Cómo elegimos a nuestras parejas – Parte II

En la primera parte, después de mucho porcentaje y tendencia estadística que demuestra simplemente qué tipo de decisiones tomamos, los dejé con dos ideas que podrían explicar por qué las tomamos: ya sea porque el mundo es un espejo interno de nuestras aspiraciones, deseos, ganas, roles que queremos jugar, etcétera, o porque definimos nosotros mismos qué historias, amores, promesas o engaños nos merecemos. Continúa leyendo Cómo elegimos a nuestras parejas – Parte II

Cómo elegimos pareja – Parte I

He estado leyendo un montón sobre qué nos hace conectar con los otros emocionalmente y, en especial, al momento de buscar pareja. Lo que sigue es un resumen de las cosas que he ido descubriendo, un par de ideas y la invitación a pensar y a discutir. Va en dos partes porque da para largo. Continúa leyendo Cómo elegimos pareja – Parte I

Los kriptonitas

He estado pensando mucho en qué es lo que hace que alguien nos guste o no. ¿Qué hace que elijamos a X y no a Y? ¿Qué tiene ese otro a nuestros ojos que nos convoca? ¿Cómo identificar lo que realmente queremos?

Las fórmulas no me sirven, o al menos, me resultan poco iluminadoras: todo el mundo dice que le importa que su pareja tenga sentido del humor, que sea inteligente o que le resulte físicamente atractiva. Si fuese tan fácil de resumir y entender, todos estaríamos felizmente emparejados con cualquiera que buscase lo mismo.

Caer en descripciones convencionales retrasa el proceso de encontrar a alguien que realmente te gusta: en la medida en que lo que dices es una generalidad, menos consciente eres de que lo que estás buscando es realmente particular. Entenderlo es clave: estás buscando algo súper especial, y mientras no reconozcas esa búsqueda, te puedas pasar mucho rato tratando de acomodarte a un molde que no te calza.

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Cuando ando medio perdida siempre aplico lógicas extremas para llegar a conclusiones de manera rápida. Cuando se trata del atractivo y del amor, lo que más me sirve para pensar en qué me gusta o qué me interesa es lo de los kriptonitas.

Llamo “kriptonitas” a esas personas que hacen que uno se desmaye un poco internamente cada vez que los ve (o incluso cuando se los imagina). Te vuelves débil: se deshacen las barreras que tanto te costó levantar, pierdes en promedio de veinte a cincuenta puntos de coeficiente intelectual cuando te miran y ni hablar de las habilidades motrices: la torpeza abunda cuando hay un kriptonita a menos de un metro.

Clasifico en dos a los kriptonitas: los sinérgicos -tanto a ellos como a ti les pasa algo, es mutuo- y los terroríficos. Voy a hablar de los segundos, porque los primeros son menos problemáticos (y uno tiende a pasarlo mucho mejor con esos).

Un kriptonita terrorífico es alguien que, porque te gusta tanto, te pone en situaciones que no te acomodan. Doblega tu voluntad con su presencia, terminas cediendo más de lo que te gustaría e incluso te traicionas diciendo cosa en las que no crees, sólo para conseguir su aprobación (o una carcajada pffff). El primer consejo con estos kriptonitas es obvio -¡huye!-, el segundo es contrario al sentido común -¡huye….pero no tan rápido!-. Los kriptonitas son una súper buena oportunidad para identificar qué nos gusta, qué nos gusta y nos hace daño y qué nos gusta y tenemos mal codificado.

Primero: qué nos gusta. Esto es fácil: a veces uno puede ver patrones físicos o de movimientos, algo que tiene que ver con la presencia -cómo habitan el espacio-. Admiramos un atributo que le pertenece: objetivo, medible (si uno quisiera darse la lata de medir).

Es importante aprender a diferenciar qué nos atrae de alguien y el que alguien nos atraiga por cómo nos hace sentir. Es muy distinto quedarse embobada -foco afuera- a sentirse feliz, livianita o privilegiada cuando estás con esa persona -foco adentro-. Lo segundo tiene que ver con las cosas que el otro nos despierta y eso, por inevitable que nos parezca, tiene mucho más que ver con nosotros que con el otro (aunque sí, sí, el atractivo siempre es subjetivo).

Hay kriptonitas que, aunque no te hacen sentir tan bien, te desarman. A veces son cosas tan tontas como necesitar sentirse en desventaja o dominado para que alguien parezca atractivo, y eso dura -predeciblemente- hasta que el otro engancha y se pone más servicial. El problema ahí entonces es la expectativa: ¿qué emoción te está activando esa persona? ¿Con qué experiencia asocias esa emoción? ¿Qué relación has tenido con personas que te han hecho sentir así?

A veces hay asociaciones torcidas a la base: por ejemplo, confundes dominancia con protección y por lo tanto te parece atractivo alguien rígido o controlador porque te hace sentir protegido, como que se preocupa de ti. O por el contrario, te parece atractivo alguien que te ignora o no te pone tanta atención porque confundes lo que te hace sentir -¿desconcierto, incertidumbre?- con interés de tu parte. O inexplicablemente te sientes atraído hacia alguien más fome o predecible porque confundes predictibilidad con seguridad y lealtad . Y así. Acá lo lógico es retrabajar esa codificación para dejar de dar bote.

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Los kriptonitas son como un acertijo emocional: la respuesta está ahí, a la vista, pero uno se pasa mucho rato dándonles vuelta hasta que chaaaaan, ¡era tan sencillo! Sólo había que detenerse un poco a mirar las cosas con distancia, a quitarle el misticismo, a no dejarse embrujar por cómo nos resultan a primera vista y verlos por lo que son: elecciones -muchas veces peligrosas o fallidas- que nos apuntan dónde está el tesoro (el tesoro: eso que estamos buscando).

Joseph Campbell dice algo muy bonito (y cierto, a mi parecer) cuando compara la vida con la mitología: “donde tropiezas es donde está el tesoro”.

Ojo, “donde tropiezas”. No significa que lo que te hace tropezar sea el tesoro.

Error de atribución y atracción física

Por muy adrenalínico que pueda parecer tratar de meterse la mayor cantidad de comida a la boca y al mismo tiempo verse sexy, los estudios sugieren que tal vez salir a comer en una cita no es lo más efectivo. Tampoco lo es sentarse a tomar hasta que alguno de los dos parezca descerebrado y ya no importe lo incómoda que es la situación. Convendría, como alternativa, ir a ver una película de terror, salir a bailar o juntarse a subir las escaleras del edificio de alguno de ustedes (o jugar a empujarse por las escaleras, al más puro estilo de Lo que el viento se llevó), porque lo que sí funciona es acelerar el corazón del otro (en el sentido más literal posible).

La frasecita a recordar es: “los momentos de ansiedad y de descarga de adrenalina pueden generar un incremento en la atracción sexual”.
Normalmente pensamos que la excitación es el resultado de la atracción sexual, pero lo contrario también pasa.
En algunos casos, cuando la excitación por miedo o intensidad de actividad física se parece a la excitación sexual y hay un objeto presente, el cerebro puede conectar la excitación a la atracción sexual. Es decir, emociones fuertes son catalogadas como atracción sexual siempre que haya un objeto aceptable presente (con “aceptable” quiere decir que sea un objeto al que se le pueda atribuir el contribuir a la excitación sexual. Difícilmente, por ejemplo, una escoba). Esto se llama “atribución errónea de la excitación” y consiste en que a veces, para entender lo que nos está pasando, tratamos de explicarlo desde donde nos hace más sentido, aunque no sea la explicación correcta.

Contexto —Emoción —- identificar la causa de esa emoción–atribución

Ojo: esto no es un posteo para recomendar cómo salir de citas, sino más bien para ejemplificar cómo funcionamos. Efectivamente pasa que en situaciones críticas solemos generar el error de atribución y muchas relaciones que tal vez en contextos más calmados no hubiesen florecido, sí lo hacen en otros escenarios.

Para los curiosos, acá van los estudios:
*En un estudio ya clásico de 1974, un grupo de hombres de entre 18 y 35 años cruzaron un puente para llegar hasta una entrevistadora atractiva. Unos cruzaron un puente alto e inestable (alta ansiedad) y otros cruzaron uno bajo y estable (bajan ansiedad). Al final del puente la mujer les pasaba un cuestionario de imágenes aperceptiva y les sugería que si querían averiguar más sobre el cuestionario, la podían llamar (dándoles su número). Los hombres del puente inestable respondían el cuestionario con contenido más sexual que los otros. Y del otro grupo solo el 12,5% de los 16 participantes llamaron a la mujer, mientras el 50% de los del puente alto la llamaron. (Cabe aclarar que también se testeó un grupo con un entrevistador masculino y otro grupo presentando a la entrevistadora antes y luego de nuevo al final -es decir, habiendo anticipado el estímulo final-).
*Estudios posteriores han encontrado la misma conexión entre estimulación física y atracción sexual. En un estudio de 2003 se evaluó qué tanta atracción sentían los individuos hacia una foto de un individuo del sexo opuesto luego de andar en una montaña rusa. El resultado fue que la excitación residual de andar en la montaña rusa intensificaba la experiencia posterior de atracción entre parejas no románticas (no se mostraba el mismo efecto con personas ya vinculadas emocionalmente).
*Otro estudio comparó el nivel de atracción que sentían las personas hacia alguien del sexo opuesto antes y después de hacer ejercicio. Los resultados indicaron que había una alta correlación entre adrenalina y atracción.

Refs.:
Misattribution of Arousal http://bit.ly/2dujhI5 —artículo súper bien desarrollado que incorpora también otros puntos de vista o contextos, como las relaciones de pareja ya establecidas y los errores de atribución de la excitación.
The effects of Adrenaline of Arousal and Attraction http://bit.ly/2dudkuJ
Love at First Fright http://bit.ly/2dpAHVh
Some Evidence for Heightened Sexual Attraction Under Conditions of High Anxiety http://bit.ly/2e7AsyN

Tu pareja se parece a tus papás

¿No te gustó hincharle las pelotas por 30 años a tus viejos?

INVESTIGACIONES:
– Desconocidos son capaces de identificar a las esposas y madres del novio basándose solamente en parecido facial.

– La gente que fue criada por padres más viejos, tiende a elegir parejas mayores que ellos. Algunos estudios señalan que esta tendencia influye hasta en escoger el color de ojos y el pelo de las potenciales parejas románticas, teniendo como referencia al padre del sexo opuesto.

– Si se les muestran rostros “anónimos” a la gente, intervenidos con un 45% de sus propios rasgos faciales, la gente tiende a catalogar como más atractivas a esas caras que a los que no tienen ese parecido a ellos mismos. Es decir, elegimos gente que se ve como nosotros -que tiene un ADN similar- y, por extensión, también gente que sería parecida a nuestros padres.

Hay dos explicaciones para esto:
– Imprinting: como nuestros padres son los primeros humanos con los que nos relacionamos y en los que confiamos, inconscientemente escogemos gente similar, pensando que son más confiables y dignos de convertirse en nuestras parejas que otras personas.

– Efecto de exposición prolongada: mientras más tiempo pasamos con alguien, más nos gusta. Por eso hay tanta gente que se enamora de sus compañeros de colegio, de los vecinos del edificio o de sus compañeros de trabajo. La lógica es que como pasas tanto tiempo con esta gente la prefieres por sobre el resto. Es decir, respondemos positivamente a estimulos familiares.

(*No hay estudios sobre qué pasa con las relaciones homosexuales).

Refs.:
Facial attractiveness: evolutionary based research
http://bit.ly/1UEvQRo

Science says you’re probably attracted to people who look like your parents
http://read.bi/2d9YbjE

Are You Attracted To People Who Look Like Your Parents? Science Thinks You Are! http://bit.ly/2ekTS67