“ERES EL MOTIVO DE ALGUIEN PARA MASTURBARSE”

El otro día me topé con este post que es una variación del más vainilla y edulcorado “eres la razón de alguien para sonreír” y me gustó. Pucha que me gustó. Lo veo como una continuación de lo mismo, tal vez con más intención, un poco más de verdad. La frase original pretende hacerte sentir bien porque tú haces sentir bien al otro. La segunda, la parafraseada, también.
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Tengo una amiga con la que siempre hablamos de sexo y de cómo lo romántico a veces se tiñe tanto de un puritanismo infantil que termina siendo casi asexual. Como si lo romántico no pudiera cruzarse con el sexo, porque o sino “ay, cochino, sucio, mente de alcantarilla, blabla”. Entonces tenemos esta frase -y variaciones de la misma-: decimos que cuando nos dicen “qué rico tirar contigo” (o algo de ese corte), es como si nos regalaran un ramo de flores. Un equivalente, por qué no. “Quiero seguir tirando para siempre contigo”, “esto demasiado bueno”, “qué bonita / rica / mina…”. Son expresiones de deseo que animan, que te celebran. ¿Tal vez más fáciles de decir que algo romántico o enaltecedor moralmente? Hay gente que no tiene el don de la palabra como para decir algo romántico todos los días, pero tal vez sí se puede volver un mini Marqués de Sade a la chilensis cuando quiere elogiarte por tu talento sexual, por tu cuerpo o tu entusiasmo creativo en la cama.
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Y ya, no todo es sexo, pero convengamos en que HARTO es sexo. Ayer pensaba, mirando a una pareja con sus hijos -una pareja que apenas se tocaba ni se miraba- que al menos los hijos eran prueba de que algo de sexo había pasado ahí. Alguna vez en la vida de esos dos sujetos hubo sexo. Yuhuuu. De que en la prehistoria de esa pareja, tal vez, había habido ganas de hacerse bolsa mutuamente, de tocarse, besarse, lamerse y abrazarse. Porque “hacerce bolsa” no tiene por qué ser una promesa de aniversario o un compromiso mensual, sino que debiera ser algo que nos ocupe y preocupe diariamente. Y con la rutina, los niños, la pega, etc, no es fácil. Pero no porque no sea fácil hay que dejarlo de lado. Me entristece ver parejas que llevan años que ya no se pescan mucho. Me preocupa: me preocupa que eso alguna vez me llegue a pasar a mí: no sentirme deseada, no desear tanto de vuelta, que el sexo sea un trámite, una conseción o una excepción. Ya, seamos honestos, no me preocupa: ME ATERRA. Pero creo que hay cosas chicas que uno puede hacer estando en pareja, pinchando, lo que sea, que pueden ayudar a fomentar el deseo. A religarlo a lo romántico. A hacer que la rutina tenga ingredientes sexys. Por ejemplo, halagar al otro con cosas que son verdad, pero no ser flojos po: hay que halagar explicando por qué. Fácil decir: “me encantai”. Más difícil decir: “me encantai porque estai loco”. Nivel super sayayin: “me encantai. Me encanta que siempre le ves el lado positivo a las cosas, que eres tan honesto, me encanta tu mandíbula y la forma de tus labios y que tengas una barba con pelos medio colorines perdidos por ahí”.
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Estando en pareja se dan chistes internos, códigos que te ayudan a acordarte de por qué están juntos. A mi pololo siempre le pregunto por qué es tan mino y siempre me mira con ojos entrecerrados como dudando qué decir después -lo pregunto muy seria, como si estuviera indignada-. Obviamente no espero una respuesta, pero a veces pienso la respuesta, como si fuera un problema científico: por qué. Y le agradezco mentalmente a sus papás que se hayan conocido y a él que se cuide y a su genética y entonces me acuerdo de la primera vez que lo vi y de las cosas que sentí y de la segunda y de la tercera y la cuarta. Y me acuerdo de cómo me gustó y me pongo super contenta porque, oh sorpresa, me sigue gustando. Entonces esa pregunta -esa pregunta que es un piropo para él -medio burdo, sí sé- es una manera de acercarme a él, a nosotros, desde lo liviano, desde el disfrute. Y desde ahí -desde el deseo, desde las ganas- siento que lo quiero. Que lo quiero, que lo adoro, y que tambié lo quiero hacer bolsa, disculpando mi francés.

DESEO Y RESTRICCIÓN

Fin de año es como vivir durante un par de semanas en una teleserie con un guión escrito por un demente. ¿Estresante? Por supuesto. Pero también intenso y retorcidamente entretenido. Es someterse a un espiral sentimentaloide que el resto del año no está tan a flor de piel. Pasan cosas: quiebres, giros, remezones y situaciones que comienzan a tomar forma.

Este año he notado más que nunca el equilibrio precario en el que se sostiene el deseo. He estado en esas: intentando entender las ganas para poder sacarles el jugo. Y, contrario a lo que he hecho toda la vida, he encontrado que en ponerle freno de mano al impulso hay algo bonito (en vez de, digamos, tomar todas las decisiones posibles en un lapso de tres horas y media luego de haber consumido cuantas copas de champán aguanta mi hígado).

Los temas de hoy: consumo y minimalismo, deseo y restricción, pornografía y relaciones, obvio.

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Hace un par de semanas Ann Patchett publicó en el NY Times una columna de opinión donde contaba su experiencia de no comprar durante un año. Dice:

“A fines del 2016 (…) no podía estar lo suficientemente tranquila como para leer o escribir. Inmersa en mi ansiedad, terminaba haciendo scroll en dos sitios online de compra, intentando aplacar mis miedos con fotos de zapatos, ropa, carteras y joyas. Trataba de distraerme, pero la distracción me dejaba sintiéndome peor, de la misma forma en que fumar Winstons y tomar gin en un bar a altas horas de la noche te deja peor. La pregunta tácita cuando se trata de comprar es ¿Qué necesito? Lo que yo necesitaba era menos”.

Así fue como se embarcó. Partió por definir sus propias reglas: ni tan restrictivas ni tan flexibles como para abandonar su proyecto a las dos semanas. No compraría ropa ni artículos electrónicos, pero sí se permitiría cualquier cosa del supermercado, incluso flores. Cosas útiles como shampoo, tinta para la impresora y baterías las compraría solo cuando se le hubiesen acabado las que tenía en su casa. Se permitiría comprar libros -porque escribe libros y tiene una librería y los libros son su negocio-, y regalos, aunque con restricciones (dice: “La idea de que nuestro afecto y estima deba manifestarse en un chaleco es reduccionista. Elissa -la amiga que la inspiró a hacer este año de no comprar- regalaba tiempo a sus amigos: certificados para cuidarles los hijos o limpiarles la casa”). Patchett descubrió que si le daba un par de días al ataque que sentía de comprar algo, esa urgencia se disipaba, y además que el truco para no comprar no es solamente no comprar, sino tampoco vitrinear ni mirar catálogos. “Si no lo veo, no lo quiero”, dice.

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Me gusta la idea de cortar una conducta y ver qué pasa. Lo hago mucho -tal vez de manera menos continua que lo que me gustaría-. Es un ejercicio bonito porque primero requiere cambiar de mentalidad: pasar de un seteo de escasez a uno de abundancia. Dejar de estar en falta y darse cuenta de lo que hay. Y hay suficiente (tal vez incluso demasiado). Luego, restringir lo posible, dar un pie atrás. Es duro decidir dejar de hacer algo que hemos hecho en exceso, ya sea desde comprar sin mesura a tomar o fumar más de la cuenta, a tirar sin control. Y ojo que lo digo entendiendo lo entretenido que es el descontrol dionisiaco. Finalmente hay que aceptar el nuevo orden.

Si no somos consumidores, si no nos identificamos con las cosas que poseemos, ¿qué nos constituye? Pienso en una época donde para mí era muy importante comprar libros -porque era una lectora-, luego fue muy importante comprar CDs -y antes, grabar cassettes-, y la última fase intensa fue la de los zapatos. Es difícil resistirse a rodearse de cosas que sentimos que nos anclan y definen. Hay algo muy seductor en las cosas: dan la sensación de que lo que somos es algo concreto, definible, proporcional en valor. Es muy gratificante tratar a los otros y a nosotros mismos como cosas controlables: gente que deifica su cuerpo o su propia imagen como si todo lo que son empezara y acabara ahí -y no, no digo que no seamos nuestro cuerpo, sino que no somos únicamente nuestro cuerpo y que el cuerpo siempre es en relación con otros y que en esa deformación donde se niega u olvida el vínculo, hay algo raro-, personas que convierten los aparatos o accesorios en extensiones de sí mismos -son la marca de su auto y el reloj, son la cartera y la tarjeta de crédito, son el celular último modelo-, gente que cosifica sus experiencias como transacciones virtuales -viajar o salir para “tener algo que mostrar”, comer o tomar para “hacer algo”-. En este escenario de cosificación y marketeo, de identidad desplazada a lo material, las renuncias nos invitan (en días malos nos obligan) a mirarnos desde otros lugares.

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Pensar sobre el consumo nos puede ayudar a pensar sobre el deseo en general. Aguántenme un minuto.

Se entiende el deseo como “aspirar con vehemencia al conocimiento, posesión o disfrute de algo”, “anhelar que acontezca o deja de acontecer algún suceso” y “sentir apetencia sexual hacia alguien”. La primera definición incluye el consumo y el goce, la segunda la ilusión del futuro (esa proyección en el tiempo) y la tercera vuelve al goce manifestado en el sexo. Es evidente que el común denominador de las tres acepciones es el placer: quieres obtener algo para poder disfrutarlo, quieres que te pasen ciertas cosas o intimar con alguien para complacerte a través de esa experiencia.

El deseo nos mueve. Sin deseo no hay empuje. Pero también el estar en constante estado deseante puede ser agotador. El deseo te consume y te puede hacer perder el foco, de la misma manera en que la glotonería te lleva a ponerle más atención a la comida que está por venir en vez de la que estás saboreando ahora. Entre lo que tienes y lo que quieres hay una brecha y a veces nos ponemos a habitar esa brecha -con una carpa endeble y poco preparados- porque el estado deseante puede ser mucho más emocionante que cualquiera de los dos extremos (lo que hay y que todavía le falta para estar completo y la obtención de lo que habíamos estado anhelando).

Volviendo a la restricción consumista: creo que el limitar el goce del consumo, tal como lo hizo Patchett, tiene un paralelo posible con los afectos y el sexo. Acompáñenme pensándolo así: si, teniendo el dinero, optas por no comprar, ¿cómo impacta esa decisión en otras esferas?

Como yo lo veo:

  • Dejas de gastar plata y puedes ahorrarla o destinarla a otra inversión realmente necesaria.
  • Dejas de emplear un tiempo que tal vez antes no estaba considerado como primordial en esa ecuación, y ese tiempo se convierte en un recurso o ganancia, fruto de esa restricción.
  • Empiezas a revalorizar lo que hay (en vez de estar en la brecha que mencioné antes, das un paso atrás y haces uso de lo que tienes).
  • Como te autoimpusiste una restricción, los gestos de los otros que te permiten el goce -sin que tú tengas que gastar, comprar, desear- adquieren mayor valor. Entonces, no estás comprando, pero alguien te regala algo, o te invita a comer o a tomar. Nos volvemos más sensibles a lo que los otros nos entregan o regalan voluntariamente, porque ya no nos lo proporcionamos a nosotros mismos.

Ahora, traslademos todo esto al sexo y al afecto. (Haz el ejercicio por tu cuenta primero, luego pasa a leer el siguiente apartado).

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Pasamos un montón de rato dando por sentado lo que tenemos y deseando lo que no. Y no es ni siquiera que lo que no tenemos nos haga falta, sino que está fuera de alcance no más, y por eso se ve más atractivo. Es curioso, porque en teoría funcionamos mejor “en falta”, proyectados hacia lo que podría ser en vez de lo que hay, y paradójicamente eso nos genera insatisfacción constante. Dos ejemplos:

  • Estás en una relación hace rato, el sexo es algo que tienes disponible más o menos de manera constante y, sin embargo, el sexo con otras personas empieza a parecerte más atractivo que el que tienes a la mano con tu pareja. No solo eso: cuánto sujeto que anda viendo porno de manera compulsiva -ojo, compulsiva- y termina con dificultades sexuales porque ya no se calienta con su pareja. Lo que hay pierde brillo.
  • No tienes tiempo para ver a tus amigos y familia o el tiempo que tienes acaba siendo de poca calidad porque andas con la cabeza en otra parte: que la pega y las otras cosas más importantes que podrías estar haciendo. Priorizas, pero sale mal, porque priorizas asumiendo que lo que tienes es algo que no te va a faltar: los amigos seguirán ahí si no los ves en uno o dos meses, tu familia entenderá si con cueva les destinas los domingos o un llamado cortito para saber cómo están. Las cosas se invierten cuando te empiezan a faltar esos afectos asumidos como dados: un ser querido se enferma o tiene un accidente, tus amigos se cambian de ciudad o país o tú mismo decides tomar otro rumbo. Y entonces recién valoras lo que tenías.

¿Cómo lo hacemos para empezar a valorar lo que ya tenemos? ¿Para ser más sensatos con la ambición por obtener lo que todavía no alcanzamos?

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Dan Ariely lo explica en sencillo: démosle la bienvenida al concepto de “adaptación hedónica”. Dice: “Puesto que no conseguimos prever el alcance de nuestra adaptación hedónica, como consumidores solemos necesitar adquirir siempre nuevas cosas (…) Buscamos cosas que nos hagan felices sin darnos cuenta de lo efímera que será esa felicidad, y cuando la adaptación se produce, buscamos otra cosa nueva (…) Incluso cuando algo nos parece sumamente decisivo a corto plazo, probablemente a largo plazo las cosas no nos produzcan ni tanto éxtasis ni tanta desdicha como esperábamos”.

La adaptación hedónica puede tener efectos positivos y negativos. Por ejemplo, si sufres un accidente y pierdes una capacidad física, eventualmente tenderás a volver a tu nivel de satisfacción previo, antes de la pérdida. O si terminas una relación con tu pareja, lo más probable es que lo superes con el tiempo y te vuelvas a enamorar. El mundo no se acaba (por suerte). Eso es la raja. Pero en el caso de incorporar algo nuevo a nuestra vida -cambiarse de pega, tener una nueva relación, comprarse un auto-, ¿cómo podemos prolongar la sensación eufórica de lo nuevo?

Hay una manera: según unos estudios de Leif Nelson y Tom Mayvis, si descansamos entre experiencias placenteras, aumenta el placer, mientras que si interrumpimos las experiencias negativas, estas se vuelven más dolorosas. En el fondo, el esfuerzo que requiere tener que someterse sucesivamente a una experiencia molesta o desagradable -como tener que trabajar en una tarea latera, desde pagar los impuestos y ordenar tus cuentas a depilarte- hace que el interrumpirla y retomarla se vuelva más penoso. Pero si estás haciendo cosas agradables, el darle pequeñas interrupciones y reencontrarse con ese placer, hace que valoremos de manera más positiva y placentera la experiencia total (por ejemplo, si estás dándote un masaje, tomar pausas y volver a hacerlo). En este sentido, habría que privilegiar las experiencias pasajeras (una clase de buceo, ir a comer a un restaurant, darse un masaje) versus las experiencias constantes (comprarse un auto nuevo, renovar de una el closet completo, comprarse una tele) para obtener mayor satisfacción. Ariely dice: “El efecto a largo plazo del sofá en su felicidad probablemente será mucho menor de lo que usted espera, mientras que la satisfacción del buceo y los recuerdos de esa experiencia a largo plazo probablemente perdurarán mucho más de lo que usted prevé”. También, para incrementar el nivel de satisfacción, exponerse a la casualidad y la sorpresa ayuda. Si bien solemos adoptar un patrón seguro y predecible en el trabajo y en la vida personal, incorporar cosas distintas y asumir riesgos generará una experiencia diferente, positiva.

Ya, traduzco todo lo anterior a medidas concretas para parejas que llevan un rato:

  • Explorar gestos no consumistas: restringir el comprarle cosas al otro y hacer en cambio gestos, como prepararle el desayuno, ofrecerle ayuda en algo que sabes que al otro le da paja hacer, escribirle una nota cariñosa o hot, decirle algo concreto y positivo cada día (con intención, no vale el “te amo” manoseado, ponle cabeza), etc.
  • Experiencias novedosas: ir a comer a lugares distintos, aprender algo nuevo juntos (desde cocinar a bailar swing), visitar un lugar o tener una experiencia (ir a un concierto o ir a una exposición, ver una nueva película), hacer un deporte demandante juntos que les permita ver un progreso cada vez que lo practican, etc-
  • Incorporar cosas nuevas en la cama -juguetes, posiciones, lugares, horarios distintos de lo habitual, desafíos sexuales-,
  • generar secuencias placenteras o experimentales con descanso (por ejemplo, en línea con Sensate Focus, tener sesiones solamente de tacto, sin penetración, durante una semana, o hacer sus propias reglas de periodos de restricción: limitar el sexo por periodos cortos para reencontrarse después, o solamente permitirise weveo virtual y no físico durante 3 días para luego retomar con todo, etc.).

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Volviendo a Patchett: ¿te acuerdas que a pesar de restringir comprar otras cosas se permitió seguir comprando libros? ¿Por qué? ¿Son los libros esenciales en su consumo, si ella misma es dueña de una librería? No, pero identificó que había algo que le proveía de goce y sentido, un consumo que la hacía feliz y era útil, y que conservó. No todos los deseos o consumos son relevantes,  pero cuando encontramos uno que sí lo es, no hay por qué acogotarlo.

Estoy terminando de escribir una novela. Como vivo al ritmo de mi cabeza, me ha resultado un poco embriagante darme cuenta de que mi protagonista me empuja a hacer cosas que no tenía contempladas. Mi protagonista, mujer alegre y trágicamente confundida, busca orden mental, y como es tan concreta como su autora, empieza a ordenar su espacio. Como ella, estas últimas semanas he regalado libros, ropa y me he deshecho de recuerdos. He releído a Marie Kondo, que tiene su propio método (Konmari) para despejar y organizar las posesiones (tiene una frase para definir si lo que posees se queda a o se va: “¿Te inspira felicidad/ alegría?” o en inglés, “Does It spark joy?”). He botado cuadernos y libretitas con inicios de historias que me resistía a dejar ir, pero ahora, cuando las releí, entendí que si había pasado tanto tiempo aferrándome a ellas, pero sin escribirlas, eran un “como si”: una mentirita blanca que me hacía sentir como que tenía material, pero en realidad eran palabras con poco valor. Lo mismo con los recuerdos del colegio: tantas cartas y promesas de personas que ya no veo. Guardé un par -de esos poemas inocentes que alguien me regaló y que todavía me conmueven, cartas de amor o promesas de hermanas que siguen siendo tan inocentes como valiosas-, pero el resto, ¿para qué acumular y andar acarreando cosas en un baúl?

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En la restricción hay riqueza. En el exceso, en lo entretenido que es el exceso y la colección, hay un desuso. Y en ese desuso hay acumulación. Y en la acumulación hay carga y responsabilidad.

¿Cuánto tiempo le dedicas a querer cosas que no tienes o a consumir cosas que no necesitas o no te hacen feliz?

Quedan un par de días para cambiar de año. Tal vez es el momento de organizarte, deshacerte de lo que te sobra, controlar el deseo, dosificar.

Se viene un buen 2018.

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Les dejo una lista de las apps o sitios que me han ayudado a ir limitando, definiendo o cambiando conductas. Que de algo más sirva el celular:

AppDetox: limita la cantidad de tiempo diario o semanal de cada app.

Vora: para los que hacen intermittent fasting o ayunos, esta app es lo más para hacer seguimiento y motivarse.

LoseIt! Y MyFitnessPal: trackeo de consumo de alimento y ejercicio. Bueno para definir metas nutricionales y dejar de mentirse con las calorías o macros.

HabitHub: ¿quieres incorporar nuevos hábitos? Esta es.

Tide: amo esta app porque te permite setear momentos de trabajo intenso. Para uno que anda con 45 mil distracciones por minuto, es un descanso mental.  Diseño bonito, buena música en sus 5 modos.

Oblique Strategies: es como ir a sacarse el tarot, pero un tarot hecho por Brian Eno y que te deja pensando. Las frases siempre te incitan a hacer, deshacer o reformular. Buen input cuando te empieza a ganar la desesperación o la falta de creatividad.

Otras:

Canva: me ha solucionado tantas cosas este año. De partida, permite hacer posteos para RRSS de manera fácil y elegante. Ahorra tiempo y además, tiene plantillas para todo o casi todo: desde invitaciones para fiestas hasta modelos bonitos y originales para CV.

Reddit: hay mucha basura en Reddit, sí, pero también hay comunidades de información que son súper motivantes e inspiradoras. En vez de meterme a FB, ahora me meto a averiguar cosas a Reddit: desde noticias hasta lo que la está llevando en temas que me interesan. Me han parecido súper útiles en temas sexuales (r/sex, r/DeadBedrooms, r/psychologyofsex), vinculados a nutrición y fitness (r/loseit, r/intermittentfasting y r/fasting), en la volada minimalista y de vivir con menos (r/minimalism, r/konmari y r/frugal), para pensar en cosas desde otro punto de vista (r/AskReditt, r/NoStupidQuestions, r/todayilearned, r/history) y para reírse un rato (r/badwomensanatomy, r/onejob, t/OoopsDidintMeanTo, r/CrappyDesign).

Refs.:

Ann Patchett, My Year of No Buying http://nyti.ms/2yJeBVX

Marie Kondo http://konmari.com/ acá está la intro del libro https://www.libreriainternacional.com/archivos/PDF/magia.pdf

Dan Ariely: Las ventajas del deseo.

APA: Is pornography addictive? http://bit.ly/1BuijA9
Distintos estudios han tratado de explorar el efecto del consumo de pornografía encontrando resultados que complejizan el tema. En resumen:

  • a los humanos nos gusta la pornografía (estudios demuestran un consumo del 50% al 99% entre hombres y del 30% al 86% entre mujeres).
  • Internet hace que el acceso a una dosis erótica sea más fácil que nunca: fácil alcance, barato y anónimo.
  • Harta gente piensa que es positivo: en una encuesta del Kinsey Institute, 86% consideró que la pornografía puede ser educativa y 72% que provee de un escape fantasioso inofensivo. De los que señalaron usar pornografía, 80% dijeron que se sentía “bien” al respecto.
  • Un montón de personas consume pornografía sin sufrir efectos negativos, pero en la misma encuesta Kinsey, 9% de los usuarios afirman haber tratado de frenar el consumo sin éxito.
  • Cuando el uso de pornografía es excesivo, las relaciones románticas pueden sufrir. En general se ha encontrado que en parejas heterosexuales el uso de pornografía por parte de los hombres se asociaba a menor calidad sexual para ellos y para sus parejas, en cambio el uso de parte de las mujeres se asociaba a mejor calidad sexual para ellas. En otro estudio cuando los hombres usaban pornografía tendían a reportar menor nivel de intimidad sexual en sus relaciones, mientras que las mujeres reportaban mayor intimidad. Hay dos explicaciones posibles para esto: los hombres suelen ver pornografía solos mientras que las mujeres suelen verla en pareja y se convierte en una experiencia sexual compartida. Además, los tipos de pornografía consumida difieren. Los hombres suelen ver actos sexuales sin contexto, mientras que las mujeres ven pornografía de parejas que tiene una historia y ángulos más suaves. Cuando un miembro de la pareja ve mucha pornografía, frecuentemente, puede haber una tendencia a retrotraerse emocionalmente de la relación, auqnue no queda claro si eso es producto del consumo de la pornografía o tiene que ver con que la persona se vuelca a la pornografía porque no se sentía bien en un principio. En cualquier caso resulta un ciclo que se alimenta: veo pornografía, esto afecta mi relación negativamente, veo más pornografía, etc.

 

 

 

REDESCUBRIR EL TACTO (Parte II)

NOTA: como lo dice el título, esta es la segunda parte de las ideas resumidas de Sensate Focus in Sex Therapy. The Illustrated Manual, de Linda Weiner y de Constance Avery-Clark. (Asuman que la información dura pertenece al libro y que el resto es mío).

Este artículo es un poco más teórico, pero necesario. Al final vienen las instrucciones que se le dan a los clentes que van a terapia. Es importante entender la teoría para que no suene a que todo es una locura y para que se tomen en serio la práctica.

Dudas, me pueden escribir directamente.

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Recapitulando:

  • Existe un guión cultural que tenemos incorporado que dice que hay que enfocarse en el otro para ser buenos en la cama y eso genera mucha ansiedad porque tratamos de controlar la respuesta sexual propia y la del otro (lo que por definición es imposible, porque la respuesta sexual es una función natural). Solución: para disfrutar el sexo hay que enfocarse en las propias sensaciones.
  • SF es una serie de sugerencias estructuradas para tocar y descubrir el propio cuerpo y el de la pareja de una manera no-demandante, exploratoria, sin tener que leerle la mente al otro. Sirve para tratar las disfunciones sexuales y mejorar la calidad de vida sexual.

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Aclaremos: tener dificultades sexuales vs. Tener una disfunción sexual

Todos tenemos dificultades sexuales de vez en cuando. Son temporales y se pueden dar de manera intermitente a lo largo de la vida. Son típicas, por ejemplo, la falta de interés sexual o de deseo, problemas de erección o excitación, orgasmos demasiado precoces, ausentes o dilatados, dolor sexual, etc. Cuando ocurren de vez en cuando son el resultado de un problema situacional -como consumir demasiado alcohol, andar muy estresado, etc-. La persona que lo sufre sabe que es algo transitorio y filo, sigue con su vida.

Otra cosa es tener una disfunción sexual (DS). Para ser considerada una disfunción sexual propiamente tal, tienen que presentares ciertos criterio o requisitos (se han tipificado en el DSM V, como ocurrir el 75%-100% del tiempo y durar al menos 6 meses). Las DS son más duraderas -o sea, no son pasajeras-, pasan más frecuentemente -o sea, no son ocasionales o de excepción- y generan más estrés emocional y relacional en la vida de la persona -o sea, tienen un impacto en el bienestar emocional y/o psicosocial-.

En resumen: ¿no se te paró hace dos meses / no te lubricaste la última vez / no llegaste al orgasmo  / no sentiste “nada”, etc. ,etc., etc….? Si es eventual / ocasional tuviste una dificultad sexual, pero no por eso tienes una disfunción.

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Causas de DS

Pueden ser múltiples factores, por lo que siempre hay que revisar las variables biomédicas antes de lanzarse a hacer terapia y tener una mirada que integre lo biopsicosocial. La terapia SF se centra en los aspectos psicológicos, relacionales, de estilo de vida y culturales (por eso, chequear antes condiciones médicas es importante).

Ojo, a veces pasa que el problema reportado no es el problema real -por ejemplo, un problema de erección puede en realidad estar tapando un problema de eyaculación precoz-, así como a veces no se trata ni siquiera de una disfunción (por ejemplo, llega una pareja que dice que tiene un desorden del deseo, pero en realidad lo que tienen es diferencias sobre las preferencias de frecuencia de actividad sexual).

Entonces, factores a considerar:

  • Factores médicos: condición fisiológica y consumo de medicamentos que afecten el sistema endocrino, cardiovascular o el funcionamiento neurológico de la región pélvica. Estas condiciones pueden ser el resultado de enfermedades crónicas (ej: diabetes, hipotiroidismo), drogas prescritas o no, intervenciones médicas (ej: radiación o cirugía prostática).
  • Factores individuales: funcionamiento psicológico (ej.: ansiedad, desórdenes del ánimo, trauma), visión negativa de sí mismo, del cuerpo o del sexo. Ojo con los pensamientos y sentimientos que distraen, en especial los que tengan que ver con inquietudes sexuales. Hay que examinar la experiencia sexual del cliente, las técnicas que usa, sus preferencias, qué tan consciente está sobre sus preferencias y su conocimiento sobre sexualidad. Historia personal pertinente como abandono o abuso, diferentes estilos de apego (por ejemplo, como el ansioso o el evitativo).
  • Factores relacionales y de pareja: siempre hay que considerar el impacto que tiene la pareja en la disfunción sexual: sus enfermedades, sus propias disfunciones sexuales, su performance y expectativas y sus respuestas a los problemas sexuales. Además, su funcionamiento psicológico y su voluntad de participar en la terapia, además de comprender su experiencia subjetiva sobre su propia vivencia sexual y relacional.
    El estrés relacional puede generar disfunciones sexuales y viceversa. Sentimientos de rechazo, frustración e inadecuación pueden llevar a sentirse menos positivamente respecto del otro, mostrar menos afecto, tener una comunicación poco útil o ausente y que el tiempo compartido sea de menor calidad. Todo esto puede contribuir a menor satisfacción íntima en general y menor satisfacción sexual en particular. Tratar los problemas comunicacionales, las luchas de poder, los conflictos no resueltos y los resentimientos puede que no resuelva las preocupaciones sexuales, sin embargo, ignorarlos o no considerarlos tampoco aporta.
  • Estresores vitales: hay que considerar el efecto de otras demandas que se hacen al individuo o a la pareja, incluyendo las responsabilidades laborales y el grado de estrés que generan, el impacto de los hijos o parientes, pérdidas personales o laborales, falta de ejercicio, comer en exceso y otros hábitos que contribuyen negativamente a la salud física y psicológica. El motivo central para prestarle atención a estos factores es aclarar la cantidad y calidad de tiempo que los integrantes de la pareja tienen que dedicarse a sí mismos y a la relación.
  • Influencias socioculturales: considerar el efecto que la familia de origen y los factores sociales y religiosos tienen sobre el funcionamiento sexual.
  • Etiología mixta o desconocida: puede haber un montón de factores que incidan en el desarrollo de una DS, pero incluso después de evaluarlos todos puede ser que la causa exacta no quede muy clara. De cualquier forma, muchas veces pasa que el cliente progresa sin que se hayan identificado necesariamente las causas que generaron la disfunción (a veces la terapia sirve para determinar la causa, y no al revés).

La terapia sexual parte con la revisión de los factores médicos, psicológicos, relacionales, culturales  y de estilo de vida que puedan estar impactando el funcionamiento sexual. Por lo general, se siguen estos pasos:

  • Examen médico (consultar a doctor general o especialista, ya sea ginecólogo o urólogo, endocrinólogo, etc).
  • Tomar la historia sexual: una primera sesión que incluye a ambos miembros se suele dedicar a definir objetivos de la terapia considerando la dinámica relacional, las fortalezas individuales y la motivación de cada uno. Luego se sigue con una a tres sesiones individuales para recoger la historia sexual de cada uno, donde lo que el terapeuta hace es recoger la mayor cantidad de información posible para entender cómo los clientes experimentan ellos mismos lo que viven, es decir, lograr comprender el sistema de valores sexuales que sostienen su experiencia (qué significa este problema para ellos, qué emoción les gatilla, qué piensan sobre eso. No se trata de juzgar los hechos, sino de entender qué la pasa al cliente con lo que está viviendo).
  • También se pueden hacer encuestas o inventarios sexuales para estandarizar o reunir la info necesaria de manera práctica.

Luego de tomar la historia de cada miembro de la pareja y completar los inventarios, se invita a la pareja a una sesión de discusión para definir el plan de tratamiento.  Acá el terapeuta comparte lo que entiende como la causa y los factores contribuyentes para la mantención de las dificultades sexuales y relacionales que los afectan y sugiere un plan que se va definiendo en conjunto, integrando el feedback del consultante.

*****La meta de la terapia sexual y de SF es hacer todo lo posible para resolver las preocupaciones de los clientes, pero NO HACER MÁS de lo estrictamente necesario (es decir, a pesar de que se rescata mucha información, se usa la información que tiene impacto directo o inmediato sobre el problema sexual, no es una terapia para resolver todo lo que le preocupa a la persona o a la pareja).

Dentro de las cosas que hay que considerar para definir el plan de tratamiento: ¿se hará SF en conjunto, antes o después de un tratamiento médico? ¿será una terapia corta e intensiva o de largo plazo y en profundidad? ¿incluirá la terapia a un miembro de la pareja o a ambos o de manera individual y luego conjunta? (a la base de SF está la idea de que el cliente no es cada uno de los miembros de la pareja, sino la relación, ya que ambos se ven afectados por la dificultad sexual). ¿Necesitan cada uno o ambos tener terapia individual por algún otro motivo, en paralelo o antes de iniciar la terapia sexual?, etc.

Una vez determinado el formato, se presentan las actitudes y habilidades necesarias para poder realizar SF:

  • Mindfulness aquí-y-ahora: tener una actitud adentro y fuera de la habitación que se enfoque en el presente y lo menor posible en el pasado (ej.: “esto nunca ha funcionado!”) o en el futuro (ej.: “¿funcionará esto?). La razón es que no se puede hacer nada sobre lo que ya ha pasado o pasará: el foco debe estar en lo que es ahora, en lo que podemos hacer.
  • Autorresponsabilidad radical: como dice el Dalai Lama: “no dejes que el compartimiento de los otros destruya tu paz interior”. Es decir, no importa qué esté pasando con la pareja, los clientes (individualmente) son responsables de sus propias respuestas y de seguir las sugerencias de SF. Pasa mucho que el cliente se enfoca en lo que el otro hace o no hace, lo que termina afectando la terapia porque “mi pareja no inició cuando era su turno”, o porque “mi pareja parecía que no tenía ganas”, o “porque mi pareja no movió mi mano” o “porque mi pareja no estaba concentrada en las sensaciones” o “porque mi pareja dijo que quería hacer algo distinto durante la sesión”. Obviamente este tipo de justificaciones diluyen a responsabilidad sobre lo que pasa en la terapia y proyecta la culpa en el otro, además de generar interacciones improductivas entre los participantes. El dejar de enfocarse en el otro ayuda a que los clientes se hagan cargo de lo que sí tienen control (sus propios pensamientos y comportamientos) y refuerzan la primera actitud de estar presente en el aquí y ahora.
  • Otras habilidades a tener en cuenta para crear, revivir o sostener un ambiente relacional seguro que conduzca al cambio: habilidades comunicativas; ser capaz de identificar, aceptar y gestionar emociones; negociar diferencias; resolver problemas de manera creativa; ofrecer tiempo compartido de calidad y emplear a la pareja como un recurso.

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Sugerencias preliminares

Aspectos a tomar en cuenta antes de practicar SF para evitar distracciones y asegurar que las sesiones de tacto se desarrollen bien (lo que no significa que no vayan a haber problemas, sino más bien que cuando emerjan se puedan enmarcar o contener positivamente, considerándolos una manifestación de por qué se está atendiendo a terapia. Que aparezca un problema hace evidente que es posible intervenir en él, se pueden hacer sugerencias o desarrollar una habilidad para hacerse cargo del mismo).

  • AMBIENTE, COMODIDAD Y PRIVACIDAD: estar en un ambiente privado y tranquilo, a una temperatura agradable y con la menor cantidad de distracciones posibles. Para algunas parejas la pieza es el mejor lugar, pero para otras puede estar asociada a demasiadas experiencias negativas. Liberarse, mientras dure la sesión, de posibles interferencias (mascotas, niños, teléfono, televisión, música, etc). Cerrar la puerta, obvio.
  • TIEMPO Y ATMÓSFERA: destinar un tiempo sin presión. Cada uno debe sentirse alerta, despierto -no justo antes de irse a dormir o luego de haber comido mucho-.
  • DISPOSICIÓN DEL AQUÍ Y AHORA Y SENTIRSE TOTALMENTE RESPONSABLE DE UNO MISMO. No partir con expectativas ni deseo sexual ni presión de excitación. No se requiere sentir nada para participar. Se sugiere que los clientes NO intenten cultivar una atmósfera romántica o relajante -olvídate de las velas, la música, o accesorios románticos porque intentar crear esta atmósfera puede hacer sentir la exigencia de sentir ciertas emociones-.
    Las sesiones deben realizarse de manera continua (en bloques). Si son intensivas, puede sugerirse que se hagan una o dos diarias, y si no pueden hacerse dos o tres a la semana. Normalmente se sugiere que sean espontáneas, pero no debiesen pasar más de 48-72 horas entre una y otra. Si tienen dificultad para hacerlo espontáneamente, se recomienda que agenden las sesiones.
    Durante la sesión la persona que toca debe hacerlo al menos hasta dejar la sensación de incomodidad inicial y durante suficiente tiempo como para poder volver a enfocarse en la temperatura, presión y textura, pero no tanto como para cansarse o aburrirse. Las sesiones iniciales duran entre 5 y 15 minutos para cada participante, pero idealmente la idea es no fijarse en el reloj ni en cuánto se demoró el otro.
  • INICIACIÓN: normalmente el que inicia es la persona que presenta la disfunción -esto le quita presión y puede ayudar a superar emociones de rechazo-. El otro partirá la siguiente sesión e irán alternando. Si uno es especialmente aprensivo, puede ser que ese sea el que parta las sesiones o que lo haga el otro (como en todo en SF, está sujeto a discusión).
    Se sugiere partir de manera formal diciendo, por ejemplo, “Me gustaría hacer la sesión ahora”. Suena tonto, pero esa formalidad aminora el riesgo de que el otro interprete claves informales de una manera subjetiva o poco precisa. Al mismo tiempo, plantearlo así -medio robótico y formal- hace emerger pensamientos y emociones ansiosos que estén asociados a las sesiones, porque no hay nada más poderoso que declarar formalmente que la sesión táctil va a empezar para gatillar los bloqueos sexuales para los que los clientes buscan solución. O sea que la iniciación formal es tanto diagnóstica como terapéutica.
  • COMUNICACIÓN: muchas parejas llegan a tener sesiones de SF con cierta aprensión y por lo tanto hablan nerviosamente o se ríen durante los primeros contactos. Esto es normal, pero es importante dejar claro que hablen sobre sus ansiedades ANTES o DESPUÉS de las sesiones, con el terapeuta. DURANTE las sesiones tienen que practicar su capacidad de foco interno y minimizar las distracciones causadas por el contenido de lo que quisieran decir. Hay que mantener los inputs sensoriales al mínimo. Hablar y compartir emociones o sentimientos estimula porciones más analíticas del cerebro, y lo que se intenta en SF inicialmente es alejarse del análisis consciente y sumergirse en la experiencia sensorial.
    Hay dos excepciones en las que sí se puede hablar en SF1:
    – cuando una persona ha terminado su parte de tocar e indica que quiere cambiar (turnarse) o cuando quiere detenerse al final de la sesión;
    -Cuando la persona está extremadamente ansiosa durante la sesión y se utiliza una palabra clave para cambiar el curso de la acción con el fin de manejar la ansiedad. La palabra clave debe haber sido elegida por la pareja antes de la sesión y debe ser de naturaleza positiva (por ejemplo “cambia” o “otra cosa”). La idea es que los clientes puedan reconocer su ansiedad, comunicarla y luego superarla de manera productiva, reenfocándose en vez de simplemente detener la sesión.
  • VESTIDO: poca o nada de ropa con el fin de disminuir la chance de que el sacarse la ropa sea considerado un preludio a un encuentro sensual o sexual, lo que tiende a gatillar exigencias a sí mismo o al otro de sentirse romántica o sexualmente estimulado. Ahora, igual depende de la pareja y de sus propias necesidades (por ejemplo, si usar prendas de ropa interior ayuda a disminuir la ansiedad o no).
  • LÍMITES: las parejas pueden alternar quién tocar (al decir “turno) o quién se detiene (al decir “para” o “detente”), o agregar o modificar lo que consideren necesario, SIN EMBARGO, se sugiere que no hagan más que lo que sugiere el terapeuta (o sea NO hacer cosas que les parecen más sexuales o hacer más sesiones de contacto).
    A lo largo de las sesiones el besar y mantener contacto corporal completo se desestimula para reducir la expectativa de que el “tocar” debe ser romántico o sexual. La persona que toca debe usar solo sus dedos, palmas y el dorso de la mano. Si se genera excitación, se sugiere que los clientes se den cuenta de la experiencia -o sea “tomen nota”-, pero no hagan nada al respecto. NADA. Esto disminuye inmediatamente la ansiedad ya que “nada más va a pasar” (y está bien así).
  • Sugerencias específicas: normalmente parte iniciando y tocando la persona que manifiesta la DS, pero puede ser que sea que inicie, pero que el otro toque. Depende de la pareja. Pueden partir con la posición que quieren y cambiar cuando quieran -por ejemplo, tendido uno al lado del otro, o que uno se arrodille al lado del otro que está tendido, o que uno esté de pie mientras el otro está tendido, etc.). Tanto el que toca como el tocado pueden cambiar de posición. El que toca debe hacerlo hasta moverse desde los pensamientos del día a día a una experiencia sensorial, pero no hasta aburrirse o cansarse. Ideal entre 5 y 15 minutos, pero hay que evitar mirar el reloj. Cuando termina la sesión se tienden lado a lado y NO DISCUTEN NADA -NO EVALUAR LO QUE PENSARON NI SINTIERON INMEDIATAMENTE DESPUÉS-. Lo que sí se sugiere es que escriban sobre la experiencia: que tomen notas sobre información concreta sobre las sensaciones y sobre cómo manejar las distracciones. Hay tres tipos de experiencias que debiesen anotar:
  • Foco en las sensaciones: ¿En qué sensaciones te pudiste enfocar y dónde? ¿Pudiste tocar buscando tu propio interés? ¿Pudiste enfocarte en la temperatura, en la presión, en la textura? Por ejemplo, ¿cuál era la temperatura de la mano izquierda de tu compañero, en comparación con la de su brazo? (si son capaces de describir sensaciones, son capaces de tocar para sí mismos en vez de tocar pensando en la pareja).
  • Distracciones: ¿cuáles fueron las distracciones? Distracción: cualquier cosa que no sea temperatura, presión y textura. Por ejemplo: “¿estoy haciendo bien esto?”, “¿lo estará pasando bien?”, “se me olvidó comprar leche”, “¿quién soy?”.
  • Manejo de distracciones: cuando te diste cuenta de que te distrajiste, ¿qué hiciste? ¿pudiste reenfocarte en las sensaciones? ¿en cuáles? ¿dónde?

Las anotaciones tienen que ser descripciones, no opiniones (prohibido: bueno, malo, más o menos, etc.). La idea es que lleguen con esas descripciones a terapia, porque son concretas y no son destilados o ideas de lo que vivieron. No sirve: “la sesión estuvo bien”, “todo salió bien”, “hicimos lo que dijiste”. Dispárense si anotan eso, porque no sirve de nada.

 Instrucciones:

  1. Evita tener sexo penetrativo, sexo oral o autoestimulación o estimulación mutua.
  2. Uno parte la sesión diciendo “Me gustaría empezar a tocarte ahora”.
  3. Se tienen que ir turnando.
  4. El otro puede declinar la iniciación, pero si lo hace se vuelve su responsabilidad iniciar la sesión en otro momento y contará como si lo hubiese hecho el otro.
  5. Entre una sesión de SF y otra hay que alternar quién inicia.
  6. Deja que sea una hora de privacidad absoluta.
  7. No uses alcohol ni drogas antes o durante SF.
  8. Evita usar lociones, velas, música o cualquier cosa que sugiera romance. No es una experiencia románica, sino una experiencia consciente.
  9. Ten una temperatura agradable en la habitación.
  10. Ten algo de luz.
  11. Ten la menor cantidad de ripa posible y, preferentemente, sin ropa.
  12. Sácate tu propia ropa. No es un ejercicio de seducción.
  13. Evita hablar durante la sesión.
  14. Puedes ponerte en cualquier posición cómoda para ti y tu pareja.
  15. Toca hasta que puedas enfocarte en las sensaciones, pero no hasta aburrirte o cansarte.
  16. Las sesiones deben ser una prioridad dos o tres veces a la semana, cada 48 o 72 horas.
  17. Si las sesiones no pasan espontáneamente, se pueden agendar.
  18. Toca con la palma y el dorso de la mano y con la punta de los dedos. Evita el contacto corporal completo y besar.
  19. Si la persona tocada siente algo físicamente incomodo o emocionalmente incomodo o cosquillas, él o ella debe mover la mano del otro de esa área -o guiarla brevemente, poniendo la mano sobre o debajo de la de la pareja-. La persona que oca puede volver a esa área después.
  20. Direccionar la mano del otro positivamente es algo que se puede hacer más adelante, moviendo la mano del otro a partes que sean de interés y señalando la ubicación, el grado de presión y el tipo de movimiento que se puede explorar.

Después de la sesión:

  • Tenderse lado a lado por uno minutos
  • Cuando se quiere realizar una actividad sexual, se hace en otro momento separado o distinto de la sesión de SF.
  • Habla lo menos posible sobre las sesiones al principio. Jata que puedas hablar de ellas de manera no-evaluativa.
  • Luego de terminar la sesión, escribe sobre la experiencia considerando:
    ¿En qué sensaciones puede enfocarme y dónde?
    ¿Qué distracciones experimenté?
    ¿Cómo manejé esas distracciones? (la mejor respuesta: me reenfoqué en mis sensaciones)

Luego lleva esta información a la próxima sesión de terapia.

Próxima semana: posiciones y actividades para hacer durante las sesiones de tacto.

REDESCUBRIR EL TACTO (Parte I)

NOTA: Lo prometido es deuda: dije que iba a escribir un artículo útil e informativo sobre sexualidad y, voilà (son varios, en realidad). Resumiré – parafraseando y citando- Sensate Focus in Sex Therapy. The Illustrated Manual, de Linda Weiner y de Constance Avery-Clark (está en Amazon, chiquillos). Este es un manual para terapeutas sexuales que describe la teoría y los ejercicios de Sensate Focus.  Además, comentaré mi posición con ejemplos o reflexiones. (Traducción: asuman que la información dura pertenece al libro y que el resto es mío).

¿Por qué me doy esta paja? Creo que entender cómo se hace terapia para tratar disfunciones sexuales o mejorar la calidad de vida sexual es algo que todos deberíamos saber, ya que la sexualidad es parte de nuestro cotidiano. Encuentro que se hace poco por divulgar información práctica para mejorar la calidad vida sexual de la gente: los artículos para el público general tienden a ser muy vagos o tremendamente carentes de emoción. Una lata. (Ojo, pienso que esto pasa porque todavía hay secretismo y pudor en torno al sexo. Sí, TODAVÍA. Además, creo que hay un interés un poco perverso de parte de algunos terapeutas para hacerlo ver un poquito más complejo de lo que realmente es. Creo que la persona debiese decidir si quiere que alguien lo acompañe o no en su proceso teniendo la información antes. La práctica terapéutica no es magia, por mucho que algunas corrientes incentiven esa diferencia de poder como si lo fuese-). En fin: pienso que la información debiera estar al alcance de todos y haré lo posible para que eso pase.

Ya, ya, me callo. ¿Partamos?

(Eso sí, prerrequisito: lee con la cabeza abierta. Lee pensando en tu propia experiencia. Lee aplicando lo que vas leyendo. Discútelo con alguien, escribe tus preguntas, etc., etc., no sé, pero hazlo de manera inteligente y desprejuiciada. Y aguántame cuando explique algunas cosas).

*

Todos lo hemos vivido y el que lo niega, miente (o es un Dios sexual y en ese caso, llámame -no, broma, pero cuéntame al menos-): esa ansiedad horrible que te martilla la cabeza por que no estás seguro de si eres bueno o no en la cama, si el otro lo está disfrutando, si podrás llegar al orgasmo o no -porque no po, no se me para, no me mojo, me acordé de la lista del supermercado y qué pasa si justo ahora suena el celular-, si la forma en que nos tocamos mutuamente es excitante o no -¿le gustará que le muerda la oreja, que le agarre la pechuga así o asá, que le pegue en el poto, que le diga estas cosas?-, etc., etc., etc. Es una tortura mental que es en parte nuestra culpa individual, pero también de la cultura en la que nacemos.

El que pensemos de esta manera sobre el sexo -antes, durante y después de tenerlo- tiene que ver con los guiones culturales que hemos aprendido sobre qué es el sexo y cómo hay que vivirlo.  Entre esas ideas está, por ejemplo, que para ser un buen amante hay que poder calentar al otro, saber lo que quiere -ojalá sin preguntarle- y descifrar si lo está pasado bien o no -por supuesto, sin hablar abiertamente sobre eso-. Todo debiese “fluir”, pero esa fluidez requiere de dones telepáticos, y si no fluye, entonces es el caos.

El foco está en el otro y el problema es que el sexo funciona exactamente al revés. Para disfrutarlo hay que enfocarse en las propias sensaciones, sin tener ninguna expectativa de qué pasará después (suena más fácil de lo que es, considerando la programación de la Matrix).

“Si te enfocas en tus sensaciones, el sexo pasará naturalmente”, Masters y Johnson dixit. La terapia en modalidad Sensate Focus te enseña a reconectar con las raíces (sensibles) de la sexualidad.

*

¿Qué es Sensate Focus? (*de ahora en adelante, SF)

SF es una serie de sugerencias estructuradas para tocar y descubrir el propio cuerpo y el de la pareja de una manera no-demandante, exploratoria, sin tener que leerle la mente al otro.

¿Qué significa todo eso que suena tan bonito?

  • “Exploración no-demandante”: tocar siguiendo tu propio interés sin intentar obtener una respuesta sexual -ni placer, ni disfrute, ni relajo- ni de tu parte ni de la de tu pareja, así como tampoco intentar evitar que pase ninguna de esas cosas. (O sea, no exigirle nada a la experiencia aparte de lo que la experiencia es).
  • “Tocar siguiendo tu propio interés”: enfocarte en las sensaciones táctiles de temperatura, presión y textura. Temperatura, presión y textura se definen incluso más específicamente como cálido o frío, duro o suave (o firme o blando), y suave o áspero. (O sea, en sensaciones aterrizadas, que te anclan al cuerpo y al momento mismo).

Por lo tanto, SF ayuda a las personas a dejar de intentar controlar su respuesta sexual, para que ella pase por sí sola.

La lógica detrás es que la excitación, el placer, el disfrute y el relajo son emociones, y las emociones son funciones naturales fisiológicas que, por definición, no están bajo el control voluntario. Tratar de generar esas emociones o de evitarlas es una de las causas más frecuentes de las disfunciones sexuales. 

Durante la práctica de SF, cuando te concentras en alguna otra cosa que no es la sensación táctil tienes que considerar esos otros pensamientos o sentimientos como distracciones y volver a enfocarte en la sensación táctil. Esto es idéntico a practicar mindfulness. Cuando te enfocas en tocar por tu propio interés reduces la ansiedad de performance (que a su vez se genera por la expectativa de responder sexualmente), porque no puedes concentrarte de manera intensa simultáneamente en sensaciones táctiles y pensamientos que te generen ansiedad. Son incompatibles.

*

Ya, sí sé suena maravilloso y mágico, pero mira, hay tres aspectos muy concretos de esto que hacen que el cuento funcione:

  • Tangibilidad y confiabilidad: cuando te sugieren que dejes de enfocarte en tu ansiedad sobre tu capacidad de respuesta sexual -¿voy a tener una erección? ¿voy a lograr un orgasmo?- y que en cambio te enfoques en tus propias sensaciones, tienes una alternativa segura en la que poner tu atención (tus sensaciones siempre están ahí).
  • Portal para la excitación: enfocarte en tus propias sensaciones es la manera más directa y poderosa para elicitar una respuesta sexual. Te enfocas en sensaciones táctiles, dejas de lado tu mente consciente y dejas que el cuerpo haga lo que tiene que hacer. Disminuye la presión sanguínea, se libera oxcitocina (la hormona del apego) y la sangre fluye hacia la pelvis. Pasas de estar consciente de tus sensaciones a estar absorbido por la experiencia sexual.
  • Portal para vincularse sexualmente: el enfocarte en tus propias sensaciones no solo te lleva a excitarte a ti mismo, sino también a tu pareja. William Masters decía que las tres fuentes de estimulación sexual son 1) tú tocando, 2) tú siendo tocado y 3) la excitación de tu pareja. Entonces, si cada uno esta excitado, se genera un loop de feedback positivo que a la vez excita al otro. Esto lleva a cada persona a pasar de estar centrado en sí mismo a vincularse sexualmente con el otro.

*

El concepto principal a la base de SF es que el sexo es una función natural (y esto sí que no se te puede olvidar porque esta es la base de TODO).

Las funciones naturales tienen 3 características en común:

  • Nacemos con ellas: incluye a las funciones vegetativas como respirar o digerir la comida, y respuestas emocionales como el placer, el relajo y el disfrute. Sí: nacemos con la capacidad de responder sexualmente.
  • No se nos pueden enseñar: podemos enseñarle a la gente a aumentar las posibilidades de generar esas respuestas sexuales, pero no podemos enseñarles directamente las funciones naturales. Es lo mismo que decirle a alguien que se duerma o que se sienta feliz por orden nuestra: no podemos decirle a alguien “ten una erección ahora” o “lubrícate” (y suele pasar que cuando se intenta controlar la respuesta del otro, pasa todo lo contrario). Sí se puede alentar a las personas a que hagan cosas para que aumenten la posibilidad de que una función natural de respuesta sexual ocurra, pero ni siquiera el terapeuta más hábil puede hacer que un cliente responda sexualmente si la función natural no está ahí en un principio o si está interrumpida por problemas psicológicos o médicos u otros.
  • No tenemos control directo sobre nuestras funciones naturales: podemos controlar algo de ellas -por ejemplo, puedes retener la respiración-, pero no tenemos la capacidad para hacer que estas funciones pasen o dejen de pasar. Por ejemplo, cuando vas al doctor y tienes que hacer una muestra de pipí: ¿por qué se vuelve tan difícil justo cuando se necesita? Porque la demanda consciente de controlar una función natural genera ansiedad, y la ansiedad interfiere con la expresión de cualquier función natural.

(Volviendo atrás: “tocar para uno mismo” no significa que uno sea egoísta o que ignore a su pareja durante el acto sexual -aunque así nos lo hayan enseñado-. Es necesario estar inmerso en tu propia experiencia sensorial para que se exprese la función natural. ¿En quién piensas cuando tienes un orgasmo? No puedes tener un orgasmo y estar enfocado en la experiencia de tu pareja al mismo momento exacto).

*

Ya, en resumen, la respuesta sexual es por naturaleza paradójica, y acá lo vas a entender altiro: como la respuesta sexual es una función natural, mientras más conscientemente tratas de obtener deseo, excitación o de orgasmar, menor posibilidad tienes de que eso pase. Lo mismo al revés: mientras más intentas no sentir esas sensaciones, es más probable que pasen. La intencionalidad consciente genera mucha ansiedad porque simplemente NO TIENES EL CONTROL PARA EXCITARTE NI A TI NI A TU PAREJA DIRECTAMENTE. (Perdón por las mayúsculas, pero es importante que te grabes esto en la cabeza).  Suena un poco terrible, pero aguante que esta es en verdad la libertad máxima que estabas esperando.

Entonces: si no podemos controlar nuestras propias funciones naturales…¿qué nos hace pensar que podemos controlar las de los otros? Es un poquito irracional. Por ejemplo, no esperamos poder respirar o digerir por el otro, pero cuando se trata de sexo es como si fuese otro libro por completo.

Tocar pensando en el otro por lo general no funciona porque:

  1. Tú mismo estás fuera de tu propia experiencia y por lo tanto no te conectai con lo que está pasando
  2. si tu pareja se da cuenta que la tocas para lograr una determinada respuesta, esa presión le genera ansiedad, lo que ya sabemos que hace que la persona trate de controlar su función natural que por definición en involuntaria… Loop de feedback negativo po, nene.

Masters y Johnson sugerían que lo que pasa en el buen sexo es que cada persona se enfoca en tocar por su propio interés, usando el cuerpo de la pareja como una fuente de absorción y estimulación, estando ambos de acuerdo en realizar ese intercambio, obviamente. Esto genera el loop de feedback positivo que eventualmente lleva a la excitación de ambos.

*

Ya, lo dejo hasta acá hoy. La próxima semana se viene la parte II donde veremos qué son las disfunciones sexuales, cómo se evalúan y las consideraciones que tiene el terapeuta a la hora de atender a una pareja o sujeto.

¿Preguntas, ideas, revelaciones? Bienvenidas.
¿Ataques, discusiones psicoanalíticas, posiciones moralistas, etc? No, gracias.

 

Volver a las canchas

Me escribe una chica que no lo está pasando bien. El tema: el acostumbramiento a los cuerpos, o tal vez a un cuerpo en particular y el cómo volver a las canchas. Y, aturdida por una avalancha de flashbacks de hace años, muy poco elegantes, con muchos pañuelos de papel y mocos, le digo que sí. Que sé de lo que habla.

*

Me dice que luego de haber estado con alguien por mucho, mucho tiempo, el volver a la soltería y encontrarse con otros ha generado encuentros sexuales que le han resultado desafiantes: no se siente libre de hacer lo que a ella le gusta, de decir ciertas cosas. Territorio extranjero.

Y es que hay que ir tanteando. Y en el tanteo a veces uno termina caminando en puntas de pies, como para no molestar, como para no parecer rara, como para no desencajar.

Está hablando de sentirse alien. Y ay del que no lo haya vivido, porque es de esas sensaciones para las que uno nunca está listo.

*

Quizás porque yo soy irremediable y ridículamente nostálgica -al punto de que a mí misma me agota- me pasa que siempre que estoy con alguien calibro cuánto extrañaré a ese cuerpo, cuánta falta me hará esto que en este momento tengo tan a la mano, cuánto compararé ese cuerpo a otros cuerpos posibles. Y en ese mismo momento empiezo a echar de menos estando presente. Y me pierdo.

Pero ese cálculo no es por nada. Es por que la mayoría de las veces -a menos que ese encuentro sea excepcional, relevante, impactante, estelar, magnífico- las personas pasan. Las relaciones se terminan más temprano que tarde. Nos agotamos y luego es bye, bye, alligator, after a while, crocodile. Sniff.

*

Pienso que tal vez todo lo que hacemos respecto del amor y del sexo tiene que ver con encontrar un cuerpo y una cabeza que nos parezcan un hogar posible, o un origen, o una respuesta a una pregunta que no nos habíamos dado cuenta de que nos habíamos venido haciendo hace tiempo.

Bang, bang, bang, paaaafff.

Caer desfallecidos sobre una cama y decirle al otro: “Hazme lo que quieras”.

Para mí el amor -o el comienzo del amor- es adorar un cuerpo y sus particularidades: la forma en que alguien se retuerce cada vez que le da un ataque de risa, la manera en que achina los ojos cuando se siente feliz, la forma en que su piel responde a mi manera de tocarlo. Sus lunares, sus pecas, sus cicatrices, sus leves pliegues de piel que no alcanzan a ser arrugas. Quiero memorizarlo todo y por eso me paso mucho tiempo mirando: porque siento que si no lo hago, ese cuerpo se me evapora.

*

Tu cuerpo es mi cuerpo.

O eso es lo que sentimos en algún momento. Como si el cuerpo del otro fuese un territorio conocido al revés y al derecho. Como si lo más normal de la tierra fuese tener ese cuerpo a disposición. Estirar la mano, rozarlo con la punta de los dedos, acercarse a su cuello y olerlo, besarle la oreja.

Y qué fantasía más bonita esa, la de la compenetración absoluta, la de la eternidad del tiempo.

*

Después del amor o de una relación larga o de acostumbrarse a un cuerpo tanto que ese cuerpo se ha vuelto un refugio, es duro volver a otros cuerpos. Ese quiebre es un final, y ese final exige un siguiente volumen: una continuación de una historia que ya no es la misma de antes, un giro. Requiere reajustarse, volver a hacer preguntas, partir de cero. Resucitar la curiosidad. Recuperar la paciencia.

La intimidad -de la que creo que hablamos poquísimo para lo importante que es- requiere de tiempo, de intensidad, de voluntad. Y la lata es que normalmente cuando salimos con gente nueva nos armamos con una cantidad de capas protectoras que nos inmovilizan. Cual guerrero medieval en plena batalla, ponerse la armadura es inteligente y sensato, pero al mismo tiempo, limitante -nadie corre cual gacela con tanta protección, nadie es una tina tibia en la que uno sumerge la punta de los dedos si andamos tiesos y nerviosos-. El resultado: la torpeza. Nada fluye. Tener sexo es tan relajado como una clase de crossfit (y no salgan con que aman el crossfit porque incluso los que lo practican saben que es una práctica sadomasoquista disfrazada, que en el fondo es similar a pellizcarse los pezones con pinzas).

¿Cuánto nos demoramos en ver realmente al otro? ¿Cuánto tiempo tendremos que invertir para aprender a saber qué le gusta, para poder proponerle cosas que queremos hacer con él o simplemente hacerle a él? ¿Cuánto tiempo para que entienda la diferencia entre un saludo con un beso con lengua y otro que es solo un roce de labios? ¿Cuánto para decirle en la cama las cosas que apenas nos atreveríamos a escribirle?

Toma tiempo. Eso es todo lo que sé.

*

Una felicidad sencilla: cuando en plena calentura se pierde el decoro sin perder de vista al otro. Cuando a pesar de que ese cuerpo nos sea todavía desconocido o ajeno, nos atrevemos a decir: hazme esto, tócame así, dime esto. Cuando el otro en vez de pasmarse, lo hace.

*

Pienso en la vergüenza, en el pudor. En cuánto uno deja en la cancha y cuánto se guarda.

Un consejo de mi sabia madre, que pocas veces he seguido: “No te vayas al chancho a la primera, por favor” (viste mamá, te escucho, solo que no te hago mucho caso. Perdóooon). Pero he desobedecido por un buen motivo: porque la situación lo exige. Porque si no hay riesgo -un exponerse, un vulnerarse- el sexo se vuelve fome, un lugar común, mecánico y predecible, polite. Y para tener sexo educadito, mejor ver sola una serie en Netflix.

Si uno va por el camino salvaje, como diría Lou Reed, hay poco de lo que aferrarse, y eso da susto. Proponer algo y que te digan que no. Tocar a alguien de una manera y que no le guste. Decirle que algo te calienta y darte cuenta de que la sola idea les repele. Atroz. Hundámonos todos.

Atroz, pero mejor que nada. Mejor que tener sexo tibión.

Riesgos, pero riesgos buenos, en cualquier caso, porque mientras antes uno sabe qué piso está tocando, mejor, ¿o no?

*

Toma tiempo. Toma tiempo desacostumbrarse de un cuerpo y volver a encontrarse con otros. Toma tiempo también porque si uno viene de una relación larga, hay cosas que uno da por hechas -pequeñas comodidades que uno no se cuestiona y que la soltería pone en jaque: hay inseguridades porque a esa persona nueva no tiene por qué gustarle mucho tu cuerpo ni no ser crítico contigo. No tiene por qué mirarte con amor ni mucha tolerancia-. En una relación la base está en la aceptación mutua: este es tu cuerpo, este es el mío, nos gustamos. Con una persona nueva hay un periodo de testeo, de tratar de entender los ritmos del otro. De cachar en qué plano estamos.

Yo no sé si hay tiempos engranados en nuestras cabezas -tiempos para llorar y extrañar, tiempos para odiar, tiempos para recogerse a pedacitos- pero intuyo que sí. E intuyo que lo tiempos son proporcionales también a la intimidad que se ha tenido con esas otras personas. Es más fácil olvidar un enganche pasajero que un enganche intenso y prolongado.

Recuerdo haber salido de una relación hace mucho mucho tiempo y sentirme devastada porque no sabía qué hacer con mi cuerpo ni con mi cabeza para poder pensarlos como algo distintos a los de él, cómo hacer para asumir que tendría una historia que en el futuro sería divergente, con otra persona.

Tal vez no podemos hacernos los tontos con esto: el tiempo que pasamos compartiendo con otros -y, obviamente, con sus cuerpos- es un tiempo en el que nuestros cuerpos se adaptan a su presencia, a su manera de tocar, a la historia que ellos mismos se cuentan y en la que nos incluyen. Cuando esos caminos divergen, requiere de un periodo el volver a nuestro centro a reacondicionar las piezas.

Y es recién ahí damos vuelta la página, empezamos de nuevo, y recién ese comienzo es el puntapié para volvernos a enamorar. O al menos a tirar bien.

No funcionar

Me llega una sugerencia, de parte de un lector, para hablar sobre cuando “no funcionamos” sexualmente. Primero, aclarar: ¿qué significa “no funcionar”?

En los hombres -dejaré otro post para las mujeres-, usualmente nos referimos a:

  • Disfunción eréctil o impotencia (o en buen chileno, cuando no se para),
  • Eyaculación precoz (o, perdonando el francés, irse cortado demasiado rápido, durar poco -siempre subjetivo-). Es la incapacidad de controlar la eyaculación, ya sea eyaculando antes de la penetración o después, en breve (o brevísimo) tiempo.

Ojo: hay un montón de desórdenes o malestares psicológicos, y enfermedades o síntomas fisiológicos que afectan la experiencia sexual. En sexualidad, a todo esto, un problema es un problema cuando el sujeto lo pasa mal y/o genera dificultades interpersonales. Hay parámetros, pero todo es bien relativizable y siempre es necesario chequear la multiplicidad de factores que pueden estar afectando: desde una herencia neurológica, enfermedades concurrentes, hasta problemas relacionales.
*Esta parte me da un poco de lata porque es lo que sale en todos los artículos de internet, así que si alguien quiere que haga un post más técnico, que lo pida y feliz ordeno la info, pero por ahora creo más interesante pasar a otras cosas. A tu cabeza y a la mía, por ejemplo.

*

Pongámonos en el escenario más catastrófico, clásicamente heterosexual: tienes un encuentro casual con una mina que te gusta/calienta y a la hora de los quiubo no se te para. Pongámosle un nivel más de dificultad: a la mina le encanta la penetración, para ella un acto sexual completo tiene que incluirla. Un nivel más: para ti también es fundamental: tener sexo “de verdad” es penetrar (y todas esas ideas de la Edad Media). Entonces, nada: se supone que deberías estar en pleno y tu mini-me no funciona. Te falla en la trinchera. Los dioses no están contigo.

La salida lógica: huir. Obvio. Porque no tienes la confianza como para pensar que se verán de nuevo y recomponer la experiencia, y tampoco le vas a empezar a contar por qué andai tenso o que en realidad te pone muy nervioso estar en una situación en la que piensas que te están evaluando…porque aunque ella te dijera que le da lo mismo, no le creerías, porque obvio que al día siguiente -O TAL VEZ AHORA MISMO- le está mandando un Whastapp contándole a todas sus amigas que no funcionaste. Eso hace, evidentemente, que te pongas más nervioso y que -¿es posible?- hasta se te encoja un poquito.

Pffff. Si es así, mejor ni intentar tirar, ¿o no?

*

Ay, el caos. Ay, qué hacer. Ay, qué presión. Así es como algo que en teoría es uno de los placeres más básicos y exquisitos de la experiencia humana se puede convertir en una pequeña pesadilla.

Entonces, ¿qué significa “no funcionar”? ¿Por qué nos importa? ¿Qué nos pasa cuando “no funcionamos”?

Uso las comillas apestosas porque no adhiero a la idea de funcionamiento, aunque entiendo que sea así como lo expresamos porque normalmente pensamos el sexo de estas formas más o menos pencas: como una manera probar nuestro poder/ potencia sexual -demostrarle al otro y a nosotros mismos que sabemos hacerlo, que somos buenos en la cama- o como una manera de afirmar nuestra sexualidad. En ambos casos el sexo es una manera de lograr algo más: una herramienta para un fin. Por eso: “no funcionar”.

Ante el mal rato que implica el que el cuerpo nos “juegue una mala pasada”, sentimos cosas: algunos se avergüenzan, otros se frustran, otros se hacen los locos, otros se esfuerzan en superarlo buscando soluciones rápidas, algunos tienen problemas de autoestima y otros se ponen súper ansiosos respecto del sexo.

Pero el asunto central está en entender que el cuerpo no te hizo una zancadilla: tú eres tu cuerpo. Tu cuerpo no dejó de funcionar y tu cabeza no te cagó la onda. Nadie traicionó a nadie: no hay un juego de dobles porque lo único que hay es tú -tú completito- en una situación sexual, haciendo como si estuvieras sobre un escenario jugando todos esos roles. ¿Quién es el culpable? ¿El inconsciente? ¿Ese otro yo desdoblado que no soy yo pero que tiene poder sobre mí? Pensar así, es obvio, no tiene mucho sentido, porque es insistir en la disociación.

*

Cuando estamos en la cama estamos enteros, y creo que todos los problemas que uno pueda creer que tiene aparecen cuando entramos en la lógica disociada: está mi cabeza, pero no estoy en cuerpo; o está mi cuerpo, pero mi cabeza anda en cualquier parte. Es súper penca, porque cuando eso pasa no es que sea intencional: se siente como si fuese inevitable, como si algo más grande que nosotros mismos hubiese decidido ya.

La propuesta va por otro lado. ¿Qué pasaría si en vez de funcionar nos ocupáramos más de estar presentes? (Sí, suena a bullshit zen, pero dame un momento). ¿Si en vez de angustiarnos por si se nos pone más o menos duro, si duramos más o menos aguantando eyacular, etc, nos enfocáramos en lo rico que es estar con el otro? ¿En el privilegio de poder compartir tu cuerpo con el otro? ¿De poder tocarlo y dejar que te toque? ¿De probar maneras de acercarse, roces posibles? ¿Si en vez de calcular cuánto duras te concentras en la manera en que el otro respira, en la forma en que su cuerpo se pega al tuyo, en la manera en que tu piel le despierta cosas a su piel?

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Desde el momento en que el sexo deja de operar como función, nuestros cuerpos también: hay una liberación. Porque, al igual que con otros placeres, la actividad cambia de cualidad ante nuestros ojos: si voy a comer para obtener energía para correr una maratón, tal vez pondré poca atención al talento culinario con el que se preparó la comida. Sí, estoy comiendo, pero estoy enfocado en otra cosa que no es la comida, y la misma actividad -masticar, alimentarse, digerir- va a generar una sensación distinta y provocarme cosas diferentes a si, por ejemplo, preparo un plato porque quiero probar un tipo de cocina que nunca he probado antes -estaré atenta a qué hace que sea diferente, qué la caracteriza-, o porque simplemente siento hambre -tengo GANAS de disfrutar de algo que siento que me estaba faltando-.

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Cerraré con una opinión personal.

Me ha pasado tener encuentros con gente con la que he andado a tropezones. Pasa, no he salido invicta. Pero las veces en que esa situación -de dificultad eréctil o de eyaculación precoz- ha sido tema ha sido cuando el tipo se ha frustrado o aislado, cuando en vez de explorar otras cosas se ha concentrado en cabecearse contra la pared, cuando por vergüenza o frustración se ha vuelto frío o ha perdido interés en lo que estábamos haciendo. Es raro, porque cuando pasa eso es como si en medio de una fiesta uno de los invitados decidiera que se acabó todo y prendiera las luces -y uno queda como “¡nooo, pero si justo ahora íbamos a bailar mi canción preferida!”, con la pintura corrida y la propia dignidad un poquito herida-. Las fiestas no son unilaterales. Si estamos en algo, estamos los dos en la misma.

Como mujeres también nos pasa. A veces uno no está al 1000%: no te mojaste tanto, o te pasa que la descordinación de los cuerpos te mata. O cachai en mitad del asunto que tal vez estarías mejor en tu propia cama, viendo Netflix y engordando voluntariamente a punta de chocolate. Zancadillas mentales. Tropezones que te sacan de la parte más rica de estar con el otro: darse cuenta de que se eligieron, de entre todas las otras personas posibles. Darse cuenta de que se gustaron. Darse cuenta de que mutuamente han puesto el cuerpo del otro a disposición para pasarlo increíble /mejor que cualquier parque de diversiones). Y ¿qué hace la mina atormentada? Mira el techo mientras la penetran. (Punto extra y estrellitas para los hombres que cuando se dan cuenta de que hay un problema de hidratación, si bien no de entusiasmo, se ofrecen a a hacer sexo oral).

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Me importa bien poco qué terminamos haciendo en la cama, pero sí me importa un montón que lo que sea que hagamos lo hagamos con ganas, como si se fuera a acabar el mundo, con una desesperación adolescente por descubrir el cuerpo del otro. Si no, me da lata. Entonces si a mi pareja, transitoria o de largo plazo, “no se le para” o “acaba rápido”, me da lo mismo, mientras eso no signifique que alguien decide irse taimado a su casa. Los invito a pensarlo así. A seguir bailando.

 

Refs.: están buenos estos links

https://kinseyconfidential.org/ pueden mandar preguntas y se las responden.

http://www.bumc.bu.edu/sexualmedicine/physicianinformation/epidemiology-of-ed/ Causas posibles de disfunción eréctil.

https://kinseyconfidential.org/los-recursos-en-espanol/problemas-sexuales-comunes-la-disfuncin/

 

Hablar sucio

ADVERTENCIA: este no es un posteo suavecito, así que los sensibles, favor abstenerse.

Hace unos días me llegó una pregunta sobre cómo hablar sucio -el “dirty talk” del sexting, del sexo telefónico y de la cama-. Convengamos en que cuando queremos excitar a alguien, hablar de lo bonito que son sus ojos no es lo más efectivo.

Tengo en mi celular el pantallazo de una conversación hot que mi amiga D. tuvo con un tipo de Tinder. No voy a entrar en detalles, pero hay harto de meter, chupar, rajar, chorrear, tragar, tirar el pelo, etc. Cuando lo leí me sonrojé (además de felicitar a mi amiga por su talento descriptivo). Personalmente la idea del sexting me pone muy nerviosa, porque creo que el riesgo de fracaso es demasiado alto (faltas de ortografía, puntos suspensivos, una palabra mal usada y pafff). Otra cosa es en el acto. Pero, bueno, de eso quiero que hablemos hoy. Yo no soy experta y se me ocurrió hablarlo con dos amigas, S. y D. Todo lo que viene a continuación es esa conversa digerida.

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Algo que siempre pregunto cuando entrevisto gente para los perfiles sexuales es si les gustan que les digan cosas en la cama y qué ha sido lo mejor o lo peor que les han dicho. Acá nunca hay puntos medios: o les encanta o les carga. Muchas mujeres me han dicho que les gusta que las traten de “zorras” o “maracas” o “putas”. Uno me dijo que se le pasaba todo cuando le decían “papi”. Una amiga casi se murió de vergüenza ajena cuando un tipo le dijo “¿quieres mi lechita?”. De que hay variedad, la hay.

A D. el tipo le mandó una foto anatómica y le dijo “Es lo más grande que puede estar sin estipulación de ningún tipo. Lo quieres ver más grande…”. Ojo, ESTIPULACIÓN. Quería decir “estimulación”. Así es como de un momento a otro algo erótico se puede convertir en un chiste (grupal, a estas alturas, ya que todas queremos estar “estipuladas”).

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Hay dos escenarios donde se da la conversa “sucia”: larga distancia o presencial.

LARGA DISTANCIA

Por teléfono, ya sea llamado o chat, por Skype, por mensajitos, por Facebook, por Whatsapp, por mail, por lo que sea. Según D., este tipo de conversación encierra una promesa de lo que el otro quiere hacer contigo o de lo que fantasea, y en esa medida, el lenguaje tiene que tener un carácter más duro cuando se trata de partes del cuerpo: acá no caben as delicadezas como “pene”, “vagina”, “nalgas” ni -Dios mediante- “colita”. Cursilerías, no (y estoy muy de acuerdo). Palabras más vulgares, si se quiere, como “culo”, “teta”, “pico”, etc. Una descripción de lo que quieres hacer con el otro o lo que le quieres hacer. Lo que calienta, entonces, es enterarse de esa promesa, fantasearlo juntos.

Yo creo que para tener ese tipo de chats sin que sea repelente, es súper importante meterse un poco en la cabeza del otro y conocer qué le gusta, qué lo mueve, qué lo excita. Hay minas y hombres a los que les gusta algo de violencia, para otros es lo menos erótico que hay. Entonces el “te voy a tirar el pelo” puede ser o muy excitante o simplemente poco sexy. Tener estas conversaciones en frío -sin conocer a la persona o sin tener suficiente intimidad- es arriesgado, pero si te sale bien, celebramos todos.

PRESENCIAL

Frente a frente, o antes de tirar o durante. Acá hay un salto, porque a la distancia la recepción negativa puede atenuarse, pero si estás en la cama se nota altiro y puede haber un desajuste que arruine la onda. Ahora bien, lo bueno es que se puede dar un escenario más exploratorio, ir tanteando y tener feedback altiro.

Cuando es a la distancia hay una promesa que excita, cuando estás en persona, ¿de qué se habla?  En principio, de lo que te gusta: de lo que te están haciendo o quieres que te hagan ahora ya, de cómo se siente lo que están haciendo. Se refuerza el acto con órdenes, con indicaciones.

Acá yo también creo que es clave el juego de roles -no necesariamente escenificado-, y para eso es necesario entender qué excita al otro. Por ejemplo, hay muchas mujeres a las que les calienta que las traten de “perras” o “zorras” o “putas” o “maracas”, y eso puede funcionar súper bien si su pareja tiene la misma fantasía complementaria (la del sujeto que castiga o corrige, por ejemplo), pero también puede ser una receta para el desastre si el otro no está en esa sintonía (“dime zorra”, “ehhhhh ¿zorra?” o al revés  “eres mi puta, dilo”, “ehhh soy…tu… ¿puta?”). Personalmente yo prefiero que me digan cosas y me saca mucho del momento decir cosas yo, entonces cuando me he topado con un narrador deportivo o de entrevistador –“¿te gusta? ¿y ahora? Dime qué estás pensando”- me dan ganas de salir corriendo. Pero ojo, esa soy yo. Tal vez a otras personas eso les encanta.

Para ahorrarse el mal rato hay que hacer la pega antes: hablar un poquito de qué le gusta al otro. Esto puede ser hecho de manera súper indirecta, tal vez averiguando qué tipo de películas le gustan (y no, no me refiero a preguntarle por su porno preferida, pero sí cachar qué tipo de historias le atraen: ¿le gustan las historias donde la mina es super power o es una flor inocente? ¿se identifica con las malas de las películas o con las víctimas? Las personas entregan un montón de información que tiene que ver con su imaginario sexual. Hay que estar atentos).

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LÍMITES

¿Es necesario ser violento o decir cosas brutales para hablar sucio? ¿Hay que impostar un poco? ¿Hacerse el bacán?

Sosteniendo el principio básico de que el sexo es uno de los pocos espacios de libertad absoluta que uno puede tener: NO es necesario hacer nada en la cama con lo que uno no se sienta cómodo. ¿Y si te lo piden? Prueba. ¿Y si no te gusta? No lo haces más. ¿Y si el otro se siente? Ese es problema del otro.

Según S. hay que decir lo que uno quiere decir y tirarse: es exploratorio y el riesgo de cagarlas siempre está presente. Obviamente, evitar ser un rayado y decir “te quiero cortar la cabeza etc”. En el tanteo se va revela hasta dónde se puede ir llegando. Hay que ser asertivo: no porque a ti te caliente, le calentará al otro. Tal vez el mejor consejo es este: partir liviano.

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Todos sabemos que tener sexo involucra más que el cuerpo: sí, hay dos (o más) cuerpos que deciden tocarse, pero también hay cabezas, hay recuerdos, hay fantasías, hay ideas sobre lo que es sexy y lo que no, hay ideas sobre lo que es correcto hacerle un cuerpo o no. Hablar durante el sexo es una manera de conectar esa cabeza al cuerpo. Hay algo bonito en eso: en tratar de verbalizar lo que es pura carne y movimiento. En poner atención no solo a cómo te tocan, sino también a la agitación del respirar del otro, a las cosas que está dispuesto a decirte. Hay cosas que uno dice en la cama que en ningún otro escenario serían aceptables y no tomar ese espacio para decirlas es perderse de una oportunidad liberadora.

Es difícil tener buen sexo si se siente vergüenza. Es por eso que las primeras veces suelen ser un poco decepcionantes: uno tiende a jugar dentro de lo convencional, como para no espantar. Pero si lo miramos por lo que es, si uno ya está en la cama, tiene pocazo sentido hacerse los pudorosos. Si ya estás sin ropa con alguien, ponerse receloso de “no quiero que piense mal de mí porque me gusta x cosa” o “me da vergüenza esta posición” o “me da plancha decir x” es bien contraproducente.

 

 

Links

Perfiles sexuales: https://veronicawatt.com/perfiles/

Wanderlust: talking dirty https://youtu.be/4utAnqqfLEw

(NO) ser mamá

Acabo de salir de un terremoto emocional: estuve cuidando por 8 días y medio a mi sobrino de dos años y medio. OCHO DÍAS Y MEDIO. Es poco. Es mucho. Depende del punto de vista, sí. Para mí fue una experiencia heavy y salí con muchas ideas sobre la decisión de ser madre o no. Pensemos juntos.

Estos son los temas que tocaré:

  • LA COFRADÍA: el club secreto de los papás, ser mejor persona
  • PLANTAR UN ÁRBOL, ESCRIBIR UN LIBRO, TENER UN HIJO: qué significa
  • POOOBRE: presión social, contexto sociocultural
  • ¿INSTINTO MATERNAL?: ¿existe? Estudios científicos.
  • EGOÍSTA: ¿es egoísta no querer tener hijos?
  • SER MAMÁ Y ARREPENTIRSE
  • SOBREPOBLACIÓN MUNDIAL: una solución: familias pequeñas o sin hijos
  • SEXO (breve comentario)

Síganme los buenos.

[CONTEXTO: tengo 33 años y soy soltera (¡miau!). En mi vida había cambiado un pañal. Tengo un perro al que amo y muchas plantas. Nunca he sentido la urgencia de ser mamá ni la fantasía ni nada. Me encanta compartir con niños, aunque no los trato como idiotas ni soy condescendiente con ellos. No me gustan los niños llorones, así como tampoco me gustan los papás y mamás lloronas. Amo a mi sobrino y creo que es el niño más adorable, inteligente y cariñoso de la tierra y no, no hice un estudio para concluir eso.]

**Ah, me saltaré las cosas más o menos convenidas que ya todos sabemos (para ver el detalle, scroll hasta el final).

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LA COFRADÍA

Es increíble la diferencia de trato de parte de la gente cuando te ven con un niño: es como andar con un cachorro y pertenecer a una secta al mismo tiempo. De alguna forma los otros padres o cuidadores te miran como si ya supieran de ti. (Y sí: saben que te pasas cambiando pañales, cuidando que no se caigan, hablando como si no supieras modular y besuqueando al pobre niño).  Hay una cofradía, un club secreto. Fue como volver a pertenecer a un credo religioso. Ah, y también caché por qué las mamás de niños chicos se ponen monotemáticas: porque la pega es full time.

Cuidar a un cabro chico te fuerza a ser la mejor versión de ti mismo: responsable, capaz, previsor, entretenido, dispuesto, alegre. TODO EL TIEMPO. Es muy inspirador, pero también es agotador. En algún momento uno quiere volver a ser una persona común y corriente, más o menos mediocre o idiota. Con niños chicos uno es proveedor eficiente, paño de lágrimas, mediador del mundo. Hasta que se dan cuenta de que todo es mentira (¡bienvenida adolescencia!).

PLANTAR UN ÁRBOL, ESCRIBIR UN LIBRO, TENER UN HIJO

La famosa cita tiene doble atribución: al Talmud y a José Martí. Por algún motivo, pega mucho, tal vez demasiado. Es que una lista bien hecha: son sólo tres cosas (no veinticinco), muy concretas y relativamente sencillas. No dice “desarróllate como ser humano”, por ejemplo. Si me dieran luca por cada vez que alguien ha hecho referencia a la idea del libro y del hijo por esta cita, sería millonaria (por algún motivo, a nadie le importa mucho el árbol).

Creo que tener un hijo es una manera de vivir una experiencia humana intensa y transformadora, pero no por eso “la” experiencia humana para lograr los mismos efectos o niveles de satisfacción y me parece que no ver eso es ser medio miope mentalmente.

Desgranemos la cita: “Hay tres cosas que cada persona debería hacer durante su vida: plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro”.
– Plantar un árbol: ser consciente de tu ecosistema, cuidar la naturaleza, aportar al planeta.
– Escribir un libro: ser capaz de reflexionar y compartir creativamente, poner al servicio de los otros tu inteligencia y visión de mundo.
– Tener un hijo: formar un vínculo de entrega y cuidado, postergarse por el bienestar de otro ser humano, fomentar valores y creencias positivas, constructivas, ser capaz de transmitir conocimiento, proteger y nutrir tanto física como psicológicamente a otra persona, pensando en su bienestar.

¿Será necesario plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo para lograr desarrollar esas habilidades?

POOOOBRE

Hay una mirada que te empieza a lanzar la gente cuando pasas los 30 y no tienes pareja y/o hijos. Si uno pudiese ponerle subtítulos esa mirada diría: “Pobrecita, se va a quedar sola para siempre”. Hay, creo, dos maneras básicas de enfrentarla: 1) “Ehhh, no es un problema quedarme sola” (y ahí hay algo más proyectivo de la persona que teme por ti lo que tú no temes) o 2) “Ayyy, sí séeeeee, me quiero matar” (y ahí se entra de lleno al espiral de la muerte). Entre medio están todas las combinaciones posibles. Decir “no quiero ser mamá” pareciera que tiene el mismo efecto que decir “no quiero vivir”: instantáneamente te llueven comentarios como “después te vas a arrepentir” o “no sabes lo que es” (que a todo esto, gente, es un trato un tanto condescendiente e innecesario, en serio).

Si uno opta por decir que no quiere ser mamá es considerada una anomalía, una trabajólica, una egoísta y/o una pobre ilusa que no se ha dado cuenta que su esencia es convertirse en madre y que está en plena negación de su “ser mujer” por no serlo todavía.  Todas estas suposiciones son súper tradicionalistas y asumen que el hecho de tener un cuerpo capaz de dar a luz debiese indefectiblemente llevarnos al hecho de querer tener un hijo. (Bajo esa misma lógica, ¿cuántas cosas debiésemos sentirnos obligados a hacer porque tenemos la capacidad de hacerlas?).

La forma en que hablamos sobre la decisión de no tener hijos es en negativa: “no tiene” (childless vs childfree), pero ¿cómo es eso de “no tener” algo que no existe ni se desea? Es una decisión activa el no tener, porque el supuesto es que sí se debiera tener: a pesar de estar en un estado de opt in -o sea, que hay que hacer un movimiento desde el no tener a tener un hijo, y eso requiere un esfuerzo-, se siente como si el mantenerse no teniendo hijos fuese más difícil. ¿Cómo es eso posible? Porque nos preparan para vivir la vida para ese momento en que sí tengamos hijos. Parece que es opt in, pero en realidad decidir no tener hijos es todavía opt out: es salirse del plan predeterminado, es romper el esquema que estaba previsto. Ser mamá sigue siendo el plan por defecto, según nuestros estándares sociales. No estamos en un plan neutro: alguien ya tomó la decisión por nosotros.

¿INSTINTO MATERNAL?

Llega una edad -en la que yo ya estoy- en que la pregunta por los hijos se vuelve urgente. La gente usa frases como “reloj biológico” e “instinto maternal”. (Para saber más sobre el famoso “reloj biológico” y cachar cómo nos han mentido, scroll hasta el final, en las refs. ***).  Ambas cosas combinadas a veces tienen el efecto de generar “baby fever” en algunas mujeres -el deseo físico y emocional de tener un hijo-. Hay poco en torno a si el fenómeno del baby fever existe, pero supongamos que sí: ¿es producto de las necesidades de prolongación de la especie, del contexto sociocultural del que aprendemos los roles de género, de la necesidad de cuidado de otro o es una señal emocional adaptativa de que es un buen momento para tener un hijo?

Cuando la gente habla de instinto maternal se refiere a dos cosas: una “naturaleza” predispuesta a desear ser madre y una capacidad para ser madre -una vez que la guagua ya nació- y poder responder eficientemente a sus necesidades. Lo primero se ha descartado en la comunidad científica -el propio término “instinto” está en desuso cuando se trata de seres humanos, porque habla de un impulso irrefrenable e innato-. Lo segundo está más o menos comprobado: hay estudios que demuestran que hay una liberación de oxitocina al escuchar el llanto de tu propia guagua, que a su vez estimula la producción de leche (esta respuesta hormonal de querer alimentar al niño se da solo durante el embarazo y luego del nacimiento).  Un estudio también encontró una correlación entre mujeres con altos niveles de estrógeno y el deseo de tener un mayor número de hijos, en comparación con mujeres con menores niveles de estrógeno. Además, encontraron que las mujeres que tendían a desear más hijos tenían caras más “femeninas”, en comparación con las que querían menos hijos. También se ha comprobado que circuitos cerebrales específicos se activan cuando una madre escucha a su propio hijo llorar o si lo ve sonreír, siendo más fuerte la respuesta cerebral en el caso del llanto. Y así. Algo le pasa al cuerpo y a nuestra cabeza con la maternidad, sí.

Lo clave es que la maternidad es una decisión de vida. Sería más fácil si realmente hubiese un instinto, si nos sintiésemos biológicamente compelidas a tener un hijo porque se te prendió un botoncito interno. El peso que tiene el tomar la decisión de traer un hijo al mundo entonces es muy fuerte.

SER MAMÁ Y ARREPENTIRSE

Es tan tabú decidir no tener hijos, pero es incluso más tabú tenerlos y reconocer que tal vez no fue la mejor decisión. Esto no significa que las mujeres que se arrepienten no quieren a sus hijos, sino que son capaces de darse cuenta de que otra decisión hubiese sido o menos dolorosa o menos difícil o menos sacrificada, etc. La falta de espacio para hablar sobre maternidades no deseadas, pero que concluyeron en embarazos, se ve aplastada por el discurso eufórico de que la maternidad es maravillosa o por la tipificación de madres “fallidas” o pencas. Así que pareciera que no hay término medio: o eres una madre increíble o eres una porquería.

Como en casi todo, no compro la ausencia de término medio y creo que muchas de las patinadas al criar a los hijos o incluso las que se dan en pareja tienen que ver con mamás que no estaban preparadas para ser mamás o que se arrepienten de haberlo sido y que buscan una vía de escape.

No hay madre perfecta. No hay hijos perfectos. Pero yo sí creo en una maternidad sana. Sí creo que más vale no tener hijos si es que se va a ser una madre ambivalente o simplemente amargada. Y ya hay estudios que demuestran que el afecto y cuidado que una madre es capaz de entregar tiene consecuencias físicas en el cerebro del hijo (con un hipocampo 10% mayor que el de niños con hijos que no eran cuidadosas en términos afectivos. Los resultados son extrapolables a los cuidadores, no sólo a las madres biológicas). Así también, se ha demostrado que el vínculo seguro o inseguro entre una mamá (o el cuidador) y su hijo determina -en parte- sus relaciones románticas, su capacidad de resolver y recuperarse de los conflictos en las mismas, y de disfrutar de ellas.

Desde mi punto de vista, me parece mucho mejor que una mujer ambivalente respecto de la maternidad no tenga hijos hasta que esté segura o no los tenga nunca, porque le hace un favor a ese hijo hipotético.

EGOÍSTA

Hace dos años el Papa Francisco dijo que no tener hijos era ser egoísta, que al final la gente que no los tenía se dedicaba a buscar su propio bienestar y luego a vivir una vejez amargada, que los hijos renovaban la vida y aportaban al mundo. Yo no sé de dónde sacará esas conclusiones y también me parece injusto la correlación forzada de dos temas completamente diferentes. (Menciono al Papa por ser una persona que representa la visión conservadora).

Si uno decide no tener hijos, ¿por qué es egoísta? ¿Es egoísta con la posibilidad de una vida que no se concreta? ¿Egoísta con la sociedad? Honestamente, así como están las cosas, es más egoísta con el mundo entero tener un hijo que no tenerlo. (Claro, una vez que se tiene la guagua la generosidad va a ella, pero en términos macro, se decide tener un hijo por los propios deseos de armar una familia tradicional. Si nos ponemos pesados, más egoísta es tener un hijo y no adoptar uno de los tantos niños que tienen una vida como la cresta porque sus papás los tuvieron y no quisieron cuidarlos).  Todo esto me lleva al siguiente punto:

SOBREPOBLACIÓN MUNDIAL

Alexandra Paul es una actriz -BAYWATCH, gente, BAYWATCH- y activista que tiene una charla TED que resume el problema de la sobrepoblación mundial. Básicamente el asunto es que somos demasiados y que seremos todavía más. Nos tomó 200.000 años llegar a ser mil millones de personas, mientas que nos demoramos 200 años en llegar a 7 mil millones. Las organizaciones medioambientales nunca señalan dentro de las medidas individuales para ayudar a salvar el planeta el “tener dos o menos hijos por pareja” (o ser vegetariano, o preferir comprar cosas usadas, etc., y ojo, es porque hay una agenda oculta ahí). Para cachar bien el impacto de tener un hijo hay que considerar el consumo de recursos por persona, no sólo en términos de nuestro contexto país (por ejemplo, en la India las familias tienden a ser más grandes, pero un norteamericano promedio usa la misma cantidad de recursos que 30 personas de la India, por lo tanto, el que nazca un norteamericano más es un GRAN problema. Multiplicar por nacimientos anuales. Hágase la idea). Así que: levante una ceja cada vez que el tener menos hijos o no tener hijos no salga mencionado en un sitio que promueva el cuidado medioambiental. Money talks.

La idea de disminuir la población mundial o controlarla hace que la gente se ponga mal, porque piensan que se traducirá en más abortos o que se les quitará el derecho a tener cuantos hijos quieran. En realidad, lo primero es educar a las mujeres, porque hay una correlación directa entre la cantidad de años de escolaridad de las mujeres y la cantidad de hijos que tienen. Mientras más empoderadas, menos hijos deciden tener y manejan también más formas de control de natalidad. Otra manera es erradicando la pobreza: mientras más plata tiene una familia, menos hijos tiene (aunque vaya que falta para eso). Otra forma es incentivar a la gente a tener familias más pequeñas (que NO es lo mismo que forzarlos a tener menos hijos, que es lo que pasó en China y tuvo como consecuencia que las guaguas que eran niñitas eran abortadas). Es necesario empezar a repensar las ideas asociadas a la familia: ¿a qué imaginario asociamos una familia grande? ¿Cuáles son los beneficios de tener uno o dos hijos en comparación con más? La mala noticia: eso va a tomar tiempo y, mientras tanto, el problema se agravará. ¿Y para quién va a ser el problema? Para los niños que están naciendo ahora.

Ah sí, y otra cosa: al mercado le conviene que sigamos teniendo hijos. Más hijos, más consumidores. El nicho de las guaguas y los niños es bien conveniente: debido a que crecen y sus necesidades son siempre cambiantes, son clientes de largo plazo. Piensa dos veces antes de comprarte los incentivos emocionales que te ofrecen las marcas por ser mamá.

SEXO

Esto da para otro artículo, pero sólo voy a mencionar que por primera vez en mi vida sentí como que se me apagaba un poco la lucecita de tener ganas de tener sexo. No he explorado todavía por qué -tal vez era el cansancio, la dedicación de cuidado a otro, la falta de contexto erotizante, la dificultad para concentrarse en las propias necesidades, etc.-, pero sí fue raro. Súper raro.

***

Lorrie Moore, una de las cuentistas norteamericanas que más me gustan, en una entrevista para The Paris Review dijo: “Desde que empecé a escribir el truco, para mí, ha sido construir una vida en la que la escritura pueda ocurrir (…). Siempre he tenido que tener un trabajo que me dé una base y ahora soy madre de un niño pequeño, a veces me siento sobrepasada al intentar llevar una vida literaria mientras hago clases y crío -para no decir de hacer cosas de casa- algunas veces me sobrepasa. No me siento completamente superada, pero es una lucha, cada vez más”. Cuando leí este fragmento me di cuenta de que no quería esa situación para mí. No sé cómo sea para ustedes, pero mi vida ha sido bien terremoteada y creo que recién estoy empezando a disfrutar de algo de estabilidad emocional y mental. Agregarle una guagua ahora sería empezar de nuevo el torbellino.

No tengo una conclusión. Sé que no quiero hijos ahora y por un buen tiempo al menos. Valoro más mi tiempo destinado a mi escritura, a mi proyecto, a mi familia y a mi perro que a la idea de tener un hijo.  ¿Me siento menos plena por eso? ¿O encuentro penca a la gente que tiene hijos? Claro que no. Pero uno espera más o menos lo mismo de vuelta: que te dejen de hinchar.

Déjenme cerrar con un par de videos de Louis CK, para aligerar el cuento:

http://bit.ly/2qn3kHf My 4 year old is an asshole

http://bit.ly/1A2mgde Children and their secrets

Refs. :

Papa Francisco: no tener hijos es egoísta http://bit.ly/2pr5wjA

Contador de población mundial, actualizado: http://www.worldometers.info/world-population/

Overpopulation facts, the problem no one will discuss: http://bit.ly/2qkbAHY Alexandra Paul propone educar a las mujeres, disminuir la pobreza e incentivar la formación de familias pequeñas. El problema más grande que Alexandra no menciona es que incluso ahora, con 7 mil millones, ya es insostenible. Baby steps al menos para crear conciencia.

Baby Fever:  http://bit.ly/2ql6Phd Una pareja de investigadores ha explorado el fenómeno de baby fever y ha encontrado 3 factores que predicen consistentemente cuánto deseará una persona tener un hijo: exposición positiva, exposición negativa, y la consideración de los sacrificios o costos que involucra tener hijos. El estudio mí no me gustó porque lo encontré medio blando (se basa en tweets), pero va igual : http://bit.ly/2ps1cRg

Don’t lose the context! Response to: Are you maternal enough to be a woman? http://bit.ly/2oOEqik  Este es un post que responde a críticas respecto del estudio que correlaciona niveles de estrógeno y deseo de tener hijos. Este es el estudio original: http://bit.ly/2pG6p8X

How a mother’s love changes a child’s brain http://bit.ly/1kM0fY3

Baby-mother bonds affects future adult relationships http://bit.ly/2pFWr7j

The functional neuroanatomy of maternal love http://bit.ly/2oPLuv2

3 main lessons of psychology – Dan Ariely  http://bit.ly/1hMsvxN El efecto opt-in y opt-out

***How long can you wait to have a baby?  http://theatln.tc/2oCobKc La idea de que tener hijos después de los 30 es difícil no se sostiene fuertemente por ningún estudio científico actual. De hecho, la clásica estadística de que 1 de cada 3 mujeres de entre 35 a 39 años no podrá tener hijos luego de intentarlo durante un año se basa en un artículo publicado en el 2004…pero la fuente de ese dato tiene su origen en los registros de natalidad entre 1670 y 1830. La posibilidad de quedarse sin hijos -30%- fue calculada tomando poblaciones históricas. Pocos estudios han sido bien diseñados e incluido la edad de las mujeres y la fertilidad en mujeres nacidas en el siglo veinte, pero los que sí funcionan son bastante optimistas. Un estudio examinó las posibilidades de embarazo entre 770 mujeres europeas y concluyó que, teniendo sexo dos veces a las semana, el 82% de las mujeres entre 35 a 39 años logran embarazarse dentro de un año, comparado con un 86% de mujeres de entre 27 y 34 años. Otro estudio consideró a 2820 mujeres danesas: entre las mujeres que tenían sexo durante de su fase fértil, el 78% de las mujeres de entre 35 a 40 se embarazaron en el plazo de un año, comprado con un 84% de las mujeres de entre 20 y 34 años. Otro estudio encontró que entre mujeres de 38 y 29 años que ya se habían embarazado, el 80% de las mujeres blancas de peso normal se embarazó naturalmente en 6 meses (el porcentaje disminuía en otras razas y cuando tenían sobrepeso). Incluso estudios que se basan en registros históricos son optimistas: antes de la píldora, el 89% de las mujeres de 38 años seguían siendo fértiles, y otro estudio concluyó que una mujer típica podía embarazarse hasta más o menos entre los 40 y los 45. Sin embargo, estos números suelen no mencionarse.

 Entrevista a Lorrie Moore en The Paris Review: http://bit.ly/2iCQ9hN A pesar de que me encanta Lorrie Moore como cuentista, no me gusta esta entrevista porque creo que suena un poco insoportable, pero también, la entrevistadora es de una inocencia enervante.

***Entre las obviedades que no mencioné: el privilegio que es tener un hijo sano y adorable; la situación de aprendizaje maravillosa que es cuidar a otro que técnicamente no te puede dar nada a cambio -aparte de afecto condicionado al principio, genuino después-; que lo geniales o insoportables que son los niños tiene que ver con lo geniales o insoportables que son los papás (papás: si sus hijos son un pain in the ass, desastrosos, irresponsables, no es gratuito); la pega tremenda que hacen todo tipo de cuidadores que son sanos mentalmente -mamás, papás, tíos, abuelos, hermanos, tías del jardín, etc.; la responsabilidad loca que es cuidar a otro ser humano que no se puede cuidar a sí mismo; la falta de tiempo libre y los sacrificios que se hacen en nombre del otro; lo evidente que resulta que el mundo es un desastre y que hay demasiadas cosas con esquinas puntiagudas.

Ah, y un mini recordatorio:

BUENAS RAZONES PARA TENER HIJOS: porque quieres tener un hijo y quieres comprometerte con la responsabilidad a largo plazo que significa criar, formar y proteger a otro que dependerá de ti.

RAZONES CUESTIONABLES PARA TENER HIJOS: porque te da susto quedarte solo cuando viejo. Porque todas tus amigas están teniendo hijos. Porque quieres afirmar tu relación de pareja. Porque toda tu vida te imaginaste con hijos. Porque te gustan los niños (esos niños después crecen, por si acaso). Porque tu pareja quiere tener un hijo. Porque tus papás quieren tener nietos. Para sentir que sigues avanzando con tu checklist.

BUENAS RAZONES PARA NO TENER HIJOS: porque no quieres tener hijos.

 

Sexo en transición

Sexo + Economía + Matrimonio + Liberación sexual femenina.

He tenido este artículo archivado por meses porque no sabía cómo abordarlo. Lo políticamente correcto es quejarse y denunciar las ideas anticuadas -tengo un doctorado en No Estoy de Acuerdo-, pero lo más honesto y útil sería evidenciar la brecha. Lo que nos falta para dejar de actuar estúpidamente. Así que acá va.

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La historia es la siguiente: el 2014 se publicó un video que aplicaba la lógica de la economía a las relaciones sexuales, planteando una mirada bastante conservadora del sexo para explicar el fenómeno de la baja de estadísticas de matrimonios y sugiriendo una solución para revertirlo. El video se llama The Economics of Sex  y fue creado por el Austin Institute for the Study of Family and Culture, basado en investigaciones del psicólogo Roy Baumeister. Para los que no saben tanto inglés, acá  pueden ver un resumen escrito del video (y para los que sí, bueno, les sugiero verlo).

En corto, el video plantea lo siguiente: las estadísticas de matrimonio han descendido, la gente se casa más tarde y eso es muy muy malo -¿por qué? Nadie sabe-. La causa es que las mujeres están teniendo sexo sin pedir mucho a cambio (según el video, son muy fáciles y tiene sexo a la primera). Si uno quiere aplicar la lógica de mercado a las relaciones sexuales y amorosas, el sexo puede considerarse un commodity, o sea, que hay un precio de mercado para el mismo. Debido a que los hombres quieren tener más sexo que las mujeres, las mujeres son las que controlan el mercado sexual. Los hombres, en cambio, son los que controlan el mercado del compromiso, ya que las mujeres quieren más compromiso que los hombres. Entonces, la transacción es compromiso a cambio de sexo, pero como los hombres obtienen sexo fácil, entonces no es necesario que se comprometan. ¿La solución? Que las mujeres se coludan y le niguen el sexo a los hombres, para que así los hombres ofrezcan más compromiso.

Mi primera reacción: CUEEEEEEEEEEEK.
Mi segunda reacción: a ver, pero espera….
Mi tercera reacción: pucha, este artículo va a ser difícil de escribir.

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¿Alguien más se sintió absolutamente deprimido? Yo me quise tirar del balcón porque sentí que habían un montón de suposiciones injustas, falsas y en el mejor de los casos relativizables presentadas como verdades. Por ejemplo:

– Los hombres tienen mayor deseo sexual que las mujeres: es difícil probar, si no imposible, si el “bajo deseo sexual” femenino se debe a limitaciones culturales de manifestación del deseo o si realmente las mujeres inherentemente -biológicamente- sienten menos deseo.
Al mismo tiempo, como no podemos probar eso, podemos sacar conclusiones de lo que se ve: en la práctica la conducta de búsqueda de oportunidades sexuales -sea biológica o aprendida- es más abierta de parte de los hombres. Los hombres manifiestan más abiertamente esa búsqueda y deseo y socialmente, al menos, recién las mujeres están pudiendo ocupar también ese espacio. Yo creo que es un par de años más el cuento se va a equilibrar en términos de permisividad social para manifestar el deseo (y así, que una mujer sea activa sexualmente no la convierta instantaneamente en una zorra).

– lo único que quieren las mujeres es casarse. (Ni siquiera voy a discutir esto, aunque, de nuevo, también entiendo que hay muchas mujeres que sí sienten la presión social de casarse por la edad o para adquirir una posición de reconocimiento social dentro de su grupo. No lo comparto, pero sí sé que hay gente que sigue en esas, y mientras eso pase, para parte de la población el proceso de dating seguirá siendo un juego tipo Tom & Jerry).

– El video plantea que el exceso de oferta de mujeres sexualmente activas ha disminuido el “valor” del sexo: en vez de “pagar” por sexo casándose, ahora los hombres necesitan comprar un par de tragos o salir en un par de citas. Marina Adshade -economista seca- rebate esta idea explicando que una relación inversamente proporcional de oferta y demanda sólo aplica en mercados donde hay un intercambio monetario. Adshade dice que salir en citas es más como hacer trueque: la gente decide comenzar relaciones al identificar una combinación específica de características que quieren en una pareja. Es un intercambio cuidadoso, no una transacción monetaria.
Esto -el que las relaciones se parezcan más a un trueque que a un negocio- hace que el mercado sea muy ineficiente. Y tiene todo el sentido del mundo: las economías de trueque son difíciles porque encontrar a alguien que venda lo que tú quieres comprar y que quiera comprar lo que tú quieres vender es complicado.

– Una cita: “Los hombres se comportan tan bien o mal como las mujeres de sus vidas se lo permiten”: ya, esto sí que me irrita, o sea no sólo las mujeres son responsables de su propia sexualidad y deseos, sino también de la del resto. O sea los hombres son niños incapaces de tomar sus decisiones y que no pueden autocontrolarse. Great! Rape culture. Googlée si no cacha el término.

– La solución que se propone es que las mujeres se coludan y le nieguen el sexo a los hombres para así impulsar a los hombres a casarse o a mantener relaciones de largo plazo. El video sugiere además que las mujeres debiesen evitar el sexo casual, tal como era antes de la píldora. Este razonamiento lo he escuchado un montón de veces -el que deriva de “ya no hay motivación para los hombres para casarse y la única forma es que se acabe el sexo premarital” o el inifinitamente menos elegante “para qué comprar la vaca si te dan la leche gratis”- y es un alivio ver que hay una argumentación económica en contra (¡además de ser realmente ridícula la idea de supervisar la vida sexual de los otros!): la solución es imposible ya que en el mercado del sexo y del amor hay millones de personas, por lo que es un mercado perfectamente competitivo y por lo mismo, es imposible armar un cartel, según Adshade, pues no se podría regular a todas las mujeres…y ningún economista serio plantearía la colusión como solución a ningún escenario de mercado.

Habría que pensar también en la agenda oculta de este tipo de discursos conservadores que defienden la institución por la institución en sí. Se sugiere revertir las libertades sexuales de las mujeres, constreñirlas…¿para qué? ¿A favor de qué?

Saquen las conclusiones ustedes.

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Me acordé de resucitar este artículo por dos cosas:
– Es un ejemplo gráfico de Mansplaining y slut-shaming en conjunto. En unos pocos minutos el video le explica a las mujeres por qué ellas la están cagando, además de pasadita tratarlas de zorras y responsabilizarlas del “caos” que es que haya disminuido la tasa de matrimonios. (Lo del mansplaining da para otro artículo que viene luego, pero se puede definir como lo que pasa cuando “un hombre se siente compelido a explicar o a dar su opinión sobre cualquier cosa, especialmente a una mujer, a menudo de forma condescendiente, aunque no sepa de qué está hablando o no sea asunto suyo”).
– Me topé con un artículo sobre el movimiento MGTOW (Men Going Their Own Way), y la idea de que las mujeres son prácticamente el cáncer del universo y me recordó a este video de sex economy. Y luego vi un video que tienen ahí colgado de Briffault’s Law… y entiendo la paranoia de los MGTOW si es este el tipo de cosas en las que creen.

Creo que lo que más me preocupa es la consideración de un vínculo -sexual y relacional- en una simplificación carente de afectos. En el video el matrimonio es un medio para conseguir sexo y/o bienes. El sexo, para las mujeres, sería un medio para conseguir que les pidan matrimonio (bienes), … etc etc. Pero lo que pasa es que hasta hace muy poco era así: el matrimonio era un acuerdo de largo plazo que anudaba fuertemente tres términos: sexo, familia, dinero. Pero las cosas están cambiando y por eso este video ya empieza a sonar añejo.

Estamos en transición. Nos estamos moviendo desde una cultura conservadora, que otorga más libertades sexuales a los hombres, que valora el sexo en función de la construcción de la familia, a una manera más libre de ver el sexo, entendiendo que no es un commodity de un sexo que se “entrega” o “rinde” a otro a cambio de algo. Esto tiene TODO que ver con que las mujeres tengan independencia económica y se puedan integrar de lleno al mercado del trabajo en condiciones equivalentes a las de los hombres. En la medida en que las mujeres pueden sostenerse por su cuenta, no necesitan que los hombres las mantengan -o sea asegurarse la casa, la situación económica estable a través del vínculo matrimonial-. Y cuando eso ya esté por completo resuelto, la manera en que concebimos el matrimonio y el sexo cambiará. Por ahora, todavía estamos en aguas pantanosas.

Para una cabeza más liberal, tener sexo antes de embarcarse en una relación de largo plazo es crucial. El enganche sexual, la sintonía física, es parte esencial del vínculo que se forma. Para una cabeza conservadora, el no tener acceso al cuerpo del otro, el aguantarse, significa respeto. ¿Quién tiene razón? ¿Qué es mejor? ¿Qué es más sano, considerado, etc? Esto es lo mismo que sostener visiones políticas diametralmente opuestas: la jerarquía de valores de cada uno es lo que determina esas ideas. A mí me pasa que me parece un sinsentido el videíto. A otros les debe hacer todo el sentido del mundo. La cosa es que puedo entender que no quieran aplicar mis ideas a su vida, pero por algún motivo las cabezas más conservadoras sienten la necesidad de imponer sus ideas sobre el resto.

Como mujer independiente y profesional me repele que un hombre considere que tiene cualquier tipo de derecho sobre mi cuerpo y que sienta que puede juzgar, a cualquier nivel, mi vida sexual. Me resulta grotesco la gente que considera que yo como mujer tengo más valor mientras más “virginal” soy o mientras más difícil sexulamente les resulto -y ojo, ¡los tengo identificados chiquillos!-, o los que sienten que vincularse con un otro es similar a ejercitar su poder de compra o venta en cualquier otro escenario -no, que me invites a tomar algo o a comer no te asegura nada-, así como también me dan verg[uenza ajenas las mujeres que, teniendo sus propios medios económicos, usan su cuerpo para conseguir cosas o manipular al otro. También me irritan los que andan castigando a las personas que disfrutan de su vida sexual sin encorsetarse en la fórmula relacional que a ellos les parece aceptable. A toda esta gente quiero decirle: me tienen aburrida. Ahora, eso no va a cambiar su forma de pensar, claro, pero sí tal vez los ayude a mantenerse al margen, jaja. Así que: manténganse al margen y dejen de huevear al resto.

Refs.:
Para más argumentos que desbaratan la lógica del video y reflexionan sobre sus supuestos:
“Policing Female Behavior for the sake of Marriage”, Marina Adshade
http://bit.ly/2nHs6o0

“The Economics of Sex Theory is Completely Wrong”, Christina Sterbenz: http://read.bi/1g5XYCT

Y “Sex is not an economy and you are not merchandise”: http://bit.ly/1dIq3ni

MGTOW
https://www.mgtow.com/video/briffaults-law/