36 preguntas que pueden hacer que te enamores

Había escuchado sobre las “36 preguntas para enamorarse” en alguna parte. Seguro fue algo derivativo: un chiste o algo por el estilo que alguien mencionó a la pasada y que después Googleé y que al final terminó definiendo, ahora que lo veo en retrospectiva, más cosas que las que me gustaría reconocer. Esto pasó hace un año, más o menos, cuando tuve que irme de Australia después de haber conocido a un tipo que me hacía reír y con el que, estaba segura, quería tener algo más. Una vida, tal vez. Pero dejemos esa historia en pausa.

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Las 36 preguntas fueron creadas para ser parte de un estudio que intentaba definir si la intimidad entre dos extraños se podía inducir mediante el intercambio de preguntas de carácter personal. Las preguntas se subdividen en 3 grupos, cada uno más desafiante que el anterior. El método del estudio se basa en la idea de que un patrón clave asociado al desarrollo de una relación cercana o íntima entre pares es la revelación de uno mismo, o el ir descubriendo cosas del otro de manera sostenida, progresiva y recíproca. En ese sentido, las preguntas son una forma de inducir esa revelación mutua.

Las personas elegidas para el estudio fueron seleccionadas considerando que debían estar de acuerdo -o al menos no en desacuerdo- respecto de temas actitudinales que fuesen importantes para cada uno. Además, se creó la expectativa de que cada pareja potencial sería similar al sujeto que iba al estudio. Y otro factor importante: antes de empezar el intercambio de preguntas y respuestas, se les dijo que la intención de la actividad era que se volviesen más cercanos.

En resumen:
+ preguntas específicas y gradualmente reveladoras
+ personas que tienen cierto grado de compatibilidad y expectativa de conocer a alguien parecido
+ la intención o disposición para generar cercanía o intimidad con el otro.

El objetivo del procedimiento era desarrollar un sentimiento de cercanía temporal, no una relación, aunque los resultados indicaron que esa cercanía se experimentó como muy real y muy parecida a la cercanía que se genera de manera natural (ya fuese amistosa o amorosa. De hecho, una pareja terminó casándose). Por otra parte, el procedimiento no desarrolla otros aspectos relacionales que tienden a tomar más tiempo, como la lealtad, la dependencia y el compromiso.

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Volviendo a la historia original: supe de las 36 preguntas después de conocer a ese australiano, pero una vez que las leí entendí por qué esas dos semanas y media me habían parecido tan intensas: habíamos voluntariamente tocado temas tan profundos y de manera tan honesta que era difícil no sentirse cercanos. Con ese tipo entendí, al fin, lo que significa volverse vulnerable para el otro sin tener la expectativa de nada más. Él fue, en realidad, el cierre de un ciclo de personas con las que había vivido el mismo proceso: conocer a alguien por las ganas reales de conocerlo, porque el proceso de conocer a alguien es bonito y estimulante.

Estando en otro país, todas las cosas de las que te puedes agarrar para definir quién eres y qué quieres se mueven, se desbalancean. Para reencontrarte tienes que ponerte al límite, reconsiderar todo lo que pensabas que te definía. Y eso te hace abrirte a los otros de una manera diferente. Sí, sí, todo ese cliché.

Tanto de lo que hacemos cuando estamos en contextos “seguros” se vuelve calculado: sabemos hasta dónde queremos llegar con alguien, qué queremos obtener de esa experiencia, cuál es el alcance o impacto posible en nuestras vidas. Controlamos todo lo que podemos controlar porque volverse vulnerable es peligroso: definimos tiempos de llamada y de respuesta, entramos en esa danza bien conocida de dejar que el otro te busque, hacerse el difícil, jugar al despistado o la femme fatale, etc. Toda esa esa danza que ahora me saca bostezos y me irrita (y en la que, más chica, estuve muy atrapada).

Me acuerdo de cómo estaba cuando lo conocí: esperando nada de nada (lo había conocido por una App y ya casi salía con gente por deporte, acostumbrada a tener que buscar conocer gente nueva como fuera), tratando de calmar mi angustia sobre si me quedaba o me iba de Australia, aferrada a mis afectos en uno y otro extremo del mundo. Había salido con un montón de tipos que conocía por Tinder o Happn y entendía que el interés que podían tener en mí era limitado: algo así como anecdótico (“salí con una chilena, no sabe si se queda o se va del país, su vida es un desastre”), aunque con muchos de ellos forjé una amistad duradera. Lo bonito fue que desde ese lugar -desde la incertidumbre y la vulnerabilidad- fue posible vernos el uno al otro. En dos semanas entendí mejor quién era él que a mucha gente con la que he compartido muchos otros momentos, pero jamás nos hemos hablado en serio.

Ese australiano fue el último de una larga lista de personas -pinches y amigos/as- con las que, porque yo no tenía nada que perder, fui radicalmente honesta. Hablaba con cuanto sujeto se me cruzaba por delante. Quería generar conexiones reales porque a menos que hiciera eso, yo no existía para nadie en ese país: estaba sola, toda la gente que me conocía estaba en cualquier parte del mundo, menos ahí. Necesitaba que los otros supieran quién era yo no solo porque necesitaba nuevos amigos, sino porque una existencia carente de relaciones íntimas, honestas, es una existencia que se vive como en el aire. Y yo quería desesperadamente existir. Así que mientras estuve en Australia me dediqué a conversar con la gente, a escucharla de verdad.

Cuando volví a Chile sentí que me empecé a pudrir por dentro porque por algún motivo ya no estaba teniendo conversaciones relevantes. Ni con mis amigos ni con mi familia ni con mis pinches. Era difícil trasladar la misma honestidad a una vida donde sí hay más cosas en riesgo, o donde las relaciones están previamente “dadas”, o sea, donde no hay que hacer mucho esfuerzo para que la gente pesque que existes. Estaba todo funcionando, sí, pero era plano, plano, plano. Y digan lo que quieran decir, pero incluso el sexo mejora mucho si hay una conexión con el otro, un entendimiento de quién es ese otro, qué busca. Estaba hambrienta de ese tipo de conversaciones y no sabía cómo hacer el switch para tenerlas sin parecer una loca de patio.

Y entonces se me ocurrió lo de los perfiles. Creo que los perfiles tienen que ver con eso, con la búsqueda de intimidad, con crear un escenario para hablar de verdad. Con armar algo -intimidad, cercanía, honestidad- que en lo cotidiano nos cuesta. Y eso es bonito y me hace feliz.

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Hace un par de viernes atrás, en la casa de un amigo, me acordé de las 36 preguntas. No sé por qué lo mencioné, pero el asunto es que éramos tres -yo, mi amigo, y un amigo de mi amigo- y decidimos responder la mayoría de ellas.

Lamento decir que no estamos viviendo locamente enamorados los tres, ni mandándonos cartitas expresando cuánto nos queremos, pero sí pasó algo más o menos mágico: mi amigo, que no era tan cercano, se volvió una persona que me importa y hacia la que siento un afecto genuino. El amigo de mi amigo, que no era nadie -porque no lo conocía-, se convirtió en alguien que siento que conozco y en quien podría confiar. Pocas veces se sale de un carrete con saldos tan positivos.

Ah, y ¿el australiano?
Esa es otra historia.

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La invitación queda abierta. Tengamos conversaciones más relevantes con la gente que queremos y con los extraños que tal vez podrían ser parte de nuestras vidas. Menos small talk y más interés genuino. Menos “sí, estoy súper” y más “tengo ganas de saber en qué estai, ¿vamos a tomarnos unas cervezas?”. Y también: si estás saliendo, joteando, pololeando, casado, ¿por qué no mejor tener conversaciones ricas -que te enriquezcan, que te transformen- en vez de hablar de tonteritas?

Puedes ver las preguntas traducidas en el set de fotos que dice “36 preguntas” (http://bit.ly/2eK2bpZ) y también, si se te hace fácil el inglés, puedes acceder a las preguntas a través de la app del New York Times (www. nytimes.com/36q)

Referencias:
The Experimental Generation of Interpersonal Closeness http://bit.ly/1F60DLK

The 36 questions that lead to love: http://nyti.ms/1y5N2o8

“To fall in love with anyone, do this”, Mandy Le Catron para Modern Love: http://nyti.ms/1yNghvE

Put to test: 36 questions (video) http://ind.pn/2aEXOd1

The Skin Deep parece haber agarrado algo de esto, porque es un estudio creativo que se centra en explorar las conexiones humanas en la era digital. Su documental The And, premiado por los Emmy, indaga las dinámicas de las relaciones humanas modernas a través de parejas que prestan su testimonio.
The Skin Deep http://www.theskindeep.com/
The And http://www.theand.us/

¿Es importante el tamaño?

La cantidad de veces que he escuchado esta pregunta me da hasta un poquito de vergüenza porque hay gente para la que esto es una duda existencial. Si la misma energía y tiempo que le dedican los hombres a esta pregunta la dedicaran a aprender idiomas nuevos, todos hablarían al menos 3 idiomas de manera fluida. O tal vez ya habría cura para todo tipo de enfermedades. Y habríamos resuelto el problema de la distribución de la riqueza. Y así.
¿Importa el tamaño del pico o no? (me rehuso a decir “pene”, acostúmbrese).
Tengo mi opinión al respecto, pero antes les contaré sobre un par de estudios. Vamos.

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Lo primero que uno debiese preguntarse es: ¿por qué importa el tamaño? ¿Acaso hay una correlación entre tamaño y placer sexual? Y si no la hay, entonces ¿por qué nos sigue importando?

Como el tema del tamaño les importa tanto a los hombres ha habido numerosos intentos para determinar el “tamaño normal”, y el asunto siempre varía: depende de si se trata de medidas flácidas o erectas, del grupo racial y la edad de los sujetos, de quién toma las medidas, etc.
Un estudio reciente determinó que el tamaño promedio de un pico erecto es 13,12cm, con una circunferencia de 11,66cm. La longitud y circunferencia fláccida fueron de 9,16cm y 9,31cm respectivamente. Los sujetos evaluados fueron 15.000 hombres de distintas edades y grupos étnicos, la mayoría europeos o del Medio Oeste.

En un sentido estricto -reproductivo- el pico debiese ser únicamente suficientemente grande como para fecundar la vagina. Por otra parte, en términos de placer, al parecer es más importante cuánto dura el encuentro sexual y la función eréctil durante el mismo. Las mujeres parecen preferir anchura a longitud cuando se trata de sentir placer. De manera predecible, las mujeres que prefieren estimulación vaginal profunda, prefieren picos más largos. Si se considera que el orgasmo clitoridial es el que está más a la mano (pun intented), el tamaño no importaría demasiado.

Se hizo un estudio en el que 170 mujeres participaron y se encontró lo siguiente:
– 20% considera que la longitud del pico es importante,
– un 1% que es muy importante,
– mientras que el 55% lo considera poco importante ,
– y el 22% totalmente irrelevante.
Las opiniones sobre la circunferencia siguen el mismo patrón. La longitud resultó ser, en todo caso, menos importante que la circunferencia: 21% y 32% respectivamente. Las mujeres que consideraban la circunferencia importante, solían también considerar importante la longitud .

Un estudio en Australia intentó demostrar que el resultado evolutivo con el que nos enfrentamos hoy en día respecto del aumento de tamaño del pico se debe a una preferencia femenina. El estudio consistió en testear, con imágenes digitales, qué tan atractivo era considerado un cuerpo masculino por parte de las mujeres, variando y combinando el tamaño del pico, la altura y la forma del torso.
El estudio concluyó lo siguiente:
– el tamaño flácido del pico tiene una influencia significativa en qué tan atractivo se considera ese cuerpo. Los hombres con picos más grandes eran clasificados como más atractivos, pero era una relación no-linear (el aumento proporcional en atractivo comienza a declinar en tamaños mayores a 7.6cm en promedio
– el tamaño interactúa con la forma del torso y la altura para determinar atractivo sexual. Los hombres más altos y con mayor ratio hombro-cadera eran considerados más atractivos.
– El tamaño del pico tenía un mayor efecto en el atractivo de hombres más altos que en hombres más bajos.
– Tamaños más grandes de pico y mayor altura tenían impactos casi equivalentes en el atractivo masculino. Un hombre con una figura con forma de pera y un pico de mayor tamaño, no era mejor evaluado.
– La elección evolutiva de parejas sexuales, por parte de las mujeres, habría resultado en el desarrollo de picos más grandes, y en términos más amplios, se concluyó que la selección sexual precopulatoria juega un rol en la evolución de las características sexuales.

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Ok, dejemos de pensar en estudios, veámoslo en términos subjetivos.
A lo largo de mi vida he conversado con mucho hombre traumado con la idea del tamaño, he escuchado a mucha mujer quejarse del tamaño y también he hablado con mucha gente -hombres y mujeres- que me ha dicho que el tamaño no importa nada.
En algunos casos los hombres se pueden sentir tan perjudicados por el tamaño de su pico que terminan teniendo una performance que deja mucho que desear, pero la causante ahí es más su ansiedad que el tamaño mismo.
Como un estudio señala* -último estudio, lo juro- mientras los hombres sigan equiparando el tamaño del pico con su masculinidad, seguirán sintiendo una innecesaria ansiedad sexual. Los hombres, a lo largo de su vida y a pesar de haber logrado otras cosas que podrían validar su “masculinidad” siguen queriendo tener picos más grandes, incluso cuando ya están viejos.

En general cuando me hacen preguntas de este tipo -o cuando yo misma pienso qué tanta relevancia tienen estas cosas-, las invierto, o sea, cambio el sexo: ¿es realmente importante el tamaño de las pechugas / el poto / la cintura? Invertir la pregunta, desplazar el sujeto y el objeto, me ayuda a pensar más claramente sobre el asunto. ¿Hagamos el ejercicio?

Conozco hombres que siempre eligen estar con minas pechugonas y miran pocazo a minas planas. Otros prefieren estar con minas potonas. A otros les importa que sean super flacas y jamás estarían con una pasada de kilos. A otros les gusta que haya de dónde agarrar. Tiene sentido, cada uno puede tener sus gustos, ¿cierto?
Creo que en general en el caso de las mujeres hetero corre la misma ley: hay mujeres a las que les encantan los picos grandes y se mueren de depresión cuando ven un pico chico. Hay mujeres a las que las deprime que el tipo sea pelado, pero si tiene pelo, todo el resto está bien. Hay mujeres a las que eso no les importa tanto, pero sí les importa que el tipo sea alto. Hay minas a las que no les importa que sea alto, ni bajo, ni que lo tenga grande ni chico, pero les da ataque si tiene las manos como empanadas. Podría seguir, pero espero que ya se hayan hecho una idea. ¿Importa el tamaño? Sí, si es que es te importa el tamaño. No, si es que no te importa el tamaño.

¿Qué se puede hacer si a pesar de todo esto te sigue preocupando tenerlo chico? Creo que hay que ser vivos, más que nada. Hay que asumir que hay cosas que no podemos cambiar y que podemos manejar mejor si aceptamos que son como son, valorando otras cualidades que tenemos que son atractivas y seductoras. La idea de centrarse en una sola cualidad y dejarse amargar por ella me parece un poco tonta y poco efectiva. Y por último, si uno siente que anda medio descompensado por un lado, compensa por otros. (Tengo una hipótesis no probada: los hombres con picos más chicos son un poco overachievers en la cama y eso los hace más entretenidos: se preocupan más de que el otro lo pase bien y tienden a desarrollar otras habilidades o talentos -mejor sexo oral, mejor previa, más seductores, etc.-).

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En resumen: evolutivamente el tamaño impacta -relacionado con otras variables, por selección natural-, culturalmente el tamaño impacta -los medios masivos y la cultrua refuerzan un estereotipo del tamaño asociado a la masculinidad-, y subjetivamente puede impactar o no, porque hay gente a la que le importa y gente a la que no.

Un consejito: si lo tienes chico, las minas a las que les importa el tamaño no van a estar súper contentas. ¿Lata? Sí, pero quién te manda a tratar de convertir a justos en pecadores y vice-versa. Busca a tu público cautivo, céntrate en tus pros más que en tus contras. Búscate a alguien para quién esa característica no sea crítica.
Ah y también sería bueno preocuparse más de ser un sujeto interesante, simpático, buena gente y con sentido del humor en vez de obsesionarse con el tamaño. Puedes tener el tamaño perfecto, pero si eres un imbécil se pone difícil la cosa.

Fuentes:
Penis size: is there a correlation with sexual satisfaction? A scientific look -Independent http://ind.pn/1EglRcl
What importance do women attribute to the size of penis? – http://bit.ly/2e37N16
Penis size interacts with body shape and height to influence male attractiveness http://bit.ly/2eglu87

Para los que quieran ahondar más:
– VIDEO: Does size REALLY matter? http://dailym.ai/2epvRqz
– Does size matter? Men’s and Women’s Views on Penis Size Across the Lifespan http://bit.ly/2eeOw93

Tu pareja se parece a tus papás

¿No te gustó hincharle las pelotas por 30 años a tus viejos?

INVESTIGACIONES:
– Desconocidos son capaces de identificar a las esposas y madres del novio basándose solamente en parecido facial.

– La gente que fue criada por padres más viejos, tiende a elegir parejas mayores que ellos. Algunos estudios señalan que esta tendencia influye hasta en escoger el color de ojos y el pelo de las potenciales parejas románticas, teniendo como referencia al padre del sexo opuesto.

– Si se les muestran rostros “anónimos” a la gente, intervenidos con un 45% de sus propios rasgos faciales, la gente tiende a catalogar como más atractivas a esas caras que a los que no tienen ese parecido a ellos mismos. Es decir, elegimos gente que se ve como nosotros -que tiene un ADN similar- y, por extensión, también gente que sería parecida a nuestros padres.

Hay dos explicaciones para esto:
– Imprinting: como nuestros padres son los primeros humanos con los que nos relacionamos y en los que confiamos, inconscientemente escogemos gente similar, pensando que son más confiables y dignos de convertirse en nuestras parejas que otras personas.

– Efecto de exposición prolongada: mientras más tiempo pasamos con alguien, más nos gusta. Por eso hay tanta gente que se enamora de sus compañeros de colegio, de los vecinos del edificio o de sus compañeros de trabajo. La lógica es que como pasas tanto tiempo con esta gente la prefieres por sobre el resto. Es decir, respondemos positivamente a estimulos familiares.

(*No hay estudios sobre qué pasa con las relaciones homosexuales).

Refs.:
Facial attractiveness: evolutionary based research
http://bit.ly/1UEvQRo

Science says you’re probably attracted to people who look like your parents
http://read.bi/2d9YbjE

Are You Attracted To People Who Look Like Your Parents? Science Thinks You Are! http://bit.ly/2ekTS67