Teorías del amor

Yo no sé cómo les pase a ustedes, pero a veces cuando me pongo a hacer un recuento de las personas que me han gustado, de las relaciones que he sostenido, de la gente de la que me he enamorado, me parece como si alguien hubiese tirado todo a una juguera y voilà: los altos y bajos de mi vida. A simple vista lo único que tienen en común es que yo he elegido una serie de situaciones más o menos azarosas…y que me acuerdo de ellas.

Hay tantas explicaciones como teóricos que intentan desentrañar por qué nos gusta Pepito y no Josesito. A veces decidirse a tratar de entender nuestras decisiones amorosas y sexuales es como instalarse en la playa a colar arena, pero hay algunas aproximaciones que me parecen un poquito más sensatas que otras, y la que les quiero comentar hoy es una de esas.

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Robert Sternberg es un psicólogo estadounidense que desarrolló dos teorías sobre el amor sucesivamente, y que al final, sacó una combinatoria, llamada “teoría dúplex del amor”. Les resumo de qué se trata a continuación.

Por una parte, Sternberg propone la teoría triangular del amor, en la que el amor tendría tres componentes: intimidad, pasión y decisión/ compromiso. Los distintos tipos de amor tendrían una combinatoria diferente de esos tres componentes, y habrían 8 formas de amor fácilmente clasificables (para saber más, click).

Por otra parte, plantea la teoría del amor como una historia, que es la que más me interesa. Cuando descubrí este librito estaba en la universidad, tenía como 24 y creo que me resistí a procesar lo que estaba leyendo, tal vez porque era muy sencillo y yo sentía que el amor era demasiado confuso como para depurarlo así. Con los años he ido entendiendo que las decisiones que tomamos tienen que ver con una historia que nos contamos sobre nosotros mismos, y que las personas que amamos o que nos atraen tienen muchas veces que ver más con nosotros que con los otros -una prueba fácil: la pareja de tu amiga/o al que tú no le ves ni un brillo y por el que tu amiga/o se derrite, …o sea que el amor, el atractivo, no está en ellos (en los objetos del amor), sino en los sujetos, en el que elige enamorarse o involucrarse-.

La teoría del amor como una historia se basa en la idea de que todos hemos sido expuestos a un montón de historias que llevan, en sí mismas, diferentes concepciones sobre el amor. Vivir es ser testigo de esas maneras de abordar el amor: lo vemos en las relaciones de nuestro círculo familiar y de amigos, en el cine o la tele, al leer novelas.Lo aprendemos en el colegio, incluso a través de la historia. Como resultado, nos armamos nuestro propio punto de vista sobre cómo el amor es o debería ser, nuestra propia historia.

Según la investigación de Sternberg, nuestras parejas potenciales encajarían en nuestras historias en mayor o menor medida, y nuestras relaciones serán más exitosas mientras mejor encajen en nuestras historias preferidas. Cada historia tiene roles complementarios, y la gente tiende a sentirse satisfecha cuando encuentran parejas que encajen en esas historias ideales. Pero ojo, de todas las historias posibles, tenemos una jerarquía de historias preferidas. Si nos emparejamos con alguien que tiene una historia preferida que a nosotros no nos interesa tanto, somos susceptibles de involucrarnos con alguien más que tenga una historia principal que encaje mejor con la nuestra.

Aunque la cantidad de historias posibles es probablemente infinita, ciertos géneros de historias aparecen una y otra vez en la literatura, en las películas y en el relato oral de las personas. Las siguientes historias conceptualizan las nociones del amor más populares (ojo, se definieron a partir de lo relatado por participantes de EEUU, lo que puede generar un sesgo cultural). Hay 26 historias tipificadas:

Historias asimétricas:
– la del estudiante y profesor
– la de sacrificio
–  la de gobierno (autocrático y democrático)
– la policial
– la de pornografía
– la de terror

Historias objetuales:
La persona como objeto
– la de ciencia ficción
– la de colección
-la de arte

La relación como objeto:
– la del hogar
– la de recuperación
– la de religión
– la de juego

Historias de coordinación:
– la de viaje
– la de costura
– la de jardín
– la de negocios
– la de adicción

Historias narrativas:
– la de fantasía
– la de historia
– la científica
– la del libro de recetas

Historias de género:
– la bélica
– la teatral
– la humorística
– la de misterio

 (Más info sobre los tipos de historias  y para descubrir qué tipo de historias prefieres).

Entre las conclusiones que Sternberg ha reunido a través de diferentes estudios, vale la pena mencionar:

  • La compatibilidad de las historias de cada integrante de la pareja es importante para tener una relación sana o feliz (mientras más similares las historias, más felices las parejas). Las historias tienden a ser compatibles si hay roles complementarios en una sola historia (como la del príncipe y la princesa) o si las historias son tan similares que pueden fundirse en una nueva historia. Por ejemplo: una historia de fantasía se puede fundir con una de jardín, porque uno puede nutrir o cultivar una relación mientras sueña con ser rescatado por un caballero. Una historia de fantasía y de negocio, por el contrario, es más difícil de combinar.
  • Cuando uno habla por separado con dos personas que acaban de separar, las historias de por qué terminaron tienden a sonar como si cada uno hubiese estado en relaciones completamente diferentes…y (mentalmente) lo estuvieron.
  • La compatibilidad entre historias no garantiza una relación exitosa. A veces tu historia favorita puede ser peligrosa o desagradable (ej., una historia de recuperación o una de terror). Las personas suelen quejarse de que siempre terminan con el mismo tipo de parejas y que tienen mala suerte en el amor, pero en realidad están escogiendo gente inconscientemente para que cumpla los roles de sus historias, o incluso forzándolos a que lo hagan. Según Sternberg, los triángulos del amor que mencioné al principio, emanan de estas historias.

Ufff. Harto, ah.

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Entonces, desde mi punto de vista, lo interesante de esto es que una multiplicidad de personas pueden compartir tu historia (o sea, ese fatalismo de “el único amor de la vida” puede ser medio exagerado).  A mí me parece un modelo optimista.  Además, el tomar conciencia de nuestras historias preferidas puede hacer que cambie nuestra vida -que queramos contarnos otras historias románticas si encontramos que las que hemos elegido hasta ahora no son necesariamente lo que queremos- y también entender que pueden haber distintas historias que queramos contarnos, lo que explicaría por qué nos atraen personas tan diferentes entre sí y por qué a veces comprometerse con una sola historia puede resultar tan difícil. Por último, también me gusta que este tipo de teoría no es necesariamente excluyente de otras maneras de explicar el amor, es decir, puede usarse simultáneamente con otras teorías.

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En unos días más es mi cumpleaños y no puedo si no caer en la tentación del recuento, balance y resumen. Nunca me imaginé que sería este tipo de persona a esta edad, pero tampoco nunca me imaginé siendo ningún otro tipo de persona a esta edad, ja. O sea, que el cuento que me contaba a mí misma sobre mi futuro siempre fue corto placista -y en realidad, todavía lo es-: en dos meses más voy a estar haciendo esto, en seis meses más probablemente esté haciendo esto otro. Más allá de esos plazos, me empiezo a imaginar cómo me gustaría sentirme, más que qué voy a estar haciendo exactamente (¡y lo recomiendo! Es una manera muy rica de vivir el día a día y de tomar decisiones).

Cuando trato de hacerme un seguimiento más o menos coherente, empiezo a ver patrones de comportamientos que incluso pueden ser muy distintos según las diferentes épocas de mi vida. Me imagino que no soy la única. Pero si uno mira detenidamente, hay ciertas historias amorosas que volvemos a repetir (y errores que tendemos a cometer…cambia el personaje, pero ¿parece que estamos repitiendo la historia? Ese déjà vu que a ratos es más un calco….). Vale la pena preguntarse entonces qué historias hemos decidido vivir.

Entonces, démosnos un rato para pensar en qué caminos hemos elegido, en qué historias nos hemos querido contar. Y si estamos saliendo con alguien, tal vez sería bueno poner atención a la concepción del amor del otro: ¿qué historia quieren vivir con nosotros? Y ¿qué tan interesante nos parece esa historia?

Refs.:

http://www.robertjsternberg.com/love/

Link al libro: http://amzn.to/2akat82

Sternberg resume en un artículo cómo llegó a las teorías del amor: http://huff.to/2lOBhBm

Artículo con los resultados de las investigaciones: http://bit.ly/2lOt8Nm

Test corto, el amor es como una historia: http://wp.me/p78MEN-11w

Link a teoría dúplex del amor, info adicional:  http://wp.me/p78MEN-129

 

Sternberg: Teoría dúplex del amor (notas)

Ok, un poco más de información:

La teoría duplex del amor comprende la teoría triangular del amor y la teoría del amor como una historia. A continuación encontrarás un poco más de info de las mismas, que complementan el otro artículo. La mayoría de la información fue tomada de este link: http://www.robertjsternberg.com/love/

La teoría triangular del amor emplea el triángulo como metáfora: el amor tiene tres componentes que manifiestan distintos aspectos del amor -a saber, intimidad, pasión y decisión/ compromiso-, y cada uno estaría ubicado en un vértice del triángulo del amor:

  • La intimidad es el sentimiento de cercanía, conexión y vínculo en relaciones amorosas. Tiene que ver con la experiencia de calidez.
  • La pasión se refiere a los impulsos que llevan al romance, a la atracción física, a la consumación sexual. Tiene que ver con la motivación y la excitación.
  • La decisión/ compromiso se refiere, en el corto plazo, a la decisión de que uno ama a otra persona, y en el largo plazo, a comprometerse a mantener ese amor. Estos dos aspectos no van necesariamente de la mano (uno puede decidir amar a alguien sin comprometerse a largo plazo, o alguien puede comprometerse en una relación sin reconocer que ama a esa persona).

Estos tres componentes interactúan entre sí. Aunque todos son importantes, su relevantica varía de una relación a otra o a lo largo del tiempo en la misma relación.

8 tipos distintos de amor se generan al combinar distintas proporciones de estos elementos (ojo, son casos limitados, ninguna relación es un caso exacto a estos modelos):

  • Sin amor o falto de amor (nonlove): ausencia de los tres componentes.
  • Gustarse (liking): cuando sólo se experimenta intimidad, sin pasión ni decisión/ compromiso.
  • Amor apasionado (infatuated love): pasión, sin intimidad ni decisión/ compromiso.
  • Amor vacío: se decide que se ama a una persona, pero sin compromiso, sin intimidad y sin pasión.
  • Amor romántico: combinación de intimidad y pasión.
  • Amor compañero: combina intimidad y decisión/ compromiso, sin pasión.
  • Amor fatuo: pasión y decisión/ compromiso, sin intimidad.
  • Amor consumado o completo: la combinación de los tres.

Ahora, acá la cosa se pone complicada, porque Sternberg lleva, para mi gusto, la metáfora del triángulo un poco lejos. La geometría de este triángulo del amor depende, según él, de dos factores: cantidad de amor y equilibrio de amor. La diferencia de cantidad se representa por el área del triángulo, la de equilibrio, por formas de triángulos. Entonces, por ejemplo, un amor equilibrado -con cantidades similares de cada componente- sería un triángulo equilátero. El amor no involucra un solo triángulo, sino varios, pero algunos predominan más que otros y sería posible contrastar triángulos reales con triángulos ideales. (Tal vez esta parte no me parece tan seria porque todo lo que leí lo encontré en internet y no me leí la tesis completa).

Me pasa con esta parte de la teoría que la idea de la “cantidad de amor”, algo difícilmente medible, me choca…como que aquí ya le dejé de comprar tanto, y me interesa esta parte de la teoría como algo meramente descriptivo.

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El amor es como una historia

Acá está el listado total de las historias que conceptualizan las nociones del amor (ojo, se definieron a partir de lo relatado por participantes de EEUU, lo que puede generar un sesgo cultural):

  • Historia de adicción: fuerte apego ansioso, comportamiento pegote, ansiedad al pensar en perder al compañero. Roles: adicto y salvador.
  • Historia de arte: se ama a un compañero por su atractivo físico, el compañero siempre debe verse bien, mantenerse físicamente deseable. Roles: obra de arte y espectador.
  • Historia de negocio: las relaciones son vistas como propuestas de negocios, la plata es poder, los compañeros en relaciones cercanas son como compañeros de negocios. Roles: socios.
  • Historia de colección: se ve al compañero como que “encaja” en un esquema mayor, se le ve desapegadamente. Una parte de la pareja tiende a salir simultáneamente con varias parejas “coleccionables” que resuelven una necesidad concreta cada una. Roles: objeto de colección y coleccionista.
  • Historia del libro de cocina: hacer cosas de una determinada manera (receta) hace que la relación funcione. No seguir la receta para el éxito hace que fracase.
  • Historia de fantasía: espera que alguien la “salve” de una situación o quiere casarse con una “princesa” para vivir por siempre feliz. Roles: príncipe y princesa.
  • Historia de juego: el amor como un juego o deporte. Es importante desafiarse mutuamente, “gnarle” al otro. De manera sana, pueden ser dos deportistas que intentan mejorar en un deporte o se preparan para carreras. De manera más rebuscada, los integranes no logran darle seriedad a la relación y cada gesto se considera en términos de “victoria” a “derrota”.
  • Historia del jardín: las relaciones tienen que ser nutridas, cultivadas y atendidas continuamente.
  • Historia del gobierno: a) Autocrático: un compañero domina o controla a otro, b) democrático: dos compañeros comparten equitativamente el poder.
  • Historia histórica: los eventos de la relación generan un registro indeleble, se guardan un montón de registros (físicos o mentales).
  • Historia de terror: las relaciones se vuelven interesantes cuando aterrorizas o eres aterrorizado por tu pareja. Roles: víctima y perpetrador.
  • Historia del hogar: las relaciones tienen su centro en el hogar, a través de su desarrollo y mantención.
  • Historia humorística: el amor es raro y divertido y tomárselo muy en serio lo arruina. Roles: público, comediante.
  • Historia de misterio: el amor es un misterio y no hay que revelar mucho de uno mismo. Historia policial: hay que supervisar al compañero para que se comporte o necesitas que te supervisen a ti. Roles: policía y sospechoso
  • Historia de pornografía: la vida es sucia y amar es degradar o ser degradado.
  • Historia de recuperación: mentalidad de superviviente, luego del trauma vivido la persona puede superar prácticamente cualquier cosa. Roles: co-dependiente, persona en recuperación.
  • Historia religiosa: ve el amor como una religión o el amor como un conjunto de sentimientos y actividades dictados por la religión.
  • Historia de sacrificio: amar es entregarse a uno mismo o que el otro se entregue por completo a ti. Roles: mártires.
  • Historia científica: el amor puede entender, analizarse, diseccionarse, como cualquier otro fenómeno natural.
  • Historia de ciencia ficción: sentir que la pareja es un alien, incomprensible y muy raro.
  • Historia de costura: el amor es lo que sea que tú fabriques o crees.
  • Historia teatral: el amor se vive melodramáticamente, tiene un guión, con capítulos y escenas y diálogos predecibles.
  • Historia de viaje: el amor es un viaje desafiante y excitante.
  • Historia bélica: el amor es una serie de batallas en una guerra continua y devastadora.
  • Historia del estudiante y profesor: el amor es una relación de aprendizaje. Roles: estudiante, profesor.

Algunas historias son más populares que otras. Más populares: la del viaje, la del jardín, la de humor. Menos populares: la de horror, la de colección y la del gobierno autocrático. Las mujeres tienden a preferir la historia de viaje, mientras que los hombres prefieren la del arte, la de colección y la de pornografía. Los hombres también prefieren la historia de sacrificio (aunque sea porque sienten que sacrifican cosas por amor).

Otras observaciones:

  • Abordar los problemas de nuestras relaciones tratando de cambiar comportamientos y hábitos es tratar el síntoma. Lo que hay que abordar es la historia, porque las crisis provienen de las historias que estamos actuando. En vez de mirar los defectos de nuestra pareja, fijarse si calza en nuestras expectativas.
  • Para definir lo que queremos, es necesario tomar en cuenta nuestras relaciones pasadas y preguntarnos qué atributos caracterizaban a las personas hacia las que nos sentíamos más atraídas, y también en los que perdimos el interés. También hay que definir qué historia romántica queremos contar y si tiene el potencial de tener un desenlace feliz.
  • Una vez que entendemos las ideas y creencias detrás de las historias que aceptamos como propias, podemos reconfigurarlas. Podemos preguntarnos lo que nos gusta o no de nuestra historia actual, lo que no ha funcionado y cómo nos gustaría cambiarlo. Esto puede involucrar cambiar historias o transformarlas. Por ejemplo, las historias de terror se pueden fantasear durante el acto sexual o en otras actividades, en vez de actuarlas físicamente en la relación.

 

 

36 preguntas que pueden hacer que te enamores

Había escuchado sobre las “36 preguntas para enamorarse” en alguna parte. Seguro fue algo derivativo: un chiste o algo por el estilo que alguien mencionó a la pasada y que después Googleé y que al final terminó definiendo, ahora que lo veo en retrospectiva, más cosas que las que me gustaría reconocer. Esto pasó hace un año, más o menos, cuando tuve que irme de Australia después de haber conocido a un tipo que me hacía reír y con el que, estaba segura, quería tener algo más. Una vida, tal vez. Pero dejemos esa historia en pausa.

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Las 36 preguntas fueron creadas para ser parte de un estudio que intentaba definir si la intimidad entre dos extraños se podía inducir mediante el intercambio de preguntas de carácter personal. Las preguntas se subdividen en 3 grupos, cada uno más desafiante que el anterior. El método del estudio se basa en la idea de que un patrón clave asociado al desarrollo de una relación cercana o íntima entre pares es la revelación de uno mismo, o el ir descubriendo cosas del otro de manera sostenida, progresiva y recíproca. En ese sentido, las preguntas son una forma de inducir esa revelación mutua.

Las personas elegidas para el estudio fueron seleccionadas considerando que debían estar de acuerdo -o al menos no en desacuerdo- respecto de temas actitudinales que fuesen importantes para cada uno. Además, se creó la expectativa de que cada pareja potencial sería similar al sujeto que iba al estudio. Y otro factor importante: antes de empezar el intercambio de preguntas y respuestas, se les dijo que la intención de la actividad era que se volviesen más cercanos.

En resumen:
+ preguntas específicas y gradualmente reveladoras
+ personas que tienen cierto grado de compatibilidad y expectativa de conocer a alguien parecido
+ la intención o disposición para generar cercanía o intimidad con el otro.

El objetivo del procedimiento era desarrollar un sentimiento de cercanía temporal, no una relación, aunque los resultados indicaron que esa cercanía se experimentó como muy real y muy parecida a la cercanía que se genera de manera natural (ya fuese amistosa o amorosa. De hecho, una pareja terminó casándose). Por otra parte, el procedimiento no desarrolla otros aspectos relacionales que tienden a tomar más tiempo, como la lealtad, la dependencia y el compromiso.

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Volviendo a la historia original: supe de las 36 preguntas después de conocer a ese australiano, pero una vez que las leí entendí por qué esas dos semanas y media me habían parecido tan intensas: habíamos voluntariamente tocado temas tan profundos y de manera tan honesta que era difícil no sentirse cercanos. Con ese tipo entendí, al fin, lo que significa volverse vulnerable para el otro sin tener la expectativa de nada más. Él fue, en realidad, el cierre de un ciclo de personas con las que había vivido el mismo proceso: conocer a alguien por las ganas reales de conocerlo, porque el proceso de conocer a alguien es bonito y estimulante.

Estando en otro país, todas las cosas de las que te puedes agarrar para definir quién eres y qué quieres se mueven, se desbalancean. Para reencontrarte tienes que ponerte al límite, reconsiderar todo lo que pensabas que te definía. Y eso te hace abrirte a los otros de una manera diferente. Sí, sí, todo ese cliché.

Tanto de lo que hacemos cuando estamos en contextos “seguros” se vuelve calculado: sabemos hasta dónde queremos llegar con alguien, qué queremos obtener de esa experiencia, cuál es el alcance o impacto posible en nuestras vidas. Controlamos todo lo que podemos controlar porque volverse vulnerable es peligroso: definimos tiempos de llamada y de respuesta, entramos en esa danza bien conocida de dejar que el otro te busque, hacerse el difícil, jugar al despistado o la femme fatale, etc. Toda esa esa danza que ahora me saca bostezos y me irrita (y en la que, más chica, estuve muy atrapada).

Me acuerdo de cómo estaba cuando lo conocí: esperando nada de nada (lo había conocido por una App y ya casi salía con gente por deporte, acostumbrada a tener que buscar conocer gente nueva como fuera), tratando de calmar mi angustia sobre si me quedaba o me iba de Australia, aferrada a mis afectos en uno y otro extremo del mundo. Había salido con un montón de tipos que conocía por Tinder o Happn y entendía que el interés que podían tener en mí era limitado: algo así como anecdótico (“salí con una chilena, no sabe si se queda o se va del país, su vida es un desastre”), aunque con muchos de ellos forjé una amistad duradera. Lo bonito fue que desde ese lugar -desde la incertidumbre y la vulnerabilidad- fue posible vernos el uno al otro. En dos semanas entendí mejor quién era él que a mucha gente con la que he compartido muchos otros momentos, pero jamás nos hemos hablado en serio.

Ese australiano fue el último de una larga lista de personas -pinches y amigos/as- con las que, porque yo no tenía nada que perder, fui radicalmente honesta. Hablaba con cuanto sujeto se me cruzaba por delante. Quería generar conexiones reales porque a menos que hiciera eso, yo no existía para nadie en ese país: estaba sola, toda la gente que me conocía estaba en cualquier parte del mundo, menos ahí. Necesitaba que los otros supieran quién era yo no solo porque necesitaba nuevos amigos, sino porque una existencia carente de relaciones íntimas, honestas, es una existencia que se vive como en el aire. Y yo quería desesperadamente existir. Así que mientras estuve en Australia me dediqué a conversar con la gente, a escucharla de verdad.

Cuando volví a Chile sentí que me empecé a pudrir por dentro porque por algún motivo ya no estaba teniendo conversaciones relevantes. Ni con mis amigos ni con mi familia ni con mis pinches. Era difícil trasladar la misma honestidad a una vida donde sí hay más cosas en riesgo, o donde las relaciones están previamente “dadas”, o sea, donde no hay que hacer mucho esfuerzo para que la gente pesque que existes. Estaba todo funcionando, sí, pero era plano, plano, plano. Y digan lo que quieran decir, pero incluso el sexo mejora mucho si hay una conexión con el otro, un entendimiento de quién es ese otro, qué busca. Estaba hambrienta de ese tipo de conversaciones y no sabía cómo hacer el switch para tenerlas sin parecer una loca de patio.

Y entonces se me ocurrió lo de los perfiles. Creo que los perfiles tienen que ver con eso, con la búsqueda de intimidad, con crear un escenario para hablar de verdad. Con armar algo -intimidad, cercanía, honestidad- que en lo cotidiano nos cuesta. Y eso es bonito y me hace feliz.

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Hace un par de viernes atrás, en la casa de un amigo, me acordé de las 36 preguntas. No sé por qué lo mencioné, pero el asunto es que éramos tres -yo, mi amigo, y un amigo de mi amigo- y decidimos responder la mayoría de ellas.

Lamento decir que no estamos viviendo locamente enamorados los tres, ni mandándonos cartitas expresando cuánto nos queremos, pero sí pasó algo más o menos mágico: mi amigo, que no era tan cercano, se volvió una persona que me importa y hacia la que siento un afecto genuino. El amigo de mi amigo, que no era nadie -porque no lo conocía-, se convirtió en alguien que siento que conozco y en quien podría confiar. Pocas veces se sale de un carrete con saldos tan positivos.

Ah, y ¿el australiano?
Esa es otra historia.

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La invitación queda abierta. Tengamos conversaciones más relevantes con la gente que queremos y con los extraños que tal vez podrían ser parte de nuestras vidas. Menos small talk y más interés genuino. Menos “sí, estoy súper” y más “tengo ganas de saber en qué estai, ¿vamos a tomarnos unas cervezas?”. Y también: si estás saliendo, joteando, pololeando, casado, ¿por qué no mejor tener conversaciones ricas -que te enriquezcan, que te transformen- en vez de hablar de tonteritas?

Puedes ver las preguntas traducidas en el set de fotos que dice “36 preguntas” (http://bit.ly/2eK2bpZ) y también, si se te hace fácil el inglés, puedes acceder a las preguntas a través de la app del New York Times (www. nytimes.com/36q)

Referencias:
The Experimental Generation of Interpersonal Closeness http://bit.ly/1F60DLK

The 36 questions that lead to love: http://nyti.ms/1y5N2o8

“To fall in love with anyone, do this”, Mandy Le Catron para Modern Love: http://nyti.ms/1yNghvE

Put to test: 36 questions (video) http://ind.pn/2aEXOd1

The Skin Deep parece haber agarrado algo de esto, porque es un estudio creativo que se centra en explorar las conexiones humanas en la era digital. Su documental The And, premiado por los Emmy, indaga las dinámicas de las relaciones humanas modernas a través de parejas que prestan su testimonio.
The Skin Deep http://www.theskindeep.com/
The And http://www.theand.us/