“Es larga la historia”, me advierte.

La miro casi a punto de arrepentirme -¿cuán larga sería muy larga? ¿dónde parte esta historia? Tal vez no haya manera de que me la cuente sin que yo también me convierta en una parte de ella-. La verdad no tengo tanto problema con cuánto se demore, pero sí con cuán interesante sea, y por la poca información que tengo, promete: ha viajado un par de horas solamente para venir a contármela.

Maca es baja, tiene el pelo largo y café y ojos de gato. Tiene un tatuaje con un diseño floral que le cubre la parte de arriba del brazo izquierdo y que asoma bajo una polera blanca, sin mangas, alcanzando su clavícula. Tiene unos aritos diminutos y femeninos. Usa zapatillas blancas y jeans grises. Fuma, y la manera en que sostiene el cigarro me hace recordar a alguien. ¿A quién?

“Esto pasó hace exactamente un año y tres meses”.

***

Coprotagonistas

  • Pipe: 39 años, bueno para carretear, guapo, personal trainer, simpático.
  • Cata: 27 años, baja, delgada. Muy tranquila, piola.

 

Los hechos:

A mí me gusta mucho hacer deporte y un día el Pipe, entre carrete y carrete me dice: “Anda a entrenar a la casa conmigo”. Él tiene un gimnasio en su patio. Me dice: “No te cobro nada, pero tení que motivar a mi comadre a que haga algo por la vida”. Su “comadre” era la Cata, su pareja. Yo la cachaba, pero nunca había interactuado con ella porque la encontraba muy pava, muy polla, muy bajo perfil. Ni un brillo.

Y bueno pasa una semana y llego a su casa. La primera clase es filete, así que decidimos empezar a entrenar intensamente de lunes a viernes, sábado y domingo carretéabamos, y luego volvíamos. Empezamos a whatsappearnos harto con la Cata -que al final era muy simpática- y un día ella va y me dice que tiene ganas de piscolear, pero que el Pipe está enfermo en cama con amigdalitis, que no puede salir. “No hay problema, yo voy para allá”.

Parto con una promo y una cajetilla de cigarros y nos ponemos a piscolear. Se nos va toda la noche conversando, cagadas de la risa, fumando, y como a las 9 de la mañana, cuando ya no queda botella, me dice: “Te tengo que confesar algo”. Y yo

– ¿Yaaaaa?
– Tuve un sueño contigo.
– ¿Qué soñaste?
– Que tenía relaciones contigo y con el Pipe.

Yo, navegando mi curadera y la rareza de lo que me estaba contando, le pregunto más y me cuenta que con el Pipe habían pensado en hacer un trío. Le digo que nunca he hecho uno, pero que podría hacerlo. Le digo: “Ya, pero tenís que darme unos besitos antes por último”. Y empezamos a agarrar brígido como hasta las 10:30. Me voy a mi casa, duermo un par de horas y cuando despierto la Cata me escribe: “Le conté al Pipe”. Mierda, cagué, me van a sacar la chucha. No pasan ni dos minutos y me llama el Pipe. ¿Le contesto o no le contesto? ¿Le contesto o no le contesto? ¿Le contesto o no le contesto? 

-¿Cómo está la cañita?
– Uy, del terror.
– Mi comadre todavía no puede levantarse. Oye, más rato voy a hacer pizza, ¿querís venir?

Mierda: qué estoy haciendo. Voy o no voy, voy o no voy.

Me baño, como algo y parto. Al llegar me encuentro al Pipe como nuevo. Lo primero que hace es ofrecerme una piscola y vamos directo a la pieza. La Cata está en estado de bulto arriba de la cama, recién duchada, pero con pijama, hecha un estropajo. Con el Pipe nos ponemos a piscolear y él empieza a sacar temas medio hot: me habla de los masajes tántricos, me muestra un libro de posiciones, me muestra una mochila con millones de juguetes que en mi vida he visto. En un momento le dice a la Cata: “¿Querí un masajito?”, y le empieza a hacer masaje en la espalda. Yo estoy cagada de susto mirando esto, lo único que quiero es curarme rápido. Empieza a cambiar el ambiente, las respiraciones comienzan a sonar más pesadas y el Pipe le empieza a dar besitos en la espalda, le saca la parte de arriba para que esté más cómoda…y yo qué mierda, qué hago, si nunca he hecho un trío.

El Pipe toma mi mano y la pone sobre la espalda de la Cata y me dice: “La comparto contigo”. Me tomo el vaso al seco y me digo: pico los prejuicios, pico todo lo que piense, me dejo llevar.

La empiezo a tocar.

Entonces hago lo mismo que el Pipe: la empiezo a besar y cuando me empiezo a calentar a lo primero que atino es a bajarle los pantalones de una. Y lo que veo es el poto más lindo que he visto en mi vida: paradito, chiquitito, formadísimo. Bello, bello. Le doy besos, la doy vuelta y el Pipe la besa mientras yo le beso la guata y empiezo a bajar, bajar y bajar y entonces le empiezo a hacer sexo oral. La Cata lo único que es capaz de decir es “Ay Dios mío, ay Dios mío”. Levanto a vista y veo al Pipe en pelota y a la Cata haciéndole sexo oral a él. Después el Pipe se pone detrás de mí y la empieza a penetrar, mientras yo estoy arriba. Con el Pipe nos tocamos y nos damos besos, pero no hay penetración. Follamos como hasta las seis de la mañana.

Heavy-heavy-heavy-heavy.

Esto se empieza a volver algo cotidiano. La primera vez había sido un domingo y el martes el Pipe nos lleva a un motel con jacuzzi. Esa vez lo hice con él. Luego pasó una semana en la que lo hicimos los tres unas cuatro veces y un día en un carrete equis la Cata me dice que tiene que hablar conmigo. Yo supuse que se había puesto celosa o algo así y que se iba a terminar todo. Pero no. Me dice, llorando: “Me pasan cosas contigo. Y yo sé que te pasan cosas conmigo, yo sé que miras el Whatsapp solo para ver si estoy en línea, que me revisas mis fotos y mi Facebook. Lo siento.  Siento una conexión y sé que es real”. Hasta ese momento no pasaba nada de eso -o sea lo pasábamos bien tirando y me caía bien-, pero me insertó la idea, me hizo un click y de ahí en adelante todo cambió. Me plantó la idea y desde ese día me empezó a gustar.

Seguimos teniendo tríos y ya llega un punto en que es descarado: apenas quedamos los tres solos la casa se transforma en Sodoma y Gomorra, impresionante. Ponemos HotTube y hacemos de todo: se la chupo, me la mete por atrás, se la meto yo a ella, usamos millones de juguetes, penes dobles, dilatadores anales, lo que te podai imaginar. Con el Pipe nos vemos igual todos los días, seguimos entrenando. Llega un momento en que él ya no es el entrenador y preferimos salir a trotar, queríamos un poquito más de privacidad para hablar. Casi todos los días voy a la casa de ellos tipo 8, el Pipe sale a hacer sus cosas y con la Cata nos quedamos coqueteando. Hasta que él vuelve y yo o me quedo a tirar o me voy a mi casa. Y así.

Pasa un mes y el Pipe le pide matrimonio a la Cata y de paso los dos me rompen mi corazoncito. Se quiere casar lo antes posible, en un plazo de máximo seis meses. Cuando la Cata me cuenta me mira con los ojos llorosos y dice: “Llevo 6 años con el Pipe, me voy a casar, estoy enamorada de él y no hay nada que hacer”. Los ayudo en lo que puedo: los acompaño a definir banqueteras, a elegir el lugar. Estoy pal pico. Estoy en un momento crítico, súper asustada, con problemas familiares y Pipe me ofrece irme a vivir con ellos. Rechazo la oferta porque me parece demasiado compromiso. Pipe empieza a ponerse raro conmigo: me empieza a llamar mucho para saber cómo estoy, me llama para decirme que me echa de menos, que quiere saber de mí, me invita a entrenar sola con él. Y con la Cata por otro lado hay tallas, hay química, nos absorbemos la una a la otra cuando estamos en un carrete. Como no podemos decirnos las cosas en público, nos empezamos a mirar de manera especial. Hay miradas coquetas, tránsfugas, nos tocamos las manos por debajo de la mesa, vamos a los baños para darnos besos locos.

Y ahí me doy cuenta de que soy la amante de la Cata, además de ser la tercera en su relación.

Pasa el tiempo y seguimos carreteando, seguimos tirando los tres, y el Pipe empieza a notar ciertas cosas: por ejemplo, cuando yo estoy borracha, prefiero estar con ella en la cama. Obvio. O que ella me busca más a mí que a él, y él quedaba botado, con el pico parado, mirando. O que lo hacemos acabar rápido para que él quede listo y nosotras podamos seguir weveando.

Han pasado unos tres meses desde que le propuso matrimonio a la Cata y el Pipe empieza a molestarnos. “Ay, que tu amiguita, que tu pololita, que demasiada confianza, que demasiada cercanía, que la Maca te tiene ganas, que la Maca está enamorada de ti”. La Cata lo niega todo, pero él sigue con la bala pasaba. Y es obvio. No aguanto más, así que voy y le digo a la Cata que no puedo seguir, que estoy enamorada hasta las patas de ella. Y ella dice que siente lo mismo, pero que no hay opción. Y tiene razón, aunque quiero creer que puede no ser tan descabellado. Que si pasara el tiempo, podríamos estar juntas. La Cata dice que hablará con él esa noche. Yo decido desaparecer y me voy a carretear.

Al día siguiente la llamo y nada. Muerto. No me contesta en todo el día, hasta que al fin me llama y me dice que le dijo que no se podía casar con él, que está confundida, que él en realidad es muy poco atento con ella, muy bueno para el trago, que lo ha pillado en varias cosas. El Pipe le pregunta si es por mí y ella dice “Sí, pero me confunde porque ella me trata bien”. Ella deja abierta la posibilidad de volver a reencantarse con él, a que él cambie. Y esto se vuelve terrible: seguimos haciendo tríos, él dice que se la jugará, que la reconquistará, pero sigue igual. Se empiezan a distanciar hasta que llegamos al punto en que la Cata comienza a salir conmigo y con mis amigas. Un montón. Tanto que un día llega a las doce del día siguiente y el Pipe se calienta y la echa de la casa. La Cata le dice que no se casará con él, parte a la casa de su mamá y le cambia la vida de un minuto a otro: pierde la pega instantáneamente porque trabajaba con él, pierde su casa y tiene que hacer que todo ande con su hija de tres años. En esa época traté de darle la mayor contención dentro de lo que se podía, entendiendo que yo era, a la vez, la patas negras.

Cosas que tal vez te interesaría saber, querido lector:

  1. Pipe es primohermano de Maca.
  2. Pipe y Cata llevaban juntos 6 años y tienen una hija, que es a la vez, obviamente, sobrina de Maca.
  3. Maca es lesbiana y nunca había estado sexualmente con un hombre, hasta que llegó Pipe. Describe esa experiencia -la de la penetración- como: “Sabís qué, es agradable. Es mucho más bruto, animal. Las minas son mucho más sensitivas, delicadas, apasionadas. El hombre es como más animal. Y él es bien bruto aparte”.
    Recuerda que desde siempre le han gustado las mujeres. A los 7 años tenía una compañera que la llevaba al baño y a la que le gustaba jugar a la “mamá y a la mamá”. Pololeó a los 16 con un cadete naval, pero como nunca le dio la pasada, la pateó. Sus papás son conservadores. Salió del clóset a los 21, con su primera polola, porque su hermano la pilló y la amenazó.
  4. Cata estaba teóricamente dispuesta a hacer un trío, pero siempre que fuese con una lesbiana porque no quería que el Pipe fuese el macho alfa ganador con las dos mujeres. Cata se identificaba como heterosexual y nunca había estado con una mujer, hasta Maca.
  5. Cata tiene una hermana gemela que, mientras toda esta historia pasaba, vivió algo curiosamente paralelo: siendo ella heterosexual y estando emparejada, una compañera de trabajo se le declaró. Pateó al pololo y se fue a vivir con su novia a Europa.
  6. “Aparte de tirar, compartíamos. Cocinábamos, nos íbamos de paseo. El Pipe siempre quiso que funcionáramos los tres. Él estaba en su salsa, con dos minas, y su ego le debe haber jugado una mala pasada, pensando que yo era lesbiana y que me había dado vuelta”.
  7. Importante: “Los dos me dijeron que en el último lapso ya no tenían relaciones sexuales ellos solos, tiraban solo cuando estaba yo, y después ya nada”.
  8. La familia de Maca (y Pipe) no sabe, pero sospecha de lo que pasaba entre los tres.

 

Epílogo

La Cata ya no está con el Pipe, está con una amiga mía. Me dejó por una amiga que le presenté y a la que se empezó a acercar mucho, hasta que el día de mi cumpleaños se fue a la casa de ella y me rompió el corazón.

Ella siempre me lo dijo, en realidad: “Yo no voy a terminar ni contigo ni con el Pipe. No voy a optar entre los dos”.

Pipe se enteró de todo. Le vio unos mensajes míos a la Cata y creo que mi cabeza tiene precio ahora. La última vez que lo vi fue como hace tres meses en el cumpleaños de una prima. Me miraba con cara de endemoniado.  Me odia, en resumen. No lo culpo, igual. Tampoco es culpa mía, porque ellos me invitaron y ellos sabían las reglas del juego, sabían que se podían quemar, que podían pasar weas. Lo positivo: no me ha matado todavía.

Con la Cata hay una relación como de amor y odio. Yo tengo mucho resentimiento porque me sentí sumamente utilizada. Yo fui el viaje no más: ella estaba muy desencantada hace mucho tiempo y nunca tuvo los cojones. Es de las personas que va de liana en liana. Yo le di la estabilidad para poder hacerlo. Tengo una debilidad con ella y creo que a ella le pasa lo mismo. Nos marcamos mutuamente. La última vez que tuvimos relaciones fue hace un mes y medio -de hecho, cagó a su mina conmigo (y me la debía, maldita)-. Siempre pensé que se podía dar para otra cosa, pero no. Por más que trato de cortarla, no he podido. Estoy asumida, aceptando. Pero sí, quiero romper ese hilo. No es una necesidad, pero es rico: es como comer pizza. Si dejai de comer pizza, echai de menos comer pizza.

Me cuesta mucho despegarme de ella, pero ya ni siquiera sé si me gusta tanto. Los procesos de amor ahora me duran menos. Cuando me enamoré cuando chica estuve babosa cuatro años. Ahora, claro, la recuerdo, me cuestiono, pero estoy aceptando lo que pasó y estoy aceptando lo que es ella. Y yo jamás podría estar con alguien así: es muy coqueta. Yo soy súper fiel. He sido infiel una vez en mi vida. Yo soy muy romántica, yo creo en el amor. Yo creo en la pareja, en la monogamia, por así decirlo. Yo creo que a largo plazo una persona te puede llenar social, sexual e intelectualmente. Yo creo que se puede estar de aquí a vieja con alguien. Y creo que te das cuenta que puedes estar con esa persona cuando no la tienes: cuando la buscas en otra y te das cuenta que tal vez sí, es bueno el sexo, pero no compartes tantos temas, no tienes tanto en común.

Actualmente estoy super maraca, disfrutando por fin mi soltería, porque siempre suelo estar en pareja. Estoy saliendo con una chica un poco mayor, que tiene 32, disfrutando, no enrollándome, viendo qué pasa. Y hasta ahora he estado un poco desilusionada del amor: qué lata no poder encontrar a una persona que me complemente, que me guste harto. Ese cliché de “esa chica era para mí”. Era super linda la relación que teníamos, si lo piensas, nunca tuvimos una cita. Nuestras citas eran los trotes diarios por la costanera. Nos sentábamos a conversar. Y siempre estaba ese deseo y el hecho de que me lo negara me volvía loca. De verdad que es muy atractiva esa wea de dar y quitar. Me enamoré hasta las patas de ella. Un día me di cuenta de que estaba enamorada porque iba en la micro y todo lo encontraba bonito: los colores eran más fuertes, las casas eran más bonitas, la música era más agradable de escuchar, pensaba en ella, escuchaba canciones. Teníamos millones de temas. Teníamos un lenguaje de miradas porque no podíamos decir mucho frente a otras personas, y con mirarnos nos decíamos todo. Nunca había deseado tanto a alguien. Pero así como llegó, se fue. Siempre llega alguien más, pero espero que no llegue a los sesenta.

Con ellos hice todo lo que no había hecho en toda mi vida sexualmente hablando y lo pasamos increíble. Volvería a tener un trío, pero no lo haría con una pareja. Entre parejas no hay que meterse: háganlo con personas equis, amigos o conocidos. Es muy egocéntrico pensar que a tu pareja no le pueden pasar cosas con la otra persona. Todos somos reemplazables. Le pasó a mi primo: lo comió el ego, me miró a huevo.