Sexo en transición

Sexo + Economía + Matrimonio + Liberación sexual femenina.

He tenido este artículo archivado por meses porque no sabía cómo abordarlo. Lo políticamente correcto es quejarse y denunciar las ideas anticuadas -tengo un doctorado en No Estoy de Acuerdo-, pero lo más honesto y útil sería evidenciar la brecha. Lo que nos falta para dejar de actuar estúpidamente. Así que acá va.

*

La historia es la siguiente: el 2014 se publicó un video que aplicaba la lógica de la economía a las relaciones sexuales, planteando una mirada bastante conservadora del sexo para explicar el fenómeno de la baja de estadísticas de matrimonios y sugiriendo una solución para revertirlo. El video se llama The Economics of Sex  y fue creado por el Austin Institute for the Study of Family and Culture, basado en investigaciones del psicólogo Roy Baumeister. Para los que no saben tanto inglés, acá  pueden ver un resumen escrito del video (y para los que sí, bueno, les sugiero verlo).

En corto, el video plantea lo siguiente: las estadísticas de matrimonio han descendido, la gente se casa más tarde y eso es muy muy malo -¿por qué? Nadie sabe-. La causa es que las mujeres están teniendo sexo sin pedir mucho a cambio (según el video, son muy fáciles y tiene sexo a la primera). Si uno quiere aplicar la lógica de mercado a las relaciones sexuales y amorosas, el sexo puede considerarse un commodity, o sea, que hay un precio de mercado para el mismo. Debido a que los hombres quieren tener más sexo que las mujeres, las mujeres son las que controlan el mercado sexual. Los hombres, en cambio, son los que controlan el mercado del compromiso, ya que las mujeres quieren más compromiso que los hombres. Entonces, la transacción es compromiso a cambio de sexo, pero como los hombres obtienen sexo fácil, entonces no es necesario que se comprometan. ¿La solución? Que las mujeres se coludan y le niguen el sexo a los hombres, para que así los hombres ofrezcan más compromiso.

Mi primera reacción: CUEEEEEEEEEEEK.
Mi segunda reacción: a ver, pero espera….
Mi tercera reacción: pucha, este artículo va a ser difícil de escribir.

*

¿Alguien más se sintió absolutamente deprimido? Yo me quise tirar del balcón porque sentí que habían un montón de suposiciones injustas, falsas y en el mejor de los casos relativizables presentadas como verdades. Por ejemplo:

– Los hombres tienen mayor deseo sexual que las mujeres: es difícil probar, si no imposible, si el “bajo deseo sexual” femenino se debe a limitaciones culturales de manifestación del deseo o si realmente las mujeres inherentemente -biológicamente- sienten menos deseo.
Al mismo tiempo, como no podemos probar eso, podemos sacar conclusiones de lo que se ve: en la práctica la conducta de búsqueda de oportunidades sexuales -sea biológica o aprendida- es más abierta de parte de los hombres. Los hombres manifiestan más abiertamente esa búsqueda y deseo y socialmente, al menos, recién las mujeres están pudiendo ocupar también ese espacio. Yo creo que es un par de años más el cuento se va a equilibrar en términos de permisividad social para manifestar el deseo (y así, que una mujer sea activa sexualmente no la convierta instantaneamente en una zorra).

– lo único que quieren las mujeres es casarse. (Ni siquiera voy a discutir esto, aunque, de nuevo, también entiendo que hay muchas mujeres que sí sienten la presión social de casarse por la edad o para adquirir una posición de reconocimiento social dentro de su grupo. No lo comparto, pero sí sé que hay gente que sigue en esas, y mientras eso pase, para parte de la población el proceso de dating seguirá siendo un juego tipo Tom & Jerry).

– El video plantea que el exceso de oferta de mujeres sexualmente activas ha disminuido el “valor” del sexo: en vez de “pagar” por sexo casándose, ahora los hombres necesitan comprar un par de tragos o salir en un par de citas. Marina Adshade -economista seca- rebate esta idea explicando que una relación inversamente proporcional de oferta y demanda sólo aplica en mercados donde hay un intercambio monetario. Adshade dice que salir en citas es más como hacer trueque: la gente decide comenzar relaciones al identificar una combinación específica de características que quieren en una pareja. Es un intercambio cuidadoso, no una transacción monetaria.
Esto -el que las relaciones se parezcan más a un trueque que a un negocio- hace que el mercado sea muy ineficiente. Y tiene todo el sentido del mundo: las economías de trueque son difíciles porque encontrar a alguien que venda lo que tú quieres comprar y que quiera comprar lo que tú quieres vender es complicado.

– Una cita: “Los hombres se comportan tan bien o mal como las mujeres de sus vidas se lo permiten”: ya, esto sí que me irrita, o sea no sólo las mujeres son responsables de su propia sexualidad y deseos, sino también de la del resto. O sea los hombres son niños incapaces de tomar sus decisiones y que no pueden autocontrolarse. Great! Rape culture. Googlée si no cacha el término.

– La solución que se propone es que las mujeres se coludan y le nieguen el sexo a los hombres para así impulsar a los hombres a casarse o a mantener relaciones de largo plazo. El video sugiere además que las mujeres debiesen evitar el sexo casual, tal como era antes de la píldora. Este razonamiento lo he escuchado un montón de veces -el que deriva de “ya no hay motivación para los hombres para casarse y la única forma es que se acabe el sexo premarital” o el inifinitamente menos elegante “para qué comprar la vaca si te dan la leche gratis”- y es un alivio ver que hay una argumentación económica en contra (¡además de ser realmente ridícula la idea de supervisar la vida sexual de los otros!): la solución es imposible ya que en el mercado del sexo y del amor hay millones de personas, por lo que es un mercado perfectamente competitivo y por lo mismo, es imposible armar un cartel, según Adshade, pues no se podría regular a todas las mujeres…y ningún economista serio plantearía la colusión como solución a ningún escenario de mercado.

Habría que pensar también en la agenda oculta de este tipo de discursos conservadores que defienden la institución por la institución en sí. Se sugiere revertir las libertades sexuales de las mujeres, constreñirlas…¿para qué? ¿A favor de qué?

Saquen las conclusiones ustedes.

*

Me acordé de resucitar este artículo por dos cosas:
– Es un ejemplo gráfico de Mansplaining y slut-shaming en conjunto. En unos pocos minutos el video le explica a las mujeres por qué ellas la están cagando, además de pasadita tratarlas de zorras y responsabilizarlas del “caos” que es que haya disminuido la tasa de matrimonios. (Lo del mansplaining da para otro artículo que viene luego, pero se puede definir como lo que pasa cuando “un hombre se siente compelido a explicar o a dar su opinión sobre cualquier cosa, especialmente a una mujer, a menudo de forma condescendiente, aunque no sepa de qué está hablando o no sea asunto suyo”).
– Me topé con un artículo sobre el movimiento MGTOW (Men Going Their Own Way), y la idea de que las mujeres son prácticamente el cáncer del universo y me recordó a este video de sex economy. Y luego vi un video que tienen ahí colgado de Briffault’s Law… y entiendo la paranoia de los MGTOW si es este el tipo de cosas en las que creen.

Creo que lo que más me preocupa es la consideración de un vínculo -sexual y relacional- en una simplificación carente de afectos. En el video el matrimonio es un medio para conseguir sexo y/o bienes. El sexo, para las mujeres, sería un medio para conseguir que les pidan matrimonio (bienes), … etc etc. Pero lo que pasa es que hasta hace muy poco era así: el matrimonio era un acuerdo de largo plazo que anudaba fuertemente tres términos: sexo, familia, dinero. Pero las cosas están cambiando y por eso este video ya empieza a sonar añejo.

Estamos en transición. Nos estamos moviendo desde una cultura conservadora, que otorga más libertades sexuales a los hombres, que valora el sexo en función de la construcción de la familia, a una manera más libre de ver el sexo, entendiendo que no es un commodity de un sexo que se “entrega” o “rinde” a otro a cambio de algo. Esto tiene TODO que ver con que las mujeres tengan independencia económica y se puedan integrar de lleno al mercado del trabajo en condiciones equivalentes a las de los hombres. En la medida en que las mujeres pueden sostenerse por su cuenta, no necesitan que los hombres las mantengan -o sea asegurarse la casa, la situación económica estable a través del vínculo matrimonial-. Y cuando eso ya esté por completo resuelto, la manera en que concebimos el matrimonio y el sexo cambiará. Por ahora, todavía estamos en aguas pantanosas.

Para una cabeza más liberal, tener sexo antes de embarcarse en una relación de largo plazo es crucial. El enganche sexual, la sintonía física, es parte esencial del vínculo que se forma. Para una cabeza conservadora, el no tener acceso al cuerpo del otro, el aguantarse, significa respeto. ¿Quién tiene razón? ¿Qué es mejor? ¿Qué es más sano, considerado, etc? Esto es lo mismo que sostener visiones políticas diametralmente opuestas: la jerarquía de valores de cada uno es lo que determina esas ideas. A mí me pasa que me parece un sinsentido el videíto. A otros les debe hacer todo el sentido del mundo. La cosa es que puedo entender que no quieran aplicar mis ideas a su vida, pero por algún motivo las cabezas más conservadoras sienten la necesidad de imponer sus ideas sobre el resto.

Como mujer independiente y profesional me repele que un hombre considere que tiene cualquier tipo de derecho sobre mi cuerpo y que sienta que puede juzgar, a cualquier nivel, mi vida sexual. Me resulta grotesco la gente que considera que yo como mujer tengo más valor mientras más “virginal” soy o mientras más difícil sexulamente les resulto -y ojo, ¡los tengo identificados chiquillos!-, o los que sienten que vincularse con un otro es similar a ejercitar su poder de compra o venta en cualquier otro escenario -no, que me invites a tomar algo o a comer no te asegura nada-, así como también me dan verg[uenza ajenas las mujeres que, teniendo sus propios medios económicos, usan su cuerpo para conseguir cosas o manipular al otro. También me irritan los que andan castigando a las personas que disfrutan de su vida sexual sin encorsetarse en la fórmula relacional que a ellos les parece aceptable. A toda esta gente quiero decirle: me tienen aburrida. Ahora, eso no va a cambiar su forma de pensar, claro, pero sí tal vez los ayude a mantenerse al margen, jaja. Así que: manténganse al margen y dejen de huevear al resto.

Refs.:
Para más argumentos que desbaratan la lógica del video y reflexionan sobre sus supuestos:
“Policing Female Behavior for the sake of Marriage”, Marina Adshade
http://bit.ly/2nHs6o0

“The Economics of Sex Theory is Completely Wrong”, Christina Sterbenz: http://read.bi/1g5XYCT

Y “Sex is not an economy and you are not merchandise”: http://bit.ly/1dIq3ni

MGTOW
https://www.mgtow.com/video/briffaults-law/

The Economics of Sex (resumen)

*** VIDEO*** OJO: esto es sólo un resumen, no una opinión.

La premisa: las estadisticas de matrimonios han disminuido porque las mujeres se han liberado sexualmente.
El sexo es un intercambio donde cada sujeto le da algo a cambio al otro -acceso al cuerpo del otro- . El hombre y la mujer disfrutan del sexo, pero lo experimentan de maneras distintas.
El hombre tiene mayor deseo sexual que las mujeres e inicia los encuentros sexuales en mayor proporción que las mujeres. Son más permisivos respecto del sexo y conectan el sexo al romance de manera menos frecuente.
Las mujeres, en cambio tienden a tener sexo por razones distintas al placer. Las motivaciones para el sexo de ellas son expresar y recibir amor, reforzar el compromiso, reafirmar su deseabilidad y obtener mayor estabilidad en la relación.
El sexo es un recurso de la mujer, por lo tanto, ella decide cuándo comenzar una relación sexual fijando un “precio”: a los hombres puede costarles un par de tragos y halagos, un mes de citas o la promesa de compartir todo su afecto, riqueza y ganancias para toda la vida con ella.
¿Qué es lo que cambió? La introducción de la píldora anticonceptiva (y se la compara con la invención de los pesticidas). Antes, para tener sexo había que estar al menos en una relación más o menos seria, porque las consecuencias estaban más orientadas hacia el matrimonio. Ahora tener sexo y casarse no van necesariamente de la mano, por lo que podría decirse que hay dos mercados, uno del sexo (donde hay más hombres buscando tener sexo) y otro del matrimonio (donde hay más mujeres). Entonces en el primer caso, las mujeres deciden con quiénes y cuándo tienen sexo, porque la demanda es más alta,
-pudiendo ser más selectivas en el corto plazo- mientras que en el mercado del matrimonio, pasa lo contrario.Es decir, los hombres se ponen selectivos antes de comprometerese, intentando alargar el sexo casual o descomprometido. (Maximizando sus ganacias mientras invierten pocos recursos).
¿Por qué los hombres se comportan así? Porque pueden. La solidaridad entre las mujeres respecto del mercado del apareamiento se ha disuelto, y ahora compiten unas con otras. Y cuando compiten, lo hacen ofreciendo sexo.
La solución que propone el video es la colusión entre las mujeres para elevar el valor de mercado del sexo.Si las mujeres estuviesen a cargo del mercado, se verían relaciones más largas, mayor inversión de tiempo y recursos, menos partners sexuales premaritales, menos cohabitación y finalmente, más matrimonios.

La trampa mortal

Siempre que alguien menciona el término fidelidad sale alguno con la pregunta retórica, con masajeo de barbilla incluido, sobre si es natural o no. Con “natural” se tratan de cuestionar dos cosas: si está en la naturaleza del ser humano y si es que otros animales, con los que podríamos compararnos, practican algún tipo de lo mismo.
Primero, aclarar una cosa (siguiendo a Helen Fisher): ser monógamo significa estar casado o emparejado con una sola persona. A veces se habla de monogamia sexual, pero en términos estrictos, la monogamia no implica, en su definición, fidelidad. Incluso, cuando se hace hincapié en que esa vinculación sea esencialmente exclusiva en términos sexuales, ésta no queda anulada si es que se producen emparejamientos ocasionales externos a la pareja. Lo que la Fisher dice es que monogamia y fidelidad no son lo mismo. Y que el adulterio en general va de la mano de la monogamia.
*
Una manera de mirarlo, dice Fisher, es la siguiente: si en términos evolutivos las especies generan estrategias reproductivas, el matrimonio es tan solo una de ellas. “En algunas culturas los hombres tienen una sola esposa, mientras que en otras tienen un harem. En algunas las mujeres se casan con un hombre por vez, mientras en otras tienen varios maridos de manera simultánea. Pero el matrimonio es solo una parte de las estrategias reproductivas humanas, el sexo extramarital es frecuentemente un componente secundario y complementario de nuestro mix de tácticas de apareamiento”.
*
H. Fisher se dedicó a investigar el matrimonio en distintas culturas, y concluyó lo siguiente:
– El matrimonio es un universal cultural: predomina en cada sociedad del mundo, aunque sus manifestaciones varían.
– 16% de las 853 culturas registradas establece como norma la monogamia -una esposa a la vez-. El 84% restante permite que el hombre tenga más de una mujer a la vez. Los hombres buscan la poliginia -tener varias esposas- para propagar sus genes, mientras que las mujeres se unen a harems para adquirir recursos y asegurar la supervivencia de sus hijos (aunque estas sean motivaciones inconscientes para ambos sexos). Sin embargo, tan solo 5% a 10% de los hombres tienen varias esposas simultáneamente en las sociedades en que la poliginia es permitida.
– Excepcionalmente un 0.5% de las sociedades permite la poliandría -una mujer con varios esposos, y si ocurre, sucede bajo circunstancias extraordinarias: por ejemplo, si la mujer es tremendamente rica. El hecho de que la poliandría sea poco frecuente en los humanos y en otros animales tiene una explicación biológica: las aves hembras y mamíferas sólo pueden tener un número limitado de hijos a lo largo de su vida. Para un hombre, la poliandría puede significar un desperdicio de espermios, un suicidio evolutivo.
– Los matrimonios grupales son incluso menos frecuentes que la poliandría. Un caso interesante es el el caso de Oneida, liderada por John Humphrey Noyes en 1830: una comunidad sexual en la que el amor por una persona en particular se consideraba egoísta, donde los hombres de entre 12 y 25 años no podían eyacular a menos que las mujeres fuesen postmenopáusicas, y donde los hombres mayores iniciaban a las niñas pubescentes. Ah, y donde todos debían tener sexo con todos. En corto: a pesar de sostener normas estrictas de convivencia, Noyes no pudo evitar que la gente se enamorara y creara vínculos de parejas, de a dos.
Nosotros, los humanos, parece que estamos orientados a vincularnos de manera íntima de uno a uno.
*
Entonces, ¿qué es el adulterio? ¿Tener sexo con el otro? ¿Penetración? ¿Salir con alguien amorosamente? Los Lozi, de Africa, no conciben el adulterio como algo coital: dicen que es adulterio si un hombre acompaña a una mujer casada, con la que no tiene relación alguna, mientras ella camina, o si él le da una cerveza o tabaco. Los Koyfar de Nigeria lo ven así: una mujer que está insatisfecha de su marido, pero que no quiere divorciarse, puede tener un amante legítimo que viva con ella en la misma casa del marido. Los hombres Koyfar tienen el mismo privilegio.
Es cultural, claro. Y como es cultural hay una historia registrable de las ideas que nos hacen considerar algo moralmente aceptable o no. Por ejemplo, un hombre de la China o Japón tradicional era considerado adúltero si tenía sexo con la mujer de otro hombre: el sexo ilícito con una mujer casada era una violación en contra del marido de la mujer y sus ancestros (y el castigo era la muerte). Si un hombre, en la India, seducía a la mujer de su gurú, podía exigírsele que se sentara en una plancha de acero caliente y que luego se rebanara su propio pico. La única salida venerable para un japonés, en este caso, era el suicidio. En las sociedades asiáticas agrícolas tradicionales tener sexo con geishas, prostitutas, esclavas y las concubinas no eran considerado adulterio.
Para las mujeres, en cambio, el asunto era distinto en el Japón, India y la China tradicional. El valor de una mujer era medido de dos maneras: su habilidad para incrementar las propiedades y prestigio de su marido con la dote que ella aportaba al casarse y su capacidad para tener hijos. De ahí se entiende que se exigiera que fuese casta antes de casarse y fiel en adelante -era necesario asegurar la paternidad y no poner en riesgo el linaje familiar-. Básicamente, una mujer infiel ponía en jaque las tierras, riquezas, status y honra de un hombre: tanto sus ancestros como sus descendientes se veían perjudicados por el comportamiento adúltero.
El mix religioso al que la sociedad occidental ha estado expuesta también ha hecho que lleguemos a considerar el sexo fuera del matrimonio como algo prohibido: la abstinencia sexual se ha asociado a la idea de lo bueno, positivo, divino, mientras que el adulterio es considerado pecaminoso (para los dos sexos).
*
Fast forward a hoy en día. Nos enamoramos, nos casamos, nos prometemos fidelidad, nos engañamos y varios nos divorciamos. Luego nos volvemos a casar. Y así.
Vemos al adulterio como inmoral y sin embargo, sucede. Lo curioso es que teniendo tanto en contra, pase. Pareciera ser que a pesar de todo lo que intentamos controlarlo, se nos escapa. La cultura intenta ordenarnos, el cuerpo tira.
Motivos darwinistas para el adulterio: por el lado de los hombres, la diseminación de la “semilla”, la variabilidad genética. Por el lado de la mujer, una de dos alternativas para adquirir recursos (fidelidad a un solo hombre vs sexo clandestino con varios para obtener recursos de fuentes distintas). Comprensible.
Motivos individuales para el adulterio: todos los que existen y los que tu cabeza pueda imaginar.
*
Este no es un curso de antropología, pero quise hacer esa repasada mental de las cosas que he leído sobre el tema porque me parece que hay algo de lo que debiéramos ser capaces de hacernos cargo: si validamos el matrimonio como un tipo de vínculo social e íntimo deseable y sabemos, al mismo tiempo, que el adulterio es una realidad concreta, ¿por qué no buscar maneras de enfrentarlo? ¿Por qué pareciera tan difícil todavía hablar del deseo del otro en la pareja? ¿Por qué actuamos como hipersorprendidos si ya nos sabemos el guión de memoria?
*
Ah, el amor. Ah, las buenas intenciones. Ah, las cosquillas. Qué cosa más linda. Pero también: ay, afírmate cabrito, qué susto. Cuando alguien me gusta mucho me resulta hasta doloroso que mencione a otras mujeres: ese pellizcón de envidia-inseguridad-la-terrible-sensación-de-que-estás-a-punto-de-perderlo-todo. Y sin embargo saber que el otro es un pobre ser humano, igual que uno. Saber que siente y ama y se mueve como uno. Saber que duda, planea, organiza y destruye.
Ah, el amor. Un cuerpo que encuentra a otro cuerpo y decide quedarse con él un rato. Un cuerpo que opta por olvidarse de todo lo que sabe para tomar ese camino de a dos, aunque sea por un periodo acotado.
*
Hablo con un montón de gente sobre qué quieren para sus vidas, qué buscan en términos de proyecto personal y con otro. La mayoría me responde que se imaginan en pareja o incluso con hijos. A algunos la sola idea de ser fieles les para los pelos y hace que les cueste pensar en cualquier futuro posible. Otros me dicen que no quieren casarse -porque no se imaginan tirando con alguien toda la vida-, pero sí están abiertos a una relación íntima de largo plazo con otra persona, en la que haya algo de cancha sexual.
Nuestra cultura muestra como deseable el estado de enamoramiento y un montón de gente se casa porque siente esa embriaguez por el otro. La lata es que esa embrigauez la mayoría de las veces pasa -aprox luego de 3 años- y entonces, acabo de mundo: se divorcian porque ya no sienten lo mismo, o se engañan porque no encuentran en su pareja ese estímulo emocional/sexual.
Se abandonan, ya sea porque se quedan en la relación a medias o porque se van.
Algunos antropólogos dicen que somos monógamos seriales (qué, curiosamente o no, me hace pensar en asesinos seriales).
*
¿No habrá, acaso, una manera más sana de vincularnos? Si el matrimonio es un camino tomado con una persona a la que quieres, valoras y que dentro de todo es un gran partner para el día a día, ¿no será ese uno de los tantos caminos posibles? ¿Qué pasaría si entráramos al matrimonio teniendo en mente que elegimos alguien no sólo por la subida emocional que nos provoca el otro, sino porque lo consideramos un bacán? ¿Y si en vez de cortar, ampliamos las redes?¿Y si en vez de tratar de poseer /controlar al otro, nos interesara más verlo crecer? Poliamori, maybe. ¿Relaciones abiertas? ¿Acuerdos renovables sobre qué tipo de relaciones queremos tener?
Yo no tengo la solución, obviamente, pero me gusta pensar alternativas.
*
Cada vez que pineso en estos temas me acuerdo de un librito maravilloso que le recomiendo a cualquiera que se atreva a sumergirse en el terreno del matrimonio, del compromiso y del sexo: “Here Lies My Heart. Essays on Why We Marry, Why We Don’t and What We Find There”. Con ensayos de un montón de escritores, esta colección es una joyita. En uno de los textos Barbara Ehrenreich se pregunta -y con esto termino-:
“¿Por qué un tipo que es bueno en la cama tiene que ser bueno contando historias para irse a dormir? ¿O un sujeto que puede poner paneles de yeso en el sótano tiene que ser un compañero de cena fascinante? Nadie espera que su pediatra venga a podar los arbustos, o que su contador doble y guarde la ropa lavada y acueste a los niños. Solamente en el matrimonio nos despedimos felizmente del sentido común y esperamos que cada necesidad humana la cumpla un solo -demasiado- humano”.
Refs:
El caso de Oneida: http://bit.ly/2jRZcwd
Anatomy of Love, Helen Fisher
Here Lies my Heart http://amzn.to/2jmv6Ay