Llega un momento en la vida en el que todos los adultos con los que te relacionas han tenido sexo. Todos tus amigos, parientes, amores platónicos, conocidos. Tus jefes y tus subordinados. Toda la gente que te cae bien y mal. Todos, sin excepción. De hecho, hay muchos que se lo han tomado tan en serio que han decidido reproducirse, lo que hace todavía más evidente que han tenido sexo, porque hay una manifestación física que es la consecuencia de eso, que llora y a veces se queda mirando las paredes como si ahí hubiese algo más que la pared y a la que le ponen calcetines ridículamente pequeños y hace tres o cuatro cosas más.

No deja de asombrarme. En parte por la comparación con lo que era. Si lo piensas bien, hubo un momento en tu vida en que la palabra sexo no significaba nada. Luego significó muchas cosas que no entendías. Luego significó muchas cosas prohibidas o misteriosas o inadecuadas o anheladas. Luego significó una revelación y un despertar y algo en lo que no podías dejar de pensar. Luego fue algo dado por hecho. Y luego pasa que hablas de sexo de la misma manera en que alguien habla de ir al supermercado: o como un deber, o como una necesidad, o como una cosa que preferirías delegar o tal vez como algo que deba tener una frecuencia y un límite de inversión de recursos.  Ok, ok, se las doy también, ser adulto no es tan atroz: si te encanta ir al supermercado, puede ser la actividad más entretenida de la semana. Etc. Etc. El asunto es que la forma en que hablas de sexo una vez que ya lo has tenido es muy distinta a cuando hablas de sexo cuando no lo has tenido.

Conozcan a Alejandro.

Alejandro, saluda al mundo.

*

– Hola, Verónica.

Esta es la segunda vez que Alejandro me saluda. Ahora lo hace inclinándose un poco hacia la grabadora que acabo de encender. Nos saludamos hace 15 minutos en un Starbucks donde él compró un jugo y yo un Frappuccino. Tuvimos que movernos de lugar dos veces porque se nos sentaba gente demasiado cerca y en un chispazo de osadía él me sugirió tener esta conversación en mi auto. Dije que sí, pero mientras caminábamos hacia él recordé que lo había dejado  en el quinto piso de un edifico de estacionamientos. Ahora estamos en mi auto, después de que, mientras nos dirigíamos a él, yo tratase de generar una conversación amistosa preguntándole su edad y luego él me preguntara por la mía y tras escuchar la cifra haya insinuado que estaba “más que lista” para caer en la categoría de MILF. En mi auto, luego de que lo mirara, inmediatamente después de ese comentario, herida como un perro al que obligan a bajarse de la cama sin ninguna justificación. (Quiero aclararlo: lo que me shockea no es el –ILF, sino la M– de MILF). En mi auto, ya instalados, con la grabadora corriendo, ahora cuando recién empiezo a razonar que tal vez estar en el quinto piso de un edificio de estacionamientos a las ocho y media de la noche con un desconocido no es la idea más brillante del siglo.

– Hola, Alejandro.

Recapitulo: Alejandro me escribió adelantándome su historia. Para no perder tiempo, le digo:

– A ver, entonces ¿tú no has tenido sexo todavía?

Una breve pausa sigue a esta pregunta. Lo miro y pienso: para llegar virgen a su edad  como mujer  hay que hacer un esfuerzo muy ultraconsciente, afirmativo, de negarse al sexo. Hay que tomar una decisión muy argumentada, casi teórica. Hay que evitar situaciones de riesgo, hay que estar sobria y usar un calzón de castidad mental que te permita resistir la presión. Hay que remar en contra. Versus Alejandro, que lo único que quiere es tener sexo:

– “Técnicamente” no he tenido sexo. Pero te quiero contar mis dos experiencias para poder explicarte por qué no. Solamente una vez he tenido penetración, porque las otras veces fue frustrado. Te voy a contar el contexto.
En primer lugar, yo me defino como un tipo súper mateo, nerd y eso lo tengo desde siempre, toda la vida. Soy muy ordenado. Tomo alcohol, pero poco, porque no resisto mucho, me cae mal al estómago. Me gusta tomar chela, pero no me gusta el pisco, porque es muy fuerte. Por ejemplo, con un schop grande de medio litro ya estoy mareado.
En el colegio y en la universidad siempre estuve más preocupado de estudiar, de postergar el momento presente pensando en el trabajo, de sacarme buenas notas. Esa era mi preocupación. Me titulé de ingeniero civil a los 24 años. Eso de los estudios fue una limitación en la relación con las personas. Y a eso súmale a mi timidez. Yo soy asperger, eso delinea la personalidad. Toda la vida, hasta el día de hoy, me ha perseguido el nervio, la ansiedad y la timidez en muchas cosas, entre esas, la sexualidad. Por ejemplo, yo nunca he tenido una polola. Ahora que estoy trabajando, que soy un profesional, abrí los ojos y recién siento que todo lo que según la sociedad debería haber hecho a los 18 o 19 años, lo puedo hacer ahora, porque ya tengo la tarea cumplida. Estoy preocupado porque tengo 26 años y estoy acá, a foja cero. Creo que no tengo la habilidad para abordar ese tema, para conquistar y convencer alguna niña.

*

A mí me gusta mucho cuando la gente usa la palabra “técnicamente”, porque en casi todos los casos significa que lo que van a decir tiene poco de técnico y mucho de ambigüedad. Yo me acuerdo también de haber estado muy confundida sobre cuándo era que algo pasaba a ser sexo y cuándo era otra cosa –otra cosa que no tenía ni siquiera un nombre preciso, porque era más que agarrar, algo distinto a la penetración, etc–. Había cosas que me parecían, cuando chica, muy muy sexuales y que yo no sé si me atrevería a decir, incluso hoy, que no son “tener sexo” (tomando en cuenta que ya sabemos que sexo no es sólo penetración, aunque universalmente se le asigne un valor ridículamente relevante, etc., todas esas pajas mentales, sí).

Así que “técnicamente”, ¿qué es tener sexo? ¿O qué es no tenerlo? ¿Qué hace falta para que dos cuerpos que se tocan –o incluso, que no se tocan– tengan sexo?

Ay, sí, lo adivinaste. La historia de Alejandro me hace preguntarme muchas cosas. Vamos de la mano del conejo.

*

– Una vez, esto fue en cuarto o quinto año de la universidad, fui a una fiesta y una niña me vio –ni siquiera yo fui el que se acercó a ella, yo le gusté a ella– y ella me fue a buscar y me sacó al tiro el perfil de cómo era yo y me dijo que no le importaba y que quería hacerlo conmigo. Yo estaba fascinado porque era mi oportunidad, pero también estaba muy nervioso. Pero no había dónde, porque era una fiesta, había mucha gente, y en un momento ella dijo “No, sabís qué, hagámoslo otro día”, pero yo estaba caliente porque ya me había quedado con la idea. Entonces  le dije que fuéramos para mi casa. Y así partimos, los dos medios curados. Estaban mis papás, fue un momento de locura dentro de mi pulcritud, dentro de mi orden. Yo nunca había hecho eso. La llevé para mi pieza. No me importaba nada, porque lo único que quería era concretar…pero tuve un problema. Porque, primero: inexperiencia. Total y absoluta inexperiencia. Yo me sentía muy curioso, yo quería ver, pero ella no quería prender la luz. Entonces no pude disfrutar bien el momento porque estaba oscuro. Lo que había visto en películas pornográficas y todo eso… no pude ver nada.
Yo antes había dado besos, hacía mucho tiempo atrás, pero como en juego. Algún topón, un piquito en la disco. Esto era distinto.
Lo de la luz me mató, porque no podía ver si estaba achuntándole a un lado o a otro, camino de tierra o … No sabía qué estaba haciendo. Me puse nervioso y no se me erectó, no sabía poner el condón. Fue un fracaso porque yo, tanteando así– (hace como si ahora que está sentado en mi auto, ella estuviese a horcajadas sobre él, y recorre con las manos su cuerpo invisible)–, la tenía arriba de mi pelvis, pero no podía… era inútil porque estaba nervioso. Y más encima sin experiencia…porque por lo que sé primero hay que calentar la sopa, abrirla, hay que calentarla a ella y uno también, para que uno quede más viril. Y a esas cosas no atiné. Y después dieron las seis de la mañana y ahí funó. Se me había bajado la curadera y me empezó a dar miedo que me pillaran en la cama con ella, una total desconocida… y entonces empecé a pensar en cómo iba a yo estar usando mi casa de motel, con mis papás ahí…¡pero es que estaba desesperado! Entonces le dije que se fuera temprano y se fue y después pasaron cosas, se perdió el contacto y no supe nunca más de ella. Esto fue hace unos cuatro años atrás.
Hace poco encontré su mail y le mandé un mail, pero no hubo caso. Como que no entiendo los códigos. Esa fue la primera experiencia que me dejó mal. Ahí no pasó nada. No pude penetrar ni eyacular, que era el objetivo.

– Cuidado que te estás chorreando…

Se acabar de vuelta un resto del jugo de Starbucks sobre su camisa.

*

Yo jamás vi porno hasta que ya tuve como veinte años y tampoco he sido la más fanática, a pesar de que me guste jactarme –¡bromeando mamá, bromeando!– de lo contrario. En mi casa era imposible porque compartíamos el computador y éramos seis hermanos. La única manera era si te quedabas hasta muy muy tarde, pero siempre había riesgos y yo no los corría no más. Pero entiendo a Alejandro, porque la que podría llamar mi primera vez fue cuando ya estaba en la universidad, pero con ciertos matices: si su cabeza estaba llena de imágenes pornográficas y expectativas acorde –ultravisualidad, el close–up de la piel a nivel de clase de anatomía– la mía estaba llena de insinuaciones –manejaba perfecto el coqueteo y entendía todo lo que pasaba antes, pero sobre el acto mismo no tenía una imagen mental–. Tan shockeante para él fue no poder verlo todo como para mí que no hubiese un fundido a negro.

Me pregunto si uno cambia respecto de esa primera aproximación más o menos innata una vez que ya tiene sexo. O sea, si esa primera forma de acercarse al sexo permanece en alguna medida. Mi hipótesis es que sí, pero tengo sólo mi caso de muestra. Yo todavía, cada vez que estoy en esas, me siento adolescente, como que me mareo un poco y me pongo nerviosa y sostengo un diálogo absolutamente púber en mi mente –“está a punto de pasar”, “sí, yo creo que va a pasar”, “pero en verdad crees que…?”, “sí, en verdad creo que…”, “está pasando” y así, ad eternum–. Sigo siendo torpe: todavía no he aprendido a sacarme los pantalones con gracia, siempre espero que mi contraparte sea un mago del sostén (¡pocos lo son!) y aunque estemos en mi departamento siempre siento que en algún momento voy a tener que ir corriendo al baño a vestirme porque mi mamá llegó de sorpresa.

*

– La segunda vez fue… mira, es que los papás están preocupados de uno. Yo tengo mucha confianza con mis papás. Mis papás son muy buena onda, me quieren mucho. Soy como un tesoro para ellos. Son muy protectores y eso tal vez también me afectó, por eso de “lo mejor para el niño”, “que no se exponga”. Me aman. Me adoran. Vivo con ellos. Quiero independizarme algún día, pero no quiero irme solo, me gustaría que fuese con una mina, no con mis amigos, porque sería pura perdición. Estoy ahorrando para poder comprarme algo.
Mis papás me dicen hasta el día de hoy que ya es hora. Al principio me decían que consiguiera una polola, pero ya ni eso. Me dicen que me haga unas amigas, ahora que está tan de moda lo de la amistad con ventaja. Lo que sea para poder vencer ese muro que me ha tenido hasta el día de hoy con problemas.
Un día me dijeron “tenís que ir donde una puta”. Yo me negué. Yo vengo de una familia católica –pero católica a la chilena, no Opus Dei, más relajada–, pero pucha esto ya se ha vuelto una necesidad de Estado. Me dijeron que fuera donde una señorita porque eso me ayudaría a tener experiencia, a aprender. Yo me negué y me negué, pero después dije que ya, bueno. Incluso me dijeron que si no iba, un día iba a llegar e iba a haber una prostituta adentro de la casa, esperándome en la pieza. Yo no quería eso, así que fui. Contacté una. Quería que fuera en un lugar lejos de mi casa, así que me fui para otro sector de la ciudad. No quería que nadie me viera, porque me daba vergüenza.

– ¿Cómo la contactaste?

Pregunto esto no solo por la parte técnica, sino porque a mí cuando me dicen que tengo que llamar para pedir o cotejar algún servicio, o que me pueden llamar a mí, me da nervio.  No sé de dónde viene, pero no me gusta hablar con extraños por teléfono, me parece demasiado íntimo. Si tengo que ir al doctor o al dentista, siempre busco la posibilidad de agendar la hora por internet. Si tengo que llamar gente desconocida, prefiero mandarles antes un email. No tengo traumas con la gente en directo, pero encuentro extremadamente extraño hablar con alguien a quien no le he visto la cara en vivo y en directo. Empiezo a pensar en qué tipo de cuerpo encierra a esa voz, porqué acentúan las palabras de terminada manera, cómo suena su voz cuando le hablan a alguien que quieren o que detestan –siempre esperando caer en el primer extremo dentro de la neutralidad–. Incluso cuando recibo una llamada de un desconocido –¡hola, Movistar, mantenemos una relación unilateral y ya no quiero tenerla!– me resulta muy invasivo que me llamen.  Entonces no puedo ni imaginar lo complicada que yo estaría llamando para concretar una cita para tener un encuentro sexual. Y luego Alejandro va y dice:

– Es muy fácil. Hay muchas páginas. Unos amigos, de calientes, me contaban que existe un sitio que se llama La Estokada, con puras putas, puras escorts de distintos precios: desde cuarenta lucas hasta cien lucas o más. Ahí elegí una y concerté la ida. Estaba muy nervioso. Quedaba en uno de esos edificios de inmobiliarias en el centro –hay muchos que están destinados a la prostitución, muchos– y entré. Estaba sola. Este, para ella, era su negocio. Era como ir a comprar pan. Después de que pagué, se desvistió como automáticamente y para mí fue impactante porque era la primera vez que veía a una mujer con luz, de día, y me gustó, pero me puse nervioso de nuevo. Me costó erectarme muchísimo, pero yo creo que eso ocurrió porque yo iba forzado, y aunque era bonita, tenía que gustarme a mí, pero yo la elegí a la rápida y esa situación me puso como cabizbajo. Me hizo cuanta cosa. Primero me puso un condón. Me dijo “te lo voy a chupar, pero con condón”, y ahí me erecté un poco, pero no pasaba nada más y como vio que yo era un niño bueno me lo sacó y empezó a servirse. Después me lo puse de nuevo, y ahí pude penetrar, pero no fue grato porque yo estaba transpirando como caballo de puro nervio porque me sentía mal, me sentía sucio. Después traté de dejar de lado un poco la cabeza –porque yo me imagino que en el sexo uno se tiene que dejar llevar, tiene que sentir, tiene que disfrutar–…y me puse racional y empecé a pensar “¿por qué hago este movimiento? ¿por qué tengo que hacer esto?”–(me muestra, como espantado, sus propias caderas moviéndose de arriba abajo)–.
Yo soy muy racional, soy muy cuadrado, soy de números, soy causa–efecto, no soy porque sí, y me empecé a observar y me dije “qué ridículo esto” y me cohibí.
Supuestamente era una hora, pero estuve 20 minutos, me dio asco, me fui a la ducha a bañarme, y después salí y me dio una crisis de nervios. Cuando volví a mi casa le conté a mis papás que había ido, que había cumplido con el trato, pero después me quebré en llanto porque lo pasé mal, no pude disfrutar. Dijeron “bueno, está bien, cuando llegue tu momento”.
He seguido intentando, he seguido buscando. No me rindo. Pero con mis armas… creo que no sirven. Por ejemplo, he ido a eventos. Sé hablar en inglés, pero tengo ganas de aprender más, entonces voy a eventos de inglés y ahí hay gente… entonces por ahí siento que puede haber una oportunidad. O cualquier cosa. Ahora, por ejemplo, tomé una micro para venir para acá y había una niña bonita que igual me miraba, pero no atiné. No sé leer cuando es mi momento ni qué hacer. Entonces ahí quedo. Y así pasa el tiempo.

*

Alejandro es un tipo chistoso, tal vez a su pesar. Me río mucho con su forma de expresarse, más que por las observaciones mismas.  La forma en que dice lo que piensa es como si estuviese comunicando los resultados de una boleta: hechos irremediables. Así que le pregunto por lo que me había mencionado del asperger. Desde cuándo, según quién, cómo.

– No me han diagnosticado asperger. Yo fui a una psicóloga y tenía tratamiento con psiquiatra como una alternativa para buscar una solución a la timidez, pero sentía que no era el tratamiento correcto, adecuado. Empecé a investigar en internet y mis características coinciden. Todo está graduado, pero siento que es así. Antes yo era mucho más literal, no entendía las tallas, las relaciones interpersonales me cuestan, tengo la letra fea, todos los síntomas que leí sobre esta condición las fui viendo en mí y concluí que era así. El asperger no se cura, es un estado, una condición. Yo tengo que hacer un esfuerzo. Antes era mucho más solitario. He tenido amistades duraderas todo este tiempo. Ellos me conocen y saben cómo soy y me respetan así. Y yo los quiero a ellos. Y tengo que seguir así, avanzar.
Tengo muy pocas amigas mujeres. Ese ha sido mi problema. Mi karma. Yo tengo una excelente llegada con los hombres, no soy gay, para nada, pero tengo más tema con los hombres, puedo rápidamente hacer amistades. Fui a un colegio de puros hombres. Con las mujeres no tengo tema, ahí cago. Y las mujeres en general buscan un tipo que sea seguro de sí mismo, que brille por algo, que les pueda dar un bienestar económico, muchas cosas…lo digo en general. Y yo siento que quizás yo no cumplo con esas características y por eso no pasa nada.

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Mi primer impulso es decirle: “todo va a estar bien”. Es obvio que todo va a estar bien, me resulta tan fácil verlo, pero Alejandro no lo sabe todavía. No sabe que todos pasamos por eso. No sabe que todos nos sentimos inadecuados, un poquito más deficientes que el resto, con o sin asperger. Digo que no lo sabe de la manera en que creo que necesita saberlo, de la manera en la que uno lee un libro: primero, sabiendo que es un libro -definiendo que existe, que tiene una forma y función-; segundo, entendiendo que hubo un proceso para que se convirtiese en un libro. Que en algún momento fue un montón de cosas separadas. Que si uno hubiese visto una semilla difícilmente hubiese podido predecir que en su futuro sería parte de un libro, que le pasarían tantas cosas entre medio que se convertiría en algo tan radicalmente diferente.

 Ese tipo de certeza alguien podría decir que es conocimiento. Otros dirán que es fe. Otros dirán que es experiencia. Si hay algo que sé, es que cuando se trata de sexo, hay una dosis de todo: una pizca de conocimiento, unos trozos de experiencia y un montón de fe. Tanta fe como sea posible.

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– Nunca me he enamorado, sólo me ha gustado alguien, pero no ha sido no correspondido, ni por los palos. Incluso cuando se enteran, no quieren. Yo invité a una niña hace poco a un café cerca de mi casa. Lo pasé bien porque hablamos, ella estaba muy tranquila, nos dimos un par de besos y después le dije “ya, ¿cuándo nos vamos a juntar de nuevo?” y no quiere, no quiere, no quiere. ¿Qué hice mal?, ¿por qué no quiere? Hay otra en mi empresa que también me gusta que es muy bonita y que vive a dos cuadras mías, y le he dicho “ya, vamos a cualquier lado a comer algo” y dice “ya, ya”, pero no pasa nada. Cuando le empecé a hablar de la nada llegó y me dijo “sabes qué, yo tengo un pinche, estoy saliendo con él…”. Se puso al tiro el parche antes de la herida. No sé qué diablos es que las espanto. No hay caso.

*

Ay Alejandro, no pude decírtelo el día que nos conocimos, pero eso de no poder leer a la gente con la que sales nos pasa a todos. Pasa aunque uno trate de ser imbécilmente obvio y explícito. Pasa aunque uno sepa que no va a funcionar o que no le gusta tanto al otro, porque uno se miente o porque el otro miente o porque uno se aburre de estar solo. Pasa al revés también. Pasa mezclado y todos somos víctimas y villanos. Es un caos, nadie entiende nada, se gastan muchos minutos mandando mensajes y esperando que el otro mande mensajes y teniendo conversaciones inteligentes que sólo funcionan bien en tu cabeza, y teniendo conversaciones frustrantes y banales en la vida real. La gente se llama y luego se deja de llamar. Hay camas y ascensores y mucho ponerse ropa y sacarse ropa y muchos gestos que podrían haber sido y no son. La gente se junta a tomar café y a decirse que se tiene cariño igual y después el otro desaparece o tú desapareces y uno no sabe nada y todo es una nebulosa hasta que los astros se alinean y de pronto todo parece muy muy sencillo y como que no es necesario pensar tanto (lo que no te asegura que vaya a funcionar).

Eso. Quería aclararte eso.

*

– Todo entra por la vista al principio, quien lo niegue, miente. Primero tiene que ser bonita. Qué significa que sea bonita: me gusta que sea flaca y que tenga bonita figura, buen trasero, bonita cara. Eso es requisito de admisibilidad. Después ya hay que entrar a picar, porque puede tener muy buen culo, pero si es pesada, no sirve de nada. Por lo que estoy viendo –porque recién me estoy fijando, porque antes estaba estudiando enfocado en sacar mi carrera soplado y bien– yo creo que el perfil que puede calzar conmigo es una mujer más maternal, porque necesito a alguien que me comprenda como soy yo y que me entienda y me quiera por eso. Ese perfil de personalidad. Obvio que también debo poner de mi parte para que exista el feeling. Y flaquita. Antes tenía una debilidad por las rubias, pero ahora castañas, morochas, lo que sea, pero que sea bonita. Y que tenga otros atributos, que son cosas que también forman parte de la sexualidad que a uno le paran los pelos de punta. Por ejemplo, que tenga rico olor. Hay personas que huelen a grasa, eso es obviamente repelente. El rico olor te expande los pulmones, te expande el pecho. Es muy rica esa sensación. Con eso quedo fascinado.

Puedo casi oler a esa mujer tal y como me la describe. ¿Tiene olor a vainilla? ¿Por qué pienso que todo lo bueno siempre tiene que tener olor a vainilla?

– ¿Qué es lo que no te gusta de una mujer?

– Me desagradaría que se aprovechara de mí. Que me utilice por lo que le pueda brindar económicamente, por ejemplo, para salir a comer un rato. Esto es muy triste, pero un amigo me contó que otro amigo se sintió muy mal con una niña porque ella lo tenía registrado en el celular como “Comida Gratis”. Así. Así es. Hay muchas mujeres que son así de superficiales. No sé. La aceptación mutua, esas cosas me atraen. Que sea interesante. Podría ser de cualquier carrera o actividad, algo que me rompa el esquema. Puede ser una arquitecta, o diseñadora, abogada, o ingeniera o psicóloga, que tenga tema de conversación, porque no te puedes quedar con la primera impresión, porque una relación es más que un simple touch, tienes que soportar a la persona todo el tiempo.

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“Requisito de admisibilidad”. Jajajaja. Me encanta.

Yo hice una lista hace poco, como un recordatorio de prioridades, considerando algunas experiencias recientes. Me dio un poco de pena tener que partir por “sano mentalmente”. Tener que enrielarme desde lo más básico. Que no sea un psicópata, que sea buena gente. Así, la lista tomó un tiempo.

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– La gran mayoría de los hombres ve porno, yo también. Los grupos de Whatsapp son puro porno. Me carga eso porque te llenan con puras fotos y videos asquerosos, incluso con videos bizarros….Me gusta ver el porno clásico heterosexual, pero también me atrae por ejemplo ver un hombre con dos mujeres, o tal vez incluso dos hombres con una mujer. Es sexo machista, lo reconozco. Lo que atrae es el morbo, porque por ejemplo que dos hombres estén penetrando a una mujer no es real, pero uno lo ve ahí porque la productora tiene que vender, entonces ponen a una mina con dos tipos o un tipo con dos minas. O dos minas besándose. Si veo a dos hombres y uno le chupa el pico al otro, eso ya me descoloca. Soy tolerante con los homosexuales, los respeto y todo, pero soy heterosexual, no me atrae eso.

-¿Qué te imaginas que es lo que más te va a gustar hacer?

Pregunto esto tratando de acordarme cómo era antes: qué era lo que yo pensaba que sería que más disfrutaría. Ajá, sí.
Mira, me acuerdo al tiro de la primera y única vez que me subí a un globo aerostático. Estaba muy emocionada: una experiencia nueva, wohooo. Había leído que era vertiginoso. En alguna parte alguien la describió como algo emocionante, adrenalínico. En las películas lo muestran como si pasara rápido. Bueno, en resumen, pensé que sería distinto. Ni mejor ni peor, solo distinto. Estando en el globo, nada que decir: es precioso. El mundo se ve diferente, sí.  Perspectiva, la sensación de ser pequeño e insignificante, la admiración por el ingenio humano… Sí, a todo sí, sí. Excepto que la sensación de andar en globo aerostático es como -o más bien, se siente casi idénticamente igual a- subirse a una escalera mecánica. Así de vertiginoso.

– Lo que yo quiero hacer, la posición que yo quiero hacer cuando alguna vez haga el amor, es la del perrito. Penetrarla por la vagina y sentir y hacer un movimiento sincronizado entre los dos, porque hay gente que lo hace mal. Por ejemplo, cuando el hombre se complace solo y se va antes y la mujer queda como “¿me lo metiste?, no lo sentí”. Eso lo sé porque veo programas y he visto cosas en YouTube. Otro problema del hombre puede ser que no sepa cómo penetrar, cómo lograr el roce para la satisfacción, cómo mantenerla contenta, no saber aguantarse. Yo creo que también el movimiento debe sumar, que haya energía, sentir la vibración. Eso es lo que yo quiero.
Mi fantasía es hacer todo lo que haya que hacer en el sexo. Que arriba, abajo… yo quiero que se me dé la opción concretar no más, no me pongo imposibles.
Me causa morbo ver sexo anal, pero no lo haría, porque ahí viene lo racional y pienso inmediatamente en las bacterias y las infecciones y las cosas que pueden ocurrir. Tendría solo sexo clásico.

*

Quiero decir esto: Alejandro no tiene la voz aguda. Ni rastro. Nada de nada.

Y también quiero decir: somos geniales para ponernos piedras en el camino y olvidarnos que las pusimos y luego tropezarnos con ellas.

Ay, me puse como sentimental.

*

-Yo creo que me ha ido mal tal vez por ser lo que soy. Quizás me subestiman porque me ven muy niño. Es un poco la personalidad también. La inexperiencia. La voz aguda…tal vez quieren un tipo que sea más varonil, yo creo que esas cosas me restan. Antes tenía la voz más aguda, pero fui a un tratamiento fonoaudiológico que me ayudó.
Mira, yo he estudiado el tema. Me metí a ver un video de un español que enseña cómo conquistar mujeres y él explicaba su teoría: las palabras son el 7%, la voz es como el 30% y el resto es la expresión corporal que da cuenta de tu mente, de tu seguridad. O sea, podís hablar puras tonteras, pero si hablas puras tonteras con ese resto de atributos que comprende tener una buena voz –porque eso repercute en el cerebro de la mina–, más el resto de la otra huarifaifa, tienes más opciones. He practicado eso, quiero que sea natural. Porque lo más importante es ser uno. Por ejemplo, yo creo que no soy el único con este problema, hay mucha gente que está sola, y eso es porque uno no está en el mejor estado. Uno tiene que mejorar con todos estos consejos y cosas para entrar a este mercado objetivo y poder ser demandado. Esto es un mercado.
Con Tinder me va pésimo. Muy poco match y cuando me hacen un match, después me borran. Las fotos las he mejorado un poco, porque antes eran horribles. Ahora tengo lo que supuestamente a las mujeres les gusta: un tipo con el torso desnudo en la playa y con lentes y con un sombrero tipo panameño. Así tengo mis fotos. O en un viaje. Eso es lo que hay. Tengo esas fotos y no pasa nada. Y cuando hago match y les converso no logro convencerlas. No sé qué cosas tengo que escribir para que pase algo más. No pasa nada. Y ahí quedo. Tinder no me funciona. A otra gente sí. A mí no.
Tampoco me funcionan las fiestas. Yo no soy para nada buen bailarín, soy tieso, y por ejemplo una vez yo estaba en una fiesta bailando con una niña y se fue no más porque no bailaba bien. Tampoco en la disco porque no tengo la personalidad para llegar de la nada. No sé qué cosa decir. Tiene que ser en otro contexto. Creo que los grupos me sirven, como te decía antes. Grupos de algo, de cualquier cosa. Por lo que me he dado cuenta, hay muchas cosas en Santiago. Hay grupos en Facebook de gente que quiere aprender un idioma, por ejemplo, italiano, inglés, alemán, lo que sea. Hay gente que tiene temas políticos, hay gente a la que le gusta bailar cueca brava, hay gente que va a ver pájaros… Yo creo que por ahí va mi nicho, pertenecer a algo.

*

Este es un consejo que nadie me ha pedido, pero que encuentro necesario: por favor, dejen de ver videos sobre cómo conquistar mujeres. Dejen de hacerlo ya. Ayer. Hace años.

*

La proyección en el tiempo es lo más difícil, ¿no? Ahora mismo yo apenas puedo ver más allá de mi nariz. Es un poco tonto porque la vida no es TAN impredecible como para que uno no pueda trazar algunos probables hitos con un agudo grado de certeza. Por probabilidad yo tendría que volver a enamorarme. Por probabilidad, Alejandro tendrá sexo. Con absoluta certeza los dos nos moriremos. Pero ay, qué miedo equivocarse, ilusionarse, planear y después tener que reconfigurar porque las cosas no salieron como o cuando uno pensó…

Etcétera, etcétera, etcétera.

Tonteritas.

*

Le pregunto qué se imagina para adelante.

– Yo soy realista. Creo que tengo que seguir. Como estoy ahora tal vez no funcione. Tengo que seguir los consejos de mis amigos, los tutoriales, para poder mejorar. Tengo que hacer más panoramas para poder encontrar ahí a alguien. Ahí yo creo que puede mejorar.
Mañana me voy a juntar con una mina, por ejemplo. Yo fui franco, como soy yo. Le conté lo mismo que te he contado a ti, y le dije lo que yo era: un profesional joven, que iba para aprender inglés y conocer a alguien. Ella tiene pololo, pero no importa, porque la idea es romper el hielo, ejercitar. A mí me gusta ella, pero lo veo como un entrenamiento porque ella tiene pololo y yo respeto eso. No se me pasa por la cabeza hacer un quiebre ni nada. Yo lo pienso así: si tú quieres jugar a la pelota y nunca has jugado, ¿cómo vas a jugar como Messi?
Con esta mina nos hicimos buenos amigos. A ella le gusta juntarse conmigo porque yo sé más inglés que ella. Yo le ofrecí ayuda y ella fascinada. Entonces así se forma un lazo: ella admira mi gentileza y ve que hay algo que hago bien. Y ahí me di cuenta de algo, que hay otra cosa que le gusta a las mujeres de los hombres y es el por qué se enamoran de ellos: porque necesariamente la mujer tiene que sentir una admiración por el hombre. Si tú no lo admiras no va a pasar nada, pero si tú lo admiras por una cualidad que a ti te enloquece, que te llena, está todo bien. Si no, no pasa nada.
Yo quedaría feliz si tuviera una oportunidad, un hito bisagra que cambiara el destino de mi vida.