Transcripción:

 “Cuando tenía cinco o seis años vivía en unos departamentos y en el piso de arriba vivían unos hermanos. Uno de ellos era un niño como de diez años que a todo el mundo le gustaba. Era bonito y como a todo el mundo le gustaba, a mí también. Ese niño tenía una hermana de mi edad, con la que yo jugaba. Un día soñé que me daba un beso heavy metal con la hermana. Quedé pal hoyo porque había soñado con la niña y no con el niño. Eso después se lo conté a amigas, pero en ese momento a nadie.
Cuando ya era más grande y tenía como nueve o diez años me acuerdo -ahora que está de nuevo de moda Winona Ryder- que un día me quedé viendo Drácula, donde actúa ella, y tuve un heavy sueño sexual con ella. Como que siempre inconscientemente me han aparecido minas, antes incluso de que yo asumiera mi parada me han erotizado más que los hombres”.

 

Nota n°3:

U. habla como si estuviese apurada por terminar lo que tiene que decir lo antes posible: decirlo rápido para soltarlo y ya. Me recuerda a un picaflor, el único pájaro que puede volar por su cuenta hacia atrás. Se acerca, se aleja, se detiene un segundo, se vuelve a alejar. Una mancha borrosa en acción, un aleteo que distrae.

Pero U. no es un picaflor.

 

Nota al margen:

Winona Rider. Tantas Winonas Ryders. Mi preferida es Lelaina de Reality Bites y en segundo lugar Jo de Mujercitas. Nunca vi Drácula, aunque sé que salía con un vestido apretado que hacía que las pechugas le llegaran a la garganta. Vestidos de época, la excusa del cine Hollywoodense para escotes descarados. ¿Estuvo en Entrevista con el Vampiro? Estaba Kirsten Dunst como de diez años y Tom Cruise y Brad Pitt… ¿Será muy tarde para ver Drácula? Otra idea: ¿es Joyce de Stranger Things la versión más adulta y apaleada por la vida de Lelaina?

Si Winona Ryder fuese un animal sería una ardilla. Viste, fácil. ¿Por qué Winona Ryder me sale tan rápida y por qué U. me cuesta más?

[También esto: escribo, porfiada, Wynona Rider en vez de Winona y Ryder. ¿Cuánto mejor sería Winona Ryder si se llamara Wynona Rider? Mucho].

 

Nota al margen de la nota al margen anterior:

He encontrado solo tres libros en mi biblioteca que me pueden servir para dejar de pensar en actrices de rostros de muñeca y dedicarme a atajar a U.: La vida de los insectos, de J.H. Fabre; The Sexual Connection, de John Sparks y Jardinería: El cultivo de las flores, de E. G. Vilarnu y Estanislao Guarro. De acuerdo, el último no es de animales, sí sé, pero es lo que tengo a la mano (había otro sobre bonsáis, pero ese ya era entrar en otro agujero sideral). La lógica es la siguiente: si pienso en una planta puedo llegar a pensar en un animal que se le asocie. Por ejemplo, si U. fuese una rosa, el animal más cercano que se me ocurre es una abeja, entonces quizás U. sería una abeja ¿Preciso? Probablemente no, pero me acerca a algo. Sin embargo, U. no es una rosa, U. es más bien… ¿una suculenta?

Tengo otra justificación para haber escogido el libro Jardinería y hojearlo cada tanto. Encontré estas líneas en la primera página: “No sabemos cantar como poetas porque somos agrónomos, pero somos sensibles a la belleza porque somos hombres y como tales tenemos un alma que, exteriorizándose o no, absorbe lo bello en beneficio de sí misma y del cuerpo que la posee”.

A mí esos agrónomos me suenan muy poetas.

*

Transcripción:

“Por lo general toda la gente con la que he estado me ha buscado a mí. Yo soy súper pava. No sé jotear a nadie y si joteo, joteo pésimo. Para que yo enganche tienen que hablarme harto. Mostrar interés. No sé si es táctica o qué, pero cuando me gusta alguien y veo que me habla, no pesco tanto. Es un poco de estrategia igual. Dejo que me hablen. Si alguien me dice ‘me gustai’, yo me hago la tonta, aunque esté interesada.

Siempre pongo harto problema. Creo que lo hago porque pongo a prueba a la gente, para ver hasta qué punto aguantan. Por ejemplo, mi ex me estuvo joteando como tres meses, sin que yo le diera un beso ni nada, hasta que un día me dijo que estaba chata de perseguirme y recién ahí atiné y cedí, pero antes de eso no. Incluso estando ya con la persona sigo poniéndola a prueba. La wea puede estar dada y pasa algo que me molesta y no. Si dice algo que no me gusta tanto (puede que yo incluso esté sin ropa) me paro, me visto y me voy.  La persona queda pal hoyo. La otra vez estaba con E. en su casa y nos enojamos y ella se fue a acostar. Después me dijo que me fuera a acostar con ella, pero no quise. Me senté en su living y fue no, no, no. Fue pasando la hora y no, hasta que al final ya, sí, pero yo había planeado dormir en el sillón. Me cuesta salir de esa emoción. Quiero saber hasta qué punto me aguantan. Necesito comprobar que hay interés, me da como cosa arriesgar. No me estoy haciendo más joven, entonces no quiero perder el tiempo, cachai, aunque si le doy mil vueltas a esa frase es un uso del tiempo en una relación que ni se sabe dónde va a terminar. Así que quedamos en cero otra vez.

Todas mis relaciones siempre están mediadas por el sentimiento. Nunca he culeado con nadie por la noche. No es que crea que culear con alguien es muy importante o que no pueda separarse de los sentimientos. No es un requisito para estar con alguien que sea alguien con quien me vaya a quedar, pero siempre me ha pasado así. Entonces me es difícil concebirlo de manera diferente. Le pongo demasiadas fichas a las cosas, aunque se vea como que no. Trato de que no se note”.

 

Nota n°4:

Las suculentas se caracterizan por que almacenan agua y por ese motivo se ven distintas a otras plantas, como si estuviesen infladas. Lo bonito es que esta característica las hace ser más resistentes a entornos que otras plantas no tolerarían. “Aguantan”, como diría mi mamá.

Una suculenta U., pero no cualquier suculenta: eres una Echeveria. Las Echeveria tienden a ser confundidas con las Aeoniums porque se ven súper parecidas. Pero acá está la diferencia: las Aeoniums están pegadas al tallo con una fibra que las envuelve en torno al tallo, por lo que si les arrancas una hoja, queda una línea en el tallo, pero no lo daña. Si le arrancas una hoja a una Echeveria, la hoja se lleva consigo un poco del tallo. Deja una fisura.

 

Nota al margen:

Yo no creo que todo esté sincronizado, pero a veces todo está sincronizado. Mientras transcribo lo anterior suena “Fade Into You”. Los primeros versos dicen:

“I want to hold the hand inside you
I want to take the breath that’s true”
y pienso que tal vez esa debiese ser toda la canción.

 

Nota la margen de la nota al margen de arriba:

¿Cómo se toma la mano que el otro tiene adentro suyo? ¿Cómo toman la tuya?

Yo creo que he tomado la mano de alguien desde adentro. Y alguien ha tomado mi mano también, sí. Y eso ha sido bonito, pero cuando se termina se siente como si el otro se hubiese llevado una partecita extra sin preguntar. Algo que apenas se nota: un cuadradito perfecto de carne arrancado como si hubiese sobrado desde siempre, como si te estuvieran haciendo un favor llevándoselo, como cuando uno corta las etiquetas de la ropa. No es que uno lo eche tanto de menos, puede que incluso en algún momento haya molestado, pero ahora se nota que había algo ahí antes que ya no está.

Echeveria, viste.

*

Transcripción:

“Perdí la virginidad a los diecinueve, con un chiquillo de la universidad. Antes estuve con niños en el colegio, pero eran cosas tontas, como puros besos. Venía recién saliendo del colegio y sentía que tenía que hacerlo. Yo estaba en un colegio de monjas y de puras niñas donde todo era súper reprimido. Muchas pensábamos que ninguna había estado con un weón en esa época, aunque ahora me doy cuenta que obvio que no era así. Yo era más chica, súper polla. Antes de estudiar literatura entré a estudiar Forestal. El compañero que me gustaba -y con el que lo hice-, era el weón que se agarraba a todas las minas. Me gustaba porque él era como lo más cercano que tenía al colegio. En esa carrera eran todos muy hippies, mientras que él era como más parecido a mí y a mis amigas del colegio. Era como una continuación de lo anterior. Fue fome, pero a mí me gustaba harto él, entonces me dio más en los sentimientos. Estuve pegada harto rato en él.

La última vez que estuve con un hombre tenía como veinticinco, hace diez años. Después de estar con el último weón estuve como dos años sola y después dije ‘algo no está bien, no puedo seguir así’. Hasta ese momento no había estado con ninguna mina. Las primeras minas que me gustaron eran minas que yo sabía que eran heterosexuales y que no me iban a pescar ni en bajada. Yo igual tenía susto y creo que me puse esa valla de que me gustara una mina con la que nunca iba a pasar nada. Y entonces conocí a mi ex y me costó no solo por mi estrategia imbécil de escaparme de la gente, sino porque me daba susto materializar el deseo de estar con una mina. No solo fue un juego culiado, pensaba que cuando llegara el momento de culear iba a echarme para atrás y volver a lo de los hombres, que en el fondo era seguir en punto neutro”.

 

Nota n°5:

Las suculentas son desérticas. Vamos entonces, animales del desierto, ¡rápido!: camellos, escorpiones, hienas, coyotes, conejos, zorros, lagartos, camaleones, dingos, venados de cola blanca, tortugas, armadillos.

Con vergüenza debo admitir que pensé en los tres primeros y después me distraje y tuve que recurrir a ayuda externa. Igual, veo que te vamos encontrando: escorpiones, armadillos, venados, zorros. Esos son.  Comencemos.

Según The Sexual Connection, cuando los escorpiones van a aparearse se acercan y enganchan sus pinzas, dejando atrás sus colas venenosas. Luego el macho guía a la hembra en una especie de danza hasta encontrar una roca que les sirva para la siguiente fase del proceso de apareamiento: el macho necesita alcanzar la apertura genital de la hembra para poder fertilizarla y lo que hace para lograrlo es mandarle una especie de carta de amor que es, en realidad, un paquetito de espermios que se ve como una botellita blanca. Entonces arroja al suelo el paquetito y luego camina hacia atrás, para que los labios abiertos del área genital de la hembra alcancen el paquetito por el cuello de la botella. Si la guía bien, ella recoge el paquete y se preña. Una vez que ella obtiene el paquetito, cambia enseguida al modo de ataque. En consecuencia, el macho la suelta y realiza una retirada estratégica.

Todo esto suena muy mecánico, pero quedémonos en esa primera imagen: en el macho y la hembra tomados de las pinzas, como si estuviesen bailando vals, solo que este baile es para evitar matarse cuando quieren estar lo más cerca posible del otro.

Nota al margen:

Me demoro en clasificarte, U., porque no te revelas rápido. Voy picoteando lo que se me aparece, busco claves en cualquier cosa que me redirija a ti. Una de esas, por ejemplo, son las canciones de la radio. Voy manejando y empieza a sonar una canción de los noventa de Everything But The Girl que por primera vez escucho con claridad. El coro dice: “I miss you, like the deserts miss the rain”. Tiene sentido. Los desiertos extrañan la lluvia. ¡LOS DESIERTOS EXTRAÑAN LA LLUVIA! Es bonito y poético y… poco claro, porque ¿cómo van a extrañar algo que no tienen? ¿o algo que ni siquiera conocen? ¿O algo que tienen en cada temporada, pero poco? ¿Algo cíclico? ¿Cómo se echa de menos algo cíclico y poco frecuente? ¿Así que ella lo extraña como una excepción o una fantasía?

Obviamente, no sé nada de desiertos tampoco.

En cualquier caso, tiene más sentido que la versión semincoherente que yo he tarareado durante quince años, pero que me gusta mucho más que la original:

 “I miss you, like the desert’s mystery”.

 

Nota al margen de esa otra nota al margen:

Vuelvo a casa y tomo un libro, cierro los ojos, deslizo los dedos por las hojas y me digo que lo que salga es lo que tengo que decirte, U. Porque algo tengo que decirte aparte de contarte datitos de conductas animales. Y sale esto que traduzco con poca gracia (perdón):

“Las margaritas en agua son las flores
Más duraderas que le puedes dar a alguien.
Es un hecho.
Compra margaritas.
No rosas.
Sí margaritas.
Cómpralas para todos, enfermos o sanos.
Cómpralas especialmente para los que están sanos”.

 

*

Transcripción:

“Hablo de sexo con mis amigas y con la persona que estoy. No hablo de sexo con mis viejos, esa wea es como rara. Esa wea que te imaginai a tus viejos haciendo cosas…es perturbador. Por lo mismo siento que para ellos sería perturbador saber de mí. Ellos, por ejemplo, conocían a mi ex, pero no sabían que estábamos juntas. Cuando estuve con el primer weón lo llevé a la casa, pero mis viejos son como lateros, entonces fue el primero y último que llevé, no más hombres ni mujeres. O sea, los llevé, pero nunca diciendo ‘estoy con esta persona’.

Yo creo que ellos sospechan que soy lesbiana, porque es demasiado evidente o supongo que lo es quizás porque yo me manejo en otro contexto que mis viejos no, igual no es una idea que les agrade. Siento que es algo que ellos nunca quisieron hablar porque no están de acuerdo. Tampoco me siento excluida, no es tema para mí. No es como que sienta que tengo que contarlo. A mí no me interesa. Mientras yo sepa bien quién soy, no me importa la demás gente”.

 

Nota n°6:

Además de todas las diferencias que los humanos tenemos con otros animales, no se me había ocurrido esta: que nuestros progenitores pueden opinar algo respecto de nuestra vida sexual. Veo aquí a U. con sus pómulos marcados, su camisa de cuadrillé de tonos tierra abotonada hasta el cuello, su pelo negro hasta los hombros, y no veo ni una sola señal de que le afecte esto de que sus papás tengan una opinión o no. Los cinco años de adoctrinamiento de psicología me hacen querer reparar lo que no está quebrado y puedo ver a los papás de U., que no conozco, agitando banderitas del orgullo gay y renovando las fotos familiares por unas abiertamente inclusivas del lesbianismo de U. Pero a U. eso le daría ataque, más incluso que a sus papás.

Volviendo atrás: si la mamá de un insecto ve al insecto apareándose, es como quien oye llover. Si el insecto no se aparea, también. Si el insecto hijo ve a la madre apareándose, también. Si se pudieran juntar a tomar una bebida y contarse sus vidas sexuales, madre insecto e hijo insecto, también.

[Fuegos artificiales, una mujer bailando tap sobre un escenario, un niño achuntándole a una latita de un solo piedrazo, blasshsshshshshhshshshhhhhht].