Kit de supervivencia: Celular

Sólo las personas profundamente alienadas se extrañarán de que el celular esté considerado como un elemento esencial dentro del kit de supervivencia ( y solo si usted es algo pervertida -way to go, sista!- pensará que esto se debe a la función obvia del celular como reemplazo del vibrador que no tiene a mano). Quiero recordarle que la belleza está en las cosas sencillas de la vida: en un atardecer cualquiera, en el vecino tirable al que no le había prestado suficiente atención, en el sexo telefónico en sus diferentes formas.
Ajá, ahora se espabiló. Claro, el celular es uno de los avances, en términos sexuales, más importantes del último tiempo. ¿No se le ocurre cómo más usarlo aparte de preguntar  “¿En qué estás?” y de mirarlo cada 5 minutos a ver si alguien se interesa por usted? Acá le daré 3 alternativas más kinky que estimularán su -hasta ahora- aburrida vida sexual.

Práctica y visualización
A lo largo de esta sesión la invitaremos a realizar el ejercicio en diferentes escenarios: porque sí, el sexo -la posibilidad del sexo- se encuentra en todas partes.

 

  • Función: llamadas hot.
    Lugar: su trabajo.
    Vestuario: faldita sexy, portaligas, calzón mínimo.
    Acción: llame al sujeto de turno. ¿No tiene un sujeto? ¡Elija uno al azar! Créame: nadie se sentirá ofendido. Considérelo un juego. Trate de evitar, eso sí, el seleccionar a alguien con quien tenga algún parentesco.
    1.    Escóndase en el baño -todo el mundo sabe que es el único lugar casi privado del trabajo-. Llámelo. Diga: “Hey, he estado pensando en ti porque [inserte excusa idiota].  Qué loco, ¿cierto? Bueno, quería contarte lo que estoy usando justo en este momento”. Deje 3 segundos de silencio, porque ningún sujeto atinará a decir nada inteligente. Ríase como la gran conocedora de la naturaleza humana en la que se ha convertido. Muéstrese en completa posesión de sí misma, a lo Angela Vickers. Diga: “¿Te pongo nervioso?” y luego “Mejor comprueba tú mismo lo que llevo puesto”. Deje otros 3 segundos de silencio. Diga, con voz de inmigrante de los países bajos: “Ja sidjo un plakcer hablarj contigou”. Luego corte. Así es como se inicia un affaire telefónico.
    2.    Ahora llámelo desde su puesto de trabajo y hable en código. Es probable que el sujeto en cuestión se muestre desconcertado (vaya sorpresa), pero recuerde: este es un ejercicio estimulante para usted, qué él se beneficie por efecto colateral es otro cuento. Diga: “Hola” y sin esperar respuesta diga “Ahhh, ¿tienes frío? Poooobrecito”, y luego, mirando directamente a su pantalla “Acá hace TANTO calor”. Deje que el sujeto balbucee un par de palabras. Despídase brevemente. Nada de explicaciones.

 

  • Función: sexting.
    Lugar: su propio hogar.
    Vestuario: ver más abajo.
    Dios es grande. Por eso inventó el whatsapp, lo que nos permite 1) comunicación gratis e instantánea, y 2) sexting interminable.
    1.    Dé inicio a una relación basada en sexting enviando una foto sexy. Nunca falla: póngase su batita negra de seda, tiéndase sobre su alfombra de piel de leopardo y haga la garra. Send. Solo cosas buenas pueden salir de esto. (No sea pelotuda: no mande la foto con su cara, lo que nos interesa es su cuerpo. No queremos que se haga famosa por zorra).
    *Nota: ¿No tiene una alfombra de piel? ¿En qué gasta su plata? ¿En comida? Ahorre, muérase de hambre, deje de pagar las cuentas, pero consiga, a como de lugar, su alfombra de piel (de leopardo, de oveja patagónica, de lo que sea). No puede esperar convertirse en una bestia sexual sin una alfombra de piel.
    2.    Cara a cara: con el sujeto de turno, espalda contra espalda en la cama, comience el envío de mensajes insinuantes. Es muy importante que los celulares de ambos estén con el volumen alto: nada más excitante que saber que el mensaje le llegó al otro y que, efectivamente, ese otro lo está leyendo (y que no hay posibilidad de que le diga que “Pucha, justo estaban dando un documental tan bueno en History Channel que no lo alcancé a ver” o “Jajaja, las cosas que se te ocurren”).  Diga cosas como “Sé exactamente dónde estás” y “Casi puedo oler tu excitación, tigre”. Use su creatividad. Cuando la pasión de ambos llegue a su punto cúlmine, gírese sobre la cama y acaríciele la espalda. Su comunicación,  a partir de este momento, debe ser en código morse.

 

  • Función: orgías celulares.
    Lugar: la virtualidad.
    Vestuario: sus fantasías más descabelladas.
    Cree un grupo en whatsapp con al menos 5 integrantes. Si usted vive en una mansión (esperamos que así sea), asígnele un cuarto a cada uno. Permita que sus sirvientes conozcan de antemano las fantasías de sus invitados, para que puedan proveerlos de todos los accesorios necesarios para hacer que esta orgía móvil resulte inolvidable para cada uno (desde disfraces suecos, pasando por los látigos y el infaltable algodón de azúcar). Si no tiene una mansión, este ejercicio puede resultar un poco más aburrido, pero inténtelo igual, con cada uno de los sujetos en sus respectivos hogares. Comiencen por compartir las canciones que están escuchando cada uno en este momento, envíense los videos y prométanse likes en FB de los que les parecen más estimulantes. Describan las acciones que están llevando a cabo, como por ejemplo “en este momento estoy abriendo un tarro de miel y estoy hundiendo la punta de mis dedos en ella y saco un poco y la acerco a mi boca mientras hago bzzzz bzzzzz” o “estoy viendo fotografías del pasado y en este mismo instante estoy sintiendo un orgasmo memorial-nostálgico…c’est la petite mort, mon amies”, etc. Luego de intensas horas de intercambio de mensajes, descanse y elimine el grupo.

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