Kit de supervivencia: Esposas

Si usted ha sido constante y ha leído esta serie de posts de manera sucesiva, ya debería dominar el arte de saber llevar bien puesto un portaligas. El siguiente ítem son las esposas (el objeto, no la función femenina en esta cultura patriarcal). No se asuste: sabemos que es un gran paso, pero si no es ahora que anda susceptible, no será nunca.

Acérquese a su sex shop más cercano (por supuesto, no conoce de sex shops. Tip: diga que tiene que organizar una despedida de soltera. Sus amigas más avispadas le recomendarán en menos de 2 minutos 15 lugares distintos). Entre decidida, sin miedo. Busque la sección en la que se encuentran las esposas. No, no. Por ningún motivo elija esas que están forradas en plush rosado, o que parecen que tuvieran un conejito envuelto alrededor. Sí, la tentación será grande, porque usted está acostumbrada a pensar en términos de juegos: piensa que el sexo es un juego, que chuta qué divertido disfrazarse, que qué ridículo que es el bondage, que jajaja qué cosquillas (ya quiero ver lo que opinará al final, cuando tenga su kit completo y se haya convertido en una bestia sexual). ¿Se da cuenta hasta qué punto esa actitud infantil ha incidido en que ahora esté leyendo un blog que se autoproclama un manual para gatitas?

Volviendo a lo anterior: es momento de crecer. Escoja, por lo tanto, esposas de acero o de cuero. Nada de niñerías. Verifique que efectivamente sean de cuero y que no estén mal teñidas: nada menos sexy que luego de un encuentro sexual furioso se dé cuenta que por comprar barato quedó con las muñecas negras. Inspírese. ¿Con tachuelas? ¿Rojas, clásico negro o neón? Disfrute del consumismo. Esto es mucho más emocionante que ese chocolate que se come a escondidas.

Recomendación: compre las esposas que funcionan sin llave. La llave siempre se pierde y lo que menos queremos que le pase es que eventualmente se ponga a llorar por los motivos equivocados. Recuerde, esto se trata de (auto)control. Evite, haciendo todo lo que esté a su alcance, que su mamá o su nana la encuentre en un estado deplorable el lunes siguiente.

Práctica y visualización

Usando su portaligas acomódese sobre su cama. Póngase las esposas. Como estará sola es absolutamente idiota que se espose ambas manos usted misma, así que le sugerimos algo osado: espósese el brazo izquierdo con el tobillo izquierdo (si es zurda, use el lado derecho). ¿Ridículo? Usted no sabe nada de ridículo. Nada.

¿Lista? Si es muy flexible, estará cómodamente sentada sobre su cama, si no, no tanto. Exploraremos la sensación de desvalimiento: vaya a la cocina. Sí, esposada. Caminará como un jorobado. ¿No quería acaso ser más atrevida? Disfrute plenamente de la autohumillación que usted misma se ha impuesto. Puede tomar una cerveza o casi cualquier cosa con alcohol -no, no picotee el pan ni se tiente con el yogurt ni el queso, no son lo suficientemente eróticos-. Vuelva a su dormitorio. Ahora, sobre la cama, en 4. ¡Ahora! Cierre los ojos y concéntrese: usted es las esposas. Usted es el elemento que retiene, constriñe, domina. Muévase hacia adelante y hacia atrás. Imagine que la montan, doggy style. Aúlle. Sí, como una loba. Dígale algo sucio a su amante invisible. Puede usar expresiones breves -“más”, “¡sí!”, “oh”- o explayarse -“por favor”, “¡Castígame!”, “¡Oh, Dios, eres un semental!”-. Siga moviéndose hacia adelante y hacia atrás, reconociendo su animalidad en cautiverio. Rescátese a sí misma de la lata que era su vida y dese cuenta que ahora, esposada y siendo montada por un ser invisible, lo está pasando mejor que los últimos 12  años que lleva tirando. Repita 10 veces.

Descanse. Puede quitarse las esposas. Todo estará bien.

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