“ERES EL MOTIVO DE ALGUIEN PARA MASTURBARSE”

El otro día me topé con este post que es una variación del más vainilla y edulcorado “eres la razón de alguien para sonreír” y me gustó. Pucha que me gustó. Lo veo como una continuación de lo mismo, tal vez con más intención, un poco más de verdad. La frase original pretende hacerte sentir bien porque tú haces sentir bien al otro. La segunda, la parafraseada, también.

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DESEO Y RESTRICCIÓN

Fin de año es como vivir durante un par de semanas en una teleserie con un guión escrito por un demente. ¿Estresante? Por supuesto. Pero también intenso y retorcidamente entretenido. Es someterse a un espiral sentimentaloide que el resto del año no está tan a flor de piel. Pasan cosas: quiebres, giros, remezones y situaciones que comienzan a tomar forma. Continúa leyendo DESEO Y RESTRICCIÓN

APRENDER A DESEAR

Tal vez es porque he estado todo el día en cama sintiendo cómo la gripe se apodera de mi cuerpo que me dieron ganas de escribir esto que, en principio, me parece un poco vergonzoso. Voy a partir con dos opiniones que van ligadas: 1) mucha gente no sabe lo que quiere y 2) está lleno de gente que, porque no sabe lo que quiere, anda cagándolas. Continúa leyendo APRENDER A DESEAR

Infidelidad


 

 

Esther Perel es una psicoterapeuta que ha abordado el tema de las relaciones de pareja y el sexo, cuestionando las cosas que dábamos por sentadas, como por ejemplo, la infidelidad y su impacto en la pareja. En esta charla TED se explaya sobre por qué la infidelidad resulta amenzante y destructiva, pero también sobre cómo resimbolizarla y usarla a favor de la relación si la pareja decide seguir adelante. Es una charla que obliga a repensar términos como deseo, lujuria, felicidad. Puedes ver la charla completa o leer la transcripción. Te dejo, además, algunas citas que resumen un poco su apuesta.

Tenemos un ideal romántico en el que nos volcamos a una persona para satisfacer una lista interminable de necesidades: ser mi mejor amante, mi mejor amigo, el mejor padre, mi confidente, mi compañero emocional, mi par intelectual. Y yo: la elegida, la única, indispensable, irreemplazable, la elegida. Y la infidelidad me dice que no. Es la traición definitiva. La infidelidad rompe la gran ambición del amor. Pero si a lo largo de la historia la infidelidad siempre ha sido dolorosa, hoy a menudo es traumática, porque amenaza nuestro sentido del yo.

Debido a este ideal romántico, confiamos en la fidelidad de nuestra pareja con un fervor único. Pero nunca fuimos tan propensos a descarriarnos y no porque hoy tengamos nuevos deseos, sino porque vivimos en una era en la que sentimos que tenemos derecho a cumplir nuestros deseos, porque en esta cultura merecemos ser felices. Y si solíamos divorciarnos porque éramos infelices, hoy nos divorciamos porque podríamos ser más felices. Y si el divorcio traía aparejada la vergüenza hoy, elegir quedarse cuando uno puede partir es la nueva vergüenza.

Las aventuras son un acto de traición, pero también una expresión de añoranza y pérdida. En el meollo de una aventura, siempre encontrarán un anhelo y un deseo vivo de conexión emocional, de novedad, de libertad, de autonomía, de intensidad sexual, un deseo de recuperar partes perdidas de nosotros mismos o un intento por recuperar vitalidad de cara a la pérdida y la tragedia (…)  cuando buscamos la mirada del otro, no siempre nos alejamos de nuestra pareja, sino de la persona en la que nos hemos convertido. Y no es tanto que estemos en busca de otra persona, sino en busca de otro yo.

Y al contrario de lo que puede pensarse, las aventuras tienen que ver menos con el sexo y más con el deseo: deseo de atención, deseo de sentirse especial, deseo de sentirse importante. Y la propia estructura de una aventura, el hecho de nunca poder tener al amante, aviva el deseo. Eso en sí mismo es una máquina de deseo, por lo incompleto, por la ambigüedad, te hace desear lo que no puedes tener.