1. D., chica Klimt

Me acuerdo de la primera vez que vi una pintura de Klimt. Me acuerdo de lo que sentí porque todavía lo siento: envidia. ¿Sería yo, alguna vez, ese tipo de mujer? El futuro, de buenas a primeras, no se veía promisorio porque estaba mirando “El beso” –lapsus mental, “El abrazo” hasta que lo Googleé-. La chica es colorina y de piel blanca. En un escenario tan atemporal como rígido y exquisito el hombre la besa y ella se deja besar. “Se deja besar”: recibe, acepta, se deja envolver, se encoje, arrodillada con los dedos los pies en tensión, el brazo doblado mostrando el codo, la mano perdiéndose en su pecho y luego reapareciendo para tomar la de él, el hombro asomando -¿es un vestido a punto de caer?-, su otra mano, la derecha, le rodea el cuello ancho y moreno. Pero si miras de cerca la expresión de ella es de… control. No está perdida en el beso, está casi dormida. Está calma, pero alerta. El beso es en la mejilla, su boca es un botón rosa impasible. Todo lo que él ofrece en acción ella lo contrarresta con una suave resistencia. La chica del beso no es lo que parece. Yo nunca sería una chica Klimt. No sería la pelirroja de “Las tres edades” ni la de “Danae”, ni ninguna de las de “Serpientes acuáticas”, ni la fantasmagórica “Nuda Veritas”…ni siquiera sería la morena “Judith”. La apariencia de estas mujeres encierra un misterio: son como frascos de perfume de cristal tallado. Frágiles y frías, femeninas y cautivantes, dulces y vueltas hacia sí mismas.

*

Corte y avance unos diez, tal vez quince años. Cuando conocí a D. supe que era una chica Klimt. La gente se confía cuando las conocen porque las chicas Klimt son tan, pero tan delicadas. Parecen pajaritos dóciles. Ay, el error. La piel blanca y algo pecosa, el pelo con dejos colorines, rubios, castaños. Difícil de clasificar. Esa tiene que ser tu primera señal, cuando te preguntas “¿qué animal es esa mujer?”. La nariz respingada, los ojos verdes, a ratos amarillos-pardos. La voz suave, las oraciones hiladas con cautela, los silencios reflexivos. D. es bonita, pero no sé si lo sepa. Es un hecho con el que tiene que vivir y al que no le da más importancia que a cualquier otro hecho, de la misma manera en que una chica Klimt no reflexionaría sobre su ser-una-chica-Klimt: es lo que es y punto. Por eso cuando le hago preguntas siento como si estuviéramos jugando a los palitos chinos: es un equilibrio precario el que sostenemos, tengo que tener cuidado. La pregunta equivocada es respondida con silencio: un silencio que no enjuicia el problema, sino que trata de entenderlo, abordarlo, rodearlo, pero que si no lo logra queda en eso: un silencio que se estaciona entre nosotras como si un sólido cubo blanco de un metro se materializara de pronto.

Por ejemplo, porque yo creo en las estrategias y en las trampas –no porque me gusten, sino porque existen- le pregunto qué tiene que hacer alguien para seducirla. Y la pregunta flota de mí hacia ella y tal vez en algún momento la pregunta se sale a fumar un cigarro, porque lo que le estoy preguntando no tiene ningún sentido para ella. Reformulo: ¿cómo se tiene que acercar alguien a ti? ¿Cómo pasa que te encuentras con alguien y hay un click? ¿Qué tiene esa persona que no tienen los otros? Tengo que travestir la pregunta para hablar en su idioma y me siento mentirosa y tal vez originaria de otro continente, como si yo hablase una lengua muerta, o viniese desde el siglo XIII a hablarle sobre higiene.

“No sé”-y, sinceramente, no sabe. “No sé. No me gusta creer en las estrategias y ese tipo de cosas. Prefiero que sea natural. Pero si tuviera que decir algo, diría tiene que tomar la iniciativa porque a mí me cuesta eso, pero soy buena para seguir el coqueteo. Entonces él tiene que generar esa instancia de ‘ya po, salgamos de la mirada y hablemos’. Pero si leo que está haciendo una estrategia me mata las pasiones. Tendría que ser alguien muy natural”.

*

Saco un palito chino amarillo. Ahora quiero sacar uno rojo: creo que todos nos definimos, al menos temporalmente, por las cosas que nos repelen, más que por las que nos gustan. Así que le pregunto qué le repele y qué le atrae de una potencial pareja sexual. Podría decir que el palito chino sale casi enseguida. Casi.

“Tengo un listado gigante de cosas que me pueden repeler. No sé, formas de moverse, me fijo en eso harto. Tiene que demostrar seguridad. Un weón torpe…ay qué difícil. Yo creo que la seguridad tiene que ver con la naturalidad: la seguridad de ser uno mismo y si te gusta bien y si no, no. Las cosas físicas igual son muy variables, dependen del conjunto”.

La empujo un poco. Pero qué te mata, que es desagradable, qué te arruina el conjunto. Y responde a su pesar, porque es sensata. “Los excesos siempre son cuáticos: manos chicas no. Ojos saltones tampoco me gustan, pero tuve un pololo con los ojos súper saltones y con las manos chicas. O muy lampiño. O mucho pelo. Estamos en los excesos. Con otras razas no he tenido muchas experiencias. Me atrae más a lo que estoy acostumbrada, pero no rechazo tampoco nada. Me gusta cualquier tipo de pelo. O sea el corte milico no es mi onda no más, pero si el weón es entero mino…”.

*

Hablar con D. sobre sexo es como hablar sobre zapatos. Me refiero a que es algo que suena un poco demasiado explícito. Tal vez sería mucho más sencillo hablar de literatura, de algo más teórico. A fin de cuentas, los zapatos son parte concreta de la vida y el sexo también. Por eso es que D. pareciera que por primera vez piensa algunas cosas, pero cuando las dice, las dice con convicción. Todos sabemos más o menos qué zapatos nos gustan y cuáles no, aunque no hayamos visto todos los modelos existentes.

Le pregunto por su orientación sexual y me dice “heterosexual, probado” y esa distinción me hace sonreír porque, de nuevo, en la práctica de la vida cotidiana uno prueba: se prueba zapatos y abrigos y le pone más o menos sal a la comida, y prueba ostras o camarones o decide que una crema hidratante es mejor que otra.

Probado porque me metí con una mina después de una noche de descontrol, como hace cuatro años. Me metí con una mina, tiramos, todo, hicimos todo lo que parece que hacen y al día siguiente nunca me había sentido tan asqueada. Ni con el weón más feo.
Yo me juntaba con un amigo normalmente en un bar porque vivíamos cerca, pero piola, nos tomábamos una chela y listo. Ese día él llegó con ella. Tomamos más y terminamos su departamento, donde ella tenía un whisky, qué sé yo, y no sé. Siempre hubo como una tensión sexual extraña. No sé quién tomó la iniciativa, pero yo creo que ella, porque yo no soy muy de tomar la iniciativa…y después, por lo que supe, como que ella sí. Nada, como era lunes en un momento decidimos irnos a dormir a su cama gigante, los tres, y ahí…ah no, ahí yo dije ‘Oigan…no, nada, nada’. Lo dije igual y empezaron los cariñitos. Empezó como trío, pero mi amigo en verdad quería dormir. El sueño de todo hombre y el weón estaba cansado. Tipo ‘quédense ustedes agarrando’.
Al día siguiente me despertó mi amigo y me dijo que se tenía que ir a trabajar. Yo estaba en pelota, al lado de la mina, con olor a mujer. Esa wea fue ‘vámonos, vámonos”, altiro. Me preguntó si la despertábamos y yo le dije que no. Quería escapar para siempre”.

2. D. usa zapatillas

D. se sonroja. Y porque no la conozco tanto no sé si es vergüenza, pudor, la excitación de contar algo así o el frío. Habría que aprender a leerla, escucharla, saber discernir si cuando la voz se le hace más hilo es porque siente que está hablando de algo más íntimo que merece esa delicadeza o porque se está arrepintiendo de contarlo. Digo que no la sé leer porque es, como dije antes, una chica Klimt. La cara angelical prerrafaelista, el pelo largo que le cae sobre los hombros, el cuerpo liviano, la piel blanca con pecas que la hacen ver más chica, y al mismo tiempo los jeans negros ajustados y las zapatillas negras con cordones blancos, la polera negra con la cara de Kurt Cobain.

Sí, es una chica Klimt, pero también es, por debajo, si uno pudiese partirla por la mitad y sacarle una radiografía a su espíritu, una chica grunge. Y porque por fuera se ve tan Klimt tiene que hacer un esfuerzo. Cuando la veo suena “I don’t give a damn ‘bout my reputation / You’re living in the past, it’s a new generation / A girl can do what she wants to do and that’s what I’m gonna do”. D. es el tipo de chica-mujer que usa zapatillas y hace que en comparación usar cualquier otro tipo de zapato sea impensable, una batalla perdida ante más o menos todo lo que deberíamos rechazar. Durante mi adolescencia las chicas como D. me aterraban un poco: sabía que si por algún motivo el destino debía elegir a una de nosotras para que se sacara la cresta frente a la otra la elegida sería yo y mis tacos. Durante la universidad las chicas como D. eran cool y tomaban cerveza durante las ventanas entre clases. Las chicas como D. siempre estaban rodeadas de amigos músicos, escritores o apasionados izquierdistas (o una mezcla de todo lo anterior). Y cuando las chicas como D. estaban en una relación –saliendo, andando, pinchando-, ese novio era un enamorado estudiante universitario sin ni uno, capaz de armarle florcitas con pelusas.

*

“Como cuando yo tenía 5 años, muy chica”. Los ojos se le agrandan, sonríe. Me va a contar cuál es su primer recuerdo sexual. “Mi vieja tenía… no sé qué era. No creo que haya sido un consolador o algo así, pero era una wea con forma fálica, como de goma y yo veía que ella se la ponía en el cuello para hacerse masaje. Un día la agarré y me estaba haciendo masaje en la espalda y como que fui bajando y me lo puse entre  las piernas y me pasó una wea muy rara y rica. Después de esa vez la seguí sacando, sin cachar nada, sólo sintiendo que era rico. No sabía controlarlo, muy inocente. Ah y también, pero esto es distinto, cuando estaba en cuarto básico me gustaba un compañero de curso. Yo no sabía si me gustaba tanto o no, porque ya me habían gustado muchos compañeros, entonces quería saber qué hacía que él me gustara más que otros, entonces pensaba ’Ya: ¿me gustaría verlo en pelota? ¿Ver su pico? Sí, igual me gustaría, entonces sí, me gusta‘. Nunca pasó nada, menos mal”.

Le pregunto entonces cuándo fue su primera vez y me dice que a los catorce. “Fue muy pasta. Con mis amigas íbamos a bailar a una discotheque culiada, la Primitive, entonces típico nos juntábamos en una casa, nos cambiábamos de ropa, tomábamos, nos echábamos glitter, puras weas. Esa vez yo dije ‘Ya, esta es mi noche chiquillas, hoy día me quiero acostar con un weón’. Y todas así: ‘Ay pero de qué estai hablando’ y yo ‘Sí, weón, quiero cachar qué onda. Sale en la tele, está en todos lados, quiero cachar qué onda’. Y ellas ‘Pero cómo, si no sabí si te va a gustar o no’ y yo les decía ‘Pero ¿qué tan terrible puede ser?’. Y nada po. Fuimos esa noche, yo me agarré a un weón, y justo -¿te acordai que tenía dos pisos la Primitive?- bueno, estaba cerrado el segundo piso por alguna razón, entonces nosotros nos colamos. Había una barra en el segundo piso que estaba vacía y nos fuimos detrás de esa barra y ahí nada po, pasó. Fue muy rápido y muy pasta base todo. Estuvimos un rato agarrando y hubo así como una penetración de un minuto y medio ponte tú y llegó un guardia con una linterna y tuve que subirme los pantalones. Al final fue como chistoso todo y la wea no fue tan importante. Nunca más lo vi. Le di un teléfono falso. Me daba vergüenza. No me cuidé tampoco, todo pésimo. Por eso no hablo con mi mamá de esto jaja. Él era un poco más grande, debe haber tenido unos diecisiete”.

D saca un palito chino azul.

*

Le pregunto:

  •  ¿Con quién hablas de sexo?
  • ¿Y con tu mamá?
  • ¿Cómo te cuidas?
  • ¿Te preparas para tener sexo?
  • ¿Qué tan sexual te sientes?

Me responde:

  • Con mi pololo. Tengo un par de amigos con los que se da más la cosa también.
  • Igual lo encuentro un poco raro. No porque uno no tenga que hablar con la mamá, pero en mi caso nunca ha habido ese tipo de comunicación.
  • No me cuido. Siempre he sido bien pasta en ese sentido.  He tenido mucha cueva, pero muy mal. Con la edad he aprendido que muy mal. Hace un año dejé de  tomar pastillas, pero porque estoy estable con mi pololo. Me aburrí de tomar pastillas porque me aburrí de meterme weas y pagar por meterme weas. O sea no me estoy cuidando nada, pero estoy siendo fiel. No me ha tocado exigir condón. Cuando tomaba pastillas y me metía con otras personas no lo exigía. Ahora calculo un poco, pero también trato de hacer la del panadero: sacando el pan antes de que se queme… jaja, no sé.
  • Nada, lo mínimo. Ponte tú me depilo una vez al mes después de la regla y si cacho que me toca voy a ir el jueves en vez del miércoles, pero no hago nada distinto, hago la depilación de siempre. Siempre me hago como un cuasi full brazilian y lo mantengo. Me echo el perfume del día a día, me ducho, pero nada fuera de la rutina, ni ropa especial, lo natural.
  • No sé cómo se sentirá todo el mundo, pero lo normal. A veces muy sexual, a veces nada. Depende de las hormonas, de la wea que me pasó el día anterior, cualquier cosa. De la persona con la que esté también. Si te hacen sentir… muy itinerante… Es bipolar, como todos los aspectos de mi vida.

*

Voy a sacar un palito verde que está debajo de uno azul: quiero saber si hay algo que quiere decir, algún mensaje que le gustaría entregar. Porque cuando habla percibo rabia o irritación, y es como si todo esto que hemos hablado la desesperara un poco (“desesperar” en el sentido en que “desespera” un comercial en medio de una película que te interesa). A mí me desespera que la desespere. Al fin me dice: “Lo que siempre me da lata es esa wea machista -yo no soy la más feminista…sí soy feminista, pero no soy una neo feminista de RRSS-, pero donde más me ha tocado la wea es en la sexualidad: desde mi primera vez, cuando dije ‘weón, tengo ganas de hacerlo’. Yo igual fui precoz cachai, como a los nueve años me salieron pechugas, a los once me llegó la regla, entonces puta a los catorce estaba lista. Y fui súper juzgada. Me agarré a tres compañeros de curso y pasé a ser una prostituta cachai, pero ellos eran los reyes. Entonces esa diferencia weona siempre  me dio rabia. Y hasta ahora pareciera que yo soy la que cae en las redes de otra persona que tejió todo esto inteligentemente para que yo me rindiera como una babosa. Como si yo no tuviera decisión ni clítoris ni hormonas. Eso me emputece y he luchado siempre con esa wea. Todavía soy demasiado promiscua para este mundo. Me preguntas si me siento muy sexual y weón me siento una weona normal. Yo me imagino que todas sienten una wea parecida. No tengo un clÍtoris gigante”.

  1. D. a veces cree que es horrible

Cuando una persona linda o segura se siente fea es como un regalo para el espectador. Uno lo escucha como si fuese uno de esos cuentos para irse a dormir: te tranquiliza, te hace pensar que hay cierto equilibrio en el mundo (aunque solo sea porque eres un ser humano mezquino que quiere que los otros compartan tu miseria). Poca gente habla de eso: de cuando nos sentimos feos, precarios, dejaditos de la mano de Dios (o castigados por la misma divina mano).

“No sé si justo ahora estoy muy hormonal porque estoy con la regla…pero sí creo que sentirse deseable tiene que ver con el estado de ánimo. O a veces es muy circunstancial. Mi pololo me sacó una foto desde un ángulo de mierda y como que se me veía el poto, pero desde más abajo, entonces es un lugar que uno no se puede ver. Te ves, pero es artificial. Yo me sentía ultra sexy hasta que me vi en la foto y le dije ‘weón, soy horrible, ¿cómo te calentai con eso? No lo puedo creer’. Entonces ahí estuve como tres días sintiéndome como un estropajo y después no sé, te estás preparando para salir, te pones tus pantalones máximos y te vai con toda la confianza del mundo. Es muy circunstancial. Depende de cualquier factor, interno o externo”.

D. saca un palito amarillo.

 

  1. D. es hippie y le gusta el porno

D. es hippie. Es una chica Klimt, de alma grunge, que a ratos se siente horrible y que además es hippie. Es hippie, pero no una caricatura hippie. Es hippie más bien en el sentido anticonsumista. Si hiciéramos una ciudad pobladas por puras D. esa ciudad tendría casas de madera, no habría robos ni guerras, la gente compartiría la comida y se trenzaría el pelo mutuamente cuando estuvieran aburridos. También, tal vez porque “por qué no”, dormirían juntos. ‘Es natural’, te dirían.

“Para mí ser monógama es tema, es cuático. Preferiría…le he dicho a mi pareja que es un sacrificio. No es mi ideal la monogamia. No me parece tan importante. Sí la fidelidad. Porque meter mentiras y weas es penca. Pero si pudiera ser abierto y yo decirle ’oye, me metí con este loco‘ y los dos cagarnos de la risa, como ser cómplices en eso, sería bacán. Lo intentamos y es muy difícil no mentir. En el momento no quieres romperle el corazón. Están súper bien los dos en la cama y tienes que contarle que ayer  estuviste con otro…es imposible casi.
Siempre puede variar, pero creemos que es más sano ser cerrados. Quizás en una crisis ponte tú….pero igual a mí amigas me dicen ’Cállate, mejor no hablar de ciertas cosas, hazlo, quédate piola‘, pero a mí me gusta ser transparente, como principio”.

“No he hecho intercambio de parejas, pero lo haría. Lo que pasa es que no sé cuándo ni cómo se puede dar eso. O sea hay bares swingers y toda esa wea, pero varias personas me han dicho que bajar esa fantasía a la realidad es un paso enorme. No es como en las películas: hay gente fea, hay olores, se interrumpen, están todos nerviosos. Es el mundo real. Si se diera yo feliz, porque igual llevamos harto tiempo con mi pareja, entonces hemos tenido periodos más bajos de frecuencia y han salido estos temas, tipo ‘revivamos la wea de alguna forma, incluyendo a alguien, swingers. puta si se da‘…Los tríos para mí son como culear no más. O sea no no más, pero me refiero a no jugar a las cambiaditas. Porque eso sí lo he hecho: agarrar entre tres, cuatro, pero quedándose en calzones y sostenes, pero nadie nunca dio el otro paso. Quizás yo lo hubiera dado, pero yo era más chica igual, fue como a los 17, entonces uno no era tan suelta”.

¿Te diste cuenta de lo engañoso que es este apartado? Suena como si ser hippie fuese excluyente a que te guste el porno. O novedoso. O simplemente merecedor de un apartado. Y a D. le gusta el porno. Pero también le gusta leer. ¿Por qué no puse “D. es hippie y le gusta leer”? Porque esa sería otra D. Tu D. estereotípica angelical.

“No tengo una playlist para tirar. ¿La gente hace eso? No, cualquier wea…me prende por ejemplo el reggeatón, muy cuma. Pero es que sí, bailar reggeatón, perrear… y películas no sé, porno. Veo de todo. Lo que pasa es que me gusta seguir las tendencias. Me llama la atención el fenómeno YouTube en el porno, porque antes, cuando yo empecé a ver porno, había que descargar…o sea antes de eso eran revistas y VHS, pero después yo bajaba weas y después de verlas iba eliminando. Y cuando salió YouTube se llenó de páginas pornos. Y están muy metidas las redes sociales y hay canales y valoraciones, y etiquetai, entonces es todo un mundo en el que puedes participar y puedes encontrar la wea que querai, o sea, tortas dentro de vaginas, por ejemplo. Muy cuático. Igual veo harto porno, a veces no me caliento porque hay weas muy raras…pero igual me gustan.

Hay un tipo de porno muy piola, como soft porn, y eso ya es fome, Ya pasó esa época. Sí me gusta que sea como nasty. No necesariamente BDSM”.

“No sé si me masturbo harto o poco, porque no sé quiénes dirán la verdad y quiénes no. Yo siento que harto, pero por culposa quizás. Unas dos o tres veces por semana. depende de las circunstancias, porque ponte tú ahora mi pareja está trabajando fuera de la casa, pero antes estábamos los dos en la casa todo el día, entonces el weón salía un rato y altiro era como el switch ‘esta es una instancia’, entonces no sé, ahí según la regularidad que pasara. O cuando tengo caña, fijo. No sé por qué, ando como horny. No es porque me provoque algo, sino porque me dan ganas. Así como me dan ganas de comer frituras, me dan ganas de masturbarme. Tengo un típico vibrador…lo uso de repente, pero no tanto. No soy tanto de juguetes sexuales. Me gustaría ser más, pero siempre me complican. No sé, siempre pasa algo. Es que antes vendían unas weas muy malas. Antes de Japy Jane compraba uno de esos juguetes de esos sex shop de Provi, de esas galerías, chinos, de esos que como que se desarman en la mitad de la wea. O compraba un anillo y era ultra apretado entonces no sé, nunca he usado mucho. Esa wea que tengo me quedó gustando porque vibra súper fuerte. Y cuando estoy con caña y me da paja  hasta ir a buscar el computador para ver una porno o mover mucho rato mi mano lo prendo, me lo pongo y listo. La wea pajerismo máximo”.

“Gimo más que digo palabras cuando tiro. Lo que salga igual. De vez en cuando le doy un poco de color, no fingiendo, nunca he fingido, pero para animar la fiesta.

Pero esa wea de rol nunca la he hecho. O sea he dado jugo, pero no sé, siempre me da risa disfrazarme. Me he puesto cosas raras, pero no normalmente, para la ocasión, para mostrar que es una ocasión. Me da risa. Trato de hacer todas las cosas, pero no todo me resulta”.

“Una vez hice algo entretenido. Un amigo que está metido en la onda del cine iba a hacer una película porno y contrataron a una actriz, toda la wea y me dijo ‘Oye, ¿a ti que te gustan las weas raras, no te interesaría venir a probar las cámaras? tendrías que masturbarte…’ y ya po, así que fui y me masturbé con un control remoto”.

Saco un palito chino azul. Tiembla la estructura.

Y tú, ¿has hecho algo así de entretenido?

  1. D. es gris, obvio

Que levante la mano el que está pensando en el control remoto.

Porque a veces me pongo binaria para pensar tomo supuestos como verdades: asumo, por ejemplo, que como D. es natural-hippie-anti-estrategia-anti-show, seguro que le cargaría grabarse o tomarse fotos (ver punto anterior para demostrar lo contrario).

“He hecho eso de mandar fotos pero no sé, me da un poco de miedo. Es muy de vieja esa wea, como lo de ’que caiga en malas manos”. Es que me pasó una vez también. Yo tenía un pololo y le saqué una foto a su pico y a ese pololo me lo cagué con mi pareja de ahora. Ese día él estaba en mi casa viendo mi celular y me dijo ‘Oye, ¿por qué tení la foto de un pico en tu celular?’, y le dije ‘¿Cómo voy a tener la foto de un pico?’. Se me había olvidado por completo. ‘Sí, mira’, me dice. Weón, qué mal. O una vez también nos habíamos filmado con mi pareja y este otro…lo que pasa es que yo pololeé con mi pareja actual y después con este otro de y después con mi pareja de ahora otra vez. Entonces la primera vez con mi pareja de ahora nos filmamos. Y después este otro agarró la cámara y se vio todo el video. Una mierda. Entonces no he tenido muy buena experiencia con lo tecnológico”.

Obviamente ese párrafo de más arriba sonó a ecuación. Pero básicamente se ve así:

D+ A —› D. + B—› D. + A

En fin: alguno vio algo que no tenía que ver y le arruinó la tecnología a D.

Otra cosa que me pregunto: ¿de verdad te creíste lo de chica Klimt-grunge-hippie?

“Suelo fantasear con los weones que no me puedo agarrar. Como amigos del pololo o todos los inagarrables, compañeros del trabajo, los que no se pueden. ¿Qué fantasía es mi preferida? Agarrarme a varios hombres al mismo tiempo. No sé si tan hardcore como gang bang, más como que me deseen y me toqueteen. También más que eso. Deseada y respetada. Es fantasía, por eso. Qué miedo eso en la realidad. Depende igual. No lo descarto…pero en ese traspaso a la realidad, si hay siete weones minos y respetuosos y que realmente me deseen, no sé, difícil”.

D. saca un palito rojo y mientras lo va sacando, se mueve al mismo tiempo uno azul. Saca los dos.

Une con una raya la pregunta con la respuesta correcta. Hay respuestas y preguntas falsas, cuidado.

¿Qué experiencia o persona repetirías? Al aire libre, en la montaña.
¿Cuándo fue la última vez que tiraste? (hoy es lunes) No, nada en particular.
¿Cuándo fue la última vez que te masturbaste? Bradley Cooper.
¿Lugar más extraño en el que has tirado? Un loco de mierda al que me encontré hace poco. Se me metió en la cabeza, soñé una wea y me despertó algo.
¿Cuál es tu fía preferido para tirar? El lunes.
¿Si pudieras ser un hombre, qué cuerpo eligirías (personas vivas)? Me gusta que mi pololo se rasure los muslos.
¿Tienes algún fetiche? La cama.
Persona famosa que es carta blanca Marlon Brando.
¿Lugar preferido para tener sexo? Una vez en  el Parque Inés de Suárez, al atardecer. Nos cacharon y todo.
¿Dónde te gustaría hacerlo? El sábado.

Vive con la duda. Palito rojo.

 

  1. D. la tiene clara

Y yo sobro.

“Me importa la frecuencia. Me pesa no tenerla. Quizás varía según la circunstancia, pero si estamos los dos en la casa y no ha pasado nada, me pesa. Una vez  estuvimos un mes sin y esa wea fue ‘ya weón terminamos’. Fue nuestra primera crisis. ¿Qué se hace en esta situación? ¿Se termina o no? ¿Se acaba el sexo y se termina? Y ahí caché que no, que hay igual hay un montón de cosas por hacer. De repente son minidetalles los que cambian todo. En una de esas crisis yo le escribí una carta con  unas confesiones y le dije ‘Weón,, si querí terminar conmigo después de esto lo voy a entender’. Y me dijo ‘No, me encantó lo que escribiste, te amo más. Voy a hacer lo mismo: te  voy  a confesar una wea por día’. Y su primera confesión fue que no le gustaban tanto estos calzones, pero que esos de allá lo mataban. ¿La dura? Los cambié al toque y a la cama y listo. Entonces a veces cosas muy simples las que reviven todo. Falta una cacha buena y vuelve todo. Amor de años y por no saber manejar…”

“El límite, tirar mucho…a ver, una vez lo hicimos mucho y nos salieron heridas. Fue como todo el día. No se puede vivir así. Era como un domingo, obviamente”.

“Voy cambiando sobre lo que me gusta que me hagan. Eso me pasa harto. Antes me gustaba mucho el weveo con los pezones míos y después me empezó a doler, cambió. No sé, depende de la pareja también. Con mi pareja lo que me gusta es como perrito, cucharita, bien tradicional igual. Nada muy extraño.  Y sí, de repente  sus cosas extrañas como variedad. Tampoco me gusta esa wea como  ’Ay, yo sé qué te gusta, entonces lo hago‘  y como que todos los encuentros se transforman en lo mismo. En tocar un botón de lo que te gusta…y vas dejando de lado otras cosas. El sexo oral no me gusta mucho que me lo hagan a mí, prefiero yo hacerlo y eso me hace sentir como más sexy. Como que me aburro si me lo hacen a mí, no me causa tanto placer”.

“Hay varias cosas cosas que no me gustan, como la violencia. Llego como hasta las palmadas o de repente que con una mano te agarren las dos manos… pero que me esposen, no. Me hace sentir demasiado vulnerable. El sexo anal tampoco me gusta. También traté de probarlo porque en general soy bien liberal para las propuestas y bienvenido y curiosear y todo eso. Entonces me sentía como frustrada, como virgen, por no haberlo hecho. De hecho fui súper matea, me compré unos juguetitos para ir probando yo sola. Porque con este weón tratábamos, pero apretado, contraído 100% entonces traté sola relajada, en la ducha, ya weón, ’trabajando para usted‘, y este weón  igual me decía ‘pero tranquila, si no te gusta, hay otras cosas‘. Pero yo sabía que a este weón le gustaba, por las porno que veía yo sabía que le gustaban los potos. Al final desistí no más”.

“No recuerdo una frase del bronce, pero sí he estado con locos que hacen como un rol, como que cambian: antes eran un weón y después en la cama dicen como ’sí, así me gusta‘, con una voz culiada y eso me saca, me parece fuera de contexto. Cuando se nota la estrategia, cuando se nota porque claramente lo está haciendo tratando de pasar piola… O no sé, no sé qué pasará por la cabeza… igual están todos súper locos y ahí uno se da cuenta de la locura. Es un poco triste. Piensa que hay gente que no llega a relajarse en un 100%”.

“El momento que más me gusta es el arrebato después de agarrar, de calentar toda la olla. La explosión de la wea. No me gusta mucho esa wea de buscar el orgasmo, lo encuentro un poco presión eso de ir en busca de los resultados…si ya está pasando, ya estamos pasándolo bien. Si viene, viene…Tengo una amiga que está obsesionada con hacer calzar los dos orgasmos y pucha, qué difícil, convierte la wea en un trabajo”.

“Para mí es como una liberación. Desde una perspectiva muy mía, desde la masturbación sola, es un espacio de liberación. Cuando está el otro entra el diálogo, pero siempre dentro de ese contexto de liberación, donde yo estoy siendo yo misma no más, sin pensar en nada, en blanco, solo disfrutando, siguiendo la wea que se me ocurra, ojalá que el otro también esté en la misma. Me siento muy cómoda con el mundo, conmigo misma, con todo. Es como un momento un poco fuera del tiempo. Estás como muy concentrada -pero no “concentrada”-. Tus sentidos están muy abiertos, estás sintiendo esa mano, de hecho cierras los ojos, estás sólo sintiendo cosas…esas sutilezas las encuentro bacanes.

Es difícil: para mí también es difícil estar 100% liberada, pero es como lo que busco. Cuando lo paso bien es porque pasa eso. Y cuando hay contacto real con el otro en esos minimomentos de autenticidad es bacán.

Esos momentos me gustan porque siento que son comunicación humana auténtica. o animal. No tiene mucho que ver con lo humano. No sé, es un momento de sinceridad. No sé si tampoco darle tanta importancia, es como el ideal para mí. Me gusta sentir que está pasando algo verdadero, porque o si no estai como moviéndote sin sentido”.

Recapitulando:

Saco uno amarillo, luego uno rojo. D. saca un palito azul. Yo saco un palito verde. D. saca un palito amarillo. Yo saco uno azul. D. saca uno rojo y otro azul, al mismo tiempo. Yo saco uno rojo.

Nos miramos un rato. D. se levanta al baño. Cuento mis palitos, cuento sus palitos. Es mi juguete y me los llevaré de vuelta a la casa. Me apuro y antes de que vuelva recojo todos los palitos a dos manos y los meto en la cartera.

2 comentarios en “D., 31, licenciada en literatura

  1. los palitos son como las ramas del árbol que toman el color del momento para excitar el subconsciente, bravo pro la bipolaridad, bravo por la diversidad y la emoción, bravo por la perspectiva anamórfica que nos permite nombrar el finisterre de la mujer con tanta gracia……..

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