La luna de miel de hacer como si no pasa nada, loco, estamos sólo conversando, no puede durar por siempre. Voy al baño y me pongo las botas para terreno pantanoso, me arreglo el pelo, debajo de la polera me ajusto un cinturón con balas por si me llegan a faltar. Me pinto los labios. Practico la mirada de cachorro abandonado bajo la lluvia.

– Perro Loco, Toro Sediento, hemos vuelto.

*

“Me gustan las locas que son cariñosas y concretas. Si alguien quisiera resultarme atractiva tendría que acercarse y decir las cosas como son, sin tanta… nada de esta ambigüedad del sí y no. Hay gente que dice que es un juego, el juego del coqueteo, y blablabla, pero yo creo que hay un juego más entretenido que es el del sí-sí, los dos en el sí. Encuentro fome el otro juego. Entiendo que guste ese juego porque hay como ochocientos manuales, teleseries y series que te dicen que ése es el juego, pero a mí me parece de una falta de creatividad gigantesca. Hay mil juegos posibles. Que se acerque de una manera concreta y chistosa, que diga las cosas como son. Que sea franca con su actitud. Es súper loco porque los homosexuales son así. Faltan mujeres así y si existen quizás están escondidas como todo el resto, y nos encontraremos por ahí en algún lugar. Qué tanta wea: ‘Hola, ¿querís tomarte algo?’”.

*

Sí.
Bah, ¿qué?

 [Ay. Houston, Santiago, París, Sydney: estamos en problemas].

Estar aquí es como ser parte de una de esas actividades escolares para ejercitar la capacidad de identificar conjuntos: “¿Cuál de todos estos elementos es algo que no se puede comer?” y uno mira el cuadradito de cinco por cinco y ve dibujada una manzana, un plátano, una lechuga, un pimentón, una cebolla, un chocolate, una papa y un tornillo.

Adivina quién es el tornillo.

*

 “El sexo, entendido como la relación sexual entre dos personas, es un momento muy gratificante de comunicación que es a la vez una parte dentro de una gran comunicación. Es como contar el chiste y que la otra persona lo entienda altiro, sin tener que decir ‘es un chiste’. Es una intimidad, una cosa de empujarse mutuamente, de ser seres combustibles. Pero esa intimidad no va por sí sola. Eso me pasa. Es como si en general no hubiese problema con que fuese por sí sola: lo de ir y meterse con alguien y después seguir, eso es que vaya por si sola. Pero para mí eso es como estornudar. Eyacular no me resulta excitante. Me resulta mucho más excitante toda la otra mezcla de pasión y complicidad, una cosa más larga y más intensa que el acto eyaculatorio. Como yo lo veo, pensando en que me puedo morir mañana, tiene que ser algo más interesante. Prefiero que los caminos sean más interesantes”.

*

– Equipo, necesitamos una estrategia. Necesitamos una estrategia que no suene a estrategia. Necesitamos desarmarlo sin que sepa que los estamos desarmando. ¿Qué? Hemos hablado de esto antes. ¿Nunca fueron a mis talleres de ataque preventivo, de defensa antisorpresas? ¡Eran parte de su entrenamiento! ¿Y qué hicieron durante los cinco años de formación? ¿Qué? ¡Una cancioncita de trote no nos va a salvar del enemigo!

“Dos de mayo es primavera,
Todos vamos a la guerra,
Unos ríen y otros lloran
y otros se mueren de pena.

Pero el que más pena lleva,
el que lleva la bandera.
Le pregunta el capitán,
¿por qué tienes tanta pena?
Es por padre o es por madre
O es por culpa de la guerra.

Ni es por padre ni es por madre,
ni es por culpa de la guerra.
Es por una muchachita
que se va a morir de pena”.

*

“Para mí, deseables son los otros, no yo. Más que el cuándo alguien es deseable, yo creo en el estado de la pasión. Se es deseable si se hacen las cosas de forma apasionada, con todo: eso genera atractivo. Quizás el cuándo es cuando se desborda esto en el ámbito de las ideas, de la creatividad, de los proyectos, pero no necesariamente en lo que yo domino, porque incluso la ignorancia me interesa, los caminos oscuros me interesan. El saber que estás entrando a un lugar y que no tienes idea para dónde vas, pero en el que puedes descubrir muchas cosas, eso es interesante. Ahí siento que yo me vuelvo más deseable. Al parecer una persona a la que le gusta ir hacia lugares desconocidos, pero con toda la seguridad de que nada malo va a pasar, resulta ser una especie de imán para gente que quiere lo mismo, pero a la que sí le da susto meterse en esos lugares. Eso genera deseo. Cuando ve a esta persona dice ‘loco, voy contigo’. Esto resulta en distintos ámbitos: en el trabajo en equipo, con las amistades. El problema es que claro, después te dan ganas de que alguien más se motive, ¿cómo vas a ser el único weón motivado?

Generalmente mis conversaciones sobre sexo son bastantes parecidas a esta. Con amigos hombres son super banales. Cuando hablai con alguien que quiere conversar para llegar a cosas nuevas, sea quien sea, bienvenida la conversación. Cuando hablai con alguien que quiere hablar para matar el tiempo y hablar de la mina que no sé qué y la mina super rica, no me resulta muy interesante. Hablo con cualquiera que quiera conversar: amigos, amigas, gente desconocida. Con los familiares no.

El sexo es como un tema anulado en mi familia. Cuando mi viejo murió yo era muy chico y de alguna manera consciente o inconscientemente mi madre no podía tener nuevas relaciones porque hubiese sido una especie de traición a su duelo. Por eso, mientras crecía, nunca vi cómo se relacionaban las parejas. Vi algunas cosas, pero sin entenderlas del todo: un beso esquivo en la cocina, por ejemplo. Lo veía como un evento aislado. Pasa lo mismo en una casa en la que no hay libros y de repente hay un libro: es sólo una cosa más, no tiene valor por sí solo. Cuando fui más grande me empecé a preguntar cosas, como porqué en mi familia no había parejas. Un tío tuvo un hijo solo…todos eran como entidades solitarias, nunca se adentró en ese tema. Nunca fue tema”.

*

Ay, I.

 ¿Cuántas veces podré decir “Ay, I.” sin sonar repetitiva? No muchas, parece. Pero, ay, I., yo sé y no sé de lo que hablas. ¿Te cuento algo? El recuerdo más antiguo que tengo de mi mamá y mi padrastro es ella en medio de nuestra cocina blanca-blanca, con los labios rojos, unos jeans ajustados, una blusa celeste, y él rodeándola con un brazo por la cintura y apretándola contra la suya mientras le robaba un beso.

En mi casa el cuerpo era muy importante. Tan importante que nos dedicábamos a coleccionar cuerpos. No te puedo contar más de esto ahora porque no te conozco tanto.

Lo siento.

Yo vi, cuando era chica, que mis abuelos tenían lo que tú describes: un desierto de caricias, un olvido del cuerpo como si fuese una anécdota.

Hoy uso las corbatas de mi abuelo, ya muerto, como cinturón, y no sé si es una forma de honrarlo y recordarlo o un amuleto contra cualquiera que quiera bajarme los pantalones.

Perdón, Nonno.

A veces me pregunto cómo eran antes de mí. Reviso fotos, escudriño restos. Leo diarios de su luna de miel. Mi abuelo era muy correcto como para poner cualquier cosa por escrito. Hay descripciones detalladas de la Fontana dei Tritone, pero nada de mi abuela. ¿Y si encontrara algo? ¿Un resto, apenas? ¿Una sola línea que dijera que mi abuela le encantaba? ¿Cuánto cambiaría eso la historia?

He leído todo lo que he podido de ellos. He mirado todas las fotos: las manos en las cinturas, las miradas a través de la mesa, la forma de mirar a la cámara cuando el otro saca la foto. La impaciencia, la incomodidad, los hombros apretados, el afecto infinito en la mirada, el cansancio. Lo he visto todo, pero no es suficiente. Algunos podrían juzgarme de intrusiva, otros pueden justificarme. Yo me perdono porque estoy en una búsqueda que me enferma a cada minuto que pasa y sé que si ellos lo supieran querrían que me sacara esta picazón de encima.

Me sigue picando.

*

“Mi primer recuerdo sexual es haber estado frotándome contra la alfombra, con una sensación extraña de cosquilleo, como a los ocho, en mi pieza. Yo jugaba harto solo y creo que en ese jugar solo de alguna manera me revolqué en el suelo, pero sin saber lo que era. También dormía moviendo la cabeza de un lado para otro y eso me generaba un cosquilleo interno. No tiene nada que ver con lo sexual, pero a lo que voy es que a veces me dormía así porque me resultaba agradable. Esto de frotarme contra la alfombra también me resultaba agradable.

Perdí la virginidad grande, tipo diecisiete. Parece que no fue muy importante porque no me acuerdo mucho cómo fue. En mi casa con una amiga, generalmente son amigas. Quizás venía de algún lugar y la llamé porque pasé por su casa… te estoy inventando porque no sé si fue exactamente la primera. Pero sí, fue en mi casa, adolescente, con condón, en mi pieza. Supongo que no había gente en mi casa, venía de algún lugar donde había estado tomando, ella venía de su casa”.

Me gusta este juego, I. Te haré lo mismo. Una de estas opciones es la manera en la que yo perdí la virginidad.

– Fui a una fiesta, me pidieron pololeo, estábamos en el jardín. Yo tenía catorce, él quince.
– Fue con mi primer pololo. Yo tenía veinte, él estaba por cumplir los veinte. Él escribía poemas, yo trataba de imitarlo.
– Fue con un hombre mayor que conocí en una estación de servicio. Yo tenía diecinueve, él treintaicinco. Él estaba casado.
– Fue con un argentino cuando yo tenía diecisiete. No me acuerdo de nada.
– ¿Qué es perder la virginidad? ¿No sería acaso la primera vez que sentiste que te entregaste en serio? Si es así, fue cuando me enamoré de verdad, mi segundo pololo: cada vez que lo hicimos era perderla de nuevo. Una y otra vez.

O tal vez no fue ninguna de estas. No me acuerdo.

– Liberen las lacrimógenas. Queremos que la gente empiece a llorar ahora, con nosotros, para que no se note.
– Sí, Comandante.
– Ejemmmm, soldado: “Sí, General”.
– Perdón, “General”, General. ¡Sí, General!