Relaciones virtuales

No quiero ser tu amiga en Facebook ni seguirte en Instagram.
No, espera, eso sonó mal: no quiero ser tu amiga en Facebook o Instagram a menos que pasen 3 cosas:
– tú o yo estamos fuera del país o muy muy lejos
– somos meramente conocidos y queremos mantenernos así (como conocidos reales y virtuales)
– tenemos una amistad en la vida real y esto -esta versión virtual de nuestras vidas- es solo un complemento.

Lo que sí sé es que no quiero ser tu amiga en Facebook ni en ninguna plataforma si es una forma de que sientas que estamos en algo, cuando no es así.

A ver, de nuevo: no quiero ver fotos de tu familia, las celebraciones de tu cumpleaños, las cosas que te mueven, si no hay un buen motivo para no ser parte de tu mundo en la vida real.

¿Muy pesado?

Es sencillo: no soy tu público. Soy tu amiga o pinche o polola o tu ex o lo que se te ocurra, pero NO soy tu público.
No soy una foto.
Tú no eres una foto.
Nos acordamos de eso, ¿cierto?

(4min de lectura)

*

A mí me gustan las redes sociales, en serio. Hacen que me sienta cerca de gente que está lejos. Hacen que me recuerde a mí misma de que hay otras cosas pasando, otros caminos tomados. Es bonito poder sintonizar, a pesar de la geografía y el tiempo, con la gente que es parte de tu historia. Lo que no me parece bien es que haya un uso artificioso de las redes sociales, como si hablar por Facebook, darle un corazón a una foto de Instagram, Whatsappearse, mandar un Snapchat, fuese igual a pasar tiempo en persona. Porque -¡Hola!, les tengo noticias- no lo es.

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Si tuvimos algo y ahora sólo tenemos Facebook, algo se torció. Algo dejó de funcionar.
Hacemos como que estamos, de manera virtual, y con eso pareciera suficiente. Sé de ti, tú sabes de mí, no necesitamos ni siquiera juntarnos para actualizarnos. Tan educaditos. Tan considerados. ¡Feliz cumple! ¡Feliz Año Nuevo! ¡Felicidades por tu hijo! ¡Qué envidia!
Argh.
¿A nadie más le agota?

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Eric Berne tiene un librito chistoso -y terriblemente profundo- que a mí me gusta mucho: se llama “Juegos en que participamos”. Ahí, para explicar la psicología transaccional, plantea que en los niños existe algo que uno podría llamar “apetito de estímulo” y que dentro de las formas más apreciadas de estímulo, para el niño, se encuentran las que son producto de la intimidad física. Luego, cuando el niño crece, aprende a conformarse con contactos más sutiles, o incluso simbólicos, llegando a transformar este “apetito de estímulo” en un “apetito de reconocimiento”. Cada persona tendría una forma individual de buscar ese reconocimiento a través de “caricias”, desde las más físicas a las más conceptuales.

Las “caricias” serían una manera coloquial para definir todo acto que implica un reconocimiento de la presencia de la otra persona. O sea, la “caricia” podría ser la unidad fundamental del acto social, y un intercambio de caricias sería una “transacción”, la que a la vez es la unidad básica de las relaciones sociales.

Entonces, por ej, dice Berne, un actor de cine necesita cientos de “caricias” semanales de admiradores anónimos e indiferenciados -saludos, adulaciones, cartas, etc-, mientras que un científico tal vez necesita una “caricia” al año de su superior -un reconocimiento a su trabajo, una palmadita en la espalda-.

Luego Berne explica cómo puede entenderse que de la necesidad de reconocimiento y por ende, de caricias, pasemos a generar rituales y “juegos” con los otros (para el que le interese, ¡le urjo a que lea este libro! No voy a hablar de los juegos ahora, pero vale la pena leerlo).

Según Berne, estamos acostumbrados a recibir ciertas dosis de caricias diarias, y si no las obtenemos, entramos con en un estado como de hambre emocional -el deseo de esa caricia- y las reclamamos. Si no obtenemos las caricias suficientes, podemos llegar a una desnutrición afectiva, por así decirlo, que nos desordena por completo.

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Pienso entonces en la necesidad de reconocimiento y en cómo hemos trasladado de la realidad a la virtualidad esas “caricias” físicas y simbólicas a unas de una literalidad aplastante: el like, el corazoncito. No necesitamos interpretar cuántas “caricias” necesitamos: probablemente ya sabemos cómo ganarnos ese reconocimiento o aprobación y cuántos likes o corazones obtendremos en promedio. Hay gente que sube fotos de sus guaguas, de sí mismos en el gimnasio, de sí mismos con poca ropa, de sí mismos comiendo. Otros suben fotos de sus viajes, o de estados que reflejen su ánimo, o repostean recuerdos. Otros subimos chistesitos, textos de opinión, comentarios. Todos buscamos lo mismo: una caricia, un like -o como un “Visto en Tinder” hace poco insinuó, sin querer, un lick, un lengüeteo emocional-.

El problema es que no es suficiente. Pareciera que sí, porque se siente una subida -un high-, producto de la liberación de dopamina, la misma hormona que se libera y refuerza el consumo de nicotina, cocaína o la adicción a los juegos de azar. Pero el emoticón sonriente con lágrimas de risa no es lo mismo que presenciar en vivo y en directo un ataque de risa. El corazoncito por tu foto en la playa no es lo mismo que poder relatarle al otro tus aventuras en la playa. El like no es un abrazo, ni siquiera es un roce entre antebrazos. El like no da, pero hacemos como que sí.

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Cuando estés en tu lecho de muerte -que espero sea en muchos, muchos años más- no te vas a acordar de los estatus más originales que publicaste y a los que tus amigos les dieron like, ni de la cantidad de likes que recibiste en un día importante. Es obvio, es casi tonto ejemplificarlo así. Entonces, ¿por qué fingimos como que sí lo es?

Cada uno puede tener su verdad para preferir el mundo virtual, se las doy. Hay gente que dice que no tiene tiempo -pero sospechosamente ve maratones de series- hay otra gente que dice que anda muy cansada… hay excusas para todo. Yo creo que tiene que ver con que nos da susto exponernos: acostumbrados a un mundo en el que -supuestamente- nunca nos aburrimos y en el que estamos sobresaturados de información, juntarse con alguien, dedicarle tiempo y correr el riesgo de aburrirse en compañía, pareciera ser un sin sentido.

En la virtualidad todos somos más chistosos, frescos, rápidos. En la realidad, en cambio, se nos acaba el tema, andamos medio distraídos, no tenemos la talla fácil a la mano y bueno, parece que hay que poner más de uno.

Espera, déjame corregir eso: hay que ponerse completo. Hay que exponerse. Hay que mostrarse al otro y hacer evidente que uno quiere pasar tiempo con esa persona.

Ay, pero eso, con todo-todo-todo lo que puede salir mal es mil veces mejor que la virtualidad.

*

Entonces, un recordatorio en positivo: de lo que sí te vas a acordar cuando quieras recordar qué fue de tu vida es de haber estado con tus amigas con ataque de risa, tanto que tuviste que ir a encerrarte al baño para que se te pasara. O de cuándo bailaste tanto que te dolieron los pies. Te vas a acordar de la manera en que alguien al fin tocó tu mano o de cuando alguien te abrazó un rato en silencio cuando lo necesitaste. Te vas a acordar de cómo sabía ese postre que tanto te gustaba, de cómo olía tu mamá, de la manera en que alguien tenía de mirarte. De la forma en que alguien pronunciaba tu nombre. De cómo ese amigo contaba esas historias locas que todos sospechaban que eran semiinventadas. De la vez que hicieron la cimarra. De las noches que estudiaron para ese examen infernal y de la cantidad industrial de galletas Tritón que comían. De cuando se juntaban a escuchar música y se quedaban mirando el techo. De los primeros “¡salud!”, de los últimos “¡salud!”. Te vas a acordar de los momentos que compartiste con la gente que querías y de cómo eras tú con esas personas.

Ninguno de esos recuerdos es reemplazable por ninguna cantidad de likes.

*
Un desafío para el fin de semana: menos Facebook-Instagram-Whatsapp-whatever, más carne y hueso

Etiqueta sexual, tips para hacerlo como un pro

Es curioso que se nos eduque en cómo ser gente más o menos decente en la vida diaria, pero que nos saltemos olímpicamente el cómo serlo en nuestra vida sexual. He pensado harto en esto a raíz de la cantidad de historias que he escuchado: tanto desencuentro y malentendido y hasta sufrimiento porque las normas básicas de cortesía y respeto quedaron en cualquier parte. Pensé que tal vez un breve punteo (no pun intended) sería útil. Puede discrepar, es solo una opinión, ah, pero…

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  • Distinga entre sexo casual / deportivo / distractor vs sexo con afecto (y asegúrese que el otro está en la misma parada)
     Ya, esto es bien sencillo si es una one-night stand porque resulta más o menos obvio que lo que hay es puro sexo, atracción. Peeero las cosas se ponen medio turbias cuando los involucrados se conocen de antes: o son amigos, se conocieron vía app, están saliendo o son exes. ¿Quién define y cómo qué tipo de territorio es el que se está tocando? La cosa debiese ser de a dos, solo que nos topamos con un problema grande relacionado con sexeconomics y con la manera en que se juega el jueguito desquiciante de la seducción. Le puedo dar mucha vuelta a esto y lo haré en posts sucesivos, pero lo que quiero dejar en claro es que la conversa honesta de qué-es-lo-que-estás-buscando se tiene que dar lo antes posible. Por decencia. Si no, es como ir a un restaurant y pedir una ensalada y después quejarte porque te trajeron la ensalada, pero en verdad tenías ganas de comer un filete con papas fritas. NOT.

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  • Converse ANTES sobre sus preferencias sexuales
    Otra cosa super común es asumir que lo que a nosotros nos gusta también le gusta al otro. A X le encanta el spanking, a Z le parece horrorífico meter algo de violencia. A Y le fascina jugar con fluidos corporales, a Q le resulta asqueroso. A N le encanta que le muerdan y retuerzan los pezones, a B de solo pensarlo se le quita la excitación…y así. Conversar no significa quitarle todo el misterio. Es posible dejar entrever -sin ser brutalmente descriptivo- qué le gusta.relationship
  • Tenga a mano condón si es que tiene un pico
    Y no mienta diciendo que no lo tiene sólo para ver si lo dejan pasar igual. Bien básico, pero algunos necesitan recordatorio. El sexo parece un juego por lo entretenido que es, pero si usted quiere pasarlo chancho hágase cargo de ser un adulto también.

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  • Sea honesto si es que tiene algún tipo de ETS
    Sí, muy relacionado al punto 3). Si usted se pegó algo, no empiece con el círculo del mal a perjudicar a otros. Absténgase hasta que esté al 100% o tome las precauciones correspondientes. Es lo mismo que agarrar con gripe: uno no tiene ni un tapujo al decir “Oye, estoy que me muero, llevo una semana con fiebre y tapada a Tapsin, esto es lo que hay”. La otra persona decidirá, pero informada.f3e0a39eca9ed9f234ed2a48a0736d200daaa01d4a49e4c1dd9a853c61f4f7cf
  • Si no tiene claro qué le gusta al otro, pida permiso
    Acá la cosa se pone medio peluda porque es una lata andar con susto y matar el flow durante el acto mismísimo, pero ante todo TINO. Si usted intuye que la otra persona se podría sentir incómoda con algo que usted le quiere hacer, entonces sugiéralo, pregunte, vea cómo el otro reacciona. Si están full en la parada dominación/ sumisión se sobreentiende que no es necesario. TINO, TACTO, CRITERIO. Este es el único trío imprescindible que todos debieran tener a mano.
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  • Cuide la boquita
    Las cosas que decimos tienen un impacto en el otro. A veces usted no se da ni cuenta y la frase chistosita que soltó –“Oh, qué chico, te pasaste”, “Estai un poquito pasada de peso”-, o la romanticona tipo príncipe azul y/o idiota rematado –“Me recuerdas tanto a mi ex”, “Podría hacer esto contigo el resto de mi vida”- marca y afecta al otro. O le caga la cabeza. Si no tuvo la conversación del punto 1), evite entrar en este terreno a toda costa. Mida sus palabras y sea coherente respecto de sus intenciones. No es una película a menos que sea una película (wohoooooo ¡juegos de roles!). No al body shaming (a menos que sea BDSM, ya sabe, es parte de en algunos casos).
    Ahora, si hay confianza, dele. (Desde mi punto de vista el sexo es mucho más entretenido si la hay, más cancha para jugar).1e3sbaf
  • Coopere a la higiene mutua previa y pos sexo
    Si –momento glorioso- sabe que va a tirar, dúchese antes o al menos lávese las presas. No he escuchado a nadie todavía que diga “Me encanta cuando él/ella huele a que no se ha bañado en tres meses y ese olor a pelo pegado exquisito”. Nadie. Si todavía tiene problemas para cuidar su higiene tal vez quiera, en vez de estar leyendo un blog sobre sexo, concentrarse en cómo cresta mantenerse más o menos limpio. Ahora, a mí me descompone la gente desordenada o sucia –cambie las sábanas, POR FAVOR, y no, tener sobre 20 años y apilar la ropa sucia y no sucia y todo lo que encuentre en el suelo o debajo de la cama NO es ordenar-, pero esto ya da para otro post o incluso para otro blog.
    Ahora, pos sexo, si usted se va afuera tenga la gentileza de acercarle las toallitas húmedas (ideal), los pañuelitos (casi ideal), el rollito de confort (meh), la toalla (arghh) o el calzoncillo o la polera (doble argh). Pero acérquele algo a esa pobre persona empantanada.
    Si por otro lado usted, mina, tiene la regla/ menstrúa preocúpese de advertirle a la otra persona. Si le pasa durante, sin que pueda prevenirlo, hágase cargo después de limpiar.
    Ojo, en ninguno de los casos encuentro que una secreción corporal tenga que generar vergüenza ni nada, pero sí creo que hay que facilitarle al otro la vida y ser considerado. Ah, y si el asunto de las secreciones les resulta a ambos o todos los involucrados excitante, go for it.Capture
  • No haga promesas que no cumplirá
    Este es un consejo para la vida. Es muy, pero muy penca prometer cosas y no hacerlas. Pero si es de los que jura el cielo y el más allá (o de los que promete acciones más terrenales como llamar al día siguiente y no es capaz de llevarlo a cabo), anticípese a usted mismo y no lo haga. Si tiene claro el punto 1), esto no debería ser muy difícil.

En fin: sea consecuente. Trate al otro como un ser humano digno de respeto. Páselo bien. 

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