccionar potenciales parejas para los usuarios.

Se concluyó lo siguiente:

  • Sí, es distinto.
  • Y sí y no, es superior en ciertos sentidos y no en otros.

Entre las cosas que pudieron diferenciar es que con el online dating tenemos una experiencia digital y mucha información disponible antes de decidir si queremos interactuar cara a cara con alguien. Ya no conocemos a alguien a poco. El hecho de que simplemente por proceso se alargue la fase de comunicación online en vez de offline puede generar expectativas muy altas. Tampoco nos apoyamos en la intuición o en la insistencia de nuestros familiares o amigos para elegir nuestra pareja: es una decisión más individual.

Asímismo, el amplio pool de gente, si bien en principio puede ser muy positivo porque aumenta las posibilidades, tiene un efecto negativo: transforma a los otros en una especie de producto de catálogo: de ser sujetos en tres dimensiones, se convierten en seres bidimensionales, fallando en captar los aspectos experienciales que son esenciales para evaluar la compatibilidad. Al mismo tiempo, la amplitud de oferta puede generar una mentalidad que evalúa y cosifica a las potenciales parejas, disminuyendo la disposición a comprometerse con uno solo de ellos.

El matcheo, por su parte, tiene poca evidencia de que funcione efectivamente o que sea superior a otros sistemas. Parte del problema es que los sitios construyen los algoritmos en algunos principios -similaridad y complementariedad- que muchas veces son menos relevantes de lo que pensamos cuando se trata de relaciones a largo plazo. Los sitios no pueden predecir (todavía) cómo crecerán y madurarán los integrantes de la pareja ni qué pasará en el futuro ni cómo interactuarán. Es decir, es difícil que un algoritmo que busque matchear a dos personas que no se conocen con información disponible antes de que lo hagan -de que sepan que existen mutuamente-  pueda llevarse el crédito por el resultado de una relación a largo plazo, considerando, por ejemplo, satisfacción y estabilidad.

*

La aparición del online dating en nuestras vidas ha comenzado a cambiar ya el escenario en el que nos vinculamos y enamoramos de otras personas, pero falta ver cómo afecta en las relaciones a largo plazo. Por ejemplo, la eficiencia ganada, ¿tiene costos sociales asociados? Como en todo escenario cambiante, hay cosas que pueden asustar, pero también hay beneficios evidentes, como por ejemplo, en la posibilidad de generar mayor iclusión social, de juntar perfect strangers -personas que bajo ninguna otra circunstancia hubiesen podido cruzar su camino- y aumentar los “mercados pequeños” de dating para gente de entre 30 y 40.

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Creo que la parte más linda del proceso de estar saliendo con gente y luego elegir a alguien y gustarse es la promesa de lo que puede ser. Pero. Pero. Pero: qué peligroso salir con el potencial: tantas veces he escuchado historias de personas que se han dado cuenta meses o años después que las banderitas rojas estaban ahí desde un principio o que siempre esperaron que la persona cambiara. Y, personalmente, no creo que la gente cambie radicalmente. Creo que la gente mejora: como un proceso de pulido, de perfeccionamiento. Pero si la persona con la que estás saliendo no te llena ahora, ¿qué te hace pensar que te llenará después? O por el contrario: alguien que calza con todos los checks, y claro, resulta tan fácil aceptar los checks, como si las relaciones se trataran de una postulación a una pega, cuando lo único que tiene que pasar -sin checks, sin exigencias de curriculum- es que dos personas decidan tratarse mutuamente bien, que se entreguen afecto, que se deseen.

Foco.

*

Louise Desalvo escribe en  su ensayo “Adultery” -en Essays on Why We Marry, Why We Don’t, and What We Find There- que se interesó en el adulterio en 1967, cuando descubrió que su marido la estaba engañando. Dice: “Yo había sido una rebelde sexual autónoma e independiente cuando nos conocimos, pero sepulté mi espíritu y me volví seria y estable luego de que nos casamos. Más interesada en saber hacer carne asada que en la pasión. Alguien diferente al volcán que lo había atraído. La mujer que perdí era la mujer que él quería. Aunque pareciera que él me estaba engañando, paradójicamente, me estaba siendo fiel…al espíritu de la mujer con la que él se había casado, al tipo de unión que él había imaginado”. Creo que lo que dice Desalvo aplica no solo para el adulterio, sino también para la vida en general: escogemos parejas que reflejan lo que aspiramos a ser, que nos hacen jugar un rol que nos acomoda, que nos empujan o retienen hacia territorios que necesitamos. Siempre pienso que las personas con las que estamos no pueden sino reflejar nuestro mundo interno, nuestras ganas y confusiones, nuestro amor propio.

Y para cerrar, que ya me alargué demasiado, me acuerdo de la película The Perks of Being a Wallflower, cuando el protagonista le pregunta a su profesor de inglés “’¿Por qué las personas buenas eligen a las personas incorrectas?” y él responde: “Aceptamos el amor que creemos que nos merecemos”.

(Sigue en la segunda parte).

Bibliografía:

Parte de la información contenida en este artículo fue presentada en el Shot de ciencia ¡Match! De la atracción al sexo organizada por Chile Hace Ciencia.

PEOPLE ARE EXPERIENCE GOODS – Dan Ariely.
http://www.people.hbs.edu/mnorton/frost%20chance%20norton%20ariely.pdf

ONLINE DATING. A CRITICAL ANALYSIS FROM THE PERSPECTIVE OF PSYCHOLOGICAL SCIENCE – Eli J. Finkel, Paul W. Eastwick, Benjamin R. Karney, Harry T. Reis, Susan Sprecher.
First Published March 7, 2012
http://journals.sagepub.com/stoken/rbtfl/cK9EB6/4zQ0AM/full

UNIVERSAL DIMENSIONS OF HUMAN MATE PREFERENCES – Todd K. Shackelford, David P. Schmitt, David M. Buss.
https://www.bradley.edu/dotAsset/165877.pdf
** Estudio transcultural de 37 culturas basado en un estudio original de Buss (1989). Se usó una base de datos archivada de las preferencias de atributos a la hora de escoger pareja. Los participantes respondieron un cuestionario con 18 ítems donde debían calificar la importancia de esos atributos. Identificaron así las 4 dimensiones universales.

Walster, E., Aronson, V., Abrahams, D., & Rottman, L. (1966). IMPORTANCE OF PHYSICAL ATTRACTIVENESS IN DATING BEHAVIOR. JOURNAL OF PERSONALITY AND SOCIAL PSYCHOLOGY, 4(5), 508-516.
https://pdfs.semanticscholar.org/24cd/a8a1d4da014e9ab91a4e73f2f988209c1bd4.pdf

SEX DIFFERENCES IN MATE PREFERENCES: A REPLICATION STUDY, 20 YEARS LATER- Jens Bech-SørensenThomas V. Pollet
First Online: 18 March 2016
https://link.springer.com/article/10.1007/s40806-016-0048-6
** La muestra fue de 552 participantes heterosexuales, solteros o en una relación (no casados) donde casi la mitad de ellos habían proseguido estudios universitarios, la mayoría de ellos caucásicos (71%),

FALLING IN LOVE: WHY WE CHOOSE THE LOVERS WE CHOOSE – Ayala Pines.

Blum, J.S., & Mehrabian, A. (1999). PERSONALITY AND TEMPERAMENT CORRELATES OF MARITAL SATISFACTION. JOURNAL OF PERSONALITY, 67, 93-125.
http://www.kaaj.com/psych/abstract/mssabstract.html

Mehrabian, A., & Blum, J.S. (1997). PHYSICAL APPEARANCE, ATTRACTIVENESS, AND THE MEDIATING ROLE OF EMOTIONS. Current Psychology: Developmental, Learning, Personality, Social, 16, 20-42.

“WHAT WE TALK ABOUT WHEN WE TALK ABOUT FINDING LOVE ONLINE – ReportLinker”,
Muestra representativa de la población estadounidense de 501 encuestados online que se identificaron como solteros, viudos o divorciados.
Entrevistas realizadas entre el 26 y el 31 de enero de 2017.
https://www.reportlinker.com/insight/finding-love-online.html
**Compañía tecnológica que se especializa en data.

Rosenfeld, Michael J., Reuben J. Thomas, and Maja Falcon. 2015. How Couples Meet and Stay Together, Waves 1, 2, and 3: Public version 3.04, plus wave 4 supplement version 1.02 and wave 5 supplement version 1.0 [Computer files]. Stanford, CA: Stanford University Libraries.
https://data.stanford.edu/hcmst
**Estudio representative de estadounidenses adultos. 4002 adultos respondieron, de los cuales 3009 tienen pareja o están casados.

“ONLINE DATING STATISTICS – Statistic Brain”.
2017 Statistic Brain Research Institute, publishing as Statistic Brain.
Date research was conducted: May 12, 2017.

DESEO Y RESTRICCIÓN

Fin de año es como vivir durante un par de semanas en una teleserie con un guión escrito por un demente. ¿Estresante? Por supuesto. Pero también intenso y retorcidamente entretenido. Es someterse a un espiral sentimentaloide que el resto del año no está tan a flor de piel. Pasan cosas: quiebres, giros, remezones y situaciones que comienzan a tomar forma.

Este año he notado más que nunca el equilibrio precario en el que se sostiene el deseo. He estado en esas: intentando entender las ganas para poder sacarles el jugo. Y, contrario a lo que he hecho toda la vida, he encontrado que en ponerle freno de mano al impulso hay algo bonito (en vez de, digamos, tomar todas las decisiones posibles en un lapso de tres horas y media luego de haber consumido cuantas copas de champán aguanta mi hígado).

Los temas de hoy: consumo y minimalismo, deseo y restricción, pornografía y relaciones, obvio.

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Hace un par de semanas Ann Patchett publicó en el NY Times una columna de opinión donde contaba su experiencia de no comprar durante un año. Dice:

“A fines del 2016 (…) no podía estar lo suficientemente tranquila como para leer o escribir. Inmersa en mi ansiedad, terminaba haciendo scroll en dos sitios online de compra, intentando aplacar mis miedos con fotos de zapatos, ropa, carteras y joyas. Trataba de distraerme, pero la distracción me dejaba sintiéndome peor, de la misma forma en que fumar Winstons y tomar gin en un bar a altas horas de la noche te deja peor. La pregunta tácita cuando se trata de comprar es ¿Qué necesito? Lo que yo necesitaba era menos”.

Así fue como se embarcó. Partió por definir sus propias reglas: ni tan restrictivas ni tan flexibles como para abandonar su proyecto a las dos semanas. No compraría ropa ni artículos electrónicos, pero sí se permitiría cualquier cosa del supermercado, incluso flores. Cosas útiles como shampoo, tinta para la impresora y baterías las compraría solo cuando se le hubiesen acabado las que tenía en su casa. Se permitiría comprar libros -porque escribe libros y tiene una librería y los libros son su negocio-, y regalos, aunque con restricciones (dice: “La idea de que nuestro afecto y estima deba manifestarse en un chaleco es reduccionista. Elissa -la amiga que la inspiró a hacer este año de no comprar- regalaba tiempo a sus amigos: certificados para cuidarles los hijos o limpiarles la casa”). Patchett descubrió que si le daba un par de días al ataque que sentía de comprar algo, esa urgencia se disipaba, y además que el truco para no comprar no es solamente no comprar, sino tampoco vitrinear ni mirar catálogos. “Si no lo veo, no lo quiero”, dice.

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Me gusta la idea de cortar una conducta y ver qué pasa. Lo hago mucho -tal vez de manera menos continua que lo que me gustaría-. Es un ejercicio bonito porque primero requiere cambiar de mentalidad: pasar de un seteo de escasez a uno de abundancia. Dejar de estar en falta y darse cuenta de lo que hay. Y hay suficiente (tal vez incluso demasiado). Luego, restringir lo posible, dar un pie atrás. Es duro decidir dejar de hacer algo que hemos hecho en exceso, ya sea desde comprar sin mesura a tomar o fumar más de la cuenta, a tirar sin control. Y ojo que lo digo entendiendo lo entretenido que es el descontrol dionisiaco. Finalmente hay que aceptar el nuevo orden.

Si no somos consumidores, si no nos identificamos con las cosas que poseemos, ¿qué nos constituye? Pienso en una época donde para mí era muy importante comprar libros -porque era una lectora-, luego fue muy importante comprar CDs -y antes, grabar cassettes-, y la última fase intensa fue la de los zapatos. Es difícil resistirse a rodearse de cosas que sentimos que nos anclan y definen. Hay algo muy seductor en las cosas: dan la sensación de que lo que somos es algo concreto, definible, proporcional en valor. Es muy gratificante tratar a los otros y a nosotros mismos como cosas controlables: gente que deifica su cuerpo o su propia imagen como si todo lo que son empezara y acabara ahí -y no, no digo que no seamos nuestro cuerpo, sino que no somos únicamente nuestro cuerpo y que el cuerpo siempre es en relación con otros y que en esa deformación donde se niega u olvida el vínculo, hay algo raro-, personas que convierten los aparatos o accesorios en extensiones de sí mismos -son la marca de su auto y el reloj, son la cartera y la tarjeta de crédito, son el celular último modelo-, gente que cosifica sus experiencias como transacciones virtuales -viajar o salir para “tener algo que mostrar”, comer o tomar para “hacer algo”-. En este escenario de cosificación y marketeo, de identidad desplazada a lo material, las renuncias nos invitan (en días malos nos obligan) a mirarnos desde otros lugares.

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Pensar sobre el consumo nos puede ayudar a pensar sobre el deseo en general. Aguántenme un minuto.

Se entiende el deseo como “aspirar con vehemencia al conocimiento, posesión o disfrute de algo”, “anhelar que acontezca o deja de acontecer algún suceso” y “sentir apetencia sexual hacia alguien”. La primera definición incluye el consumo y el goce, la segunda la ilusión del futuro (esa proyección en el tiempo) y la tercera vuelve al goce manifestado en el sexo. Es evidente que el común denominador de las tres acepciones es el placer: quieres obtener algo para poder disfrutarlo, quieres que te pasen ciertas cosas o intimar con alguien para complacerte a través de esa experiencia.

El deseo nos mueve. Sin deseo no hay empuje. Pero también el estar en constante estado deseante puede ser agotador. El deseo te consume y te puede hacer perder el foco, de la misma manera en que la glotonería te lleva a ponerle más atención a la comida que está por venir en vez de la que estás saboreando ahora. Entre lo que tienes y lo que quieres hay una brecha y a veces nos ponemos a habitar esa brecha -con una carpa endeble y poco preparados- porque el estado deseante puede ser mucho más emocionante que cualquiera de los dos extremos (lo que hay y que todavía le falta para estar completo y la obtención de lo que habíamos estado anhelando).

Volviendo a la restricción consumista: creo que el limitar el goce del consumo, tal como lo hizo Patchett, tiene un paralelo posible con los afectos y el sexo. Acompáñenme pensándolo así: si, teniendo el dinero, optas por no comprar, ¿cómo impacta esa decisión en otras esferas?

Como yo lo veo:

  • Dejas de gastar plata y puedes ahorrarla o destinarla a otra inversión realmente necesaria.
  • Dejas de emplear un tiempo que tal vez antes no estaba considerado como primordial en esa ecuación, y ese tiempo se convierte en un recurso o ganancia, fruto de esa restricción.
  • Empiezas a revalorizar lo que hay (en vez de estar en la brecha que mencioné antes, das un paso atrás y haces uso de lo que tienes).
  • Como te autoimpusiste una restricción, los gestos de los otros que te permiten el goce -sin que tú tengas que gastar, comprar, desear- adquieren mayor valor. Entonces, no estás comprando, pero alguien te regala algo, o te invita a comer o a tomar. Nos volvemos más sensibles a lo que los otros nos entregan o regalan voluntariamente, porque ya no nos lo proporcionamos a nosotros mismos.

Ahora, traslademos todo esto al sexo y al afecto. (Haz el ejercicio por tu cuenta primero, luego pasa a leer el siguiente apartado).

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Pasamos un montón de rato dando por sentado lo que tenemos y deseando lo que no. Y no es ni siquiera que lo que no tenemos nos haga falta, sino que está fuera de alcance no más, y por eso se ve más atractivo. Es curioso, porque en teoría funcionamos mejor “en falta”, proyectados hacia lo que podría ser en vez de lo que hay, y paradójicamente eso nos genera insatisfacción constante. Dos ejemplos:

  • Estás en una relación hace rato, el sexo es algo que tienes disponible más o menos de manera constante y, sin embargo, el sexo con otras personas empieza a parecerte más atractivo que el que tienes a la mano con tu pareja. No solo eso: cuánto sujeto que anda viendo porno de manera compulsiva -ojo, compulsiva- y termina con dificultades sexuales porque ya no se calienta con su pareja. Lo que hay pierde brillo.
  • No tienes tiempo para ver a tus amigos y familia o el tiempo que tienes acaba siendo de poca calidad porque andas con la cabeza en otra parte: que la pega y las otras cosas más importantes que podrías estar haciendo. Priorizas, pero sale mal, porque priorizas asumiendo que lo que tienes es algo que no te va a faltar: los amigos seguirán ahí si no los ves en uno o dos meses, tu familia entenderá si con cueva les destinas los domingos o un llamado cortito para saber cómo están. Las cosas se invierten cuando te empiezan a faltar esos afectos asumidos como dados: un ser querido se enferma o tiene un accidente, tus amigos se cambian de ciudad o país o tú mismo decides tomar otro rumbo. Y entonces recién valoras lo que tenías.

¿Cómo lo hacemos para empezar a valorar lo que ya tenemos? ¿Para ser más sensatos con la ambición por obtener lo que todavía no alcanzamos?

*

Dan Ariely lo explica en sencillo: démosle la bienvenida al concepto de “adaptación hedónica”. Dice: “Puesto que no conseguimos prever el alcance de nuestra adaptación hedónica, como consumidores solemos necesitar adquirir siempre nuevas cosas (…) Buscamos cosas que nos hagan felices sin darnos cuenta de lo efímera que será esa felicidad, y cuando la adaptación se produce, buscamos otra cosa nueva (…) Incluso cuando algo nos parece sumamente decisivo a corto plazo, probablemente a largo plazo las cosas no nos produzcan ni tanto éxtasis ni tanta desdicha como esperábamos”.

La adaptación hedónica puede tener efectos positivos y negativos. Por ejemplo, si sufres un accidente y pierdes una capacidad física, eventualmente tenderás a volver a tu nivel de satisfacción previo, antes de la pérdida. O si terminas una relación con tu pareja, lo más probable es que lo superes con el tiempo y te vuelvas a enamorar. El mundo no se acaba (por suerte). Eso es la raja. Pero en el caso de incorporar algo nuevo a nuestra vida -cambiarse de pega, tener una nueva relación, comprarse un auto-, ¿cómo podemos prolongar la sensación eufórica de lo nuevo?

Hay una manera: según unos estudios de Leif Nelson y Tom Mayvis, si descansamos entre experiencias placenteras, aumenta el placer, mientras que si interrumpimos las experiencias negativas, estas se vuelven más dolorosas. En el fondo, el esfuerzo que requiere tener que someterse sucesivamente a una experiencia molesta o desagradable -como tener que trabajar en una tarea latera, desde pagar los impuestos y ordenar tus cuentas a depilarte- hace que el interrumpirla y retomarla se vuelva más penoso. Pero si estás haciendo cosas agradables, el darle pequeñas interrupciones y reencontrarse con ese placer, hace que valoremos de manera más positiva y placentera la experiencia total (por ejemplo, si estás dándote un masaje, tomar pausas y volver a hacerlo). En este sentido, habría que privilegiar las experiencias pasajeras (una clase de buceo, ir a comer a un restaurant, darse un masaje) versus las experiencias constantes (comprarse un auto nuevo, renovar de una el closet completo, comprarse una tele) para obtener mayor satisfacción. Ariely dice: “El efecto a largo plazo del sofá en su felicidad probablemente será mucho menor de lo que usted espera, mientras que la satisfacción del buceo y los recuerdos de esa experiencia a largo plazo probablemente perdurarán mucho más de lo que usted prevé”. También, para incrementar el nivel de satisfacción, exponerse a la casualidad y la sorpresa ayuda. Si bien solemos adoptar un patrón seguro y predecible en el trabajo y en la vida personal, incorporar cosas distintas y asumir riesgos generará una experiencia diferente, positiva.

Ya, traduzco todo lo anterior a medidas concretas para parejas que llevan un rato:

  • Explorar gestos no consumistas: restringir el comprarle cosas al otro y hacer en cambio gestos, como prepararle el desayuno, ofrecerle ayuda en algo que sabes que al otro le da paja hacer, escribirle una nota cariñosa o hot, decirle algo concreto y positivo cada día (con intención, no vale el “te amo” manoseado, ponle cabeza), etc.
  • Experiencias novedosas: ir a comer a lugares distintos, aprender algo nuevo juntos (desde cocinar a bailar swing), visitar un lugar o tener una experiencia (ir a un concierto o ir a una exposición, ver una nueva película), hacer un deporte demandante juntos que les permita ver un progreso cada vez que lo practican, etc-
  • Incorporar cosas nuevas en la cama -juguetes, posiciones, lugares, horarios distintos de lo habitual, desafíos sexuales-,
  • generar secuencias placenteras o experimentales con descanso (por ejemplo, en línea con Sensate Focus, tener sesiones solamente de tacto, sin penetración, durante una semana, o hacer sus propias reglas de periodos de restricción: limitar el sexo por periodos cortos para reencontrarse después, o solamente permitirise weveo virtual y no físico durante 3 días para luego retomar con todo, etc.).

 *

Volviendo a Patchett: ¿te acuerdas que a pesar de restringir comprar otras cosas se permitió seguir comprando libros? ¿Por qué? ¿Son los libros esenciales en su consumo, si ella misma es dueña de una librería? No, pero identificó que había algo que le proveía de goce y sentido, un consumo que la hacía feliz y era útil, y que conservó. No todos los deseos o consumos son relevantes,  pero cuando encontramos uno que sí lo es, no hay por qué acogotarlo.

Estoy terminando de escribir una novela. Como vivo al ritmo de mi cabeza, me ha resultado un poco embriagante darme cuenta de que mi protagonista me empuja a hacer cosas que no tenía contempladas. Mi protagonista, mujer alegre y trágicamente confundida, busca orden mental, y como es tan concreta como su autora, empieza a ordenar su espacio. Como ella, estas últimas semanas he regalado libros, ropa y me he deshecho de recuerdos. He releído a Marie Kondo, que tiene su propio método (Konmari) para despejar y organizar las posesiones (tiene una frase para definir si lo que posees se queda a o se va: “¿Te inspira felicidad/ alegría?” o en inglés, “Does It spark joy?”). He botado cuadernos y libretitas con inicios de historias que me resistía a dejar ir, pero ahora, cuando las releí, entendí que si había pasado tanto tiempo aferrándome a ellas, pero sin escribirlas, eran un “como si”: una mentirita blanca que me hacía sentir como que tenía material, pero en realidad eran palabras con poco valor. Lo mismo con los recuerdos del colegio: tantas cartas y promesas de personas que ya no veo. Guardé un par -de esos poemas inocentes que alguien me regaló y que todavía me conmueven, cartas de amor o promesas de hermanas que siguen siendo tan inocentes como valiosas-, pero el resto, ¿para qué acumular y andar acarreando cosas en un baúl?

*

En la restricción hay riqueza. En el exceso, en lo entretenido que es el exceso y la colección, hay un desuso. Y en ese desuso hay acumulación. Y en la acumulación hay carga y responsabilidad.

¿Cuánto tiempo le dedicas a querer cosas que no tienes o a consumir cosas que no necesitas o no te hacen feliz?

Quedan un par de días para cambiar de año. Tal vez es el momento de organizarte, deshacerte de lo que te sobra, controlar el deseo, dosificar.

Se viene un buen 2018.

***

Les dejo una lista de las apps o sitios que me han ayudado a ir limitando, definiendo o cambiando conductas. Que de algo más sirva el celular:

AppDetox: limita la cantidad de tiempo diario o semanal de cada app.

Vora: para los que hacen intermittent fasting o ayunos, esta app es lo más para hacer seguimiento y motivarse.

LoseIt! Y MyFitnessPal: trackeo de consumo de alimento y ejercicio. Bueno para definir metas nutricionales y dejar de mentirse con las calorías o macros.

HabitHub: ¿quieres incorporar nuevos hábitos? Esta es.

Tide: amo esta app porque te permite setear momentos de trabajo intenso. Para uno que anda con 45 mil distracciones por minuto, es un descanso mental.  Diseño bonito, buena música en sus 5 modos.

Oblique Strategies: es como ir a sacarse el tarot, pero un tarot hecho por Brian Eno y que te deja pensando. Las frases siempre te incitan a hacer, deshacer o reformular. Buen input cuando te empieza a ganar la desesperación o la falta de creatividad.

Otras:

Canva: me ha solucionado tantas cosas este año. De partida, permite hacer posteos para RRSS de manera fácil y elegante. Ahorra tiempo y además, tiene plantillas para todo o casi todo: desde invitaciones para fiestas hasta modelos bonitos y originales para CV.

Reddit: hay mucha basura en Reddit, sí, pero también hay comunidades de información que son súper motivantes e inspiradoras. En vez de meterme a FB, ahora me meto a averiguar cosas a Reddit: desde noticias hasta lo que la está llevando en temas que me interesan. Me han parecido súper útiles en temas sexuales (r/sex, r/DeadBedrooms, r/psychologyofsex), vinculados a nutrición y fitness (r/loseit, r/intermittentfasting y r/fasting), en la volada minimalista y de vivir con menos (r/minimalism, r/konmari y r/frugal), para pensar en cosas desde otro punto de vista (r/AskReditt, r/NoStupidQuestions, r/todayilearned, r/history) y para reírse un rato (r/badwomensanatomy, r/onejob, t/OoopsDidintMeanTo, r/CrappyDesign).

Refs.:

Ann Patchett, My Year of No Buying http://nyti.ms/2yJeBVX

Marie Kondo http://konmari.com/ acá está la intro del libro https://www.libreriainternacional.com/archivos/PDF/magia.pdf

Dan Ariely: Las ventajas del deseo.

APA: Is pornography addictive? http://bit.ly/1BuijA9
Distintos estudios han tratado de explorar el efecto del consumo de pornografía encontrando resultados que complejizan el tema. En resumen:

  • a los humanos nos gusta la pornografía (estudios demuestran un consumo del 50% al 99% entre hombres y del 30% al 86% entre mujeres).
  • Internet hace que el acceso a una dosis erótica sea más fácil que nunca: fácil alcance, barato y anónimo.
  • Harta gente piensa que es positivo: en una encuesta del Kinsey Institute, 86% consideró que la pornografía puede ser educativa y 72% que provee de un escape fantasioso inofensivo. De los que señalaron usar pornografía, 80% dijeron que se sentía “bien” al respecto.
  • Un montón de personas consume pornografía sin sufrir efectos negativos, pero en la misma encuesta Kinsey, 9% de los usuarios afirman haber tratado de frenar el consumo sin éxito.
  • Cuando el uso de pornografía es excesivo, las relaciones románticas pueden sufrir. En general se ha encontrado que en parejas heterosexuales el uso de pornografía por parte de los hombres se asociaba a menor calidad sexual para ellos y para sus parejas, en cambio el uso de parte de las mujeres se asociaba a mejor calidad sexual para ellas. En otro estudio cuando los hombres usaban pornografía tendían a reportar menor nivel de intimidad sexual en sus relaciones, mientras que las mujeres reportaban mayor intimidad. Hay dos explicaciones posibles para esto: los hombres suelen ver pornografía solos mientras que las mujeres suelen verla en pareja y se convierte en una experiencia sexual compartida. Además, los tipos de pornografía consumida difieren. Los hombres suelen ver actos sexuales sin contexto, mientras que las mujeres ven pornografía de parejas que tiene una historia y ángulos más suaves. Cuando un miembro de la pareja ve mucha pornografía, frecuentemente, puede haber una tendencia a retrotraerse emocionalmente de la relación, auqnue no queda claro si eso es producto del consumo de la pornografía o tiene que ver con que la persona se vuelca a la pornografía porque no se sentía bien en un principio. En cualquier caso resulta un ciclo que se alimenta: veo pornografía, esto afecta mi relación negativamente, veo más pornografía, etc.

 

 

 

REDESCUBRIR EL TACTO (Parte II)

NOTA: como lo dice el título, esta es la segunda parte de las ideas resumidas de Sensate Focus in Sex Therapy. The Illustrated Manual, de Linda Weiner y de Constance Avery-Clark. (Asuman que la información dura pertenece al libro y que el resto es mío).

Este artículo es un poco más teórico, pero necesario. Al final vienen las instrucciones que se le dan a los clentes que van a terapia. Es importante entender la teoría para que no suene a que todo es una locura y para que se tomen en serio la práctica.

Dudas, me pueden escribir directamente.

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Recapitulando:

  • Existe un guión cultural que tenemos incorporado que dice que hay que enfocarse en el otro para ser buenos en la cama y eso genera mucha ansiedad porque tratamos de controlar la respuesta sexual propia y la del otro (lo que por definición es imposible, porque la respuesta sexual es una función natural). Solución: para disfrutar el sexo hay que enfocarse en las propias sensaciones.
  • SF es una serie de sugerencias estructuradas para tocar y descubrir el propio cuerpo y el de la pareja de una manera no-demandante, exploratoria, sin tener que leerle la mente al otro. Sirve para tratar las disfunciones sexuales y mejorar la calidad de vida sexual.

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Aclaremos: tener dificultades sexuales vs. Tener una disfunción sexual

Todos tenemos dificultades sexuales de vez en cuando. Son temporales y se pueden dar de manera intermitente a lo largo de la vida. Son típicas, por ejemplo, la falta de interés sexual o de deseo, problemas de erección o excitación, orgasmos demasiado precoces, ausentes o dilatados, dolor sexual, etc. Cuando ocurren de vez en cuando son el resultado de un problema situacional -como consumir demasiado alcohol, andar muy estresado, etc-. La persona que lo sufre sabe que es algo transitorio y filo, sigue con su vida.

Otra cosa es tener una disfunción sexual (DS). Para ser considerada una disfunción sexual propiamente tal, tienen que presentares ciertos criterio o requisitos (se han tipificado en el DSM V, como ocurrir el 75%-100% del tiempo y durar al menos 6 meses). Las DS son más duraderas -o sea, no son pasajeras-, pasan más frecuentemente -o sea, no son ocasionales o de excepción- y generan más estrés emocional y relacional en la vida de la persona -o sea, tienen un impacto en el bienestar emocional y/o psicosocial-.

En resumen: ¿no se te paró hace dos meses / no te lubricaste la última vez / no llegaste al orgasmo  / no sentiste “nada”, etc. ,etc., etc….? Si es eventual / ocasional tuviste una dificultad sexual, pero no por eso tienes una disfunción.

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Causas de DS

Pueden ser múltiples factores, por lo que siempre hay que revisar las variables biomédicas antes de lanzarse a hacer terapia y tener una mirada que integre lo biopsicosocial. La terapia SF se centra en los aspectos psicológicos, relacionales, de estilo de vida y culturales (por eso, chequear antes condiciones médicas es importante).

Ojo, a veces pasa que el problema reportado no es el problema real -por ejemplo, un problema de erección puede en realidad estar tapando un problema de eyaculación precoz-, así como a veces no se trata ni siquiera de una disfunción (por ejemplo, llega una pareja que dice que tiene un desorden del deseo, pero en realidad lo que tienen es diferencias sobre las preferencias de frecuencia de actividad sexual).

Entonces, factores a considerar:

  • Factores médicos: condición fisiológica y consumo de medicamentos que afecten el sistema endocrino, cardiovascular o el funcionamiento neurológico de la región pélvica. Estas condiciones pueden ser el resultado de enfermedades crónicas (ej: diabetes, hipotiroidismo), drogas prescritas o no, intervenciones médicas (ej: radiación o cirugía prostática).

  • Factores individuales: funcionamiento psicológico (ej.: ansiedad, desórdenes del ánimo, trauma), visión negativa de sí mismo, del cuerpo o del sexo. Ojo con los pensamientos y sentimientos que distraen, en especial los que tengan que ver con inquietudes sexuales. Hay que examinar la experiencia sexual del cliente, las técnicas que usa, sus preferencias, qué tan consciente está sobre sus preferencias y su conocimiento sobre sexualidad. Historia personal pertinente como abandono o abuso, diferentes estilos de apego (por ejemplo, como el ansioso o el evitativo).

  • Factores relacionales y de pareja: siempre hay que considerar el impacto que tiene la pareja en la disfunción sexual: sus enfermedades, sus propias disfunciones sexuales, su performance y expectativas y sus respuestas a los problemas sexuales. Además, su funcionamiento psicológico y su voluntad de participar en la terapia, además de comprender su experiencia subjetiva sobre su propia vivencia sexual y relacional.
    El estrés relacional puede generar disfunciones sexuales y viceversa. Sentimientos de rechazo, frustración e inadecuación pueden llevar a sentirse menos positivamente respecto del otro, mostrar menos afecto, tener una comunicación poco útil o ausente y que el tiempo compartido sea de menor calidad. Todo esto puede contribuir a menor satisfacción íntima en general y menor satisfacción sexual en particular. Tratar los problemas comunicacionales, las luchas de poder, los conflictos no resueltos y los resentimientos puede que no resuelva las preocupaciones sexuales, sin embargo, ignorarlos o no considerarlos tampoco aporta.

  • Estresores vitales: hay que considerar el efecto de otras demandas que se hacen al individuo o a la pareja, incluyendo las responsabilidades laborales y el grado de estrés que generan, el impacto de los hijos o parientes, pérdidas personales o laborales, falta de ejercicio, comer en exceso y otros hábitos que contribuyen negativamente a la salud física y psicológica. El motivo central para prestarle atención a estos factores es aclarar la cantidad y calidad de tiempo que los integrantes de la pareja tienen que dedicarse a sí mismos y a la relación.

  • Influencias socioculturales: considerar el efecto que la familia de origen y los factores sociales y religiosos tienen sobre el funcionamiento sexual.
  • Etiología mixta o desconocida: puede haber un montón de factores que incidan en el desarrollo de una DS, pero incluso después de evaluarlos todos puede ser que la causa exacta no quede muy clara. De cualquier forma, muchas veces pasa que el cliente progresa sin que se hayan identificado necesariamente las causas que generaron la disfunción (a veces la terapia sirve para determinar la causa, y no al revés).

La terapia sexual parte con la revisión de los factores médicos, psicológicos, relacionales, culturales  y de estilo de vida que puedan estar impactando el funcionamiento sexual. Por lo general, se siguen estos pasos:

  • Examen médico (consultar a doctor general o especialista, ya sea ginecólogo o urólogo, endocrinólogo, etc).
  • Tomar la historia sexual: una primera sesión que incluye a ambos miembros se suele dedicar a definir objetivos de la terapia considerando la dinámica relacional, las fortalezas individuales y la motivación de cada uno. Luego se sigue con una a tres sesiones individuales para recoger la historia sexual de cada uno, donde lo que el terapeuta hace es recoger la mayor cantidad de información posible para entender cómo los clientes experimentan ellos mismos lo que viven, es decir, lograr comprender el sistema de valores sexuales que sostienen su experiencia (qué significa este problema para ellos, qué emoción les gatilla, qué piensan sobre eso. No se trata de juzgar los hechos, sino de entender qué la pasa al cliente con lo que está viviendo).
  • También se pueden hacer encuestas o inventarios sexuales para estandarizar o reunir la info necesaria de manera práctica.

Luego de tomar la historia de cada miembro de la pareja y completar los inventarios, se invita a la pareja a una sesión de discusión para definir el plan de tratamiento.  Acá el terapeuta comparte lo que entiende como la causa y los factores contribuyentes para la mantención de las dificultades sexuales y relacionales que los afectan y sugiere un plan que se va definiendo en conjunto, integrando el feedback del consultante.

*****La meta de la terapia sexual y de SF es hacer todo lo posible para resolver las preocupaciones de los clientes, pero NO HACER MÁS de lo estrictamente necesario (es decir, a pesar de que se rescata mucha información, se usa la información que tiene impacto directo o inmediato sobre el problema sexual, no es una terapia para resolver todo lo que le preocupa a la persona o a la pareja).

Dentro de las cosas que hay que considerar para definir el plan de tratamiento: ¿se hará SF en conjunto, antes o después de un tratamiento médico? ¿será una terapia corta e intensiva o de largo plazo y en profundidad? ¿incluirá la terapia a un miembro de la pareja o a ambos o de manera individual y luego conjunta? (a la base de SF está la idea de que el cliente no es cada uno de los miembros de la pareja, sino la relación, ya que ambos se ven afectados por la dificultad sexual). ¿Necesitan cada uno o ambos tener terapia individual por algún otro motivo, en paralelo o antes de iniciar la terapia sexual?, etc.

Una vez determinado el formato, se presentan las actitudes y habilidades necesarias para poder realizar SF:

  • Mindfulness aquí-y-ahora: tener una actitud adentro y fuera de la habitación que se enfoque en el presente y lo menor posible en el pasado (ej.: “esto nunca ha funcionado!”) o en el futuro (ej.: “¿funcionará esto?). La razón es que no se puede hacer nada sobre lo que ya ha pasado o pasará: el foco debe estar en lo que es ahora, en lo que podemos hacer.
  • Autorresponsabilidad radical: como dice el Dalai Lama: “no dejes que el compartimiento de los otros destruya tu paz interior”. Es decir, no importa qué esté pasando con la pareja, los clientes (individualmente) son responsables de sus propias respuestas y de seguir las sugerencias de SF. Pasa mucho que el cliente se enfoca en lo que el otro hace o no hace, lo que termina afectando la terapia porque “mi pareja no inició cuando era su turno”, o porque “mi pareja parecía que no tenía ganas”, o “porque mi pareja no movió mi mano” o “porque mi pareja no estaba concentrada en las sensaciones” o “porque mi pareja dijo que quería hacer algo distinto durante la sesión”. Obviamente este tipo de justificaciones diluyen a responsabilidad sobre lo que pasa en la terapia y proyecta la culpa en el otro, además de generar interacciones improductivas entre los participantes. El dejar de enfocarse en el otro ayuda a que los clientes se hagan cargo de lo que sí tienen control (sus propios pensamientos y comportamientos) y refuerzan la primera actitud de estar presente en el aquí y ahora.
  • Otras habilidades a tener en cuenta para crear, revivir o sostener un ambiente relacional seguro que conduzca al cambio: habilidades comunicativas; ser capaz de identificar, aceptar y gestionar emociones; negociar diferencias; resolver problemas de manera creativa; ofrecer tiempo compartido de calidad y emplear a la pareja como un recurso.

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Sugerencias preliminares

Aspectos a tomar en cuenta antes de practicar SF para evitar distracciones y asegurar que las sesiones de tacto se desarrollen bien (lo que no significa que no vayan a haber problemas, sino más bien que cuando emerjan se puedan enmarcar o contener positivamente, considerándolos una manifestación de por qué se está atendiendo a terapia. Que aparezca un problema hace evidente que es posible intervenir en él, se pueden hacer sugerencias o desarrollar una habilidad para hacerse cargo del mismo).

  • AMBIENTE, COMODIDAD Y PRIVACIDAD: estar en un ambiente privado y tranquilo, a una temperatura agradable y con la menor cantidad de distracciones posibles. Para algunas parejas la pieza es el mejor lugar, pero para otras puede estar asociada a demasiadas experiencias negativas. Liberarse, mientras dure la sesión, de posibles interferencias (mascotas, niños, teléfono, televisión, música, etc). Cerrar la puerta, obvio.
  • TIEMPO Y ATMÓSFERA: destinar un tiempo sin presión. Cada uno debe sentirse alerta, despierto -no justo antes de irse a dormir o luego de haber comido mucho-.
  • DISPOSICIÓN DEL AQUÍ Y AHORA Y SENTIRSE TOTALMENTE RESPONSABLE DE UNO MISMO. No partir con expectativas ni deseo sexual ni presión de excitación. No se requiere sentir nada para participar. Se sugiere que los clientes NO intenten cultivar una atmósfera romántica o relajante -olvídate de las velas, la música, o accesorios románticos porque intentar crear esta atmósfera puede hacer sentir la exigencia de sentir ciertas emociones-.
    Las sesiones deben realizarse de manera continua (en bloques). Si son intensivas, puede sugerirse que se hagan una o dos diarias, y si no pueden hacerse dos o tres a la semana. Normalmente se sugiere que sean espontáneas, pero no debiesen pasar más de 48-72 horas entre una y otra. Si tienen dificultad para hacerlo espontáneamente, se recomienda que agenden las sesiones.
    Durante la sesión la persona que toca debe hacerlo al menos hasta dejar la sensación de incomodidad inicial y durante suficiente tiempo como para poder volver a enfocarse en la temperatura, presión y textura, pero no tanto como para cansarse o aburrirse. Las sesiones iniciales duran entre 5 y 15 minutos para cada participante, pero idealmente la idea es no fijarse en el reloj ni en cuánto se demoró el otro.
  • INICIACIÓN: normalmente el que inicia es la persona que presenta la disfunción -esto le quita presión y puede ayudar a superar emociones de rechazo-. El otro partirá la siguiente sesión e irán alternando. Si uno es especialmente aprensivo, puede ser que ese sea el que parta las sesiones o que lo haga el otro (como en todo en SF, está sujeto a discusión).
    Se sugiere partir de manera formal diciendo, por ejemplo, “Me gustaría hacer la sesión ahora”. Suena tonto, pero esa formalidad aminora el riesgo de que el otro interprete claves informales de una manera subjetiva o poco precisa. Al mismo tiempo, plantearlo así -medio robótico y formal- hace emerger pensamientos y emociones ansiosos que estén asociados a las sesiones, porque no hay nada más poderoso que declarar formalmente que la sesión táctil va a empezar para gatillar los bloqueos sexuales para los que los clientes buscan solución. O sea que la iniciación formal es tanto diagnóstica como terapéutica.
  • COMUNICACIÓN: muchas parejas llegan a tener sesiones de SF con cierta aprensión y por lo tanto hablan nerviosamente o se ríen durante los primeros contactos. Esto es normal, pero es importante dejar claro que hablen sobre sus ansiedades ANTES o DESPUÉS de las sesiones, con el terapeuta. DURANTE las sesiones tienen que practicar su capacidad de foco interno y minimizar las distracciones causadas por el contenido de lo que quisieran decir. Hay que mantener los inputs sensoriales al mínimo. Hablar y compartir emociones o sentimientos estimula porciones más analíticas del cerebro, y lo que se intenta en SF inicialmente es alejarse del análisis consciente y sumergirse en la experiencia sensorial.
    Hay dos excepciones en las que sí se puede hablar en SF1:
    – cuando una persona ha terminado su parte de tocar e indica que quiere cambiar (turnarse) o cuando quiere detenerse al final de la sesión;
    -Cuando la persona está extremadamente ansiosa durante la sesión y se utiliza una palabra clave para cambiar el curso de la acción con el fin de manejar la ansiedad. La palabra clave debe haber sido elegida por la pareja antes de la sesión y debe ser de naturaleza positiva (por ejemplo “cambia” o “otra cosa”). La idea es que los clientes puedan reconocer su ansiedad, comunicarla y luego superarla de manera productiva, reenfocándose en vez de simplemente detener la sesión.

  • VESTIDO: poca o nada de ropa con el fin de disminuir la chance de que el sacarse la ropa sea considerado un preludio a un encuentro sensual o sexual, lo que tiende a gatillar exigencias a sí mismo o al otro de sentirse romántica o sexualmente estimulado. Ahora, igual depende de la pareja y de sus propias necesidades (por ejemplo, si usar prendas de ropa interior ayuda a disminuir la ansiedad o no).
  • LÍMITES: las parejas pueden alternar quién tocar (al decir “turno) o quién se detiene (al decir “para” o “detente”), o agregar o modificar lo que consideren necesario, SIN EMBARGO, se sugiere que no hagan más que lo que sugiere el terapeuta (o sea NO hacer cosas que les parecen más sexuales o hacer más sesiones de contacto).
    A lo largo de las sesiones el besar y mantener contacto corporal completo se desestimula para reducir la expectativa de que el “tocar” debe ser romántico o sexual. La persona que toca debe usar solo sus dedos, palmas y el dorso de la mano. Si se genera excitación, se sugiere que los clientes se den cuenta de la experiencia -o sea “tomen nota”-, pero no hagan nada al respecto. NADA. Esto disminuye inmediatamente la ansiedad ya que “nada más va a pasar” (y está bien así).
  • Sugerencias específicas: normalmente parte iniciando y tocando la persona que manifiesta la DS, pero puede ser que sea que inicie, pero que el otro toque. Depende de la pareja. Pueden partir con la posición que quieren y cambiar cuando quieran -por ejemplo, tendido uno al lado del otro, o que uno se arrodille al lado del otro que está tendido, o que uno esté de pie mientras el otro está tendido, etc.). Tanto el que toca como el tocado pueden cambiar de posición. El que toca debe hacerlo hasta moverse desde los pensamientos del día a día a una experiencia sensorial, pero no hasta aburrirse o cansarse. Ideal entre 5 y 15 minutos, pero hay que evitar mirar el reloj. Cuando termina la sesión se tienden lado a lado y NO DISCUTEN NADA -NO EVALUAR LO QUE PENSARON NI SINTIERON INMEDIATAMENTE DESPUÉS-. Lo que sí se sugiere es que escriban sobre la experiencia: que tomen notas sobre información concreta sobre las sensaciones y sobre cómo manejar las distracciones. Hay tres tipos de experiencias que debiesen anotar:
  • Foco en las sensaciones: ¿En qué sensaciones te pudiste enfocar y dónde? ¿Pudiste tocar buscando tu propio interés? ¿Pudiste enfocarte en la temperatura, en la presión, en la textura? Por ejemplo, ¿cuál era la temperatura de la mano izquierda de tu compañero, en comparación con la de su brazo? (si son capaces de describir sensaciones, son capaces de tocar para sí mismos en vez de tocar pensando en la pareja).
  • Distracciones: ¿cuáles fueron las distracciones? Distracción: cualquier cosa que no sea temperatura, presión y textura. Por ejemplo: “¿estoy haciendo bien esto?”, “¿lo estará pasando bien?”, “se me olvidó comprar leche”, “¿quién soy?”.
  • Manejo de distracciones: cuando te diste cuenta de que te distrajiste, ¿qué hiciste? ¿pudiste reenfocarte en las sensaciones? ¿en cuáles? ¿dónde?

Las anotaciones tienen que ser descripciones, no opiniones (prohibido: bueno, malo, más o menos, etc.). La idea es que lleguen con esas descripciones a terapia, porque son concretas y no son destilados o ideas de lo que vivieron. No sirve: “la sesión estuvo bien”, “todo salió bien”, “hicimos lo que dijiste”. Dispárense si anotan eso, porque no sirve de nada.

 Instrucciones:

  1. Evita tener sexo penetrativo, sexo oral o autoestimulación o estimulación mutua.
  2. Uno parte la sesión diciendo “Me gustaría empezar a tocarte ahora”.
  3. Se tienen que ir turnando.
  4. El otro puede declinar la iniciación, pero si lo hace se vuelve su responsabilidad iniciar la sesión en otro momento y contará como si lo hubiese hecho el otro.
  5. Entre una sesión de SF y otra hay que alternar quién inicia.
  6. Deja que sea una hora de privacidad absoluta.
  7. No uses alcohol ni drogas antes o durante SF.
  8. Evita usar lociones, velas, música o cualquier cosa que sugiera romance. No es una experiencia románica, sino una experiencia consciente.
  9. Ten una temperatura agradable en la habitación.
  10. Ten algo de luz.
  11. Ten la menor cantidad de ripa posible y, preferentemente, sin ropa.
  12. Sácate tu propia ropa. No es un ejercicio de seducción.
  13. Evita hablar durante la sesión.
  14. Puedes ponerte en cualquier posición cómoda para ti y tu pareja.
  15. Toca hasta que puedas enfocarte en las sensaciones, pero no hasta aburrirte o cansarte.
  16. Las sesiones deben ser una prioridad dos o tres veces a la semana, cada 48 o 72 horas.
  17. Si las sesiones no pasan espontáneamente, se pueden agendar.
  18. Toca con la palma y el dorso de la mano y con la punta de los dedos. Evita el contacto corporal completo y besar.
  19. Si la persona tocada siente algo físicamente incomodo o emocionalmente incomodo o cosquillas, él o ella debe mover la mano del otro de esa área -o guiarla brevemente, poniendo la mano sobre o debajo de la de la pareja-. La persona que oca puede volver a esa área después.
  20. Direccionar la mano del otro positivamente es algo que se puede hacer más adelante, moviendo la mano del otro a partes que sean de interés y señalando la ubicación, el grado de presión y el tipo de movimiento que se puede explorar.

Después de la sesión:

  • Tenderse lado a lado por uno minutos
  • Cuando se quiere realizar una actividad sexual, se hace en otro momento separado o distinto de la sesión de SF.
  • Habla lo menos posible sobre las sesiones al principio. Jata que puedas hablar de ellas de manera no-evaluativa.
  • Luego de terminar la sesión, escribe sobre la experiencia considerando:
    ¿En qué sensaciones puede enfocarme y dónde?
    ¿Qué distracciones experimenté?
    ¿Cómo manejé esas distracciones? (la mejor respuesta: me reenfoqué en mis sensaciones)

Luego lleva esta información a la próxima sesión de terapia.

Próxima semana: posiciones y actividades para hacer durante las sesiones de tacto.

REDESCUBRIR EL TACTO (Parte I)

NOTA: Lo prometido es deuda: dije que iba a escribir un artículo útil e informativo sobre sexualidad y, voilà (son varios, en realidad). Resumiré – parafraseando y citando- Sensate Focus in Sex Therapy. The Illustrated Manual, de Linda Weiner y de Constance Avery-Clark (está en Amazon, chiquillos). Este es un manual para terapeutas sexuales que describe la teoría y los ejercicios de Sensate Focus.  Además, comentaré mi posición con ejemplos o reflexiones. (Traducción: asuman que la información dura pertenece al libro y que el resto es mío).

¿Por qué me doy esta paja? Creo que entender cómo se hace terapia para tratar disfunciones sexuales o mejorar la calidad de vida sexual es algo que todos deberíamos saber, ya que la sexualidad es parte de nuestro cotidiano. Encuentro que se hace poco por divulgar información práctica para mejorar la calidad vida sexual de la gente: los artículos para el público general tienden a ser muy vagos o tremendamente carentes de emoción. Una lata. (Ojo, pienso que esto pasa porque todavía hay secretismo y pudor en torno al sexo. Sí, TODAVÍA. Además, creo que hay un interés un poco perverso de parte de algunos terapeutas para hacerlo ver un poquito más complejo de lo que realmente es. Creo que la persona debiese decidir si quiere que alguien lo acompañe o no en su proceso teniendo la información antes. La práctica terapéutica no es magia, por mucho que algunas corrientes incentiven esa diferencia de poder como si lo fuese-). En fin: pienso que la información debiera estar al alcance de todos y haré lo posible para que eso pase.

Ya, ya, me callo. ¿Partamos?

(Eso sí, prerrequisito: lee con la cabeza abierta. Lee pensando en tu propia experiencia. Lee aplicando lo que vas leyendo. Discútelo con alguien, escribe tus preguntas, etc., etc., no sé, pero hazlo de manera inteligente y desprejuiciada. Y aguántame cuando explique algunas cosas).

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Todos lo hemos vivido y el que lo niega, miente (o es un Dios sexual y en ese caso, llámame -no, broma, pero cuéntame al menos-): esa ansiedad horrible que te martilla la cabeza por que no estás seguro de si eres bueno o no en la cama, si el otro lo está disfrutando, si podrás llegar al orgasmo o no -porque no po, no se me para, no me mojo, me acordé de la lista del supermercado y qué pasa si justo ahora suena el celular-, si la forma en que nos tocamos mutuamente es excitante o no -¿le gustará que le muerda la oreja, que le agarre la pechuga así o asá, que le pegue en el poto, que le diga estas cosas?-, etc., etc., etc. Es una tortura mental que es en parte nuestra culpa individual, pero también de la cultura en la que nacemos.

El que pensemos de esta manera sobre el sexo -antes, durante y después de tenerlo- tiene que ver con los guiones culturales que hemos aprendido sobre qué es el sexo y cómo hay que vivirlo.  Entre esas ideas está, por ejemplo, que para ser un buen amante hay que poder calentar al otro, saber lo que quiere -ojalá sin preguntarle- y descifrar si lo está pasado bien o no -por supuesto, sin hablar abiertamente sobre eso-. Todo debiese “fluir”, pero esa fluidez requiere de dones telepáticos, y si no fluye, entonces es el caos.

El foco está en el otro y el problema es que el sexo funciona exactamente al revés. Para disfrutarlo hay que enfocarse en las propias sensaciones, sin tener ninguna expectativa de qué pasará después (suena más fácil de lo que es, considerando la programación de la Matrix).

“Si te enfocas en tus sensaciones, el sexo pasará naturalmente”, Masters y Johnson dixit. La terapia en modalidad Sensate Focus te enseña a reconectar con las raíces (sensibles) de la sexualidad.

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¿Qué es Sensate Focus? (*de ahora en adelante, SF)

SF es una serie de sugerencias estructuradas para tocar y descubrir el propio cuerpo y el de la pareja de una manera no-demandante, exploratoria, sin tener que leerle la mente al otro.

¿Qué significa todo eso que suena tan bonito?

  • “Exploración no-demandante”: tocar siguiendo tu propio interés sin intentar obtener una respuesta sexual -ni placer, ni disfrute, ni relajo- ni de tu parte ni de la de tu pareja, así como tampoco intentar evitar que pase ninguna de esas cosas. (O sea, no exigirle nada a la experiencia aparte de lo que la experiencia es).
  • “Tocar siguiendo tu propio interés”: enfocarte en las sensaciones táctiles de temperatura, presión y textura. Temperatura, presión y textura se definen incluso más específicamente como cálido o frío, duro o suave (o firme o blando), y suave o áspero. (O sea, en sensaciones aterrizadas, que te anclan al cuerpo y al momento mismo).

Por lo tanto, SF ayuda a las personas a dejar de intentar controlar su respuesta sexual, para que ella pase por sí sola.

La lógica detrás es que la excitación, el placer, el disfrute y el relajo son emociones, y las emociones son funciones naturales fisiológicas que, por definición, no están bajo el control voluntario. Tratar de generar esas emociones o de evitarlas es una de las causas más frecuentes de las disfunciones sexuales. 

Durante la práctica de SF, cuando te concentras en alguna otra cosa que no es la sensación táctil tienes que considerar esos otros pensamientos o sentimientos como distracciones y volver a enfocarte en la sensación táctil. Esto es idéntico a practicar mindfulness. Cuando te enfocas en tocar por tu propio interés reduces la ansiedad de performance (que a su vez se genera por la expectativa de responder sexualmente), porque no puedes concentrarte de manera intensa simultáneamente en sensaciones táctiles y pensamientos que te generen ansiedad. Son incompatibles.

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Ya, sí sé suena maravilloso y mágico, pero mira, hay tres aspectos muy concretos de esto que hacen que el cuento funcione:

  • Tangibilidad y confiabilidad: cuando te sugieren que dejes de enfocarte en tu ansiedad sobre tu capacidad de respuesta sexual -¿voy a tener una erección? ¿voy a lograr un orgasmo?- y que en cambio te enfoques en tus propias sensaciones, tienes una alternativa segura en la que poner tu atención (tus sensaciones siempre están ahí).
  • Portal para la excitación: enfocarte en tus propias sensaciones es la manera más directa y poderosa para elicitar una respuesta sexual. Te enfocas en sensaciones táctiles, dejas de lado tu mente consciente y dejas que el cuerpo haga lo que tiene que hacer. Disminuye la presión sanguínea, se libera oxcitocina (la hormona del apego) y la sangre fluye hacia la pelvis. Pasas de estar consciente de tus sensaciones a estar absorbido por la experiencia sexual.
  • Portal para vincularse sexualmente: el enfocarte en tus propias sensaciones no solo te lleva a excitarte a ti mismo, sino también a tu pareja. William Masters decía que las tres fuentes de estimulación sexual son 1) tú tocando, 2) tú siendo tocado y 3) la excitación de tu pareja. Entonces, si cada uno esta excitado, se genera un loop de feedback positivo que a la vez excita al otro. Esto lleva a cada persona a pasar de estar centrado en sí mismo a vincularse sexualmente con el otro.

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El concepto principal a la base de SF es que el sexo es una función natural (y esto sí que no se te puede olvidar porque esta es la base de TODO).

Las funciones naturales tienen 3 características en común:

  • Nacemos con ellas: incluye a las funciones vegetativas como respirar o digerir la comida, y respuestas emocionales como el placer, el relajo y el disfrute. Sí: nacemos con la capacidad de responder sexualmente.
  • No se nos pueden enseñar: podemos enseñarle a la gente a aumentar las posibilidades de generar esas respuestas sexuales, pero no podemos enseñarles directamente las funciones naturales. Es lo mismo que decirle a alguien que se duerma o que se sienta feliz por orden nuestra: no podemos decirle a alguien “ten una erección ahora” o “lubrícate” (y suele pasar que cuando se intenta controlar la respuesta del otro, pasa todo lo contrario). Sí se puede alentar a las personas a que hagan cosas para que aumenten la posibilidad de que una función natural de respuesta sexual ocurra, pero ni siquiera el terapeuta más hábil puede hacer que un cliente responda sexualmente si la función natural no está ahí en un principio o si está interrumpida por problemas psicológicos o médicos u otros.
  • No tenemos control directo sobre nuestras funciones naturales: podemos controlar algo de ellas -por ejemplo, puedes retener la respiración-, pero no tenemos la capacidad para hacer que estas funciones pasen o dejen de pasar. Por ejemplo, cuando vas al doctor y tienes que hacer una muestra de pipí: ¿por qué se vuelve tan difícil justo cuando se necesita? Porque la demanda consciente de controlar una función natural genera ansiedad, y la ansiedad interfiere con la expresión de cualquier función natural.

(Volviendo atrás: “tocar para uno mismo” no significa que uno sea egoísta o que ignore a su pareja durante el acto sexual -aunque así nos lo hayan enseñado-. Es necesario estar inmerso en tu propia experiencia sensorial para que se exprese la función natural. ¿En quién piensas cuando tienes un orgasmo? No puedes tener un orgasmo y estar enfocado en la experiencia de tu pareja al mismo momento exacto).

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Ya, en resumen, la respuesta sexual es por naturaleza paradójica, y acá lo vas a entender altiro: como la respuesta sexual es una función natural, mientras más conscientemente tratas de obtener deseo, excitación o de orgasmar, menor posibilidad tienes de que eso pase. Lo mismo al revés: mientras más intentas no sentir esas sensaciones, es más probable que pasen. La intencionalidad consciente genera mucha ansiedad porque simplemente NO TIENES EL CONTROL PARA EXCITARTE NI A TI NI A TU PAREJA DIRECTAMENTE. (Perdón por las mayúsculas, pero es importante que te grabes esto en la cabeza).  Suena un poco terrible, pero aguante que esta es en verdad la libertad máxima que estabas esperando.

Entonces: si no podemos controlar nuestras propias funciones naturales…¿qué nos hace pensar que podemos controlar las de los otros? Es un poquito irracional. Por ejemplo, no esperamos poder respirar o digerir por el otro, pero cuando se trata de sexo es como si fuese otro libro por completo.

Tocar pensando en el otro por lo general no funciona porque:

  1. Tú mismo estás fuera de tu propia experiencia y por lo tanto no te conectai con lo que está pasando
  2. si tu pareja se da cuenta que la tocas para lograr una determinada respuesta, esa presión le genera ansiedad, lo que ya sabemos que hace que la persona trate de controlar su función natural que por definición en involuntaria… Loop de feedback negativo po, nene.

Masters y Johnson sugerían que lo que pasa en el buen sexo es que cada persona se enfoca en tocar por su propio interés, usando el cuerpo de la pareja como una fuente de absorción y estimulación, estando ambos de acuerdo en realizar ese intercambio, obviamente. Esto genera el loop de feedback positivo que eventualmente lleva a la excitación de ambos.

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Ya, lo dejo hasta acá hoy. La próxima semana se viene la parte II donde veremos qué son las disfunciones sexuales, cómo se evalúan y las consideraciones que tiene el terapeuta a la hora de atender a una pareja o sujeto.

¿Preguntas, ideas, revelaciones? Bienvenidas.
¿Ataques, discusiones psicoanalíticas, posiciones moralistas, etc? No, gracias.

 

Preguntas sexuales

¡Finde largo al fin! Mucho tiempo para relajarse, dormir, comer y tomar rico y por qué no, tirar. Aunque claro, a veces no está el ánimo adecuado. Una manera de revertirlo: hablar de sexo o al menos pensarlo. Así que se me ocurrió hacer un listado de preguntas para reflexionar sobre el sexo -muchas de las que ya uso en los perfiles sexuales cuando entrevisto gente-, pero también preguntas para iniciar esa conversa con alguien más. Separé las preguntas por categorías: hay unas más densas que otras, otras más livianas y otras calientasopas. Puedes planteártelas a ti mismo o compartirlas con alguien más (amigos, parejas, etc. y por qué no, familiares -las conversaciones sobre sexo más iluminadoras las he tenido con mi mamá luego de pasar la barrera del pudor-). Y ojo, si quieres compartirlas conmigo también lo puedes hacer (puedes mandarme un mensaje privado y decirme si te interesa que lo publique o postear algo en los comentarios si te sientes cómodo). Bueno, acá van:

IDEAS / CONCEPTOS / AUTODEFINICIONES
¿Qué es el sexo para ti? ¿Qué función cumple en tu vida?
En una escala del uno al diez, donde uno es “nada” y diez es “extremadamente”, ¿cuán sexual te sientes?
¿Qué es ser sexy? ¿Qué te hace ser sexy a ti? ¿En qué situaciones te sientes más sexy? Qué es lo que hace que una mujer sea sexy? Qué es lo que hace que un hombre sea sexy?
¿Qué tiene que hacer alguien si quiere seducirte? ¿Qué haces tú para seducir a alguien que te interesa?
¿Prefieres el sexo rosa o más duro? Describe qué tipo de actos te calientan.
¿Cuál es tu fantasía más frecuente/ relevante?

Completa las oraciones:
– Me defino como __________ (orientación sexual) porque me siento atraído por _______.
– Lo que más me interesa del sexo es __________.
– Cuando pienso en mi vida sexual, me da miedo _____________.
– El sexo me hace sentir ______. (ej: nervioso, alegre, libre, ansioso, solo, conectado, etc.).
– Soy _________ coqueto / seductor / sexy.

TRANCAS, PROBLEMAS
¿Hay algo que te avergüence de tu cuerpo?
¿Hay algo que te guste hacer sexualmente o eróticamente que te genere culpa o vergüenza?
¿Sientes que tienes un problema para funcionar sexualmente? (ej.: no me me para, no me mojo, me cuesta llegar al orgasmo, no siento deseo, etc.). ¿Cuándo se da ese problema? ¿Puedes pensar en las ideas que tienes antes de que pase y en cómo te sientes?

PREFERENCIAS (**estas también sirven para hacerlas a amigos, parejas, etc. e iniciar una conversa).
¿Hay algo que te guste / atraiga de los otros que no es común o habitualmente considerado sexy o bonito? (ej.: me gustan los narigones, las ojeras, encuentro atractivos a los tipos muy flacos o gordos, etc.).
¿Qué es lo que más te calienta?
¿Luces prendidas o apagadas? ¿Por qué?
¿Prefieres hacerlo en la mañana o en la noche? (o en la madrugada, etc)
¿Qué es lo que más te gusta hacer en la previa?
¿Cuál es tu posición favorita? Describe qué sientes en esa posición.
¿Prefieres que te guíen o guiar? ¿Cómo te gusta que te guíen? ¿Cómo te gusta guiar?
Si pudieras elegir a una persona famosa para tirar -tipo carta blanca, sin consecuencias y porque esa persona te encanta-, ¿a quién elegirías y por qué?
¿Tienes algún fetiche? Describir qué se siente ante el fetiche, en qué contextos, etc.

¿Qué opinas de las siguientes prácticas? (Te gustan / interesan / te generan rechazo / te dan susto, etc). (*Sugerencia: si no sabes de qué se trata algo, ¡Googlea!):
– Masturbación (te gusta o no, frecuencia, dónde y cuándo, masturbación mutua, ver al otro masturbarse, etc.)
– One night stands
– Hacerlo en: el suelo, la cocina, en la ducha, en el auto, etc.
– Tirar frente a un espejo
– Rasguñar (a ti o al otro)
– Morder al otro o que te muerdan
– 69
– Sexo con los ojos tapados
– Bondage (sexo atado, con cuerdas o esposas o cintas, limitar el movimiento)
– Pornografía (sexy o no, de qué tipo, verla solo o en pareja, etc).
– Choking
– Lencería (importa o no, de qué tipo).
– ¿Con la ropa puesta o sin?
– Disfrazarse. Si te interesa: ¿de qué sí y qué no? ¿Por qué?
– Jugar con comida (crema, salsas, ropa interior comestible, etc).
– Hablar sucio. ¿Qué cosas te gusta que te digan o decir?
– Sexo penetrativo vaginal
– Sexo oral: sí, no, por qué, a ti o al otro, en qué posición, etc.
– Sexo anal
– Hacer un striptease o que te hagan uno
– Grabarte teniendo sexo en vivo
– Sexo telefónico
– Sexting
– Sexo virtual
– BDSM
– Tirar de pie, contra una pared, etc.
– Spanking o azotes
– Relaciones abiertas
– Swinging
– Relaciones asimétricas (mutuamente consentidas y legales, no nos pongamos ultradensos): profesor/ alumno, jefe/ empleado, diferencias de edad significativas, etc.
– ¿Recortado, rasurado completo o bushy?
– Juguetes sexuales- Cuáles sí y cuáles no.
– Exhibicionismo (tirar con el riesgo de ser pillados o en lugares públicos)
– Voyerismo (mirar a otros tirar)
– Tríos (describir porqué sí o por qué no, bajo qué condiciones)
– Sexo grupal (orgías)
– Golden rain
– Coprofilia
(***seguro me faltan un montón de opciones, puedes sugerirme agregarlas).

EXPERIENCIAS
¿Qué ideas tenías sobre el sexo cuando chico que descubriste que eran falsas o erradas?
¿Cuándo fue la primera vez que te sentiste sexual (que hubo una especie de despertar sexual)?
¿Qué te hubiese gustado que te dijeran sobre el sexo antes de tenerlo (consejos, advertencias, etc)?
¿Cómo fue tu primera vez? Si eres virgen, ¿cómo te gustaría que fuese tu primera vez?
¿Cuál es la experiencia sexual más memorable que has tenido?
¿Cuál es la peor experiencia sexual que has tenido?
¿Quién te hizo descubrir tu cuerpo de una manera positiva?
Si pudieras repetir a alguien en tu vida (sin consecuencias), ¿con quién lo volverías a hacer?
¿Cuál es el lugar más raro en el que has tirado?
¿Qué es lo mejor que te han dicho en la cama?¿Qué es lo peor que te han dicho en la cama?
¿Has tenido sexo con más de una persona en un mismo día?
¿Cuál es la posición más rara que has hecho?

PARA PRACTICAR CON OTRO (preguntas más calientasopas)
*todas las preguntas se hacen mutuamente. (Ojo, si hay celos de por medio, usar el sentido común y no preguntar cosas que puedan llevar a conflicto).
Descríbele lo que pensaste y sentiste la primera vez que lo viste. Y ahora cuéntale lo que pensaste y sentiste la primera vez que lo viste en pelota.
¿Qué te parece atractivo de mí? (puede ser desde algo físico a algo menos aterrizado, por ejemplo cómo se mueve, su presencia, etc).
Dile algo que te gusta de su cuerpo y por qué.
¿Qué es lo que más te gusta que te haga?
¿Cuál es tu tipo de beso favorito?
¿Cuál es la parte que más te gusta te toquen? ¿Cómo te gusta que te toquen?
Describe cómo son tus orgasmos.
Cuando piensas en mí de forma sexual, ¿qué imagen viene a tu mente? Descríbela lo más específicamente posible.
Si te masturbas, ¿en qué piensas cuando lo haces?
¿Qué te gustaría probar sexualmente conmigo? (y ¿qué no?)
Parejas: ¿Qué podemos hacer para mejorar nuestra vida sexual? (ej.: hacerlo mas seguido, probar cosas nuevas, ser más seductores con el otro, etc.).
¿Hay alguna escena sexual de una película que te gustaría replicar conmigo?
¿Cuál es la imagen mental más sexy/ sucia/ hot que tienes de mí?
¿Qué te gustaría hacerme ahora? (describe con detalle)
¿Desvísteme?

Enjoy!

El encanto del autosabotaje

Me encantaría decir que no sé nada de autosabotaje, que lo veo como un tema lejano, una conducta superada en la adolescencia. Pero obvio, estaría mintiendo.

Lo voy a resumir altiro para que solo los valientes lean lo que sigue (porque no es una lectura agradable):

  • Las cosas que más me importan son las que tiendo a arruinar con mayor talento.

*

¿Todavía aquí?  No te felicito -nadie quiere estar en este grupito-, pero lo entiendo.

Hace poco lo conversaba con una amiga: creo que nos advierten poco, cuando somos niños, de que la mayor amenaza para nuestra felicidad no son los otros, sino nosotros mismos. Teniendo en cuenta que nos pasamos la vida pensando que alguien nos puede quitar lo que más queremos, que la vida -con sus tragedias e imprevistos- nos puede torcer la mano, que somos frágiles ante los miles de factores que se nos cruzan por delante, a mí me gustaría que cada tanto alguien me recordara -incluso ahora, a los 33 años que tengo- que mi antagonista más poderosa soy yo misma.

*

Da vergüenza reconocer que uno se autosabotea porque es súper idiota, no más. ¿Por qué querríamos hacernos la vida más difícil? La lógica indica que si de verdad queremos algo es cosa de ponernos de cabeza y lograrlo. Y aquí estamos, poniéndonos trampitas a nosotros mismos.

Tal vez tú, como yo, has tenido éxito en un par de cosas. No has tenido que esforzarte taaanto para sacar tu carrera o ser más o menos decente en tu pega. La vida, dentro de, te parece manejable, sencilla. Pero tal vez también te has dado cuenta de que justo las cosas que más te importan son las que te salen más cuesta arriba. Que tienes un talento sobrenatural para arruinar(te) las cosas que quieres.

Bienvenido a mi infierno personal: es más sencillo ser exitoso / talentoso en cosas que no te importan. Y el resto -las cosas que te aprietan el corazón, las cosas que sabes que honestamente necesitas- son las que no puedes dejar de machacar.

Ojo, no quiero pintarme aquí como la doncella trágica a pesar de mí misma (ni quiero hacerte lo mismo a ti, porque qué patuda jaja). Solo quiero que lo pensemos desde otro punto de vista.

*

Pero antes: ¿Cómo funciona el autosabotaje? Aca va mi humilde observación.

Estoy convencida de que si uno tiene un diálogo honesto consigo mismo uno siempre sabe qué es lo que necesita y cómo conseguirlo. El problema, obviamente, es que puede ser que lo que queremos requiera esfuerzo, o que nos resulte difícil reconocer ese deseo (hablé de esto en el posteo anterior “Aprender a desear” y este es un posteo complementario). Lo resumo así:

  1. Quiero X, de verdad. EN SERIO. Si consigo X, se me resuelven muchas cosas.
  2. Sin embargo, si trato de conseguir X con todas mis fuerzas y no lo logro, la frustración tal vez me aplaste, porque reconozco que es algo que me falta / necesito, y no sé si seré capaz de bancarme eso. O tal vez siento que no me lo merezco de verdad. O tal vez lo quiero, pero estoy cómodo con mi incomodidad – a fin de cuentas, es algo a lo que ya me he acostumbrado, casi un hogar-.
  3. Entonces, una salida posible es manifestar que quiero X, pero en vez de hacer un esfuerzo real de conseguirlo, me autosaboteo en el camino.
  4. Así, en lugar de fallar directamente o de ponerme a prueba con el riesgo de fallar, sigo deseando permanentemente. Pareciera que me muevo, que tengo un norte, pero es como correr en la trotadora del gimnasio versus correr en un parque.
  5. ¿La estrategia? Cada vez que me acerco a X -y pareciera que cada vez estoy a punto de llegar- las cago. Así, X vuelve a estar a una distancia “segura” (suficientemente a la mano como para sentir que no es un deseo inasible, suficientemente fuera de mi alcance para requerir un esfuerzo y compromiso considerable para lograrlo).

    Una vida en loop.

    *

    Voy a poner ejemplos que pueden a aterrizar lo que quiero decir y que he observado en amigos, conocidos y en mí misma:

    • Quieres tener una pareja estable y cuando aparece esa persona con la que hay un vistazo de futuro posible, de pronto todos tus exes se vuelven atractivos, aparecen de la nada candidatos potables (que realmente no lo son) y la vida de soltero -esa que hace rato ya te tiene medio saturado- te parece llena de beneficios.
      El Autosaboteador Nivel Profesional se involucra lo antes posible con otro sujeto con el que no tiene ni un futuro, pero que lo distrae lo suficiente como para arruinar la chance con el otro con el que parece que sí había algo real. Tan lejos, tan cerca.
    • Tienes un proyecto propio que te motiva. Sabes que al fin encontraste algo que te mueve, que tiene sentido. En los momentos libres en los que podrías dedicarte a desarrollarlo y hacerlo realidad, desvías tu atención hacia otras cosas (procrastinación, somos tus súbditos): desde ver maratones de Netflix hasta limpiar tu casa completa o ponerte a ordenar cosas o reventarte carreteando siendo incapaz de tener un pensamiento lúcido al día siguiente sin que te duela la cabeza.
      El Autosaboteador Nivel Dios se obsesiona pensando en que no tiene ni las condiciones psicológicas ni la capacidad intelectual lo que quiere: si tan solo fuese un poquito más capaz, un poquito más experto, un poquito “más” en general. Habla de su proyecto como algo que incluso ya fue: un sueño dorado que, dadas las condiciones perfectas, funcionaría. En la idealización de ese escenario -donde hay plata, tiempo, gente, etc, todo un ecosistema que lo podría apoyar- ignora todo lo que tiene ahora para hacer que funcione.
    • Quieres lograr una meta corporal concreta: bajar de peso, comer más saludable, desarrollar habilidades corporales (fuerza, resistencia etc). Sabes que estarías más satisfecho si te cuidaras a ti mismo, a fin de cuentas tú eres el único que tiene absoluto control sobre qué consume y qué hace con su cuerpo. ¡Es tan sencillo! Excepto que a los 25 minutos de ponerte a dieta te encuentras con un ataque de ansiedad tragando lo que encuentras en tu cocina, o simplemente dejando para otro día ir al gimnasio o moverse. Postergando.
      El Autosaboteador Realmente Talentoso fantasea continuamente sobre cuánto mejor se sentiría estando en esa otra condición, pero es incapaz de controlarse: abusa de la comida o el alcohol, pero la tortura real se manifiesta como un desprecio hacia sí mismo que lo tira en un espiral de rechazo, cargando con la sensación de ser superado por las circunstancias, de no tener fuerza de voluntad. Yace cual papa frita en el pliegue del sillón. El cuerpo le pesa, y aquí está el loop: “con este cuerpo no se puede, con esta hambre no se puede, con esta falta de voluntad no se puede”.

    *

    La gente que no es tan autosaboteadora no lo entiende. Hablan de tener “fuerza de voluntad” o “motivarse”, lo que al final hace sentir todavía más culpable al autosaboteador: porque requiere tan poco, ¿cierto? ¿Entonces cómo puede ser que no lo logres? Es cosa de decidir que lo vas a hacer y hacerlo.

    Excepto que, obviamente, no es tan fácil.

    La fuerza de voluntad se define en psicología como la habilidad de resistir tentaciones en el corto plazo para lograr objetivos de largo plazo; la habilidad de emplear un sistema cognitivo o conducta en “frío” en vez de una respuesta emocional “caliente”; un esfuerzo consciente de regulación del sí mismo; un recurso limitado que puede agotarse (aunque esto último está en discusión por distintos estudios y se ha demostrado que “creer” que es un recurso limitado hace que lo sea). La motivación, por su parte, es lo que hace que nos movamos hacia una meta, las “ganas de”, pero tiende a ser poco confiable, varía, es inestable.

    Hace un tiempo me puse a leer todo lo que escribe Dick Talens -que sí, es un personal trainer que integra un montón de psicología en su manera de abordar el fitness (y después de eso lo contraté unos tres meses y después autosabotaje, obvio pfff)-. Tiene un artículo interesante donde propone que el fitness es una habilidad, como andar en bici, no un talento. Esta manera de mirar una meta -en este caso, el fitness-, la vuelve muchísimo más manejable. Según Dick, todo parte por tener una mentalidad estática o mentalidad de crecimiento. Los primeros piensan que el éxito se basa en un talento innato y entonces los fracasos son el resultado de una falla intrínseca del carácter, la disciplina o la inteligencia. Los segundos creen que el éxito depende de mejorar ciertas habilidades: a través del trabajo, aprendizaje, la experiencia.

    Y acá la cosa se pone interesante, Dick dice que algunas actividades solemos verlas como estáticas o con posibilidad de mejora. Si te caes en bici la primera vez que te subes a una no dices “tengo un defecto enorme para andar en bici, soy incapaz, no tengo la fuerza de voluntad como para hacerlo”. Lo que hacemos en la realidad es darnos cuenta de que no hemos desarrollado esa habilidad, entonces nos fijamos en qué hicimos que al final nos caímos. Por el contrario, el fitness se tiende a ver con un mindset estático: te saliste de la dieta y altiro eres esta persona que “no puede” hacer una dieta, floja y poco disciplinada, en vez de pensar en por qué te saliste y cómo prevenir ese error en el futuro. (POR FAVOR hacer el ejercicio aquí de reemplazar “fitness” con lo que sea que quieres lograr: escribir un libro, levantar tu empresa, etc).

    Y aquí entra lo del autosabotaje desde mi punto de vista: si quiero examinar por qué no estoy logrando lo que quiero, tengo que tener muy claro cómo estoy funcionando, qué trampas me estoy poniendo, en qué contexto me pego la patinada que me desvía, a qué situaciones me estoy exponiendo. Y la parte difícil: tomar responsabilidad y cambiar la conducta. Y eso requiere primero un plan. Y luego implementar el plan de forma disciplinada para que se transforme en un hábito. Y si es un hábito, ya no te lo cuestionas: es parte de tu vida.

    *

    Una última cosa sobre crear planes y hábitos para lograr metas: es importante tener un loop de feedback postivo. Tienes que querer volver a repetir la actividad. Tienes que sentirte bien respecto de lo que estás haciendo. Y no me refiero a premiarte por cada vez que haces algo -“ay, fui al gimnasio, voy a comerme el refri”, “trabajé tanto que ya no quiero ni ver mis textos, hola Reddit, déjame hudirme en ti”)-, sino a que la actividad en sí misma sea lo suficientemente desafiante para engancharte, que sea estimulante, que el resultado obtenido te haga sentir orgulloso. Y también, replantéate lo que quieres lograr: que sea un deseo que logres a través de un método que no te parezca desagradable. (En mi caso, un ejemplo sencillo: estoy volviendo a hacer deporte con algo que disfruto -la escalada-, pero si alguien me propone ir a correr me disparo y estoy segura que no duraría ni una sesión porque no lo disfruto).

    *

    Volviendo al autosabotaje, tengo una idea de por qué lo hacemos: creo que tiene que ver con sentir que no nos merecemos eso que queremos y, en segundo plano, tenerle miedo a fallar en serio.

    Ahora bien, lo primero es un aprendizaje. Y ojo que yo no creo que todo el mundo se merezca todo. Ciertamente no, en la medida en que ese merecer debe ir de la mano de acciones específicas. Tiene que haber una coherencia. Entonces el autosaboteador sabe que juega un juego de dobles: que el único que se interpone en ese camino es él mismo, pero no puede permitirse ser realmente abierto con eso, porque sería demasiado doloroso. Entonces: le pasan cosas. Se queda dormido, se emborracha, los días pasan por encima de él, lo atropellan.

    Si en verdad consideráramos que lo que queremos es algo que realmente nos merecemos, no nos pondríamos trampitas para demostrarnos que somos una mierda que no es digna de ello. Habría una coherencia: estoy a la altura de lo que deseo, por lo tanto me comporto acorde. Ahí está la parte de aprendizaje: ver honestamente el gap entre lo que quiero y lo que soy y, si después de analizarlo bien encuentro que sí, que hay una brecha, entonces ¿qué voy a hacer para cubrirla? ¿Qué necesito cambiar?

    Refs.:

    What you need to know about willpower: http://www.apa.org/helpcenter/willpower.aspx

    Fitness is a skill, not a talent https://lifehacker.com/fitness-is-a-skill-not-a-talent-heres-how-to-develop-1651281013

    Have we been thinking about will power the wrong way for 30 years https://hbr.org/2016/11/have-we-been-thinking-about-willpower-the-wrong-way-for-30-years

     

     

     

    APRENDER A DESEAR

    Tal vez es porque he estado todo el día en cama sintiendo cómo la gripe se apodera de mi cuerpo que me dieron ganas de escribir esto que, en principio, me parece un poco vergonzoso. (Me siento muy protegida encerrada en mi departamento tomando agua caliente con limón. Also, btw, bring food!).

    Voy a partir con dos opiniones que van ligadas:

    • Mucha gente no sabe lo que quiere
    • Está lleno de gente que, porque no sabe lo que quiere, anda cagándolas.

    Porque me toca hablar con mucha gente y escuchar muchas historias -tanto por lo de los perfiles sexuales, como por el estudio liviano pero intensivo de los Vistos en Tinder, como por Cónclave- me he dado cuenta de que hay un montón de gente que no sabe lo que quiere o que le tiene miedo a decir lo que quiere. Como consecuencia, se la pasan tomando decisiones desplazadas de cosas que se parecen mucho a lo que quieren, pero que no son específicamente lo que quieren. Alternativas menos riesgosas, cálidamente satisfactorias.

    Esto es problemático porque si uno mismo no es capaz de verbalizar, de manera muy concreta, qué quiere, es difícil que llegue a ninguna parte. Y no estoy hablando de la bullshit de El Secreto, aunque sí creo que mucho de lo que hay en esa paja molida apunta a algo de verdad. Y voy a tratar de desmenuzarlo a continuación.

    *

    Sé que no soy la única de humor negro / self-deprecating / cínico por acá (mis mejores amigos comparten esta cualidad también), pero creo que a veces esa misma autoconciencia necesaria para el humor retorcido nos hace rechazar cosas bonitas. Porque desde esa mentalidad es patético andar pensando que uno es “lo más” (básicamente el pensamiento va por: “habiendo tanto genio en el mundo quién soy yo para pensar que tengo alguna posibilidad de generar algo distinto / original / único. Qué egocéntrico / narciso hay que ser para creer que a alguien le va a interesar lo que hago”. Si usted no piensa así tiene mucha suerte, porque no sufre de andar dándose latigazos mentales). Al mismo tiempo, sin embargo, para hacer algo, cualquier cosa, HAY QUE CREERSE EL CUENTO. Entonces los que vamos por la vía de la falsa humildad (seguro-hay-alguien-que-lo-hará-mejor-que-yo-entonces-para-qué), terminamos -casi por defecto de fábrica- sin tomar riesgos. Playing it safe.

    *

    Hay varios aspectos problemáticos de esa actitud mental:

    • Evidentemente, se pierden oportunidades. Muchas. Casi todas. Porque incluso antes de ver la oportunidad hay primero una crítica. Y la creatividad necesita de una mente desprejuiciada para salir a flote. Y cuando digo “creatividad” me refiero a todo lo nuevo que se puede generar: desde un poema o canción hasta un romance. Y sí, el sexo en sí mismo es creativo también. No sólo se pierden oportunidades laborales e intelectuales, sino humanas. Experiencias.
    • Me ha pasado encontrar que muchas de estas personas tienen un mundo interno muy rico, una curiosidad inagotable y tienden a ser cultos, inteligentes, despiertos. Esa misma conciencia que les mencionaba más arriba (“alguien ya lo hizo, esto es parecido a lo que hizo XX, a quién le va a interesar”) los hace volverse verdaderos expertos de las cosas que les gustan y que no se atreven a hacer. Entonces, por ejemplo, las personas con mejor sentido del humor que conozco conocen mucho sobre humoristas, series, películas, etc. Son chistosos en la vida real, tienen el background necesario para crear algo distinto, pero no lo hacen. Lo mismo con los solteros en negación de que quieren una relación -no hablo de los solteros empedernidos, que existen obviamente- sino de los solteros que quieren una relación seria, comprometida, largo plazo, etc., y que en vez de reconocer eso se pasan picoteando porque qué pasa si tratan y fallan. Entonces -y acá la vida es cruel- desplazan sus ganas de afecto o intensidad a cosas más manejables: ser muy exitosos en sus pegas, deportes de alto impacto, experiencias brígidas (que oigan, está bien, a mí también me gustan esas cosas, pero estoy hablando de un tipo muy específico de persona acá, no se sientan juzgados los que no caen en la categoría). Ese desplazamiento emocional es frecuente. Y ese “volverse experto en saber de…” en vez de “hacer” también.
    • Por lo anterior, su identidad comienza a centrarse en algo que, por definición, ellos mismos no toman tan en serio, porque es un desplazamiento. Y ahí empiezan a cagarlas: porque sienten el vacío, algo falta, y no saben qué. Se llenaron de hobbys, pretendientes que no les interesan tanto, amistades insulsas, carretes de relleno, tienen la agenda copada con cosas que deberían hacer que se sientan completos…y no po. Vacío. Una piedra tiene más emoción.

    *

    Me gustaría ser más como mi perro -el Gordo- a ratos, y creo que con todos los años que llevamos juntos he aprendido algo, a punta de mirarlo. Cuando el Gordo quiere algo, me lo pide directamente. No es que yo sepa leerle la mente, es que es tan evidente en manifestar lo que quiere que es imposible ignorarlo, aunque sea una interacción interespecie. Si quiere que lo regalonee se me acerca y me pone la pata encima. A veces si estoy trabajando en el computador se pone entre mí y la pantalla y no se mueve hasta que lo acaricio. Si quiere salir a pasear me mira sin pestañear -es su mirada hipnótica- y apenas hago un gesto para moverme va corriendo hacia la puerta. Esto lo puede repetir 50 veces, hasta que no me queda otra que sacarlo a pasear. Si le falta agua, hace un gemido específico para el agua. Etc. Etc. Sí, es fascinante.

    Ahora bien, pienso en el Gordo -en que es un perro- y en mí, y luego pienso en lo difícil que se nos hace a veces decirle a la gente que queremos lo que necesitamos de ellas. Entramos en insinuaciones, juegos, omisiones, silencios, castigos sutiles esperando ver reacciones en vez de comunicarse abiertamente. ¿Por qué? Creo que la respuesta básica es miedo. Miedo a explicitar algo que honestamente queremos del otro y que nos lo nieguen -o de “pedirlo” a la vida o a nosotros mismos-. ¿Y por qué eso tendría que ser tan terrible? Porque sentimos que cuando nos dicen “no” quedamos un poco en una tierra de nadie, avergonzados incluso de habernos expuesto, a la deriva porque si no resulta ¿qué sigue?, quizás perdiendo poder relacional respecto del otro, etc.

    Por supuesto, todas esas situaciones catastróficas pasan en nuestras cabezas sin siquiera haber planteado lo que queremos, pero una vez que las cosas pasan en nuestras cabezas, empezamos a actuar como si pasaran en la realidad y, por lo tanto, hacemos realidad eso que pasa en la cabeza. Agotador, sí sé. Entonces, por ejemplo, si quiero que mi pareja me pesque más, en vez de hablarlo directamente -porque eso sería muy riesgoso, me haría ver como la débil de la relación- lo empiezo a ignorar, a ver si reacciona. Y como lo ignoro, genero un clima extraño de rareza que el otro no tiene idea qué es, a lo que el otro, en vez de preguntar directamente por qué lo estoy ignorando -porque eso sería demostrar que él ahora quiere más atención- comienza a sentirse más distante, lo que al mismo tiempo me refuerza a mí la idea a la base del miedo: que el otro no hará el gesto si se lo pido, que en realidad no le importo.

    Esto obviamente no pasa solo con parejas. Pasa con amigos, padres, hermanos, parientes. Con nuestros propios proyectos, o más bien, “sueños”, “fantasías”. Hay gente que tiene una vida creativa estancada porque no pueden tener ese diálogo con ellos mismos: “ya, me gustaría ser escritor/ artista/ cantante, etc”, pero ¿qué pasa si al confrontar ese deseo sentimos que no damos la talla? ¿Que no somos tan bacanes? ¿Que en verdad esa aspiración nos queda grande? O PEOR: ¿que si en verdad queremos eso hay que tomar pasos para lograrlo? Ponerse a escribir, a crear, a cantar. Exponerse. Entonces mejor ni siquiera planteárselo como un deseo, mejor dejarlo como un pasatiempo inofensivo, así, si soy más o menos no más, si no soy constante, si no tengo éxito, no fracaso, porque en realidad nunca me lo tomé en serio, viste, ¡porque era un hobby! Era una cosa que hacía en mi tiempo libre. Sí, me gustaba mucho, pero no era “de verdad”.

    Un montón de los perfiles de Tinder dicen cosas como “músico frustrado”, “chef de fin de semana”, “cantante de ducha”. Y si bien es en chiste, siempre creo que hay algo ahí esperando a que se le quite la adjetivación para minorizarlo y salir, eventualmente, a la luz. En vez de ser “músico frustrado”, ensaya, búscate una banda, sé el mejor músico que puedes ser. Me parece que eso resulta más atractivo para los otros, pero mucho más importante, más satisfactorio para uno mismo.

    Hay algo MUY tranquilizante en disfrazar un deseo de un hobby / pasatiempo / tonterita, (y hay una industria completa que se beneficia de eso). Se siente como si estuviéramos haciendo algo, pero sin quemarnos. Súper cool, ¿o no?

    *

    Yo era del tipo cauto. Cauto que se pegaba sus patinadas y arranques hasta que entendí que las patinadas eran un desplazamiento. Entonces fue cuando en vez de decir que escribía “a veces”, me dediqué a escribir todo el tiempo y decir que soy escritora (con todo el pudor que eso me genera). Y desde que lo empecé a hacer así y tomármelo en serio, mi vida ha cambiado. Lo mismo con las amistades que tengo: me daba susto necesitar gente, plantear que quería pasar tiempo con ciertas personas. Mi vida familiar es mucho más rica ahora y mi círculo de amigos mucho más cercano, fuerte. Pero hay que tomar el riesgo primero: hay que reconocer qué es lo que quieres, cómo lo quieres y qué tienes que hacer para que eso pase. Y eso es pega. Y requiere coraje porque puede que te digan que no o que tú mismo no te la puedas. Pero eso es mejor que quedarse en la medianía.

    Hay que APRENDER A DESEAR. No solo a “fantasear” porque la fantasía llega hasta cierto punto.  Desear con la guata, la cabeza y la punta de los dedos. Desear de manera tan constante que todo lo que haces se vuelve una manifestación de ese deseo, porque estás siendo coherente contigo mismo en vez de procrastinar con distracciones que te hacen sentir como que estás haciendo algo, pero lo único que generan al final es que te quitan energía.

    *

    Ya que andamos con tiempo este finde, por qué no hacer un primer ejercicio: anota una lista muy muy muy específica de qué quieres. Qué DESEAS. Y a cada uno de esos puntos ponerles un plan de acción muy muy muy específico también: nombres, gestos, conductas, rutinas. ¿Estás en grupo, te fuiste a la playa? Dale, hazlo con más gente. Tal vez descubres algo de ellos también que nunca sabías que querían. Desde cosas cotidianas –“quiero tener una vida más saludable”, “quiero tirar más seguido / tener una vida sexual mas activa / entretenida”, “quiero tener más panoramas”- hasta ambiciones mayores –“quiero tener una familia”, “quiere ser escritor”, “quiero vivir de X talento”-. No es magia, por si acaso. Necesitas un plan.

    Ah, y cuéntame cómo te va po, qué descubres.