Lo miro y pienso: “¿Y si no tuviese bigote?”. Esto, por supuesto, no significa nada, porque me pasa con todos los hombres que conozco: ¿Y si fuese diez centímetros más alto o más bajo? ¿Y si tuviese el cuello más largo o súper corto? ¿Y si en vez de conocerlo ahora lo hubiese conocido hace cinco años? ¿Y si hubiésemos sido compañeros de colegio? ¿Y si viviera más cerca de mí? ¿Y si en vez de decir “tirar” dijera “culear” y en vez de “culear” dijera “hacer el amor”? ¿Y si es de los que come cereales con leche por la mañana? ¿Y si tuviese la voz un décimo más aguda de lo que me gusta? ¿Y si escuchara música realmente mala? ¿Y si se dejara el pelo largo, hasta los hombros y se hiciera una trenza y le pusiera una pluma al final? ¿Y si se rapara al cero? ¿Y si es de los que algún día quiere irse a vivir a la Antártica? ¿Y si nunca jamás quiere irse de Santiago? ¿Y si usara poleras de látex, calcetines con chalas o sólo ropa de marca? ¿Y si hablara en dólares? ¿Y si no le habla a su mamá o le habla demasiado? ¿Y si la ex esa no le hubiese roto el corazón? ¿Y si hubiese estudiado canto en vez de cocina? ¿Y si es de los que cuando caminan dan zancadas súper largas y uno tiene que andar corriendo a pasito corto al lado? ¿Y si es de los que caminan súper lento y dan ganas de pegarle un paipe? ¿Y si no le gustan los caballos? Y así. Es como un tic, más que un defecto, esto de pensar en cómo me caería alguien si fuese distinto a lo que es hoy. Ni mejor ni peor, sino distinto. En parte porque lo he visto: la gente cambia. Te caía bien alguien porque tenían en común la misma música, después ya no la tienen y se va todo a la cresta. O confiabas en que el cuello de alguien se vería siempre de la misma manera y de repente como que se empieza a acortar o a alargar y ahora sólo tienen conversaciones en diagonal (y eso, créanme, es insostenible). O a alguien se le agudiza la voz y te empieza a parecer irritante. O es de los que hablan súper bajito y tienes que estar todo el rato preguntando “¿qué dijiste? No entendí”. O se cambia de cuidad y ya no existe. O se cambia de país y ocupa muchos, demasiados espacios. Así que pienso en estas cosas tontas, en las variables que podrían determinar que alguien me caiga bien o mal, que alguien me importe o me deje de importar, en que sus hábitos me parezcan fascinantes o tontos, en que quiera pasar más o menos tiempo con ellos.

Imbécil, sí sé.

Ay, no te hagas. Te pasa lo mismo. Todos lo hacemos: hay ciertas cosas que nos atraen, otras que nos repelen. Un equilibrio precario que es eso de la amistad abierta y honesta, un mililitro menos que evita que se rebalse el vaso y se convierta en “demasiado”. A mí me gusta eso, ah. Porque miro a la gente que me cae bien, que me simpatiza, y luego de hacerme todas estas preguntas decido: “Sí, me lo quedo” o “lo aprovecho mientras pueda porque esto se termina en cualquier momento”. Es una cosa de guata. Una especie de coleccionismo con fecha de vencimiento.

Lo que tiene P. es que es como un niño. Un niño en cuerpo de grande, pero no un niño-niño, un adolescente. Pero –redoble de tambores- un adolescente que se disfraza de grande. Entonces entiéndeme la figura: es un adulto que parece un adolescente que se hace pasar por un adulto. Un show andante.

Tiene el bigote. Tiene un poco de barba también, pero eso varía. Tiene un perfil medio griego. Grecorromano, diría alguien. Otra persona menos pretenciosa diría que tiene aire a latin lover. Pero viste, lo de “latin” subyace. Tiene el pelo como en un jopo a lo Luis Miguel a mediado de los noventa. Tiene las manos bonitas, un gusto cuestionable en poleras, un gusto shockeante en sombreritos, una sonrisa como de malo de película de los años treinta y una voz como la que tendría la madera, si la madera hablara. Saque usted sus conclusiones, porque yo no tengo idea cómo sería esa voz.

Me alargué con la intro, pero es por esto: te voy a tirar todo lo que dijo de una sola vez, sin (más) anestesia.

    1. Mi primer recuerdo sexual es sobre la Yuri, a los cuatro años. O a los cinco años. Yo tenía una nana… Cacha la wea po weón, enferma… la Amelia llegaba todos los domingos, porque vivía en nuestra casa. Cacha po, si era guagua guagua, chicho-chico,  y me colgaba de ella y le agarraba las gomas. Y estaba de moda en esa época la Yuri, y a mí se  me paraba el pico agarrándole las tetas a la Amelia, y la Amelia que se dejaba más encima.
    2. Perdí la virginidad viejo, como a los 17, con una polola a la que quería mucho. Fue la raja. Fue muy  bueno porque nos queríamos harto, lo conversamos,  lo decidimos y en un carrete se dio. Obvio que duré nada weón, metí la punta y ya estaba…jajaja…en nada. Es una cosa que hay que aprender a controlar.
    3. Me masturbo día por medio.
      Soy muy sexual para pensar, para ciertas cosas, pero no soy tan animal como antes lo era. Ahora tal vez no. No tengo una definición de cuánto es tirar mucho o poco. Cuando estai soltero depende de los tramos. Yo ahora estoy particularmente  pasando un periodo de sequía cuático, entonces estoy tirando una vez cada dos semanas. Pero las pajas aguantan. Harto es, estando con pareja estable y si vives con ella, dos veces, tres veces por día, si estai a full. Pero ojo, yo soy de los weones que piensa en ciclos. Por ejemplo, yo tuve una polola en China que me reclamaba porque tirábamos poco. Nos veíamos  tres, cuatro veces por semana y yo me quedaba con ella y a veces había noches en que yo no quería tirar. No porque no me calentara si no porque andaba con la libido baja.
    4. Tuve otra polola en China, otra española, que con ella yo creo que tuve la libido como nunca en mi vida. Weón ahí tirábamos donde fuera y todo el rato.  Compartíamos pieza y vivíamos con una coreana y la coreana era súper ñoña. Era, de hecho, bibliotecaria. Así que apenas salía nos íbamos a tirar. Una vez llegó con su club de coreanos nerds a las diez de la noche weón, a leer weón a la pieza, y nosotros culeando…me pilló a poto pelado…a lo que voy es que con esa polola tirábamos donde fuera. Nos agarraba la wea y la hacíamos.
      La fantasía que cumplí con ella fue tirar al lado de otra pareja, en el agua, los cuatro weones cagados de la risa. Bacán.
    5. No uso juguetes, pero he tenido ponte tú el anillo vibrador y ese lo usé harto,  porque cuando estuve en España viviendo todavía no llegaba a Chile, y lo encontré la zorra y me lo traje para usarlo con una polola. Se lo regalé, terminamos y nunca lo usamos. Después  lo encontré de nuevo y lo empecé a usar harto. También tengo un juego que son unos dados que me compré en Japón, cachai, de esos para tocar ciertas partes, cuántas veces y la intensidad o los segundos creo. Me gusta que la wea sea lúdica.
    6. El lugar más raro en el que he tirado es en la cuna de mi sobrina para un Año Nuevo. Pero, por ejemplo, en la cama de mis viejos no tiro. O sea he tirado solo dos veces en mi vida. Algo respeto.
      No tengo un lugar favorito. Cuando era chico me gustaba harto ir a motelear, pero porque no tenía donde tirar, pero después mis viejos se empezaron a ir todos los fines de semana a la playa, entonces tenía la casa para mí. Mi viejos tienen una mesa de comedor de diario gigante que es como una isla y ahí pasaron hartas chiquillas. Bien. El auto también me gustaba harto para tirar antes. De hecho una vez, loco, un compañero de curso me pilló tirando y nos saludamos a los lejos: la mina estaba mirando en dirección a la cola del auto y yo hacia adelante, ella no se dio cuenta. Fue acá al lado, en Vitacura. Son puras payasadas así. Eso.
      El lugar más incómodo para tirar es la playa. Sin lugar a dudas la arena, estando fuera del agua.
    7. Me defino como heterosexual. Alguna vez pensé que podía tener una inclinación homosexual no porque me tincaran los hombres, sino porque tenía la libido muy baja. Cachai. Fue después de una polola que tuve que me trató super mal en la cama, como que fue muy fuerte, yo me alejé un poco del sexo porque le tenía miedo, entonces dije “de repente weón no me están gustando las minas porque realmente hay una wea homosexual que está creciendo en mí”. Y lo trabajé y lo pensé harto weón e incluso durante un tiempo miraba a los hombres y no po, jajaja. Nunca he tenido nada con un hombre. Pero he tenido sueños homosexuales. De hecho la semana pasada tuve uno. Y no se me paraba el pico, curiosamente. Estaba en pelota con un weón y me decía dale y yo “weón, no puedo” jaja. Eso era todo.
    8. Para mí el sexo es un encuentro. Es rico conocer a una persona de la parte más animal a la más sentimental. Me gusta eso.
      El erotismo para mí es fundamental. Dentro de lo animal que se exprese la sexualidad de forma no sé si racional, pero que hayan detalles. Que fluya, que exista esa yuxtaposición entre lo animal y racional.
      Cacho que pasará algo cuando empezamos a hablar weas calientes. Cuando hacís esa transición de hablar con respeto a la confianza. Cuando hay miradas. Uno cacha por miradas.
      Me siento más deseable cuando hablo sobre algún tema que conozco. Y cuando hablo de mis viajes. Yo creo que la gente engancha harto con eso de haber estado en el extranjero, weas medias exóticas, prenden harto. Sí. Le trato de sacar provecho a esa wea. Y a la comida, por supuesto, cuando cocino.
    9. Me gusta que ella se conozca. Me gusta que la contraparte se conozca harto y que lo exprese. Que no sea excesivamente pechugona. Eso. Por lo general soy bien abierto a todo.
      Me repelen los malos olores. Tuve una polola que tenía muy mal olor. Esa wea era terrible. Era mi primera polola, con la que me descartuché. Chucha, no sé qué más. De repente son cosas de comentarios, mañas que no te podría decir, que me bajan las pasiones.
      Así como famosas…Trinity de Matrix, Carrie Anne Moss, esa mina weón, loco, me trastorna. Kate Winslet también. Después de mis conocidas a algunas de mis expololas las repetiría, seguro.
    10. Mira, me depilo los cocos, me corto los pendejos, me pongo perfume, por supuesto. Arreglo mi casa, cachai, el spot también tiene que promover la comodidad de la otra persona, entonces si llega a una pocilga weón, no sé, me preocupo  de que la otra persona vaya a estar bien. Eso.
      Uso boxers cortitos, apretados. Lo encuentro sexy y me acomoda. Los boxers sueltos los detesto, a menos que sea para dormir. Porque weón andai con las bolas…es como incómodo. O se te suben harto. No.
      Tengo una playlist que se llama Relax and Enjoy. Canciones como “Wicked Game” de Chris Isaak o Entre Ríos, que es el disco que estaba escuchando hoy día. Esa onda.
    11. Hablo de sexo con todo el mundo. Todo el mundo… incluso con mis papás, mucho. Pero me pasa un fenómeno muy particular con mis papás. Yo puedo hablar con ellos de  todas las weas que me pasan a mí pero me da mucho pudor que ellos hablen de su sexualidad frente de mí, entre ellos.
    12. Soy un weón vocal. Me da pudor decir frases armadas. Esa es una wea que me mata las pasiones. Tuve una mina una vez que tiraba exquisito, pero la mina era mucho más animal que yo, entonces me decía “weón háblame cochino” y yo weón concentrado, le decía “puta, si, te voy a pegar, sí, dale más”. Era poco natural. Sin perjuicio de eso a mí me gusta preguntar si está bien o sugerir que hagamos algo. O decir “qué rico, bacán”, pero no puedo pensar más que eso. No me da.
      La primera vez que una mina me habló en la cama yo era chico, habré tenido unos 20 años, y se tiraba unos gemidos con mi nombre, como agudo, alargando el nombre como “iiiiiiii”. Y le pregunté que le pasaba y me cagué de la risa. Somos amigos así que la weveo harto todavía por eso.
      Mira es que yo creo como persona, más que sólo como  hombre, es rico que te digan que lo estai haciendo bien. Te sentís como “weón, lo hago la zorra”, que te aplaudan un poco la gestión. Esa wea me gusta harto.  Y sobre todo si te lo dicen en el acto.
    13. Lo más vergonzoso es tener disfunciones. Y obvio, cuando te vai antes. Hací perfecta la pega, llegai con la mina encantada y tu rendimiento vale callampa  y no lo podí ocultar, se te baja el pico. Y wéon es cuático y no sé si será la edad o qué, pero cuando yo era más chico, hasta como los 24, yo  si me iba cortado podía seguir con el pene erecto, se me bajaba un poco, pero al tiro weón retomaba. Ahora ya chao. Y además de que cuando yo acabo tengo una sensación de satisfacción tan grande que ya no puedo seguir. Chao. Tengo que esperar un rato para volver ahí.
    14. Me gusta mucho el 69. Harto. Y me gusta cuando la mina está arriba. Me gusta todo en general. O sea, si llega la mina y me saca un dildo, posiblemente voy a tener una reticencia gigante.
    15. He fingido orgasmos mil veces. Cuando sé que no voy a acabar porque sé que me da paja seguir tirando o porque sé que se me va a bajar o porque ya se me ha bajado. PAF. Antes yo podía tener orgasmos sin irme cortado, cuando chico. Ya no tengo esa facultad.
      Me encantaría hacer un trío. Swinger yo creo que me costaría mucho, mucho, mucho. A pesar de que soy un weón que no soy tan celoso me cuesta mucho desprenderme de ese concepto errado de  poseer a una persona. Acepto que tengo esa deformación animal.
      De pornografía veo lo que hay en la tele. Es que tengo canales porno. Playboy, Venus y no me acuerdo de cuál es el otro. Me gustan las historias más eróticas.  Prefiero mil veces una película erótica a una porno. Por ejemplo esa película de Madonna, El cuerpo del delito, weón, la zorra.
    16. Hace tiempo que no hago sexting. Cibersex lo he hecho, varias veces. Traté una vez de filmar y no me dejaron. Ahorcar sí, lo he hecho. Spanking no me calienta. O sea, sí y no. La otra vez tuve un episodio con mi fuck partner: estábamos tirando y yo hacía mucho tiempo que no tiraba con nadie. No sé, ponle dos meses. Nos juntamos y de repente voy y la agarro y le pegué una palmada, así PAF, y la weona se mandó un grito y me dijo “Weón enfermo qué te pasa”. Le dejé la mano marcada…pero no acostumbro a hacerlo. Pero me gustó. Atar sí, lo he hecho.  Todo esto es como juegos no más. Y no, no me produce ningún interés la coprofagia ni la lluvia dorada.
    17. Esta historia pasó el año 2002. En esa época yo pololeaba con M., una niña que quería mucho. Yo me llevaba muy bien con sus papás. Ella tenía dos hermanas, C. de 17 y P, de 14, y un hermano chico, G., de 10. Para unas vacaciones de septiembre los tíos se fueron a Bariloche y nos invitaron, a mí y al pololo de C., a estar un rato con ellos. La raja, vacaciones en familia. Los tíos se fueron en auto y nosotros, las dos parejas, nos fuimos en bus.  El viaje estuvo perfecto, echamos la talla, blablablá, doce horas, llegamos a Bariloche, nos pasaron a buscar y llegamos al hotel. Exquisito. La raja. Ahora, cómo iban a ser las reparticiones de las piezas: los tíos dormían en una pieza; M., C y P. dormían en otra, y yo con el pololo de P. y el hermano chico en la tercera. Perfecto, todo bien.
      Esa semana cuando partimos a Bariloche, M. me dijo que estaba con atraso. Estábamos pal pico. Entonces como que no alcanzábamos a gozar bien y bueno, cuento corto, una noche llevamos pisco y empezamos a piscolear en la pieza de las niñas. Todo bien, fuimos a bailar, la raja, nos devolvimos, yo me llevé a M. a mi pieza y C. y su pololo se quedaron en la de ellos. Ya, echando la talla, PUM, y empezamos a tirar, luz apagada… Estaba el hermano chico de 10 años durmiendo, así que nos fuimos al baño y en eso weón le bajo los calzones y  empiezo a atacar por abajo. Ya, chupando chocha weón la zorra. Tiramos, hicimos lo nuestro, y puta como a las cuatro tocamos las respectivas puertas, hicimos el cambalache, el pololo de P. se vino para la pieza, todo calzó excelente. Al día siguiente nos teníamos que levantar temprano para tomar desayuno con los papás haciendo la parada  diplomática. Este weón dormía y yo me levanto, empiezo a buscar mi ropa, y se despierta y me dice ”¿Qué te pasó? ¿Te pegaste en alguna parte?”. Le pregunto por qué y me dice “Anda a mirarte al espejo”. Y yo weón pensando qué onda, la cagó qué raro. Llego al espejo y enfoco entre medio curado y tenía todo esto –se pasa la mano por la mandíbula y casi incluye el cuello- rojo, rojo, rojo- Así como con costra. En los dientes, todo-todo-todo. Yo decía: “Por favor que no haya sido que le llegó la regla, por favor que no, por favor” y empiezo  a buscarme por todos lados heridas, weón ya, así con asco, casi que con arcadas, pal pico…y nada.
      Vamos a tomar desayuno y M. con una sonrisa hermosa me dice “Mi amor, no vamos a ser papás”. Y esa es the real sonrisa del payaso. Hasta el día de hoy mis amigos me agarran pal hueveo.

V: ¿Lo harías de nuevo?
P: Ni cagando.
V: ¿Por qué? ¿Te da asco?
P: Me da asco. Asco, asco, asco. Absolutamente.
V: Pero cuando te hacen sexo oral a ti, ¿tu esperai que te traguen el semen o no? Considerando que semen y sangre son fluidos corporales.
P:Si quiere la mina, sí, por supuesto. Pero si le da asco no po, y sha está.
V: Y si le da asco, ¿te da lata?
P: No, no para nada. Tanto mejor si sí, por supuesto.

Un comentario en “P., 31, chef

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s