[Nota para posproducción: a cada una de las imágenes de la secuencia debe seguirle un plano de color negro que dure en pantalla un minuto completo, para luego pasar a la siguiente imagen.
Desde la oscuridad de un bolsillo se ve una mano ingresando para buscar algo, inquieta.
Una nota borrosa por el paso del tiempo, escrita en un papel blanco con tinta negra.
Una piedra arrojada al mar que se hunde, lento.
Un marco de fotos dorado que acumula polvo].

*

“Creo que por naturaleza soy muy sensible a todo tipo de belleza. A los múltiples tipos de belleza. De repente percibo que alguien es particularmente amable y esa weá me puede enganchar. Tiendo a que me atraiga la persona misteriosa, los tímidos. Me gustan los rasgos de la cara, aunque ahí sí que para mí es donde no hay nada armado. Me gusta la belleza de las caras, pero lo que define la belleza de una cara puede formarse por múltiples combinaciones.

Me repelen los zorrones, pal pico, me cargan. De hecho, me acuerdo que una vez fui a un carrete cuando chica y llegó el primo de un amigo que era exquisito, onda, un guachito rico, pero hiperzorrón, al que no sé qué le dio conmigo. Yo era lejos la weona menos atractiva del carrete. Quizás era la única que quedaba despierta, no sé. Él me decía como ‘quiero conocerte’ –ya no me acuerdo la línea, que seguro fue horrorosa–, pero no hubo caso. No sé si es que tengo buen ojo o suerte, pero en general me rodeo de gente que me gustaría comerme, o que me parece bien. Este weón me parecía mal.

Me repele también la gente muy gritona, la gente tonta. La estupidez la huelo a kilómetros, y con eso no hay chance. Que sea muy florerito. Para mi gusto van unidas esas cosas.

Algo que me pasa caleta y que tengo que descubrir por qué, es que exminos de amigas mías siempre me empiezan a hablar para culear. Estas son la mayor cantidad de ofertas que recibo. Eso me da mucho susto, porque implica conocer a un weón –que no me interesa particularmente– en un aspecto en el que no he tenido cercanía con él. Puede que sean muy atractivos y puede que haya tenido una buena opinión de ellos. De repente no sé, llevo 6 meses sin culear y tengo ganas de decir que sí, pero declino las ofertas. Puedo estar años declinándolas, quizás porque soy un poco indecisa y ambigua, jaja. No he concretado ninguna. Si a mí el weón no me llamó la atención y no me sorprende su approach, no va a pasar nada. Me gusta que me tomen por sorpresa, que yo no me dé cuenta de que se está forjando algo. A veces le pongo muy poca atención a la persona y de repente me doy cuenta de que estoy envuelta en algo y me gusta. Aunque también puede pasar al revés, que me sorprenda pero igual no me guste”.

*

“Me gusta que me tomen por sorpresa”.
Estoy ahí contigo, G.
A veces me pregunto si esa no es acaso una barrera más. Pero ay, cómo negarse a alguien se te anticipe en el juego. Qué métodos no hemos tratado de usar para lograr ese efecto, para hacer como si la sorpresa fuese genuina.
El peligro de estar demasiado consciente de todo, de moverse como nosotras nos movemos, es el cinismo: no hay sorpresa posible desde aquí.
La historia anula la sorpresa.
¿Y entonces?

Borrarse.
Desaparecer.
Perderse en el otro.

*

“A pesar de que me cargan las weás hippies y de que toda esa espiritualidad importada me parece de una ordinariez y un asco, toda mi vida he vivido muy espiritualmente el sexo, además de vivirlo de manera muy corporal y ordinaria, jaja. Digo, en términos de encuentro con el otro y encuentro con uno. Por ejemplo, recuerdo un encuentro sexual con un excompañero de la U. Él era un desastre absoluto, pero muy inteligente, y yo era su ayudante. Teníamos perfiles muy distintos, pero nos llevábamos la raja, nos apreciábamos genuinamente, creo. Físicamente no me atraía mucho. Una vez me cuenteó con que necesitaba ir a estudiar o hacer un trabajo a mi casa y yo me lo tragué a medias. Llegó con un pisco entero, así que empezamos a tomar y conversar. Cuando estábamos ya curados nos dimos un beso y empezamos a sacarnos la ropa. Lo que mejor recuerdo es que en esos besos iniciales sentí una especie de desbloqueo físico y emocional difícil de describir sin clichés: como si nos estuviésemos fundiendo. Como si de verdad nos estuviéramos uniendo en el acto de besarnos y tocarnos. Bello. Vivo añorando esa sensación, que he sentido poco.

También me ha pasado estar culeando y darme cuenta de que estoy sintiendo algo que no había sentido antes. Y pienso ‘he vivido 27 años en este cuerpo y después de todo este tiempo recién siento esto’. Es una sensación física. De repente en una práctica –yo no soy muy Cirque du Soleil, soy más bien poco… ni teatro físico, ni nada, jaja, yo soy del tipo que se echa en el sillón– , pero de repente en prácticas que no son tan innovadoras sentís weás que no habías sentido antes y que son bacanes o muy raras, y esa exploración me gusta mucho.

Me cuesta mucho encontrar un balance. O estoy tirando como una loca o no estoy tirando con nadie durante seis meses. No tengo un rollo con el copete en general, no tiendo al descontrol ni amo apasionadamente el alcohol, pero cacho cuando salgo a hacerme pico para poder culearme a alguien. Lo interesante es que cuando de verdad quieres, siempre resulta.

En mi cabeza, lo ideal es que haya alta frecuencia sexual. Prefiero culear todos los días que cada dos semanas. También depende de lo estimulada que esté. Yo quería dejar mi pega por C., era así de importante, pero también puedo no querer culear nunca. Ahora que hago clases en un colegio siento que culear es casi una necesidad, porque si andai medio caliente por la vida y tienes muchos alumnos, se vuelven presa de tus deseos. Yo tengo séptimos y octavos, entonces hay unos que ni siquiera es que te quieran wevear, pero están hipersexualizados e inconscientemente te ponen el cuerpo encima, así como también hay weones que te hacen cosas a propósito. Yo jamás me comería a un alumno porque soy moralista, ese tipo de weá me frikearía mucho, pero a la vez entiendo que es un riesgo real.

Me incomoda pensar que puedo desconcentrarme en mi pega porque no estoy culeando lo suficiente. Pasé por un periodo de estar muy caliente este año y me quería comer a todos mis alumnos. Mal. Es el hecho de estar sintiendo más eso que las cosas que les tienes que enseñar.  Cuando salgo de esa fase me doy cuenta de que no hago tan bien mi pega cuando estoy así”.

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A eso yo lo llamo el “espiral de la muerte”, G. Una de las tantas manifestaciones.

*

“Mi familia es muy tradicional. Jamás hablo de sexo con mis papás. Mis viejos nunca nos han hablado de sexo, ni siquiera de cómo prevenir el embarazo. Mi papá es médico, jaja, es neonatólogo –trae niños al mundo–, pero nada, ni una palabra. Yo nunca en mi vida vi a mis viejos teniendo sexo, y eso que a todos alguna vez les pasa. Una vez cuando yo ya era grande estaba con mis hermanos y escuchamos mucho alboroto en la pieza de mis papás, como grititos. Estábamos entre asustados y asqueados, tratando de cachar qué onda. Finalmente no sé si abrimos nosotros o ellos la puerta, y estaban tirándose un pijama, jugando. Fue gracioso, sentimos como ‘oh, descubrimos algo’ y no habíamos descubierto nada.

Con mis hermanos no soy cercana. Tenemos una buena relación, son muy buenos hermanos, pero no tenemos intimidad. En mi casa no hay intimidad entre nadie, solo intimidad intelectual: hablamos mucho, cosas profundas, humor, pero jamás diríamos ‘me calenté con algo’. Nunca lo he escuchado y espero jamás escucharlo, jaja. Mi hermana grande me cuenta de repente sus cosas, pero con mucho cuidado, porque yo no le doy pie para nada. A todas sus historias yo le digo como ‘ah bacán’ y siempre me voy como al lado espiritual, tipo ‘qué bueno que se encontraron’. No sé, me incomoda mucho.

Hablo mucho de sexo con mis amigas, con las parejas, con el weón de la noche de repente se da una charla eterna sobre lo que nos gusta y lo que no nos gusta, también con mis amigos hombres o incluso con los que tengo onda.

Tengo una relación bien extraña con los anticonceptivos. Yo una vez quedé embarazada. Tengo mucho trauma de consecuencias del sexo. En mi cabeza siempre está eso, pero a la vez soy bastante irresponsable”.

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Hace unos meses estaba trabajando en una pega para la que fue necesario activar una función de recepción de cierto tipo de documentos en el computador. Para hacerlo tuve que hablar con un alemán, que era el encargado de IT de la empresa. En su inglés de pronunciación quebrada, pero de palabras precisas, me explicó que antes de activar la función era necesario crearle un ambiente. Había que codificar un poco para que el computador pudiera hacer lo que yo quería que hiciera. Ya que no existía, pero tenía el potencial de hacerlo, había que primero organizar un espacio virtual especial para que esa función se desplegara.

“You need to create an environment first”, repitió mil veces. Un ambiente en el que esa función pueda existir.

La frasecita se me pegó por un tiempo.

En ese cuadro de diálogo negro, en ese vacío, había que crear algo para que algo más pudiera pasar.

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“He pasado por miles de situaciones vergonzosas y todas han sido culpa de mi boca. Hubo un tiempo en el que todo weón con el que yo llegaba a la cama era alguno al que yo le había dicho ‘Oye, ¿te has hecho el test de Elisa, la prueba del VIH? Yo no me lo he hecho y como que tengo miedo’. Yo encontraba la forma de hablar de eso. Esto era en la misma época en la que yo estaba con el weón de los golpes. Yo sabía que él había sido superpromiscuo y que cuando estaba conmigo igual se acostaba con otras personas. Además, no ocupaba condón, como por política. En esa misma época un amigo muy cercano pasó un susto muy grande: él trabajaba en un centro de atención de VIH y se encontró con un weón que se había culeado sin condón en el baño de una discotheque. En ese tiempo las pruebas del VIH se demoraban una semana completa y te metían susto. Durante esa semana el weón me llamó todos los días para descargar su histeria y terminó transfiriéndomela. Yo antes de eso jamás había pensado tanto en el VIH. Pasé dos años hablándole a los weones sobre VIH antes de irme con ellos a la cama. ¿Y sabes qué es lo más sorprendente de todo? Que me decían como ‘No creo que tengai VIH’ y yo les decía ‘Yo tampoco’ y le dábamos no más”.

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Volviendo a lo del ambiente y el computador y la función que -spoiler alert- nunca terminé de instalar: la mayoría de las cosas requieren de un ambiente que las acoja.  Sé que suena obvio y pelotudo decirlo, pero yo no había pensado en esto seriamente hasta ahora (tengo treintaidós años, es harto tiempo para pensar en cualquier cosa). Desde un refrigerador hasta una semilla, desde un romance hasta una prenda de ropa, desde un talento hasta una decisión, sin un ambiente que esté dispuesto a acoger eso que va a ocupar un espacio físico o mental, las cosas no pasan. Requieren de una disposición, si se quiere. Y esa disposición es una especie de deseo con voluntad y preparación.

Lo que quiero decir es que las cosas no pasan por nada, por azar.

Y tampoco dejan de pasar porque sí.

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“Veo poco porno. Está dentro de mis prácticas, pero la frecuencia varía, a veces tres o cuatro veces al mes, y otras veces en tres meses no veo nada. Hubo un tiempo en que veía caleta de weás como hentai, que es porno de japoanimación que me gusta porque llevan las fantasías típicas como uno o diez pasos más allá. Y tienen toda la libertad porque en el fondo es dibujo, po.

Me masturbo, pero depende del periodo en el que esté. Es una práctica más o menos reciente, porque para mí antes la masturbación como que no existía. Después en la universidad fue como ‘obvio, no voy a estar tres meses sin tener un orgasmo’. Fue como ‘hay que arreglar esto, ya nadie me soporta, no puedo andar caliente eternamente’. Entonces me puedo masturbar todos los días una semana y después un mes no.

No soy mucho de fantasías sexuales. En general las cosas que me gustan son cosas posibles. Por ejemplo, fantaseo con volver a tener sexo, jaja. Soy superpoco de fantasías con el famoso. Creo que porque no me llama tanto la atención el físico. Yo necesito hablar, que haya una conexión. O puede ser física, pero es como física-química, no es como ‘tú me gustas y yo te gusto porque nos encontramos bonitos’. Ni siquiera fantaseo con amigos, en parte porque me he acostado con muchos. Prácticamente no tengo amigos de infancia con los que no me haya acostado. Entonces claro, tal vez fantaseé con algunos de ellos y cumplí mi fantasía de la forma más aberrante, o más bien, en los contextos más ridículos”.

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En general es un asunto de tiempo. La palabra “atolondrada” funciona bien. No es que las cosas no puedan ser, es que asumo que deben ser y me lanzo con todo, optimista-suicida-involuntaria. La otra vez compré unas cortinas de una medida errónea, llegaron, caché que eran demasiado grandes y las instalé igual (rompiendo de pasada la cortina y la pared). Después, obviamente, nunca funcionaron.  Lo de las cortinas es extrapolable a tantas cosas que me da vergüenza enumerarlas.

Crear un ambiente. Acoger.

Crear un ambiente. Acoger.

Crear un ambiente. Acoger.

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“No tengo la fantasía o el deseo de vivir en pareja. De repente me imagino con un weón, pero con una mina ni cagando. En general me proyecto mucho más con un hombre que con una mujer. Yo ya me di cuenta de que las minas no son lo mío, como que ya cerré ese ciclo.

Igual ahora estoy en una situación muy extrema en la que no tengo tiempo para mí. Eso de ‘no tengo tiempo para mí’ suena muy como mamá que acaba de tener una guagua y dice que no tiene tiempo de depilarse. Yo tampoco tengo tiempo para depilarme (aunque lo hago igual), pero lo que me angustia es que no tengo tiempo para pensar en las weás que me importan ni para leer los libros que quiero leer, cosa que también hago, aunque con culpa. Ahora no pienso ni siquiera en sexo, pero como ha sido tan central en mi vida siento que es una especie de tregua, como estar de vacaciones.

Con mi última pareja terminé principalmente porque sentía que me iba a morir si seguía dándole tanto tiempo al exterior: a una pareja, a mi pega. Sentía que necesitaba estar conmigo para seguir viviendo. Entonces si me preguntai si me imagino mi vida con otro, te digo que con cueva me la imagino conmigo. Deseo la soledad, porque no la tengo”.