Cómo elegimos a nuestras parejas – Parte II

En la primera parte, después de mucho porcentaje y tendencia estadística que demuestra simplemente qué tipo de decisiones tomamos, los dejé con dos ideas que podrían explicar por qué las tomamos: ya sea porque el mundo es un espejo interno de nuestras aspiraciones, deseos, ganas, roles que queremos jugar, etcétera, o porque definimos nosotros mismos qué historias, amores, promesas o engaños nos merecemos. Hay, por cierto, varias alternativas más y uno no puede sino reconocer que ahora pasamos del dato/hecho a la elucubración: porque eso es lo que son estas explicaciones: maneras tentativas de entender las decisiones que tomamos. De ahí en adelante, sean o no factibles, calcen, suenen o no muy sensatas, es otro cuento.

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Hablé un poco sobre el online dating y de todo lo positivo que tiene, pero también de lo que falta para mejorar la experiencia. Quiero complementar con un poco más de información. Hay dos aspectos que hacen que el proceso sea poco auspicioso por ahora:

  • Por un lado, hay un montón de información importante que se emplea al escoger y coquetear con alguien en la vida real que queda fuera del formato digital o al menos postergada hasta un encuentro offline -desde los gestos y la expresión facial, el lenguaje corporal y la postura, la estética/sentido del sí mismo, el tono de voz, etcétera- , lo que afecta también en la calidad de la decisión que tomamos, las herramientas que tenemos para definir si vale la pena prestarle tiempo y atención a esa persona;
  • Por otro, algo intrínseco al negocio del online dating: es necesario recuperar la inversión de adquirir un nuevo cliente. Esto significa que si el cliente se demora muy poco en hacer su match, dejará de pagar la suscripción o usar el sitio, lo que no es conveniente para el negocio. Por ejemplo, si el costo promedio de generar un nuevo cliente es de $50.000 -considerando costos de publicidad, fees, recursos invertidos para obtener a ese cliente-, pero la membresía para usar el servicio es de $5.000, entonces sería necesario que para recuperar la inversión por cada nuevo cliente, estos se queden unos 10 meses suscritos, sin lograr un match. Entonces hay un incentivo a maquinar un funcionamiento un poco perverso de uso frecuente: cuando un suscriptor completa su cuestionario y perfil online, la tecnología del sitio los matchea con potenciales parejas compatibles, pero solo uno de los perfiles mostrados al cliente es un match basado en el algoritmo, los otros son perfiles al azar o perfiles falsos. Si el suscriptor no hace click en el perfil generado por el algoritmo y en cambio selecciona uno de los generados al azar, el algoritmo se “apaga” por los próximos cuatro o cinco meses para recuperar el costo de adquisición.

El matcheo algorítmico, como mencioné en el otro posteo, tiene poca evidencia de que funcione efectivamente o que sea superior a otros sistemas. Los sitios no son capaces de predecir (todavía) cómo crecerán y madurarán los integrantes de la pareja ni qué pasará en el futuro ni cómo interactuarán. El online dating sigue siendo un escenario súper novedoso en el que, con más o menos escrúpulos, se testean hipótesis. Hace unos años, por ejemplo, OkCupid que se jacta de tener un buen algoritmo de compatibilidad -con más de 500 preguntas disponibles- testeó en sus suscriptores la predicción de compatibilidad: a personas que no tenían casi nada en común les informó que tenían un porcentaje muy alto de compatibilidad -un 90% compatibles, cuando en realidad tenían un 30% de compatibilidad o menos- y lo mismo al revés. Lo que encontraron -luego de experimentar poco éticamente con sus usuarios- es que la gente solía conversar más si pensaban que tenían algo en común, y aquellos que creían que no tenían nada en común -pero en realidad eran muy buen match- no se daban apenas la oportunidad de conectar.

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Es más o menos sencillo determinar el tipo de persona que nos atraerá, aunque sea solo porque los seres humanos somos bien predecibles. Cuando se dan algunos de los siguientes factores, es posible que la sensación de atracción germine:

-Proximidad: en un estudio reciente de 100 hombres y mujeres americanos, 63 dijeron que se habían enamorado de alguien porque estaba “cerca”. La data indica que mientras más se interactúa con alguien, más atractivo, interesante, inteligente y parecido a nosotros mismos lo consideramos, y por lo tanto, más nos gustan.

– Similares a nosotros: nos gusta -al menos inicialmente, en una primera fase de interacción- la gente parecida a nosotros, que nos espejea, porque nos validan. La gente con intereses similares, orígenes, edades y situación económica parecida suele congregarse en los mismos lugares (o sea, se mueven en los mismos círculos, están cerca el uno del otro espacialmente, lo que liga la similaridad con la proximidad y la familiaridad). Pero, pero, pero: más que entender compatibilidades superficiales, el comprender cómo las personas se hacen cargo de situaciones difíciles es bastante más importante que descubrir que a los dos les gusta jugar tennis. Hay con frecuencia una confusión sobre la importancia de ciertas sincronías, como si los intereses en común fuesen la clave cuando -al menos a mi parecer- son solo un primer indicador superficial. Importa mucho más cómo nos movemos y reaccionamos al mundo. Podemos disfrutar de las mismas cosas, pero por motivos muy distintos.

– Familiaridad o exposición repetitiva: …pero no demasiada. Cuanto más frecuentemente una persona es vista por alguien, más agradable y simpática parece ser esa persona.

-Misterio: el afrodisiaco por excelencia. Alguien de quien sabemos algo, pero no mucho. Alguien que no se nos revele por completo y que el mismo proceso de irla descubriendo sea progresivo.

-Barreras: el efecto Romeo y Julieta o la atracción por frustración: hay un circuito cerebral asociado al deseo y cuando este se frustra, el sistema sigue presionando, urgiendo con foco, energía e incentivos.

Proximidad. Similaridad. Familiaridad. Un poco de misterio y unas barreras desafiantes, pero superables. ¿Cuántas de tus parejas han calzado con uno o más de estas condiciones?

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Una cosa es que alguien nos atraiga, otra cosa es que esa atracción escale a algo más. Parte importante del comienzo del amor es estar dispuestos a que suceda: estar vulnerables a ser flechado. Típicamente nos volvemos vulnerables en periodos de transición, de cambio. Si te cambiaste de ciudad, si te acabas de recuperar de una ruptura o si estás entre situaciones vitales importantes, tu disposición a enamorarte es mayor. Hay un componente químico que lo explica: los cambios producen estrés y otras emociones intensas como ansiedad, pánico, miedo, furia, celos y excitación. Todos estos son sistemas químicos que pueden escalar hacia sentimientos de pasión romántica. Según Helen Fisher hay 4 tipos de personalidad esenciales que reaccionan de manera distinta ante situaciones de estrés, en este caso:

– Los exploradores buscan el cambio, por lo que las situaciones de transición los estimulan;

– Los constructores buscan orden y estabilidad, por lo que cuando están estresados buscan una pareja en la que puedan refugiarse;

– Los directores son salvadores: quieren ser útiles y necesitados en situaciones de estrés.

– Los negociadores se vuelven más emocionales y ansiosos cuando están estresados y tienden a buscar conexiones profundas con otros que los anclen.

Pero si no andamos vulnerables, ¿habría una manera inductiva de potenciar la vulnerabilidad y, por lo tanto, la intimidad? Por supuesto que a un psicólogo se le ocurrió tratar de probarlo. Arthur Aron realizó un estudio en el que establecía una serie de preguntas personales que debían plantearse entre dos extraños. La idea a la base es que un patrón clave asociado al desarrollo de una relación íntima entre pares es una apertura personal escalada y recíproca. El estudio forzaba esa situación planteando sets de preguntas cada vez más desafiantes. El resultado fue que el plantear estas preguntas a lo largo de 45 minutos generaba una sensación de intimidad y cercanía significativa, en comparación con plantear temas livianos o irrelevantes.

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Ok, volviendo a lo que nos atrae de los otros: cuando mencioné las características que la gente desea de sus parejas dejé fuera un resquemor que me ronda cada vez que alguien me describe lo que está buscando: si es que la persona sabe realmente lo que quiere o si, como alumno más o menos flojo al que le toca disertar, está repitiendo lo que ha escuchado, sin entenderlo. No es que no sepa del todo -probablemente algo intuye-, pero lo que repite es una fórmula que no ha interiorizado, que carece de identidad. Las adjetivaciones que solemos darle al tipo de pareja que nos imaginamos en el futuro son tan vagas que prácticamente cualquiera podría calzar. Además, si no somos conscientes de los patrones de elección -en qué nos fijamos y en qué no- puede que acabemos eligiendo una y otra vez el mismo molde. Los elementos que nos hacen acercarnos a alguien con frecuencia no se relacionan con el éxito a largo plazo de una relación: entonces, es importante tener claro en qué nos fijamos y para qué.

Un ejemplo tonto: una cosa es decir que te gusta la gente guapa y otra cosa es decir que lo que estás buscando es alguien que te haga sentir como que estás con la persona más atractiva en cualquier parte, o que disfrutas tal vez que otros admiren su belleza o que lo que te parece más seductor es su presencia -el dominio que tiene sobre su cuerpo y el espacio, que resulte imponente-. Estas derivadas son mucho más reveladoras de qué tipo de “atractivo” estás buscando.

Resumiendo: por un lado, no conformarse con el lugar común, con la definición fácil. Y por el otro creo que la clave es conocernos a nosotros mismos. Mi sensación es que hay harta gente que no ha hecho el proceso introspectivo de 1) definir qué es lo que está trayendo a la mesa y, por lo tanto, entender que hay una reciprocidad de expectativas y 2) sabiendo cómo son, definir el tipo de vida posible que se imaginan para ellos mismos y con quién les gustaría compartirla. (Me parece a veces de una patudez enorme esperar a otro que venga como caído del cielo a resolver cosas que la misma persona no se ha preocupado de hacerse cargo). Poder escoger a la persona con la que queremos estar involucra saber o al menos intuir cómo queremos estar: cómo queremos que nos quieran, qué tipo de atención y afecto estamos abiertos a entregar y recibir, y parte del proceso de conocer a alguien es también enseñarle a querernos.

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La cosa con el dating que es peluda es que hay gente con la que salir puede ser un sueño y todo el periodo del pololeo se vuelve surrealmente bueno, pero que la vida en común, con todas sus bajezas y rutinas, se vuelve un horror. Tal vez el problema está en l }a linealidad que le exigimos también a nuestras parejas. ¿Por qué un buen pololo tiene que ser posteriormente un buen marido?

Vendemos el matrimonio como una continuación del amor verdadero. No lo digo yo, lo dice Joel Achenbach en su ensayo Homeward Bound: “Las personas se envuelven en el amor verdadero como si fuese a excusarlos de hacer un análisis racional de la situación. El amor verdadero significaría que no solo amas a alguien, sino que estás enamorado de la persona, un estado que trasciende la voluntad, que no es intencional ni útil, sino un hecho inmutable de la vida, una condición. La diferencia entre amar a alguien y estar enamorado es la misma que estar arrodillado y ser un enano (…) El amor comienza como un soneto, pero eventualmente se vuelve una lista de supermercado. Por lo tanto, necesitas a alguien con quien puedas ir al supermercado”. Y sigue recomendando que la gente no se case estando enamorada, porque es un estado emocionalmente exacerbado. Sensato. Poco romántico. Pero sensato.

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Todos pasamos por este ciclo cuando el amor se termina: cuestionar qué fue lo que le vimos a ese otro al principio. ¿Por qué lo elegimos? ¿Qué cosas vimos que nos enrollaron en esa historia? La cosa es que hacer la disección siempre es más o menos sencillo, un ejercicio engañoso que nos hace sentir o increíblemente brillantes o irremediablemente estúpidos. Las explicaciones que nos damos después del amor no pueden sino ser lineales: como el historiador abanderado por una parte de los hechos, la historia puede contarse siempre con desprecio, ensalzando ciertos pasajes, omitiendo otros. Todo extremo, todo clarito: buenos y malos asignados como opuestos, sin matices.

Las cosas son más complicadas en realidad y siempre que haya una versión muy lineal recomiendo sospechar. Por lo mismo -por lo difícil que es la tarea del autoanálisis, de no tomar bandos, de ser comprensivo con uno mismo y con el otro- creo que la explicación más sensata es que estamos con las personas que tenemos que estar en ese momento preciso. Basta. Eso es todo. La persona con la que eliges estar*, aunque parezca que te metiste en una película de terror o te desquicie o incluso que te decepcione por mediocre, te está mostrando algo de tu mundo interior que tienes que resolver. (*Excluyendo, obviamente, situaciones de coerción económica o vital).

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Hace muchos años tuve una conversación con un amigo sobre un pololo que yo tenía en esa época. La palabra “irresistible” puede o no haber sido pronunciada con más o menos devoción, lo que generó anticuerpos en mi amigo que me preguntó si me daba cuenta de que esa sensación que yo sentía -amor, admiración, el cosquilleo y la apretada de guata- tenían más que ver conmigo que con él. Es una idea simple, pero acá va, dicha de otra manera: el objeto de nuestro amor y deseo no emana amor y deseo por sí solo, nosotros lo depositamos en él. Otra vuelta más: en sí mismo, ese pololo era un simple tipo con más o menos encanto, con más o menos inteligencia. El que a mí me pasara todo con él no tenía que ver con él necesariamente, sino conmigo: con una disposición a depositar mi amor, mi atención, mis afectos en él; con un buen timing -¿podría haber sido otro sujeto similar a él el que se me cruzara y me habría gustado el otro?- y con una combinación de factores que a mí me parecían atractivos (si él hubiese sido intrínsecamente irresistible, ni una mina le quitaría el ojo. Yo había visto algo en él, y no fulanita. El efecto que él tenía lo tenía en mí, no en todas las demás).

Con lo anterior quiero decir lo siguiente: que hay que hacerse cargo. Hay que hacerse cargo de en quiénes depositamos nuestro amor y deseo, tratar de entender -si nos da la cabeza y somos lo suficientemente honestos- qué vemos en el otro y por qué nos parece atractivo, y comprender que el otro no tiene por qué responder a todas las exigencias que se nos ocurren. La fantasía, el deseo, las ganas, el afecto, son tuyos. Si tú eliges entregarlo a alguien que va a armar una bolita con todo eso y tirarla por el wáter, allá tú con lo que estás dispuesto que le hagan a tus ofrendas. Y lo mismo al revés: si encontraste a alguien que valora tus gestos, honra tu amor, te desea de la manera en que te gusta ser deseado, entonces felicítate por escoger bien, por valorar lo que estás entregando.

Cómo elegimos pareja – Parte I

He estado leyendo un montón sobre qué nos hace conectar con los otros emocionalmente y, en especial, al momento de buscar pareja. Lo que sigue es un resumen de las cosas que he ido descubriendo, un par de ideas y la invitación a pensar y a discutir. Va en dos partes porque da para largo.

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Pretender hablar de atracción, amor y sexo sin caer en la cursilería ni en la cosificación es como tratar de nadar en la arena. ¿Por qué cuesta tanto describir una experiencia compartida por casi todos los seres humanos? Las experiencias con tintes más emocionales, se nos escapan un poco de las manos: ¿en qué momento nos gusta alguien y por qué? ¿en qué momento ese alguien que nos gusta se convierte en alguien que nos encanta y luego en alguien que queremos?  ¿En qué momento el amor se diluye o se transforma en un animal completamente distinto, como el odio o el rechazo?

Me pregunto todos los días el tipo de elecciones que hacemos y las cosas que influencian esas elecciones: ¿por qué te cae bien X, te atrae Z y te aburre Y? ¿En qué nos fijamos?

Nadar en la arena, pero tratar de hacerlo con gracia. ¿Vamos?

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Históricamente conocemos a nuestras parejas a través de nuestros círculos sociales: amigos, trabajo, bares, practicando un deporte o hobby, etc. Sin embargo, desde fines de la década del dos mil el online dating ha venido creciendo de manera exponencial, al tiempo en que el canal “amigos” declina dramáticamente. Hoy tenemos a nuestra disposición apps de dating, sitios de dating y redes sociales para conectar con desconocidos (y no tanto). Es tan así que en un estudio realizado el 2017 se encontró que 20% de las relaciones comprometidas vigentes comenzaron online, mientras que 17% de matrimonios en el último año se conocieron en un sitio de citas. Otro dato que me llama la atención, ya que estamos en estas: las relaciones que comienzan online se demoran menos en llegar al matrimonio, en comparación a las relaciones que comienzan offline: 18,5 meses versus 42 meses.

Independiente de cómo conocemos a nuestras parejas -online u offline-, hay una selección sobre cosas que nos gustan y atraen. Aproximadamente el 60% de las personas señala que los intereses en común son el factor más importante, mientras que el 40% señala que las características físicas son lo más importante. Además, en una primera cita, las personas señalan que se fijan en la personalidad (39%), en la sonrisa y el look (30%), en el sentido del humor (18%) y en la carrera y educación (13%). En 1966 se hizo un estudio que respalda estas cifras y conductas: independiente del nivel de atractivo del propio sujeto, el factor determinante para que un sujeto señale que le gusta la persona con la que salió y si quiere verla de nuevo, es su atractivo físico. La personalidad y la autoestima, medidas con con el MMPI y la escala de autoaceptación de Bergen, y tests intelectuales, no predecían compatibilidad.  (Aronson y Abrahams, 1966).

 Pero, si lo pensamos, “personalidad” o “atractivo físico” es muy amplio. Hay que ahondar: ¿cuáles atributos de la personalidad? ¿Cuáles características físicas?

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Hay dos factores de personalidad que se consideran deseables de manera general, en todo ámbito: competencia y calidez. Las personas competentes -inteligentes y socialmente hábiles- nos parecen más atractivas. Las personas amables y cálidas también. Pero esto no necesariamente se traslada al romance: hombres y mujeres suelen mencionar adjetivos como “amable”, “amistoso” y “con sentido del humor”. Las características que suelen mencionar más los hombres son “comprensiva”, “cálida”, “dulce”, “lista”, “divertida”, “segura” y “tranquila”. Las características mencionadas por las mujeres suelen ser “fácil de tratar”, “sensible” e “inteligente”. Es decir, en ambos casos, parece que nos atrae gente que nos hace sentir bien, cómodos, alegres, que son cálidos, sensibles y divertidos, considerados y comprensivos (y no necesriamente una persona con una habilidad específica o destreza).

En un estudio de 1997 (Mehrabian y Blum) se investigaron las características físicas que hacían que alguien pareciera atractivo, encuestando a alumnos de universidad en EEUU.
Se derivaron 5 factores -de un total de 37 atributos físicos estables y cambiables-

  1. Masculinidad (fuerza, parte superior del cuerpo grande, amplitud de pecho, mandíbula ancha)
  2. Feminidad (cabello largo, maquillaje, ojos grandes y redondeados)
  3. Autocuidado (cuidado general de la apariencia, buena figura, vientre plano, postura erecta, ropas al talle)
  4. Agradabilidad (amistoso, alegre, cara aniñada)
  5. Etnicidad.

Autocuidado, masculinidad (o feminidad) y agradabilidad se correlacionaban positivamente con atractivo masculino (o femenino). En este estudio el atractivo se describió en términos emocionales: los sujetos más atractivos elicitaban una respuesta de placer, más excitación y menos dominancia (o más sumisión).de parte de los otros (algo a tener en cuenta y para reflexionar: una persona atractiva nos atrae, nos hace sentir cosas, no es inherentemente atractiva, es la combinación de ciertos factores lo que nos hace ponernos nerviositos). Las reacciones emocionales, a su vez, mediaban relaciones entre variables independientes (atributos físicos) y variables dependientes (juicio de atractivo).

Lo que me parece más interesante es que hay que poner en cuestión el verdadero nivel de exigencia respecto de estos “requerimientos”. Por ejemplo, cabe preguntarse si la gente que nos cae bien o atrae tiene estas características o si nosotros nos convencemos de que las tienen porque nos gustan. Tal vez las dos cosas pasan.

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Son bien conocidos dos dichos sobre el cómo se forman las parejas: “cada oveja con su pareja” y “los opuestos se atraen”. Está más o menos comprobado que nos atraen personas parecidas a nosotros, con gustos, características de personalidad, clase social, background familiar y educativo, actitudes, metas, hobbies e incluso atractivo físico similar.

Sin embargo, un estudio de 1999 (Mehrabian) que evaluó la satisfacción marital de 166 parejas de entre 20 y 85 años, determinó que los individuos con temperamentos más agradables y dominantes tendían a ser más felices. Adicionalmente, los que tenían parejas más agradables/ amables, eran aún más felices en sus matrimonios. Es decir, el ser agradable (que es una medida general de adaptabilidad) tiende a ser un predictor clave de satisfacción matrimonial. Si bien similaridad de temperamento entre los miembros de la pareja, en términos de temperamento y agradabilidad, se correlaciona positivamente con satisfacción marital, la similaridad resultó ser un predictor débil y engañoso (por ejemplo, dos personas desadaptadas no tienen más posibilidades que una pareja con uno desadaptado y otro adaptado). Los resultados basados en puntajes individuales de temperamento, tratados como variables separadas, proveen de mejores predicciones. Resultados débiles mostraron que los sujetos escogen parejas con temperamentos similares a los de ellos.

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Ahora bien, la pregunta casi emerge por sí sola: ¿hay atributos universales que determinen la elección de pareja? En un estudio de 2005 de análisis transcultural, Shackelford, Schmitt y Buss se abocaron a determinar las dimensiones universales en las preferencias de pareja de largo plazo. Hicieron esto usando una base de datos con preferencias de más de 9000 participantes:  4499 hombres y 5310 mujeres de 37 culturas, a lo largo de seis continentes y cinco islas, reuniendo data desde 1945 a 1989.  El rango de edad fue de 17 a 30 años, tanto en hombres como en mujeres, y 86% de ellos no estaban casados. Se identificaron 4 dimensiones universales, comunes tanto para hombres como mujeres:

  • Amor vs Estatus/ Recursos
  • Confiable/ Estable emocionalmente vs Buena apariencia/ Salud
  • Educación/ Inteligencia vs Deseo de tener un hogar/ hijos
  • Sociabilidad vs Religión similar.

Se encontraron, además, diferencias significativas que se replicaban a lo largo de las culturas:

  • las mujeres valoran más el aspecto socio-económico que el amor romántico, prefieren estabilidad emocional a atractivo físico y prefieren inteligencia al deseo de tener hijos.
  • los hombres, por su parte, no priorizan tanto estatus, estabilidad emocional e inteligencia , valorando más la belleza externa, la juventud y la salud física, y el deseo de tener hijos.

En el 2016 se hizo un estudio que intentó replicar los resultados de las preferencias a largo plazo en la elección de pareja, con el supuesto de que el contexto actual de igualdad de género podría estar generando menores diferencias entre los sexos. Los resultados coincidieron en su mayoría con los del estudio original:

  • Las mujeres tienden a preferir casarse con un hombre mayor, le dan menos importancia al atractivo físico, pero valoran la estabilidad económica más que los hombres.
  • Los hombres prefieren casarse con alguien más joven, sin darle demasiada importancia a su potencial económico.

Sin embargo, las diferencias entre los sexos fueron significativamente menores, así también como la disposición a casarse con alguien de una raza distinta o con menos educación. Además, se observó una disposición notoria de parte de las mujeres a casarse con alguien que había tenido un matrimonio previo -interesante tal vez por el wedding ring effect (Waynforth 2007, que podría señalar que si alguien se ha casado antes, puede ser un indicador de que es una pareja lo suficientemente buena). Es decir, que el estigma asociado al divorcio parece haber disminuido.

Para reflexionar: como nota aparte, me parece alarmante que en general no aparezca compatibilidad sexual como factor. Creo que una persona que cumple con todos los atributos deseables, pero que no tiene el mismo interés sexual es un amigo, no una pareja. Las personas variamos respecto de nuestro interés por el sexo y también de qué preferimos hacer en la cama.

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Bueno, siguiendo con lo anterior: pareciera ser que los cambios culturales afectan también la manera en que elegimos nuestras parejas -flexibilizando o modelando simplemente los atributos que nos importan-. Teniendo esto en consideración, el nuevo escenario que propone el online dating también puede tener efectos a largo plazo sobre nuestras elecciones de pareja.

El online dating es un fenómeno relativamente nuevo, popularizado en 1995 con la fundación de Match.com, pero con intentos previos desde los setenta.

Un estudio llevado a cabo por Dan Ariely concluyó que, en promedio, el usuario de las apps de dating empleaba semanalmente:

  • 5,2 horas buscando perfiles
  • 6,7 horas escribiendo a posibles parejas
  • Y tan solo 1,8 horas encontrándose con sus match en el mundo real

Es decir: 12 HORAS invertidas en rastrear a un posible match y, en comparación, 1,8 HORAS en interactuar en el mundo real.

Bueno, volvamos a las apps de dating. Es interesante observar que las apps funcionan un poco como mercados de solteros, donde la app tiene el rol de coordinar a personas que buscan más o menos lo mismo. Esto tiene éxito a veces, otras no tanto. Dentro de las cosas novedosas que propone este nuevo escenario se encuentra el hecho de que la primera experiencia que tenemos de la persona -y la segunda y la tercera y hasta la duodécima- no es la persona misma, sino lo que esa persona quiere mostrarnos de ella, o sea, en general, una versión idealizada y, en el peor de los casos, una mentira. Todos somos más altos, guapos jóvenes y delgados en nuestras versiones online. Nadie tiene espinillas ni frizz. Ah, y todos somos más o menos millonarios.

Según Ariely, el problema fundamental de las apps de dating es el criterio de búsqueda y matcheo: al final, son como catálogos de personas, porque tratan a sus usuarios como bienes de consumo, como si las personas pudiesen describirse perfectamente indicando algunas de sus características. Como la información disponible es sobre atributos superficiales, los sitios y apps de dating nos empujan a ser más superficiales a nosotros mismos.

Siguiendo un ejemplo del mismo Ariely, si queremos comprar una cámara, nos fijamos en ciertos atributos, como los megapíxeles, la apertura del diafragma y la cantidad de memoria. En las apps de dating las personas se describen con cifras también: edad, altura, peso. Podemos ver atributos físicos como color de pelo o de ojos, su sonrisa, etc, y también lo que esa persona quiere decir de sí misma, en general, con descriptores concisos, como “de izquierda” o “católico”, “liberal”, “profesional”. Pero si quisiéramos considerar a las potenciales parejas como productos, en realidad serían más bien un bien de experiencia: así como salir a comer o disfrutar de una obra de arte, podría “diseccionarse” a la persona de manera exhaustiva para manejar esa información, pero es muy distinto leer un guión de una película o los ingredientes de un perfume que ver la película u oler el perfume y probarlo en tu piel. Esto es algo que la experiencia digitalizada no ha logrado solucionar del todo todavía.

Urge reflexionar, entonces,  si existen diferencias reales entre el online dating y el offline dating. De hecho, un grupo de estudiantes llevó a cabo un análisis sobre esto mismo en el 2012 para determinar si:

  • El online dating es efectivamente distinto del offline dating
  • Si promueve resultados más positivos que el dating convencional.

 Primero, partieron por definir los atributos característicos del online dating:

  • Acceso, exposición y oportunidad de evaluar potenciales parejas que no se hubiesen podido encontrar de otra forma.
  • Comunicación: oportunidad de usar varias formas de comunicación mediada por computación antes de conocerse cara a cara
  • Matcheo: uso de algoritmo matemático para seleccionar potenciales parejas para los usuarios.

Se concluyó lo siguiente:

  • Sí, es distinto.
  • Y sí y no, es superior en ciertos sentidos y no en otros.

Entre las cosas que pudieron diferenciar es que con el online dating tenemos una experiencia digital y mucha información disponible antes de decidir si queremos interactuar cara a cara con alguien. Ya no conocemos a alguien a poco. El hecho de que simplemente por proceso se alargue la fase de comunicación online en vez de offline puede generar expectativas muy altas. Tampoco nos apoyamos en la intuición o en la insistencia de nuestros familiares o amigos para elegir nuestra pareja: es una decisión más individual.

Asímismo, el amplio pool de gente, si bien en principio puede ser muy positivo porque aumenta las posibilidades, tiene un efecto negativo: transforma a los otros en una especie de producto de catálogo: de ser sujetos en tres dimensiones, se convierten en seres bidimensionales, fallando en captar los aspectos experienciales que son esenciales para evaluar la compatibilidad. Al mismo tiempo, la amplitud de oferta puede generar una mentalidad que evalúa y cosifica a las potenciales parejas, disminuyendo la disposición a comprometerse con uno solo de ellos.

El matcheo, por su parte, tiene poca evidencia de que funcione efectivamente o que sea superior a otros sistemas. Parte del problema es que los sitios construyen los algoritmos en algunos principios -similaridad y complementariedad- que muchas veces son menos relevantes de lo que pensamos cuando se trata de relaciones a largo plazo. Los sitios no pueden predecir (todavía) cómo crecerán y madurarán los integrantes de la pareja ni qué pasará en el futuro ni cómo interactuarán. Es decir, es difícil que un algoritmo que busque matchear a dos personas que no se conocen con información disponible antes de que lo hagan -de que sepan que existen mutuamente-  pueda llevarse el crédito por el resultado de una relación a largo plazo, considerando, por ejemplo, satisfacción y estabilidad.

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La aparición del online dating en nuestras vidas ha comenzado a cambiar ya el escenario en el que nos vinculamos y enamoramos de otras personas, pero falta ver cómo afecta en las relaciones a largo plazo. Por ejemplo, la eficiencia ganada, ¿tiene costos sociales asociados? Como en todo escenario cambiante, hay cosas que pueden asustar, pero también hay beneficios evidentes, como por ejemplo, en la posibilidad de generar mayor iclusión social, de juntar perfect strangers -personas que bajo ninguna otra circunstancia hubiesen podido cruzar su camino- y aumentar los “mercados pequeños” de dating para gente de entre 30 y 40.

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Creo que la parte más linda del proceso de estar saliendo con gente y luego elegir a alguien y gustarse es la promesa de lo que puede ser. Pero. Pero. Pero: qué peligroso salir con el potencial: tantas veces he escuchado historias de personas que se han dado cuenta meses o años después que las banderitas rojas estaban ahí desde un principio o que siempre esperaron que la persona cambiara. Y, personalmente, no creo que la gente cambie radicalmente. Creo que la gente mejora: como un proceso de pulido, de perfeccionamiento. Pero si la persona con la que estás saliendo no te llena ahora, ¿qué te hace pensar que te llenará después? O por el contrario: alguien que calza con todos los checks, y claro, resulta tan fácil aceptar los checks, como si las relaciones se trataran de una postulación a una pega, cuando lo único que tiene que pasar -sin checks, sin exigencias de curriculum- es que dos personas decidan tratarse mutuamente bien, que se entreguen afecto, que se deseen.

Foco.

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Louise Desalvo escribe en  su ensayo “Adultery” -en Essays on Why We Marry, Why We Don’t, and What We Find There- que se interesó en el adulterio en 1967, cuando descubrió que su marido la estaba engañando. Dice: “Yo había sido una rebelde sexual autónoma e independiente cuando nos conocimos, pero sepulté mi espíritu y me volví seria y estable luego de que nos casamos. Más interesada en saber hacer carne asada que en la pasión. Alguien diferente al volcán que lo había atraído. La mujer que perdí era la mujer que él quería. Aunque pareciera que él me estaba engañando, paradójicamente, me estaba siendo fiel…al espíritu de la mujer con la que él se había casado, al tipo de unión que él había imaginado”. Creo que lo que dice Desalvo aplica no solo para el adulterio, sino también para la vida en general: escogemos parejas que reflejan lo que aspiramos a ser, que nos hacen jugar un rol que nos acomoda, que nos empujan o retienen hacia territorios que necesitamos. Siempre pienso que las personas con las que estamos no pueden sino reflejar nuestro mundo interno, nuestras ganas y confusiones, nuestro amor propio.

Y para cerrar, que ya me alargué demasiado, me acuerdo de la película The Perks of Being a Wallflower, cuando el protagonista le pregunta a su profesor de inglés “’¿Por qué las personas buenas eligen a las personas incorrectas?” y él responde: “Aceptamos el amor que creemos que nos merecemos”.

(Sigue en la segunda parte).

Bibliografía:

Parte de la información contenida en este artículo fue presentada en el Shot de ciencia ¡Match! De la atracción al sexo organizada por Chile Hace Ciencia.

PEOPLE ARE EXPERIENCE GOODS – Dan Ariely.
http://www.people.hbs.edu/mnorton/frost%20chance%20norton%20ariely.pdf

ONLINE DATING. A CRITICAL ANALYSIS FROM THE PERSPECTIVE OF PSYCHOLOGICAL SCIENCE – Eli J. Finkel, Paul W. Eastwick, Benjamin R. Karney, Harry T. Reis, Susan Sprecher.
First Published March 7, 2012
http://journals.sagepub.com/stoken/rbtfl/cK9EB6/4zQ0AM/full

UNIVERSAL DIMENSIONS OF HUMAN MATE PREFERENCES – Todd K. Shackelford, David P. Schmitt, David M. Buss.
https://www.bradley.edu/dotAsset/165877.pdf
** Estudio transcultural de 37 culturas basado en un estudio original de Buss (1989). Se usó una base de datos archivada de las preferencias de atributos a la hora de escoger pareja. Los participantes respondieron un cuestionario con 18 ítems donde debían calificar la importancia de esos atributos. Identificaron así las 4 dimensiones universales.

Walster, E., Aronson, V., Abrahams, D., & Rottman, L. (1966). IMPORTANCE OF PHYSICAL ATTRACTIVENESS IN DATING BEHAVIOR. JOURNAL OF PERSONALITY AND SOCIAL PSYCHOLOGY, 4(5), 508-516.
https://pdfs.semanticscholar.org/24cd/a8a1d4da014e9ab91a4e73f2f988209c1bd4.pdf

SEX DIFFERENCES IN MATE PREFERENCES: A REPLICATION STUDY, 20 YEARS LATER- Jens Bech-SørensenThomas V. Pollet
First Online: 18 March 2016
https://link.springer.com/article/10.1007/s40806-016-0048-6
** La muestra fue de 552 participantes heterosexuales, solteros o en una relación (no casados) donde casi la mitad de ellos habían proseguido estudios universitarios, la mayoría de ellos caucásicos (71%),

FALLING IN LOVE: WHY WE CHOOSE THE LOVERS WE CHOOSE – Ayala Pines.

Blum, J.S., & Mehrabian, A. (1999). PERSONALITY AND TEMPERAMENT CORRELATES OF MARITAL SATISFACTION. JOURNAL OF PERSONALITY, 67, 93-125.
http://www.kaaj.com/psych/abstract/mssabstract.html

Mehrabian, A., & Blum, J.S. (1997). PHYSICAL APPEARANCE, ATTRACTIVENESS, AND THE MEDIATING ROLE OF EMOTIONS. Current Psychology: Developmental, Learning, Personality, Social, 16, 20-42.

“WHAT WE TALK ABOUT WHEN WE TALK ABOUT FINDING LOVE ONLINE – ReportLinker”,
Muestra representativa de la población estadounidense de 501 encuestados online que se identificaron como solteros, viudos o divorciados.
Entrevistas realizadas entre el 26 y el 31 de enero de 2017.
https://www.reportlinker.com/insight/finding-love-online.html
**Compañía tecnológica que se especializa en data.

Rosenfeld, Michael J., Reuben J. Thomas, and Maja Falcon. 2015. How Couples Meet and Stay Together, Waves 1, 2, and 3: Public version 3.04, plus wave 4 supplement version 1.02 and wave 5 supplement version 1.0 [Computer files]. Stanford, CA: Stanford University Libraries.
https://data.stanford.edu/hcmst
**Estudio representative de estadounidenses adultos. 4002 adultos respondieron, de los cuales 3009 tienen pareja o están casados.

“ONLINE DATING STATISTICS – Statistic Brain”.
2017 Statistic Brain Research Institute, publishing as Statistic Brain.
Date research was conducted: May 12, 2017.

Formas de afecto

Cuando yo tenía tres años mis papás se separaron. Cuando pude empezar a hacer preguntas quise saber por qué. Mi mamá me dijo -con todo el amor del mundo y tratando de ser lo más honesta posible- que se les había acabado el amor.

Crecí pensando en esta frase, tratando de digerirla, de entenderla: que el amor se acabe de la misma manera en que se acaba el líquido que contiene un vaso, o los cuadraditos de un chocolate. Que el amor se acabe: que ahí donde antes habitaba, desaparezca. Que se consuma como un fosforito.

Y hasta hace unos años atrás, distribuir los afectos, dosificarlos para que alcancen, sentir la angustia del amor -un exceso incontrolable, una llave de agua que no cierra, una amenaza de rebalse que luego solo puede generar escasez-.

Qué equivocación haberlo vivido así.

*

Es fácil olvidarse de que los afectos no son un recurso finito (o dicho de otra forma: que no son cosas). Tampoco son un medio ni una herramienta. Por algún motivo los tratamos más como un elemento transaccional que como un goce. Como si se nos pudieran acabar, como si hubiese que protegerlos de que nos los roben.

*

Hace unas semanas se nos fue P. No era previsible: no tenía una enfermedad, el día anterior nos había escrito a un chat grupal. La vida debería haber seguido para todos por mucho tiempo más. Lo último que mandó fue una recomendación de una película, antes de eso mandó los resultados de un test psicológico que había tomado y antes de eso mandó un video chistoso de cómo hacer una flauta con una zanahoria que acababa (SPOILER ALERT) con los gemidos de una mujer en vez de la música de la zanahoria tallada. Entre medio me mandó sugerencias sobre cómo mejorar mi sitio web, me ofreció ayuda (una diferencia entre los dos que ahora me resulta evidente: ayudarlo cuándo él me lo pedía, mientras que él me ayudaba sin que yo se lo pidiera). Le di las gracias. Me quejé un poco incluso de su insistencia. Tonta.

Él era generoso conmigo. Yo, no tanto. Le tenía cariño y pensaba en él de vez en cuando, preocupada de hacia dónde iría. (Tal vez esa es una de las formas del afecto: querer ser testigo del camino que tomará esa persona que te importa). Él me quería también, sin duda. A veces yo le contestaba con franco descuido, distraída, postergándolo. A veces era cortés y algo se enfriaba. No sabría explicar bien por qué. Tal vez era el tira y afloja al que uno se acostumbra por malcriada: alguien te da mucho, se te vuelve normal recibir y empiezas, de a poco, a dar menos. A medirte. A dosificar. En ese derroche del otro, la contraparte se vuelve mezquina.

*

George Saunders -alguien podrá decir “mecanismo de intelectualización”, y estaría en lo correcto- dio un discurso a unos graduados hace años en donde planteaba que de lo que más se arrepentía en su vida era de los fracasos de bondad.

Dice: “Esos momentos cuando otro ser humano estaba ahí, frente a mí, sufriendo, y yo respondí de manera sensible. Reservada. Tibia. O mirémoslo desde el lado opuesto del telescopio: ¿a quiénes recuerdas con más afecto, con los sentimientos más innegables de calidez? A los que fueron más generosos contigo, apuesto. Es un poco facilista, quizás, y ciertamente difícil de implementar, pero yo diría que como meta en la vida uno podría internar ser más bondadoso”. (Por favor, lean el discurso, es precioso).

Lo que dice Saunders es que no somos más bondadosos porque nacemos con algunas preconcepciones confusas: “1) que somos parte central del universo (que nuestra historia personal es la principal y la más importante, la única historia), 2) que estamos separados del universo (estamos nosotros y el resto de las cosas -los perros,  los columpios, el estado de Nebraska, las nubes bajas y otras personas-, y 3) que somos permanentes (la muerte es real, sí, pero no para mí)”. Dice que no creemos realmente estas cosas intelectualmente, pero sí visceralmente y que vivimos de acorde a ellas: priorizamos nuestras necesidades sobre las de los demás aunque queremos ser menos egoístas, más abiertos y más amables.

Entonces, sigue Saunders, ¿cómo se puede ser más bondadoso? Hay formas y todos las conocemos porque hemos vivido momentos de alta bondad y momentos de poca bondad. La educación, el arte, orar, meditar, tener conversaciones honestas con nuestros amigos, seguir alguna tradición espiritual -reconociendo que ha habido gente muy inteligente antes que nosotros que se ha preguntado las mismas cosas y que nos ha dejado respuestas-. Porque la bondad es difícil. Y aunque dice que él cree que la edad nos vuelve más bondadosos – tal vez porque nos damos cuenta de lo estúpido y sin sentido que es ser egoístas, tal vez porque empezamos a perder cosas y la vida nos golpea-, Saunders sugiere que nos apuremos, que partamos ahora. Dice “haz todas las cosas, las cosas ambiciosas -viajar, volverte rico, volverte famosos, innovar, liderar, enamorarte, crear y perder fortunas, nadar desnudo en ríos salvajes-, pero mientras lo haces, yerra en la dirección de la bondad- Haz las cosas que te inclinan hacia las grandes preguntas y evita las cosas que te reducen y te vuelven trivial. Esa parte luminosa de ti que existe más allá de tu personalidad -tu alma, si quieres- brilla tanto como cualquier otra que haya existido. (…) Despéjate de todo lo que te mantiene separado de ese espacio luminoso. Cree que existe, conócelo, nútrelo, comparte sus frutos incansablemente”.

Es un buen consejo, ese, el de Saunders.

*

“No hay muerto malo”. Ese tipo de verdades deriva de una realidad muy sensata: porque se fue nos sentimos libres de adularlo, incluso obligados a hacerlo. Pero partiré al revés.

P. no era cool. Para ser cool se necesita una dosis de frialdad y distancia, y él no la tenía. Nosotros, en cambio, sí. Para ser cool es preciso ser capaz de fingir desinterés. P., en cambio, era tan evidente en su entusiasmo que a veces te avergonzaba. Era tan cálido que te daban ganas de cachetearlo. Tal vez porque no estábamos acostumbrados: es poco frecuente encontrarse esa combinación de ingenuidad y transparencia, más todavía si tienes cuarenta años. Hacía chistes malos. Dad jokes que lanzaba a diestra y siniestra y que tenían el potencial de ser chistosos únicamente por lo poco chistosos que eran. Cada cierto tiempo nos mandaba fotos de otra época que no tengo idea de dónde sacaba: todos estábamos más jóvenes, tal vez más flacos y definitivamente teníamos peor gusto para vestirnos. Eran buenos tiempos y él se encargaba cada tanto de recordárnoslos.

Nos quería ver. Siempre nos quería ver. “¿Un asado? ¿Y la piscina? ¿Quién se raja?”. Y nosotros a veces sí, a veces no. Y como es de esperar: ojalá siempre hubiésemos dicho “sí”.

Se siente culpa, claro. ¿Cómo se repara? ¿Cómo recuperar el tiempo? ¿Cómo explicarle que no fue intencional? Estuve hundida hartos días pensando en esto. Traté de hacer el cambio con la gente que quiero, de estar más presente. Requiere esfuerzo, constancia. Nunca he sido buena para la constancia.

Le comento lo de la culpa a una amiga y me dice que esa es una trampa mental. Una distracción para no sentir pena. Y sí. Sentir culpa es como un flotador al que uno puede aferrarse cuando no hay nada más: queda la sensación de que uno podría haber hecho algo para salvarlo. Para evitar todo lo que pasó. Que uno podría, no sé, haber desviado el curso de su historia.

Sentir pena es soltar el flotador y quedarse ahí, flotando, esperando que cambie tu suerte, tragando agua.

*

Me acuerdo de la primera vez que lo vi. Tenía una camisa a cuadrillé con dos botones desabrochados y en el cuello uno de esos collares con cueritos tipo surfista (años después se lo dije: que tenía ese aire de perrito-zorrón-surfista. Se rió, le encantó y hasta se puso coqueto). Estaba nervioso porque estaba postulando a una pega y yo era la reclutadora. Era fácil hablar con él. Yo cortaba con el test de creatividad en esa época: un circulito al lado de otro circulito y así al infinito, y él tenía que ser capaz de crear algo con esos circulitos. No le fue bien. Lo iba a descartar hasta que me llegó un email tres horas después pidiendo disculpas y diciendo que ahora sí se le ocurrían soluciones. Era un correo chistoso. Esa sería una de sus marcas de personalidad, si se quiere: estar genialmente a destiempo.

Lo contraté. No porque fuese el más creativo o el mejor escritor, pero había algo en él -¿un empuje inocente? ¿unas ganas desesperadas de agradar? ¿una puerilidad que ya se la querría mi sobrino? – que no había visto antes. Lo adoptamos de la misma manera en que uno aguacha un perrito.

*

Alan Watts -y perdonen que lo nombre tanto, pero vale la pena- tiene un texto llamado “Sobre el Tantra” donde dice que hay dos maneras de recordar nuestra identidad original como fuente y fondo del universo -voy a resumir, pero así lo plantea-: “1) renunciar al placer, el ascetismo, el desapego: sondear la sensación del dolor hasta sus profundidades para alcanzar la libertad final cuando ya no hay miedo al sufrimiento o a la muerte; o 2) vivir en la aceptación más plena de los propios deseos, sentimientos y sensaciones. Porque si tú eres la divinidad, el yo universal, fascinado en la existencia privada de Juan Pérez, entonces hazlo, sé Juan Pérez hasta el final. Explora la fascinación del deseo, el amor, la pasión hasta sus últimos límites. Acepta y goza sin reservas del ego que pareces ser”.

Entonces el practicante de los Tantra se sumerge en las cosas que el asceta renuncia -la comida, la sexualidad, la bebida-, pero lo hace abandonándose a esa experiencia de dolor-placer. Así descubre que la existencia es una alternancia de valores: que el elemento “sí” de la energía no puede ser experimentado sin el “no”. En segundo lugar descubre que la existencia es básicamente una forma de danza o música: inmensamente compleja, pero que no requiere explicación alguna. “No bailamos para llegar a un determinado lugar del piso, sino sencillamente para bailar”.

Pienso en que ese sumergirse en las emociones que propone Watts está cercano a lo de Saunders. Pienso que hace falta.

*

A la luz de la muerte todo se ve peor de lo que realmente es. Pero: tal vez todo es realmente peor y hacemos como que no lo es mientras podemos, mientras nos dura la ficción. Tal vez las cosas pequeñas -los gestos que decidimos no hacer, las cosas que damos por sentadas- son mucho más importantes de lo que nos gustaría pensar.

Cuando mi abuelo se empezó a morir -en esa muerte en vida que es el Alzheimer- y luego cuando murió del todo, me prometí que nunca daría por sentado ningún afecto. Que aprendería a hacer preguntas importantes en vez de perder el tiempo con tonteritas. Que aprendería a demostrar amor con gestos cotidianos. Que aprendería a ver a las personas no por lo que me parecen -o ni siquiera por lo que ellas quieren parecer-, sino por lo que son capaces de enseñarme.

Y aquí estamos de nuevo, fallando.

*

En otro texto Alan Watts habla sobre la generosidad y dice esto: “No es posible de ninguna manera enseñar a una persona egoísta a ser generosa. (…) Pero el amor no es un bien raro o inalcanzable: todo el mundo lo posee. La existencia es amor. Todo el mundo lleva la fuerza en su interior. Tal vez la forma en que descubras la forma del amor, tal como opera en tu seno, sea una inclinación por el vino, los helados, los coches o los miembros atractivos del sexo opuesto o incluso de tu propio sexo. Lo cierto es que el amor está allí. Desde luego, la gente tiende a distinguir ente distintos tipos de amor; existen tipos “buenos”, como la caridad divina, y otros esencialmente “malos”, como la pasión animal. Pero se trata de distintas formas de una misma cosa. Están relacionadas, igual que el espectro producido por la luz que atraviesa el prisma. (…) No existe amor bueno o amor feo, amor espiritual y amor material, afecto maduro por un lado y pasión desmedida por el otro. Se trata de formas distintas de una misma energía, y allí donde la encuentras has de cogerla y dejarla crecer. Alí donde encuentres una sola de estas formas de amor, con sólo regarla verás que el resto también florece. Pero el prerrequisito efectivo, desde un principio, consiste en dejar que las cosas sigan su camino”.

*

Dejar el “visto”, olvidarse del todo de contestar. Ser frío cuando el otro te busca. Ignorar. Tonteritas. Tonteritas graves.

El amor no se agota y vivir en la escasez del amor es de un facilismo terrorífico. Tal vez revertir los gestos poco cariñosos son un primer paso. No es fácil, pero los efectos son inmediatos. Entremedio: ejercitar el músculo de la bondad. Ser constantes.

Mientras tanto, soltar el flotador y  flotar.

Ref.:

George Saunders, Advice to Graduates: http://nyti.ms/2fnF5c6

 

Volver a las canchas

Me escribe una chica que no lo está pasando bien. El tema: el acostumbramiento a los cuerpos, o tal vez a un cuerpo en particular y el cómo volver a las canchas. Y, aturdida por una avalancha de flashbacks de hace años, muy poco elegantes, con muchos pañuelos de papel y mocos, le digo que sí. Que sé de lo que habla.

*

Me dice que luego de haber estado con alguien por mucho, mucho tiempo, el volver a la soltería y encontrarse con otros ha generado encuentros sexuales que le han resultado desafiantes: no se siente libre de hacer lo que a ella le gusta, de decir ciertas cosas. Territorio extranjero.

Y es que hay que ir tanteando. Y en el tanteo a veces uno termina caminando en puntas de pies, como para no molestar, como para no parecer rara, como para no desencajar.

Está hablando de sentirse alien. Y ay del que no lo haya vivido, porque es de esas sensaciones para las que uno nunca está listo.

*

Quizás porque yo soy irremediable y ridículamente nostálgica -al punto de que a mí misma me agota- me pasa que siempre que estoy con alguien calibro cuánto extrañaré a ese cuerpo, cuánta falta me hará esto que en este momento tengo tan a la mano, cuánto compararé ese cuerpo a otros cuerpos posibles. Y en ese mismo momento empiezo a echar de menos estando presente. Y me pierdo.

Pero ese cálculo no es por nada. Es por que la mayoría de las veces -a menos que ese encuentro sea excepcional, relevante, impactante, estelar, magnífico- las personas pasan. Las relaciones se terminan más temprano que tarde. Nos agotamos y luego es bye, bye, alligator, after a while, crocodile. Sniff.

*

Pienso que tal vez todo lo que hacemos respecto del amor y del sexo tiene que ver con encontrar un cuerpo y una cabeza que nos parezcan un hogar posible, o un origen, o una respuesta a una pregunta que no nos habíamos dado cuenta de que nos habíamos venido haciendo hace tiempo.

Bang, bang, bang, paaaafff.

Caer desfallecidos sobre una cama y decirle al otro: “Hazme lo que quieras”.

Para mí el amor -o el comienzo del amor- es adorar un cuerpo y sus particularidades: la forma en que alguien se retuerce cada vez que le da un ataque de risa, la manera en que achina los ojos cuando se siente feliz, la forma en que su piel responde a mi manera de tocarlo. Sus lunares, sus pecas, sus cicatrices, sus leves pliegues de piel que no alcanzan a ser arrugas. Quiero memorizarlo todo y por eso me paso mucho tiempo mirando: porque siento que si no lo hago, ese cuerpo se me evapora.

*

Tu cuerpo es mi cuerpo.

O eso es lo que sentimos en algún momento. Como si el cuerpo del otro fuese un territorio conocido al revés y al derecho. Como si lo más normal de la tierra fuese tener ese cuerpo a disposición. Estirar la mano, rozarlo con la punta de los dedos, acercarse a su cuello y olerlo, besarle la oreja.

Y qué fantasía más bonita esa, la de la compenetración absoluta, la de la eternidad del tiempo.

*

Después del amor o de una relación larga o de acostumbrarse a un cuerpo tanto que ese cuerpo se ha vuelto un refugio, es duro volver a otros cuerpos. Ese quiebre es un final, y ese final exige un siguiente volumen: una continuación de una historia que ya no es la misma de antes, un giro. Requiere reajustarse, volver a hacer preguntas, partir de cero. Resucitar la curiosidad. Recuperar la paciencia.

La intimidad -de la que creo que hablamos poquísimo para lo importante que es- requiere de tiempo, de intensidad, de voluntad. Y la lata es que normalmente cuando salimos con gente nueva nos armamos con una cantidad de capas protectoras que nos inmovilizan. Cual guerrero medieval en plena batalla, ponerse la armadura es inteligente y sensato, pero al mismo tiempo, limitante -nadie corre cual gacela con tanta protección, nadie es una tina tibia en la que uno sumerge la punta de los dedos si andamos tiesos y nerviosos-. El resultado: la torpeza. Nada fluye. Tener sexo es tan relajado como una clase de crossfit (y no salgan con que aman el crossfit porque incluso los que lo practican saben que es una práctica sadomasoquista disfrazada, que en el fondo es similar a pellizcarse los pezones con pinzas).

¿Cuánto nos demoramos en ver realmente al otro? ¿Cuánto tiempo tendremos que invertir para aprender a saber qué le gusta, para poder proponerle cosas que queremos hacer con él o simplemente hacerle a él? ¿Cuánto tiempo para que entienda la diferencia entre un saludo con un beso con lengua y otro que es solo un roce de labios? ¿Cuánto para decirle en la cama las cosas que apenas nos atreveríamos a escribirle?

Toma tiempo. Eso es todo lo que sé.

*

Una felicidad sencilla: cuando en plena calentura se pierde el decoro sin perder de vista al otro. Cuando a pesar de que ese cuerpo nos sea todavía desconocido o ajeno, nos atrevemos a decir: hazme esto, tócame así, dime esto. Cuando el otro en vez de pasmarse, lo hace.

*

Pienso en la vergüenza, en el pudor. En cuánto uno deja en la cancha y cuánto se guarda.

Un consejo de mi sabia madre, que pocas veces he seguido: “No te vayas al chancho a la primera, por favor” (viste mamá, te escucho, solo que no te hago mucho caso. Perdóooon). Pero he desobedecido por un buen motivo: porque la situación lo exige. Porque si no hay riesgo -un exponerse, un vulnerarse- el sexo se vuelve fome, un lugar común, mecánico y predecible, polite. Y para tener sexo educadito, mejor ver sola una serie en Netflix.

Si uno va por el camino salvaje, como diría Lou Reed, hay poco de lo que aferrarse, y eso da susto. Proponer algo y que te digan que no. Tocar a alguien de una manera y que no le guste. Decirle que algo te calienta y darte cuenta de que la sola idea les repele. Atroz. Hundámonos todos.

Atroz, pero mejor que nada. Mejor que tener sexo tibión.

Riesgos, pero riesgos buenos, en cualquier caso, porque mientras antes uno sabe qué piso está tocando, mejor, ¿o no?

*

Toma tiempo. Toma tiempo desacostumbrarse de un cuerpo y volver a encontrarse con otros. Toma tiempo también porque si uno viene de una relación larga, hay cosas que uno da por hechas -pequeñas comodidades que uno no se cuestiona y que la soltería pone en jaque: hay inseguridades porque a esa persona nueva no tiene por qué gustarle mucho tu cuerpo ni no ser crítico contigo. No tiene por qué mirarte con amor ni mucha tolerancia-. En una relación la base está en la aceptación mutua: este es tu cuerpo, este es el mío, nos gustamos. Con una persona nueva hay un periodo de testeo, de tratar de entender los ritmos del otro. De cachar en qué plano estamos.

Yo no sé si hay tiempos engranados en nuestras cabezas -tiempos para llorar y extrañar, tiempos para odiar, tiempos para recogerse a pedacitos- pero intuyo que sí. E intuyo que lo tiempos son proporcionales también a la intimidad que se ha tenido con esas otras personas. Es más fácil olvidar un enganche pasajero que un enganche intenso y prolongado.

Recuerdo haber salido de una relación hace mucho mucho tiempo y sentirme devastada porque no sabía qué hacer con mi cuerpo ni con mi cabeza para poder pensarlos como algo distintos a los de él, cómo hacer para asumir que tendría una historia que en el futuro sería divergente, con otra persona.

Tal vez no podemos hacernos los tontos con esto: el tiempo que pasamos compartiendo con otros -y, obviamente, con sus cuerpos- es un tiempo en el que nuestros cuerpos se adaptan a su presencia, a su manera de tocar, a la historia que ellos mismos se cuentan y en la que nos incluyen. Cuando esos caminos divergen, requiere de un periodo el volver a nuestro centro a reacondicionar las piezas.

Y es recién ahí damos vuelta la página, empezamos de nuevo, y recién ese comienzo es el puntapié para volvernos a enamorar. O al menos a tirar bien.

Me gusta tu cuerpo

Estábamos sentados en un bar decorado a lo cubano vintage, con hojas de palma, asientos de cuero, luces bajas, meseros de camisas blancas con bigotitos coquetos y corbatas humitas. Él tenía los ojos azules, el pelo castaño oscuro, ondulado, una barba de tres días, la piel blanca. Era delgado y había algo frágil en su cuerpo, casi infantil. Le pregunté cómo le había ido con lo de las citas y me dijo que bien, aunque no sonaba muy convencido. Insistí: ¿cuál fue tu última cita? ¿Qué pasó? Y me dijo que simplemente no habían hecho click. Después de mucho rato, de darse vueltas hipotetizando sobre lo difícil que es encontrar gente que realmente le gustara, me dijo que la chica no le había atraído físicamente: era más gorda de lo que a él hubiese preferido y le ganaba como por una cabeza y media de altura. Me confesó esto achinando los ojos, bajando la vista y después me pidió perdón, diciendo que no quería sonar discriminador ni despectivo.

Él prefería que sus parejas fuesen de su altura o más bajas que él. ¿Por qué? Uno puede hipotetizar, pero no creo que importe. También le gustaba que no fuesen mujeres gordas. ¿Eso lo convierte en un idiota? No. O al menos no necesariamente. ¿Era un tipo superficial? No, bajo ninguna circunstancia (y lo digo con propiedad porque lo conocí bien). ¿Por qué la culpa, entonces?

*

Me he topado con harto de esto últimamente: gente que piensa que el hecho de que tengan ciertas preferencias físicas los puede hacer ver más o menos pelotudos o superficiales, como si de pronto tuviesen que gustarles todos los cuerpos. Lo he escuchado de personas preocupadas, abiertas de mente, con una conciencia liberal que alcanza, tal vez, el ridículo. Porque una cosa es no hincharle las pelotas a la gente por su cuerpo, no ser un bully, dejarlos vivir tranquilos y respetarlos, tengan el cuerpo que tengan, y otra cosa muy distinta es que uno tenga una preferencia por ciertas características físicas. El preferir algo, el sentirse atraído por ciertas formas, no implica el despreciar a las otras.

Voy a referirme a mí experiencia porque es lo más directo: en Tinder la gente pone su altura. Yo mido apenas 1,57m, o sea estoy más cerca del metro y medio que de cualquier otra cosa, jaja. A veces me he topado con perfiles que explicitan que les gustan las mujeres altas. ¿Qué hago ahí? ¿Me ofendo? ¿Me irrito? ¿Me traumo? No po. Si no es ese, habrá otro al que este atributo mío, que no puedo cambiar, no le parezca poco atractivo. Y tal vez incluso hay otros a los que les parece atractivo, un público cautivo para las pequeñas (…llámame, miau).

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A veces me topo con gente que me dice “no me importa tanto el físico” o “no tengo un tipo físico”. Entre ambas afirmaciones hay una gran diferencia: en la primera lo que la gente quiere decir normalmente es “no me importa tanto que la persona con la que estoy cumpla con el estándar de belleza socialmente deseable” y en el otro es “no tengo una preferencia por ciertas características por sobre otras”. La primera respuesta la entiendo, aunque no es suficiente. Claro, tal vez la persona no se fija tanto en si el tipo tiene ponchera o no, pero sí le importan otras cosas. Con la segunda, lo que yo pregunto es al tiro qué les repele. Y si ahí no hay una respuesta concreta, entonces están mintiendo. Y después uno puede preguntar por otras cosas que también prefieren o valoran: la actitud, la parada, el estilo, la personalidad, los hábitos, los intereses, etc.

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El asunto es el siguiente: la manera en que habitamos el mundo es físicamente (todavía no existe la conciencia humana sin cuerpo). No caí en la cuenta sobre lo importante que son los cuerpos hasta que me empezaron a faltar: cuando alguien ya dejó de estar y no lo puedes abrazar. Cuando estás lejos de alguien a quien te gustaría tocar o besar. Y sí, hay cosas que atenúan la distancia: hago llamadas de Skype y Whatsapp con amigas que viven en otros países y verlas y escucharlas a cada una es casi tan bueno como tenerlas cerca, pero no es suficiente. Si la larga distancia amistosa es difícil, cuánto más lo es la larga distancia amorosa o sexual, cuando se te acaban las palabras para decirle a alguien cómo te gustaría tocarlo, cuando se abre la brecha entre lo que un cuerpo puede decir y hacer.

Los cuerpos importan. Los cuerpos que tenemos, lo que hacemos con ellos y si decidimos o no acercarnos a otros cuerpos.  La manera en que esos cuerpos manifiestan afecto o deseo, la forma en que esos cuerpos se valoran. Hay cuerpos que nos parecen más atractivos que otros. Hay cuerpos que uno toca y es como volver a casa. Hay cuerpos que uno toca y no entiende cómo puede ser que ese cuerpo no haya estado desde siempre con nosotros. Poner atención a los cuerpos que nos mueven, atraen, despiertan afectos o erotizan es una manera de enriquecer ese contacto y de estimular nuestro día.

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Una de las primeras cosas que te enseñan cuando quieres aprender a escribir historias es la frasecita “show, don’t tell” (“muestra, no cuentes”), es decir, hacer que para el lector las cosas pasen sin dárselas previamente digeridas, resumidas o descritas. Es una de las cosas que a mí más me cuesta, porque requiere de verdad ponerse a pensar en cómo nos comportamos y en los detalles físicos o gestuales que marcan la diferencia.

Por ejemplo, si quieres hablar sobre tu protagonista no dices “era un tipo atractivo e inteligente”, sino que tienes que mostrarlo siendo atractivo -ya sea describiendo lo que a ti te parece atractivo e inteligente y esperar que a tu lector le parezca lo mismo, o describir su comportamiento, el efecto que tiene sobre los otros, su manera de moverse-. La primera descripción es tan fácil que resulta aburrida y comunica poco: “era atractivo e inteligente” no puede sino ser una vaguedad abismal de lugares comunes porque, ¿qué es ser atractivo? ¿qué es ser inteligente? Ay, pero cuando uno se pone a mostrar en vez de describir, las cosas cambian. El personaje adquiere tridimensionalidad, una presencia, un cuerpo. Y en ese cuerpo está todo lo que ese personaje puede o no experimentar. En ese cuerpo están todas sus posibilidades.

Como en el nuestro.

*

Hace una semana me robaron el celular. Por mera estupidez no tenía respaldadas las fotos y de entre todas esas fotos que perdí, hay una específicamente que echo de menos: la parte de atrás de una oreja -y ahora que lo busco sé que esa parte se llama hélix-. Fue una foto que saqué sin querer de una persona de la que me enamoré un poco. En la foto se alcanzaba a ver parte de su cuello, su pelo y justo en ese pedacito de piel curvado tenía unas pecas. Hasta que le mostré la foto no me creyó: nunca las había visto, esas pecas. Hay algo de su cuerpo que yo le mostré y sobre lo que él no estaba al tanto. Ahora que esa persona no está cerca tengo que esperar de nuevo a verla para poder disfrutar de esa oreja. Y no es una oreja cualquiera: es una sola preciosa oreja.

*

Pensemos -y si se puede, llevémoslo a la práctica, ejercitemos- el identificar qué nos gusta de los cuerpos de los otros. Lo hacemos con los niños un montón -nos acercamos las guaguas a la nariz y decimos que nos gusta su olor o que son lindas o encantadoras por tal o cual cosa-, pero hace falta que lo hagamos con los adultos también, con nuestras parejas, pinches o amigos. Que nos acordemos de decirnos cuánto nos gustamos y que seamos específicos cuando lo hacemos. Hay cosas que nosotros somos capaces de ver en el otro que son bonitas y que el otro tal vez todavía no conoce. Qué buen regalo ese, ah.

*

Me gusta la forma en que abres los ojos cuando me estás contando algo que te interesa. Me gusta que tengas los antebrazos peludos. Me gusta tu risa contagiosa. Me gusta que se te hagan margaritas. Me gustan tus pestañas largas, largas. Me gusta que seas más alto que yo. Me gusta que si quieres me puedas levantar en brazos. Me gusta que cuando estás pensando frunces el ceño un montón y me dan ganas de desanudártelo. Me gusta cómo tu cuerpo se apoya en el mío cuando estás cansado.

Reciclaje y reutilización relacional

Que no se confunda: me encanta reciclar y reutilizar. En serio. Uno siente que se redime frente al mundo por generar tanto desperdicio continua e inevitablemente. Es un esfuerzo de cuidado, de conciencia. Estrellitas fosforescentes para todos los que lo llevan a cabo en su vida diaria. Pero con lo que no estoy de acuerdo es con el “reciclaje relacional” con el que insisten algunos, porque lo he vivido y es un poquito como la cresta. Y con la “reutilización relacional” tengo mis reservas.

*

Ok, entonces para entenderlo, determinar lo que no es: no me refiero a las relaciones on-and-off, esas cuestiones cíclicas donde dos personas empiezan, terminan y vuelven sucesivamente. Esos tipos de relaciones son, para los que las vemos de afuera, como ver una de esas teleseries cebolla, predecibles y maqueteadas, en vivo y en directo, mientras que para los involucrados es la cosa más emocionante de la tierra. No. Me refiero más bien al intento de resucitar algo que ya se agotó, acabó, terminó, secó, explotó -búsquenle la palabra que quieran- con la esperanza de que sea lo mismo de antes de que todo estallara.

El patrón es el siguiente: uno vivió una historia con una persona, con todos sus altos y bajos. Esa historia no funcionó y uno ha tenido la capacidad de definir por qué: incompatibilidad de caracteres, cero interés mutuo o de un solo lado, poca o ninguna capacidad de cuidado por el otro, eligieron a otra persona en vez de a ti, etc. La cosa es que uno estuvo metido en algo y se acabó, con toda la pena, dolor y frustración que eso implica. Luego de un tiempo uno superó el cuento, porque eventualmente las historias se acaban y uno las sepulta tranquilamente y entiende por qué pasaron así. Y luego, años después -porque nunca es un par de meses después, mínimo pasa un año- el ex o expinche vuelve, cual zapatilla huacha náufraga a la orilla de playa, justo a tus pies.

Ustedes dirán, pero por qué no: ha pasado el tiempo, tal vez ahora sí. La propuesta de la zapatilla en cuestión es: ¡nos veríamos tan bien juntos de nuevo! El asunto es, si se me permite agotar la comparación, que una zapatilla perdida en el mar y otra que se quedó en tierra ya no hacen buena pareja. O sea, les pasaron cosas distintas durante ese tiempo, para mejor o para peor. Y si antes se veían similares, ahora ya no lo son. Y pretender que no es así es tonto.

*

Tanto de lo que hace que una relación florezca es el contexto. Las personas con las que enganchamos no son individuos aislados. Lo que nos gusta de alguien no es únicamente lo que la persona es, sino también lo que nosotros somos en el momento en que nos gustan. El adolescente que te gustó cuando tenías 15 años probablemente no encaje en tu vida ahora porque tú has cambiado y él ha cambiado. Porque son personas diferentes. Porque las personas que se gustaron ya no están ahí, aunque tengan el mismo nombre y se vean más o menos atropellados por el paso del tiempo. Porque eran otros.

Cada cierto tiempo vuelven. Al principio me parecía chistoso y me sentía halagada -¡volvió! ¡Ahora sabe de lo que se perdió!-, pero ahora ese regreso de esos exes o pinches me parece un poco egoísta.  Me he visto enfrentada a expinches que suponen que porque tuvimos algo antes ahora debiéramos tenerlo de nuevo y que se decepcionan cuando eso no pasa. Como si de alguna manera yo los estuviese despreciando o faltando a una cláusula interna de complicidad, un acuerdo en el que yo me comprometí, por haberme involucrado con ellos y haberlos querido, a estar disponible cuando a ellos se les ocurriera. A ser reciclada.

Ojo, no es que yo crea que haya que desechar a las personas con las que uno estuvo -y los que me conocen bien saben que normalmente mantengo relaciones súper intensas, creativas e inspiradoras con mis exes e incluso con gente con la que salí no más por un rato-, sino que lo que me molesta es que alguien de por sentado que puede llegar y disponer del otro para reavivar algo que sigue pasando en su cabeza, más que en la realidad. (Porque normalmente estos intentos de reciclaje aparecen a pito de nada, sin ningún esfuerzo de continuidad). Muy pocas veces me ha pasado que un ex se me acerque con ganas de saber realmente en qué estoy ahora: quieren encontrarse con la persona que yo era antes -y retomar en el punto más emocionante de nuestro vínculo, como si no hubiese pasado el tiempo-, más que invertir tiempo en redescubrirnos.

Le pregunto a un amigo, como si él tuviese la respuesta, por qué cresta pasa, y él me dice que él cree que es algo engranado en la psique masculina. Que ese reciclaje, ese retorno, se da cuando se les acaban las opciones disponibles, cuando no aparecen nuevas chicas. Entonces se vuelcan al pasado. Cuando se agotan las oportunidades o cuando las cosas se vuelven aburridas en su vida. Dice que a él le ha pasado un montón de veces y que lo ha intentado con resultados catastróficos y a veces ha tenido la sensatez de detenerse antes, de cachar que es una fantasía.

*

No tengo idea si mi amigo tiene razón o no. No sé si es algo particularmente masculino. Sí sé que yo no lo he hecho, y que a mis amigas les he escuchado pocazo este tipo de aproximaciones. Pero a mí sí me ha pasado, como sujeto convertido en objeto a reciclar, y es agotador, porque la presión que te ponen encima y la responsabilidad que te achacan es gratuita. Ah, y la sensación de culpa, de no cumplirle a la expectativa fantasiosa del otro. Argh.

Dije que con la “reutilización relacional” tenía mis reservas, y es la siguiente: cuando uno reutiliza un producto, le da nueva vida. Cuando uno reutiliza una relación la transforma en algo distinto a lo que era inicialmente. Desde mi punto de vista se ve un poco así: ¿así que éramos amantes, tiramigos, pololos y no funcionó? Bueno, me caes tan bien / te quiero tanto / eres tan bacán que quiero que sigas siendo parte de mi vida y te invito a eso: a transformarnos en otra cosa, juntos. A mirarnos desde otro punto de vista, A valorar cosas que tal vez, antes, por cómo nos tratamos, no vimos en el otro. Que eso termine después en que nos involucremos de nuevo o que se genere un lazo por completo distinto es otra historia. Pero al menos con la “reutilización” hay un respeto que tiene que ver con reconocer que el primer uso ya se agotó, o se agotó de la forma en que lo hicimos, y hay que buscar otro camino.

Teorías del amor

Yo no sé cómo les pase a ustedes, pero a veces cuando me pongo a hacer un recuento de las personas que me han gustado, de las relaciones que he sostenido, de la gente de la que me he enamorado, me parece como si alguien hubiese tirado todo a una juguera y voilà: los altos y bajos de mi vida. A simple vista lo único que tienen en común es que yo he elegido una serie de situaciones más o menos azarosas…y que me acuerdo de ellas.

Hay tantas explicaciones como teóricos que intentan desentrañar por qué nos gusta Pepito y no Josesito. A veces decidirse a tratar de entender nuestras decisiones amorosas y sexuales es como instalarse en la playa a colar arena, pero hay algunas aproximaciones que me parecen un poquito más sensatas que otras, y la que les quiero comentar hoy es una de esas.

*

Robert Sternberg es un psicólogo estadounidense que desarrolló dos teorías sobre el amor sucesivamente, y que al final, sacó una combinatoria, llamada “teoría dúplex del amor”. Les resumo de qué se trata a continuación.

Por una parte, Sternberg propone la teoría triangular del amor, en la que el amor tendría tres componentes: intimidad, pasión y decisión/ compromiso. Los distintos tipos de amor tendrían una combinatoria diferente de esos tres componentes, y habrían 8 formas de amor fácilmente clasificables (para saber más, click).

Por otra parte, plantea la teoría del amor como una historia, que es la que más me interesa. Cuando descubrí este librito estaba en la universidad, tenía como 24 y creo que me resistí a procesar lo que estaba leyendo, tal vez porque era muy sencillo y yo sentía que el amor era demasiado confuso como para depurarlo así. Con los años he ido entendiendo que las decisiones que tomamos tienen que ver con una historia que nos contamos sobre nosotros mismos, y que las personas que amamos o que nos atraen tienen muchas veces que ver más con nosotros que con los otros -una prueba fácil: la pareja de tu amiga/o al que tú no le ves ni un brillo y por el que tu amiga/o se derrite, …o sea que el amor, el atractivo, no está en ellos (en los objetos del amor), sino en los sujetos, en el que elige enamorarse o involucrarse-.

La teoría del amor como una historia se basa en la idea de que todos hemos sido expuestos a un montón de historias que llevan, en sí mismas, diferentes concepciones sobre el amor. Vivir es ser testigo de esas maneras de abordar el amor: lo vemos en las relaciones de nuestro círculo familiar y de amigos, en el cine o la tele, al leer novelas.Lo aprendemos en el colegio, incluso a través de la historia. Como resultado, nos armamos nuestro propio punto de vista sobre cómo el amor es o debería ser, nuestra propia historia.

Según la investigación de Sternberg, nuestras parejas potenciales encajarían en nuestras historias en mayor o menor medida, y nuestras relaciones serán más exitosas mientras mejor encajen en nuestras historias preferidas. Cada historia tiene roles complementarios, y la gente tiende a sentirse satisfecha cuando encuentran parejas que encajen en esas historias ideales. Pero ojo, de todas las historias posibles, tenemos una jerarquía de historias preferidas. Si nos emparejamos con alguien que tiene una historia preferida que a nosotros no nos interesa tanto, somos susceptibles de involucrarnos con alguien más que tenga una historia principal que encaje mejor con la nuestra.

Aunque la cantidad de historias posibles es probablemente infinita, ciertos géneros de historias aparecen una y otra vez en la literatura, en las películas y en el relato oral de las personas. Las siguientes historias conceptualizan las nociones del amor más populares (ojo, se definieron a partir de lo relatado por participantes de EEUU, lo que puede generar un sesgo cultural). Hay 26 historias tipificadas:

Historias asimétricas:
– la del estudiante y profesor
– la de sacrificio
–  la de gobierno (autocrático y democrático)
– la policial
– la de pornografía
– la de terror

Historias objetuales:
La persona como objeto
– la de ciencia ficción
– la de colección
-la de arte

La relación como objeto:
– la del hogar
– la de recuperación
– la de religión
– la de juego

Historias de coordinación:
– la de viaje
– la de costura
– la de jardín
– la de negocios
– la de adicción

Historias narrativas:
– la de fantasía
– la de historia
– la científica
– la del libro de recetas

Historias de género:
– la bélica
– la teatral
– la humorística
– la de misterio

 (Más info sobre los tipos de historias  y para descubrir qué tipo de historias prefieres).

Entre las conclusiones que Sternberg ha reunido a través de diferentes estudios, vale la pena mencionar:

  • La compatibilidad de las historias de cada integrante de la pareja es importante para tener una relación sana o feliz (mientras más similares las historias, más felices las parejas). Las historias tienden a ser compatibles si hay roles complementarios en una sola historia (como la del príncipe y la princesa) o si las historias son tan similares que pueden fundirse en una nueva historia. Por ejemplo: una historia de fantasía se puede fundir con una de jardín, porque uno puede nutrir o cultivar una relación mientras sueña con ser rescatado por un caballero. Una historia de fantasía y de negocio, por el contrario, es más difícil de combinar.
  • Cuando uno habla por separado con dos personas que acaban de separar, las historias de por qué terminaron tienden a sonar como si cada uno hubiese estado en relaciones completamente diferentes…y (mentalmente) lo estuvieron.
  • La compatibilidad entre historias no garantiza una relación exitosa. A veces tu historia favorita puede ser peligrosa o desagradable (ej., una historia de recuperación o una de terror). Las personas suelen quejarse de que siempre terminan con el mismo tipo de parejas y que tienen mala suerte en el amor, pero en realidad están escogiendo gente inconscientemente para que cumpla los roles de sus historias, o incluso forzándolos a que lo hagan. Según Sternberg, los triángulos del amor que mencioné al principio, emanan de estas historias.

Ufff. Harto, ah.

*

Entonces, desde mi punto de vista, lo interesante de esto es que una multiplicidad de personas pueden compartir tu historia (o sea, ese fatalismo de “el único amor de la vida” puede ser medio exagerado).  A mí me parece un modelo optimista.  Además, el tomar conciencia de nuestras historias preferidas puede hacer que cambie nuestra vida -que queramos contarnos otras historias románticas si encontramos que las que hemos elegido hasta ahora no son necesariamente lo que queremos- y también entender que pueden haber distintas historias que queramos contarnos, lo que explicaría por qué nos atraen personas tan diferentes entre sí y por qué a veces comprometerse con una sola historia puede resultar tan difícil. Por último, también me gusta que este tipo de teoría no es necesariamente excluyente de otras maneras de explicar el amor, es decir, puede usarse simultáneamente con otras teorías.

*

En unos días más es mi cumpleaños y no puedo si no caer en la tentación del recuento, balance y resumen. Nunca me imaginé que sería este tipo de persona a esta edad, pero tampoco nunca me imaginé siendo ningún otro tipo de persona a esta edad, ja. O sea, que el cuento que me contaba a mí misma sobre mi futuro siempre fue corto placista -y en realidad, todavía lo es-: en dos meses más voy a estar haciendo esto, en seis meses más probablemente esté haciendo esto otro. Más allá de esos plazos, me empiezo a imaginar cómo me gustaría sentirme, más que qué voy a estar haciendo exactamente (¡y lo recomiendo! Es una manera muy rica de vivir el día a día y de tomar decisiones).

Cuando trato de hacerme un seguimiento más o menos coherente, empiezo a ver patrones de comportamientos que incluso pueden ser muy distintos según las diferentes épocas de mi vida. Me imagino que no soy la única. Pero si uno mira detenidamente, hay ciertas historias amorosas que volvemos a repetir (y errores que tendemos a cometer…cambia el personaje, pero ¿parece que estamos repitiendo la historia? Ese déjà vu que a ratos es más un calco….). Vale la pena preguntarse entonces qué historias hemos decidido vivir.

Entonces, démosnos un rato para pensar en qué caminos hemos elegido, en qué historias nos hemos querido contar. Y si estamos saliendo con alguien, tal vez sería bueno poner atención a la concepción del amor del otro: ¿qué historia quieren vivir con nosotros? Y ¿qué tan interesante nos parece esa historia?

Refs.:

http://www.robertjsternberg.com/love/

Link al libro: http://amzn.to/2akat82

Sternberg resume en un artículo cómo llegó a las teorías del amor: http://huff.to/2lOBhBm

Artículo con los resultados de las investigaciones: http://bit.ly/2lOt8Nm

Test corto, el amor es como una historia: http://wp.me/p78MEN-11w

Link a teoría dúplex del amor, info adicional:  http://wp.me/p78MEN-129

 

Sternberg: Teoría dúplex del amor (notas)

Ok, un poco más de información:

La teoría duplex del amor comprende la teoría triangular del amor y la teoría del amor como una historia. A continuación encontrarás un poco más de info de las mismas, que complementan el otro artículo. La mayoría de la información fue tomada de este link: http://www.robertjsternberg.com/love/

La teoría triangular del amor emplea el triángulo como metáfora: el amor tiene tres componentes que manifiestan distintos aspectos del amor -a saber, intimidad, pasión y decisión/ compromiso-, y cada uno estaría ubicado en un vértice del triángulo del amor:

  • La intimidad es el sentimiento de cercanía, conexión y vínculo en relaciones amorosas. Tiene que ver con la experiencia de calidez.
  • La pasión se refiere a los impulsos que llevan al romance, a la atracción física, a la consumación sexual. Tiene que ver con la motivación y la excitación.
  • La decisión/ compromiso se refiere, en el corto plazo, a la decisión de que uno ama a otra persona, y en el largo plazo, a comprometerse a mantener ese amor. Estos dos aspectos no van necesariamente de la mano (uno puede decidir amar a alguien sin comprometerse a largo plazo, o alguien puede comprometerse en una relación sin reconocer que ama a esa persona).

Estos tres componentes interactúan entre sí. Aunque todos son importantes, su relevantica varía de una relación a otra o a lo largo del tiempo en la misma relación.

8 tipos distintos de amor se generan al combinar distintas proporciones de estos elementos (ojo, son casos limitados, ninguna relación es un caso exacto a estos modelos):

  • Sin amor o falto de amor (nonlove): ausencia de los tres componentes.
  • Gustarse (liking): cuando sólo se experimenta intimidad, sin pasión ni decisión/ compromiso.
  • Amor apasionado (infatuated love): pasión, sin intimidad ni decisión/ compromiso.
  • Amor vacío: se decide que se ama a una persona, pero sin compromiso, sin intimidad y sin pasión.
  • Amor romántico: combinación de intimidad y pasión.
  • Amor compañero: combina intimidad y decisión/ compromiso, sin pasión.
  • Amor fatuo: pasión y decisión/ compromiso, sin intimidad.
  • Amor consumado o completo: la combinación de los tres.

Ahora, acá la cosa se pone complicada, porque Sternberg lleva, para mi gusto, la metáfora del triángulo un poco lejos. La geometría de este triángulo del amor depende, según él, de dos factores: cantidad de amor y equilibrio de amor. La diferencia de cantidad se representa por el área del triángulo, la de equilibrio, por formas de triángulos. Entonces, por ejemplo, un amor equilibrado -con cantidades similares de cada componente- sería un triángulo equilátero. El amor no involucra un solo triángulo, sino varios, pero algunos predominan más que otros y sería posible contrastar triángulos reales con triángulos ideales. (Tal vez esta parte no me parece tan seria porque todo lo que leí lo encontré en internet y no me leí la tesis completa).

Me pasa con esta parte de la teoría que la idea de la “cantidad de amor”, algo difícilmente medible, me choca…como que aquí ya le dejé de comprar tanto, y me interesa esta parte de la teoría como algo meramente descriptivo.

*

El amor es como una historia

Acá está el listado total de las historias que conceptualizan las nociones del amor (ojo, se definieron a partir de lo relatado por participantes de EEUU, lo que puede generar un sesgo cultural):

  • Historia de adicción: fuerte apego ansioso, comportamiento pegote, ansiedad al pensar en perder al compañero. Roles: adicto y salvador.
  • Historia de arte: se ama a un compañero por su atractivo físico, el compañero siempre debe verse bien, mantenerse físicamente deseable. Roles: obra de arte y espectador.
  • Historia de negocio: las relaciones son vistas como propuestas de negocios, la plata es poder, los compañeros en relaciones cercanas son como compañeros de negocios. Roles: socios.
  • Historia de colección: se ve al compañero como que “encaja” en un esquema mayor, se le ve desapegadamente. Una parte de la pareja tiende a salir simultáneamente con varias parejas “coleccionables” que resuelven una necesidad concreta cada una. Roles: objeto de colección y coleccionista.
  • Historia del libro de cocina: hacer cosas de una determinada manera (receta) hace que la relación funcione. No seguir la receta para el éxito hace que fracase.
  • Historia de fantasía: espera que alguien la “salve” de una situación o quiere casarse con una “princesa” para vivir por siempre feliz. Roles: príncipe y princesa.
  • Historia de juego: el amor como un juego o deporte. Es importante desafiarse mutuamente, “gnarle” al otro. De manera sana, pueden ser dos deportistas que intentan mejorar en un deporte o se preparan para carreras. De manera más rebuscada, los integranes no logran darle seriedad a la relación y cada gesto se considera en términos de “victoria” a “derrota”.
  • Historia del jardín: las relaciones tienen que ser nutridas, cultivadas y atendidas continuamente.
  • Historia del gobierno: a) Autocrático: un compañero domina o controla a otro, b) democrático: dos compañeros comparten equitativamente el poder.
  • Historia histórica: los eventos de la relación generan un registro indeleble, se guardan un montón de registros (físicos o mentales).
  • Historia de terror: las relaciones se vuelven interesantes cuando aterrorizas o eres aterrorizado por tu pareja. Roles: víctima y perpetrador.
  • Historia del hogar: las relaciones tienen su centro en el hogar, a través de su desarrollo y mantención.
  • Historia humorística: el amor es raro y divertido y tomárselo muy en serio lo arruina. Roles: público, comediante.
  • Historia de misterio: el amor es un misterio y no hay que revelar mucho de uno mismo. Historia policial: hay que supervisar al compañero para que se comporte o necesitas que te supervisen a ti. Roles: policía y sospechoso
  • Historia de pornografía: la vida es sucia y amar es degradar o ser degradado.
  • Historia de recuperación: mentalidad de superviviente, luego del trauma vivido la persona puede superar prácticamente cualquier cosa. Roles: co-dependiente, persona en recuperación.
  • Historia religiosa: ve el amor como una religión o el amor como un conjunto de sentimientos y actividades dictados por la religión.
  • Historia de sacrificio: amar es entregarse a uno mismo o que el otro se entregue por completo a ti. Roles: mártires.
  • Historia científica: el amor puede entender, analizarse, diseccionarse, como cualquier otro fenómeno natural.
  • Historia de ciencia ficción: sentir que la pareja es un alien, incomprensible y muy raro.
  • Historia de costura: el amor es lo que sea que tú fabriques o crees.
  • Historia teatral: el amor se vive melodramáticamente, tiene un guión, con capítulos y escenas y diálogos predecibles.
  • Historia de viaje: el amor es un viaje desafiante y excitante.
  • Historia bélica: el amor es una serie de batallas en una guerra continua y devastadora.
  • Historia del estudiante y profesor: el amor es una relación de aprendizaje. Roles: estudiante, profesor.

Algunas historias son más populares que otras. Más populares: la del viaje, la del jardín, la de humor. Menos populares: la de horror, la de colección y la del gobierno autocrático. Las mujeres tienden a preferir la historia de viaje, mientras que los hombres prefieren la del arte, la de colección y la de pornografía. Los hombres también prefieren la historia de sacrificio (aunque sea porque sienten que sacrifican cosas por amor).

Otras observaciones:

  • Abordar los problemas de nuestras relaciones tratando de cambiar comportamientos y hábitos es tratar el síntoma. Lo que hay que abordar es la historia, porque las crisis provienen de las historias que estamos actuando. En vez de mirar los defectos de nuestra pareja, fijarse si calza en nuestras expectativas.
  • Para definir lo que queremos, es necesario tomar en cuenta nuestras relaciones pasadas y preguntarnos qué atributos caracterizaban a las personas hacia las que nos sentíamos más atraídas, y también en los que perdimos el interés. También hay que definir qué historia romántica queremos contar y si tiene el potencial de tener un desenlace feliz.
  • Una vez que entendemos las ideas y creencias detrás de las historias que aceptamos como propias, podemos reconfigurarlas. Podemos preguntarnos lo que nos gusta o no de nuestra historia actual, lo que no ha funcionado y cómo nos gustaría cambiarlo. Esto puede involucrar cambiar historias o transformarlas. Por ejemplo, las historias de terror se pueden fantasear durante el acto sexual o en otras actividades, en vez de actuarlas físicamente en la relación.

 

 

Test corto: el amor es como una historia

Test breve, con sólo 12 historias, para saber qué tipo de historias prefieres (la versión larga, con las 26 historias, está en el libro Love is a Story, de Robert Sternberg). Traducido del artículo What’s your love story?

Instrucciones

Lee cada afirmación y asígnales un puntaje del 1 al 9, donde 1 significa que no caracteriza en nada tus relaciones románticas y 9 que las describe extremadamente bien. Luego saca el promedio para cada historia.

Promedios:
7 a 9: fuerte atracción a esta historia.
4 a 6: moderado interés a esta historia, pero probablemente no lo suficiente para mantener una relación romántica.
1 a 3: poco interés o baja atracción a la historia.

HISTORIA #1

  1. Disfruto haciendo sacrificios por el bien de mi pareja.
  2. Creo que el sacrificio es una parte clave del verdadero amor.
  3. Frecuentemente comprometo mi bienestar para satisfacer las necesidades de mi pareja.

Puntaje: ______

La historia de sacrificio puede tener un desenlace feliz cuando los dos compañeros están conformes con los roles que juegan, especialmente si los dos hacen sacrificios. En cambio, puede generar inconvenientes cuando se sienten obligados a hacer sacrificios. El mayor riesgo se corre cuando hay un desequilibrio, y uno es el que siempre da y otro el que siempre recibe.

HISTORIA #2

Policía

  1. Creo que es necesario vigilar a mi pareja.
  2. Creo que es tonto confiar completamente en mi pareja.
  3. Si mi pareja trabajase codo a codo con una persona del sexo opuesto, no confiaría 100%.

Puntaje: ______

Sospechoso

  1. Mi pareja me llama varias veces al día para averiguar exactamente qué estoy haciendo.
  2. Mi pareja necesita saber todo lo que hago.
  3. Mi pareja se enoja mucho si no le informo dónde he estado y qué he hecho.

Puntaje: ______

Las historias policiales no tienen muy buen pronóstico porque se pueden desligar de la realidad. Esta historia puede hacer que algunas personas sientan que su pareja los cuida o se preocupa por ellos. Las personas que son muy inseguras disfrutan de la atención que reciben como “sospechoso” y que no logran obtener de otra forma. A medida que la trama se complica, el sospechoso empieza a perder libertad, luego dignidad y luego el respeto. Finalmente, su bienestar mental y físico puede resultar amenazado.

HISTORIA #3

  1. Creo que en una buena relación los miembros pueden cambiar y crecer juntos.
  2. Creo que el amor es un constante proceso de descubrimiento y crecimiento.
  3. Creo que el comienzo de una relación es como comenzar un nuevo viaje que promete ser tan estimulante como desafiante.

Puntaje: ______

Las historias de viajes que duran algo más que un periodo muy corto de tiempo generalmente tienen un pronóstico favorable, porque si los viajeros pueden convenir en un destino y un camino, ya están encaminados al éxito. Si no pueden, a menudo descubren rápidamente que desean cosas diferentes de la relación y se separan. Las relaciones de viajes tienden a ser dinámicas y centradas en el futuro. El mayor riesgo es que con el tiempo uno o ambos cambien el destino o el camino que desean. Cuando comienzan a decir que se han distanciado o tomado caminos diferentes, significa que ya no quieren lo mismo y casi siempre se vuelven más infelices y la relación se disuelve.

HISTORIA #4

Objeto

  1. No me importa ser tratado como un juguete sexual por mi pareja.
  2. Es muy importante para mí satisfacer los deseos sexuales de mi pareja, aunque la gente lo considere denigrante.
  3. Me gusta cuando mi pareja quiere probar nuevas , inusuales e incluso dolorosas técnicas sexuales.

Puntaje: ______

Sujeto

  1. Lo que más me importa en mi relación es que mi pareja sea un excelente juguete sexual, dispuesto a hacer lo que sea que yo quiera.
  2. No podría ser feliz con una pareja que no fuese aventurera en el sexo.
  3. La verdad es que me gusta que mi pareja se sienta como un objeto sexual.

Puntaje: ______

No hay ventajas obvias en la historia pornográfica, pero las desventajas son claras: primero, la excitación se obtiene a través de la degradación de sí mismo y del otro. En segundo lugar, la necesidad de degradar y ser degradado tiende a aumentar. En tercer lugar, una vez que uno adopta esta historia, puede ser difícil adoptar otra historia. En cuarto lugar, la historia puede llegar a ser peligrosa tanto física como psicológicamente. Y por último, no importa cuánto se intente, es difícil convertir la historia en algo positivo para el bienestar psicológico o físico.

HISTORIA #5

Perpetrador

  1. Frecuentemente me aseguro de que mi pareja sepa quién está al mando, aunque eso la asuste.
  2. Me excita cuando siento que mi pareja siente miedo de mí.
  3. A veces hago cosas que asustan a mi pareja, porque siento que es bueno para una relación que uno te tenga susto del otro.

Puntaje: ______

Víctima

  1. Creo que es excitante estar un poco asustado de tu pareja.
  2. Me excita cuando mi pareja me hace sentir un poco de miedo.
  3. A veces termino involucrándome con gente que me asusta.

Puntaje: ______

El relato de terror es probablemente la menos ventajosa de las historias. Para algunos puede ser emocionante, pero las formas de terror necesario para sostener la emoción tienden a salirse fuera de control y a poner a sus participantes, e incluso los que los rodean, en situación de riesgo psicológico y físico. Los que descubran que tienen esta historia o que se encuentran en una relación así harían bien en buscar asesoría y hasta protección policial.

HISTORIA #6

Co-dependiente:

  1. Frecuentemente termino vinculándome con gente que tiene un problema específico y los ayudo a recuperar su vida, ordenándolos.
  2. Me gusta estar en relaciones en las que mi pareja necesita mi ayuda para superar algún problema.
  3. Con frecuencia me involucro con parejas que necesitan mi ayuda para recuperarse de su pasado.

Puntaje: _____.

Persona en recuperación:

  1. Necesito a alguien que me ayude a recuperarme de mi doloroso pasado.
  2. Creo que una relación puede salvarme de mi doloroso pasado.
  3. Necesito ayuda para superar mi pasado.

Puntaje: _____.

La ventaja principal de la historia de la recuperación es que el co-dependiente realmente puede ayudar a miembro de la pareja a recuperarse, siempre y cuando el otro quiera  recuperarse. Muchos de nosotros conocemos a personas que buscan reformar a sus parejas y que terminan frustrados porque sus parejas hacen poco o ningún esfuerzo por reformarse. Al mismo tiempo, el co-dependiente es alguien que necesita sentir que está ayudando a alguien y se beneficia de la sensación de hacer una diferencia en la vida del otro a través de la relación. El problema: otros pueden ayudar en la recuperación, pero la decisión de recuperarse sólo puede ser tomada por la persona que necesita hacerlo. Como resultado, las historias de recuperación pueden ayudar, pero no ser la recuperación.

HISTORIA #7

  1. Creo que es posible tener un buena relación sólo si uno invierte tiempo y energía para preocuparse de ella, de la misma manera en la que uno cuida un jardín.
  2. Creo que las relaciones necesitan nutrirse constantemente para poder tolerar los altos y bajos de la vida.
  3. Creo que el secreto para una relación existosa es que los integrantes de la pareja se cuiden mutuamente y a su amor.

Puntaje: _____.

La mayor ventaja de una historia de jardín es que reconoce la importancia de nutrir la relación. Ninguna otra historia tiene esta cantidad de cuidado y atención. La mayor desventaja potencial es que puede ser poco espontánea y resultar aburrida. Las personas en historias de jardín no son inmunes a la tentación de otras relaciones y pueden participar en ellas para generar excitación, aunque valoren altamente su relación primaria. Otra desventaja potencial es que sea asfixiante, que la atención sea demasiada. De la misma forma en que uno puede regar en exceso una planta, uno puede sobreatender una relación. A veces es mejor dejar que las cosas sigan su propio ritmo.

HISTORIA #8

  1. Creo que las relaciones íntimas son como sociedades.
  2. Creo que las relaciones románticas son como un un trabajo, en el sentido de que cada integrante de la pareja debiese realizar sus tareas y responsabilidades de acuerdo a su “cargo”.
  3. Cuando considero tener una relación con alguien, siempre considero las implicaciones financieras de la relación.

Puntaje: _____.

Una historia de negocios tiene varias ventajas potenciales, entre las que se encuentra el hecho de que las cuentas siempre se pagan. Otra posible ventaja es que los roles tienden a estar más definidos que en otras relaciones. Los socios también están en una buena posición para “salir adelante” y lograr lo que sea que quieran en términos económicos. Una desventaja potencial es que si sólo uno ve la relación como un negocio, el otro puede aburrirse rápidamente y buscar estimulación fuera de la relación. La historia se puede tornar un poco agria si la distribución de autoridad no satisface a uno o ambos cónyuges. Si no pueden definir roles compatibles, pasan mucho tiempo peleando por obtener cada uno la posición que quieren. Es importante ser flexibles.

HISTORIA #9

  1. Creo que los cuentos de hadas se pueden volver realidad.
  2. Creo que hay alguien allá afuera que es mi media naranja.
  3. Me gusta, en mis relaciones, ver a mi pareja como un príncipe o princesa de antaño.

Puntaje: _____.

La historia de fantasía puede ser de gran alcance. El individuo puede sentirse absorbido por la emoción de la búsqueda de la pareja perfecta o por desarrollar la relación perfecta con su pareja. No es coincidencia que en la literatura los relatos de fantasía pasen antes o fuera del matrimonio: las fantasías son difíciles de mantener cuando uno tiene que pagar las cuentas, mandar a los niños al colegio y resolver peleas maritales. Para mantener la sensación de la fantasía, por lo tanto, hay que ignorar, hasta cierto punto, los aspectos mundanos de la vida. Las desventajas potenciales de la relación de la fantasía son bastante claras: la mayor es la desilusión al descubrir que nadie puede satisfacer las expectativas fantásticas que se han creado. Esto puede llevar a que las personas se sientan insatisfechas en relaciones que la mayoría se ve como absolutamente exitosas. Si una pareja puede crear una historia de fantasía basada en ideales realistas, pueden triunfar; si quieren ser personajes de un mito, es probable que sólo consigan eso: un mito.

HISTORIA #10

  1. Creo que es más interesante discutir que ceder.
  2. Creo que discutir frecuentemente ayuda a destapar temas conflictivos y mantiene a la relación sana.
  3. De hecho, me gusta pelear con mi pareja.

Score: _____.

La historia bélica es ventajosa en una relación sólo cuando ambos la comparten y desean. En estos casos las amenazas de divorcio pueden ser comunes, pero nadie quiere hacerlo realmente: ambos lo están pasando demasiado bien, a su manera. Por supuesto, la desventaja principal es que la historia a menudo no es compartida, lo que los lleva a conflicto intenso y sostenido que puede dejar al que no tiene la historia bélica a sentirse devastado gran parte del tiempo. Las personas pueden encontrarse en una relación de conflicto sin que ninguna de ellas tenga la guerra como historia preferida. En tales casos, la lucha constante hace que ambos se sientan miserables. Si la guerra continúa en este contexto, ninguno lo pasa bien.

HISTORIA #11

Público:

  1. Me gusta tener un compañero que siempre vea el lado positivo de nuestros conflictos.
  2. Creo que tomarse demasiado en serio una relación puede arruinarla. Por eso me gusta tener compañeros con buen sentido del humor.
  3. Me gusta tener una pareja que me haga reír cuando enfrentemos una situación tensa en nuestra relación.

Puntaje: _____.

Comediante:

  1. Admito que a veces uso el humor para evitar enfrentar problemas en mi relación.
  2. Uso el humor cuando tengo conflictos con mi pareja porque creo que hay un lado humorístico en cualquier problema.
  3. Cuando no estoy de acuerdo con mi pareja, normalmente trato de hacer chistes al respecto.

Puntaje: _____.

La historia humorística puede tener una ventaja enorme: casi todas las situaciones tienen un lado más ligero, y las personas con esta historia tienden a verlo. Cuando las cosas se tensan, a veces nada funciona mejor que un poco de humor, sobre todo si viene desde dentro de la relación. Las historias humorísticas también permiten que las relaciones sean creativas y dinámicas. Pero la historia de humor también tiene algunas desventajas potenciales. Probablemente el mayor es el riesgo de usar el humor para desviar temas importantes: las conversaciones serias se tienden a aplazar con chistes. El humor se puede usar para ser cruel de una manera pasivo-agresiva. Cuando el humor se utiliza para degradar a una persona y proteger al comediante de responsabilidad (“era en broma”), la relación se pone en peligro.

HISTORIA #12

  1. Creo que está bien tener múltiples parejas que satisfagan mis necesidades.
  2. A veces me gusta pensar con cuánta gente podría salir simultáneamente.
  3. Me gusta tener múltiples parejas íntimas simultáneamente, cada una de ellas toma roles diferentes.

Puntaje: _____.

La historia de colección tiene algunas ventajas. Por un lado, el coleccionista generalmente se preocupa por el bienestar físico del coleccionado, ya que la apariencia es fundamental. El coleccionista encuentra una forma de satisfacer múltiples necesidades, aunque sea en paralelo—teniendo varias relaciones íntimas al mismo tiempo- o teniendo relaciones monógamas en serie, donde cada relación sucesiva suple necesidades que no cumplía la última relación. En una sociedad que valora la monogamia, las historias de colección funcionan mejor si no llegan a ser serias o si los individuos de la colección son vistos bajo distintas luces, por ejemplo, como amigos o estimulación intelectual. Las desventajas de esta historia se vuelven más evidentes cuando las personas tratan de formar relaciones serias. El coleccionista puede encontrar difícil establecer intimidad o cualquier cosa cercana a una relación completa y un compromiso hacia un solo individuo. Las colecciones también se pueden volver caras, consumidoras de tiempo y hasta ilegales (por ejemplo, si un sujeto se casa simultáneamente).

 

Enamoramiento: la montaña rusa emocional

La mayoría de nosotros sabe cómo se siente: de pronto una persona que no era nadie se convierte en el foco de tu vida. Te cuesta dormir, fantaseas situaciones improbables con ella, a la mención de su nombre o de algo que se le relacione te sientes más alerta. Es como si esa persona te hubiese agarrado el corazón (y algo más) y decidido no soltarlo hasta nuevo aviso. Uno sufre pensando en que nunca se concretará o que se arruinará demasiado pronto, y se vive una intensidad tan eufórica que pareciera que uno es meramente el resto descerebrado de su antiguo yo. Se le puede llamar “enamoramiento” o “encaprichamiento” o “atracción”, o, como muy acertadamente me comentó una amiga ayer “¡es que me tiene babosa!”.

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En los setenta Dorothy Tennov se dedicó a estudiar la sensación del amor romántico tomando testimonios de personas que decían sentirse de esa manera. Su hipótesis era que existía un estado psicológico distintivo e involuntario que era posible de identificar, independiente de diferencias socioculturales, de raza, sexo y cualquier otro atributo posible. A este estado ella le llamó “limerencia”.

Tennov definió la limerencia como un “estado involuntario interpersonal que involucra un deseo agudo de reciprocidad emocional, con pensamientos, sentimientos y comportamientos obsesivo-compulsivos, además de la sensación de dependencia emocional respecto de otra persona”. Albert Wakin, experto en limerencia y con una visión algo más fatalista, la define como una combinación de un desorden obsesivo-compulsivo y adicción, o sea, un estado de deseo compulsivo por otra persona. En el mejor de los casos se vive con intensidad y se transforma en amor mutuo sano (o se desintegra solo), en el peor, en un estado psicológico que se apodera de tu vida.

¿Suena exagerado? ¡JA! Lee las siguientes características de la limerencia a ver si has pasado por esto:

  • El elegido: una persona que empieza a cobrar un “significado especial”. Puede ser alguien nuevo o un amigo que comienzas a ver con otros ojos. (Como lo decía uno de los testimonios: “Todo mi mundo se había transformado. Tenía un nuevo eje, y ese eje era ella”).
  • Pensamientos intrusivos e incontrolables sobre el otro: recuerdas y atesoras cosas que el otro dijo, te preguntas qué pensaría de ese libro o película. Cada momento que comparten tiene un peso especial y se vuelve material a examinar mentalmente una y otra vez.
    Al principio estos pensamientos intrusivos son menos del 5% de las horas en que uno está despierto, pero a medida que crece la obsesión, pasan a ser del 85% al 100%. Y ahí comienza la cristalización.
  • Cristalización: no, no es idealización, ya que percibes las debilidades de tu ídolo, pero las descartas y te convences de que esos defectos son únicos y encantadores (además de preferir enfocarte en sus aspectos positivos).
  • Sensación de esperanza, euforia, incertidumbre y miedo: analizas sin fin de cada palabra y gesto para determinar su posible significado. A cualquier señal de reciprocidad -real o imaginada-, sientes euforia. La incertidumbre se vuelve miedo o desesperación si es que el otro rechaza tus avances. La intensidad pasional se mantiene e incluso engrandece ante la adversidad.
  • Experimentas síntomas físicos cuando estás en presencia del otro, como temblores, sonrojarse, sensación de debilidad general o palpitaciones del corazón, incluso tartamudeos. Te sientes extremadamente tímido o nervioso o confundido, como si se te hubiese olvidado cómo hacer hasta las cosas más sencillas: una torpeza sin límites.
  • Ajustas tu horario para maximizar los posibles encuentros con el otro.

Sí, es agotador.

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Pero ¿qué es? ¿Qué nos pasa físicamente que sentimos ese amor-obsesión de manera tan rotunda? Cuando estás enamorado/obsesionado tu cuerpo cambia también. Las investigaciones señalan que este estado es el resultado de un proceso bioquímico en el cerebro. En corto, la glándula pituitaria responde a señales del hipotálamo y libera:
+ Norepinefrina
+ Dopamina
+ Estrógeno
+ Testosterona
+ Feniletilamina (FEA -o PEA, por su nombre en inglés-, una anfetamina natural que causa sensación excitación, euforia y entusiasmo)
Este cocktail tiene poco de inocencia, porque lo que genera es una sensación de euforia. Cómo no, si tu cerebro está generando anfetas.

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Lo de la FEA (o PEA) no es como para tomárselo a la ligera. Michael Liebowitz y Donald Klein estudiaron, en los ochenta, los efectos de la FEA mientras trataban a pacientes que eran “adictos al amor” (love junkies). Estas personas anhelaban tener una relación, y en la urgencia de tenerla, elegían parejas inapropiadas. Luego, cuando eran rechazados, su euforia se volvía desamparo, hasta que volvían a “enamorarse” obsesivamente de nuevo. El “adicto al amor” pasaba entonces de sentirse absolutamente eufórico a sentirse devastado, en una montaña rusa emocional que lo hacía pedacitos.

 Lo que Liebowitz y Klein sospechaban era que este tipo de personas eran adictas a la FEA. Lo que hicieron entonces fue administrarles inhibidores de la MAO, que son antidepresivos que bloquean la acción de una enzima que degrada a la FEA (o sea, estos inhibidores elevan los niveles de FEA). Los resultados apuntaron a concluir que los “adictos al amor” lo eran debido a que carecían de suficientes niveles de FEA. Uno de los casos más ilustrativos fue el de un paciente que luego de un par de semanas de recibir los inhibidores MAO, comenzó a escoger con más cuidado a sus parejas, ya que ya no anhelaba el peak de FEA que le daban sus relaciones desastrosas. Este tipo había pasado años en terapia, pero no había sido capaz de aplicar nada de lo que había aprendido en ella hasta ese momento, porque siempre tenía una reacción emocional demasiado poderosa.

Ok, hasta ahí con la FEA, que explica en parte las sensaciones de euforia que uno siente cuando se está enamorando. Pero hay tanto más antes y después: la cultura también define de quién nos enamoramos, cuándo nos enamoramos y dónde. Cuando encuentras a esa persona de la que te enamoras, la FEA tiene responsabilidad sobre el cómo te enamoras.

Ahora bien, hay que notar que hay gente que nunca se ha enamorado. Se ha registrado que algunas de las personas que no son capaces de “enamorarse” de esta forma sufren de hipopituitarismo, una enfermedad de causa problemas hormonales y “ceguera al amor”, según Helen Fisher. Esta gente tinede a llevar vidas normales, y por ejemplo se casan, sí, pero por compañerismo, porque ese frenesí del que hablamos antes es algo que desconocen.

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No todo dura para siempre y el enamoramiento, según algunos autores, corre esa misma suerte. Tennov midió la duración de este amor romántico desde el momento en que comenzaba el enamoramiento hasta llegar a un sentimiento de neutralidad por el objeto amado. ¿Cuánto dura? “El intervalo más frecuente y también el promedio es entre 18 meses y 3 años”.

Liebowitz, por su parte, sospecha que ese aplanamiento luego de tanta intensidad tiene que ver con un ajuste cerebral: cree que el cerebro no puede mantener ese estado de euforia romántica para siempre, ya sea porque las terminaciones nerviosas se acostumbran a los estimulantes naturales del cerebro o porque disminuyen los niveles de FEA. Él lo plantea así: “Si quieres mantener una situación en la que tú y tu pareja de años quieren seguir sintiéndose super excitados el uno por el otro, tienes que trabajarlo, porque te estás rebelando ante una marea biológica”.

Luego del enamoramiento la sensación de apego comienza a reemplazar a esa locura inicial. El apego es el sentimiento de calidez, seguridad y comodidad que tantas parejas dicen sentir. Cuando empieza a disminuir el enamoramiento y a aumentar la sensación de apego, comienza a operar otro sistema químico: los opiáceos. Se liberan endorfinas, las que son similares a la morfina y generan una sensación de tranquilidad, además de reducir el dolor y la ansiedad. Liebowitz teoriza que las parejas que están en la fase de apego se gatillan mutuamente esta producción de endorfinas, dándose el uno al otro una sensación de seguridad, estabilidad y tranquilidad. ¿Cuánto dura este apego? Se ha estudiado poco, pero sí se sabe que a medida que envejecemos, resulta más fácil sentirse apegados.

Sin embargo, hay esperanza, no todo se acaba aquí. Arthur Aron ha estudiado parejas que sostienen relaciones de largo plazo que son intensas, profundamente conectadas y sexualmente activas, pero sin elementos de obsesividad. Al parecer, la suposición de que el amor romántico no puede existir en relaciones de largo plazo tendría que ver con la confusión entre dos términos: amor romántico y amor apasionado (este último incluiría alta obsesión, incertidumbre y ansiedad). Según Aron, existen relaciones duraderas en las que se mantiene la intensidad, el interés y la sexualidad, mientras que en el caso de las relaciones con un elemento más obsesivo es mucho menos frecuente que perduren. ¿Demasiado bueno para ser verdad o demasiado duro?

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Un comentario final, personal, arrebatado, convencido, expectante, optimista: el unicornio existe. Tal vez sólo hay que salir a buscarlo.

 

Refs:

The Anatomy of Love, de Helen Fisher. También hay una charla TED muy buena: http://bit.ly/1igZglS

Chemical Connections: Pathways of Love http://nyti.ms/2hqxsQp (entrevista a Michael Liebowitz por su libro The Chemistry of Love, 1983).

Love-Variant: The Wakin-Vo I.D.R. Model of Limerence, Albert Wakin http://bit.ly/2ielpGO (propuesta para considerar la limerencia como un problema mental, similar a una adicción a drogas)

Limerence and the biochemical roots of love addiction http://huff.to/2ixpMJR (otra mirada un poco más fatalista sobre lo mismo)

Does a Long-Term Relationship Kill Romantic Love?, Arthur Aron https://www.apa.org/pubs/journals/releases/gpr13159.pdf

 

 

 

 

 

 

 

 

Refs:

The Anatomy of Love, de Helen Fisher.

Chemical Connections: Pathways of Love http://nyti.ms/2hqxsQp (entrevista a Michael Liebowitz por su libro The Chemistry of Love 1983).

Love-Variant: The Wakin-Vo I.D.R. Model of Limerence, Albert Wakin http://bit.ly/2ielpGO (propuesta para considerar la limerencia como un problema mental, similar a una adicción a drogas)

Limerence and the biochemical roots of love addiction http://huff.to/2ixpMJR (otra mirada un poco más fatalista sobre lo mismo)