Hay gente que te hace sentir burbujeante. Chistosita, livianita, una mejor versión de ti misma. Una versión tan mejorada que es difícil reconocerse. Una versión rosa, tipo Cariñositos. Más adorable y tonta. Hipertonta. Más dócil. Gente a la que uno quiere gustarle de la manera en que los perros les gustan a las personas que aman los perros. Lo noto y es odioso: me veo acercándome y rondándolas, tirándome al suelo a olfatear sus pies, trayéndoles desde calcetines perdidos hasta palitos encontrados en la calle. Trato de demostrarles que soy digna de su afecto, que me lo merezco, que estoy a la altura. Trato de sonar inteligente, pero en cambio –obviamente- sueno imbécil la mayor parte del tiempo. Pero lo intento, lo intento. Esta gente es poca (gracias a Dios porque o si no mi vida sería una tortura). Se caracterizan por ser infinitamente compasivos con tus reflexiones mediocres, por reírse de tus chistes tontos, por inyectarte una dosis de positividad, de benevolencia. Un bálsamo de aceptación que uno se pasa la vida tratando de retribuir.

Tienen que saberlo: confieso todo esto porque como grabo estas conversaciones tengo que sufrir con la evidencia de mi propia personalidad en pleno despliegue cuando las transcribo. Mi personalidad que es como si una niñita de 8 años se quisiera hacer pasar por una mujer de 30: una caricatura, un dibujo a la rápida, un manchón de rojo donde hay celeste.

Y sí, 32, 32. No me olvido.

Voy a alargarme un poco más porque J.* lo merece.

Conocí a J.*cuando ella tenía unos 23 y era una chica flaca, licenciada en literatura (vaya novedad), de pelo largo hasta media espalda, color castaño-rubio. Su piel era blanca-blanca, y quizás -no sé si es mi memoria la que miente ahora- algo pecosa. Me cayó bien enseguida: tenía –y lo sigue teniendo, Dios la tenga en su gloria- un sentido del humor negrísimo, se movía como si estuviese en otra dimensión, en la segunda o cuarta, pero claramente no en esta, y esa típica entonación gringa que hacía que todo lo que decía sonase a pregunta, pero a pregunta irónica, como si la voz de repente se le fuese de un valle a un abismo. Apenas intercambié un par de frases con ella decidí que quería ser su amiga: prácticamente me tiré de espaldas para que me hiciera cariño en la guata. Si hubiese podido ladrar lo hubiese hecho, pero suavemente, como para llamar su atención no más. Lo que hice, en cambio, fue abrirle mi corazón, contarle todo lo que pude en los 30 minutos iniciales en que la conocí –desde familia hasta pololeo y dudas profesionales- y ofrecerle acercarla hasta su casa en mi auto. Maestra de la sutileza.

Saltémonos unos 7 años y ahora J.* es una mujer lesbianísima. Antes también era lesbiana, pero ahora es una decisión que abraza. Es bonito de ver. Digo “lesbianísima” porque cuando la conocí era más bien una niña explorando a ser lesbiana, pero ahora es una mujer.

¿Suena a que la amo? ¿A que soy una chupamedias? Bueno, déjenme aclararles esto: hasta ahora había sido lo suficientemente astuta como para disimularlo. En vez de vendérselas tanto, se las dejo. Me permitiré un par de comentarios entre medio, pero obvio, pensarán que soy una babosa, así que los limitaré si puedo.

“Si puedo”.

***

“Principalmente me gustan las mujeres. Hmm. Es raro. Podría decir que me gustan los hombres en términos de fantasía sexual, pero no me imagino teniendo una relación con un hombre. Me es mucho más fácil encontrar rico a un hombre que a una mujer, porque con las mujeres automáticamente pienso en compatibilidad: ‘¿Podríamos ser pololas? ¿Cómo sería el día a día?’ En cambio con los weones es como ‘ah ya, qué rico, chao’. Me cuesta mucho más con las mujeres, porque vienen con todo lo demás.

En una escala de no sé qué a no sé qué… yo creo que pienso que soy más sexual de lo que soy en verdad. Me acuerdo por ejemplo en un cuestionario que respondí en OK Cupid, luego de haber terminado una relación larga, donde preguntaban cuántas veces me gustaría culear a la semana y yo respondí ‘3, no sé, muchas veces al día, toda la semana’, pero era como para compensar. Ahora es como que una o dos veces, y como que sí, me pajeo un par de veces a la semana, bien. Me acuerdo que en ese momento pensé ‘no puedo arriesgarme a encontrar a otra persona a la que no le guste culear’. Overcompensate infinito. Ahora encuentro que, leyendo algunos de tus perfiles, tal vez no soy tan sexual como pienso. ¿Medio alto?”.

Definiéndonos de maneras tan opuestas –hetero vs homo- sentimos más o menos lo mismo. Fácilmente puedo decidir si una mujer me parece atractiva. Puedo verla, evaluarla, tipificarla, justificarla, compararla. Con un hombre…con un hombre me empiezo a fijar si me podría levantar todos los días mirando esa misma nariz.

Me voy a buscar un juguete con forma de perro que está hecho de cuero. Es mi juguete preferido. Lo traigo bien apretado entre los dientes. No se lo paso al tiro, tiene que tironear hasta que me canso de hacer fuerza y me rindo.

***

“El sexo es algo entretenido. Es una buena actividad. Creo que soy muy fome en el sentido de que nunca he tenido sexo fuera de relaciones, entonces para mí igual siempre ha estado lo de la intimidad.

Ahora que estoy más vieja me siento más deseable. Creo que tiene que ver con sentirme más cómoda y qué sé yo. Y también con que ahora que sé que me gustan las mujeres…porque los modelos de mujer deseable heterosexuales para hombres son súper estrictos: es algo que yo nunca podía alcanzar, en cambio la idea de ‘mujer atractiva’ en términos lesbianos es infinitamente más amplia. De hecho mira, desde hace un tiempo he estado cultivando la fantasía de chuparle el pico a alguien mientras yo me pajeo. Eso es todo lo que quiero. Me gustan las weas orales. No sé quién sea ese alguien. Pero cuando lo pienso logísticamente en términos de qué significa esa wea me vuelvo a sentir como teniendo 16 y con un pelo terrible y preguntándome si le gustaré o pensando que obvio que no le voy a gustar. Como que automáticamente pienso en qué significa el tener que hacerme atractiva para un weón heterosexual. ¿Qué implica eso? ¿Tengo que depilarme, tengo que ponerme maquillaje? La práctica se me hace rara. Me encanta la idea, pero no sé cómo ejecutarla. Eso me hace pensar ‘qué suerte ahora que no me tengo que preocupar de esas weas’”.

Pienso, cuando hablo con J.*, sobre esos puntos de coincidencia extrema y luego de diferenciación absoluta. Para mí la gracia está en la preparación, en la seducción de lo que me parece otra naturaleza. Me gusta entender los códigos, poner trampas, por así decirlo. Me agota también y me odio por eso, pero lo tengo incorporado. Es parte de. Seducción igual a fantasía. Fantasía igual a disfraz. Intimidad igual a quitar el disfraz. Para ella es lo contrario. Y no me imagino –NO ME IMAGINO, así, en mayúsculas- un escenario en el que eso no pase.

***

Porque no lo imagino quiero saber de qué se preocupa y de qué no. Acá, en el país de todo-es-crucial nos preocupamos de…todo. ¿Podríamos modificar las leyes? Si operásemos con otro código. La población mueve silenciosa la cabeza de un lado a otro.  

“Hay cosas como la guata y wea que ya me dan lo mismo. Acepté que esta es la forma de mi cuerpo y ya chao. A K. no le importa… y en verdad a nadie le importa. No sé, yo creo que tengo buenas piernas y buenos brazos… ¿por qué me voy a preocupar justo sobre la wea sobre la que no puedo hacer nada? A K. le gustan mis brazos. Como escalo ni siquiera es que me preocupe de desarrollarlos, es una consecuencia natural de algo que ya me gusta hacer, entonces funciona muy bien”.

Pienso en todas las cosas que critico de mi cuerpo. Pienso en su cuerpo y en la manera en que se debe sentir levantarse todos los días y mirar su cuerpo desde su punto de vista: es bello y está bien tal como es. 

Ahora estoy sentada en mis patas traseras y estiro hacia ella mi pata delantera derecha, como rasguñando el aire. Una, dos, tres veces. Péscameeeee.

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“Hablo de sexo con un par de amigas y con K. No, con mi mamá no. Eso sí mi mamá el otro día me estaba contando que tenía pololo nuevo, pero que todavía no se había acostado y qué sé yo, y me pareció chistoso. Fue lindo que quisiera contarme eso, pero no fue como que la próxima vez que hablamos me siguió contando sobre si se acostaron o no. Fue eso y ya. Igual quería preguntarle, porque me preocupan en general las relaciones heterosexuales por lo que entiendo de lo que se tratan… Creo que hay una cultura rara del mind reading, en cambio la cultura homosexual es muy de ‘hablemos todo. Tú me dices lo que te gusta, yo te digo lo que me gusta’. Me preocupa porque mi mamá es ultra heterosexual y de una generación anterior, entonces me dice cosas como ‘ay no sé si vamos a ser compatibles en la cama’ y eso no lo entiendo. Obvio que hay cierto grado de compatibilidad, pero básicamente se reduce a que tú le dices al otro qué te gusta a ti y él te dice qué le gusta a él y hacen lo que les guste. A menos que realmente no haya ninguna intersección entre las cosas que les gustan. No sé. Me hubiese gustado seguir esa conversación como para decirle ‘mamá, si no le achunta a la primera, segunda, tercera, igual le puedes decir’. Pueden hablar. Obvio que nadie sabe nada cuando se trata de tirar. En oposición, eso es lo que me gusta de la cultura homosexual, es mucho más abierto”.

Heterosexualmente hay una suposición de que si tu pareja sexual no sabe a la primera es un inepto y no va a aprender nunca, es verdad. Yo he asumido eso mil veces. (Sí, “mil” es una exageración). Y está la suposición inversa de las que somos víctimas las mujeres: si sabe, ¿por qué sabe? ¿Con cuántos estuvo? ¿Por cuántos pasó para aprender a hacer buen sexo oral? Etc., etc., etc. Heterosexualidad, te amo, pero cómo te odio.

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“No me cuido, aunque debería porque K. trabajó en algo relacionado con investigación de sexualidad, entonces ella es la persona más informada que conozco sobre eso, pero al momento de es siempre demasiado tarde.

Igual cuidarse como lesbiana es más relajado, es menos que cuando hay un pico involucrado. En general es solo tener las uñas cortas y bien limadas, manos lavadas, nada más. Habría que usar mallitas: como un cuadrado, ese plastiquito de látex…pero es una paja, porque lo tienes que afirmar, aunque se supone que viene con elásticos…pero igual no quiero perder manos en eso, afirmando. Es poco práctico. De la gente con la que he hablado nadie lo usa. La gente sí usa guantes, que son mucho más fáciles que el cuadradito. Se usan para todo, por las uñas y qué sé yo, por si tienes heridas y vas a meter manos en lugares…es mejor usar guantes, por ejemplo, para fisting (porque el lubricante sobre látex se siente mejor, genera menos fricción) o para cosas relacionadas con el poto”.

Me doy cuenta de que soy una ignorante respecto de las prácticas homosexuales. Cosas que nunca me he planteado: uñas, ¡obvio, uñas! En mi cabeza se empieza a combinar información como si se tratase de un rompecabezas. Me siento John Nash. Uñas, vaginas, suavidad, sensibilidad. Obvio. Estúpida. La miro agachando la cabeza, escondiendo la cola. Obvio.

***

“No sé si me acuerdo de un primer-primer recuerdo sexual, pero sí de uno importante. Debo haber estado como en sexto básico. Esa era una edad muy rara en la que todos los días por lo menos una persona lloraba en el recreo y siempre era porque alguien contaba alguna historia como ‘ay, me corrieron mano’. Yo entendía que esta wea de que te corrieran mano era terrible. Obviamente a mí nunca me había pasado, pero sabía que si me pasaba sería la wea más terrible del mundo. Entonces me acuerdo de que un día estaba andando en bici con short por alguna parte y un weón creo que me tocó la pierna mientras yo estaba pasando –había un trasfondo de clase extraño también, porque yo estaba andando por fuera del supermercado y él era el empaquetador o algo así- y obvio que me gustó al principio, porque puta, nunca me habían tocado el muslo…entonces me gustó como por tres segundos y después vino eso de ‘pero no, no me tiene que gustar, es lo más terrible del mundo, ¿qué significa que me haya gustado?’. Y eso fue súper raro, conflictivo. Después de eso no usé short como hasta hace 3 años, jaja, y ahí empezó una culpa por el hecho de que me hubiese gustado algo tan terrible. Yo creo que ese es el momento más decidor. Es como ‘oh qué ricoooo’ y luego ‘nooooooooooo’”.

Quiero lamerle la pierna o que me haga cariño en las orejas. Quiero poner mi cuello peludo sobre su cuello y ahogarla un poco. Dos, tres, cinco segundos. Quiero moverle la cola. Quiero entender qué es lo que me está diciendo. Quiero evitar hacerle terapia. Quiero rascarme la oreja izquierda. Quiero enroscarme a su lado y que sepa que estaré ahí. Quiero quedarme dormida.

***

“Ehhhmm, no me acosté con un hombre. Sí, pero no. En la definición heterosexual estricta de pico en vagina no, pero sí estuve con un weón, le chupé el pico, le hice una paja y qué sé yo. Yo tenía como 19 o 20. Yo quería saber cómo era la wea. Entonces era como si hubiese una lista: hoy día vamos a agarrar en el sillón, hoy día le voy a agarrar el pico, hoy día le voy a chupar y no sé qué. Pero se sintió raro al principio y me acuerdo que fue como dos o tres veces, avanzando de a poco, y me acuerdo de que al principio yo no quería que él me tocara porque yo sentía que no estaba mojada y no quería que….toda esa wea idiota de cuidar los sentimientos de la gente pensando ‘ay, se va a sentir mal’, todas esas weas de pendeja, y me acuerdo que al final, como la última vez, ahí sí me calenté y me acuerdo que…ah sí, esto es muy vergonzoso. El weón no tenía condón y yo no quería culear sin condón –eso hasta ahora me aterra, si fuera heterosexual sería monja o algo así porque estaría siempre aterrada de quedar embarazada. No sé cómo la gente lo hace – y me acuerdo que quedamos en que me lo iba a tratar de meter, pero como que no resultó…yo sentía que no podía recibir cosas, entonces después de eso él volvió con su polola o algo raro pasó, entonces no pudimos tener un cuarto encuentro y yo siempre sentí que eso hubiese sido como decisivo, porque esa última vez me había gustado la wea. Pero nunca pudimos confirmar la teoría”.

Yo estoy siempre aterrada de quedar embarazada y no sé cómo lo hago. NO SÉ. Pensar que un ser vivo puede salir de un encuentro intrascendente es tan brutal como temerle a que por una grieta se caiga una casa completa. Pero pasa. Lo de la grieta. Lo de la casa que se desploma.

J.* tiene el pelo corto. No lo dije antes. Y cuando la miro y la escucho hablar de todo esto una parte de mí empieza a aullar en silencio, porque no sé por qué pero siempre la he visto como muchísimo más chica que yo, como si yo pudiese enseñarle cosas a ella, como si, de alguna manera yo pudiese protegerla de no sé, de lo que sea que le va a pasar. Y ahora queda claro que si alguien necesita guía, claramente no es ella.

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“Creo que la primera vez que me acosté con K. fue una situación rara porque yo no sabía qué cosas quería ella de la relación y yo seguía semienamorada de Y. Yo sentía que no estaba disponible emocionalmente y que lo único que podía entregarle era sexo. Entonces me acuerdo que culeamos como por tres horas, toda la tarde. Y que cada vez que parábamos yo me ponía a pensar y me ponía un poco triste y luego íbamos de nuevo. Fue una maratón muy catártica. Fue rico porque yo hasta ese momento había tenido la sensación rara de que nunca iba a poder culear de nuevo, o que se me había olvidado, o que no sabía, cachai… entonces fue la raja descubrir que sí, sí podía culear, que a la gente le gustaba, que podía hacerlo bien. Fue increíble. También fue rico que no fuera en el contexto de una relación. De hecho me acuerdo de que eso fue un domingo y el lunes como que no podía hacer nada en el trabajo, pensaba ‘sí, culeé ayer y estuvo bien, y puedo culear’. Todo el día estuve en un trance, en shock. Yo creo que eso fue muy significativo. Mucha cosas se aclararon”.

Me pregunto cuántos hemos sentido lo mismo: esa muerte luego de una relación intensa. Ese terror porque estamos convencidos de que nunca jamás podremos sentir de nuevo. Esa muerte en vida que es quedar reducidos a la mínima expresión. No sé si eso significa si realmente uno quiso a alguien o no, pero sí sé cómo se siente y es atroz. Lo mejor, claro, es darse cuenta tiempo después de que uno sigue vivo y que alguien más te puede despertar y mover todo lo que tenías enterrado. Me acuerdo de haberle dicho a J: ‘Eres chica. No te vas a morir, vas a volver a tirar’ y a J.* mirándome como si fuese la mentirosa más piadosa de la tierra. Esa fue mi promesa: ‘vas a volver a tirar’.
Me pregunto si llega un momento en la vida en que uno deja de sentir que se va a morir cada vez que algo se termina o si es así no más. Si es eso lo que hay que sentir cada vez. Un ciclo. Porque si es así sería bueno saberlo, para no pasar por ese vértigo cada puta vez.

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“No sé si me han pasado tantas cosas muy vergonzosas. Creo que la caca siempre es vergonzosa. Aunque sea un poquito. Pero no me ha pasado nada muy inesperadamente vergonzoso. Aunque me acuerdo de esto: una vez K. me mandó un mensaje preguntándome cómo había estado mi día y yo respondí algo como ‘bien, rico desayuno, jerk off party y ahora a escalar’. Después de mandarlo pensé en lo inevitable que, por supuesto, pasó: K. le pidió a su hermana que revisara el teléfono para ver si yo había contestado y la hermana leyó mi reporte masturbatorio. K. igual sufrió, pero dijo que su hermana reaccionó muy como ‘ya, se masturba y qué tanto’. Por suerte fue sólo mensajito de texto y no audiovisualidad”.

J.*, cuando piensa, mira hacia un lugar que no soy yo ni es nada más. Si yo fuese ella, ¿qué vería? ¿Vería una escena o más bien armaría frases en mi cabeza para responder? Una hilera de palabras tratando de unirse unas a otras, unos segundos en suspenso antes de que o se desplomen o funcionen. ¿O tal vez acomodaría cubitos, uno arriba de otro, como si fuesen Legos?

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“No sé, me gustan cosas muy ridículas: me gusta cuando la gente tiene buen vocabulario. Me encanta cuando la gente usa buenas palabras. K. vivió en Inglaterra cuando era chica entonces de repente usa unas palabras muy británicas y muy bacanes y eso me gusta mucho. Pero creo que es algo que me atrae en general de las personas. Tengo amigos que he elegido porque he pensado ‘sí, quiero ser su amiga porque usa buenas palabras’. En términos más específicos yo creo que necesito sentirme cómoda con la persona y poder reírme y cosas así. Creo en eso también, en poder decir qué es lo que quieres y lo que no quieres.

Físicamente…en términos de fantasía me gusta que la gente sea alta y grande, pero en la práctica me gusta que la gente sea más o menos de mi porte, siento que es más manejable, como que puedes hacer más cosas. En la práctica la gente grande y alta me da como cosa. Por ejemplo las pechugas grandes me dan cosa. No sé, me daría una wea rara de comparar. Yo creo que tengo un complejo raro de que me siento más alta y grande de lo que soy, entonces me gusta estar con gente con la que pueda seguir sintiéndome así, aunque seamos del mismo porte. Así mantengo la ilusión”.

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“No sé si me repele, pero cada vez más estoy apreciando el pelo corto entonces el pelo largo me parece…no me repele necesariamente, pero sí, también, las uñas largas. Las cosas que realmente me molestan son como generales, por ejemplo gente con una risa molesta, o cómo habla, gente molesta en general. He estado con tan poca gente que todo es como experimento”.

Oye, pero…yo…oye, pero mírame. Me siento ligeramente ofendida. Me toco mi pelo largo: ¿cómo… a alguien… le podría… repeler? Sí, así de pequeña y centrada en mí misma. Me voy a esconder en la pieza de al lado un rato, hasta que se me quite. 

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“Yo siempre asumo que si estamos en vías de culear, va a pasar, aunque generalmente es conversado. Si hay tiempo y espacio creo que se da. Pero si tenemos que salir en 10 minutos, no. Si las dos personas están en la misma, depende de la oportunidad no más.

No me preparo mucho. O nada. No me preparo a menos que tenga que ver con algo más público, de pudor corporal, me da más cosa eso. ¿Te conté que con K. fuimos a una sex party? Ahí me preocupé porque uno va a mirar y culear”.

Wow wow wow. La miro levantando una oreja y agachando la otra. Qué qué qué qué qué qué qué qué. 

“Creo que fue hace uno o dos años. Fue en una fiesta que se hace cuatro veces al año en un club que tiene la licencia para vender trago y culear. Es el único donde se pueden hacer las dos cosas. Es un lugar un poco subterráneo. Entrabai y habían lockers porque como acá hace frío o llueve uno anda más abrigado, así el que quería se podía cambiar a algo más sensual. Había mesitas, un bar, una pista de baile, y después como un piso que no era acogedor ni nada, como de cemento, muy mal planeado. También había una cruz con látigos, un columpio que siempre estuvo ocupado –me dio mucha tristeza no poder usar el columpio-, unas mesas grandes y al otro lado habían glory holes, que es algo muy gay, es una pared con un hoyo en el que puedes poner un miembro y tocar sin saber qué tocas o sólo mirar.

Yo ahí descubrí que si ya en una fiesta con ropa no quiero hablar con desconocidos, en una fiesta sin ropa, menos. Entonces fue muy chistoso porque estuvimos mirando mucho rato y yo estaba muy en la onda de ‘no quiero interactuar con nadie’ y K. me dice ‘vamos’ y fuimos y nos tomamos una de las mesas y qué se yo y ya. Yo justo estaba con la regla, entonces mi rol estaba predefinido, porque por mucho que había condones y lubricantes y guantes uno no puede andar sangrando por cualquier parte. Feo, no corresponde.

Pero me gustó saber que me estaban mirando y mirar y era divertido estar bailando y de repente cachar ‘ah mira, están culeando en el suelo’. Había un juego de la botellita, pero tampoco quise jugar porque me dio susto. Creo que lo que me da susto –aunque ya siento que puedo culear bien- es el aspecto de la performance. Pensaba ‘¿qué pasa si la gente me mira y piensa que estoy agarrando mal?’. Entonces decidí no participar y mirar no más. Fue muy de mirar un rato y después culear. Básicamente hicimos lo mismo que hubiéramos hecho en la casa y nos fuimos. Para este tipo de cosas es cuando hago más depilaciones, pongo todavía más atención a que mis uñas estén cortas y eso”.

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“Hay una canción que me gusta mucho: ‘Highschool Lover’ de Air. Creo que es de mis canciones favoritas. Por ejemplo, si sale en la radio y hay otra gente la cambio porque me da cosa. Me parece demasiado íntimo. Sé que la gente no va a saber que me estoy calentando con esta canción, pero igual me parece raro. La cambio discretamente porque privacidad po, no sé. Cuando se trata de películas disfruto todas las escenas eróticas que hayan, pero no se me ocurre nada específico ahora.

Me gusta la pornografía de hombres. Hay buena pornografía por mujeres hecha para mujeres que es entretenida en términos de qué es lo que hacen y qué se yo. Hay más diversidad e incluyen otros géneros, más allá del binarismo y de la mirada masculina. Hay un énfasis en los participantes muy humano, y entrevistas al final en la que cuentan cómo fue la experiencia de filmar la escena. O sea se les reconoce como personas completas. La productora en la que estoy pensando se llama Crashpad. Hay que pagar para ver este tipo de pornografía y en algún momento lo hice, pero después pensé que debería gastar plata en cosas más importantes que pornografía. Lo que también es como el hoyo, porque hay gente que vive de esto. En fin. Pobres trabajadores y qué sé yo. Entonces la otra opción es pornografía heterosexual, en la que siempre parece que las weonas van a llorar, es un género. A mí lo que me gusta es básicamente cuando las dos personas están pasándolo bien. En la pornografía heterosexual a veces se puede encontrar algo así, donde los dos parece que quieren hacerlo, del tipo ‘oh, vienes a limpiar mi piscina‘, pero claro, en la pornografía gay eso es más frecuente. De la que he visto yo el 90% siempre se ve como que los dos weones quieren y lo están pasando bien.

Para resumir: me gusta el pico, pero en la tele principalmente. Y que los dos lo pasen bien y quieran hacerlo”.

Déjame traerle un palito y que me lo vuelva a tirar lejos y que después yo se lo vuelva a traer y ella lo vuelva a tirar.

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“Creo que lo que más me gusta del sexo es sentir que puedo hacer que la otra persona sienta cosas ricas. Es lo de sentir poder. Me siento la raja. K. siempre se ríe de mi cara. Es la sensación de un trabajo bien hecho, eso me gusta.

El momento que más me gusta es irme y qué sé yo, pero es chistoso porque, por lo que te decía antes, me gusta que el otro lo pase bien, entonces está combinado. Creo que mi hora favorita de culear es en la mañana, ideal durante el fin de semana, porque siento que logré algo en el día, no tengo nada más que hacer, se acabó, da lo mismo lo que pase. En días de trabajo hay menos tiempo, es improductivo porque estaría toda la mañana para la cagada, la sangre vuelve de a poco al cerebro. No puedes hablar, así que no…”.

¿Me puedo subir arriba de la cama? ¿Puedo meterme adentro e irme hasta el fondo y quedarme ahí respirando lentamente, casi segura de que nadie me ve? No pido mucho. Fácil de complacer. Demandante, pero fácil de complacer.

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“Me masturbo una o dos veces a la semana. Depende de circunstancias, ciclos y hormonas. Es una cosa de conveniencia también. Muchas veces queremos culear, pero son las 10:30 pm y también queremos dormir. Ahora valoro mucho más dormir que antes, entonces a veces es mejor agarrar un vibrador y ya. O la versión resumida. A veces es pornografía y sólo mano, o vibrador, o pareja y mano, o pareja y vibrador. Creo que cumplen funciones distintas. También depende del tiempo. Si quiero venirme al tiro y dormir, vibrador y porno es lo más efectivo. Si tengo más tiempo, me gusta sin vibrador. A veces, si estoy muy motivada, va a ser vibrador y me voy a meter cosas. El básico es mano y/o vibrador. No usamos muchos otros juguetes sexuales. K. tiene una colección muy bacán, entonces tenemos vibradores, un sistema con cintas para debajo de la cama para amarrar gente y dildos de varios tamaños y grosores.

Una de mis actividades más favoritas es que K. se siente en mi cara, mientras yo me pongo un vibrador o lo que sea. Y una wea muy bacán que nos ha resultado exitosamente una sola vez, cuando estábamos haciendo un 69: yo estaba entre sus piernas y tenía los ojos cerrados y sus piernas me estaban tapando los oídos, entonces era muy bacán porque era como que no había nada más en el mundo aparte de este choro que yo estaba chupando y mi choro. No había nada más en el mundo que vaginas. Weón, fue la raja. Desapareció todo. Fue lo más bacán. No sé si hay allá, pero acá hay una wea rara que son como tanques de aislamiento y yo sentí que era la misma cosa. No podía ver ni oír nada y todo lo que había eran clítorises. Me gustan las cosas orales. Me gusta tener weas en la boca.

También me encanta, me encanta, me encanta poner a K. de guata y frotarme arriba de ella. ¡Clítoris y poto son muy buena combinación! Y tener acceso a su cuello y su espalda lo hace todavía mejor. Y de ahí lengua y poto también es excelente combo. Pasamos un poco a lo del poder: amo estar en una situación en la que puedo acceder a todas las formas de darle placer. Creo que mi mayor proeza fue una vez que por milagro de ángulos y posiciones pude lamerle el poto, culiarla y frotarle el clítoris hasta que se viniera. A dos manos, lengua y -me acuerdo- bastante incomodidad, pero después infinito orgullo. Creo que esa es la vez que K. más se ha reído de mi cara de creerme la raja, ja.

Lo que me encanta de lamer poto es que es muy compatible con otras cosas. Además de que lo encuentro igual un poco superpoder. Creo que desde que vi un show de Margaret Cho, que por más que he buscado no encuentro (¿‘Beautiful’?). Básicamente ella decía algo así como que todo el mundo quería culiar con ella ‘because I eat ass’. Y me pareció excelente estrategia: me gusta hacerlo y aparentemente es algo escaso, qué mejor”.

Ahora tú ponte de espaldas y trata de lucir amorosito para que te haga cariño en la guata. 

***

“La penetración…no es que no me guste, pero no es algo que quiera siempre…aunque a veces quiero que me culeén y quiero que todos los hoyos tengan cosas y que me culeen en todas las formas posibles, al mismo tiempo. Entonces me voy dando de a poco, yo creo. Cosas de pegar y por el estilo no sé si podría hacerlo, pero creo que lo intentaría si me pareja quisiera, pero creo que no resultaría mucho.

Cuando lo hago digo cosas generales, como dando ánimos y explicitando que me gusta. Hay algo muy chistoso y muy ridículo: antes de venirme yo siempre decía ‘ay’ y K. no sabía lo que significaba. Tiempo después, en un contexto muy nada que ver, me preguntó qué significaba y le dije y luego me puso una cara y le dije ‘ahhh ese ay’ y le expliqué, jaja. Entonces sí: hablo, me río, gimo y después ‘ay’ y orgasmo”.

Ay.

Ay.

Ay.

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“No he hecho tríos. No estoy en contra, pero no sé si es algo que me mate. Creo que lo podría amar u odiar locamente. Creo que me gustaría más mirar, ser tercera persona, observar más que participar. Me complican las repercusiones de introducir a otra persona, porque entra en la categoría de una actividad más que uno puede hacer con cualquier persona. Me imagino que hay tres posibilidades: que sea un extraño que nunca más viste en la vida – no va a pasar, porque vivimos en el mismo lugar-, o un extraño con el que tenemos una situación amigable o alguien cercano que participe de lleno en la relación. Me gusta la idea en teoría. Creo que lo ideal sería en fiestas, en las que yo pudiese mirar a K. haciendo cosas con alguien. No me imagino la logística de un trío.

No he hecho nada tipo swinger. Cada vez más siento que se me haría muy difícil culear con alguien sin tener intimidad. Por ejemplo, vamos a ir a una fiesta de San Valentín y el tema es tipo fiesta de graduación. Hay un juego que es una ruedita en el que pagas dos dólares te sacas una foto, pones la foto y luego se da vuelta una ruedita y te sale una persona y tienes que ir a buscarla y nada, conversar o agarrar o qué sé yo. El año pasado fui sola porque K. no estaba y me salió una niña y conversé con ella y era linda y simpática y nos dimos un beso, pero fue el peor beso del mundo. Siento que no estoy muy programada para ese tipo de cosas. Si me cuesta agarrar con una desconocida creo que me sería más difícil culear con un extraño”.

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“Lo peor sexualmente es que no te hagan cosas, o sea, no tener sexo. Lo mejor creo que son cosas relacionadas con la sorpresa, que no son necesariamente increíbles en sí mismas, pero que en ese momento preciso son increíbles. Obvio que nadie me puede tocar tan bien como me toco yo, pero me gusta el elemento sorpresa. Al mismo tiempo es súper frustrante, porque como es sorpresivo es difícil de reproducir de nuevo. Creo que una vez X. me estaba chupando el choro y no tengo idea qué fue, creo que tal vez fue que su nariz me estaba presionando en alguna parte y fue una wea increíble, pero nunca voy a saber qué chucha pasó. Obviamente he tratado de reproducirlo, pero nunca he podido.

El único encuentro que repetiría o más bien reintentaría es el cuarto encuentro con el muchacho. Siempre me quedó pendiente”.

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“Nunca he fingido orgasmos. Para qué”.

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“Me gusta la lencería en otra gente, aunque ni tanto. Me molesta que sea tan exigente en términos de depilación, ¡¿cuánto hay que depilarse para poder usar un calzón así de chico?! Lo mismo con los bikinis. Prefiero usar boxers apretados: más cobertura, no hay marcas en el poto, destacan poto y muslos. Pero además de razones prácticas, lo más importante es que dejan espacio para el choro. La forma y el tamaño minúsculo de los calzones me hacen pensar en la invisibilización del placer de las mujeres, como si no hubiera nada además de un hoyo donde meter un pico, porque eso es todo lo que tapan.

Pienso en sexo/ mi clítoris/ placer harto, y me gusta que los boxers, al tener espacio físico para genitales, reconocen y destacan su importancia y el espacio que ocupan en mi vida. En ese sentido me encantan: tengo choro/sexo/deseo, y no está sujeto a ideales ridículos de belleza o depilación o lo que sea. Es sólo mío y tiene un lugar importante, deal with it.

La primera vez que me probé boxers fue para un show de dragkings que iba a hacer con una amiga hace un par de años y fue increíble. Me acuerdo de lo raro de haber ido al probador llevando boxers (aunque acá igual da bastante lo mismo) y de que, aunque obviamente me los puse arriba de los calzones, se sintieron increíble. Amé lo suaves que eran, cómo se veían y morí de ganas de abandonar planes post-compra e irme directo a la casa a ver porno gay y pajearme en boxers”.

Es tan difícil no estar de acuerdo y al mismo tiempo estar en desacuerdo, pero es más bien por la dualidad de lo que J propone: la preparación vs la naturalidad, el transformar vs el dejar ser. Son estéticas diferentes. Si me quedo muy callada y apenas muevo la cola, seguro ni es tema.

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“Antes hacía harto sexting porque K. viajaba mucho y nos mandábamos cosas. Un buen día tuve una inspiración asombrosa e hice un video porno y fue la raja porque invertí y fui al Homecenter de acá y compré una lucecita roja. Y también he hecho sexting tradicional. Lo del video fue la raja porque mi lógica fue ‘si me voy a pajear y me voy a venir, ¿por qué no compartir esto?’.

Una vez K. estaba en Amsterdam, en la casa de su hermana, y teníamos hartas horas de diferencia y ella estaba en la mitad del día y yo estaba de noche y andaba caliente, entonces me empecé a pajear, la hermana dando vueltas por el departamento y K. poniendo cara de que era una conversación normal y estábamos hablando de cualquier cosa. También pasé por la fase de tener ese cybersex ridículo de los comienzos de internet donde tuve chats con desconocidos.
Hemos filmado, pero quedó muy largo y queríamos editarlo. No sé si es algo lesbiano o no, pero a mí me gusta que dure una hora, una hora y media en promedio, y eso hizo que fuese un video muy largo. Además no estábamos culeando todo el rato, había mucho de parar y reírnos y volver a hacerlo. Entonces obvio que nunca lo vamos a ver porque es eterno”.

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“Lo único que hago de BDSM es muy nada, muy de amarrar y listo. No sé si me sentiría muy cómoda con esa dinámica, no me sale hacerlo. Por ejemplo me gusta que K. me escupa, pero no como ‘te odio’, sino que solo quiero un poco de saliva en mi boca. Sí, gracias. Las weas agresivas no me interesan.

El fisting es raro porque en estricto rigor es como que te tienen que meter la mano entera, y eso es muy difícil de lograr para mí (hay gente a la que no le cuesta como a mí). Es un proceso de horas de lubricante y culear, lubricante y culear, y ¿quién tiene el tiempo y las ganas para eso? Y obvio que si te meten 4 dedos es igual fisting, cualquier cosa que sea mano es fisting. Me gusta más la idea eso sí. Me encanta tener la flexibilidad de que sea graduado: a veces quiero un dedo, a veces quiero más. Obvio que los hombres también tienen manos y dedos, pero me imagino que debe ser bien difícil decirle a un hombre ‘no, hoy quiero que me metas dos dedos y no el pico’. O como ‘ya, no, quiero menos’”.

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“Estoy acostumbrada a culear una o dos veces por semana y cuando no pasa siento que falta algo. Además ayuda lo de estar en una relación y poder conversarlo. Creo que culear poco sería una vez al mes…mucho tal vez es cuando empieza a interferir con otros aspectos de tu vida. Por ejemplo cuando empecé a salir K. ella viajaba y se iba por un mes y volvía por dos semanas. Esas dos semanas eran de culear todo el día, toda la noche. En algún momento llegué a pensar ‘qué bien, hoy K. va a hacer otra cosa entonces no vamos a culear y voy a poder dormir’. Era súper raro porque queríamos culear todo el rato porque sabíamos que se iría y no iba a estar, pero era insostenible. Sabíamos que no dormiríamos nada esas dos semanas. Era circunstancial igual. Si todos los días trabajara hasta las 12 y pudiera culear todos los días, perfecto, pero como interfiere con dormir porque trabajo todo el día, ahí se vuelve más excesivo.

La última vez que tiré fue la semana pasada.

Mi lugar preferido es la cama. O en un sillón que tenemos al lado de la ventana. Me gusta ahí porque los vecinos nos podrían ver. No creo que nos vean, pero podrían”.

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“Hmmm. Sobre lugares extraños donde tirar no tengo nada muy interesante. Autos y cosas así. Después de pasar a la cama es difícil volver al auto. Me pregunto cómo lo hacía antes. Ahora me acuerdo que una vez estábamos con X. en la casa de una amiga viendo una película artística y seria. Mi amiga y su polola estaban sentadas en el suelo, con sus espaldas apoyadas contra la cama; mientras que X. y yo estábamos en la cama, sentadas contra la pared. Las cuatro mirábamos la pantalla del computador frente a la cama, sólo que X. y yo no estábamos tan interesadas en la película como ellas. No puedo adjudicarme mucho crédito por esto porque no me acuerdo quién hizo qué, pero hubo una mano dentro de unos calzones y un poco de dedeo dentro de lo posible. Quiero creer que no había chal ni nada por el estilo por hacerme la más bacán, pero puede ser que haya habido una capa de privacidad. O no. Quiero creer también que mi amiga y su polola no cacharon nada, pero es muy posible que sí, pero qué nos iban a decir. Creo que ha sido lo más osado jamás.

Y también no sé si cuenta, pero para días estresantes o calientes el baño del trabajo es un buen lugar para una paja”.

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“Me parece muy raro que la gente asuma que la otra persona tenga que adivinar lo que te gusta y no te gusta y también lo que te gusta ahora que tal vez no te gustó ayer ni te guste mañana. También encuentro raro eso de que la gente describa el sexo como “pasó”. (Pone voz de niñita) ’Sí, estábamos en su casa y pasó’, ¿cómo pasó? O sea, los dos querían culear. No es un terremoto. No es algo que pase por nada. Odio eso. Eso da lugar a cosas como ‘no sé si quería, pero él quería’ entonces no sabes decir que no, pero es porque tampoco nunca sabes decir que sí, entonces si quieres culear dilo, si no quieres culear, dilo. No funciona así.

Quiero mencionar la perspectiva homosexual. Me parece súper raro que culear solo sea concebido como el pico en el choro y todo lo demás sea como extra. Es mucha presión para el weón también: onda no se te paró y todo se te fue a la mierda. Me gusta no tener que lidiar con eso y en cambio sentir que todas las actividades son igualmente importantes. Mi experiencia heterosexual no es mucha y harto de lo que sé es por lo que me ha contado K., y me ha dicho que los hombres se enojan si no se les para porque todo depende de la erección, entonces si se distraen de la erección se va todo a la mierda. A mí me gusta parar entre medio, ir al baño, a veces quiero agua, podemos cambiar y hacer otra cosa…no me imagino no tener esa flexibilidad y me gusta que cuando quiero un pico puedo tener un pico de silicona que está siempre duro y que podemos salir y hacer otras cosas y va a estar ahí. Lo encuentro lo más cómodo del mundo. El otro día vi un artículo sobre los arneses y strap-ons y estaba escrito como ‘ah sí, esta práctica les puede sorprender, pero es muy habitual entre lesbianas y homosexuales…’ y es como, no sé, me pareció muy chistoso que una wea tan básica les sea desconocida. Obvio que yo sé de otras cosas aunque no las haga. Sé que existen. Me parece alarmante que no haya cultura sobre prácticas sexuales. Es mejor saber todo lo que hay, creo yo. Por ejemplo, yo sospecho que cuando tenga 40 me va a gustar ponte tú que me hagan pipí. Sospecho que el pipí se va a volver muy importante en mi vida, voy hacia allá. Entonces creo que es importante saber porque igual vai a estar culeando hasta que te murai, entonces es bueno saber que hay más cosas que puedes probar más adelante”.

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“Quiero quejarme de la falta de referentes visuales en términos de cómo se ve una vulva, cómo se ve un pene. O más bien, ¡el rango infinito de posibilidades! Cachai que yo, con mi muy modesta experiencia limitada a mi propio clítoris, nunca entendí cómo era posible que los hombres no pudieran encontrarlo. Me miraba y pensaba que deben ser o muy idiotas, o muy indiferentes y haciéndose los idiotas. Hasta que me encontré con otra vulva, y ahí sí lo entendí un poco más, ja. Aunque sólo un poco, porque igual es bien fácil oye. Esa es una de las cosas que me encantan de OMGYES, o de esos libros espíritu Taschen que son puros close-ups ni eróticos ni muy científicos de vulvas. Creo que debería haber uno en cada casa (de penes también) y así todos nos pasaríamos menos rollos”.

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PS, apéndice, extra, blablabla

Para los que han leído otros perfiles sabrán que suelo hacer más comentarios a lo largo, pero siento que se hubiesen leído como relleno. Hay tanta información novedosa y relevante para mí que sería injusto interrumpir ese flujo. Por eso este PS, PD, llámelo como quiera.

Debería existir un ministerio para este tipo de cosas: para cuando nos detenemos y nos damos cuenta de que seguimos reproduciendo muchos de los patrones aprendidos porque sí no más. Sí, nuestra educación sexual es como las pelotas. Nuestra educación emocional es como las pelotas también. No sé bien qué hacer con todo esto aparte de escuchar, procesar, digerir. Soy un perro mojado. Me dan ganas de argumentar que el mundo heterosexual no es tan idiota, que al final todos sabemos mejor (we know better now), que no somos tan básicos, pero la verdad es que muchas veces sí lo es. Aprendemos a porrazos. O hemos aprendido a porrazo (olfateo que las generaciones más jóvenes abordan el sexo de manera diferente y quiero saber cómo).

Toda esta conversación es como cuando te hablan de un país lejano que no conoces o del que apenas has oído, y te dicen cosas como que “no hace calor, pero tampoco es frío, pero es cálido y un poco húmedo, aunque en las tardes es medio seco” -¡¿qué?!-, un país para el que nunca sabría qué tipo de ropa llevar, donde no me imagino ni siquiera el idioma que hablan y cuando trato de entender la descripción lo único que puedo hacer es preguntarle cosas con mentalidad pueblerina, del tipo: “oye, ¿pero es como acá? Ya, pero no puede ser tan distinto. ¿Y echas menos cuando estás allá? Porque al final tu hogar es…”.

Yo vengo de San Rosendo a vivir a la ciudad.
Carmela, Carmela, llegas a la ciudad…

Quiero rechazar el impulso de normalizar y aterrizar.
Repensemos, cuestionemos, propongamos. partamos por comprar ese librito de anatomía para nuestros hijos. partamos por discutir otras formas de tirar. 
Y traigámosle un palito de vez en cuando, a ver si nos da una palmadita en la cabeza.

Un comentario en “J.*, 30, licenciada en literatura

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