Kit de supervivencia: Anteojos

Repasemos lo que tiene su kit de supervivencia hasta ahora:

  1. Portaligas
  2. Esposas
  3. Tacones

Palméese sola el hombro (puede cerrar los ojos para que la sensación de que alguien más lo está haciendo sea más real): usted ya domina, si es una alumna aventajada -y créame, más le vale serlo- estos tres elementos básicos para convertirse en un animal sexual. Felicitaciones. Sin embargo, para los tiempos que corren, todos sabemos que estos artículos son solo el comienzo. Sí, pequeña inculta, nos queda mucho por delante. El siguiente objeto a analizar son los anteojos. La primera distinción que hay que hacer es meramente tipológica-estructural, pues los hay de 2 tipos:

  • anteojos de sol
  • anteojos para leer y/o jugar a la secretaria sexy.

En esta ocasión, examinaremos algunas de las infinitas posibilidades que nos entregan ambos en términos prácticos para potenciar el placer sexual.

Práctica y visualización

**Debido al aprendizaje sucesivo que implica el tener un kit sexual, usted debe llevar a cabo esta lección usando su portaligas, sus tacones y,  en una sola muñeca, sus esposas. Disponga de los dos tipos de anteojos frente a sí misma.

Parte I
Póngale play a Less than zero, de Elvis Costello* (dato literario: no importa la canción, sino que esta inspiró el título del libro de Bret Easton Ellis que tiene un pasaje en el que los personajes tienen sexo con anteojos de sol. ¿No lo ha leído? Otra prueba más de su analfabetismo cultural. ¡Instrúyase!). Muévase al ritmo de esta canción cero sexy, haciendo como si lo fuera, y póngase los anteojos de sol. Arrójese sobre la cama con energía, como si alguien la empujase a una piscina. Haga como si estuviese nadando estilo mariposa. Ponga a prueba su imaginación: salude a lado y lado a los otros bañistas, desespérese un poco porque la orilla todavía está lejos, bracee hasta que se le agoten los músculos. ¿Lo entiende ahora? Nadar con anteojos de sol es similar a tirar con anteojos de sol. Tiéndase de espaldas y quédese muy quieta. Reconozca el siguiente hecho innegable: usted se siente más segura con anteojos de sol, incluso estando sola (a pesar de la idiotez -poco argumentable- que implica usarlos bajo techo). Ahora, lentamente, siéntese sobre su cama y lleve su mano con la esposa hacia su cara. Acaríciela con el dorso, como si esa mano perteneciese a alguien más. No se saque los anteojos: la sensación de estar de incógnito con usted misma -pero también, con esa otra persona que es usted misma- es altamente gratificante. Esa mano esposada podría ser la de un bandido, o peor todavía, la de un policía que ha perdido a un bandido. Actúe en consonancia. Diga, para el primer caso
–       “¡Si me toca un solo cabello Big Daddy lo cortará en pedacitos!” y,
–        (jugando a la mujer misteriosa) “Crees que eres peligroso…mi nombre es Sandy Nalgas de Acero, puto mafioso”.

Para el segundo caso, ensaye las siguientes frases con acento mexicano:
–        “Ay, Señor mío, yo no he hecho nada malo” mientras mueve la cabeza de un lado a otro dejando que su melena se despine -pero que no se le resbalen los anteojos-;
–        “Ay, papacito, por favor ten piedad de este cuerpo (casi) virgen”, mientras se muerde el labio inferior pintado de rojo furioso, y
–        “No me gusta la ley ni el orden, estúpido cabrón”, mientras abofetea el aire frente a usted con excesiva energía.
Respire profundamente 5 veces.
Sin sacarse los anteojos, tiéndase con cuidado sobre su cama y, levantando las piernas verticalmente, haga el famoso movimiento de tijera, llevando una pierna hacia abajo y otra hacia arriba, sucesivamente, por al menos 10 minutos. ¿Ve? Con anteojos de sol hasta los movimientos más ridículos son sexys.

Parte II
Para tener la experiencia sexual con anteojos de lectura cabe distinguir dos escenarios posibles:

  • usted sufre de algún problema oftalmológico, razón por la que usar anteojos es justo y necesario.
  • usted tiene una visión perfecta, pero carece de una mirada intelectual o es un condenado hipster, motivo por el cual necesita buscarse una identidad.

En cualquiera de estos casos, es aceptable hacer el siguiente ejercicio empleando su kit sexual: póngase los anteojos oftalmológicos y reconozca que, tan solo con este  acto, ya se siente intelectualmente superior. Debido a esto, los dioses le han obsequiado -solo mientras los tenga puestos- un amplio vocabulario psicoanalítico para acceder a amantes más sofisticados (y todos lo saben: mientras más intelectuales, más perversos polimorfos). Ejecute estas indicaciones:

  1.  Usando sus anteojos, vaya y póngase un beatle negro y murmure lentamente la frase “Complejo de Electra” 50 veces, con acento francés (ayuda: Cóm-plej-o di Ell-ic-tra).
  2. Camine reflexivamente hacia su cama y mírela con suspicacia: ¿Cuáles son las intenciones ocultas de su cama respecto de usted? ¿Desde cuándo que su cama se ha convertido en lo que es? ¿Qué pulsión la empuja a ser de esta manera? ¿Qué sucesos traumáticos ha debido atestiguar? ¿Hay ahora una distancia emocional que antes no existía entre ella y usted?
  3. Antes de entregarse a su cama, dígale, en voz alta, lo que le ha estado ocultando hace tanto tiempo: que si no fuese porque le quitaron su objeto transaccional a tan corta edad usted no tendría esa obsesión de querer intimar con sus almohadas (o las ajenas).  Reconozca el hecho de que su libido ha investido a entes inanimados de una fuerte carga sexual. Llore un poco, pero no olvide que siempre que llore, debe seguir viéndose seductora.
  4. Entréguese a su cama. Escóndase bajo el cubrecamas y rode sobre sí misma.
    Diga: “El falo es un significante, un significante cuya función en la economía intrasubjetiva del análisis levanta quizás el velo que mantenía en los misterios.  Pues es el significante destinado a designar en su conjunto los efectos de significado, en tanto el significante los condiciona por su presencia de significante» (memorícelo, todo será más fácil).
    Grite: “¡Oh, sí,  Lacan!”.
  5. Ahora póngase sobre el cubrecama y, mirando al techo con sus anteojos, reflexione sobre la siguiente frase: “El niño va del chupeteo al onanismo”. Deje que las imágenes infantiles de sí misma y de otros, que tenía vetadas hasta ahora, se hagan presentes.
  6. Sedúzcase intelectualmente: establezca una discusión teórica profunda consigo misma respecto de los alcances del psicoanálisis y las contrapropuestas de los discípulos freudianos. Sostenga posiciones antagónicas y permítase, de vez en cuando, decir esas palabras que tanto la calientan: “falo”, “libido”, “transferencia”, “unheimlich”.

Permítase un descanso. Quítese los anteojos. Acaba de tener un encuentro teórico-intelectual-sexual intenso. Probablemente no logre recordar nada del mismo ahora que se ha quitado los anteojos, pero quédese con este recuerdo: usted fue capaz de seducirse a sí misma contándose un cuento de terror con un vocabulario exquisito. Duerma.

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