“ERES EL MOTIVO DE ALGUIEN PARA MASTURBARSE”

El otro día me topé con este post que es una variación del más vainilla y edulcorado “eres la razón de alguien para sonreír” y me gustó. Pucha que me gustó. Lo veo como una continuación de lo mismo, tal vez con más intención, un poco más de verdad. La frase original pretende hacerte sentir bien porque tú haces sentir bien al otro. La segunda, la parafraseada, también.

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DESEO Y RESTRICCIÓN

Fin de año es como vivir durante un par de semanas en una teleserie con un guión escrito por un demente. ¿Estresante? Por supuesto. Pero también intenso y retorcidamente entretenido. Es someterse a un espiral sentimentaloide que el resto del año no está tan a flor de piel. Pasan cosas: quiebres, giros, remezones y situaciones que comienzan a tomar forma. Continúa leyendo DESEO Y RESTRICCIÓN

REDESCUBRIR EL TACTO (Parte II)

NOTA: como lo dice el título, esta es la segunda parte de las ideas resumidas de Sensate Focus in Sex Therapy. The Illustrated Manual, de Linda Weiner y de Constance Avery-Clark. (Asuman que la información dura pertenece al libro y que el resto es mío). Continúa leyendo REDESCUBRIR EL TACTO (Parte II)

REDESCUBRIR EL TACTO (Parte I)

NOTA: Lo prometido es deuda: dije que iba a escribir un artículo útil e informativo sobre sexualidad y, voilà (son varios, en realidad). Resumiré – parafraseando y citando- Sensate Focus in Sex Therapy. The Illustrated Manual, de Linda Weiner y de Constance Avery-Clark (está en Amazon, chiquillos). Este es un manual para terapeutas sexuales que describe la teoría y los ejercicios de Sensate Focus.  Continúa leyendo REDESCUBRIR EL TACTO (Parte I)

Volver a las canchas

Me escribe una chica que no lo está pasando bien. El tema: el acostumbramiento a los cuerpos, o tal vez a un cuerpo en particular y el cómo volver a las canchas. Y, aturdida por una avalancha de flashbacks de hace años, muy poco elegantes, con muchos pañuelos de papel y mocos, le digo que sí. Que sé de lo que habla.

*

Me dice que luego de haber estado con alguien por mucho, mucho tiempo, el volver a la soltería y encontrarse con otros ha generado encuentros sexuales que le han resultado desafiantes: no se siente libre de hacer lo que a ella le gusta, de decir ciertas cosas. Territorio extranjero.

Y es que hay que ir tanteando. Y en el tanteo a veces uno termina caminando en puntas de pies, como para no molestar, como para no parecer rara, como para no desencajar.

Está hablando de sentirse alien. Y ay del que no lo haya vivido, porque es de esas sensaciones para las que uno nunca está listo.

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Quizás porque yo soy irremediable y ridículamente nostálgica -al punto de que a mí misma me agota- me pasa que siempre que estoy con alguien calibro cuánto extrañaré a ese cuerpo, cuánta falta me hará esto que en este momento tengo tan a la mano, cuánto compararé ese cuerpo a otros cuerpos posibles. Y en ese mismo momento empiezo a echar de menos estando presente. Y me pierdo.

Pero ese cálculo no es por nada. Es por que la mayoría de las veces -a menos que ese encuentro sea excepcional, relevante, impactante, estelar, magnífico- las personas pasan. Las relaciones se terminan más temprano que tarde. Nos agotamos y luego es bye, bye, alligator, after a while, crocodile. Sniff.

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Pienso que tal vez todo lo que hacemos respecto del amor y del sexo tiene que ver con encontrar un cuerpo y una cabeza que nos parezcan un hogar posible, o un origen, o una respuesta a una pregunta que no nos habíamos dado cuenta de que nos habíamos venido haciendo hace tiempo.

Bang, bang, bang, paaaafff.

Caer desfallecidos sobre una cama y decirle al otro: “Hazme lo que quieras”.

Para mí el amor -o el comienzo del amor- es adorar un cuerpo y sus particularidades: la forma en que alguien se retuerce cada vez que le da un ataque de risa, la manera en que achina los ojos cuando se siente feliz, la forma en que su piel responde a mi manera de tocarlo. Sus lunares, sus pecas, sus cicatrices, sus leves pliegues de piel que no alcanzan a ser arrugas. Quiero memorizarlo todo y por eso me paso mucho tiempo mirando: porque siento que si no lo hago, ese cuerpo se me evapora.

*

Tu cuerpo es mi cuerpo.

O eso es lo que sentimos en algún momento. Como si el cuerpo del otro fuese un territorio conocido al revés y al derecho. Como si lo más normal de la tierra fuese tener ese cuerpo a disposición. Estirar la mano, rozarlo con la punta de los dedos, acercarse a su cuello y olerlo, besarle la oreja.

Y qué fantasía más bonita esa, la de la compenetración absoluta, la de la eternidad del tiempo.

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Después del amor o de una relación larga o de acostumbrarse a un cuerpo tanto que ese cuerpo se ha vuelto un refugio, es duro volver a otros cuerpos. Ese quiebre es un final, y ese final exige un siguiente volumen: una continuación de una historia que ya no es la misma de antes, un giro. Requiere reajustarse, volver a hacer preguntas, partir de cero. Resucitar la curiosidad. Recuperar la paciencia.

La intimidad -de la que creo que hablamos poquísimo para lo importante que es- requiere de tiempo, de intensidad, de voluntad. Y la lata es que normalmente cuando salimos con gente nueva nos armamos con una cantidad de capas protectoras que nos inmovilizan. Cual guerrero medieval en plena batalla, ponerse la armadura es inteligente y sensato, pero al mismo tiempo, limitante -nadie corre cual gacela con tanta protección, nadie es una tina tibia en la que uno sumerge la punta de los dedos si andamos tiesos y nerviosos-. El resultado: la torpeza. Nada fluye. Tener sexo es tan relajado como una clase de crossfit (y no salgan con que aman el crossfit porque incluso los que lo practican saben que es una práctica sadomasoquista disfrazada, que en el fondo es similar a pellizcarse los pezones con pinzas).

¿Cuánto nos demoramos en ver realmente al otro? ¿Cuánto tiempo tendremos que invertir para aprender a saber qué le gusta, para poder proponerle cosas que queremos hacer con él o simplemente hacerle a él? ¿Cuánto tiempo para que entienda la diferencia entre un saludo con un beso con lengua y otro que es solo un roce de labios? ¿Cuánto para decirle en la cama las cosas que apenas nos atreveríamos a escribirle?

Toma tiempo. Eso es todo lo que sé.

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Una felicidad sencilla: cuando en plena calentura se pierde el decoro sin perder de vista al otro. Cuando a pesar de que ese cuerpo nos sea todavía desconocido o ajeno, nos atrevemos a decir: hazme esto, tócame así, dime esto. Cuando el otro en vez de pasmarse, lo hace.

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Pienso en la vergüenza, en el pudor. En cuánto uno deja en la cancha y cuánto se guarda.

Un consejo de mi sabia madre, que pocas veces he seguido: “No te vayas al chancho a la primera, por favor” (viste mamá, te escucho, solo que no te hago mucho caso. Perdóooon). Pero he desobedecido por un buen motivo: porque la situación lo exige. Porque si no hay riesgo -un exponerse, un vulnerarse- el sexo se vuelve fome, un lugar común, mecánico y predecible, polite. Y para tener sexo educadito, mejor ver sola una serie en Netflix.

Si uno va por el camino salvaje, como diría Lou Reed, hay poco de lo que aferrarse, y eso da susto. Proponer algo y que te digan que no. Tocar a alguien de una manera y que no le guste. Decirle que algo te calienta y darte cuenta de que la sola idea les repele. Atroz. Hundámonos todos.

Atroz, pero mejor que nada. Mejor que tener sexo tibión.

Riesgos, pero riesgos buenos, en cualquier caso, porque mientras antes uno sabe qué piso está tocando, mejor, ¿o no?

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Toma tiempo. Toma tiempo desacostumbrarse de un cuerpo y volver a encontrarse con otros. Toma tiempo también porque si uno viene de una relación larga, hay cosas que uno da por hechas -pequeñas comodidades que uno no se cuestiona y que la soltería pone en jaque: hay inseguridades porque a esa persona nueva no tiene por qué gustarle mucho tu cuerpo ni no ser crítico contigo. No tiene por qué mirarte con amor ni mucha tolerancia-. En una relación la base está en la aceptación mutua: este es tu cuerpo, este es el mío, nos gustamos. Con una persona nueva hay un periodo de testeo, de tratar de entender los ritmos del otro. De cachar en qué plano estamos.

Yo no sé si hay tiempos engranados en nuestras cabezas -tiempos para llorar y extrañar, tiempos para odiar, tiempos para recogerse a pedacitos- pero intuyo que sí. E intuyo que lo tiempos son proporcionales también a la intimidad que se ha tenido con esas otras personas. Es más fácil olvidar un enganche pasajero que un enganche intenso y prolongado.

Recuerdo haber salido de una relación hace mucho mucho tiempo y sentirme devastada porque no sabía qué hacer con mi cuerpo ni con mi cabeza para poder pensarlos como algo distintos a los de él, cómo hacer para asumir que tendría una historia que en el futuro sería divergente, con otra persona.

Tal vez no podemos hacernos los tontos con esto: el tiempo que pasamos compartiendo con otros -y, obviamente, con sus cuerpos- es un tiempo en el que nuestros cuerpos se adaptan a su presencia, a su manera de tocar, a la historia que ellos mismos se cuentan y en la que nos incluyen. Cuando esos caminos divergen, requiere de un periodo el volver a nuestro centro a reacondicionar las piezas.

Y es recién ahí damos vuelta la página, empezamos de nuevo, y recién ese comienzo es el puntapié para volvernos a enamorar. O al menos a tirar bien.

No funcionar

Me llega una sugerencia, de parte de un lector, para hablar sobre cuando “no funcionamos” sexualmente. Primero, aclarar: ¿qué significa “no funcionar”?

En los hombres -dejaré otro post para las mujeres-, usualmente nos referimos a:

  • Disfunción eréctil o impotencia (o en buen chileno, cuando no se para),
  • Eyaculación precoz (o, perdonando el francés, irse cortado demasiado rápido, durar poco -siempre subjetivo-). Es la incapacidad de controlar la eyaculación, ya sea eyaculando antes de la penetración o después, en breve (o brevísimo) tiempo.

Ojo: hay un montón de desórdenes o malestares psicológicos, y enfermedades o síntomas fisiológicos que afectan la experiencia sexual. En sexualidad, a todo esto, un problema es un problema cuando el sujeto lo pasa mal y/o genera dificultades interpersonales. Hay parámetros, pero todo es bien relativizable y siempre es necesario chequear la multiplicidad de factores que pueden estar afectando: desde una herencia neurológica, enfermedades concurrentes, hasta problemas relacionales.
*Esta parte me da un poco de lata porque es lo que sale en todos los artículos de internet, así que si alguien quiere que haga un post más técnico, que lo pida y feliz ordeno la info, pero por ahora creo más interesante pasar a otras cosas. A tu cabeza y a la mía, por ejemplo.

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Pongámonos en el escenario más catastrófico, clásicamente heterosexual: tienes un encuentro casual con una mina que te gusta/calienta y a la hora de los quiubo no se te para. Pongámosle un nivel más de dificultad: a la mina le encanta la penetración, para ella un acto sexual completo tiene que incluirla. Un nivel más: para ti también es fundamental: tener sexo “de verdad” es penetrar (y todas esas ideas de la Edad Media). Entonces, nada: se supone que deberías estar en pleno y tu mini-me no funciona. Te falla en la trinchera. Los dioses no están contigo.

La salida lógica: huir. Obvio. Porque no tienes la confianza como para pensar que se verán de nuevo y recomponer la experiencia, y tampoco le vas a empezar a contar por qué andai tenso o que en realidad te pone muy nervioso estar en una situación en la que piensas que te están evaluando…porque aunque ella te dijera que le da lo mismo, no le creerías, porque obvio que al día siguiente -O TAL VEZ AHORA MISMO- le está mandando un Whastapp contándole a todas sus amigas que no funcionaste. Eso hace, evidentemente, que te pongas más nervioso y que -¿es posible?- hasta se te encoja un poquito.

Pffff. Si es así, mejor ni intentar tirar, ¿o no?

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Ay, el caos. Ay, qué hacer. Ay, qué presión. Así es como algo que en teoría es uno de los placeres más básicos y exquisitos de la experiencia humana se puede convertir en una pequeña pesadilla.

Entonces, ¿qué significa “no funcionar”? ¿Por qué nos importa? ¿Qué nos pasa cuando “no funcionamos”?

Uso las comillas apestosas porque no adhiero a la idea de funcionamiento, aunque entiendo que sea así como lo expresamos porque normalmente pensamos el sexo de estas formas más o menos pencas: como una manera probar nuestro poder/ potencia sexual -demostrarle al otro y a nosotros mismos que sabemos hacerlo, que somos buenos en la cama- o como una manera de afirmar nuestra sexualidad. En ambos casos el sexo es una manera de lograr algo más: una herramienta para un fin. Por eso: “no funcionar”.

Ante el mal rato que implica el que el cuerpo nos “juegue una mala pasada”, sentimos cosas: algunos se avergüenzan, otros se frustran, otros se hacen los locos, otros se esfuerzan en superarlo buscando soluciones rápidas, algunos tienen problemas de autoestima y otros se ponen súper ansiosos respecto del sexo.

Pero el asunto central está en entender que el cuerpo no te hizo una zancadilla: tú eres tu cuerpo. Tu cuerpo no dejó de funcionar y tu cabeza no te cagó la onda. Nadie traicionó a nadie: no hay un juego de dobles porque lo único que hay es tú -tú completito- en una situación sexual, haciendo como si estuvieras sobre un escenario jugando todos esos roles. ¿Quién es el culpable? ¿El inconsciente? ¿Ese otro yo desdoblado que no soy yo pero que tiene poder sobre mí? Pensar así, es obvio, no tiene mucho sentido, porque es insistir en la disociación.

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Cuando estamos en la cama estamos enteros, y creo que todos los problemas que uno pueda creer que tiene aparecen cuando entramos en la lógica disociada: está mi cabeza, pero no estoy en cuerpo; o está mi cuerpo, pero mi cabeza anda en cualquier parte. Es súper penca, porque cuando eso pasa no es que sea intencional: se siente como si fuese inevitable, como si algo más grande que nosotros mismos hubiese decidido ya.

La propuesta va por otro lado. ¿Qué pasaría si en vez de funcionar nos ocupáramos más de estar presentes? (Sí, suena a bullshit zen, pero dame un momento). ¿Si en vez de angustiarnos por si se nos pone más o menos duro, si duramos más o menos aguantando eyacular, etc, nos enfocáramos en lo rico que es estar con el otro? ¿En el privilegio de poder compartir tu cuerpo con el otro? ¿De poder tocarlo y dejar que te toque? ¿De probar maneras de acercarse, roces posibles? ¿Si en vez de calcular cuánto duras te concentras en la manera en que el otro respira, en la forma en que su cuerpo se pega al tuyo, en la manera en que tu piel le despierta cosas a su piel?

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Desde el momento en que el sexo deja de operar como función, nuestros cuerpos también: hay una liberación. Porque, al igual que con otros placeres, la actividad cambia de cualidad ante nuestros ojos: si voy a comer para obtener energía para correr una maratón, tal vez pondré poca atención al talento culinario con el que se preparó la comida. Sí, estoy comiendo, pero estoy enfocado en otra cosa que no es la comida, y la misma actividad -masticar, alimentarse, digerir- va a generar una sensación distinta y provocarme cosas diferentes a si, por ejemplo, preparo un plato porque quiero probar un tipo de cocina que nunca he probado antes -estaré atenta a qué hace que sea diferente, qué la caracteriza-, o porque simplemente siento hambre -tengo GANAS de disfrutar de algo que siento que me estaba faltando-.

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Cerraré con una opinión personal.

Me ha pasado tener encuentros con gente con la que he andado a tropezones. Pasa, no he salido invicta. Pero las veces en que esa situación -de dificultad eréctil o de eyaculación precoz- ha sido tema ha sido cuando el tipo se ha frustrado o aislado, cuando en vez de explorar otras cosas se ha concentrado en cabecearse contra la pared, cuando por vergüenza o frustración se ha vuelto frío o ha perdido interés en lo que estábamos haciendo. Es raro, porque cuando pasa eso es como si en medio de una fiesta uno de los invitados decidiera que se acabó todo y prendiera las luces -y uno queda como “¡nooo, pero si justo ahora íbamos a bailar mi canción preferida!”, con la pintura corrida y la propia dignidad un poquito herida-. Las fiestas no son unilaterales. Si estamos en algo, estamos los dos en la misma.

Como mujeres también nos pasa. A veces uno no está al 1000%: no te mojaste tanto, o te pasa que la descordinación de los cuerpos te mata. O cachai en mitad del asunto que tal vez estarías mejor en tu propia cama, viendo Netflix y engordando voluntariamente a punta de chocolate. Zancadillas mentales. Tropezones que te sacan de la parte más rica de estar con el otro: darse cuenta de que se eligieron, de entre todas las otras personas posibles. Darse cuenta de que se gustaron. Darse cuenta de que mutuamente han puesto el cuerpo del otro a disposición para pasarlo increíble /mejor que cualquier parque de diversiones). Y ¿qué hace la mina atormentada? Mira el techo mientras la penetran. (Punto extra y estrellitas para los hombres que cuando se dan cuenta de que hay un problema de hidratación, si bien no de entusiasmo, se ofrecen a a hacer sexo oral).

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Me importa bien poco qué terminamos haciendo en la cama, pero sí me importa un montón que lo que sea que hagamos lo hagamos con ganas, como si se fuera a acabar el mundo, con una desesperación adolescente por descubrir el cuerpo del otro. Si no, me da lata. Entonces si a mi pareja, transitoria o de largo plazo, “no se le para” o “acaba rápido”, me da lo mismo, mientras eso no signifique que alguien decide irse taimado a su casa. Los invito a pensarlo así. A seguir bailando.

 

Refs.: están buenos estos links

https://kinseyconfidential.org/ pueden mandar preguntas y se las responden.

http://www.bumc.bu.edu/sexualmedicine/physicianinformation/epidemiology-of-ed/ Causas posibles de disfunción eréctil.

https://kinseyconfidential.org/los-recursos-en-espanol/problemas-sexuales-comunes-la-disfuncin/

 

Hablar sucio

ADVERTENCIA: este no es un posteo suavecito, así que los sensibles, favor abstenerse.

Hace unos días me llegó una pregunta sobre cómo hablar sucio -el “dirty talk” del sexting, del sexo telefónico y de la cama-. Convengamos en que cuando queremos excitar a alguien, hablar de lo bonito que son sus ojos no es lo más efectivo.

Tengo en mi celular el pantallazo de una conversación hot que mi amiga D. tuvo con un tipo de Tinder. No voy a entrar en detalles, pero hay harto de meter, chupar, rajar, chorrear, tragar, tirar el pelo, etc. Cuando lo leí me sonrojé (además de felicitar a mi amiga por su talento descriptivo). Personalmente la idea del sexting me pone muy nerviosa, porque creo que el riesgo de fracaso es demasiado alto (faltas de ortografía, puntos suspensivos, una palabra mal usada y pafff). Otra cosa es en el acto. Pero, bueno, de eso quiero que hablemos hoy. Yo no soy experta y se me ocurrió hablarlo con dos amigas, S. y D. Todo lo que viene a continuación es esa conversa digerida.

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Algo que siempre pregunto cuando entrevisto gente para los perfiles sexuales es si les gustan que les digan cosas en la cama y qué ha sido lo mejor o lo peor que les han dicho. Acá nunca hay puntos medios: o les encanta o les carga. Muchas mujeres me han dicho que les gusta que las traten de “zorras” o “maracas” o “putas”. Uno me dijo que se le pasaba todo cuando le decían “papi”. Una amiga casi se murió de vergüenza ajena cuando un tipo le dijo “¿quieres mi lechita?”. De que hay variedad, la hay.

A D. el tipo le mandó una foto anatómica y le dijo “Es lo más grande que puede estar sin estipulación de ningún tipo. Lo quieres ver más grande…”. Ojo, ESTIPULACIÓN. Quería decir “estimulación”. Así es como de un momento a otro algo erótico se puede convertir en un chiste (grupal, a estas alturas, ya que todas queremos estar “estipuladas”).

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Hay dos escenarios donde se da la conversa “sucia”: larga distancia o presencial.

LARGA DISTANCIA

Por teléfono, ya sea llamado o chat, por Skype, por mensajitos, por Facebook, por Whatsapp, por mail, por lo que sea. Según D., este tipo de conversación encierra una promesa de lo que el otro quiere hacer contigo o de lo que fantasea, y en esa medida, el lenguaje tiene que tener un carácter más duro cuando se trata de partes del cuerpo: acá no caben as delicadezas como “pene”, “vagina”, “nalgas” ni -Dios mediante- “colita”. Cursilerías, no (y estoy muy de acuerdo). Palabras más vulgares, si se quiere, como “culo”, “teta”, “pico”, etc. Una descripción de lo que quieres hacer con el otro o lo que le quieres hacer. Lo que calienta, entonces, es enterarse de esa promesa, fantasearlo juntos.

Yo creo que para tener ese tipo de chats sin que sea repelente, es súper importante meterse un poco en la cabeza del otro y conocer qué le gusta, qué lo mueve, qué lo excita. Hay minas y hombres a los que les gusta algo de violencia, para otros es lo menos erótico que hay. Entonces el “te voy a tirar el pelo” puede ser o muy excitante o simplemente poco sexy. Tener estas conversaciones en frío -sin conocer a la persona o sin tener suficiente intimidad- es arriesgado, pero si te sale bien, celebramos todos.

PRESENCIAL

Frente a frente, o antes de tirar o durante. Acá hay un salto, porque a la distancia la recepción negativa puede atenuarse, pero si estás en la cama se nota altiro y puede haber un desajuste que arruine la onda. Ahora bien, lo bueno es que se puede dar un escenario más exploratorio, ir tanteando y tener feedback altiro.

Cuando es a la distancia hay una promesa que excita, cuando estás en persona, ¿de qué se habla?  En principio, de lo que te gusta: de lo que te están haciendo o quieres que te hagan ahora ya, de cómo se siente lo que están haciendo. Se refuerza el acto con órdenes, con indicaciones.

Acá yo también creo que es clave el juego de roles -no necesariamente escenificado-, y para eso es necesario entender qué excita al otro. Por ejemplo, hay muchas mujeres a las que les calienta que las traten de “perras” o “zorras” o “putas” o “maracas”, y eso puede funcionar súper bien si su pareja tiene la misma fantasía complementaria (la del sujeto que castiga o corrige, por ejemplo), pero también puede ser una receta para el desastre si el otro no está en esa sintonía (“dime zorra”, “ehhhhh ¿zorra?” o al revés  “eres mi puta, dilo”, “ehhh soy…tu… ¿puta?”). Personalmente yo prefiero que me digan cosas y me saca mucho del momento decir cosas yo, entonces cuando me he topado con un narrador deportivo o de entrevistador –“¿te gusta? ¿y ahora? Dime qué estás pensando”- me dan ganas de salir corriendo. Pero ojo, esa soy yo. Tal vez a otras personas eso les encanta.

Para ahorrarse el mal rato hay que hacer la pega antes: hablar un poquito de qué le gusta al otro. Esto puede ser hecho de manera súper indirecta, tal vez averiguando qué tipo de películas le gustan (y no, no me refiero a preguntarle por su porno preferida, pero sí cachar qué tipo de historias le atraen: ¿le gustan las historias donde la mina es super power o es una flor inocente? ¿se identifica con las malas de las películas o con las víctimas? Las personas entregan un montón de información que tiene que ver con su imaginario sexual. Hay que estar atentos).

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LÍMITES

¿Es necesario ser violento o decir cosas brutales para hablar sucio? ¿Hay que impostar un poco? ¿Hacerse el bacán?

Sosteniendo el principio básico de que el sexo es uno de los pocos espacios de libertad absoluta que uno puede tener: NO es necesario hacer nada en la cama con lo que uno no se sienta cómodo. ¿Y si te lo piden? Prueba. ¿Y si no te gusta? No lo haces más. ¿Y si el otro se siente? Ese es problema del otro.

Según S. hay que decir lo que uno quiere decir y tirarse: es exploratorio y el riesgo de cagarlas siempre está presente. Obviamente, evitar ser un rayado y decir “te quiero cortar la cabeza etc”. En el tanteo se va revela hasta dónde se puede ir llegando. Hay que ser asertivo: no porque a ti te caliente, le calentará al otro. Tal vez el mejor consejo es este: partir liviano.

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Todos sabemos que tener sexo involucra más que el cuerpo: sí, hay dos (o más) cuerpos que deciden tocarse, pero también hay cabezas, hay recuerdos, hay fantasías, hay ideas sobre lo que es sexy y lo que no, hay ideas sobre lo que es correcto hacerle un cuerpo o no. Hablar durante el sexo es una manera de conectar esa cabeza al cuerpo. Hay algo bonito en eso: en tratar de verbalizar lo que es pura carne y movimiento. En poner atención no solo a cómo te tocan, sino también a la agitación del respirar del otro, a las cosas que está dispuesto a decirte. Hay cosas que uno dice en la cama que en ningún otro escenario serían aceptables y no tomar ese espacio para decirlas es perderse de una oportunidad liberadora.

Es difícil tener buen sexo si se siente vergüenza. Es por eso que las primeras veces suelen ser un poco decepcionantes: uno tiende a jugar dentro de lo convencional, como para no espantar. Pero si lo miramos por lo que es, si uno ya está en la cama, tiene pocazo sentido hacerse los pudorosos. Si ya estás sin ropa con alguien, ponerse receloso de “no quiero que piense mal de mí porque me gusta x cosa” o “me da vergüenza esta posición” o “me da plancha decir x” es bien contraproducente.

 

 

Links

Perfiles sexuales: https://veronicawatt.com/perfiles/

Wanderlust: talking dirty https://youtu.be/4utAnqqfLEw

(NO) ser mamá

Acabo de salir de un terremoto emocional: estuve cuidando por 8 días y medio a mi sobrino de dos años y medio. OCHO DÍAS Y MEDIO. Es poco. Es mucho. Depende del punto de vista, sí. Para mí fue una experiencia heavy y salí con muchas ideas sobre la decisión de ser madre o no. Pensemos juntos.

Estos son los temas que tocaré:

  • LA COFRADÍA: el club secreto de los papás, ser mejor persona
  • PLANTAR UN ÁRBOL, ESCRIBIR UN LIBRO, TENER UN HIJO: qué significa
  • POOOBRE: presión social, contexto sociocultural
  • ¿INSTINTO MATERNAL?: ¿existe? Estudios científicos.
  • EGOÍSTA: ¿es egoísta no querer tener hijos?
  • SER MAMÁ Y ARREPENTIRSE
  • SOBREPOBLACIÓN MUNDIAL: una solución: familias pequeñas o sin hijos
  • SEXO (breve comentario)

Síganme los buenos.

[CONTEXTO: tengo 33 años y soy soltera (¡miau!). En mi vida había cambiado un pañal. Tengo un perro al que amo y muchas plantas. Nunca he sentido la urgencia de ser mamá ni la fantasía ni nada. Me encanta compartir con niños, aunque no los trato como idiotas ni soy condescendiente con ellos. No me gustan los niños llorones, así como tampoco me gustan los papás y mamás lloronas. Amo a mi sobrino y creo que es el niño más adorable, inteligente y cariñoso de la tierra y no, no hice un estudio para concluir eso.]

**Ah, me saltaré las cosas más o menos convenidas que ya todos sabemos (para ver el detalle, scroll hasta el final).

*

LA COFRADÍA

Es increíble la diferencia de trato de parte de la gente cuando te ven con un niño: es como andar con un cachorro y pertenecer a una secta al mismo tiempo. De alguna forma los otros padres o cuidadores te miran como si ya supieran de ti. (Y sí: saben que te pasas cambiando pañales, cuidando que no se caigan, hablando como si no supieras modular y besuqueando al pobre niño).  Hay una cofradía, un club secreto. Fue como volver a pertenecer a un credo religioso. Ah, y también caché por qué las mamás de niños chicos se ponen monotemáticas: porque la pega es full time.

Cuidar a un cabro chico te fuerza a ser la mejor versión de ti mismo: responsable, capaz, previsor, entretenido, dispuesto, alegre. TODO EL TIEMPO. Es muy inspirador, pero también es agotador. En algún momento uno quiere volver a ser una persona común y corriente, más o menos mediocre o idiota. Con niños chicos uno es proveedor eficiente, paño de lágrimas, mediador del mundo. Hasta que se dan cuenta de que todo es mentira (¡bienvenida adolescencia!).

PLANTAR UN ÁRBOL, ESCRIBIR UN LIBRO, TENER UN HIJO

La famosa cita tiene doble atribución: al Talmud y a José Martí. Por algún motivo, pega mucho, tal vez demasiado. Es que una lista bien hecha: son sólo tres cosas (no veinticinco), muy concretas y relativamente sencillas. No dice “desarróllate como ser humano”, por ejemplo. Si me dieran luca por cada vez que alguien ha hecho referencia a la idea del libro y del hijo por esta cita, sería millonaria (por algún motivo, a nadie le importa mucho el árbol).

Creo que tener un hijo es una manera de vivir una experiencia humana intensa y transformadora, pero no por eso “la” experiencia humana para lograr los mismos efectos o niveles de satisfacción y me parece que no ver eso es ser medio miope mentalmente.

Desgranemos la cita: “Hay tres cosas que cada persona debería hacer durante su vida: plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro”.
– Plantar un árbol: ser consciente de tu ecosistema, cuidar la naturaleza, aportar al planeta.
– Escribir un libro: ser capaz de reflexionar y compartir creativamente, poner al servicio de los otros tu inteligencia y visión de mundo.
– Tener un hijo: formar un vínculo de entrega y cuidado, postergarse por el bienestar de otro ser humano, fomentar valores y creencias positivas, constructivas, ser capaz de transmitir conocimiento, proteger y nutrir tanto física como psicológicamente a otra persona, pensando en su bienestar.

¿Será necesario plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo para lograr desarrollar esas habilidades?

POOOOBRE

Hay una mirada que te empieza a lanzar la gente cuando pasas los 30 y no tienes pareja y/o hijos. Si uno pudiese ponerle subtítulos esa mirada diría: “Pobrecita, se va a quedar sola para siempre”. Hay, creo, dos maneras básicas de enfrentarla: 1) “Ehhh, no es un problema quedarme sola” (y ahí hay algo más proyectivo de la persona que teme por ti lo que tú no temes) o 2) “Ayyy, sí séeeeee, me quiero matar” (y ahí se entra de lleno al espiral de la muerte). Entre medio están todas las combinaciones posibles. Decir “no quiero ser mamá” pareciera que tiene el mismo efecto que decir “no quiero vivir”: instantáneamente te llueven comentarios como “después te vas a arrepentir” o “no sabes lo que es” (que a todo esto, gente, es un trato un tanto condescendiente e innecesario, en serio).

Si uno opta por decir que no quiere ser mamá es considerada una anomalía, una trabajólica, una egoísta y/o una pobre ilusa que no se ha dado cuenta que su esencia es convertirse en madre y que está en plena negación de su “ser mujer” por no serlo todavía.  Todas estas suposiciones son súper tradicionalistas y asumen que el hecho de tener un cuerpo capaz de dar a luz debiese indefectiblemente llevarnos al hecho de querer tener un hijo. (Bajo esa misma lógica, ¿cuántas cosas debiésemos sentirnos obligados a hacer porque tenemos la capacidad de hacerlas?).

La forma en que hablamos sobre la decisión de no tener hijos es en negativa: “no tiene” (childless vs childfree), pero ¿cómo es eso de “no tener” algo que no existe ni se desea? Es una decisión activa el no tener, porque el supuesto es que sí se debiera tener: a pesar de estar en un estado de opt in -o sea, que hay que hacer un movimiento desde el no tener a tener un hijo, y eso requiere un esfuerzo-, se siente como si el mantenerse no teniendo hijos fuese más difícil. ¿Cómo es eso posible? Porque nos preparan para vivir la vida para ese momento en que sí tengamos hijos. Parece que es opt in, pero en realidad decidir no tener hijos es todavía opt out: es salirse del plan predeterminado, es romper el esquema que estaba previsto. Ser mamá sigue siendo el plan por defecto, según nuestros estándares sociales. No estamos en un plan neutro: alguien ya tomó la decisión por nosotros.

¿INSTINTO MATERNAL?

Llega una edad -en la que yo ya estoy- en que la pregunta por los hijos se vuelve urgente. La gente usa frases como “reloj biológico” e “instinto maternal”. (Para saber más sobre el famoso “reloj biológico” y cachar cómo nos han mentido, scroll hasta el final, en las refs. ***).  Ambas cosas combinadas a veces tienen el efecto de generar “baby fever” en algunas mujeres -el deseo físico y emocional de tener un hijo-. Hay poco en torno a si el fenómeno del baby fever existe, pero supongamos que sí: ¿es producto de las necesidades de prolongación de la especie, del contexto sociocultural del que aprendemos los roles de género, de la necesidad de cuidado de otro o es una señal emocional adaptativa de que es un buen momento para tener un hijo?

Cuando la gente habla de instinto maternal se refiere a dos cosas: una “naturaleza” predispuesta a desear ser madre y una capacidad para ser madre -una vez que la guagua ya nació- y poder responder eficientemente a sus necesidades. Lo primero se ha descartado en la comunidad científica -el propio término “instinto” está en desuso cuando se trata de seres humanos, porque habla de un impulso irrefrenable e innato-. Lo segundo está más o menos comprobado: hay estudios que demuestran que hay una liberación de oxitocina al escuchar el llanto de tu propia guagua, que a su vez estimula la producción de leche (esta respuesta hormonal de querer alimentar al niño se da solo durante el embarazo y luego del nacimiento).  Un estudio también encontró una correlación entre mujeres con altos niveles de estrógeno y el deseo de tener un mayor número de hijos, en comparación con mujeres con menores niveles de estrógeno. Además, encontraron que las mujeres que tendían a desear más hijos tenían caras más “femeninas”, en comparación con las que querían menos hijos. También se ha comprobado que circuitos cerebrales específicos se activan cuando una madre escucha a su propio hijo llorar o si lo ve sonreír, siendo más fuerte la respuesta cerebral en el caso del llanto. Y así. Algo le pasa al cuerpo y a nuestra cabeza con la maternidad, sí.

Lo clave es que la maternidad es una decisión de vida. Sería más fácil si realmente hubiese un instinto, si nos sintiésemos biológicamente compelidas a tener un hijo porque se te prendió un botoncito interno. El peso que tiene el tomar la decisión de traer un hijo al mundo entonces es muy fuerte.

SER MAMÁ Y ARREPENTIRSE

Es tan tabú decidir no tener hijos, pero es incluso más tabú tenerlos y reconocer que tal vez no fue la mejor decisión. Esto no significa que las mujeres que se arrepienten no quieren a sus hijos, sino que son capaces de darse cuenta de que otra decisión hubiese sido o menos dolorosa o menos difícil o menos sacrificada, etc. La falta de espacio para hablar sobre maternidades no deseadas, pero que concluyeron en embarazos, se ve aplastada por el discurso eufórico de que la maternidad es maravillosa o por la tipificación de madres “fallidas” o pencas. Así que pareciera que no hay término medio: o eres una madre increíble o eres una porquería.

Como en casi todo, no compro la ausencia de término medio y creo que muchas de las patinadas al criar a los hijos o incluso las que se dan en pareja tienen que ver con mamás que no estaban preparadas para ser mamás o que se arrepienten de haberlo sido y que buscan una vía de escape.

No hay madre perfecta. No hay hijos perfectos. Pero yo sí creo en una maternidad sana. Sí creo que más vale no tener hijos si es que se va a ser una madre ambivalente o simplemente amargada. Y ya hay estudios que demuestran que el afecto y cuidado que una madre es capaz de entregar tiene consecuencias físicas en el cerebro del hijo (con un hipocampo 10% mayor que el de niños con hijos que no eran cuidadosas en términos afectivos. Los resultados son extrapolables a los cuidadores, no sólo a las madres biológicas). Así también, se ha demostrado que el vínculo seguro o inseguro entre una mamá (o el cuidador) y su hijo determina -en parte- sus relaciones románticas, su capacidad de resolver y recuperarse de los conflictos en las mismas, y de disfrutar de ellas.

Desde mi punto de vista, me parece mucho mejor que una mujer ambivalente respecto de la maternidad no tenga hijos hasta que esté segura o no los tenga nunca, porque le hace un favor a ese hijo hipotético.

EGOÍSTA

Hace dos años el Papa Francisco dijo que no tener hijos era ser egoísta, que al final la gente que no los tenía se dedicaba a buscar su propio bienestar y luego a vivir una vejez amargada, que los hijos renovaban la vida y aportaban al mundo. Yo no sé de dónde sacará esas conclusiones y también me parece injusto la correlación forzada de dos temas completamente diferentes. (Menciono al Papa por ser una persona que representa la visión conservadora).

Si uno decide no tener hijos, ¿por qué es egoísta? ¿Es egoísta con la posibilidad de una vida que no se concreta? ¿Egoísta con la sociedad? Honestamente, así como están las cosas, es más egoísta con el mundo entero tener un hijo que no tenerlo. (Claro, una vez que se tiene la guagua la generosidad va a ella, pero en términos macro, se decide tener un hijo por los propios deseos de armar una familia tradicional. Si nos ponemos pesados, más egoísta es tener un hijo y no adoptar uno de los tantos niños que tienen una vida como la cresta porque sus papás los tuvieron y no quisieron cuidarlos).  Todo esto me lleva al siguiente punto:

SOBREPOBLACIÓN MUNDIAL

Alexandra Paul es una actriz -BAYWATCH, gente, BAYWATCH- y activista que tiene una charla TED que resume el problema de la sobrepoblación mundial. Básicamente el asunto es que somos demasiados y que seremos todavía más. Nos tomó 200.000 años llegar a ser mil millones de personas, mientas que nos demoramos 200 años en llegar a 7 mil millones. Las organizaciones medioambientales nunca señalan dentro de las medidas individuales para ayudar a salvar el planeta el “tener dos o menos hijos por pareja” (o ser vegetariano, o preferir comprar cosas usadas, etc., y ojo, es porque hay una agenda oculta ahí). Para cachar bien el impacto de tener un hijo hay que considerar el consumo de recursos por persona, no sólo en términos de nuestro contexto país (por ejemplo, en la India las familias tienden a ser más grandes, pero un norteamericano promedio usa la misma cantidad de recursos que 30 personas de la India, por lo tanto, el que nazca un norteamericano más es un GRAN problema. Multiplicar por nacimientos anuales. Hágase la idea). Así que: levante una ceja cada vez que el tener menos hijos o no tener hijos no salga mencionado en un sitio que promueva el cuidado medioambiental. Money talks.

La idea de disminuir la población mundial o controlarla hace que la gente se ponga mal, porque piensan que se traducirá en más abortos o que se les quitará el derecho a tener cuantos hijos quieran. En realidad, lo primero es educar a las mujeres, porque hay una correlación directa entre la cantidad de años de escolaridad de las mujeres y la cantidad de hijos que tienen. Mientras más empoderadas, menos hijos deciden tener y manejan también más formas de control de natalidad. Otra manera es erradicando la pobreza: mientras más plata tiene una familia, menos hijos tiene (aunque vaya que falta para eso). Otra forma es incentivar a la gente a tener familias más pequeñas (que NO es lo mismo que forzarlos a tener menos hijos, que es lo que pasó en China y tuvo como consecuencia que las guaguas que eran niñitas eran abortadas). Es necesario empezar a repensar las ideas asociadas a la familia: ¿a qué imaginario asociamos una familia grande? ¿Cuáles son los beneficios de tener uno o dos hijos en comparación con más? La mala noticia: eso va a tomar tiempo y, mientras tanto, el problema se agravará. ¿Y para quién va a ser el problema? Para los niños que están naciendo ahora.

Ah sí, y otra cosa: al mercado le conviene que sigamos teniendo hijos. Más hijos, más consumidores. El nicho de las guaguas y los niños es bien conveniente: debido a que crecen y sus necesidades son siempre cambiantes, son clientes de largo plazo. Piensa dos veces antes de comprarte los incentivos emocionales que te ofrecen las marcas por ser mamá.

SEXO

Esto da para otro artículo, pero sólo voy a mencionar que por primera vez en mi vida sentí como que se me apagaba un poco la lucecita de tener ganas de tener sexo. No he explorado todavía por qué -tal vez era el cansancio, la dedicación de cuidado a otro, la falta de contexto erotizante, la dificultad para concentrarse en las propias necesidades, etc.-, pero sí fue raro. Súper raro.

***

Lorrie Moore, una de las cuentistas norteamericanas que más me gustan, en una entrevista para The Paris Review dijo: “Desde que empecé a escribir el truco, para mí, ha sido construir una vida en la que la escritura pueda ocurrir (…). Siempre he tenido que tener un trabajo que me dé una base y ahora soy madre de un niño pequeño, a veces me siento sobrepasada al intentar llevar una vida literaria mientras hago clases y crío -para no decir de hacer cosas de casa- algunas veces me sobrepasa. No me siento completamente superada, pero es una lucha, cada vez más”. Cuando leí este fragmento me di cuenta de que no quería esa situación para mí. No sé cómo sea para ustedes, pero mi vida ha sido bien terremoteada y creo que recién estoy empezando a disfrutar de algo de estabilidad emocional y mental. Agregarle una guagua ahora sería empezar de nuevo el torbellino.

No tengo una conclusión. Sé que no quiero hijos ahora y por un buen tiempo al menos. Valoro más mi tiempo destinado a mi escritura, a mi proyecto, a mi familia y a mi perro que a la idea de tener un hijo.  ¿Me siento menos plena por eso? ¿O encuentro penca a la gente que tiene hijos? Claro que no. Pero uno espera más o menos lo mismo de vuelta: que te dejen de hinchar.

Déjenme cerrar con un par de videos de Louis CK, para aligerar el cuento:

http://bit.ly/2qn3kHf My 4 year old is an asshole

http://bit.ly/1A2mgde Children and their secrets

Refs. :

Papa Francisco: no tener hijos es egoísta http://bit.ly/2pr5wjA

Contador de población mundial, actualizado: http://www.worldometers.info/world-population/

Overpopulation facts, the problem no one will discuss: http://bit.ly/2qkbAHY Alexandra Paul propone educar a las mujeres, disminuir la pobreza e incentivar la formación de familias pequeñas. El problema más grande que Alexandra no menciona es que incluso ahora, con 7 mil millones, ya es insostenible. Baby steps al menos para crear conciencia.

Baby Fever:  http://bit.ly/2ql6Phd Una pareja de investigadores ha explorado el fenómeno de baby fever y ha encontrado 3 factores que predicen consistentemente cuánto deseará una persona tener un hijo: exposición positiva, exposición negativa, y la consideración de los sacrificios o costos que involucra tener hijos. El estudio mí no me gustó porque lo encontré medio blando (se basa en tweets), pero va igual : http://bit.ly/2ps1cRg

Don’t lose the context! Response to: Are you maternal enough to be a woman? http://bit.ly/2oOEqik  Este es un post que responde a críticas respecto del estudio que correlaciona niveles de estrógeno y deseo de tener hijos. Este es el estudio original: http://bit.ly/2pG6p8X

How a mother’s love changes a child’s brain http://bit.ly/1kM0fY3

Baby-mother bonds affects future adult relationships http://bit.ly/2pFWr7j

The functional neuroanatomy of maternal love http://bit.ly/2oPLuv2

3 main lessons of psychology – Dan Ariely  http://bit.ly/1hMsvxN El efecto opt-in y opt-out

***How long can you wait to have a baby?  http://theatln.tc/2oCobKc La idea de que tener hijos después de los 30 es difícil no se sostiene fuertemente por ningún estudio científico actual. De hecho, la clásica estadística de que 1 de cada 3 mujeres de entre 35 a 39 años no podrá tener hijos luego de intentarlo durante un año se basa en un artículo publicado en el 2004…pero la fuente de ese dato tiene su origen en los registros de natalidad entre 1670 y 1830. La posibilidad de quedarse sin hijos -30%- fue calculada tomando poblaciones históricas. Pocos estudios han sido bien diseñados e incluido la edad de las mujeres y la fertilidad en mujeres nacidas en el siglo veinte, pero los que sí funcionan son bastante optimistas. Un estudio examinó las posibilidades de embarazo entre 770 mujeres europeas y concluyó que, teniendo sexo dos veces a las semana, el 82% de las mujeres entre 35 a 39 años logran embarazarse dentro de un año, comparado con un 86% de mujeres de entre 27 y 34 años. Otro estudio consideró a 2820 mujeres danesas: entre las mujeres que tenían sexo durante de su fase fértil, el 78% de las mujeres de entre 35 a 40 se embarazaron en el plazo de un año, comprado con un 84% de las mujeres de entre 20 y 34 años. Otro estudio encontró que entre mujeres de 38 y 29 años que ya se habían embarazado, el 80% de las mujeres blancas de peso normal se embarazó naturalmente en 6 meses (el porcentaje disminuía en otras razas y cuando tenían sobrepeso). Incluso estudios que se basan en registros históricos son optimistas: antes de la píldora, el 89% de las mujeres de 38 años seguían siendo fértiles, y otro estudio concluyó que una mujer típica podía embarazarse hasta más o menos entre los 40 y los 45. Sin embargo, estos números suelen no mencionarse.

 Entrevista a Lorrie Moore en The Paris Review: http://bit.ly/2iCQ9hN A pesar de que me encanta Lorrie Moore como cuentista, no me gusta esta entrevista porque creo que suena un poco insoportable, pero también, la entrevistadora es de una inocencia enervante.

***Entre las obviedades que no mencioné: el privilegio que es tener un hijo sano y adorable; la situación de aprendizaje maravillosa que es cuidar a otro que técnicamente no te puede dar nada a cambio -aparte de afecto condicionado al principio, genuino después-; que lo geniales o insoportables que son los niños tiene que ver con lo geniales o insoportables que son los papás (papás: si sus hijos son un pain in the ass, desastrosos, irresponsables, no es gratuito); la pega tremenda que hacen todo tipo de cuidadores que son sanos mentalmente -mamás, papás, tíos, abuelos, hermanos, tías del jardín, etc.; la responsabilidad loca que es cuidar a otro ser humano que no se puede cuidar a sí mismo; la falta de tiempo libre y los sacrificios que se hacen en nombre del otro; lo evidente que resulta que el mundo es un desastre y que hay demasiadas cosas con esquinas puntiagudas.

Ah, y un mini recordatorio:

BUENAS RAZONES PARA TENER HIJOS: porque quieres tener un hijo y quieres comprometerte con la responsabilidad a largo plazo que significa criar, formar y proteger a otro que dependerá de ti.

RAZONES CUESTIONABLES PARA TENER HIJOS: porque te da susto quedarte solo cuando viejo. Porque todas tus amigas están teniendo hijos. Porque quieres afirmar tu relación de pareja. Porque toda tu vida te imaginaste con hijos. Porque te gustan los niños (esos niños después crecen, por si acaso). Porque tu pareja quiere tener un hijo. Porque tus papás quieren tener nietos. Para sentir que sigues avanzando con tu checklist.

BUENAS RAZONES PARA NO TENER HIJOS: porque no quieres tener hijos.

 

Sexo en transición

Sexo + Economía + Matrimonio + Liberación sexual femenina.

He tenido este artículo archivado por meses porque no sabía cómo abordarlo. Lo políticamente correcto es quejarse y denunciar las ideas anticuadas -tengo un doctorado en No Estoy de Acuerdo-, pero lo más honesto y útil sería evidenciar la brecha. Lo que nos falta para dejar de actuar estúpidamente. Así que acá va.

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La historia es la siguiente: el 2014 se publicó un video que aplicaba la lógica de la economía a las relaciones sexuales, planteando una mirada bastante conservadora del sexo para explicar el fenómeno de la baja de estadísticas de matrimonios y sugiriendo una solución para revertirlo. El video se llama The Economics of Sex  y fue creado por el Austin Institute for the Study of Family and Culture, basado en investigaciones del psicólogo Roy Baumeister. Para los que no saben tanto inglés, acá  pueden ver un resumen escrito del video (y para los que sí, bueno, les sugiero verlo).

En corto, el video plantea lo siguiente: las estadísticas de matrimonio han descendido, la gente se casa más tarde y eso es muy muy malo -¿por qué? Nadie sabe-. La causa es que las mujeres están teniendo sexo sin pedir mucho a cambio (según el video, son muy fáciles y tiene sexo a la primera). Si uno quiere aplicar la lógica de mercado a las relaciones sexuales y amorosas, el sexo puede considerarse un commodity, o sea, que hay un precio de mercado para el mismo. Debido a que los hombres quieren tener más sexo que las mujeres, las mujeres son las que controlan el mercado sexual. Los hombres, en cambio, son los que controlan el mercado del compromiso, ya que las mujeres quieren más compromiso que los hombres. Entonces, la transacción es compromiso a cambio de sexo, pero como los hombres obtienen sexo fácil, entonces no es necesario que se comprometan. ¿La solución? Que las mujeres se coludan y le niguen el sexo a los hombres, para que así los hombres ofrezcan más compromiso.

Mi primera reacción: CUEEEEEEEEEEEK.
Mi segunda reacción: a ver, pero espera….
Mi tercera reacción: pucha, este artículo va a ser difícil de escribir.

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¿Alguien más se sintió absolutamente deprimido? Yo me quise tirar del balcón porque sentí que habían un montón de suposiciones injustas, falsas y en el mejor de los casos relativizables presentadas como verdades. Por ejemplo:

– Los hombres tienen mayor deseo sexual que las mujeres: es difícil probar, si no imposible, si el “bajo deseo sexual” femenino se debe a limitaciones culturales de manifestación del deseo o si realmente las mujeres inherentemente -biológicamente- sienten menos deseo.
Al mismo tiempo, como no podemos probar eso, podemos sacar conclusiones de lo que se ve: en la práctica la conducta de búsqueda de oportunidades sexuales -sea biológica o aprendida- es más abierta de parte de los hombres. Los hombres manifiestan más abiertamente esa búsqueda y deseo y socialmente, al menos, recién las mujeres están pudiendo ocupar también ese espacio. Yo creo que es un par de años más el cuento se va a equilibrar en términos de permisividad social para manifestar el deseo (y así, que una mujer sea activa sexualmente no la convierta instantaneamente en una zorra).

– lo único que quieren las mujeres es casarse. (Ni siquiera voy a discutir esto, aunque, de nuevo, también entiendo que hay muchas mujeres que sí sienten la presión social de casarse por la edad o para adquirir una posición de reconocimiento social dentro de su grupo. No lo comparto, pero sí sé que hay gente que sigue en esas, y mientras eso pase, para parte de la población el proceso de dating seguirá siendo un juego tipo Tom & Jerry).

– El video plantea que el exceso de oferta de mujeres sexualmente activas ha disminuido el “valor” del sexo: en vez de “pagar” por sexo casándose, ahora los hombres necesitan comprar un par de tragos o salir en un par de citas. Marina Adshade -economista seca- rebate esta idea explicando que una relación inversamente proporcional de oferta y demanda sólo aplica en mercados donde hay un intercambio monetario. Adshade dice que salir en citas es más como hacer trueque: la gente decide comenzar relaciones al identificar una combinación específica de características que quieren en una pareja. Es un intercambio cuidadoso, no una transacción monetaria.
Esto -el que las relaciones se parezcan más a un trueque que a un negocio- hace que el mercado sea muy ineficiente. Y tiene todo el sentido del mundo: las economías de trueque son difíciles porque encontrar a alguien que venda lo que tú quieres comprar y que quiera comprar lo que tú quieres vender es complicado.

– Una cita: “Los hombres se comportan tan bien o mal como las mujeres de sus vidas se lo permiten”: ya, esto sí que me irrita, o sea no sólo las mujeres son responsables de su propia sexualidad y deseos, sino también de la del resto. O sea los hombres son niños incapaces de tomar sus decisiones y que no pueden autocontrolarse. Great! Rape culture. Googlée si no cacha el término.

– La solución que se propone es que las mujeres se coludan y le nieguen el sexo a los hombres para así impulsar a los hombres a casarse o a mantener relaciones de largo plazo. El video sugiere además que las mujeres debiesen evitar el sexo casual, tal como era antes de la píldora. Este razonamiento lo he escuchado un montón de veces -el que deriva de “ya no hay motivación para los hombres para casarse y la única forma es que se acabe el sexo premarital” o el inifinitamente menos elegante “para qué comprar la vaca si te dan la leche gratis”- y es un alivio ver que hay una argumentación económica en contra (¡además de ser realmente ridícula la idea de supervisar la vida sexual de los otros!): la solución es imposible ya que en el mercado del sexo y del amor hay millones de personas, por lo que es un mercado perfectamente competitivo y por lo mismo, es imposible armar un cartel, según Adshade, pues no se podría regular a todas las mujeres…y ningún economista serio plantearía la colusión como solución a ningún escenario de mercado.

Habría que pensar también en la agenda oculta de este tipo de discursos conservadores que defienden la institución por la institución en sí. Se sugiere revertir las libertades sexuales de las mujeres, constreñirlas…¿para qué? ¿A favor de qué?

Saquen las conclusiones ustedes.

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Me acordé de resucitar este artículo por dos cosas:
– Es un ejemplo gráfico de Mansplaining y slut-shaming en conjunto. En unos pocos minutos el video le explica a las mujeres por qué ellas la están cagando, además de pasadita tratarlas de zorras y responsabilizarlas del “caos” que es que haya disminuido la tasa de matrimonios. (Lo del mansplaining da para otro artículo que viene luego, pero se puede definir como lo que pasa cuando “un hombre se siente compelido a explicar o a dar su opinión sobre cualquier cosa, especialmente a una mujer, a menudo de forma condescendiente, aunque no sepa de qué está hablando o no sea asunto suyo”).
– Me topé con un artículo sobre el movimiento MGTOW (Men Going Their Own Way), y la idea de que las mujeres son prácticamente el cáncer del universo y me recordó a este video de sex economy. Y luego vi un video que tienen ahí colgado de Briffault’s Law… y entiendo la paranoia de los MGTOW si es este el tipo de cosas en las que creen.

Creo que lo que más me preocupa es la consideración de un vínculo -sexual y relacional- en una simplificación carente de afectos. En el video el matrimonio es un medio para conseguir sexo y/o bienes. El sexo, para las mujeres, sería un medio para conseguir que les pidan matrimonio (bienes), … etc etc. Pero lo que pasa es que hasta hace muy poco era así: el matrimonio era un acuerdo de largo plazo que anudaba fuertemente tres términos: sexo, familia, dinero. Pero las cosas están cambiando y por eso este video ya empieza a sonar añejo.

Estamos en transición. Nos estamos moviendo desde una cultura conservadora, que otorga más libertades sexuales a los hombres, que valora el sexo en función de la construcción de la familia, a una manera más libre de ver el sexo, entendiendo que no es un commodity de un sexo que se “entrega” o “rinde” a otro a cambio de algo. Esto tiene TODO que ver con que las mujeres tengan independencia económica y se puedan integrar de lleno al mercado del trabajo en condiciones equivalentes a las de los hombres. En la medida en que las mujeres pueden sostenerse por su cuenta, no necesitan que los hombres las mantengan -o sea asegurarse la casa, la situación económica estable a través del vínculo matrimonial-. Y cuando eso ya esté por completo resuelto, la manera en que concebimos el matrimonio y el sexo cambiará. Por ahora, todavía estamos en aguas pantanosas.

Para una cabeza más liberal, tener sexo antes de embarcarse en una relación de largo plazo es crucial. El enganche sexual, la sintonía física, es parte esencial del vínculo que se forma. Para una cabeza conservadora, el no tener acceso al cuerpo del otro, el aguantarse, significa respeto. ¿Quién tiene razón? ¿Qué es mejor? ¿Qué es más sano, considerado, etc? Esto es lo mismo que sostener visiones políticas diametralmente opuestas: la jerarquía de valores de cada uno es lo que determina esas ideas. A mí me pasa que me parece un sinsentido el videíto. A otros les debe hacer todo el sentido del mundo. La cosa es que puedo entender que no quieran aplicar mis ideas a su vida, pero por algún motivo las cabezas más conservadoras sienten la necesidad de imponer sus ideas sobre el resto.

Como mujer independiente y profesional me repele que un hombre considere que tiene cualquier tipo de derecho sobre mi cuerpo y que sienta que puede juzgar, a cualquier nivel, mi vida sexual. Me resulta grotesco la gente que considera que yo como mujer tengo más valor mientras más “virginal” soy o mientras más difícil sexulamente les resulto -y ojo, ¡los tengo identificados chiquillos!-, o los que sienten que vincularse con un otro es similar a ejercitar su poder de compra o venta en cualquier otro escenario -no, que me invites a tomar algo o a comer no te asegura nada-, así como también me dan verg[uenza ajenas las mujeres que, teniendo sus propios medios económicos, usan su cuerpo para conseguir cosas o manipular al otro. También me irritan los que andan castigando a las personas que disfrutan de su vida sexual sin encorsetarse en la fórmula relacional que a ellos les parece aceptable. A toda esta gente quiero decirle: me tienen aburrida. Ahora, eso no va a cambiar su forma de pensar, claro, pero sí tal vez los ayude a mantenerse al margen, jaja. Así que: manténganse al margen y dejen de huevear al resto.

Refs.:
Para más argumentos que desbaratan la lógica del video y reflexionan sobre sus supuestos:
“Policing Female Behavior for the sake of Marriage”, Marina Adshade
http://bit.ly/2nHs6o0

“The Economics of Sex Theory is Completely Wrong”, Christina Sterbenz: http://read.bi/1g5XYCT

Y “Sex is not an economy and you are not merchandise”: http://bit.ly/1dIq3ni

MGTOW
https://www.mgtow.com/video/briffaults-law/