J. es un tipo relativamente pequeño; “petit” tal vez sería una palabra más precisa. Tiene una apariencia muscular, compacta. Es de esos hombres de mandíbula cuadrada y ojos picarones. Viste unos jeans color arena y una camisa blanca. Tiene la voz suave y finita, arrastra las errrreeee como si fuese un gato ronroneante. La mía, en contraste, suena un poco a vozarrón, nasal, argh. Se sienta a mi lado y escucharlo hablar es moverse de atrás hacia adelante en el tiempo, sentir pena y alegría, ilusionarse, perderlo todo, volver a creer. Me sorprendo a mí misma riéndome con él porque además de tener un sentido del humor chispeante es tan brutalmente honesto que te deja medio en shock. Y bueno, siempre río cuando estoy en shock.

Si J. entra a una pieza la ilumina, las paredes se curvan, el cielo se deshace, la gente le ofrece cosas para tomar. Ese tipo de gente. Es, al mismo tiempo, de los que si se aburren en una reunión social se pueden ir a encerrar al baño a conversar con su mejor amiga y quedarse ahí hasta las tres de la mañana sin que le importe un carajo el resto. Pero no todo es tan sencillo, lo vas a entender después. A medida que me va contando su historia pienso en que los lugares lo han marcado, que las distancias han definido muchas de sus acciones. Es una historia que se va tejiendo y destejiendo por proximidad y lejanía. Pienso en él y en personajes similares que se lanzaron a enfrentar situaciones difíciles: en idealistas, soñadores, locos lindos. En gente que dispara y después calcula. No alcanzo a hacerle ni una pregunta cuando me empieza a contar todo lo que puede caber en una hora y quince minutos.

Capítulo 1: Que trata de la condición y ejercicio de J., de cómo conoció a su actual enamorado, del consumo recreativo de marihuana y de la dinámica sexual entre ambos

Yo soy homosexual. Estoy en una relación desde hace tres años. Él es mayor que yo, tiene 41, es venezolano, es mi socio, es casado y tiene dos niñitos. Nos conocimos por internet, en esas páginas medios truchas. ¿En cuál? En Manhunt. Empecé a buscar gente por esa página porque quería wevear, quería follar. Yo estaba en una relación en la que ya llevaba nueve años, pero los últimos dos años ya éramos como amigos. Nos llevábamos muy bien, no peleábamos, pero faltaba el sexo, que yo creo que es súper importante. La relación, sexualmente hablando, estaba muerta. Yo igual estaba bien con eso al principio hasta que me empezó a picar el bichito y como ya conocía esos sitios, me metí. Me sentía culpable, pero a la vez no, porque desde afuera éramos pareja, pero en la vida diaria éramos amigos. Desde afuera se veía feo, pero yo no sentía que lo estuviese engañando porque yo no tenía nada con él como pareja.

Mientras estaba con mi ex estuve con tres personas, de las cuales el tercero fue el venezolano y cuando lo vi dije “esta es la mía”.  Yo le insistía a él, porque a mí me gustó en sus fotos. Lo conocí y en la primera cita follamos en mi auto. Eso era importante porque había que saber si seguíamos o no. Nos fuimos a Quilicura a un pasaje oscuro, era invierno. Era como la escena de Titanic, porque por el frío estaba todo empañado. No se veía nada hacia adentro. La pasé genial. Luego de esa primera vez seguimos en comunicación por teléfono y ya después nos empezamos a juntar los fines de semana. Él vivía en una casa con su ex, yo lo iba a buscar desde el centro a Quilicura y nos íbamos a un motel. A veces, durante los fines de semana, estaban todos los moteles llenos. Buscábamos por todos lados. Llegamos una vez a un motel en el que pagamos cinco lucas, imagínate la calentura. Horrible el motel. Otras veces yo iba preparado y llevaba mi mantita en el auto, por si acaso. Hasta que un día yo le dije que si quería estar conmigo y de ahí me dijo que sí, que probáramos.

Conocí a su mujer y ni un problema. Él ya se había declarado gay en Venezuela. Ahora vivimos en mi departamento. Hicimos una sociedad y tenemos un café juntos. El sexo que tenemos es muy bueno. Siempre nos cuidamos con condón. Al principio a veces hacemos como que vamos a hacerlo sin, pero después nos ponemos condón. Nunca lo hemos hecho sin. La mayoría de las veces cuando yo tengo sexo me gusta fumarme un pito, me encanta. Es como loco porque yo me preparo un montón. Yo ya sé que me va a tocar, entonces compro cosas, porque cuando fumai pito después te da el bajón. Llevo las cosas al departamento, me baño bien bañado por todos lados y él igual, como que también cacha que esa noche nos toca. Entonces yo preparo mis pititos. A veces el fuma, pero no tan frecuentemente como yo. Vemos tele. Y ya, empieza el hueveo, que las tocaciones y… ¿Has tenido sexo con… fumai marihuana? Mira, todo depende mucho de la planta. A mí me encanta. Te sentís como en el espacio sideral. Yo la paso la raja.

 Tenemos una relación sexual excelente y lo bueno es que los dos somos versátiles. ¿Entiendes a lo que voy? ¿Sí?  ¿No? Versátil: no tenemos problema con los roles, es como “ya, date vuelta” y me doy vuelta, y luego ahora “date vuelta tú” y lo hacemos así. Yo creo que eso es súper bueno, porque cuando existe una relación muy marcada de activo y pasivo, uno de los dos se va a terminar aburriendo al final. Como les digo a mis compañeras de pega: “Tú tienes que ser bien perra en la cama, porque o si no los hombres buscan en otros lados. Tienes que hacer de todo”. Yo soy de la idea de que si tú no eres perra, cagaste, o si eres muy sumiso o “así no, aquí no”… tienes que ir a todas.

Capítulo 2: Que trata las eventuales aventuras sexuales de número impar y de las incomodidades y riesgos que dichas exploraciones conllevan

Nosotros hemos hecho tríos tres veces. La primera  vez invitamos a un chico de Manhunt. Lo buscamos, lo contactamos y estábamos para la cagada. Llegó  el chico al departamento y nosotros con todo preparado, todos bañaditos, perfumados, impeque… empezamos, el chico se puso en la cama y yo estaba al medio. Nos besamos y yo veía que a mí no me funcionaba, veía a P. –mi pareja- que me miraba a mí y me tocaba y como que quería estar a mi lado y yo como que lo alejaba porque estaba el chico al medio. Estuvimos dos horas y no hicimos nada. Yo no hallaba cómo chucha sacar al cabro del departamento. Al final P. le dijo que hasta ahí no más llegábamos. Qué vergüenza. Te lo juro que ahí fue un trágame tierra atroz. Menos mal que al chico no lo vi nunca más. Tiene que haber dicho “estos weones traumados…”, pero filo.

La segunda vez contactamos a otro chico por el mismo sitio. Ahí fue un poquito diferente. Lo disfrutamos los dos, pero ahí como que yo me puse celoso. Lo que pasó fue que teníamos el número del chico y un día lo empecé a mensajear haciéndome pasar por P. y le pregunté:
—Oye, y ¿quién te gustó más de los dos?
—Tú —me dijo.
— ¿Por qué?
—Porque me encantaba cuando tú me estabai penetrando y decíai: “¿Te gusta, querí lechita?”.

Jajajaajaja. Me emputecí. Dejé la cagada. Le dije a P. que se fuera con él si quería. Obvio que no lo hizo y nunca más lo vimos.

A todo esto a mí era al que se le ocurrían todas estas weas de invitar gente. Después conocimos a otro, al D. que es buena onda y hace clases de resortes en los pies…es como aeróbica. Es profesor de educación física. Con él nos hemos metido una sola vez también. La pasamos bien, pero era muy bizarro, muy brusco y no nos gustó. Hasta el día de hoy nos busca, a veces pasa al café a saludarnos. Era de esos tipos que te escupen o te orinan. Y nosotros no. Por mi parte eso no. No sé qué tan descartado está porque igual nos pica el bichito de volver a meternos con él, pero tal vez diciéndole antes que no haga esas cosas, qué asco. Me acuerdo que cuando estuvimos juntos sentí algo que me corría por el culo y me di cuenta de que me estaba orinando. Como que no entendí al principio. Fue tan raro, tan difícil de pararlo si estai  en el acto: te metí con un weón y te empieza a escupir o lo que sea, qué hací, qué wea le decís. Es cuático.

Mira para elegirlos nosotros vemos las fotos, porque muchos weones te mandan fotos chantas., vemos si a los dos nos gusta y ahí lo contactamos. Pero hemos cometido el error de no preguntar qué les gusta hacer y nosotros tampoco hemos dicho lo que no nos gusta, por ejemplo que no queremos que nos orinen, que nos peguen…eso fue con D. en noviembre del año pasado. Ese fue el último trío. Y todo lo demás ha sido como morbo. De repente yo le escribo a otros chicos y les digo “oye, podríamos juntarnos y hacer un trío” y P. a veces  me revisa el celular y después me dice “oye, ¿por qué estai haciendo eso?”. Pero yo lo hago por morbo Vero, no es que vaya a concretar algo.

Tengo el morbo del trío, pero me da miedo que P. o yo nos quedemos pegados. Y sería tonto porque ahora, en este momento, hay mucho amor y nos queremos harto. Me da miedo. Es como una wea tonta que se me pasa por la cabeza, lo de hacer un trío. Después digo no, mejor no. Y se nos pasa. Y al final nos damos cuenta que la pasamos tan bien los dos que nos necesario tener a otro weón acá, porque con los tres weones que hemos estado nada. Mira no sé si es porque el viene del Caribe o aqué, es que yo me he metido con chilenos y no es lo mismo, te lo juro. No es lo mismo.

Yo siempre le dicho a P. que si me va a cagar, que lo haga conmigo. Si va a hacer algo a espaldas mías, chao, patada en la raja. Porque le estoy dando la facilidad de que si quiere hacer algo lo hagamos juntos. Para sentirnos los dos culpables. Pero no que me ande cagando, eso no se hace.  Insisto, yo la paso muy bien. Aparte que P. es  grande: mira yo mido un metro diez, jajaja, no, un metro sesenta y cinco, y él mide un metro ochenta y dos. Es grande. Gigante po. Entonces grande, GRANDE. Yo lo disfruto.

Capítulo 3: Donde se cuenta sobre el uso de marihuana y Poppers durante el transcurso de una relación sexual, se mencionan reflexiona brevemente sobre los celos y se desarrolla la frase “vivir la vida”

Ni con mi ex ni con ningún otro hombre había tenido un sexo tan rico como lo hace él. Eso sí yo lo he hecho sin marihuana y no siento lo mismo. A veces me cuestiono si estaré haciendo bien esto de tener sexo drogado o no. Yo empecé a darle full a la marihuana como hace dos años. No fumo todos los días, pero me gusta porque me relaja, me cago de la risa, y en la parte sexual es exquisito. De verdad yo lo recomiendo. A lo mejor no todos sienten lo mismo, pero tienen que probarlo. Y con el Poppers… El Poppers es una botellita que usan mucho los gays que sirve para dilatar el músculo del ano. Vero, no, es que tení que probarlo, jaja. Yo uso la marihuana y el Poppers sagradamente. Tenemos un proveedor que nos vende el Popper, porque no se vende en cualquier lado, está prohibido. Supuestamente lo usaban para la angina de pecho, es un medicamento que sacaron del mercado. No sé por qué. Es volátil, es puro olor. Es líquido. Se escribe así: P-O-P-P-E-R-S. Entonces lo aspiras  y empieza un calor….es que Vero, es que tenís que hacerlo. Hácelo. Sientes placer, es como que te calentai, como muy hot. Es una sensación tan rica, si te penetran o tú penetras sientes lo mismo. Imagínate volado y con Poppers… espectacular. Y después de gritar todo lo que tenís que gritar se viene la comida. Entonces nos volvemos a bañar, preparamos todo en la camita, las bandejitas, y comemos exquisito. Yo me preparo para la comida también.

Al principio yo pensaba que la  marihuana igual era como dañina, pero si empezamos a hablar de qué es dañino y qué no…mira da lo mismo, total es mi plata, no le pido a nadie, tengo mi plantita, tengo un indoor y cuando estoy corto le compro a un proveedor. P. me dice “¿Amor, le queda marihuana y Poppers?”, él se preocupa porque la pasamos bien, Vero.

Yo no descarto tener nuevamente un trío. Yo le arriendo a chicos que vienen de intercambio a estudiar por 6 meses. Me llegó un venezolano y pasado mañana me llega otro venezolano y es bien guapo. P. fue el que me dijo  que estaba él y si le decía que se viniera acá y me mandó la foto. Y si me manda la foto es por algo. Y ayer fue al negocio…y lo veo y es bien guapo, y P. me dice “¿Tú creí que es gay?”. A mí de repente se me pasan por la cabeza weas, de que a lo mejor el P. va a estar solo en el departamento…y me empiezo a poner celoso jajaja. Ahora nunca tan celoso cagado de la cabeza. Es como un celo de que me gustaría verlo follar, pero al mismo tiempo no. No sé si será normal eso. O me imagino haciendo un trío con el venezolano o yo metiéndome con él, cachai. Ojalá que no pase nada. Bueno, no sé, que sea lo que Dios quiera.

 Mira, yo al principio era tan cartucho. Si yo escuchaba antes eso de otra persona decía “Pero cómo weón, no podí ser así,”, pero no sé si es mi edad, yo tengo 35 años, que al final mi postura es vivir la vida. Tú vivir la vida, no que la vida te viva. Hacer lo que a ti te gusta. Si al final te vai a morir igual. Entonces a la mierda todo. Que te diga la gente que estai flaco, que te veí mal… me da lo mismo, de verdad, tengo mi departamento, tengo mis cosas, todas las weas que tengo me las he ganado yo. Si me drogo – que lo hago con pura marihuana- problema mío. Si hago un trío, ¿a quién le importa? Porque  en cualquier momento vai cruzando la calle, te atropellan y cagaste. Quiero poder viajar, salir, conocer. Es como raro pensar así porque antes yo criticaba a la gente. Se dieron vuelta los papeles. Es porque ya estai como aburrido, querí hacer otras cosas, pasarla bien. Yo carreteo en el departamento, salgo repoco: tomo vino, una tablita para picar y con eso soy feliz. Lo único que no me gusta hasta el momento es meterme cosas como juguetes, me da cosa. Tampoco quiero adoptar niños.  Respeto todo eso, pero por mi parte no. Es cuático porque igual en la juventud uno pasa malos ratos por tu condición sexual y yo me imagino adoptar un niño o una niña y que después tenga a los  papás homosexuales y lo molesten, que le hagan bullying…no, no me gustaría que pasaran lo que yo pasé.

Capítulo 4: De lo que aconteció en su pasado, de la práctica de la prostitución y del traslado de Arica a Santiago

Yo me prostituí, Verónica. Tenía 18 años cuando empecé. Mira, yo soy de Iquique y tengo un grupo de “amigos” que me metieron en este círculo. Yo tuve hartas pololas. Yo me metía con mujeres pero sentía que algo me faltaba. No me sentía 100% pleno. Siempre estaba mirando para el lado a los hombres, pero me hacía el weón y me convencía de que estaba mal. Pinchaba con minas por aquí y por allá y cuando conocí a este grupo vi que ganaban plata fácil por acostarse con gente. Se dio la oportunidad de meterme con un hombre y ahí me di cuenta que me gustaban los hombres. Fue cuático. Y pensé “y más encima me paga”. Me contactaban por teléfono y lo hice hasta que mi hermana me pilló, fue por poco tiempo. Yo había salido a hablar al patio con un cliente y le estaba diciendo “Sí, te cobro esto por hacerte esto, por chupar te cobro esto otro, ya listo, chao” y mi hermana sale y me dice “J., ¿qué estai hablando?” y yo ahí quedé plop. Y le tuve que decir la verdad.  Mi hermana se puso a llorar. Me decía “¿Por qué hací eso si no te falta nada?”, y yo le decía “Pucha no sé, de cagado de la cabeza, de cabro chico”.

En el periodo en que pasó todo eso conocí por internet a mi primera pareja gay. En ese tiempo se usaba Messenger y cámara, qué antiguo jajaja. Él era de Arica y me invitó a verlo, me compró los pasajes y todo porque yo era igual pendejo y no tenía plata. Y fui y me gustó. Esa fue mi primera vez de hacerlo más carnal y amorosamente al mismo tiempo. Con él duré un año y medio. Él me llevó, me sacó de mi casa, de Iquique, y me fui a vivir con él. La pasaba bien con él, pero no como con P.

Después nos vinimos a Santiago, porque él es contador auditor y necesitaba encontrar trabajo. Llegamos a la casa de un amigo de él y luego arredramos un departamento en Huérfanos con San Antonio, en el centro. La cuestión es que a él  le fue súper mal en el tema de buscar pega. Llevábamos como seis meses en Santiago cuando de un día para otro me dice “J. ¿sabes qué?, me tengo que ir”. Y yo le dije “Ya, ¿y pa dónde nos vamos?” y me dijo “No, yo me tengo que volver a Arica”. Y le dije “Ya, vámonos” y me dijo “No, me voy a volver solo”. Le pregunté por qué, que cómo me iba a dejar tirado acá, y él me dijo que le diera un tiempo para que encontrara una pega estable y que después me llevaría. Y yo: “Por favor no me dejí”, me arrodillé, “Por favor no te vay”. La cuestión es que se fue y me dejó acá en Santiago. Tirado, solo, trabajando en un supermercado de cajero part-time. Y me dijo “Te dejo el departamento, ve si podí mantenerlo, si no para entregarlo” y yo lloraba, lloré tanto, y le dije “Algún día te vai a arrepentir y los papeles se van a dar vuelta”. Y hasta el día de hoy él me llama. Hasta el día de hoy. Te lo juro por mis padres que están muertos que me llama. Insinuándose y diciendo “Pucha, voy a ir a Santiago, ¿tenís para recibirme?” y yo siempre le digo “Yo te ayudo”, pero él dice “Tú sabí, nos podemos juntar ahí en el motel…”. Mira, igual él me ayudó harto, nada que decir, pero en la parada  que está él conmigo ahora no. No, no, no, no, no. No po, si es de buena onda hazlo, pero no “yo te ayudo y pásame el poto”.

Capítulo 5: De lo que J. vivió solo en Santiago, de la convivencia con prostitutas y de no tener dinero

Acá en Santiago pasé hambre Vero, dormí en el suelo. Estuve dos días sin ni un peso. Te lo juro … Santiago no me recibió bien. Acá me volví a prostituir. Conocí a unas putas y vivía con ellas en la casa, acá en Plaza Italia. Me empecé a prostituir porque era plata fácil. Se dio la oportunidad de conocer a estas chicas a las que yo recuerdo con mucho cariño porque me ayudaban mucho. Ese departamento lo arrendaban, ellas iban a trabajar ahí y después se iban. Yo me quedaba solo en el departamento, lo cuidaba, pero los fines de semana era súper cuático porque yo dormía en el dormitorio principal y era cuando tenían más clientes. Entonces yo estaba durmiendo y me despertaban, “Oye J., ándate al baño, escóndete, porque viene un cliente”. Jajaja, así que tenía que estar arrancando, escondiéndome. O de repente llegaban unos viejos de mierda asquerosos y me tenía que meter con ellos, cachai, todo por la puta plata. Y  ni siquiera el 100% iba para mí porque nosotros le trabajábamos a un proxeneta que era el esposo de una de las chicas. Imagínate. Ellas tenían familia. Una de esas chicas le decía al esposo que trabajaba en una peluquería, te lo juro por Dios. Y una vez este tipo quiso ir a buscarla al trabajo, y ¿sabes lo que hicieron? La esposa del cabrón fue a una peluquería equis y les dijo a las chicas que la ayudaran y la otra se hizo pasar como que trabajaba ahí y el tipo fue a buscarla y nunca se dio cuenta.

Fue una época penca. Todo lo que pasé tuvo una recompensa eso sí. Yo me saqué la mierda, Vero. Le cocinaba a las chicas, a las putas. Ellas lo decían: “Nosotras somos putas”. Viví con travestis porque también iban travestis a trabajar ahí. Tuve muy buenas amigas travestis, dormía con ellas. Me mezclé con mucha gente que vendía drogas, es un mundo diferente. Sigo en contacto con una chica solamente,  ella estudió, es cosmetóloga. Ella es regia estupenda y ahora está trabajando en un team, en la playa. Por un lado igual agradezco a Dios estar acá…porque era una wea de cocaína, la mesa llena de cocaína y siempre me ofrecían y yo nunca. Hasta el día de hoy no he probado la cocaína. Sagrada la marihuana, pero otro tipo de drogas olvídalo. Me enfermé una vez y ellas me cuidaban, se turnaban y se quedaban a dormir conmigo. Fueron muy buenas personas.

Capítulo 6: De los dilemas familiares, los estudios posteriores y la muerte de mamá y papá

Mis hermanas no saben esto, de lo que viví en Santiago. Ahora somos cercanos, luego de que fallecieron mis papás. Me llamaban de Iquique y yo les decía que yo estaba súper bien,  jamás les pedí plata o les dije que no tenía. Jamás les pedí ayuda. Yo veo mi vida hacia atrás y ni yo mismo me creo a donde estoy. Yo soy una persona común y corriente, mis papás eran unas personas humildes. Arrendábamos en Iquique: vivíamos en una pieza con piso de tierra y de a poquito  mi mamá fue surgiendo hasta que le dieron una casa en Alto Hospicio y nos fuimos  a vivir allá. Mucha gente que me conoció hace años me ve ahora y me dice “Oye, es que no puedo creer que tú estés así”. Yo me considero una persona de clase media o clase media baja. Mis papás me dieron lo que podían y hasta donde podían. Yo trabajé desde muy chico para comprarme mis cuadernos, porque me gustaba comprarme cuadernos caros, marca Torre, entonces yo trabajaba en cualquier cosa.

Haber pasado por todo eso…cuando vivía en la casa de estas chicas yo trabajaba en un cyber gay, de los que están abiertos las 24 horas, cerca del Bellas Artes. Ahora hay uno solo. En el “Barrio Rosa” que le dicen. Eran cabinas privadas y ahí veías de todo: mujeres, hombres… es que Vero, weonas ejecutivas que llegaban y jalaban o se metían entre parejas en las cabinas. Y como estaban las 24 horas abiertas llegaban travestis, ladrones… yo conocí a todo ese círculo. Fue cuático. Lo que yo viví, imagínate, prostituirte. Ahora yo te digo que a lo mejor no era la manera correcta, pero es lo que conocí. Yo no le diría a la gente que haga eso. Yo igual pasé malos ratos y es desagradable tener que meterte con alguien asqueroso… y por cuánto, ¿por 10 lucas? Porque lo otro se lo teniai que entregar al cabrón. A veces no tenía nada para comer.

Todo lo que he logrado ha sido por mi esfuerzo. Hay mucha gente que ha vivido lo mismo y se queda pegada. Pero cuando fallecieron mis papás yo dije “Yo les prometo que si yo vuelvo acá a Iquique voy a llegar con un título, me voy a sacar la mierda”. La primera vez que me metí a estudiar estudié arsenalería quirúrgica. Terminé. Después me metí a estudiar laboratorio clínico, egresé, pero no me titulé porque no hice el internado. Luego me metí al tiro a ingeniería. Pero todo eso era trabajo y estudio. Yo me costeé toda la carrera sacándome la cresta. Fue duro. Tuve muchas veces ganas de tirar la toalla, pero me acordaba de que yo había prometido volver a Iquique con algo. Sentía esa presión. Tenía que demostrarle a toda esa gente de que yo sí podía, y solo, porque yo era super mamón antes.

¿Cómo se murieron tus papás?

-Mi mamá falleció hace como nueve años de cáncer al estómago. Mi papá se murió un año después, le dio un ataque fulminante: estaba en un negocio y se murió.

Yo vivía en Huérfanos con San Antonio y sabía que mi mamá tenía cáncer. Un día equis me dice mi hermana “J., mi mamá está muy mal y necesita que tú viajes lo más rápido posible”. Mi mamá estaba en la casa, ya estaba desahuciada. Ese mismo día en la mañana compré los pasajes en bus para Iquique. Eso significaba que saldría a las dos de la tarde de Santiago y llegaría al otro día a las dos de la tarde a Iquique. Compré los pasajes, mandé a la chucha el   trabajo y me fui. A las dos salía el bus y a las cuatro de la tarde mi hermana me dice: “Mi mamá quiere hablar contigo, te la voy a pasar”. Y cuando la escuché lo único que hacía era quejarse y yo le decía “Mamá, espérame, voy viajando, espérame mamita por favor, espérame, espérame, te quiero mucho”. Y corté. A la media hora mi hermana me llama y me dice que mi mamá había fallecido. Yo llegué al otro día y mi mamá estaba muerta. Pero la escuché la última vez. Llegué y la estaban velando. Y pasó y después me vine de nuevo a Santiago.

Al  año después me llama mi papá. Mi papá se había tirado al alcohol, estaba con depresión y tomaba todos los días y me llamaba… y ese día me llama y yo no quería contestar porque iba a estar curado y me iba a wevear, me ponía mal. Pero contesté. Y era mi hermana y me dice “J., mi papá está muerto. Lo encontraron en un bar muerto. Le dio un ataque”. Y ahí la empresa de mi papá me costeó los pasajes el mismo día y en la noche viajé. Cuando llegué lo estaban velando.

Todo esto lo hago por ellos. Porque no pudieron ver el profesional que soy. Así, loco y todo, homosexual, o como quieran llamarme. Ese era mi objetivo: estudiar, tener mis propias cosas. Yo nunca les dije que era gay, pero la única vez que yo soñé con mi mamá ella me dijo “J., ¿qué es ser gay?” y yo me puse a reír y súper nervioso y me dijo “Ah, tranquilo, si yo ya sé lo que eres tú. Cuídate mucho, te quiero mucho, cuida a tu papá”. Porque mi papá todavía no había fallecido. Yo creo que siempre supieron, aunque yo nunca les dije que yo era así.

Insisto, no es por hacerme el víctima, pero mi vida no ha sido linda. Me saqué la cresta: trabajé de cajero, de reponedor… yo nunca me vi sentado acá en un Starbucks, tomándome un café, cuando a veces ni siquiera tenía para un vaso de agua. Por eso esa gente que dice “Ay, es que no tengo trabajo”,  yo les digo que no po. Si uno tiene que empezar de abajo. Yo empecé de abajo. Limpiando pisos, lavando platos. Trabajé de copero en el Bravissimo. Y yo siempre decía: “Yo tengo que ser más que esto, no me puedo quedar así, le tengo que demostrar a mi papá que yo soy más que esto”. Y aquí estoy ahora, con mi negocio. Contento. Estable. Quiero que la gente que lea esto sepa todo por lo que he pasado. Muchas personas no se imaginan que tengo una historia así. Yo no me avergüenzo de nada.

Un comentario en “J., 35, ingeniero

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