He seleccionado la siguiente afirmación para un test rápido:

“En general no hay terceros estímulos. Es la persona y la sonrisa. Eso me prende”.

Luego de que dijera lo anterior, yo:

  • Me mantuve seria
  • Le sonreí, mostrando cada uno de mis dientes, como si estuvieran puestos en horizontal.
  • Le sonreí sin querer, traté de evitarlo y me atoré como consecuencia. Con mi propia saliva.

*

“No he probado nada de BDSM. No me molestaría. Me gustaría probarlo. Hay dos caminos: o te topai a la persona que tienes ganas de probarlo o tienes que salir a buscarla. Cosas con secreciones, caca, pipí: yo creo que eso no lo haría. O tal vez lo haría, pero no en mi pieza, no en mi casa. Y quizás lo haría una vez para cachar qué onda. Dudo profundamente que me guste, no encuentro nada atractivo en un mojón ni en el olor a pichí, pero sí alucino con las desviaciones sexuales. En el ámbito más psicológico encuentro bacán que el ser humano invente electrodomésticos y altiro la mitad de la población se está tirando la aspiradora, por ejemplo. Encuentro bacán que la impresora 3D se haga popular y altiro, pah, Scarlet Johanson con la boca abierta se imprime en un busto. O no sé si es bacán, me resulta interesante.

Yo tengo una fantasía sexual muy concreta: en esencia es sobre crear una indumentaria para tener sexo en público, pero que pase como hiperdesapercibido. Que se genere un micromundo en un mundo público. Dentro de eso está el masturbarnos y penetrarnos y el imaginar cómo sería la ropa para lograr eso: una ropa con velcros que se abren y se cierran. Eso.

No uso juguetes sexuales, pero quiero. Quiero usar todo lo que tenga el mercado. El año pasado vivía al lado de un sex shop y pasaba y siempre pensaba que necesitaba una amiga para jugar. Hay un juego de complicidad de pareja que es bacán, pero si no, igual se puede dar con una amiga. Y tenía una amiga el año pasado, pero como que frenaba todo. Eso es como ir a jugar y no querer ensuciarse. Entonces claro, aparece gente y bacán, pero cuando quiere ir a más, no. Me dan ganas de usar juguetes para jugar en ella, no en mí. Me imagino estimulando distintas partes, me gusta eso.

El chat de por sí me parece poco estimulante. He tenido una cosa por Skype, pero fue algo muy específico. No fue como ‘oye, juntémonos a tener sexo virtual’. No he mandado fotos de mi pene. Lo haría si me lo piden. Encuentro super violento hacerlo sin que me lo pidan. Y no me han mandado fotos, pero me gustaría. Y eso me gustaría que me lo mandaran sin pedirlo, porque es raro pedirlo también. ¿Es raro o no es raro? ¿Te han pedido?”.

*

Ay, I., si te contara. Pienso en R., por ejemplo, un ex que cada vez que me ve conectada me trata de mandar algo. Y lo que más me preocupa no es tanto su fijación con mandarme fotos de sí mismo -de partes muy específicas de sí mismo- sino el hecho de que esas fotos estén disponibles. Las tiene guardadas en su celular. R. se debe haber dedicado una noche o tarde completa a hacerse sesiones de fotos. Y eso, más que parecerme tonto, me da como pena.

No me puedo calentar si siento pena.

*

“He hecho videos. Se ha dado. Nos he filmado. Siempre hay una cámara po. Me gusta verlos. Aparte del ejercicio de aceptarme y asimilarme. Finalmente igual es agradable.

Tengo algo que decir sobre esto: siento que la humanidad avanza con los años, pero está lleno de cabros chicos en muchos ámbitos. Tenís cabros chicos que son jefes, que son padres, que son lo que sean, pero son unos pendejos de treinta, cuarenta, cincuenta, sesenta años.. son unos pendejos culeados. Vanidosos, envidiosos, orgullosos. Son unos cabros chicos que nunca crecieron y que nunca se atrevieron a desafiarse a sí mismos, que después de salir del colegio y de la universidad pensaron que ya estaban listos y no hubo más desarrollo interno. Digo esto porque para mí el tener estos videos no es como por el papurrismo del weón tipo ‘me metí con esta mina, cacha, tengo un video’. Un amigo una vez me dijo que le mostrara los videos, quería ver qué onda las locas. Y le dije que ni cagando. Y él decía ‘pero si no las conozco’. Y para mí no se trata de eso. Hay gente que los sube a la red… y a mi toda esa pendejada no me gusta. Hay una cosa que hicimos juntos y que fue bacán, no me voy a reír de eso después. Me pasa lo mismo cuando me veo. Obvio que la primera vez que te veís es como urghhh, qué es eso. Pero después te tenís que ver no más.

El otro día estaba grabando a una loca en una entrevista y me pedía que no la grabara de perfil, que se encontraba horrible. Y yo le decía que era obvio que pensara eso porque no está acostumbrada a verse de perfil, estamos acostumbrados a vernos de frente. Por eso cuando nos vemos de espalda, de lado, en otras posiciones o de perfil es como puta la wea. Por mi pega yo me tengo que mirar y al principio era como urgggh, me cargaba a mí mismo, pero ahora es como ‘ah, buena, me cae bien este weón’.  También han pasado más cosas. Empecé a ir a natación -esto es lo primero que me da pudor contarte- y puta, igual estai en un camarín, con hombres, e inevitablemente mirai. Y comparas y fue como ‘ahh pero súper bien po’. Con otras cosas me pasa por ejemplo que puta ya, soy flaco, entonces igual me gustaría ser como más grande, por eso empecé a hacer natación, pero dudo que vaya a funcionar. Finalmente soy así, entonces en vez de querer ser distinto mejor me acepto como soy. No me quiero convertir en esos seres que terminan deformando su cuerpo en el gimnasio. Eso de querer aumentar cuatro veces el tamaño del brazo, solo por una cosa estética, es una deformación. Distinto es si haces escalada y tu cuerpo cambia por eso. Por eso yo ahora estoy yendo a natación y me tuve que comprar un traje de baño este año. Mi primer traje de baño. Siempre me generó pudor lo de ir a la playa. Yo sentía que era muy flaco, muy alto, muy blanco. Yo era de esas personas siempre vestidas de negro, iba a la playa con zapatillas. Este año me saqué las zapatillas en la playa y caminé a pata pelada.

Es muy psycho, ¿porqué pasa eso de avergonzarse del propio cuerpo? Yo creo que porque estai rodeado de gente que te hace notar cosas que para ti no eran nada, cachai. El otro día, por ejemplo, un tío me dijo que me faltaban cazuelas. Y yo le dije ‘loco no me faltan cazuelas, falta que me acepten como soy’. Llevo treintaiún años y así es como soy. Veo fotos de siempre y soy así. ¿Qué chucha les pasa, cómo no pueden ver que la persona es así? Es como si fuese bajo y me dijeran ‘oye, te falta crecer unos centímetros’. Loco, weón, soy bajo. Entonces ahora ya de grande me he dado cuenta qué me molesta, por qué, y si quiero que me siga molestando, si es que en verdad es importante, caché que el tema de ser flaco es una tontera, pero me la dicen igual. En vez de decirte que eres distinto, o que tu inteligencia es diferente, o que bacán que te diste cuenta de algo que otro no vio, te destacan que no te tostaste en verano y te dicen ‘estai bronceado, weón’. Me molesta tener el cuello largo. Encuentro que tengo el cuello muy largo. Y yo sé que es una estupidez, pero en el colegio una vez un amigo estaba contando una historia y dijo como ‘puta, era un weón como tú, pero con el cuello más corto’. Y yo quedé así como ¿qué es esa descripción? ¿Por qué me metiste en esto?

Lo que rescato de esto es que tal  vez de chico no existía la otra parte no más. Ni siquiera sé cómo se dicen los cumplidos a los niños. Nadie rescataba especificidades. Era como si nadie te estuviera viendo. Pasa que como nadie te está viendo y nadie realza cosas de ti, cuando un weón está contando una historia equis y dice ‘sí, como tu cuello, pero más corto’ es como ‘ohhh, qué pasó acá, por qué dijo eso, en qué idioma está hablando este weón, ¿tengo cuello largo?’. Y eso con todo.

El calzar harto era importante para mí cuando era chico. Compraba zapatillas anchas y pantalones anchos para que se vieran más cortos los pies. Es la falta de análisis. Una sociedad carente de análisis genera que las personas se preocupen de weas. Inevitablemente yo me preocupaba de weas porque era pendejo y no tenía herramientas para más. Recién ahora empiezo a tener herramientas. Yo veo a mi abuelo, a mi vieja y a otros adultos y son unos pendejos preocupados de weas. Ahora por fin me puedo mirar, por fin me acepto.”

*

– Soldados, dejen de correr. Ya lo tenemos.
– Con su permiso, General, pero lo vemos respirando y moviéndose con total libertad. De hecho está hasta armando una fogatita para ponerse a dormir.
– Repito, ya lo tenemos. Está haciendo todo eso porque lo hemos mirado. Porque lo estamos mirando.

*

Volvemos a hablar una vez más sobre cómo acercarse a la gente. Cómo coquetear sin entrar en el juego del sí y del no y del tal vez y del no sé.

“Me acuerdo de haber estado con una loca y su hermana nos visitó y eso como que le prendía caleta, y no sé por qué me resultaba como irrespetuoso, no sé qué chucha tenía en la cabeza, porque era como ‘no po, está tu hermana ahí, en la misma pieza’. Ahora sería muy distinto, sería como obvio que sí porque eso generaba una tensión super buena. De hecho una vez llegamos los tres de un carrete y la hermana se fue a acostar y yo agarré a esta loca en el baño y tiramos de una manera muy intensa. Me pasó que durante mucho tiempo no vi cosas, recién ahora las empecé a ver. No vi que le excitaba esta cosa de que la fuesen a pillar. Ahora lo entiendo. Una vez otra loca estaba literalmente en pelota en el sillón, pero como me había dicho que no, para mí era no. Estaba en pelota. Después igual terminaba pasando todo. Entonces volvemos a lo mismo: ¿por qué me dice que no si quiere? Ahora no sería tan literal. Es super loco porque en esencia eso es lo que me genera conflicto. Tienes que aprender a no escucharlas, a no tomarlas en serio, a no creerles en esos momentos. Muy Arjona eso del sí y no, pero sí”.

Me mira como si llevara años arriba de un bote en medio del mar, con la cara recocida por el sol, muerto de sed. Tanta agua que no sirve para nada. Dice:

– ¿Cuál es el equilibrio entre demostrar interés y dejar que ella se mueva? ¿Cómo hay que acercarse? ¿Cómo no entrar en ese juego del sí y el no?

Hipotetizo (de manera menos elegante que lo que sale aquí, pero la que escribe soy yo, así que…):

– Hay un equilibrio precario entre ser activo y ser un weón insistente. Entre buscar y ofrecerse y ser una zorra dispuesta siempre. Hay un equilibrio, en serio. Hay que hacer que la gente se haga responsable también de si quieren verte, de si te invitan a alguna parte. Basta de histéricos e histéricas. Si alguien te quiere ver, te lo dice, con fecha: “veámonos tal día, a tal hora, ¿puedes?”. No hay que seguir el juego, hay que salirse del juego, devolverles la pelota.
– Una señora me dijo “ni tan cerca que no te vea ni tan lejos que no te alcance”.

Afirmo con la cabeza y le digo:

– ¡Eso mismo!

FIN.

¡Gracias!

No, espera, pausa. Falta el tiro, I. Me queda una bala. La tenía en el bolsillo.

Lo siento.

Mira I., ahora que transcribo esto, tomo tu última frase y quiero decirte que hay tres variantes de ese dicho. Tres variantes reales, entre las que no se encuentra tu formulación:

  • “Ni tan cerca porque me matas, ni tan lejos porque me muero”.
  • “Ni tan cerca porque me asfixio, ni tan lejos porque te olvido”.
  • “Ni tan cerca que queme al santo, ni tan lejos que no lo alumbre”.

I.: tu versión de ese dicho no existe. Es una doble negación.